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Nubes de Algodón
Capitulo 7. La vida es un chiste
Luna no entiende porque todos se ríen cuando ella habla de Blibbers maravillosos, pero sonríe con calma y continua con sus cuentos de hadas.
Según su percepción, a veces las personas tienen un sentido del humor extraño -como cuando alguien se tropieza en las escalera y todos sueltas carcajadas, ¿Qué tiene de gracioso un persona lastimándose?-, casi cruel de tan anormal.
No intenta comprenderlo, ni nunca pregunta cual ha sido el chiste. Sabe que es mejor no conocer los motivos, ¿Para qué adentrarse en mares que traerán dolores?
Prefiere ignorar las risas y seguir siendo ella misma.
Da lo mismo que la llamen Lunática Lovegood... Si ellos disfrutan haciéndolos, bien, que sean felices. No le afecta, aunque tampoco le encuentra la gracia.
¡Y menos se va a hacer problemas porque le oculten un par de pertenencias!
Por eso, cuando Harry le pregunta sobre el asunto esa última noche en Hogwarts, responde tan tranquila.
Le agrada Harry porque él no tiene el sentido del humor que tienen los demás. A diferencia de otros chicos, él no río al escuchar sobre la jugarreta de la que fue víctima, al contrario, su rostro adquirió una tonalidad nostálgica. Sabe que él lo siente por ella.
Luna sonríe al rechazar su ayuda para buscar las cosas y es que es tan extraña esa sensación de que alguien se preocupe por ti, que le llega a dar risa de tanto placer.
Él se encoge de hombros como respuesta.
Ahora es ella quien lo cuestiona a él sobre su estado. Harry dice lo justo, pero Luna lo entiende, no es un momento para esperar que el se explaye.
La charla toma un rumbo melancólico y el estómago se le aprieta no sólo por hablar de su madre, si no por escuchar al pelinegro mencionar con tanto dolor su reciente perdida.
- ¿Seguro que no quiere que te ayude a buscar tus cosas?
- No, no... Creo que bajaré a comer un poco de pudín y esperaré a que aparezcan... Siempre acabo encontrándolo todo... Bueno, felices vacaciones, Harry.
- Gracias, lo mismo digo.
Y se encamina hacia el gran comedor.
Cuando llega a su mesa, la ravenclaw no puede evitar pensar que en el fondo, ella y el niño que vivió son iguales. Ambos victimas del pésimo sentido del humor que tuvo alguien al ponerlos en esa vida llena de perdidas y tragedias, pero que juntos seguramente mejorarían la broma.
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