6º Comienza el juego

Los tres días que Andrómeda les había dado antes de comenzar su juego los pasaron encerrados en sus celdas, sin hablar con nadie, comiendo la porquería que les daban y durmiendo los ratos que podían. Desde sus celdas podían escuchar los llantos asustados de los niños sin poder hacer o decirles nada, un infierno para todos los que se encontraban en aquellas celdas.

Tras esos tres días, por distritos fueron conducidos a cambiarse de ropa a una sala vacía, y en ella encontraron ropas parecidas a las que se les ponía en los juegos. Una vez se hubieron cambiado, todos los voluntarios de todos los distritos fueron llevados a una gran explanada, aparentemente vacía.

Una vez allí, Johanna y Annie pudieron ver claramente a Katniss, Peeta y Haymitch, aunque de nuevo no se dijeron nada, incapaces de hacer o decir algo que pudiera poner en peligro a los niños.

El cielo se oscureció de repente, sobre ellos apareció la imagen de Andrómeda, por la imagen no se podía distinguir donde se encontraba. Junto a ella estaba Gale, con el semblante serio, sin embargo, la nieta de Snow sonreía ampliamente.

-Por fin ha llegado el gran día- Dijo comunicándose tanto con los de la explanada como con los de todos los distritos- Hoy es el día en el que todos vosotros pagaréis el mal que le hicisteis a Panem cuando os revelasteis contra el capitolio, es el día en que por fin aprenderéis a ser agradecidos con los que hacen cosas por vosotros- Se notaba la rabia en cada palabra que decía- Mi abuelo era un gran hombre que os dio a todos mucho más de lo que os merecíais, y vosotros se lo pagasteis con una traición que le costó la vida. Le debéis mucho a Cornelius Snow.

-¿Qué le debemos mucho?- Estalló Katniss- ¿Sabes que es lo que le debemos a tu abuelo? ¡El hambre! ¡La muerte de muchos de nuestros seres queridos! ¡El sufrimiento de ver como nuestros amigos iban a la muerte cada año sin poder quejaros! ¡Eso es lo que le debemos!- Las palabras fueron como una bofetada para Andrómeda, pero supo disimularlo bien.

-Me alegra comprobar que no has perdido tu carácter combativo, me decepcionaría mucho ver que no luchas igual que hace años- Le aseguró riendo- Te hará falta ese coraje para lo que os espera ahí dentro, y los demás deberían intentar imitarte si no quieren que todos esos niños mueran- Al decir esas palabras fue cuando la gente se puso tensa y alerta- Cuando de la señal empezará el juego, y tendréis que conseguir entrar en el campo antes de que acabe el día, no se podrá colaborar entre distritos, o habrá consecuencias- Empezó a explicarles- Cada distrito tiene su propia puerta para entrar y quien no la traspase antes de que se ponga el sol morirá- Muchos de los voluntarios se llevaron las manos a la boca- Y no solo eso, los niños de cada distrito han sido divididos en tres grupos, uno para cada participante de su distrito, y por tanto, cuando alguien muera, morirán los niños que estuvieran asociados a esa persona- Katniss agarró la mano de Peeta con fuerza, sintiendo como se le hacía un nudo en la boca del estómago- En la plataforma central que tenéis ahí delante hay una mochila para cada uno, os aconsejo que cojáis las provisiones que podáis y armas, para estar preparados a lo que pueda ocurrir- Dijo y soltó un último mensaje, recordando los tiempos de su abuelo- Felices juegos de Snow, y que la suerte esté siempre de vuestra parte- Y riendo salió del campo de visión.

De inmediato apareció la cuenta atrás en el cielo, y cuando llegó a cero, todos empezaron a correr hacia la plataforma. Los primeros en llegar fueron todos los que alguna vez habían sido campeones durante los juegos del hambre, el resto no se atrevía a entrar mientras estuvieran ellos, temerosos de que ocurriera como en los antiguos juegos y hubiera un baño de sangre allí mismo.

Johanna y Annie, al igual que Katniss, Peeta y Hyamitch, se dedicaron a coger sus respectivas mochilas, armas y alimentos para sobrevivir, y una vez estuvieron listos, salieron corriendo, esperando encontrar la manera de entrar en el dichoso estadio de juego.

Una vez estuvieron fuera del campo de visión de cualquier otro participante, los tres decidieron parar para inspeccionar las mochilas. En ellas, Katniss encontró unas instrucciones.

-Dice "Si en el campo quieres entrar, tus raíces debes encontrar, y antes de que se ponga el sol, haber hecho arder el carbón"- Leyó Katniss con rapidez.

-¿No pone nada más?- Preguntó un ansioso Peeta.

-Hay más instrucciones, pero son para después de haber entrado.

-Bien, en ese caso, pongámonos manos a la obra y empecemos a buscar la maldita entrada- Dijo Haymitch colgándose la mochila al hombro y dirigiéndose a los bordes del terreno.

Katniss y Peeta lo siguieron de inmediato, conscientes de que cada minuto que pasara sin entrar era un minuto más cerca de que los niños del doce perecieran.

Transcurrió gran parte del día sin que consiguieran hallar la entrada o alguna pista de donde podría estar. Y cuando vieron que el sol empezaba a ponerse, la desesperación se hizo presente en ellos.

-¡Tenemos que darnos prisa!- Empezó a gritar Katniss, notando como el pánico se apoderaba de ella- ¡De lo contrario perderemos a los niños! ¡No puedo perderlos a ellos! ¡A ellos no! ¡Mis niños no!

-¡Katniss!- La abrazó con fuerza Peeta- ¡Cálmate! ¡Estoy contigo!- Empezó a acariciarle la espalda, intentando que se relajara- No los vamos a perder, te lo prometo, encontraremos la forma de entrar.

-Eso es, preciosa- Se puso Haymitch junto a ellos, acariciando la mejilla de Katniss- Aun tenemos tiempo, lograremos entrar.

-Mira, Haymitch y yo echaremos otra ojeada alrededor, a ver si encontramos la entrada o algo que nos diga dónde está, ¿por qué no te sientas unos minutos y te calmas?

-Sí, creo que será lo mejor- Dijo recobrando la compostura, sabiendo que tenía que permanecer serena.

Peeta la ayudó a sentarse, besó sus cabellos con ternura y se alejó con Haymitch, esperando tener más suerte en su búsqueda en esa ocasión. Conforme se fueron alejando, Peeta miraba hacia atrás, preocupado por el estado de Katniss.

-No te agobies, un momento de debilidad lo tiene cualquiera.

-Lo sé, lo sé, pero hacía tanto tiempo que no la veía así- Le confesó con preocupación- El mayor miedo de Katniss se está haciendo realidad y temo que eso pueda afectarle más de lo que pensamos.

-Es fuerte, lo ha demostrado muchas veces, saldrá adelante.

-Espero que tengas razón- Suspiró Peeta, acelerando un poco, no tenían mucho tiempo.

Haymitch se maldijo internamente por hacer lo que estaba haciendo, ellos eran su familia, y los estaba traicionando, pero no tenía más remedio, si no lo hacía, perdería a Julius.

Mientras ellos buscaban alguna manera de entrar, Katniss se quedó sentada en el lugar donde la había dejado Peeta. A sus pies vio una pequeña piedra negra, la cogió y empezó a juguetear con ella entre sus dedos, sin prestarle demasiada atención.

En un momento en el que levantó la mano para quitarse el un mechón de pelo de la cara se dio cuenta de que tenía la mano manchada de negro, y fue entonces cuando prestó realmente atención a la piedra que había cogido.

Al observarla pudo comprobar que se trataba de un trozo de carbón, eso hizo que saltaran sus alarmas. Rápidamente empezó a observar su alrededor y fue entonces cuando se percató de que estaba rodeada de carbón.

Con una sonrisa, empezó a coger todo el carbón que encontró y lo llevó hasta la pared de piedra que separaba el campo de juego de donde ella estaba, y al hacerlo y llevar el carbón, una puerta, hecha totalmente de carbón se dibujó en la piedra.

-¡Peeta! ¡Haymitch! ¡Venid!- Gritó entusiasmada, mientras colocaba el carbón en el suelo y buscaba algo con lo que poder hacer fuego- ¡Peeta! ¡Haymitch!

-¡Katniss!- Llegaron los dos corriendo- ¡Katniss!- Peeta la encerró entre sus brazos- ¿Qué ocurre? ¿Estás bien?

-De maravilla- Le devolvió el abrazo- ¡He encontrado la puerta!

De inmediato, se la mostró lo que había descubierto, y sin esperar un segundo, los tres se pusieron a buscar algo para hacer fuego. Una vez tuvieron todo lo necesario, Katniss se apresuró en encender el fuego, Peeta con una rama lo acercó a la puerta y esta, de inmediato, empezó a arder, abriéndose y dejándoles el paso libre.

Lo habían conseguido.

Se internaron en el campo de juego y buscaron un sitio donde poder pasar la noche, esperando que Andrómeda no los molestara hasta el día siguiente, y sin querer pensar demasiado en si los demás lo habían conseguido, después de todo, no podían arriesgarse a ayudarlos o perderían a los niños de todo el distrito.

Siento mucho el retraso, estoy con los finales de curso y me está costando mucho sacar tiempo para sentarme a escribir entre el estudio, los niños y el embarazo. Pero si no pasa nada, a partir de la semana que viene que acabe los exámenes, estaré libre hasta junio.

Nos leemos pronto