Disclaimer: Nurarihyon no Mago no me pertenece, todos los personajes le pertenecen a Hiroshi Shiibashi.
Aclaraciones rápidas:
* En algunas ocasiones habrá un símbolo que indicará una división entre algunos recuerdos, los cuales estarán completamente en itálicas. Estos son recuerdos muy lejanos, cosas que no pasaron recientemente.
* Cuando haya diálogos completamente en itálicas, incluso la descripción después del guión, implica que es un recuerdo; cosas del pasado que nadie narra. En estos casos no estará el símbolo de las tres "o" pues son recuerdos recientes.
* Habrá momentos en los que se utilizarán itálicas fuera de los guiones, estos son los pensamientos de los personajes. Esto se hace con el fin de no poner tanto dialogo seguido sin que un párrafo intervenga entre ellos. Pierdan cuidado, yo siempre les aclararé de quién ha sido ese pensamiento.
En el capítulo anterior…
— Sería bueno que Rikuo se fuera con nosotros a Toono, sería mucho mejor para él si entrena con nosotros —respondió Awashima, quien en esos momentos tenía su apariencia masculina.
— ¡Qué! —preguntó Itaku exaltado, no le agradó mucho esa idea.
Dohiko, quien se encontraba sentado en una orilla del dojo asintió— Concuerdo con Awashima. Además, también nos serviría a nosotros, ya que siempre luchamos entre nosotros, y ya conocemos casi a la perfección nuestros ataques.
— ¡Hay que hablar sobre esto con Rikuo una vez que llegue! —sugirió Amezo, quien estaba lleno de energías.
Reira suspiró con cansancio, era increíble cómo es que sus amigos tomaban todo tan a la ligera.
— Hablen con él sobre eso una vez que Tsurara-chan esté bien —comenzó la Yuki Onna de Toono—. ¿De verdad creen que querrá entrenar en estos momentos? En lo único en lo que él está concentrado es en que Tsurara-chan recupere la memoria y lo recuerde —dijo seriamente.
— No sean imprudentes, keho —secundó Yukari, quien estaba justo a un lado de Itaku.
oOo
— Quería saber si no se les ofrecía nada —empezó Wakana—. No quiero que los amigos de mi hijo y de Tsurara-chan estén desatendidos —expresó, juntando sus manos y sonriendo alegremente.
— Estamos bien —respondió Itaku, con los ojos cerrados, queriendo demostrar indiferencia hacia la humana.
— Discúlpelo, es sólo que no está acostumbrado a recibir estos tratos, y menos quedarse sin hacer algo durante el día —se excusó Reira.
— Creo que ya sé cómo ayudar a Itaku-kun —celebró la de cabellos café, llamando la atención de todos los youkai de Toono.
oOo
— Listo Rikuo-kun, ya podemos empezar —dijo Kana con una sonrisa, viendo hacia el pupitre de su amigo, pero la sorpresa invadió su mirada. El joven no estaba—. ¿Cómo es que salió sin que me diera cuenta?
— ¡Hey, Kana! —llamó alguien por detrás de la joven. Ienaga giró su rostro hacia la puerta trasera del salón y ahí pudo ver a una joven de cabellera rubia asomándose, mostrando una sonrisa.
— Saori-chan —susurró Kana sorprendida, hacía mucho que no la venían a buscar.
— Hola Kana —habló una chica más, antes de asomarse junto con Saori. Esta tenía un cabello entre negro y verse y ojos azules, su mirada parecía felina.
— Como hace mucho no comes con nosotros, pues quisimos aprovechar la oportunidad de que Nura no está contigo —siguió Natsumi.
— ¿Eh? ¿Vieron a Rikuo-kun? —preguntó Kana.
— Pensamos que si lo hacíamos, volvería a ser el mismo de antes, y no queremos eso… —concluyó Maki con una mirada preocupada.
Tengo que saber qué es lo que le pasó… ¿Cómo pudo cambiar de la noche para la mañana? Ah, Rikuo-kun…
oOo
— Lo siento Kana-chan, debí decirte que hoy no comeríamos juntos, De verdad lo siento —se disculpó, haciendo una leve inclinación con la cabeza.
Kana suspiró cansada y habló— Detente Rikuo-kun… No hace falta que hagas eso. Sólo dime a dónde fuiste, por favor… —pidió ella, lo que puso un poco nervioso a Rikuo.
— Se terminó el descanso, a sus asientos —ordenó el profesor.
Discúlpame Kana-chan…
Algo pasó contigo Rikuo-kun, y tengo qué saber qué es… No descansaré hasta descubrirlo.
Deseando por que nieve.
Capítulo 7: Sorpresas
Al toque de la campana, índica del final de la jornada escolar, la castaña se levantó rápido y salió corriendo a perseguir al Nura, que se escabullía por la puerta de salida.
— ¡Rikuo-kun, espera! —le gritó Kana desde a puerta, pero el mencionado hizo caso omiso a su petición y apresuró el paso, perdiéndose de la vista de la castaña. Esto dejó sorprendida a Kana, él jamás la evadía de esa forma.
El Nura se ocultó en uno de los salones ya vacíos después de haberse alejado de su salón. Rikuo no dejaba de sentirse mal por la actitud que estaba tomando para con su mejor amiga, quien evidentemente estaba preocupada por él debido al abrupto cambio de actitud que tuvo de un día para otro. Era algo muy obvio, incluso él se habría dado cuenta y se habría confundido tanto como Kana.
Pero en ese momento no tenía tiempo de explicarle las cosas, el motivo de su felicidad lo estaba esperando en la azotea, y no planeaba hacerla esperar más.
Asomó su cabeza por la puerta, esperando no encontrarse con su compañera de clases.
— No hay moros en la costa… —susurró él antes de salir del salón.
Estaba a punto de emprender de manera más tranquila su camino hacia las escaleras que iban hacia la azotea, pero…
— ¡Ahí estás! —gritó la muchacha por detrás, un poco lejos de donde él estaba.
— ¡Ugh, debí esperar más! —pensó para sí el muchacho. Así que, volviendo a hacer uso de su velocidad, corrió hacia las escaleras y las subió lo más rápido que pudo para burlar a su mejor amiga por el tercer piso.
Volvió a esconderse dentro de un salón, el cual ahora si estaba lleno de estudiantes que lo veían de forma extraña. Rikuo sólo les sonrío nervioso y pidió disculpas silenciosas antes de volver a mirar por el espejo de la puerta de forma sigilosa, viendo cómo su amiga pasaba por ahí sin detenerse.
Esperó unos cuantos minutos más y finalmente la perdió de vista.
Suspiró cansado… ¿Cómo le haría para explicarle que Tsurara estaba viva? ¿Cómo lo iría a tomar? No estaba seguro, si él muy apenas y se hacía a la idea de que su preciada guardiana estaba a su lado nuevamente, aunque sin los recuerdos de todo el tiempo que pasaron juntos.
— Esto será… algo difícil… —susurró.
— Y lo será más para usted jovencito si no sale de esta aula inmediatamente —le dijo la profesora por detrás. Rikuo volteó y miró aterrada a la maestra—. A diferencia de usted, estos estudiantes se quedan a estudiar más para tener mejores calificaciones y sobresalir en la sociedad.
— L-Lo siento mucho profesora —se disculpa Rikuo—. Ahora mismo me voy… —le dice mientras abre la puerta con cuidado. Asoma nuevamente su cabeza, asegurándose de que Kana no esté.
Confirmando aquel hecho sale del salón con un poco más de tranquilidad.
— Bien. Ahora a ir por Tsurara —se dijo a si mismo antes emprender el camino de vuelta a la azotea. Aseguró su mochila y corrió escaleras arriba hasta llegar a la puerta, muerto de las ansias por reencontrarse con la dama de las nieves.
Quitó el poco sudor de su frente y se aseguró de lucir bien ante ella. Al hacerlo, río un poco para sus adentro de tan sólo pensar en la reacción natural de Tsurara.
— ¡Amo, no debe correr por la escuela! ¡Podría tropezarse y hacerse mucho daño! —lo regañó Tsurara, pero después le sonríe—. Mejor organícese un poco mejor para que pueda llegar siempre a tiempo.
Maldición… Cómo extrañaba con locura a la siempre preocupona Tsurara. Era cierto que la tenía a su lado nuevamente, pero habían muchas cosas de ella que le hacían falta además de sus preocupaciones: Sus sonrisas por la mañana; su paciente actitud para cuidar de él, siempre mostrando un afecto que a veces creyó no merecer; su inocencia ante ciertos temas…
Esas y muchas otras cosas más que ahora no estaban, o al menos… no dirigidas a él.
Tomó la perilla de la puerta y la abrió lentamente, respirando profundamente para poder tranquilizarse un poco y no mostrar aquella triste mirada que sentía estaba nuevamente en su rostro.
Debía sonreír… Tenía que recuperar su lazo perdido con la Yuki Onna, no importaba si se tardaba días, meses o años; sería poco a poco, un paso a la vez.
— ¡Rikuo-kun!
El llamado de Ienaga lo recorrió como un choque eléctrico por todo su cuerpo. Cerró la puerta como un acto de reflejo y volteó hacia la escalera para ver a su amiga, esta lucia agitada y curiosa.
— K-Kana-chan… —fue lo único que pudo decir.
— ¿Por qué… estás huyendo… de mi? —le preguntó ella mientras se acercaba un poco a él—. ¿A quién estás buscando en la azotea? —cuestionó.
Ante aquel cuestionamiento, el Nura se puso aún más nervioso. Pensó que se había librado de su amiga después de perderla de vista en el tercer piso, pero parecía ser que no. Había olvidado lo astuta que era esta chica.
— ¡A-A nadie! —fue lo único que pudo contestar.
— Hm… —contestó en un inicio Kana, teniendo un encuentro de miradas con el Nura—. No te creo… —aquel comentario le dificultó más las cosas al Nura—. Si no estuvieras buscando a alguien no hubieras corrido como lo hiciste hace un rato —le explicó—. Ahora dime Rikuo-kun, ¿qué es lo que está pasando? ¿Por qué huyes de mí? ¿Qué no quieres que sepa?
Tanta interrogante estaba matando a Rikuo. ¿Y ahora qué debía hacer? ¿Le daba paso libre a Kana para que descubriese a Tsurara?
No… tal vez Kana no entraría en un tremendo asombro, pero seguramente Tsurara si lo haría ya que ella no la recuerda.
Tenía que pensar en la manera de hacer que Kana se marchase de ahí y no hacer esperar más a Tsurara.
Pero antes de siquiera poder pensar en algo en particular, sintió cómo es que lo que la puerta que utilizaba como apoyo desapareció, provocando que este no pudiera evitar que su cuerpo fuera directamente hacia el suelo.
— ¡Rikuo-kun! —gritó Kana cuando vió que su amigo estaba en el suelo.
— Ugh… —se quejó el Nura mientras se reincorporaba un poco, sobándose la cabeza—. Eso… me dolió…
— ¿Te encuentras bien, Rikuo-san? —le preguntó la joven que había abierto la puerta y que había terminado hincándose para estar a su altura y lo tomaba de los hombros.
Su voz logró regresar al joven Nura a la realidad. Sus ojos se abrieron completamente después de reaccionar y recordar quién más estaba ahí.
— ¿Rikuo-san? —volvió a preguntar Tsurara antes de mirar hacia donde el joven amo estaba viendo atónito. Al hacerlo, comprendió el por qué el muchacho estaba así, alguien más lo había seguido hacia la azotea.
— ¿O-Oikawa… -san? —preguntó Kana sorprendida, no podía creer lo que sus ojos estaba viendo. Se suponía…
¡Se suponía que ella estaba muerta! ¿Cómo es que ahora resultaba que estaba viva?
Su cabeza era un gran meollo, no entendía nada…
Pero lo que menos comprendía era…
— ¿Qué es lo que está pasando, Rikuo-kun? —preguntó Kana aún sorprendida por ver a la joven de piel tan blanca como la nieve a lado de su mejor amigo.
— Lo-Lo que pasa es que…—intentó decir Rikuo, pero estaba tan nervioso que las palabras simplemente podían salir.
Miró de reojo a Tsurara y ella también estaba muy nerviosa; de hecho, sus manos habían comenzado a apretar un poco más sus hombros.
— Sucede que ella no murió, sólo se extravió y perdió la memoria —dijo una voz detrás de Kana, la cual se giró rápidamente para ver a quienes habían hablado. A quienes sus ojos le permitieron ver no eran conocidos, al menos no para ella.
Quienes habían interrumpido la conversación eran un par de jóvenes un poco mayores que ellos. Una joven y un muchacho.
La muchacha tenía el cabello rosado atado en dos cebollitas, que dejaban caer una pequeña trenza por debajo, al puro estilo chino. Su mirada era de un color café muy parecido al de la joven humana que los observaba. La vestimenta consistía en unos pantalones cortos color negro, una blusa color rosado pastel manga corta y un pequeño saco de manga larga de color café. Y su calzado eran unas sandalias color blanco.
El muchacho mientras tanto, traía unos pantalones azul marino, una camisa negra desfajada de manga larga con tres botones desabrochados, unas botas color café, y como complemento extra un chaleco color gris.
Su cabello era de un café opaco, un poco alborotado, y sus ojos eran color chocolate.
— R-Reira-chan… —comentó Tsurara, aliviada de ver a su amiga ahí.
— Itaku… —dijo Rikuo, sorprendido de verlo tan temprano fuera de la casa y con apariencia humana.
Kana se giró nuevamente a su mejor amigo y le preguntó.
— ¿Qui-Quienes son ellos Rikuo-kun? ¿Los conoces?
— S-Si, e-ellos son…
— Somos amigos de la familia desde hace mucho —interfirió Reira con una sonrisa, llamando la atención de Kana nuevamente—. Sé que no es un buen momento pero permíteme presentarme. Mi nombre es Reira —se presentó la Yuki Onna haciendo una leve reverencia—. Y este joven que vez aquí es Itaku, mi novio… —terminó de presentar Reira, más aquella presentación alteró al Kamaitachi y dejó totalmente confundidos a Rikuo y a Tsurara.
— ¡¿Que soy tu qué?! —le preguntó molesto y avergonzado.
— ¿Por qué te enojas? Ya te he dicho que no tiene nada de malo presentarte como lo que eres —le respondió, riéndose internamente por lo que había hecho, hacía mucho que tenía ganas de decir algo así.
El Kamaitachi sólo soltó un "tch" y se cruzó de brazos, evadiendo la mirada castaña de Reira, avergonzado.
— ¿Y tú eres? —le preguntó Reira a Kana, sacando a esta joven de su asombro.
— ¡Ah! ¡So-Soy Kana Ienaga, mucho gusto! —dijo haciendo una reverencia de igual forma.
— Es un placer Kana-chan —le respondió Reira de inmediato—. Ahora, ¿por qué no mejor salimos de aquí y vamos a un lugar en donde podamos platicar con más tranquilidad? —le sugirió la Yuki Onna a la humana. Kana dudó un poco mientras veía a su mejor amigo, quién aún estaba en el suelo, y a Tsurara, quien la veía con un poco de miedo—. Estoy segura de que tienes muchas preguntas, pero te aseguro que podremos hablar con más calma fuera de aquí, ¿verdad, Rikuo? —le preguntó la Yuki Onna al muchacho, mientras este se terminaba de levantar con la ayuda de Tsurara.
Kana observó a Rikuo con duda mientras este se quedaba meditando las palabras de Reira. Al final, no tuvo más opción que decir:
— Así es.
Se dirigieron detrás de la escuela a petición de Rikuo, por el momento prefería explicarle a Kana lo sucedido en privado antes de encontrarse de nuevo con el resto de sus amigos. Explicarle a la castaña en si ya era un problema con el que tenía que lidiar.
― ¿Quién es ella? ―preguntó Tsurara en voz baja, caminando con Rikuo detrás de Kana y los miembros de Toono.
― Es una amiga ― aclaró, sin entrar en mucho detalle―. De cierta forma ella te agradaba.
Ante tal comentario, Tsurara miró a Kana por detrás. Aquella chica en teoría le agradaba. Era normal, supuso, puesto que la joven parecía ser buena persona y una gran amiga de Rikuo.
― Bien, creo que te mereces una explicación, Kana-chan ―dijo Reira deteniéndose finalmente y quedando frente a la castaña.
Kana se detuvo junto con Rikuo y Tsurara, esperando la explicación que necesitaba urgentemente oir. El joven amo se quedó callado mientras pensaba internamente qué es lo que sus amigos llegaría a inventar para explicar de manera lógica qué es lo que le había pasado a Tsurara.
¿Crees que haya algún problema? Escuchó de pronto en su cabeza.
— No, estoy seguro de que algo bueno se habrán ingeniado, de ser así no habrían venido —le respondió a su parte nocturna—. Aunque pensándolo bien… ¿Por qué es que vinieron?
A saber…
— Bueno, como ya te comentamos, Tsurara-chan no falleció en el accidente, sufrió un golpe fuerte en la cabeza y le ha provocado una amnesia. Itaku y yo la encontramos mientras dábamos un paseo por la zona y estuvo con nosotros durante su recuperación.
La explicación de Reira convenció un poco a Kana. Era lógico, después de todo jamás encontraron un cuerpo tras el incidente.
— Pero… ¿Por qué tardó tanto en volver? —preguntó Kana aún un poco confundida—. Dos años es demasiado tiempo para recuperarse…
Reira miró un momento a Itaku y este suspiró con fastidio.
— Estuvo inconsciente más de miedo año, no era recomendable dejarla moverse hasta que no hubiera riesgo de que recayera debido al golpe tan fuerte que tuvo en la cabeza —explicó el muchacho—. Creo que entiendes eso, ¿no?
— Itaku, eso ultimo fue muy grosero… —le dijo Reira en susurro después de darle un leve codazo en su costado.
Itaku nada más gruñó y desvió la mirada de Reira molesto, y todavía un poco avergonzado por lo que había dicho anteriormente la Yuki Onna de Toono.
Tsurara ante esa actitud no había podido evitar reír levemente, haciendo que tanto Rikuo como Kana la voltearan a ver. El Nura sólo pudo sonreír tristemente al escuchar de nuevo esa risa que tanto extrañaba, pero que lamentablemente no era para él ni causada por él.
Kana Ienaga también la miraba un poco triste, pero no sólo por lo que le habían contado, sino por la mirada que su amigo le dedicaba a la joven de mirada zafiro. Así que decidió hablar.
― ¿Enserio no me reconoces, Oikawa-san? ―preguntó, mirando a la joven que estaba a un lado de Rikuo.
Tsurara al escucharla dejó de reír y la observó un instante. Apenada, negó con la cabeza―. Lo siento, apenas y he llegado a esta ciudad, recuerdo muy poco.
― Ya veo… ―suspiro Kana.
Se sentía mal por la Oikawa, la noticia de su deceso le trajo un sin sabor en la boca horrible, recordando siempre sus ideas respecto a un posible romance entre la Yuki Onna y su mejor amigo.
Y ahora estaba allí, viva, pero sin memoria de todo lo que hizo antes del incidente.
Una idea cruel le pasó por la cabeza.
― ¿Tampoco recuerdas a Rikuo-kun? ―preguntó.
El Nura tan sólo metió las manos en los bolsillos, afectado por la siguiente respuesta de Tsurara. Sabía perfectamente cuál era.
― No, tampoco a él ―aclaró, viendo a sus amigos de Toono ―. Supe que le conocía por una persona que es amiga de Reira-chan y ella. Por ahora me está ayudando a recordar las cosas poco a poco —le respondió apenada.
La Ienaga aguantó la sonrisa amarga que quiso salir de su pecho. Era un impulso despiadado, pero su corazón no dejaba de alegrarse por el hecho de que Tsurara había olvidado sus sentimientos por el Nura.
Fue un sentimiento traicionero, pero no dejaba de alegrarle saber que su oportunidad de estar al lado del castaño no se había esfumado por completo ante el regreso de la guardiana.
― ¿Eso quita tus dudas, Kana-chan? ―consultó Reira.
La castaña asintió― S-Si. Discúlpame por dudar de ti, Rikuo-kun ―dijo, con una pequeña reverencia a modo de disculpa.
― No tienes por qué Kana-chan, sólo estabas preocupada ―respondió Rikuo―. Por favor, mantenlo en secreto de los demás por ahora. Tsurara apenas ha llegado a la ciudad y recordar mucho de golpe podría lastimarla.
Kana asintió―. Entiendo, de todos modos sería difícil para el resto verla de nuevo sin llenarle de preguntas, ¿no? ―comentó a modo de broma. Se acercó a la Oikawa y la tomó de las manos con una sonrisa amable―. Bienvenida de vuelta, Oikawa-san.
Tsurara sonrió algo incomoda―. Gra-…Gracias, Ienaga-san ―respondió, aceptando las palabras de la castaña.
― Dime Kana ―dijo su "nueva" amiga.
— De… De acuerdo, Kana… —respondió Tsurara.
― Bien, sí ya terminaron es hora de regresar ―dijo Itaku, de mala gana ―. Aún tenemos mucho que hacer, Tsurara —fue lo único que dijo antes de volver a caminar seguido por Reira.
La Oikawa asintió, soltando las manos de la humana en su delante―. Un gusto ― dijo, siguiendo a Itaku y Reira, quiénes se adelantaron hacia la ruta de salida de la escuela. A pesar de irse alejando, parte de su conversación aún podía escucharse.
— No seas tan gruñón, cariño… —continuó Reira con su broma.
— ¡Ya deja de decirme así! —le gritó Itaku.
Rikuo se quedó atrás, dispuesto a aclarar algunos puntos a su amiga.
― Lamento no habértelo dicho, pero la situación aún es muy complicada ―dijo―. A decir verdad, ver a Tsurara de vuelta es todavía muy extraño para mí.
Al escucharlo Kana se encogió un poco, tratando de callar las preguntas que le resonaban en la cabeza ante la actitud confundida del tercero. Quería actuar como la mejor amiga de siempre en vez de dejarse llevar por sus emociones de nuevo. Si no tenía cuidado podía lastimar de nuevo a Rikuo, tal y como lo hizo al decirle que siguiera adelante tras la muerte de la Oikawa.
― Pero, es una buena noticia ―comentó, palpando el hombro del castaño―. Oikawa-san está viva, es una noticia genial.
Rikuo sonrió ante la actitud positiva de Kana, sin despegar la vista de su sonriente guardiana, quién camina al lado de los miembros de Toono.
Sí, era una buena noticia, una gran... gran noticia.
― Esta vez… haré las cosas de la manera correcta ―reflexionó, más para sí mismo que para su amiga―. No siempre tenemos una segunda oportunidad tan maravillosa como esta…
Kana permaneció en silencio sin poder decir alguna palabra ante la corta declaración de Rikuo.
Lo sabía, era notorio en los ojos de su amigo.
No era difícil ver… el profundo amor que renacía de sólo ver a Tsurara de nuevo.
― Te veré mañana, Kana-chan —y con esa despedida, el castaño partió a alcanzar a su grupo.
Estando finalmente sola, Kana Ienaga soltó una lágrima en silencio; su esperanza de recuperar a Rikuo se había hecho pedazos con sólo unas pocas palabras.
Con o sin recuerdos, Tsurara Oikawa ya se lo había arrebatado.
Su querido amigo, Rikuo Nura estaba igual… no, igual no, estaba mucho más enamorado de la joven de mirada azulada que había vuelto después de dos años de ausencia.
Continuará…
Suki: Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento muchísimo. De verdad disculpen el que me haya tardado tanto en subir una actualización, pero la inspiración se me fue horrible y además échenle la culpa a la universidad que este semestre se puso pesadísimo. Espero que sepan disculparme.
Espero que este capítulo les haya gustado. Es un capítulo muy especial ya que Lonely Athena me ayudó a que quedara listo para subirse. ¡Nena, en serio muchas gracias!
Tremendo shock para mi, el manga está a un capítulo de terminar… ¿Cómo finalizará? ¿Alguna teoría? ¿Creen que Shiibashi nos diga con quién se queda Rikuo? No sé por qué siento que si no lo hace rodarán muchas cabezas en Japón. En fin.
¡Nos vemos en la próxima entrega!
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Suki90, presentó.
