Ayak vio como Zía se alejaba hacia el bosque, dominada por emociones muy confusas. Entonces él emprendió el camino de regreso a la casa. Sabía que Zía necesitaba pensar y aclarase las idea y nadie le podía ayudar en eso. Necesitaba estar sola.

Él había pasado muchas veces por aquella situación, porque él se encargaba de hacerle saber a todos los Kiriam qué es lo que eran y todo lo que necesitaban saber. Pero esta vez era diferente, porque aquella chica era especial, y no era consciente de todo el peso que recaía sobre ella.

Ayak llegó a la casa y se dirigió al salón donde estaban todos o casi todos los Kiriam.

Llamó la atención de los allí presentes y cuando todos estuvieron pendientes comenzó a hablar.

–Todos sabéis que ha llegado una chica nueva y sabéis que es especial. En ella están todas las esperanzas de que podamos destruir a Ahír y a los demás Kiriams que están con él. Quiero que la tratéis bien, que la hagáis sentir a gusto y cómoda, y sobre todo que la ayudéis. Que la ayudéis a entender las cosas, porque ella no tiene el tiempo que tuvisteis vosotros. Todos sabéis que Ahír se hace más fuerte cada día que pasa. No saben donde estamos, y ahora no se atreven a plantarnos cara ,pero dentro de poco lo harán. Y para entonces tendremos que estar preparados –hizo una pausa y miró a todos y cada uno de los Kiriams–. Yo confío en todos vosotros y sé que podemos hacerlo. Podemos vencerles. ¡Somos los Protectores de la Naturaleza!

Un coro de aplausos y vítores acompañaron esta última frase del líder de la resistencia. Todos volvieron a sus quehaceres y Ayak se paseó por el salón viendo que estaban haciendo.

Este capítulo es muy corto, pero es que el siguiente tiene que estar todo en uno y no lo podía cortar. ¡Lo siento!

!Pero ya voy a poner el siguiente, así que no tendréis que esperar¡

¡Besos, Maria!