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La Batalla Final (I)

La sala de monitores de televisión en la Atalaya era inmensa. Prácticamente, desde aquel sitio se podía sintonizar cualquier canal del mundo que estuviera en ese momento al aire.

En ésta ocasión, todas las imágenes en las pantallas de cristal líquido mostraban lo mismo: noticieros. Y todos y cada uno de ellos, en su idioma, daban buena cuenta de lo que había acontecido.

Tom observó y escuchó, junto a Wonder Woman y Batman. El resto de la Liga aguardaba más atrás, oyendo también la noticia que heló los corazones del mundo entero: la destrucción de Kansas.

-…Informes preliminares reportan un millón de muertes – decía el presentador de noticias de la CNN, mientras de fondo desfilaban imágenes de los campos de maizales secos, ganado y personas muertas – La extraña energía mortífera se extendió por cientos de kilómetros. Todo el estado de Kansas, parte de Nebraska, Iowa y Missouri se convirtieron en un páramo desolado. Se han perdido no solo vidas humanas y animales, sino que también se perdieron las tierras de cultivo. La esterilización de la zona agraria del país ha puesto a la nación y por extensión al mundo, al borde de un colapso económico sin precedentes. En tanto, en la Casa Blanca, el Presidente ha…

-Basta – dijo Diana. El Detective Marciano apagó los televisores.

Se hizo un largo silencio entre los presentes. Todos aguardaron las palabras de su líder. La princesa Amazona cerró sus ojos, conteniendo las lágrimas de desesperación, angustia y rabia. No podía demostrar flaqueza frente a sus tropas ahora. Se volvió hacia Acero.

-¿Hemos rastreado la nave de Brainiac? – preguntó.

-Afirmativo. Tenemos las coordenadas de su ubicación. Aterrizó y se instaló en el corazón de Kansas, cerca de un pequeño pueblo llamado Smallville.

Los ojos de todos se volvieron en dirección de Thomas. Éste sentía la sangre hervir en sus poderosas venas. Brainiac pagaría esto… él se encargaría de que así fuera.

-Muy bien. Prepárense todos. Partimos hacia allá ya mismo.


En mitad de las desoladas tierras de Kansas, libres ahora de todo vestigio de vegetación, la nave oscura con forma de cráneo yacía posada bajo los abrasadores rayos del Sol. En su interior, Brainiac se regodeaba en el resultado de su primer ataque a la Tierra.

-…El numero de victimas se incrementa a cada rato – dijo un hombre en una pantalla de televisión – En otro orden de cosas, el macro-atentado ya tiene responsables: un grupo subversivo de metahumanos que se hacen llamar a sí mismos "La Legión del Mal". A la cabeza de ésta asociación terrorista, estaría el invasor extraterrestre conocido como Brainiac…

La pantalla se apagó. Con una sonrisa gélida en su verde rostro, Brainiac se volvió hacia sus secuaces.

-Nuestro Rayo de la Muerte ha sido todo un éxito – anunció – Los índices de mortandad son los esperados. Y son solo el comienzo; el resto de éste planeta aguarda probar el mismo trato.

-Pensé que dominaríamos éste planeta, no que lo destruiríamos – señaló Máxima.

-Mis prioridades nunca fueron dominar éste mundo – admitió el coluano – La Tierra solo representa una ofensa para mí. La destruiré junto con sus habitantes en venganza por la humillación que Superman me dispenso en el pasado.

Brainiac hizo una pausa. Miró a la impresionante maquina que había construido. En el centro de ella, yacía el cuerpo de Superman perfectamente conservado dentro de un ataúd de cristal. De su cuerpo eran extraídas grandes cantidades de energía, mismas que luego se usarían para irradiar al resto del mundo, provocando la muerte instantánea de sus habitantes.

-El mayor héroe de éste planeta, convertido en la pieza clave para su destrucción. Que irónico.

Una alarma comenzó a sonar de repente. El Cyborg comprobó las pantallas de seguridad. Una aeronave se acercaba velozmente a su posición.

-Parece que tenemos compañía – dijo – ¡La Liga ha venido!

-Sorprendente, aunque previsible. Estaba esperando su ataque.

-¿Qué hacemos? – preguntó Banshee – Solo quedamos Máxima, Cyborg y yo.

-Más que suficientes para acabar con ellos. Vayan y elimínenlos. Yo debo programar la maquina para su nuevo objetivo inmediato: la Costa Este de los Estados Unidos.


La aeronave de la Liga se acercaba a su objetivo. La nave oscura ya estaba a la vista delante de ellos. Como una garrapata bizarra, su domo sobresalía sobre la yerma planicie que alguna vez supo ser verde.

-Tres objetos voladores acercándose a nuestra posición – anunció Acero, en los controles junto con el Detective Marciano.

-¿Misiles?

-Negativo. Son tres supervillanos. Vienen volando a nuestro encuentro.

-Marvel, Hombre Halcón, Linterna Verde. Esos son suyos – ordenó Wonder Woman – El resto, viene conmigo. Nosotros entraremos directamente en la nave de Brainiac.

Los tres superhéroes designados salieron volando por su cuenta de la aeronave al encuentro de sus enemigos y los enfrentaron.


Edificio de Naciones Unidas.

Al mismo tiempo.

El Secretario General de la ONU, Richard Grayson, miró a los representantes de todos los países del mundo reunidos en la Sala de Conferencias. Empezó su discurso:

-Como bien saben, la situación de Kansas puede volverse a repetir. Ésta Legión del Mal no parara hasta hacer lo mismo con cada país de nuestro planeta. ¡Tenemos que tomar medidas urgentes! Por eso, por el poder que me ha transferido el Presidente de la Nación, tengo la facultad de aprobar el uso de armamento nuclear.

Airadas voces de protestas se alzaron en el recinto. Cada representante quería hablar al mismo tiempo…

-¡Es inaceptable!

-¡Morirán muchos civiles!

-¡Habrá colosales incendios!

-¡Debe haber otra manera de…!

-¡Escúchenme y entiendan! – pidió el Secretario General – No es racional preparar tácticas nucleares en el corazón de mi país. ¡Pero estos tiempos no son racionales! ¡Es un punto crítico en la existencia humana! ¡Ese Brainiac está dispuesto a extender el manto de muerte por todo el mundo! ¿Y entonces que vamos a hacer? ¿Eh? ¿Entonces, qué?

Silencio. Los delegados de cada país se miraron entre sí. Ninguno atinó a decir nada.

-La única opción de que las futuras generaciones recuerden ésta ultima opción de la humanidad, es asegurándonos que existan futuras generaciones. Ataquemos ahora que podemos. Dios nos ayude.

Instantes después de finalizada la reunión y aprobado por el voto de la mayoría el uso de armamento nuclear, el Secretario General se dirigió a su oficina privada. Apenas cerró la puerta de su despacho, la persona sentada tras su escritorio habló.

-Has hecho un excelente trabajo, Richard. Las generaciones futuras siempre lo recordaran y te lo agradecerán.

-Eso si las hay – replicó el político, aflojándose la corbata – Escucha, Lex: he seguido tus indicaciones. Van a usar un misil nuclear contra ese Brainiac. ¿Estás seguro que ésta maniobra es la correcta?

Lex Luthor II se puso de pie. Vestía de traje blanco. Se paró al lado de una ventana y le echó un vistazo al exterior.

-Creelo, Richard: es el único camino que hay. Brainiac es un ser peligroso. No podemos dejarlo continuar con vida.

-Pero, ¿y el nuevo Superman? ¿Y la Liga de la Justicia? Ellos han ido para allá y no les hemos advertido nada sobre el ataque nuclear a la región.

-Perdidas aceptables – Lex se encogió de hombros – y no puedo dejar de decir que beneficiosas. Sin esa pandilla de bienhechores insoportables, seremos libres de poder proseguir con nuestros negocios sin molestias.

El Secretario General no dijo nada. Lex sonrió y se volvió hacia él.

-Ahora, pasemos a la siguiente cuestión – dijo – ¿Qué resortes debo mover para convertirme en el próximo Presidente de los Estados Unidos?