Nota: gracias por los Reviews que me animan a continuar la historia :3, no está de más disculparme un poco por la tardanza u.u y también asegúrales que cualquier crítica pueden colocarla.

paochiss64: El hijo es de Jace, pero se parece un poco a los Morgenstern por lo que Jonathan (Sebastian) le ha tomado cariño hasta el punto de quererlo (de una forma un poco rara) como a un hijo.

cazadora100: Muchas gracias XD, creo que eres la primera en darme esta oportunidad y te lo agradezco :3 ¡!

Duende91: Muchas gracias :3! es la primera prueba sorpresa que paso en toda mi vida. Party hard! :D me alegro que te haya gustado y tendre en cuenta lo de no enredar tanto la historia. Un placer conocerte :3

Agradezco también a quienes están leyendo el fanfic y les ha gustado :3 sea anónimo o conocido :3

...

Capítulo 6.

Lo pasado ha huido, lo que esperas está ausente, pero el presente es tuyo.

Proverbio árabe.

-¿Y bien? –pregunto Alec. Magnus se dio la vuelta con irritación.

-Puedo hacerlo rápido o bien –dijo. El último cuadro. El que esperaba tuviera algún tipo de información. Los otros al ser tocados se deterioraban en seguida. Magnus adujo esto a que estaban en lo correcto y era el los cuadros donde hallarían el mapa de la cabeza de Jace.

-Le he hallado –exclamo Magnus, más para sí que para el muchacho. Alec que había estado despistado se acercó y vio una hoja con un montón de "Cosas indescifrables"

-Quien diría que Jace es tan complicado –dijo en un susurro.

-Todas las mentes son complicadas a su manera –dijo, señalo una hilera que resplandeció un poco al tener contacto con la piel de Magnus- esta es la pared.

Tras la hilera los otros signos resplandecieron, como verificando la verdad de sus palabras.

-¿Y eso es lo que ves cuando entras a la mente de un humano?

-No realmente, pero esto te ayuda mucho. Es como un laberinto –dijo Magnus.

-Y tu meta es llegar a la muralla. ¿Pero no todos son hileras?

-Cada símbolo es un recuerdo, si llego a tocar al menos uno puedo provocar un severo cambio en el muchacho –Magnus lo pensó unos segundos- Aunque eso no sería tan malo. ¿Quién sabe? Tal vez lo arregle.

-Lo dudo –dijo Alec- Izzy y yo lo hemos intentado todo.

-¿Inclusive una escuela militar?

-A los nueve años –dijo Alec recordando la vergüenza de tener que sacarlo al día siguiente- dejo calvo al director por decir que se teñía el pelo y sus ojos eran lentes de contacto.

-Superficial –dijo Magnus. Alec alzo una ceja en actitud sarcástica.

-¿En serio? Menos mal que aquí no hay nada como eso.

Magnus ignoro el comentario. Ambos iban de camino al instituto, pero por cosas del azar Alec empezó a tocar un tema un poco raro.

-¿Crees que pueda adoptar?

Magnus no le tomo importancia al asunto.

-Creo que sería lindo que alguien me llamara papa –dijo un poco sonrojado, apartando la mirada.

-Creo que un padre debe serlo más por el gusto de la crianza que porque le llamen papa –dijo cortante.

-Tú jamás adoptarías porque serias el abuelo –dijo entre dientes. Magnus fingió no escucharle, mientras reprimía el impulso de reírse.

No me hagas más difícil odiarte –le decía en silencio. Y Alec, como si hubiera escuchado, dejo de prestar atención al brujo para centrarse en sus propios pensamientos.

Como si la mente de Jace fuera una sala de proyección, empezó a ver una película, no cualquier película. La película de su vida. O la que había sido. Tal vez el muro se había derrumbado. Imágenes pasaban frente sus ojos fugaces, rápidos, pero claras y firmes. Lo atormentaban un poco y a lo último, casi al final, recordaba ser de nuevo pequeño e inocente, un bebe de nuevo. ¿Cómo era eso posible? Al levantar la vista se dio cuenta de que estaba siendo fuertemente vigilado por Jonathan, que lo miraba con atención, esperando una reacción. Se preguntó hace cuanto él estaba ahí, a su lado estaba de nuevo el niño.

-… ¿Y ya recordaste todo? –pregunto Jonathan. Jace negó.

-¿Te importa?

-La verdad es que analizar tu pequeña e insignificante mente no es de mi incumbencia, pero como eso me puede afectar… es mejor prevenir que evitar, ¿No?

-¿Qué ocurre conmigo? ¿Qué está pasando? –pregunto Jace enojado.

Jonathan tomo a Will y lo acerco más a él.

-Este es tu hijo. Creo que su nombre de nacimiento era William, así que se lo deje –dijo con los hombros caídos- Fue el primer hijo de Clarissa.

-Ya me lo has dicho, pero sigue sin tener sentido.

-¿Tienes hambre? –pregunto Jonathan. Jace abrió los ojos con sorpresa- has estado en la misma posición y situación desde hace casi una hora. Debes estar exhausto.

-No lo estoy –aseguro Jace mintiéndose.

Jonathan se encogió de hombros.

-Quieres creer que todo es una farsa, no te culpo, pero sabes que es verdad.

-La verdad es muy subjetiva –dijo Jace con una sonrisa- tú crees que estás diciendo un evangelio y yo creo que has inhalado demasiado de la verde.

-Vaya que eres terco –dijo en un suspiro- no has cambiado mucho.

Will que se había dedico a mirarlo todo con respetuoso silencio se separó un poco de Jonathan y luego tomo aire antes de sonreír.

-No creo que sea terquedad –dijo, su voz era firme- a mí también me parece que has estado jugando demasiado con la naturaleza.

Jonathan frunció el ceño.

-En verdad eres una molestia –dijo tomándolo del brazo. Juntos se fueron y Jace volvió a quedar solo en profunda oscuridad.

-¿A qué carajos te refieres con no encuentro a Jace?

-He hablado con sus amigos, he ido al instituto, pero no doy con él. ¿Qué haremos Alec? –pregunto Isabella. Jamás la había escuchado tan preocupada. Alec resoplo.

-Ponerle un rastreador apenas vuelva, eso después de castigarlo lo suficiente.

-E-eso no es lo que me preocupa –dijo Isabelle.

-¿Y qué es lo que te preocupa?

Isabelle lo pensó unos segundos antes de contestar. Alec había llegado con Magnus diciendo que podrían restaurar el muro para evitar que Jace recordara, pero a ella se había quedado muda de la vergüenza al aceptar que no tenía ni la menor idea de donde había ido Jace. ¿Cuál sería la mejor manera de decirlo?

-¿Qué tal si hipotéticamente hablando Sebastián estuviera vivo y tal vez estuviera tras de Jace? –dijo un poco tímida. Magnus se sorprendió al ver a la segura Lightwood en esa situación. Pero para su desgracia Alec, que no se veía feliz o sorprendido, abrió sus ojos azules.

-¿A qué te refieres?

-Creo que Sebastián volvió –dijo- y volvió para deshacerse de Jace.

Alec estuvo a punto de decirle algo cuando escucharon unos pasos en la entrada. Apareció un mal trecho Jace en el umbral con mirada un poco aturdida.

-¿Alec? ¿Isabelle? –pregunto intentando mantenerse de pie.

Isabelle se acercó corriendo al muchacho. Jace se dejó caer en brazos de Isabelle antes de caer en la inconciencia. Alec lo ayudo a llegar a su habitación mientras Magnus se quedaba revisando un poco del mapa en el santuario.

Clary caminaba con un mal presentimiento en las calles de New York. Un grito hizo que la pelirroja se parara en seco y dirigiera su camino hasta la voz que rogaba auxilio. Al llegar al oscuro callejón se dio cuenta de que había caído inocentemente en una trampa. Un demonio estaba al frente suyo, arriba, en lo más alto de los edificios, podía distinguir con claridad la figura de un hombre, atrás suyo se encontraban otros dos hombres más. Clary suspiro antes de darse la vuelta y correr con la vana esperanza de poder atravesar con su cuchillo serafín al par que en ese momento se encontraban impidiendo su paso. Pero algo ocurrió, antes siquiera de poder decir el nombre del cuchillo el hombre que estaba en lo más alto la encerró en una especie de campo invisible. Podía salir, sentía la libertad a solo centímetros, pero las energías se le habían ido de repente. Una luz clara y molesta se acercó a ella. Poco después se dio cuenta de que a uno de los tipos que estaba atrás era un hijo de Lilith y que tenía la piel un poco brillosa.

-¿Qué haremos con ella? –pregunto.

-Llevarla con Jonathan –dijo el tipo que la había "noqueado" desde los edificios.

-Pero Jace…

-No interesa –dijo el hombre, cargo a Clary con la misma delicadeza de un animal y atravesaron un portal hacia ninguna parte.

-¿A dónde vamos? –artículo Clary. Podía hablar perfectamente, pero el miedo la había congelado casi por completo.

-A visitar un amigo –dijo el hombre- no te haremos daño.

-¿A dónde vamos? –volvió a preguntar, esta vez había fuerza y exigencia en su voz. El hombre la apretó más a si, casi para volver a mostrarle quien tenía el control.

-A las afueras de New York, en una… casa campo. Pero no por mucho, cuando el plan este hecho iremos a Idris.

-No, no quiero ir allá con ustedes –dijo intentando removerse, pero cada vez que intentaba hacer fuerza se debilitaba un poco más. El hombre rio.

-Nadie dijo que no podíamos divertirnos un poco contigo, bonita.

Y Clary se quedó quieta de nuevo, esperando que haya sido una especie de broma pesada o amenaza vacía. Los otros dos hombres se quedaron vigilando la puerta mientras ella llevaba a una habitación en el segundo piso. La casa se veía grande y espaciosa. Clary no sabía si aquella casa siempre era así de oscura o solo era la noche, todo se veía en un orden perfecto y calculado. Como si cada parte de la casa tuviera una misión importante que cumplir en cada puesto asignado. Al llegar al cuarto en la tiro con nada de delicadeza en la gran cama. Clary intento ver a su alrededor, pero sus ojos no se acostumbraban a la oscuridad de la casa. Repentinamente Clary sintió que un peso se le encimaba, el hombre que la había cargado estaba intentando atraerla hacia él. Ella con las pocas fuerzas le empujaba, pero el hombre ganaba en fuerza y cuerpo, además ella estaba aturdida y confundida. ¿Qué mierda pasaba?

-¡Auxilio! –Grito desesperada- ¡Que alguien me ayude!

Y nadie llego, ningún héroe pudo evitar que aquel animal, que reía a carcajadas, destruyera casi por completo la camisa de la pelirroja. Lloriquear no serviría de nada, se dijo. Intento tantear algo con lo que poder golpear pero no lo logro. El hombre empezó a besar su cuello de manera asquerosa y mórbida, cada tacto peor que el anterior, una clase de veneno empezó a helarle la sangre. Volvió a gritar, esta vez de impotencia y frustración y el hombre cayo encima de ella como un peso muerto. Confundida, Clary se quitó al hombre de encima y se dio cuenta de que le habían roto el cráneo.

-Oh, por el Ángel –escucho decir- Oh, no, Will… he matado a un hombre… ¡Soy un asesino!

-No lo creo –respondió riendo, el dueño de la voz se acercó al hombre- esta porquería no moriría con algo tan insignificante como un simple golpe.

-¿Cómo puedes decir eso? Eres inhumano –dijo el niño ofendido.

-Vale, pero que conste que en ningún momento planee matarlo y menos que fueras tú. Eso va de tu cuenta.

Asintió y tomo a Clary, al principio esta se dejó llevar y se detuvo, mirando pasmada a ambos chicos.

-¿Quiénes son ustedes?

-Yo soy Stephen y aquel encanto es mi hermano Will. Te llevaremos a un lugar seguro, no te preocupes –añadió al ver el rostro preocupado de Clary.

Clary intento taparse con la rasguñada camisa pero no lo logro. Will la miraba con ojos curiosos. Ella le fulmino con la mirada a lo que el niño se sonrojo.

-No había visto una mujer tan de cerca, Sebastian no le gusta que me junte con las criadas y no hay nadie más aquí…

-Bueno, tal vez Sebastian sea mujer –dijo Stephen.

-Tienes razón –dijo Will animado y con una enorme sonrisa- eso explicaría porque me ama tanto. Soy irresistible.

-¿Qué edad tienes? –pregunto Clary viendo al egocéntrico niño.

-Diez –dijo con una sonrisa- pero no es la edad lo que nos separa, cariño. Es el destino que juega con nosotros como si fuéramos un irrelevante juego de ajedrez.

-¿A dónde vamos? –pregunto.

-Te encerraremos en una prisión.

-¿Encerrarme? –el rostro de Clary volvió a ser pálido de nuevo.

-No encontramos otra forma –dijo Will- esta casa está custodiada por muchos hombres. Estarás a salvo ahí.

-¿Cómo lo saben?

-Puedes entrar en la celda pero no puedes salir. Ellos pueden salir pero no pueden entrar.

-¿Y cómo harían para entrar?

-Revertir el hechizo –dijo Stephen restándole importancia- y solo lo harán con Jonathan aquí.

-¿Y hay alguien más ahí?

-Sí, te encantara conocerle –dijo el niño.

-¿Qué ha ocurrido? –pregunto Isabelle una vez Jace se incorporó en la cama. El la miro con furia.

-Un tal Sebastian viene tras de mi –dijo frunciendo el ceño- ¿Qué tanto de mi propia vida me has ocultado?

-Ha sido todo para protegerte –dijo mientras le ponía una runa curativa.

-¿Protegerme? ¿Qué clase de protección te deja a merced de un demente que te tortura? Por favor, si aún tienen algo de dignidad díganmelo todo.

Alec e Izzy se miraron. En sus ojos había la misma angustia, la misma desesperación, había muchas cosas… pero no había una respuesta.

-Aquí es –dijo Will- al atravesar estarás a salvo. Traeremos comida.

Y los dos niños desaparecieron. Clary entro con los brazos cruzados intentando ocultar. Sus ojos se toparon con unos ojos dorados tristes y un poco perdidos.

-¿Jace? –pregunto Clary. En su voz había un deje de esperanza.