VII
Perdió la consciencia y extrañamente la recuperó. Si así era la muerte y el paraíso, no resultaba nada prometedor. Sentía el cuerpo adolorido, el pelaje pesado y humedecido. Abrió los ojos sin lograr enfocarlos. Algo titilaba en una negrura inmensa. Cuando logró visualizar bien se dio cuenta de que estaba boca arriba sobre algo áspero. Y lo que estaba frente a él era el cielo de la noche.
Giró la cabeza abruptamente cuando la voz de Brook interrumpió su desconcierto.
—Menos mal que estás a salvo. Tú eres el doctor y yo mucho no puedo hacer —el músico rió con su característica risa. Había sonado jubilosa y llena de vida, como siempre.
—¿Qué…? —Chopper se quedó a medio decir, muchas preguntas se habían agolpado en su mente.
Pensó que habían muerto, que la ola había destrozado el barco contra el barranco, que ellos siendo usuarios habían sido condenados a morir en el fondo del mar, pero algo áspero como la lija seguía cobijándolo. Se sentó mirando a sus costados con desesperación. Mar, sólo mar, y bajo él:
—¡Laboon! —gritó con emoción, para de inmediato arrojarse boca abajo y besarla repetidamente en agradecimiento—¡No tengo tanta confianza contigo! —reconoció risueño—¡Pero gracias, me da tanta alegría verte!
Chopper no necesitaba que Brook le ilustrara lo que había pasado, pero el músico igualmente necesitó hacer ese merecido reconocimiento hacia la ballena.
—No me había dado cuenta de que nos seguía, pero… me alegro de que lo hayas hecho, Laboon —dijo, hablando con ella más que con el reno—Gracias, amiga. Nos salvaste la vida.
Con su mano huesuda acarició suavemente la dura piel del cetáceo y Laboon respondió con un chirrido ensordecer. Sobre ella, las grandes olas llegaban como pequeñas ondas. Estaban empapados de pies a cabeza, pero a salvo y seguros en el lomo de la ballena.
—No estamos muy lejos de Drum, Chopper-kun —lo miró de reojo y notó como el reno se encogía en el lugar.
—Mmmm —meditó al respecto—, perderíamos tiempo. —Admitía que le gustaba la idea de volver a pasar por su hogar, pero no tenía razones valederas para hacer ese desvío. —Arabasta queda más cerca, estoy seguro que Vivi nos podrá ayudar.
Necesitaban, cuanto antes, de un nuevo barco o al menos provisiones. Aun así más importante era encontrarse con Vivi por las novedades que el reino pudiera llegar a tener respecto al paradero de Nami.
Cuando Laboon se acercó a un barranco, frenó abruptamente. Brook entendió sin más que hasta ahí llegaba su amiga, adentrarse cerca de la costa sería peligroso para ella. Escalaron hasta subir por uno de los bordes y al tocar tierra firme notaron de inmediato que ante ellos se extendía un apabullante desierto. Chopper tragó saliva, Brook no porque ni siquiera tenía garganta. Meterse allí sin agua y sin alimento podría significar la muerte.
No tenían demasiadas opciones, por fortuna en el camino se cruzaron con algunos animales que sirvieron de guía, incluso Chopper consiguió que un cangrejo lo transportase un buen trecho hasta el oasis más cercano. El animalucho se había sentido en deuda con el reno pues le había atendido una vieja herida que en una pelea le había dejado inutilizada una de sus tenazas.
El clima de Arabasta era inclemente, pero ellos siguieron adelante.
Llegaron al reino cuando caía la noche, sin embargo no fue fácil dar con Vivi de buenas a primera. Antes tuvieron que armar suficiente revuelo para que Pell fuera a ver que estaba ocurriendo en la puerta del castillo. En cuanto reconoció a Chopper y luego al músico, los hizo pasar.
Vivi corrió hacia ellos abrazando a Chopper como si de un peluche se tratase y saludó a Brook con la misma emoción. Pese a que no había viajado con él y lo había visto tan sólo una vez en el reino cuando Luffy pasó a saludar, lo sentía un compañero.
Vivi estaba más hermosa que nunca, se la notaba con carácter, al menos con el de uno propio de un líder, pero al mismo tiempo dulce como siempre lo había sido desde pequeña. Atenta al dolor de la gente.
Cobra Nefertari y Koza se encontraban fuera del reinado, tratando de dar con focos de rebeldes y atender sus inquietudes; pero la mugiwara contó que su padre había intentado comprar a Nami en su momento. No era la mejor opción, pero en esas circunstancias resultaba ser lo más idóneo antes que enfrentar a los Tenryuubitos.
—Aunque mi padre ofreció dinero sin reparo alguno, se rehusaron a vendérsela —comentó Vivi afligida—, aparentemente la tenían reservada para un tenryuubito. Lo poco que sabemos es eso.
—Es bueno saber dónde buscar, Vivi-san —le consoló Brook. —Eso nos ahorra un montón de especulaciones.
—Lamento no ser de mucha utilidad.
Había intentado con su padre hacer uso de sus contactos y su posición, pero ante los tenryuubitos no eran más que un mugroso reinado. Uno entre miles. Cobra no había dudado en entregar oro y sumas desorbitantes de dinero a cambio de Nami, pero no hubo caso y la negociación murió apenas nació la intención.
—Nosotros no podemos levantar armas contra los tenryuubitos por el bien de nuestra gente.
—Lo entendemos, Vivi —Chopper se sintió desolado, porque notaba que la mujer estaba en una posición muy delicada—, y no creas que no eres de utilidad.
—¿Eh?
—Necesitamos muchas cosas.
Vivi asintió relajada al ver que podía ser útil. Cosas como un barco, comida, agua y demás adminículos no suponía un esfuerzo mayor cuando se trataba de ayudar a sus viejos amigos. Arabasta le debía mucho a los Mugiwara.
—Pueden quedarse el tiempo que gusten, aunque imagino que tendrán prisa.
Brook asintió, tomando la palabra.
—Mañana a la mañana queremos estar camino a Water Seven.
La puerta de la sala principal se abrió interrumpiendo la conversación. Un niño pequeño de no más cinco años asomó su cabeza. Sus rizos color cyan emulaban los de su madre.
—Ansuz, ¿qué haces despierto a esta hora? —se acercó al niño y lo tomó de una mano—Ya que estás aquí, ven… quiero presentarte a unos amigos. Ya te conté de ellos…
—¿Los que salvaron Arabasta, mami? —Como futuro príncipe, estaba al tanto de muchos detalles que la mayoría de los niños tildarían de "aburridos".
Aunque para él igualmente lo fuese, era también su obligación conocer todo sobre el reino desde temprana edad.
Brook rió, abochornado.
—Bueno, yo no fui parte de esa gesta y no tuve el honor de conocer a tu madre en su momento, pero él sí —señaló a Chopper quien ya había comenzado a danzar en la silla reprimiendo a tiempo un "el reconocimiento no me hará feliz, idiota".
—Mira mami, el esqueleto habla —Pero al niño sólo eso le había llamado la atención.
Vivi rió un poco avergonzada por la soltura de su hijo.
—No debes señalar a la gente —bajó la mano del niño cuyo dedo apuntaba a Brook.
Ansuz tomó un lugar en las faldas de su madre y escuchando la conversación de los adultos volvió a quedarse dormido. Muy entrada en la noche Vivi los llevó por las inmediaciones del palacio para que descansaran en un cuarto antes de partir. Acostó a su hijo y trató de conciliar el sueño, pero la idea de que Nami estuviera en ese momento pasando por una situación desagradable no le daba paz.
Lamentando la ausencia de Koza, logró quedarse dormida luego de consolarse diciéndose que ellos lograrían rescatar a Nami. No había nada que los mugiwara no pudieran hacer, ningún obstáculo que no pudieran sortear. Eso Vivi lo sabía muy bien.
…
Cuando al otro día zarparon en un barco fácil de maniobrar y lo suficientemente pequeño para pasar desapercibidos, Laboon los siguió por detrás. Brook entonces se preguntó si sería prudente llevarlos con ellos todo ese viaje; pero hacerle entrar en razón a la terca ballena era un caso perdido. Recordó la última vez que se separaron y algo dentro de él le decía que así sería mejor: no quería volver a apartarse de ella por otros cincuenta años más.
…
Paulie exhaló una gran bocanada logrando que sus facciones se perdieran de vista por un momento tras la espesa cortina de humo. Iceburg miró hacia la ventana, viendo al enviado del gobierno yéndose con paso firme y furioso.
Otra vez había logrado evitar una pesquisa a fondo. No en vano sospechaban que Franky estaba refugiado ahí. El enviado acabó por aceptar la derrota cuando Iceburg le exigió una carta firmada y sellada que lo ultimase a permitir un allanamiento, en caso contrario no tenía ninguna obligación de abrirles las puertas.
No supo cuánto tiempo más lograría sostener la mentira, esconder un barco como el Sunny por tantos años no era algo sencillo.
—Otra vez Franky ha hecho de las suyas en el muelle uno —comentó Paulie, pero Iceburg no lo escuchó, o sí, pero en esos momentos tenía otros asuntos en su mente—. Parece que no entiende el significado de "oculto"; si no hubiera sido por esa mujer...
—Nmá… ya sabes cómo es… —Sonrió—un niño pequeño que está impaciente.
—Santo Dios, que ya está viejo —se puso de pie. —Insiste con eso de salir al mar.
—El Thousand Sunny aún tiene mucho por navegar, es un gran barco.
La conversación fue interrumpida por la secretaria recientemente contratada. Paulie se reservó las ganas de gritarle desvergonzada por llevar un traje tan escotado siendo tan jovencita. La chica lo enmudeció al revelar las razones de la interrupción.
—Hay unos sujetos muy extraños preguntando por usted. —Habían estado todo el día insistiendo con tener una cita con Iceburg-san—. Dicen que los conoce.
—¿Quiénes son?
La muchacha, que no debía tener más de dieciséis primaveras, abrió la boca no muy segura de lo que iba a decir a continuación.
—Uno tiene un disfraz de un esqueleto y el otro un… ser… algo peludo. Me dieron sus nombres, pero por el tiempo que les tomó decírmelo intuyo que no me dijeron la verdad al respecto.
Ella poco y nada sabía sobre piratas famosos. Conocía más o menos algunos integrantes de la tripulación del rey pirata. Asimismo Vivi les había regalado para el viaje un disfraz. "Aunque no sean de los más buscados, son mugiwara, chicos. Deben cuidarse", había dicho reprendiéndolos como si fuera una madre.
A Paulie el cigarro se le cayó de la boca y lo atajó justo a tiempo de que diera contra la alfombra incendiándola. Iceburg plantó una sonrisa de satisfacción. No porque la idea de despedirse de nuevo le alegrase, sino porque sabía que Cutty Flam no estaría a salvo por mucho tiempo más en Water Seven. Así como también sabía que no era feliz allí.
La idea de que habían ido a por él, sin saberlo con certeza, le aliviaba de sus mayores preocupaciones.
—Hazlos pasar —indicó.
La chica se mostró un poco sorprendida por esa muestra de imprudencia. Ni siquiera se había molestado en esperar a que les dijera el nombre supuestamente inventado. Rápidamente llegó a la conclusión de que sería osado de su parte preguntarle si estaba seguro, así que asintió y fue en busca de los dos extraños sujetos.
—Aquí están señor —señaló a Chopper—El señor Tony… —miró al músico—Y el señor Tono.
Paulie ahogó la carcajada a tiempo, pero Iceburg negó con la cabeza. Cuando la muchacha cerró la puerta, lo preguntó:
—¿No se les ocurrió un nombre mejor?
—¡Iceburg-san! —Saludó Chopper quitándose la capa, las gafas y el bigote falso, y Brook lo imitó.
—Tanto tiempo, Mugiwara's —correspondió con ecuanimidad—supongo que vienen en busca de Franky, cierto.
—¡Santas bragas!, qué bueno, entonces está aquí —exclamó Brook y Iceburg asintió.
—Paulie, ¿podrías ubicarlos y decirles que esperen en el lugar de siempre?
Paulie salió de la oficina en busca del cyborg. Iceburg entonces se puso de pie y les pidió que lo acompañaran. Por prudencia debían tomar un camino libre de posibles marines e infiltrados. Les ofreció lo básico: un refrigerio e incluso descansar del viaje largo antes de presentarse con Franky, pero los mugiwara tenían apuros y no era para menos.
—Sigan por la costa —indicó Iceburg frenando el paso, dejando en claro que hasta ahí podría acompañarlos. Sería raro ver al intendente del pueblo metiéndose en la zona considerada liberada. —Verán los cimientos de la vieja Franky House. Sigan derecho hasta un barranco, luego busquen una escalera y caminen por el borde, llegarán ante una puerta. Golpeen tres veces, hagan una pausa y luego golpeen dos veces más. Si se equivocan recibirán en respuesta una ráfaga de tiros, así que tengan cuidado.
—¡Pero Franky no nos haría eso! —Se horrorizó Chopper.
—Es un sistema que se activa si el sensor de la puerta no interpreta el código. Ah, y a veces se activa por error.
—Eso me deja más tranquilo, Iceburg-san —bromeó el esqueleto.
Con esas indicaciones el músico y el doctor le agradecieron la ayuda. La impaciencia estaba mellando sus espíritus, cada minuto era tan preciado que cuando el día moría sentían que estaban cada vez más lejos de Nami, en vez de cerca.
Al llegar a la mentada puerta, esta estaba abierta. Por lo visto Paulie había dado con Franky a tiempo y ya estaba advertido de la visita. El largo pasillo, sumido en una oscuridad inquietante logró ponerlos con los sentidos en alerta. Chopper olfateó el ambiente; olía a metal, a aceite y a cola… sonrió abiertamente porque también reconocía el olor de Franky, y otro, que le era sumamente familiar.
—¡Brothers! —gritó Franky haciendo una pose. En ese momento las luces se encendieron iluminando de lleno las nuevas refacciones en su cuerpo. Siempre estaba haciéndose retoques.
A pesar de que habían pasado casi diez años desde la última vez que se vieron era como si el tiempo no hubiera transcurrido en verdad. Como si tan sólo ayer hubieran dicho "hasta luego".
Chopper y Brook no tardaron en revelar las razones de su visita, Franky así supo que no estaban allí de vacaciones.
—Nami-sister está en graves problemas si la tienen los tenryuubitos —golpeó el metal que hacía de pared—, encerrado aquí no me entero nunca de nada.
Lamentaba la situación porque sabía que los nobles no se andaban con vueltas. Si tenían que dejarle una bala en la cabeza a un humano, no dudaban. Y ciertamente Nami era una chica con clase, no se dejaría sublimar así como así. ¿Podía darla por perdida? No, no debía pensar así.
Ni Brook ni Chopper necesitaron hacerle la pregunta, desde ya que Franky no iba a quedarse de brazos cruzados sabiendo que un nakama estaba en apuros. Iría con ellos a Sabaody. Después de todo la marina se había vuelto insoportable y ya ni caminar por las calles se podía.
—No tenemos idea de dónde pueda estar Luffy, pero el reino de Arabasta mandó a un mensajero rumbo a Syrup. —Enumeró Chopper—Sanji sabemos que está en el All Blue, si es que no se ha movido de allí.
—Zoro es shichibukai —continuó Franky con una enorme sonrisa. —Ya debe estar al tanto y cortando cabezas.
—El tema es Robin-san —se lamentó el músico, pero Franky ensanchó aún más su sonrisa.
—Localizar a Nico Robin es mucho más fácil de lo que creen, pero ahora —batió las palmas—hay un nakama que quiere verlos.
Los llevó a través del bunker hasta una ensenada, en ella el Thousand Sunny estaba anclado, esperando ansioso por surcar las aguas. Chopper no reprimió las lágrimas cuando subió a bordo del amado barco una vez más.
Faltaba el capitán, ese barco tenía uno. Luffy, ¿dónde estás?, fue la pregunta colectiva. No sentían que fuera prudente sacar el Sunny a navegar de nuevo sin estar con la tripulación completa, pero tampoco iban a dejarlo con las ganas de hacerse a la mar, ¿verdad?
…
