Cause behind its door there's nothing to keep my fingers warm
And all i find are souvenirs from better times...
Cuando se le hace un sondeo mental a alguna persona, generalmente los pensamientos y recuerdos más traumáticos y significativos son los más fáciles de encontrar; al fin y al cabo son casi siempre los que con más facilidad recordamos, con lo que su presencia en la mente es notable, visible. Por ello es sencillo para el ninja que se introduce en la mente del interrogado encontrar ese material primero, a no ser que la persona cuya mente está siendo examinada haya puesto medios para proteger la intimidad de sus pensamientos.
Temari tenía entrenamiento emocional, pero no protección para un sondeo.
La sensación que tenía era la de un sueño en el que la información llega tan deprisa que no hay tiempo de atender a todos los hilos de pensamiento a la vez; aquello era señal de que la persona introducida en su mente era buena en su trabajo, realmente eficiente. Para ella lo único que suponía era sufrimiento emocional.
Porque en la maraña de recuerdos aparecían imágenes, voces e ideas entremezcladas y confusas. Pudo ver, por ejemplo, cómo su tío Yashamaru se inclinaba sobre su rostro para acariciárselo.
"-Verás… -le explicaba –cuando la gente se hace muy mayor empieza a estar muy cansada. Al final llega un momento en el que sólo les apetece dormir, y se quedan durmiendo para siempre en una cama especial.
-Pero para eso pueden dormir por las noches. ¿No?
-Pero cuando te haces mayor eso no es suficiente. Es un cansancio especial. Los niños no tenéis ese cansancio, y por eso siempre tenéis ganas de jugar y no de dormir. Tu mamá estaba ya muy cansada, Temi-chan. Por eso se ha ido a descansar.
-¿Es por eso que el bebé nuevo no se duerme nunca?
Yashamaru sonrió tristemente.
-Claro, Temi-chan. Qué lista eres…"
El rostro de su tío se deformó con monstruosa rapidez: la piel se oscureció, los labios se engrosaron y un turbante cubrió medio rostro.
"Baki le tendió uno de los papelitos.
-Inyéctale algo de tu chakra y reaccionará.
La niña asintió y mordiéndose el labio por el esfuerzo –llevaba muy poco tiempo entrenando y esas cosas aún le costaban –hizo lo que su sensei le decía.
Repentinamente el papel se cortó en dos.
-¡Oh! –exclamó ella dejando caer los trozos por la sorpresa. Baki sonrió con satisfacción.
-O sea que viento…"
Pudo oír por allí chillidos, los que reconoció de su hermano mediano. Pero al lector de mentes no le interesaban los gritos de Kankurô, pues ¿de qué no va a tener miedo un bebé? En vez de eso se dirigió de cabeza a otro recuerdo en el que aparecía el Kazekage. Otôsama.
"Inclinada como estaba sobre el suelo del taller, de espaldas a su padre, se le hacía muy fácil ocultar el rostro bañado en lágrimas. Le preocupaba que el agua salada pudiese desmejorar las propiedades de la pintura púrpura que estaba usando para pintar las lunas de su abanico. Su nuevo abanico; el anterior, el primero que había tenido, había acabado totalmente destrozado en la última misión.
En la última misión se habían encargado de destrozar todo lo que ella poseía, incluyendo su propia integridad. La extrema debilidad física y mental que poseía eran más que evidentes. Con todo aquello, un abanico hecho trizas era lo más nimio de todo…
-No vas a seguir así para siempre –advertía amenazadoramente el Kage-. Si no vuelves a las misiones dejarás de ser una kunoichi e irás a un hospital psiquiátrico, que parece que es lo que necesitas.
-Tan sólo… dame un poco más… de tiempo –siseó ella, apretando los dientes para contener los espasmos del sollozo.
-Tan sólo son unas cuantas muertes que superar: ese es nuestro sino, nuestro pan de cada día. Buscaré a alguien que te de un nuevo entrenamiento emocional. Mientras tanto seguirás siendo inútil en las misiones. –Dicho aquello se volvió y salió de la habitación."
Mientras oía su propio gemido agónico escapar de su garganta, el ninja infiltrado en su mente se movió a otros recuerdos de su padre con impaciencia. Lo estudió todo: conversaciones en los actos oficiales, órdenes directas que recibía de él, cualquier nimio detalle sobre la invasión de la Hoja. Deseó que aquello durase poco, esperando que el shinobi pudiese oír sus pensamientos instantáneos.
Tras lo que pareció una eternidad llegó al último recuerdo que tenía con vida de su padre. Fue en sus aposentos, donde ella nunca entraba a no ser que tuviese un atrevimiento desmedido.
"-Podría haber sido chunin desde el año pasado, otôsama.
-Pero el caso es que no lo eres. No te olvides que no vas a la Hoja para ascender. Vas para nuestra misión secreta.
-He hecho todo lo que me has pedido, incluso estar con Gaara a solas. Prométeme que me ascenderás cuando vuelva. Estoy terriblemente aburrida, quiero poder invocar ya a las kamaitachis.
-… Lo pensaré."
-Creo que por hoy ya es suficiente –dijo una voz desconocida fuera de su cabeza.
Temari parpadeó. Como si fuese absorbida, algo la arrancó de cuajo de sus pensamientos y la hizo atravesar un enorme pozo negro. Al final del pozo vio luz y se encontró a si misma sentada ante una mesa. Poco a poco fue recuperando la percepción y según fue viendo, oyendo y sintiendo pudo identificar al dueño de la voz.
Sentado enfrente de ella se encontraba un hombre de mediana edad, con ojos turquesas y pelo rubio oscuro, parecido al de ella. Lo llevaba recogido en una larguísima coleta a excepción de un rebelde flequillo. En la frente lucía la banda metálica de los ninjas de la Hoja.
Eso la permitió ubicarse: el interrogatorio. Nara Shikaku. Shikamaru… ¿Gaara? ¿Kankurô?
Se encontraba en una habitación no muy grande. Un amplió cristal la permitía verse reflejada en él. Ya veo: un espejo de una sola cara. Aparte de ese detalle no había nada más que pudiese atraer su atención. No había ventanas y la única puerta que había estaba cerrada. En medio de la habitación estaba la mesa y las dos sillas. Se sintió encerrada.
-¿Dónde están mis hermanos? –exigió saber con nerviosismo. La lengua parecía enorme en su boca, aún adormecida por el jutsu del que acababa de salir.
-Tranquila, ahora vendrán aquí contigo –intentó tranquilizarle el hombre de hermosos ojos. -¿Cómo te encuentras?
-¿Cuánto tiempo he estado en este estado de consciencia? –preguntó ella, tratando deliberadamente de eludir la preocupación del hombre. No necesito tu maldita humildad.
-Shikaku te trajo hace dos horas. Hemos estado alrededor de una hora y cuarenta minutos examinando tu mente.
-¿Y los otros veinte minutos?
En los ojos turquesas se hizo evidente que las puntillosas preguntas empezaban a resultar molestas.
-Te hemos sentado en una silla a la espera de que uno de mis compañeros terminase con tu hermano, el que va disfrazado. Como iba para largo decidí ponerme yo mismo contigo. Puedes preguntárselo al otro, estaba consciente mientras tanto.
Eso tendría sentido, se explicó a sí misma Temari. Kankurô era el que más tiempo pasaba con nuestro padre en los últimos tiempos… No habrá sido difícil para estos tipos ver que de nosotros tres era el que más información privilegiada tenía.
-Entiendo –se limitó a murmurar sin mirar al hombre.
El shinobi se levantó y sin dar explicaciones salió de la habitación. Aquello la fastidió: ¿Por qué todo el mundo me va dejando por ahí olvidada sin dar explicaciones? Afortunadamente, un minuto después la puerta volvió a abrirse y aparecieron sus dos hermanos. Gaara traía su estoica cara de piedra y Kankurô estaba pálido y ojeroso.
Temari arremetió contra ellos nada más verlos.
-Vaya, mis queridos hermanos. ¡Me gusta cuando os preocupáis por mi salud mental y me comunicáis a tiempo que me van a desmantelar el cerebro! –dijo acabando al final a gritos.
-¡Eh, a mi no me mires! –le gritó Kankurô, irritado -¡Todo esto tiene que ver con Gaara!
-¡Podríais haberme esperado en el puto hospital!
-Callaos los dos–cortó tajantemente Gaara. En seguida los otros dos le obedecieron, congelados. Se echaron una mirada de odio, pero se tuvieron que morder la lengua.
Así permanecieron durante casi una eterna hora. Temari podía oír rugidos de angustiosa hambre de los estómagos de sus hermanos. El suyo hacía felizmente la digestión y eso la hizo sentir culpable. Quizá había sido demasiado severa… Eso sin tener en cuenta que ellos también habían tenido que someterse al sondeo.
-¿En qué han indagado en vuestro caso? –preguntó Temari tímidamente, intentando resultar más amigable.
-En qué va a ser. En Otôsama –gruñó Kankurô. Su hermana se percató en que tenía el ceño fruncido con preocupación, como si hubiese algo a lo que le diese vueltas. Seguramente habría algún recuerdo que le habían hecho sacar a la luz, alguno doloroso, y ahora tenía que volver a digerirlo de nuevo.
Aún así Kankurô pareció percibir el talante de su hermana, porque en un intento de mostrar verdadero interés por ella, titubeó:
-Y… esto… ¿Te han hecho recordar lo de aquella vez que…?
-No –cortó Temari, dando por zanjada la conversación. No, no del todo… Sí. Me lo han recordado. Sin pretenderlo, le vino de vuelta aquella conversación que tuvo hacía tantos años con una médica en el hospital:
"-¿Cómo de difícil le resultaría a alguien como yo castrar a un hombre?
-Bueno, la teoría es fácil… Pero, ¿a qué viene esa pregunta, Temari-hime?
-Nada. Una venganza que tengo pendiente."
Su recuerdo se vio interrumpido repentinamente por el chirrido de la puerta abriéndose. Los tres se pusieron en guardia cuando un ANBU pasó a la habitación. Llevaba una máscara en forma de gato con líneas negras y rojas. Por su físico y el tatuaje en el hombro izquierdo se podía ver que era un hombre.
Detrás de él entraron Nara Shikaku y la mujer a la que habían llamado Tsunade en el hospital. Temari volvió a sorprenderse por la monstruosidad de su aspecto, pero no tuvo tiempo de hacer más observaciones ya que a su espalda el berrido idiota de Kankurô les dejó a todos de piedra:
-Joder, vaya SANDÍAS.
Tierra, trágame, gimió mentalmente Temari, golpeándose la frente. La mujer arrugó su bonito rostro en una mueca amenazante:
-¿Esa es la educación que te dio tu padre? –preguntó a gritos–. Diablos, para ser un Kage no os enseñó demasiado. Pero yo no soy una Kage amistosa, así que más os vale inventaros unos modales nuevos.
-Eso significa que usted es… -murmuró Gaara con moderada sorpresa.
Temari no pudo disimular su estupefacción: ¡¿Esa es la Hokage? Pero si tiene… cuántos años… ¿Veinte? Había oído que estaba en los cincuenta…
Tsunade se estiró, mirándoles con superioridad.
-En efecto, soy la Hokage. Así que más te vale tratarme con más respeto, muchachito –advirtió amenazadoramente a Kankurô.
-Claro… -murmuró él. Su cara era un poema. Estaba tan pasmado que se levantó de su silla, la que anteriormente había ocupado el shinobi rubio, para que la exuberante mujer se pudiese sentar.
-Así me gusta –aprobó ella, permitiéndose dedicarle una sonrisa. Kankurô miró hacia otro lado, sonrojado. Un vez que se hubo acomodado en la silla, su rostro volvió a tornarse severo, observándolos a los tres con interés –. Mi nombre es Tsunade. Por lo que tengo entendido los vuestros son Temari, Gaara y Kankurô. Bastante me han hablado del sadismo y la crueldad de los hermanos de la Arena…
-Qué bien, justo lo que necesitamos… -siseó para sí Temari. La Hokage la miró de reojo, molesta. Temari apretó los puños. Maldita lengua la mía…
-Los shinobis que os han hecho el sondeo me han transmitido todo lo que han visto es vuestras memorias. Ahora todo está aquí –se señaló la sien con un dedo.
Se volvió a Gaara, dando a entender que le hablaba a él directamente:
-He podido ver con detalle al conversación que tuviste con tu hermana sobre ascender a Kazekage –al oír aquello Kankurô la miró con perplejidad. Como ella evitaba devolverle la mirada un gesto de ira apareció en su rostro. Tsunade siguió:- Todo eso está muy bien, pero yo no puedo creer en vosotros de la noche a la mañana. Y aunque ya lo hiciese, ni vosotros ni yo tenemos ningún poder decisivo en vuestra nación, así que estáis en las mismas.
-Pero podemos llegar a algún tipo de promesa de carácter diplomático con usted, Tsunade-sama –murmuró Gaara -. Ninguno de nosotros tres tiene interés en romper la nueva alianza entre nuestras villas… Y le aseguro que le conviene llevarse bien conmigo, porque seré el próximo Kazekage con total seguridad.
Tsunade se rió con frescura.
-Vaya, eres un insolente. Pero tus pensamientos me han gustado. Bueno, he de matizar: me han gustado aquellos en los que no deseabas matar a todo el mundo a tu alrededor… incluyendo a estos dos –con la cabeza señaló a Kankurô y a Temari; por la espalda de la última cayó una gota de sudor frío –. Ése punto es el que más me preocupa de ti. He traído este ANBU conmigo porque la inestabilidad de tu mente me ha asustado tanto que me encargado de venir con alguien con la habilidad necesaria para domar a un jinchûriki. Yo soy la kunoichi más poderosa de esta villa y mira las precauciones que estoy tomando. ¿Entiendes que eso te va a complicar mucho las cosas?
-Sí –admitió Gaara -, pero de igual modo habrás podido ver que esos pensamientos cada vez están siendo más combatidos.
-Eso está muy bien, sí, pero no todos van a tener la posibilidad de entrar en tu mente y espiar tus instintos –puntualizó Tsunade, ceñuda -. Tendrás que hacer un esfuerzo sobrehumano, y eso ni siquiera te garantiza que tu villa recupere un día la confianza en ti.
Temari aprovechó para interrumpir:
-¿Y qué nos recomienda usted para que la gente tenga más confianza en él?
Tsunade la miró con sus poderosos ojos castaños, sonriendo complacida. Temari tuvo la sensación de que justo estaba esperando que le hiciesen esa pregunta.
-¿A ti qué se te ocurre, Shikaku? –preguntó al hombre.
-Bueno… -comenzó Shikaku, acariciándose la perilla, pensativo – Creo que lo que más os compensa ahora mismo es hacer el examen chunin –todos en la habitación le miraron interrogativamente -. Para empezar, tú tienes que hacer alardes de poder, liderazgo, pero también de autocontrol –le dijo a Gaara -. El examen es un buen lugar para demostrarlo, ya que si ganas limpiamente y sin "mala conducta" eso quedará reflejado en tu evaluación final. Además, en la prueba final podrás lucirte y mostrarte más cabal que la última vez, y así limpiar tu imagen. Por otro lado, vosotros–señaló a los otros dos hermanos -, si queréis ayudar a vuestro hermano en su ascenso más os vale tener el mejor nivel posible… Así que deberíais ascender a jounin lo más rápido posible.
-Los exámenes para ascenso a chunin se vuelven a celebrar dentro de quince días –informó Tsunade -. A estas alturas deberíais haber hecho ya el papeleo necesario para presentaros, pero quizá podamos hacer algún apaño.
-Sería un detalle –murmuró Gaara. Temari arrugó la nariz: ¿Desde cuándo habla tan educadamente?
Entonces la Hokage se volvió hacia ella y Kankurô. –Me gustaría tener una charla privada con vuestro hermano. A solas.
-No –exclamaron al unísono ellos dos -. ¿Cómo sabemos que no le va a hacer nada? –prosiguió Temari a la defensiva, adelantándose un paso.
-Recuerda, Temari –advirtió Shikaku –que la alianza necesita a alguien que confíe en ella.
-Gaara necesita una buena perorata en la que vosotros no podéis aportar nada –zanjó la Hokage –Que alguien os acompañe a la salida; no hará falta más genjutsu.
Temari apretó los puños por un segundo, dispuesta a permanecer allí. Sin embargo los ojos de Gaara cazaron los suyos y le echaron una mirada amenazante, aquella tan característica de su hermano que helaba la sangre. Se levantó. Kankurô también hizo ademán de resistirse, pero el pelirrojo usó la misma hábil técnica con él.
Alguien los acompañó educadamente hasta la salida del edificio. Kankurô esperó a estar en el exterior y de nuevo solos para lanzar su ira sobre ella.
-¡Se puede saber qué es eso de que Gaara sea Kazekage! –En sus ojos se podía leer un asustado desconcierto -¡A qué narices estás jugando!
-¡Chitón! –ordenó Temari a su hermano por lo bajinis, saltando sobre él para intentar taparle la boca -¿Quieres que toda la Hoja se entere de nuestros planes o qué?
Cogiéndole de la ropa tiró de él hasta llegar a un maloliente callejón, donde las miradas de los civiles y ninjas casuales no la molestasen. Apenas habían llegado cuando el marionetista volvió a la carga:
-Pero, Temari… ¡¿Te has vuelto loca? ¡Tú has visto esa bestia más veces que yo en libertad y de verdad crees que…!
-¡Sí! –cortó ella, con tanta fuerza que Kankurô dio un paso atrás, impresionado. La miró a sus ojos aguamarina con intriga, como queriendo comprender a qué venía tan repentina confianza en lo que a él le parecía un imposible; pero a pesar de ello seguía enfadado con ella.
-Estás loca. Es una idiotez –insistió una vez más, negando con la cabeza-. Y si le vas al Consejo con eso, se reirán de ti en tu cara. Tú verás, yo no voy a pringarme contigo.
-Creo que te equivocas. Gaara ha cambiado en los últimos meses… Puede que tú hayas estado muy ocupado con tu maldita marioneta nueva, pero Gaara persigue un sueño y yo voy a ayudarle a alcanzarlo.
Las palabras de Temari estaban fuertemente envenenadas. Aquello no pasó en absoluto desapercibido para Kankurô, cuyo rostro se ensombreció peligrosamente con la acusación.
-Tú tampoco has hecho nada por acercarte a mí. Yo fui a buscarte la noche del entierro, pero tú no hiciste ningún esfuerzo en compensarme.
-¿Compensarte? Llevo toda la vida siendo vuestra madre aparte de vuestra hermana. Ya va siendo hora de que tú me compenses a mí. Ahora en lo único que me apetece pensar es en lo que Gaara necesita para seguir como está.
-¿Y eso por qué? –Temari notó un atisbo de curiosidad sincera en el tono de su hermano.
-Porque a mí me gusta el Gaara viejo tanto como a ti –dicho esto se giró y se alejó de su hermano, sintiendo en su fuero interno cómo un peso se aliviaba.
Kankurô se quedó en el sitio, observando a su hermana alejarse, ceñudo. Al final elevó su vista al cielo y gruñó:
-Mierda.
Temari observó con curiosidad la pequeña plantita que tenía delante de ella. En un primer momento le había atraído el precioso color lila azulado de sus flores –al fin y al cabo los colores morados le encantaban-, pero al tenerla cerca el olor que desprendía le había dado una agradable sorpresa. Miró la etiqueta que tenía pegada en la maceta: Jacinto. Ni idea de qué planta es ésta… pero me encanta. Felizmente estuvo cotilleando las macetas de alrededor, observando las distintas tonalidades que podían tomar las flores: blanco, rosa, azul…
Era pronto por la mañana. Se encontraba en su lugar preferido de la Aldea, el establecimiento al cual calificaba como "gran descubrimiento": la floristería Yamanaka. La había descubierto mes y medio atrás, unos días después de su interrogatorio. No entiendo cómo no la vi la vez que estuvimos para el examen anterior.
Desde entonces, todas las mañanas antes de desayunar se acercaba unos minutos a la floristería. Allí siempre encontraba a la misma mujer –rubia, en la treintena e increíblemente sexy–abriendo el establecimiento religiosamente. La mujer se había acostumbrado a encontrarla todas las mañana merodeando por la puerta de la floristería y la saludaba con una educada sonrisa, en apariencia halagada por su insistente interés. Nada más abrir el aire del interior de la tienda estaba saturado de todos los olores que habían ido liberando las flores a lo largo de la noche. No se me ocurre una forma mejor para empezar el día.
Una pequeña flor del jacinto se desprendió de su tallo y cayó al suelo. Temari se agachó para recogerlo, llevándoselo a la nariz para terminar de inhalar el aroma. Salió al exterior de la tienda, sentándose en la entrada y cerrando los ojos. Todo en aquel instante le infundía paz: la frialdad de la mañana, el agradable sol, los olores, el silencio que aún reinaba a la ciudad…
Aquel era el gran día. Volvía a presentarse a la ronda final del examen chunin. Suspiró, pensativa. No sé en qué se me han ido las últimas ocho semanas…
Volver a presentarse al examen le había resultado excesivamente sencillo… y aburrido. El examen escrito fue fácil de superar, sobre todo sabiendo de antemano qué era lo que realmente se pedía en el examen, que era recopilar información sin ser descubierto.
Respecto a la Prueba de Supervivencia en el Bosque de la Muerte… en fin, tanto sus hermanos como ella tenían de sobra el nivel suficiente como para quitarle a una panda de críos un ridículo pergamino de la Tierra. Temari juraría que incluso batieron el récord que ellos mismos habían establecido en el examen anterior llegando casi nada más empezar.
Lo bueno es que aquella vez Gaara no había matado a nadie… aunque con soberano esfuerzo. Como para contrarrestar, Kankurô se había dedicado felizmente a ser cruel con todos los novatos que se iba encontrando a su paso, mientras su hermano pequeño se escondía entre las sombras, murmurando cosas y hablando consigo mismo de una forma desagradable. Temari odió cada minuto de aquellos días.
Por último, las Pruebas Preliminares fueron quizá la parte más complicada, pero no porque les fuese a costar ganar, sino porque los tres tuvieron que contenerse para no causar mala impresión. Aún así no tuvieron problemas en vencer a sus oponentes y ser seleccionados para la Prueba Final. Es sorprendente lo que hemos mejorado en unos pocos meses…
Para sorpresa de Temari, ninguno de los doce novatos que habían competido entre y contra ellos seis meses antes se encontraba allí. Más tarde descubriría que sí habían pretendido presentarse, pero como en cada grupo de tres había un genin como mínimo lesionado por la misión de rescate de Sasuke se habían visto obligados a no presentarse. Tampoco hubo nadie de la Aldea del Sonido, como era de esperar. En lugar de todos ellos había unos cuantos grupos novatos de las distintas villas, pero todos ellos más blandos y fáciles de vencer.
En resumen: el examen estaba siendo demasiado fácil y no había ningún rival interesante.
Un ruido dentro de la tienda la devolvió a la realidad. Perezosamente abrió los ojos de nuevo y se dirigió hacia la mujer, que estaba quitando las hojas mustia a un poto.
-Creo que me llevaré semillas de jacinto. ¿Qué condiciones climáticas necesitan?
-Los jacintos nacen de bulbos, querida. Pon uno de ellos en un vaso o un jarrón no muy grande con agua, de tal manera que la base del bulbo quede sumergida. Con eso bastará para que se vaya desarrollando. Luego ya podrás plantarla en alguna maceta. Respecto al clima, necesitan mucho sol y no demasiado agua; son ideales para interior.
-¿De dónde eres, que preguntas sobre el clima? –preguntó educadamente la mujer mientras metía unos cuantos bulbos en una bolsa de papel marrón.
-Del País del Viento… La vegetación no es su punto fuerte –explicó ella con naturalidad, deseando que la mujer no le hiciese demasiadas preguntas. No le apetecía que le preguntasen por la prueba que tenía en menos de una hora. Sin embargo no tendría esa suerte.
-Kami, qué lejos. ¿Y qué haces exactamente por aquí?
-Presentarme al examen de ascenso a chunin –murmuró con rapidez tendiéndole el dinero, como si aquello pudiese propiciar que aquella mujer rubia olvidase el tema.
-¡Vaya! ¿La primera convocatoria?
-La segunda. Ya sabe… la anterior…
-Ya, claro. ¿Qué tal te está yendo? ¿Has llegado a la Prueba Final de hoy? –preguntó con amable cortesía, tendiéndole las vueltas.
-Sí… -De hecho estoy aquí comprando estos bulbos porque seguramente mañana me vuelva a casa y no me dará tiempo a hacerlo antes de irme…
-¡Oh, que tengas mucha suerte! Mi hija también se iba a presentar a esta convocatoria, pero no ha podido porque sus compañeros le han fallado. El pobre Chôji salió hace unas semanas del hospital… Está tan delgado…
Un sentimiento de desagrado recorrió el cuerpo de Temari. No, no puede ser. Dime que no habla de quienes yo creo.
-… Pero bueno, como bien dice Ino, al menos ha sobrevivido y está sano de nuevo. ¿Te suena Yamanaka Ino?
-Sí… -¿Cómo es posible que una mujer tan agradable tenga una hija tan chillona? –, pero la verdad es que no he hablado nunca con ella.
-Ahora que lo pienso, tu cara me suena algo. ¿Tú no serías la niña que peleó contra…? ¡Shikamaru! –exclamó de repente, desconcertando a Temari. Tardó unos segundos en darse cuenta de que la mujer elevaba la vista por encima de su hombro. Se volvió temiendo lo peor.
Y lo peor se confirmó. En la puerta se encontraba Nara-llorica-pervertido-Shikamaru, con su mueca de "felicidad máxima" incluida. Le dedicó a la kunoichi una mirada que oscilaba entre la estupefacción y el infinito desagrado. Ella le miró con falso estoicismo, observando que no llevaba puesto el chaleco chunin. Un atisbo de malvada esperanza se encendió dentro de ella: lo mismo le han destituido por incompetente, o finalmente se fue él mismo, tal y como dijo. Pero no, la hebilla de metal seguía prendida en la chaqueta del chico, indicativo inequívoco de que seguía siendo un ninja.
Parecía más delgado que la última vez que le había visto, que había sido en el hospital. Su vientre se hundía hacia dentro y las costillas se le marcaban bajo la ajustada malla. Que alguien le dé un bocata, por Kami.
Tras el rápido vistazo que le echó sus ojos se dirigieron a la mujer.
-Qué hay, señora Yamanaka.
-Justo estaba contándole a esta chica que habéis participado con ella. ¿Fue tu oponente?
Shikamaru asintió con la cabeza, visiblemente incómodo por la situación. Rascándose la nuca trató de despistar a la rubia:
-Oiga, ¿ha llegado ya Chôji?
-No, qué va. Ino tampoco está preparada todavía, estaba terminando de arreglarse. Disculpadme un minuto, voy a ir a buscarla –rápidamente se escabulló por una puerta que había detrás de ella.
Se hizo el silencio. Temari miró al techo, después a sus pies. No me apetece tener que hablarle. Las últimas palabras que habían intercambiado eran aquellas del hospital, donde ella había sido tan pedante con él. No se arrepentía de sus palabras, pero la posterior regañina de Nara Shikaku le hacía sentirse amigable. Y no quiero ser amigable con él. Que su padre se comportase como un capullo no hace que me caiga mejor.
Shikamaru tampoco parecía tener muchas ganas de hablar con ella. A diferencia de Temari, que había sido educada como un miembro de la "realeza", él era lo suficientemente vago como para pretender aparentar ningún tipo de cortesía o respeto. Así se relajadamente se apoyó en la pared y sacó de su bolsillo un libro, poniéndose a leer ignorando por completo a la kunoichi.
Perfecto. Al menos es él el que queda como un maleducado. Le echó un vistazo despectivo, pero algo atrajo su atención. Sus cejas se alzaron con repentina sorpresa al leer el título del libro que el shinobi tenía en las manos.
-¿Los acertijos de la Aldea Jômae? –preguntó en voz alta, impresionada.
Shikamaru levantó la vista de su lectura, interrogativamente.
-¿Qué has dicho?
Temari hizo caso omiso de su propio sonrojo. Hacía años que no veía aquel libro.
-Me gustaba mucho ese libro. Me lo dieron hace unos cuantos años, cuando me empezaron a educar en estrategia.
Fue el turno de Shikamaru para sorprenderse. Por primera vez desde que se habían conocido, Temari sintió que el muchacho la observaba con genuino interés.
-¿Cómo? ¿Te han preparado para ser estratega?
-Soy estratega –corrigió, tratando de dar a entender que no era una habilidad aprehendida, sino innata -. Me propusieron ese libro para ir despertando mi intuición cuando aún era muy pequeña. ¿Y tú qué?
-Bueno… podría decirse que mi sensei me ha mandado leerlo por la misma razón: también me están educando como estratega –explicó el chico. Sus ojos ya no estaban entrecerrados en su común gesto adormilado; incluso su rostro tenía más color.
-¿Te está gustando?
-No está mal. Realmente prefiero los juegos de mesa; es lo mismo, pero mucho más simplificado.
-Entiendo… -susurró ella -. La verdad es que nunca he tenido mucho tiempo para juegos…
Se miraron a los ojos, estudiándose mutuamente. Aquello estaba resultando un tanto extraño: es como si dos antisociales intentasen socializar. De hecho, era justo aquella situación. No recordaba la última vez que había tratado de ser amistosa con alguien que no fuesen sus hermanos. Lo que acababa de hacer con Shikamaru no era otra que un lazo amistoso.
De repente recordó sus propias palabras siete semanas atrás, en el hospital: "Los sacrificios son parte inherente de las misiones. ¿Acaso no has recibido entrenamiento emocional?"
Se mordió el labio, sintiendo cómo el momento perdía la magia. Soy idiota. He recibido el entrenamiento emocional justo para evitar estas debilidades. Soy idiota…
Tan enfrascados estaban en su conversación que ninguno de los dos había oído llegar a una tercera persona. Un delgadísimo muchacho ninja de pelo castaño atravesó la entrada del establecimiento, mirando a Shikamaru con una bonachona expresión. Temari no tenía ni idea de quién era, aunque las espirales de las mejillas le sonaban.
-¡Ey, Shikamaru! –saludó afablemente mientras abría ruidosamente una bolsa de patatas que traía consigo. Aquel gesto era inconfundible: ¿Chôji? -. ¿Aún no está Ino lista?
El muchacho se fijó en aquel momento en ella. A juzgar por su cara tardó unos segundos en asimilar de quién se trataba, pero en seguida el pánico se vislumbró en sus ojos. Se echó un paso hacia atrás y recorrió con los ojos la tienda, asustado. Temari comprendió al instante: le da miedo que pueda estar Gaara por aquí.
Aquello le resultó doloroso. Murmurando una ininteligible disculpa salió disparada del local, olvidándose la bolsa de los bulbos. Pudo oír la temblorosa voz del otro muchacho preguntado:
-Shikamaru… ¿qué hacías hablando con la kunoichi de la Arena?
Aclaraciones previas:
*Quería disculparme por haber tardado tanto en subir este capítulo. Tras las vacaciones estuve muy malita, y además empiezo los exámenes en un poco más de una semana… Espero no retrasarme demasiado para el siguiente capítulo, a ver qué puedo.
*La Aldea Jômae aparece en la Naruto wiki. En español se traduce como Aldea de las Llaves y en ella se educa a los ninja para el espionaje. Por supuesto, es parte del relleno.
*Quería crear un libro que consistiese únicamente en acertijos, juegos de lógica y cosas así. Tengo uno llamado "Los acertijos de Canterbury", así que me pareció buena idea cambiar Canterbury por un lugar del universo de Naruto. Una aldea dedicada a educar a espías era una opción interesante ;)
*Cuando Tsunade entra a la salita donde están los hermanos de la Arena está acompañada de Shikaku y un jounin… con la información que hay, ¿se os ocurre quién puede ser? Mihihihihi…
Como siempre, aquí os dejo el link para la lista de reproducción:
www . grooveshark . com /#!/playlist/Light+Of+A+Firefly/68581504 (quitar espacios)
En fin, espero que os haya gustado. ¡Un beso y hasta la próxima!
Y.L.
