Diligencia
Recordé entonces mis obligaciones y me levanté, abandonando la suave hierba fresca, la brisa en el aire, las cuales me atraían con sus cantos de sirena. Pero no. No. Lo que tenía que ir era derecho a la biblioteca para terminar esa infame tarea, para dejarlo todo atado y bien atado y estar bien conmigo mismo. Puede que cuando terminase ya fuese de noche y no pudiese volver a aquel paraíso, pero por lo menos sabré que he cumplido con mi deber y que al menos mañana o esta noche no tendré que hacer esa tarea. Así era mucho mejor.
