DISCLAIMER: No me pertenecen ninguno de los personajes ni elementos de la serie Capitan Tsubasa, sino que todo el universo pertenece a Yoichi Takahashi. Esto es escrito únicamente por diversión, sin ningún ánimo de lucro.
VII. LÍNEAS
-¿Estás seguro que quieres que yo vaya?
Jun contó hasta once mentalmente, tratando que la exasperación que había acumulado en el último rato no escapara e hiciera todo aún más difícil.
-Estoy seguro- contestó, intentando poner su mejor sonrisa –Siendo tú, sabrás la mejor ruta, no darás vueltas innecesarias y estarás de regreso más pronto.
Hikaru le sostuvo la mirada por unos momentos que le parecieron más largos que los minutos de descuento en un partido ganando por un gol y con dos hombres de menos. No era la primera vez que era testigo de esa conducta; y de observar frecuentes intercambios con Oda había aprendido que se trataba de una forma en que el águila del norte ponía a prueba las convicciones de personas que pensaban de un modo diferente al propio.
Recapitulando, tampoco era la primera ocasión en que se encontraba en la posición de quien era desafiado. La situación en sí no parecía diferente a la que había acontecido durante la última noche, decidiendo dónde dormiría cada uno. O pensándolo bien, sí podía ser bastante distinta al considerar que nunca antes había tenido que hacer un esfuerzo consciente para no apartar la mirada. Y justo cuando estaba a punto de pedirle la hora al árbitro dentro su cabeza, Hikaru inclinó levemente la suya dando a entender que aceptaba su arreglo.
-Ten cuidado- dijo con voz débil a la vez que extendía un puño con cierta duda. –Y si ves o escuchas algo raro…
-Sé lo que tengo que hacer- le cortó Jun, correspondiendo el gesto. –Aunque realmente, no creo que pase algo a esta hora y habiendo alguien.
-Espero tengas razón.
El norteño contempló por unos momentos más el lugar donde sus nudillos se estaban rozando y se separó para finalmente emprender el más que conocido camino hacia el pueblo. Una vez estuvo fuera del alcance de sus oídos, Jun dejó escapar un amplio suspiro tal y como cuando un silbatazo daba por acabado un partido en un momento desfavorable. Simultáneamente todo su cuerpo liberó la tensión que llevaba acumulándose desde la mañana, desde el instante mismo en que ya no quedaron dudas que algo no estaba bien con su amigo.
Considerando que a la ex novia que amenazaba con secuestrar al gato de su equipo y al depredador suelto en las afueras del pueblo se le había sumado un pirómano resentido que parecía conocer cada uno de sus movimientos, no sería inusual que alguien normal perdiera la calma. Pero no Hikaru Matsuyama.
La primera vez en que Jun pudo apreciar esa demostración de cordura fue aplacando el pánico de Kazumasa y Machiko mientras pensaban en la mejor manera de ayudar a Tenshi. La segunda ocurrió esa misma noche, horas después, no respondiendo a las duras provocaciones del delantero ni a las indirectas de Yoshiko con otra cosa que cauta caballerosidad. La tercera y definitiva fue cuando ambos contemplaron el incendio desde la orilla de la carretera. El miedo ciertamente estuvo allí, pero a eso le siguió el seguro agarre en su antebrazo dando a entender que ocurriera lo que ocurriera, estaban juntos en eso y que remontarían el partido.
Entonces… ¿Qué le había alterado tanto en cuestión de pocas horas? Una posibilidad residía en la revelación de los verdaderos colores de ese tal Issei Hirakawa. Después de todo, choques incluidos, el águila del norte guardaba aprecio por todo aquel que compartiera su mismo lado del campo, pero especialmente por sus compañeros de Furano. Darse cuenta que alguien a quien podría haber llamado familia era capaz algo así sería un golpe duro, pero la explicación no terminaba de resultarle satisfactoria.
La historia del delantero realmente le dejó la boca seca de a ratos, pero lo que había sido nuevo para Jun, era algo que Hikaru ya tenía muy presente. Desde aquella conversación entre él y Oda había sido obvio que ambos estaban alerta ante su regreso; y con el incendio sólo fue cuestión de unir círculos en la pizarra para que la jugada estuviera armada. Pero aun así, una vez apagado el fuego y comprobado que Jun había salido ileso, su amigo no dio indicios inmediatos de estar abrumado, y no fue sino hasta varias horas después que comenzó a notar sutiles cambios.
Esa noche resultó ser la más fría desde su arribo a Hokkaido, por lo que pese a lo dicho antes, Jun no pudo negar que el futón junto a la estufa era el mejor sitio para recibir su "recompensa", previo a finalmente hablar sobre el incendio. El recuerdo era tan reciente que el sonido de las chispas y el tenue aroma a cenizas le provocaron cierto nerviosismo, pero tenía fe en que pronto se hallaría con la mente ocupada procesando otra clase de sensaciones.
La primera vez en que le fue dada esa clase de atención, las manos de su amigo tuvieron un efecto calmante y sanador que se extendió desde sus hombros a todo su cuerpo, aliviando en minutos el daño causado por semanas enteras de descuido. En tan simple acto Jun pudo percibir claramente la misma dedicación, seguridad y fortaleza que le hacían destacar dentro del terreno de juego. La forma de experimentarlo había sido bastante diferente, pero esos rasgos le resultaban ya tan familiares tras años de estar a su lado que no pudo simplemente negar las señales de alarma, por sutiles que estas fueran.
El roce de Hikaru le seguía transmitiendo devoción y entrega, pero los ligeros temblores, sumado a como sus dedos a veces presionaban apenas más de los necesario o evitaban despegarse en lo absoluto dieron cuenta de un temor y urgencia tales que Jun lo sintió como un balonazo en el pecho.
Regresar el favor había estado dentro de sus planes desde el primer momento, después de todo, quería mostrarle cuanto valoraba el hecho que se hubiera expuesto para salvar su caída. Pero lo que originalmente era para aliviar músculos y mostrar su agradecimiento se volvió una oportunidad, no sólo para intentar inducir otra clase de paz, sino para tener una mejor idea de qué era lo que le estaba alterando.
A lo largo del relato, reconoció la misma tensión que su amigo mostraba ante una jugada tramposa cada vez que nombraba al tal Hirakawa, pero también un estremecimiento diferente ante la mención de un hecho desconocido para él, ocurrido mucho antes que el muchacho problemático se uniera a Furano. Y esa misma agitación se repitió a la mañana siguiente, con ambos sentados en la mesa y un mapa de la región frente a ellos.
Como ya era bien sabido por ambos, la ruta central por las montañas hacia el sitio que Hikaru quería mostrarle había sido bloqueada por un derrumbe; por lo que era preciso tomar un camino más largo que les permitiera rodear esa zona inaccesible. Ante eso existían dos posibilidades –sendero este y oeste- pero desde el primer momento su amigo argumentó a favor de la primera de estas, aun siendo la más larga y menos directa. No sólo eso, sino que pasaba peligrosamente cerca de un sitio que en el mapa había sido marcado con una equis roja. Grande fue su sorpresa al enterarse que se trataba de la vieja residencia Hirakawa.
Por cualquier lado que intentara verlo, la elección no tenía sentido para Jun. Apenas un rato antes habían acordado que la casa no debía volver a quedar sola, cosa de evitar un segundo ataque como el del incendio; y ahora Hikaru proponía un plan capaz de dejarles totalmente expuestos. Claro, siempre podían pedirle a Kazumasa, Machiko o prácticamente a cualquier integrante de Furano que se quedara vigilando su morada y a Tenshi, pero eso no eliminaba el peligro. Y lo que era peor, estarían arriesgando la integridad de alguien más, de personas a las que les tenía una gran estima. Eso es algo que el águila del norte en circunstancias normales no se permitiría.
Le costaba enormemente el creer que su amigo no fuera consciente de todo lo que estaba implícito en su elección, por lo que en lugar de señalar lo obvio, Jun propuso la ruta alternativa con una calma que no reflejaba el estado de su mente. Y ese fue el momento preciso en que Hikaru ya no fue capaz de esconder la tormenta que le impedía emprender el vuelo.
¿Qué era lo tan terrible en el oeste para que resultara peor que acercarse deliberadamente al enemigo? ¿Estaría relacionado con esa parte de la historia que había optado por omitir? ¿Hirakawa sabía de qué se trataba? Muchas preguntas le invadieron en un momento, aunque tan pronto como aparecieron, pasaron a un segundo plano al contemplar cuan alterado se veía su amigo. Y ante eso, tal y como había pasado al seleccionar una ruta, se le presentaron dos opciones.
La primera, gobernada por una fría lógica, era negarse a seguir con el plan en esos términos hasta obtener una explicación coherente. Podría considerarse como la más segura para él mismo, aunque significara forzar a Hikaru a compartir algo que evidentemente le provocaba angustia y para lo que no estaba listo aún, si es que alguna vez lo estaría. Jun había aprendido ya que los secretos de los norteños tenían siempre sus motivos de ser, y no podía simplemente forzar su titularidad en un partido al que ni siquiera había sido convocado. Eso, sumado al cariño, respeto y agradecimiento que tenía por él terminaron por descartar esa alternativa sin mayores dudas o pesares.
"Voy a confiar en ti."
Con eso básicamente resumía la segunda opción. Era algo que dado el contexto podía acusarse de insensato, quizá tanto como lo sería el trepar a un árbol en llamas. Pero nuevamente, ya había pasado suficiente tiempo en el norte para saber que allí anteponer la lógica a lo que dictaba el corazón era la mayor demostración de insensatez posible.
Ante su decisión de seguirle, Hikaru le tomó de ambas manos musitando agradecimientos, pero no por eso dejó de mostrarse algo alterado por el resto de la mañana. Tanto que, por primera vez desde que comenzó la aventura, Jun creyó que ambos necesitarían un momento de calma a solas para controlar el balón y pensar en cómo encarar lo que quedaba del partido.
Para su fortuna, la oportunidad llegó pronto en la forma de varias cuestiones que debían ser resueltas antes de su nueva expedición a las montañas. Debían notificar a Kato de lo que pensaban hacer, denunciar el incendio, conseguir aceite y trapos para armar antorchas, reabastecerse de alimentos y buscar cualquier indicio de actividad inusual en el pueblo que pudiera ser obra de Hirakawa. Con la nueva regla de no dejar la casa a su suerte, estar alejados por unas horas era algo inevitable, aún si su mente no lo hubiera declarado necesario.
Los argumentos con los que consiguió ser él mismo quien permaneciera vigilando habían sido lo bastante lógicos y convincentes en un sentido práctico para no despertar sospechas; pero hasta en eso Jun había pensado más allá. Hikaru no era la clase de persona a la que le servía pasar tiempo sin estar focalizado en una tarea específica cuando algo le estaba molestando, y el cómo se las había arreglado durante el año sin Yoshiko gracias al fútbol servían de evidencia. Encargarse de los recados en el pueblo sería más sanador que sólo sentarse a esperar y sobresaltarse por cualquier sonido que viniera de fuera.
En cuanto a él mismo, no le gustaba demasiado el estarse quieto, pero los años de convalecencia le habían enseñado a tolerarlo si no quedaban más opciones. Y en ese momento había optado por no ponerse a sí mismo como prioridad, ya que comparado con el norteño era obvio que en ese momento era quien se encontraba más entero mentalmente. ¿Verdad?
Ignorando la nieve, Jun se dejó caer para luego acomodarse rodeando sus rodillas con ambos brazos, mirada perdida en la carretera y dándole la espalda a las montañas. Unos instantes más tarde, un profundo suspiro escapó de él a la vez que llevó una mano a acariciar experimentalmente su mejilla, tal como había ocurrido la noche anterior. No le quedaban ya dudas ni razones para seguirse engañando. La idea que Hikaru estaría mejor ocupándose en algo era una bonita excusa, pero la razón principal para no ir él mismo al pueblo era que más que despejar su mente, necesitaba pensar.
Desde que comenzó la aventura, y especialmente durante el día anterior, se habían dado muchos sucesos extraños e inesperados, pero todo parecía fluir de una forma tan natural que rara vez se había detenido a analizar propias reacciones. No fue sino hasta esa última vez que se permitió apoyar la cabeza en la almohada que la realidad le dio un golpe equivalente ver a su equipo perdiendo en un partido en el que todos los daban por favoritos. Pocas horas antes, durante y después de compartir parte de la historia de Furano, se cruzaron límites y cada uno se había adentrado más allá de su propio lado del terreno de juego. Y al retroceder un poco más, también se le hizo obvio que no fue la primera vez que eso pasaba desde su llegada al norte.
Había sido la conversación con el delantero lo que le permitió abrir los ojos ante una posibilidad que de otro modo dudaba haber contemplado, y algo en él le decía que no se trataba de una simple casualidad. Tomándose la cabeza con ambas manos, Jun agradeció a la vez que maldijo mentalmente a Kazumasa por dejarlo en una posición tan delicada. Cuestionarle acerca de sus motivos tampoco era algo que creyera que le fuera a ayudar. En el mejor de los casos el atacante le daría alguna pista, pero siempre de un modo tal que le tomaría el resto del invierno descifrar su significado. En el peor escenario simplemente se reiría en su cara antes de invitarlo a dejar de ser tan inepto en cualquier cosa que no implicara césped, un balón y una portería.
Pese a sentirse un poco desbordado en ese momento, Jun no se consideraba a sí mismo tan incompetente, al menos no desde haber comprendido mejor qué había sucedido con su mejor amiga. Era cierto que su adolescencia no había sido normal dentro de los estándares, también era verdadero que había muchas cosas que le faltaron experimentar; pero no creía que su mente se hubiera quedado estancada. Preguntarse qué estaba sintiendo o pasar días en un estado de negación quizá hubiera tenido cierto mérito de haber ocurrido durante la secundaria, pero ya no tenían cabida en su línea de pensamiento actual.
En cuanto a él mismo, era bastante consciente de todo lo que podía implicar el sendero recién abierto, los obstáculos y recompensas. Teniendo eso claro, ponerle un nombre específico al sentimiento, algo semejante a las definiciones que abundaban en los tratados de medicina, no le resultaba de urgencia. Resolver qué haría sí debía volverse una prioridad, y cuánto antes, mejor.
Allí era cuando se evidenciaban los problemas, porque una decisión así no podría tratarse como una maniobra individual; y Jun no estaba seguro si estaba interpretando correctamente las señales de su compañero antes de enviar el pase. Entendía casi a la perfección la forma en que el norteño pensaba futbolísticamente, pero extrapolar ese conocimiento a un tema tan delicado era una jugada muy arriesgada que no estaba dispuesto a permitirse.
Y para incrementar aún más sus dudas estaba el hecho de que el vínculo entre los antiguos integrantes de Furano no era el de simples camaradas de escuadra. El nivel de intimidad entre ellos estaba muy por encima de cualquier interacción que hubiera presenciado antes. El ejemplo más claro que podía evocar fue el encontrarse con Hikaru y Kazumasa durmiendo uno al lado del otro, hombros rozándose y ninguno queriendo descansar mejor a costa de la incomodidad ajena. Eso y que apenas un día atrás, el delantero le había asegurado que jamás entre los muchachos de su generación surgió algo más allá de las líneas invisibles, por lo que la posibilidad de que todo estuviera únicamente en su cabeza también era algo que debía evaluar, así no le gustara.
Perdiendo la mirada entre las escasas nubes, Jun añoró la compañía de quien fuera su inseparable apoyo. Yayoi sabría qué hacer, de eso no le quedaban dudas. Ella siempre brindaba soluciones prácticas pero a la vez tomaba en cuenta el bienestar de todos los involucrados, exactamente lo que necesitaba. Aun así, apelar a su apoyo le resultaba algo imposible.
Lo último no era por una cuestión técnica: la casa no tenía un teléfono fijo desde la mudanza, pero Jun había traído el suyo propio. El aparato llevaba abandonado en el fondo de su bolso desde el día del arribo, pero si se molestaba en conectarlo a una toma de corriente aún debería funcionar. El verdadero impedimento para contactarle era una mezcla de consideración, vergüenza y culpa.
No hablaron desde su ruptura, no había vuelto a preguntarle cómo se encontraba desde entonces, no tenía idea de qué estaría haciendo ella, y ella no sabía que él se quedaría en Hokkaido hasta mediados de enero. ¿Cómo podría buscarla solamente porque necesitaba su ayuda? Y encima para que le asistiera en explorar sus sentimientos por alguien más, cuando hacía unas pocas semanas había sido ella quien le expresara los suyos. Sorprendentemente, el hecho de que ese alguien más fuera otro hombre no lo había escandalizado tanto como pensó en un principio que lo haría, pero desde un punto de vista externo bien podría volver todavía más delicada la situación. Y Jun podría ser aún inexperto, pero no era lo tan cruel como para exponer a alguien querido ante semejante tortura.
El balón imaginario dejó de circular entre sus pensamientos al percibir como algo le tocó una pierna. Su mirada descendió con desgano, aunque una extraña calidez comenzó a apoderarse de él al descubrir que se trataba del gato blanco. Ya como un acto reflejo, su mano fue a parar a la cabeza de su oportuno acompañante, y el mismo Tenshi se encargó de moverse para que la caricia le recorriera todo a lo largo. Pero al momento en que cruzó sus ojos dispares con los suyos propios, Jun se alarmó.
"¿Eso es sangre? ¿Qué te pasó en la cara?"
El gato inclinó su cabeza hacia un lado; y como si hubiera entendido a la perfección sus palabras, prosiguió a lamerse una de las patas anteriores y luego la refregó contra su hocico, eliminando así cualquier evidencia que lo inculpara.
"Ya veo, no es tuya"
Aliviado al entender los hechos, no creía necesitar más detalles sobre el desafortunado animalito que había oficiado de víctima. Y apartando esos pensamientos escalofriantes, realmente le alegraba ver que su felino paciente ya estaba lo bastante recuperado como para volver a ser un cazador orgulloso y eficiente.
"¿Te irás ahora que ya estás bien?"
Porque después de todo, Tenshi no era el gato de Hikaru –ni de Yoshiko, aunque ella así lo insistiera- y había reclamado la escuela y los alrededores como su territorio predilecto. Tanto así que una separación era otra de las posibilidades que debía considerar fuertemente pese a ir en contra de sus deseos. Tal como unos minutos atrás temía estar malinterpretando a su compañero de selección.
El felino blanco parpadeó lentamente en respuesta, y Jun creyó escuchar un quedo ronroneo. Sonriendo ampliamente, estiró la mano para acariciarlo una vez más pero no llegó a alcanzarlo. En menos de un segundo Tenshi sacudió las orejas y se apartó tanto como pudo, dejándolo desconcertado.
"¿Pero qué…?"
Antes que pudiera terminar de hilvanar sus pensamientos, algo le jaló de los hombros hacia atrás. Su cabeza y espalda acabaron en el suelo, aunque la nieve evitó que el golpe fuera del todo doloroso. Recuperándose de la sorpresa, Jun trató de enfocarse en lo que tenía inmediatamente encima, notando como un par de ojos curiosos –de un verde tan impactante como el césped donde disputó la final contra Brasil- le impedían tener una visión clara del cielo. Al menos eso significaba que no se trataba de una emboscada del enemigo, por lo que entre las risas de su inesperada atacante intentó volver a enderezarse y quedar de frente a ella.
-Bien jugado- dijo entre dientes, aunque se frenó en su frase al darse cuenta que no sabía cómo dirigirse correctamente a la chiquilla. Ya se estaba volviendo una costumbre el que alguien de Furano le hiciera pensar más de la cuenta y le dejara sin palabras.
-Mi nombre está bien- dijo ella con seguridad. –Además, si Hikaru te trajo aquí, significa que eres familia para nosotros también.
Eso último era algo que no esperaba, y aunque las implicancias del término "familia" no ayudaban mucho a su situación dentro del contexto de sus compañeros de equipo, no pudo sino conmoverse ante la naturalidad en el tono de la niña.
-Gracias, Midori.
La susodicha trató de mantener una sonrisa calma, pero resultaba obvio que le estaba costando mucho contener las carcajadas.
-¿Qué sucede ahora?
-Tu cabeza- dijo, ya totalmente desinhibida. –Parece el pico de una montaña o un batido con crema.
Jun elevó una mano hacia el sitio, y al tocar nieve tuvo una idea bastante clara de cómo debía lucir en esos momentos ante los ojos inocentes de Midori. Salvar el resto de su dignidad ya parecía un partido perdido.
-Déjame ayudarte- se apresuró ella.
Iba a decir "Espera, yo puedo" pero sus palabras murieron ante la rapidez con que la niña había puesto las manos en su cabello. Detestaba que le tocaran así –ni siquiera su madre o Yayoi- pero para no ser grosero, apretó fuertemente los párpados y esperó a que terminase sin emitir un sonido, siendo la peor parte sin dudas cuando sacudió su nuca de una forma nada delicada. En ese momento dos ideas muy claras invadieron su mente. Lo primero que pensó fue que si así era como Yoshiko había tratado a Tenshi antes, entendía a la perfección por qué el gato no quería saber nada con su antigua dueña. Lo segundo fue que el día que estalló la gran crisis felina, Hikaru había sido en extremo cuidadoso al masajear la misma zona donde Midori estaba haciendo estragos, tanto así que realmente había disfrutado sus atenciones. ¿Significaba algo más eso último?
-Listo- canturreó la chiquilla, truncando la jugada entre sus ideas.
-Gracias- masculló, tratando de que no fuera obvio su doble descontento. -¿Qué estás haciendo aquí, ya que estamos?
-Oh, vengo del bosque- contestó con total despreocupación. –Seguimos practicando con los aros y las plumas, y dribleando entre los árboles. ¡Los tres mejoramos pila de ayer a hoy!
Lo cual eran buenas noticias, pero que no justificaban el riesgo.
-¿No les dijo Hikaru que no fueran allí sin un adulto?- repuso seriamente. –Saben que algo muy malo podría estarse ocultando ahí.
-¡Pero lo hicimos!- se defendió -¡Yo sólo me adelanté cuando salimos de entre los árboles. ¡Mira allí!
Jun se giró hacia donde señalaba la niña y vio como efectivamente, habían obedecido al pie de la letra. Sachio y Keishi practicaban su dominio del balón mientras se acercaban a la casa a la vez que alguien más les seguía apenas un par de metros atrás. Midori corrió a unirse a la pequeña escaramuza con sus compañeros dejándole cara a cara con la última persona con quien esperaría pasar su supuesto momento de reflexión.
-Buenas tardes, Misugi-san- le saludó en un tono neutro, pero que demostraba una cierta molestia cuya fuente no podía precisar.
-Buenas tardes, Fujisawa-san- contestó, tratando de no dejar expuestos su propio malestar y sorpresa.
Ella continuó sosteniéndole la mirada por unos instantes para luego girar su cabeza en todas direcciones, como si estuviera intentando localizar algo o alguien en específico. Recordando las palabras del delantero, eso no le auguraba confianza.
-¡Miren eso!
-¿Pero qué paso?
-¡No estaba así ayer!
Las exclamaciones de asombro de los niños los sacó momentáneamente su pequeño partido mental, cosa que Jun agradeció, aunque enseguida reparó en que vendrían más preguntas incómodas. No se necesitaban grandes habilidades deductivas para saber qué les había sorprendido tanto, y el cambio en la expresión de la chica de neutra a completamente quebrada apoyaba su teoría.
Yoshiko se acercó hasta el árbol con pasos lentos y cautelosos, como si el mantener una cierta distancia hiciera menos real lo que tenía frente a sus ojos. Finalmente, la muchacha estiró una mano y recorrió los surcos de la corteza ennegrecida con una delicadeza que hasta ahora nunca le había conocido.
-¿Qué fue lo que sucedió, Misugi-san?- preguntó con voz queda.
Ante algo tan obvio, no tenía sentido evadir el proporcionar las respuestas.
-Un incendio. Ocurrió ayer mientras estábamos fuera.
-¿Saben quién lo ocasionó?
-No aún- sentenció, y con un leve gesto de cabeza la chica pareció aceptar su verdad. Podría haber agregado el hecho de que tenían a un posible culpable en la mira, pero eso no les traería ningún beneficio. Repasando lo que había entendido de la historia, la muchacha no tenía ninguna razón coherente para estar en buenos términos con el tal Hirakawa, por lo que su lealtad no era algo a ser cuestionado. Pero el saber de sus sospechas la acabaría involucrando y dejándola expuesta a ser otro blanco de represalias. Y realmente, más víctimas y aún más drama era lo último que necesitaban.
-Si hay algo que pudiera hacer…- habló, mientras continuaba acariciando la corteza calcinada en lo que parecía un intento vano de reanimarle. -… no duden en decírmelo.
La última parte fue un suspiro apenas audible, y Jun desvió la mirada hacia el costado opuesto entre que intentaba comprender lo que estaba presenciando. Era obvio que Yoshiko debía tener muy en claro todo lo que ese árbol significaba para quien fuera su primer amor; pero hasta donde había entendido, esas memorias estaban mucho más ligadas a Kazumasa. ¿La tristeza exhibida era sólo por lealtad y solidaridad a su antiguo capitán? ¿Tenía también sus propios recuerdos asociados al ahora frágil tronco? Apretando los párpados por un momento, imaginó a Hikaru escabulléndose por la improvisada escalera de ramas y a ella esperándolo ansiosamente junto a sus raíces, en algún día de uno de los muchos años en que estuvieron juntos. Pero tan pronto como la escena apareció, Jun sacudió la cabeza vigorosamente para recobrar el control de su mente y forzarla a esfumarse. En su lugar, recordó la convicción de su amigo unas noches atrás, decidiendo que por el bien de todos, esa relación era un partido donde no iba a forzar el alargue.
"Nada de eso debería importar ahora" repitió para sus adentros. Y al volver a abrir los ojos se encontró con que Yoshiko le estaba observando de forma atenta, aunque de ninguna forma podía catalogarle como hostil. Reparó entonces en que jamás había contestado a sus últimas palabras.
-Te lo agradezco.
La chica alzó una mano como preparándose para realizar una nueva pregunta cuando algo que vio a espaldas de Jun la hizo detenerse en seco. El mediocampista volteó instintivamente para encontrarse con Tenshi corriendo a toda velocidad hacia ellos, seguramente luego de quedar en medio de alguna de las maniobras de los niños. El gato se deslizó por el espacio entre sus piernas y ascendió por el árbol quemado hasta alcanzar las ramas más estrechas, varios metros por encima de la ventana y de lo que él mismo se permitió durante el incendio.
"Increible"
Jamás lo había visto en acción, y si estando ya viejo y recién recuperado demostraba esa agilidad, Jun no creía poder imaginar cómo habría sido durante sus mejores años. No obstante, rápidamente se forzó a volver al presente al darse cuenta Yoshiko tampoco se había perdido ni un detalle de la exhibición; y que eso podría reabrir otro de los problemas que tenían. Quería decir algo, cualquier cosa que dejara en claro que ni él ni Hikaru habían cambiado de parecer y que no insistiera, pero las palabras le fallaron al distinguir la expresión de la chica: añoranza, resignación, y apenas el fantasma de una sonrisa.
-Luce realmente bien.
Nuevamente, ni una gota de desafío; y Jun ya no sabía si sentir alivio o nervios. La actitud que estaba demostrándole no se parecía en lo absoluto a lo que había presenciado en la noche del incidente.
-Es fuerte y mostró muchas ganas de salir adelante- contestó, intentando emplear un tono amable pero que no dejara expuestos a su preocupación y desconcierto. Las personas razonables no cambian de opinión en temas importantes simplemente porque sí. Algo definitivamente estaba sucediendo; y su afinidad innata por ayudar en vez de juzgar le estaba haciendo difícil no hablar de más. Para su fortuna, los niños volvieron a acercarse y desviaron la atención de Yoshiko.
-¿Está Hikaru en casa?
Para su sorpresa, no había sido Midori sino el mucho más templado Sachio quien rompió el silencio. Y tal y como con el incendio, no tenía sentido insultar su inteligencia al negar algo que era evidente.
-Fue al pueblo hace un rato.
-¿Crees que se tarde mucho?- inquirió la niña. –Queríamos que nos diera unos consejos sobre cómo practicar algo.
-No debería demorar demasiado- admitió. El argumento de que su amigo se tomaría menos tiempo haciendo exactamente la misma tarea no había sido la razón para desear quedarse, pero no dejaba de ser cierto.
-¿Podemos quedarnos a esperarlo?
-No es algo que deban preguntármelo a mí.
Con un leve movimiento de cabeza, el mediocampista señaló hacia donde estaba la chica. Después de todo, habían venido con ella y estaban bajo su responsabilidad; aunque no mostraba intenciones de impedirlo.
-¿Estás bien con eso, Misugi-san?
Y encima hasta resultó considerada con su persona, aunque Jun mismo ya había renunciado a su tranquilidad, quizá para bien. Si algo estaba aprendiendo en ese viaje era cuánto más claros parecían los problemas propios cuando uno pasaba más tiempo ayudando con los de otros, y si eso podía incluir el fútbol –algo en lo que se sentía más que capacitado- aún mejor.
-Por supuesto- le sonrió. Acto seguido la muchacha buscó sentarse sobre una de las tantas rocas que quedaban en el ascenso a la carretera, descansando su rostro entre sus manos y balanceando codos en rodillas flexionadas. La misma pose con la que Yayoi solía observarlo practicar cuando estaban en la primaria.
-¿Estás listo?- le llamó Midori. Jun le dirigió una última mirada a Yoshiko antes de volverse donde sus momentáneos discípulos.
-¿Qué es lo que querían practicar con Hikaru?
-Ya sabemos cómo mejorar el regate y la puntería, así que queríamos algo sobre potencia de disparo- explicó Sachio. Jun se llevó una mano al mentón y se quedó en silencio.
-¿Sabes qué hacer?- le cuestionó Keishi, entrecerrando los ojos con cierta desconfianza. Pero antes que pudiera decir algo más, recibió un golpe en la cabeza por parte de su amiga.
-¡Ya te he dicho que no lo creas frágil!
El que fuera la segunda vez que saltaba en su defensa se le hacía algo bastante enternecedor, aunque a fin de cuentas, el chico tenía razón en algo: en parte por limitaciones, en parte por preferencias jamás se había especializado en potencia. Conocía sí la historia de Kojiro entrenando en las playas de Okinawa y la bola pesada en Francia, ambas inadmisibles por dónde se encontraban y por tratarse aún de cuerpos tan jóvenes. Miró a su alrededor tratando de encontrar cualquier cosa que le diera una idea, pero solo vio rocas, arbustos marchitos y mucha, mucha nieve, demasiada para su gusto. El que aún a esa edad pudieran dominar el balón con tanta naturalidad pese a la resistencia que ofrecía el medio se le hacía admirable. Allí mismo estaba la respuesta que necesitaba.
-Ya sé qué podemos hacer- aseguró. De inmediato Midori le mostró la lengua a Keishi a la vez que Sachio los veía ambos con genuino afecto. –Voy a buscar algo de la casa.
La idea en sí no era demasiado complicada; usar una pala, armar grandes montículos de nieve, intentar atravesarlos con su disparo más potente, y agregar cada vez más nieve para aumentar la dificultad. Simple, efectivo y capaz de mantener entusiasmados a los chicos a la vez que le permitía tener una mejor idea de sus habilidades y por dónde podía darse su mayor crecimiento.
En una ocasión en que fue a recuperar un balón que había caído bastante cerca de donde estaba Yoshiko, la muchacha le invitó a acercarse. Para bien, la expresión sombría que le había acompañado hace un rato parecía haberse disipado, reemplazada por algo que solamente pudo llamar curiosidad.
-Ese entrenamiento. ¿Lo viste en alguna parte antes?
-Sólo se me ocurrió- contestó, encogiéndose de hombros, y sin creer que hubiera algo especial detrás de ello.
-Ya veo.
Jun esperó algún otro comentario, pero no parecía que fuera a obtener más nada si no excavaba en las respuestas él mismo. El dejar el balón picando parecía ser un rasgo bastante más común en los norteños de lo que le resultaba cómodo, y rogó a cuanta deidad del fútbol le escuchase para que Hikaru no se volviera así de enigmático. Con su mejor amigo y su ex ya más que alcanzaba.
-¡Hikaru regresó!
El llamado de Keishi hizo que ambos olvidaran su pequeño intercambio para contemplar como el dueño de casa se asomaba en la parte más alta de la ladera. Los niños rápidamente le rodearon, y aun estando lejos, pudo imaginar que su conversación giraba a cuánto habían entrenado y mejorado, y cuánto más quedaba por hacer. Pero de un momento a otro, sus saltos de entusiasmo se detuvieron; y distinguió como el águila del norte giraba lentamente la cabeza de lado a lado.
"Les está diciendo que no entrenará con ellos hoy"
Lo cual no sería desplumado, considerando todo lo que debían preparar para partir cuando ya no quedara luz, pero que no le auguraba algo bueno al notar cuan decaído –casi vencido- lucía su amigo. En el instante en que cruzó su mirada con la de Yoshiko, Jun temió que el haberles permitido quedarse jugara en perjuicio de alguien que evidentemente no estaba en su mejor día.
No fue capaz de leer las intenciones de ninguno mientras duró su conexión, que además resultó mucho más breve de lo que había esperado. Un saludo en voz baja, un sutil movimiento de cabeza y el dueño de casa se perdió en las tinieblas que asolaban la entrada. Jun escoltó a la chica hasta la carretera antes de correr tras él, temiendo lo que pudiera encontrar.
El interior estaba aún en penumbras, las provisiones recién traídas descansaban sobre la mesa; y la persona que últimamente se había adueñado de sus pensamientos estaba en el que se había convertido en su más reciente lugar favorito.
-¿Matsuyama-kun?- le llamó, acercándose con cautela.
El aludido giró la cabeza dando a entender que le escuchó, y acto seguido se hizo a un lado, dejándole el espacio justo para que le acompañara si se permitían chocar los hombros. Por algunos largos instantes, sólo se concentraron en ver hacia adelante como si las cenizas en la chimenea guardaran un mensaje oculto sólo para ellos por descubrir. Finalmente, fue Jun quien ya no soportó el silencio, ahogado por el aura de angustia que percibía a su alrededor.
-¿Cómo te fue en el pueblo?- preguntó despacio. Hikaru dejó escapar una gran bocanada de aire antes de poder verlo a los ojos. La preocupación en su rostro era aún mayor que durante la mañana.
-No tuve problemas para conseguir todo lo que necesitamos- comenzó. –Pero cuando fui a hablar con Masanori, encontré al padre de Seiji en la comisaría.
Jun no era familiar con todos los antiguos integrantes de Furano, pero la historia de la familia Nakagawa era algo que ya había escuchado alguna que otra vez. La última hacía pocos días, y no exactamente por buenas razones.
-Los ataques a sus animales no han parado- continuó Hikaru. -La gran mayoría de las muertes fueron ovejas que estaban esperando corderos para la primavera. Llevó fotos para acompañar la denuncia, y no fue algo agradable de observar.
Si quería continuar la carrera de medicina, debía estar más que acostumbrado a tratar con cuadros desoladores, pero lo que su amigo estaba sugiriendo ante su relativa inexperiencia se le hacía demasiado para mantenerse impasible. Una cálida mano se colocó sobre su hombro y le dio un ligero apretón para transmitirle aunque fuera un poco de seguridad.
-No sólo es horrible de ver, sino que las pérdidas de dinero han sido muchas. Y para empeorar las cosas, alguien les ha ofrecido comprar el terreno porque parece que descubrieron hierro.
Sus labios se torcieron en una mueca de profundo disgusto al pronunciar lo último, y notó como su puño se cerraba estrangulando su abrigo.
-¿Alguien conocido?
La pregunta no aportaba mucho a la causa, pero Jun realmente quería intentar apaciguar un poco la avalancha.
-Un tal Ikegami- escupió, tomándose la cabeza con ambas manos. –No recuerdo a nadie aquí con ese apellido, pero no lo sé, Misugi-kun. Siento que lo he escuchado en alguna parte, y no logro recordarlo.
Esta vez fue el mediocampista quien llevó una mano hasta la espalda de su amigo, dibujando círculos hasta que percibió que los músculos se aflojaban.
-¿Qué dicen respecto a la oferta?
-No es lo que quieren- se apresuró a contestar. –Pero si no encontramos quién está detrás de esto para hacerle pagar todas las compensaciones, puede que no tengan otra opción.
-¿Y de verdad crees que hay un responsable?
Porque si se trataba de animales salvajes, lo más que podrían hacer era prevenir pérdidas mayores. El norteño asintió con la cabeza, por un momento cambiando la angustia por determinación.
-Es como si supieran cuándo y dónde atacar para no ser descubiertos- explicó. –Es demasiada casualidad para sólo asumirlo a la inteligencia de unas bestias. ¿Y si hay algo que estamos ignorando?
La idea en sí era demasiado inverosímil, pero así eran las cosas en el norte. Si Hikaru tenía ese dejo de certeza, Jun ya había decidido que confiaría en su instinto hasta las últimas consecuencias.
-Si así son las cosas- pronunció con cuidado. –No queda otra que llegar al fondo. Mientras esté aquí, cuenta conmigo.
-Gracias, Misugi-kun.- musitó, regalándole una sonrisa leve, pero que de inmediato supo sincera. Eso había sido lo más calmado que le vio durante todo el día, y aunque quizá sabía a poco, cada reacción positiva le resultaba cálida y valiosa.
-Y gracias también por entrenar con los chicos- agregó.
Había estado tan absorto en apropiarse de la nueva información que por unos momentos se había olvidado de ellos, pero especialmente de Yoshiko.
-¿No te molestó que estuviera Fujisawa-san aquí?- preguntó. A fin de cuentas, no habían quedado en exactamente buenos términos la otra noche.
-¿Dijo algo sobre Tenshi?
-Sólo que lo veía muy bien. Estaba rara, no parecía la misma persona.
-Es inevitable que tarde o temprano volvamos a hablar sobre eso y no estemos de acuerdo. –suspiró con resignación. –Respecto a sus problemas, si necesita ayuda sabe dónde encontrarla, y sobre lo otro, no pienso permitir atropellos; pero si no te causó ningún problema no es necesario que vaya a confrontarla ahora. Los chicos la quieren bastante, y por más que Kazu diga lo que diga, ella no es mala.
-Lo noté hoy- admitió, repasando en su mente la imagen de la chica acariciando el tronco quemado.
-Por cierto- le interrumpió. -¿Fue ella quien te dijo que practicaran la fuerza de los tiros así? ¿O fue Kazu el otro día?
Jun enarcó las cejas. Primero Yoshiko le preguntaba de dónde lo había sacado y ahora Hikaru le cuestionaba algo parecido.
-Sólo lo pensé- contestó, ligeramente fastidiado. -¿Cuál es el misterio?
El águila del norte ahogó una leve risilla y elevó la mirada hacia un punto inespecífico en el techo.
-Por muchos años entrené así- contó. –Es algo que Kazu y yo probamos durante la primaria, pero enseguida desistimos ya que de entrada intentamos con mucha más nieve de la que podíamos atravesar. Pero cuando el equipo necesitó un tirador de larga distancia volví a ello, y aquí me tienes- continuó, empleando un tono alegre pero no exagerado, y que creyó poder pasar horas escuchando sin cansarse.
Bajó la cabeza y al verle, curvó sus labios de tal forma que su anterior muestra de agradecimiento realmente no se comparaba.
-Tenemos formas parecidas de pensar. ¿No es eso genial?- finalizó.
Jun hizo todo lo posible por contener un ligero sonrojo, pero las últimas palabras habían calado hondo, más por el gesto y la forma que por un contenido que en sí no era algo extraordinario.
-Necesitamos armar las antorchas- habló Hikaru, levantándose de donde estaban y rompiendo su trance. -¿Lo has intentado alguna vez?
-No tengo idea de cómo hacerlo- suspiró, encogiéndose de hombros.
-¿Quieres aprender?- le invitó, extendiendo un brazo para servirle de apoyo. Algo que por ninguna razón iba a rechazar.
Durante su breve momento de ser en parte artesanos y en parte guerreros, Jun volvió a percibir la ocasional tensión en su amigo algunas de las veces en que sus manos se rozaron por trabajar en la misma pieza. Mostraba más confianza que antes, pero era innegable el vestigio del episodio ocurrido al observar el mapa, y que cobraba cada vez más importancia a medida que se acercaba el momento de partir hacia las montañas.
-¿Estás seguro de esto?- dejó escapar su amigo cuando hubieron terminado.
En esa última duda no percibió malicia ni un intento de chantaje, sólo una preocupación totalmente comprensible, dadas las circunstancias inusuales que les rodeaban.
-Lo estoy- reafirmó Jun.
-Si en cualquier momento del viaje quieres que regresemos…
-Lo sé, confío en ti.
Una resolución que podría traerle tanto dicha como tormento, pero que no lo sabría hasta que estuviesen solos en ese sitio al que alguien de su origen –y sin sus recientes experiencias- sólo podía catalogar como un infierno helado. Con los últimos rayos de luz perdiéndose entre los picos, un suave toque a la puerta anunciaba la llegada de Kazumasa, quien obraría de vigilante hasta su regreso.
"Llegó la hora"
NOTAS FINALES
Como corresponde, me disculpo enormemente por lo tardío de la actualización, y vuelvo a disculparme ya que por cómo se vislumbra mi vida en los próximos meses, la siguiente actualización será recién por septiembre-octubre. Pero a todos les aseguro que de ninguna manera ese fic será abandonado. Le tengo un enorme cariño y pienso llevarlo hasta las últimas consecuencias. Dicho eso, hago algunas aclaraciones más.
Con este capítulo hemos llegado por fin a la mitad de la historia. Se han planteado ya todos los problemas, y ahora llegará el momento de resolverlos.
Quería dejar en claro (por si no fue lo bastante obvio) que de ninguna manera la intención de este fic, pese a ser chico/chico es presentar a los personajes femeninos en un rol antagónico. Yoshiko será fundamental para llegar al fondo de varias de las tramas secundarias, y no será la última vez que oigamos algo de Yayoi tampoco.
Este capítulo cambió de contenido unas cuantas veces en mi cabeza hasta llegar a lo que han leído. Originalmente Yoshiko iba a explayarse más en cuanto a por qué lucía tan decaída, pero preferí omitir esa escena. La chica no es ninguna pobre alma desamparada para andar ventilando problemas íntimos con alguien con quien no tiene ninguna clase de confianza. Nos enteraremos de lo que está pasando al mismo tiempo que Hikaru y Jun, y por otra boca.
Agradezco enormemente el apoyo que he recibido en estos meses, y espero no defraudarlos con lo que tengo reservado para nuestros protagonistas.
¡Nos vemos en unos meses!
