gracias por sus rewiens o como se escriba ;)!
Cáp. 7: guerra de comida…
Pasaba la hora, lenta aburrida y con sueño. No podía pronuncia ni A por que la preceptora le retaba. Ni tampoco podía hacer movimientos, ni ruido, ni tampoco cerrar los ojos por que la vieja gorda y con cuerpo lleno de arrugas que se hacia llamar preceptora le amenazaba con llamar a su querida y hermosa madre.
Estaba como una estatua sentada en la sala del castigo. La penetrante mirada de la preceptora la estaba poniendo nerviosa y no podía evitar que un escalofrió le recorriera la espalda. Trago saliva lentamente, tratando de no hacer ruido y miro de reojo por la ventana.
El día estaba espectacular, con el cielo bien celeste oscuro y el sol brillaba mas de lo que debía y ella sentada ahí… castigada por algo que ni siquiera había planeado, ni pensado, que seria mejor.
– Maldita perra…
Mascullo apenas audible. La preceptora la miro de mala gana.
– ¿Dijo algo… Higurashi? –le pregunto arqueando una ceja. Kagome la miro sorprendida.
Demonios, tenia oído biónico…
– N-no –tartamudeo.
TIC TAC TIC TAC TIC TAC
Maldito reloj. Ya la estaba frustrando ese maldito sonidito. Comenzó a jugar con sus dedos aburrida, no sabia que hacer, ni siquiera tenia tareas… suspiro, cuando saliera de esa… mataría a Kikio…
O.o
– ¿Y Kagome? –pregunto agitado y sudoroso.
– Esta en la sala de castigos –respondió su amigo sonriente –Al parecer la directora vio cuando Kagome lanzo la pelota y se la llevaron…
– Esa Kikio –mascullo –Me arruino los planes… -suspiro quitándose la camiseta.
– ¿Qué planes? –pregunto interesado.
– Le iba a dedicar los goles –respondió como si nada, metiéndose en la ducha y cerrando la puerta por las dudas…
Su amigo quedo pensativo un momento.
– Cuando logre besarla todo acabara –agrego –Aunque espero que sea pronto, ya me esta aburriendo todo esto… -dijo con un suspiro.
– ¿Estas seguro que quieres solamente besarla? –le pregunto mordaz su amigo.
– Claro –contesto sin pensarlo –Ella no me gusta, es mas, no se como haré para besar a esa bruja…
– No se por que le dices así –le reprocho –Es bonita…
– Ahí Miroku –suspiro –A ti todas te parecen bonitas…
– Bueno si –admitió –Pero ella no tiene nada de feo.
– Cállate y tirame la toalla –pidió molesto.
Miroku suspiro y se acerco con pesar hacia la toalla blanca, y se la tiro por arriba de la puerta…
– Voy a hacer que me amonesten en trigonometría…
Miroku rolo los ojos.
– Si tú lo quieres…
O.o
Miro de reojo a la preceptora y haciéndose la tonta tomo el pequeño bollito de papel que estaba tirado en el suelo, lo abrió y comenzó a leer rápidamente lo que decía…
Bankotsu era novio de Kikio, pero el pobre se canso de lustrar sus cuernos que estaban medios gastados…
Hizo un ruido extraño, ya que estaba aguantando las ganas de echarse a reír. La preceptora la miro y ella puso cara seria y fingió mirar la pared. Cuando ya no la estaba viendo tomo la lapicera, escribió algo breve…
Eh amigo pero… ¿Kikio no era lesbiana?
Miro a la preceptora y con una sonrisa burlona le lanzo el papel al chico que estaba al fondo de todo sentado.
– ¿Higurashi?
La llamo la preceptora. Ella la miro media asustada.
-¿Qué pasa?
– ¿Qué era eso… -jugo con su dedo señalándola a ella –Que voló para allá? –Señalo al fondo.
Kagome pasó la lengua por sus dientes, mientras que pensaba una excusa.
– ¿Una mosquita? –dijo con ironía. Algunos alumnos comenzaron a reír levemente.
– No se haga la graciosa conmigo, Higurashi –replico seria.
– Lo siento, pero no se que era…
O.o
– Le pegue con el libro por una buena causa –excuso cruzado de brazos. La profesora lo miro de mala gana –Le dije que esa flecha y esos números –señalo el pizarrón –el resultado no da negativo sobre cero y medio grado hacia arriba –afirmo.
La profesora enarco una ceja y los demás comenzaron a reír como locos, hasta al chico que el había pegado. Ya que ese tal resultado no existía y la profesora enojada tenía cara de… bueno, sin palabras.
– Y dígame Taisho –comenzó la profesora mientras que aplastaba su trasero sobre la silla y ponía ambos brazos sobre el escritorio -¿Qué resultado da? –le pregunto irónica.
El encogió los hombros.
– Si usted que es la profesora no sabe, pss… -hizo una mueca –Menos sabré yo…
La profesora suspiro frustrada.
– Vaya a… a…
– ¡Por un reporte! –completo el. La profesora asintió con los ojos cerrados -¡Enseguida! –acepto gustoso guardando sus libros.
– Eh si… hágame el favor de irse, por favor –pidió casi como un ruego. El se paro frente a la puerta, le hizo una reverencia y salio de allí como un rayo –Ahí Dios, ¿Qué haré con este chico?
O.o
Se arreglo el flequillo con frustración, mientras que pintaba la mesa con su lapicera azul. Estaba tan divertida hasta que llego EL y arruino su felicidad. Parecía como si el destino estuviera en contra de ella, y para colmo, no entendía por que demonios seguía ella sentándose en bancos donde quedaba asiento libre especialmente para el.
Ag… debería de cortarse la que no tenía. El entonces le pego un codazo, despacito… claro. Ella lo miro de reojo, el le regalo una hermosa sonrisa y le paso con descrecía un papel rosa.
Kagome dudo en agarrarlo, pero el… prácticamente se lo puso frente a ella. Por lo que no tuvo otra opción que tomarlo.
Me eh enamorado,
Y no se como decir, TE AMO TANTO…
Carita de ángel te entrego todo mi amor…
Mi alma, mi vida, hasta el corazón…
No se ni como sucedió,
Solo se que me enamoro... esa mirada pudo mas…
Que me ah robado el corazón…
Quedo con su corazón latiendo a mil por hora y con su respiración dificultosa. Eso era demasiado romántico y mas seria si el se lo dijera en el oído o en forma de canción o…
– Me eh enamorado y no se como decir, te amo tanto… -su caliente respiración choco de pronto contra su oído y su vos varonil y ronca la hizo estremecer. Se mordió sin querer levemente el labio inferior y se acerco inconcientemente mas a el –Carita de ángel, te entrego todo mi amor, mi alma, mi vida… hasta el corazón… -la cantaba siguiendo un ritmo indefinido mientras que una mano de el la había tomado de la cintura –No se ni como sucedió, solo se que me enamoro... esa mirada pudo mas, que me ah robado el corazón… -le dio un pequeño beso en el cuello –Te vi, te vi y tu me enamoraste, te vi, te vi y como me gustaste te doy entero mi amor te entrego todo… mi corazón…
Cerró sus ojos mientras que una sonrisa tonta se apoderaba de sus labios. Sus mejillas se pusieron sonrojadas y su cuerpo temblaba levemente por las sensaciones que le transmitía Inuyasha con el rose de sus labios en su oído.
– Inuyasha… -susurro abriendo sus ojos, lo miro y el le sonrió de una manera provocativa. Ambos mandaron miradas a la preceptora, quien estaba mirando interesada una revista de ancianos desnudos. El la miro, y la tomo de ambas mejillas, obligándola a mirarlo. Fue entonces, cuando Inuyasha sintió algo golpear con fuerza contra su pecho y por primera vez se sintió nervioso por lo que estaba pensando en hacer.
¡Lo iba a besar! Si, lo iba a besar. Estaba decidida, después de esa… media canción le tenía que dar aunque sea un beso…
Seguramente habían pasado minutos, en donde ellos no dejaban de verse a los ojos y sentir sus respiraciones calidas chocar en sus rostros. Sus labios estaban entre abiertos y húmedos. Solamente faltaba un empujoncito.
RIIIIN
El maldito timbre los hizo despertar y ambos se miraron sorprendidos. Ella se sonrojo y desvió la mirada, mientras que el simplemente carraspeo y saco sus manos de su mejilla. Apretó sus puños y sus ojos fuertemente, había perdido la oportunidad de besar a esa maldita cría…
O.o
– Maldita perra –mascullaba con la boca llena. Dio un gran mordisco a su emparedado y miro de reojo a Kikio quien estaba con Inuyasha bailándole –Debería de cortarle las piernas…
Sango rolo los ojos.
– Okey, ya, ¿Qué te pasa? –le pregunto. Kagome la miro por breves segundos y nuevamente mordió con violencia su emparedado, mientras que miraba de mala gana a Kikio -¿Todavía sigues rabiosa por que Kikio te mando por un reporte? –Cuestiono arqueando una ceja, ella no contesto –Ahí Kagome… no le des el gusto de verte enojada –le aconsejo.
Se levanto lentamente, sin despegarle la mirada a Kikio. Tomo su bandeja en donde había una ensalada verde de quien sabe que y comenzó a caminar lentamente hacia ella. Sango simplemente la siguió con la mirada.
Kikio al notarla cerca de ella la miro de reojo.
– ¿Y tu que?
– Te salio mal la bromita –replico con burla. Kikio se giro completamente a encararla.
– No tan mal, después de todo… tu fuiste la perjudicada, no yo –devolvió victoriosa.
– Por lo menos a mi solamente me mandaron por un reporte, pero a ti te agarro retraso de por vida –se burlo. Algunos que estaban allí comenzaron a reír levemente, Kikio apretó sus puños –Oh discúlpame, ya eres retrasada…
Carcajeo con ganas, ante la mirada molesta de Kikio.
– Aquí la única retrasada eres tú –señalo. Las amigas de Kikio la alentaron y rieron como tontas.
– Kikio supéralo –pidió fingiendo estar cansada –Soy y seré mas genial que tu siempre, así que por favor… -hizo una mueca de asco –Deja de tratar de ser mejor que yo, por que tus bromitas no me llegan ni a los tobillos, es mas –sonrió ampliamente – me das vergüenza ajena…
– Escúchame cara de pollito –comenzó apuntándole con su mugroso dedo acercándose lentamente mas a ella
– No. Escúchame tu, cara de torta –la interrumpió –La próxima que vea que tratas de hacerme alguna bromita sin gracia tuya… -le mando una mirada de superioridad –La pasaras mal… -amenazo.
Ella sonrió burlona.
– ¿Así? ¿Y que me harás, señorita gallina? –le pregunto con sarcasmo.
Las amigas de ella la alentaron e Inuyasha que estaba allí se levanto de su lugar por las dudas.
– Esto
Agarro su ensalada verde y se la tiro por la cabeza a Kikio. Todos los presentes murmuraron un ¡oh! Mientras que se tapaban la boca con sus manos y hacían caras de horror. Kikio la miro sorprendida, con toda la cosa verde pastosa cayéndole por la cara. Kagome sonrió burlona y con uno de sus dedos toco la cara de Kikio, quito un poco de la ensalada pastosa y metió su dedo en su boca.
– iuk… -hizo cara de asco –Brócoli…
Había sido humillada nuevamente por la mosquita muerta de Higurashi. Sus amigas estaban aguantando la risa, lo veía, lo notaba por sus miradas brillosas. Su novio, su único amor estaba serio sin hacer o decir nada, simplemente, mirando a Kagome reírse y los demás, para que decirlo, estaban riéndose de ella, como si fuera un payasito que había echo un buen chiste.
Aun no caía. No podía asumir lo que acababa de suceder. Sencillamente, lo único que podía hacer en ese momento, frente a ella, era… llorar. Llorar como una niña.
Kagome enarco una ceja, ¿Kikio estaba llorando o se había puesto lágrimas artificiales? ¡Que importaba! Nada de ella le importaba, podía estar muriéndose, o suicidándose y Kagome no haría nada por impedirlo. Por que la odiaba.
– Kagome Higurashi… -mascullo con rabia, apretando sus puños –Me las pagaras… -afirmo molesta.
Kagome la miro comiéndose las uñas desinteresada. No le tenía miedo, por que a Kikio nada le salía bien. Kikio tomo el plato que era de Inuyasha y se lo tiro, aunque ella fue mas rápida y se agacho y el plato con comida fue a parar a un chico que estaba detrás de Kagome riéndose.
– ¡¡Guerra de comida!! –grito un chico y todos comenzaron a aventarse comida.
Kagome comenzó a alejarse de la cafetería lentamente, tratando de que nadie la viera o mejor dicho la notara, para que no le tiraran comida. Esquivo unos cuantos platos y termino huyendo de allí, hacia el patio trasero.
La cafetería era un asco, todos estaban sucios. Las porristas gritaban de horror cada vez que los platos o los vasos de gaseosas golpeaban contra su cuerpo. Kikio simplemente estaba con la frente pegada a la pared, con las lágrimas recorriéndole las mejillas verdes. Se sentía fatal, humillada y pisoteada por una maldita cría. Apretó sus puños con fuerza y se decidió, se vengaría de Kagome.
Suspiro aliviada. Había salido impecable de la cafetería. La venganza contra Kikio le había salido más que bien, ¿Quién diría que comenzaría una guerra de comida? Aah… se sentía tan bien haberse descargado.
Eso le pasaba por hacerse la bailarina de Inuyasha. Obviamente que bailaba mal e Inuyasha no la prefería, si ella bailaba para el seguramente lo dejaba sin palabras, con la boca abierta y con la baba cayéndosele. Aparte de eso, se había vengado también por hacer que la mandaran por un reporte, aunque bueno, su castigo tan malo no fue… quitando obviamente a la anciana que la vigilaba, pero luego, cuando apareció Inuyasha y le canto esa canción…
Se sentó sobre el pasto, debajo de un árbol y sonrió como tonta. Seguramente Inuyasha no era tan malo después de todo, era lindo y capaz que no estaba jugando con ella. Sus mejillas se pusieron calientes, aun se acordaba sobre sus pensamientos cuando estuvo mirando fijamente a Inuyasha.
Las palabras bésalo o cómele la boca se le habían cruzado por su mente, y lo había aceptado, por que iba a besarlo. Pero entonces noto como en los dorados de el se notaba la confusión y eso la perturbo por parte y entonces, ninguno de los dos dio el siguiente paso…
O.o
Estaba contando mentalmente hasta diez, aguantando las ganas de buscar y hacerle algo a esa cría. Estaba soportando más de lo pensado. Tenia en todo su cabello comida y su uniforme estaba hecho un asco, miro a su alrededor. Algunos alumnos estaban comenzando a quejarse, otros simplemente se reían como idiotas. Miro a Kikio sollozar en un rincón, con sus amigas rodeándola, consolándola. Suspiro y medito si acercarse o no…
– Desde hoy me gusta la frutilla –siseo una voz detrás de el.
– Ja… a mí aun no –se giro para encontrarse con su amigo todo sucio, solamente se le veían sus ojos azules detrás de esos colores raros y pastosos.
– Eso por que no lo has probado directamente de unos labios –explico. El se limpio la cara con la manga de su uniforme.
-Créeme, lo eh probado y no me gusta –insistió.
– Bueno, yo de todos modos no la pase tan mal –hizo una mueca y miro la espalda de Kikio –Al parecer ella esta mal… -señalo. Inuyasha la miro.
– Era obvio que esa bruja se vengaría –afirmo.
– Es verdad, me sorprende que aun no haya echo nada contra ti –apunto. Inuyasha lo miro sin entender –Digo, según Sango ella no deja que ningún chico se le acerque con intenciones obscenas…
– Yo no tengo intenciones obscenas –escupió indignado.
– Piensas acosarla –apunto
– Si…
– Enamorarla…
– Si
– Besarla
– Ajam…
– Y acostarte con ella –finalizo.
– Eso si que no –negó –Aunque si se da la ocasión… -murmuro.
– Vez y cuando eso pase te enamoraras de ella –dijo sabiamente.
– Ahí Miroku no empieces –pidió cansado, comenzando a caminar hacia las duchas.
– No te estoy diciendo nada malo –se defendió.
Ambos guardaron silencio mientras cruzaban los pasillos, hasta que a Miroku se le vino una imagen en la cabeza.
– Aunque seria genial que pudiéramos salir los cuatro juntos –apunto sonriendo.
Inuyasha lo miro de mala gana y le pego un zape en la cabeza, mientras que entraba rápidamente a la ducha, antes de que llegaran los demás.
O.o
– ¡Vaya ya a limpiar! –le grito señalando la puerta.
Asintió de mala gana y salio de allí. Nuevamente había sido castigada y todo por que Kikio le había acusado de empezar aquella guerra. Ella no la había empezado, había sido el niño raro de lentes que había gritado ¡Guerra! Y todos como locos comenzaron a aventarse comida.
Se cruzo de brazos, mientras que largaba un suspiro cansado. Paso por enfrente de la puerta de las duchas de los chicos y una voz la hizo detener. Dio marcha atrás y pego su oído a la puerta.
¿La quieres de verdad?
Se mordió la punta de la lengua intrigada.
¿Quererla? ¡La amo! No me imaginaria la vida sin ella…
Respondió el otro. Kagome sintió su corazón bombear con fuerza. Esa voz era de Inuyasha…
¿Lo dices enserio?
Le había preguntado nuevamente y quedaron en silencio. Kagome apretó su oído más fuerte contra la puerta, tratando de escuchar con más claridad.
Yo la…
– ¡Higurashi! –Pego un respingo, y se giro asustada -¿Qué hace allí? Le había dado una orden –rugió la directora.
Ella asintió y comenzó a correr hacia la cafetería.
O.o
– Yo la… odio, la detesto –respondió riéndose. Su amigo suspiro poniéndose las zapatillas -¿A poco te creíste esa cursilería del te amo? –Lo miro irónico –Ahí Miroku, yo jamás podré amar a una mujer así…
– ¿Por qué no? –Pregunto –No te entiendo Inuyasha, no se que buscas con hacerla sufrir… -murmuro con reproche.
Su amigo se arreglo el cabello y tomo el pomo de la puerta.
– Ya te respondí esa pregunta una vez –le respondió –Te dije que busco divertirme…
Miroku negó con su cabeza resignado, su amigo era un testarudo.
O.o
Escurrió el trapo en el balde y paso una ultima vez sobre la mesa. Había terminado, se sentó exhausta sobre la silla y cerro sus ojos, mientras que suspiraba. Eran casi las siete de la noche y ella aun seguía allí, limpiando. Aun le quedaban las duchas y los pisos, ya que las pisadas estaban por todas partes.
– Niña –la llamo la portera. Ella abrió sus ojos –Deje que termino yo… -le regalo una sonrisa y tomo el trapeador.
– Muchas gracias –le agradeció sinceramente Kagome.
Se levanto y salio de allí, caminando lentamente por los pasillos iluminados, buscando su casillero.
– Llegare, me daré una ducha y me iré a la camita –planeo imaginándose a ella durmiendo sobre su cama blanda –Aaah… -suspiro estirando sus brazos.
Se paro frente a su casillero, marco la contraseña y tomo su mochila.
– Hola hermosa –siseo una voz ronca detrás de ella.
Kagome se giro de repente, asustada y conteniendo el aliento.
– Ey, tan feo no soy… -comento con burla. Ella sonrió y largo el aire.
– Lo siento, estaba distraída –explico amablemente. El quedo mudo por su forma de trato -¿Qué haces aquí, Inuyasha? –le pregunto con una sonrisa.
El balbuceo unos momentos.
– ¿Me viniste a buscar? –le pregunto de repente, parando en seco seguida por el.
– Yo… ehm… si –contesto al fin, acorralándola contra los casilleros. Ella se puso nerviosa –No quiero que andes sola por la calle a estas horas, ahí muchos idiotas…
Trago saliva nerviosamente, sintiendo como su corazón golpeaba con fuerza contra su pecho, su cara se puso caliente y sintió como su cuerpo temblaba levemente al sentir la calidez del suyo.
– Inuyasha –murmuro bajando la mirada –No quiero que juegues conmigo –susurro.
El sonrió sin que ella lo notara y tomo su mentón para hacerla que lo mire.
– Yo nunca jugaría contigo –afirmo ronco y serio.
Y ella creyó en sus palabras.
– Inuyasha, yo…
– Ssshh… -interrumpió el, acercándose a los labios entre abiertos de Kagome.
Su aliento choco contra su rostro y nuevamente una sensación extraña lo invadió junto con un bombeo. Acaricio su mejillas y su labio inferior con sus dedos, ella se cerro sus ojos y el entonces, rozo los labios con los de ella, sintiendo una corriente eléctrica recorrerle la espalda y haciendo que su bombeo aumentara cada vez mas…
– ¡Higurashi! –grito alguien. Ambos se separaron asustados -¿Aun se encuentra aquí? –le pregunto acercándose.
Ella bajo la mirada sonrojada.
– Ya me estaba yendo –murmuro.
La directora e planto frente a ambos.
– ¿Qué hace aquí, Taisho? –Le pregunto sorprendida –Hoy no tiene practica…
El sonrió falsamente.
– Si, lo se. Eh venido a buscar a Kagome –respondió.
– Ya veo, me parece muy bien. Las calles no están muy seguras a estas horas –coincido.
– Bueno, me voy –se despidió Kagome tomando su mochila y poniéndosela sobre el hombro.
Ambos la miraron marcharse.
– Esa muchachita es única –comento la directora.
– Ya lo creo… -coincidió Inuyasha mirando las hermosas y bien torneadas piernas de Kagome.
O.o
Se tiro sobre su cama con una sonrisa, mientras que con la mirada en el techo tocaba con sus dedos sus labios. No lo había besado verdaderamente, por que simplemente sus labios se rozaron apenas, pero eso le bastaba para hacerla suspirar. Su corazón bombeo con fuerza al recordar las cercanías de su cuerpo y las palabras de Inuyasha…
Yo nunca jugaría contigo…
¿Acaso en verdad el no estaba jugando con ella?
Suspiro y cerro sus ojos.
– Inuyasha…
O.o
Dejo que la música tratara de reventar sus tímpanos, mientras que sus brazos trataban de ahorcarse así mismos. Lo que estaba sintiendo últimamente al acercarse a esa bruja lo estaba afectando, no entendía que demonios era esa sensación de electricidad en su cuerpo, ni tampoco sabia por que algo golpeaba su pecho con brutalidad cada vez que pensaba o trataba de besarla.
¿Seria su conciencia?
Seguramente su otro yo tenia en claro las consecuencias, como que la haría sufrir si la enamoraba o que ella retomaría el puesto y trataría de seducirlo, hasta dejarlo humillado. Frunció el ceño con sus ojos cerrados, eso si que no, no podía dejar que ella lo dejara nuevamente humillado, seria desastroso…
El viernes estaría toda una tarde juntos. Y ahí trataría nuevamente de besarla y de declararse y si pasaba como lo tenía planeado, el lunes serian pareja y el martes… Bom los sollozos de ella seria su alegría y su venganza tendría fin.
Obviamente si ella trataba de huir el viernes, al darse cuenta que era el, el del MSN la obligaría a quedarse y la besaría a la fuerza…
¿Mejor plan que eso?
Naaah… era genial. Se amaba.
