"Tres corazones."

Capitulo VII

Archie, Albert y Elizabeth se dirigían a la salida de las oficinas, en a puerta el carro con chofer de Archie esperaba, y dentro de el Annie y Sarah conversaban animadamente Al verlos salir ambas mujeres bajaron del auto, y los saludaron muy efusivamente.

-Vaya Lizzie no sé que tipo de negocio hiciste hoy, pero puedo decirte que causaste un gran revuelo-

-Si Liz, Sarah tiene razón todos los que salían del edificio pronunciaban tu nombre con admiración.

-Bueno mi amor, eso es porque hizo un excelente trabajo el día de hoy; ¿no lo crees así Albert?

-mande?

-que si no crees que...

-jajajajaja Archie te preguntaba que, si no crees que mi querida amiga hizo un gran trabajo el día de hoy, pero como estabas tan ocupado en observarla ni siquiera escuchaste-

Albert se ruborizó, pero ni siquiera pudo contestar a Sarah o a Archie porque Annie sorpresivamente dijo:

-Elizabeth ¿qué le has dado al inconquistable William Albert Andrey?

Elizabeth solo sonrió seductoramente y poniéndose de puntas besó a Albert en los labios. Fue un beso corto, pero hizo que la sangre de Albert hirviera, e hizo que el corazón de ella se acelerará.

Todos las miraron con sorpresa, pero se sorprendieron aún más cuando dijo:

-Bueno Annie, asi soy yo, simplemente irresistible...¿porque no vamos a celebrar mi éxito?

Sarah un poco acostumbrada a la forma de ser de Elizabeth se había quedado sin habla, ya que la mujer que ella conocía si bien era increíblemente seductora, también era bastante reservada en cuanto a demostraciones de afecto públicas...muchas veces había escuchado decir a la gente que Lady Lancaster era muy coqueta, pero jamás iban mas allá de llamarle coqueta simplemente porque jamás la habían visto comportarse de una forma abiertamente incorrecta, además su encanto natural hacía a la gente olvidar o pasar por alto sus errores y sin embargo desde que habían llegado a América su amiga parecía ser otra, ahora era una mujer en busca de la mirada de cada par de ojos masculinos que hubiera en la habitación a la que entraban, de su usual reserva inglesa había pasado a una forma de ser francamente abierta, coqueta, y seductora...pero sin caer en lo vulgar o incorrecto. Sarah sabía que muchos morían por Elizabeth, y ella parecía cada día mas lejana y fría, pero a la vez había algo vulnerable debajo de toda esa frialdad. Y aun asi a veces podía congelar a cualquiera con una mirada...ser totalmente despectiva o indiferente...había algo nuevo en Elizabeth, Sarah jamás se había sentido menos al lado de nadie, pero al lado de Lady Elizabeth Lancaster se sentía nada..y no porque no fuera bella...( Sarah era una hermosa joven de largos cabellos rojizos y hermosos ojos grises, tenía una estupenda figura, y aunque por fuera podía parecer altanera por dentro era una joven tierna y amable) sino porque Elizabeth irradiaba alguna especie de fuerza cautivadora diferente y nueva.

La voz de Archie sacó a Sarah de sus pensamientos.

-Me parece estupendo vayamos a cenar ...-

-Pero...-

-¿Pero qué Albert, no quieres celebrar lo bien que nos fue en le negocio?- preguntó Elizabeth con un tono de voz demasiado parecido al de Ella, y con un puchero que solo su amada niña podría hacer.

-Claro que quiero celebrar...es solo que me habías prometido una cena para los dos...-

-Albert ya la tendremos en otra ocasión cariño, pero ahora realmente me gustaría cenar con Annie, Sarah y Archie.

-No se vale Liz, tu y Anne tienen pareja y yo no.

-Bueno eso tiene solución querida-dijo Liz melosamente

-Si podemos invitar a alguien-dijo Anne-¿qué tal a Terry?-

-Annie por favor no quiero ver al aristócrata amargado-

-Archie no seas así con él- dijo Liz

-Vamos Liz no me digas que realmente aguantas a ese inglés sin gracia-

-Archie te recuerdo que soy inglesa...y además creo que es buena idea invitar a Terry.

-Bueno amor, ya Liz dijo que si, asi que¿quién le va a hablar?

-Yo le llamo en cuanto llegue a casa-

Albert no había dicho mucho en medio de toda la conversación, la realidad era que no entendía mucho de lo que sucedía, por ratos parecía que su niña volvía, pero por otro lado había algo en cuanto a el comportamiento de ella con Terry que le hacía preguntarse si ella aún lo amaba; y si era así, ¿ que rayos hacia pretendiendo ser su prometida?..¿que tramaba esta hermosa mujer que tenía frente así? En realidad, no le importaba mucho que tramaba mientras el estuviera en sus planes, la verdad era que la amaba mas que nunca, si bien era cierto que él amaba a Candy y no a Elizabeth para el no había mucha diferencia entre ambas, Elizabeth no era otra cosa que una muestra diferente de Candy.

Se despidieron y mientras Albert llevaba a Elizabeth a su casa, Annie y Archie se llevaron a Sarah.

El trayecto a la mansión de los Lancaster transcurrió sin contratiempos, ambos iban en silencio, solo hasta que llegaron a la entrada del lugar Albert rompió el silencio y muy tiernamente le dijo:

-Necesitamos hablar, quiero que vuelvas como Candy, que tomes tu lugar como una Andrey, y retomes tu vida-

-jajajajaja- ella rió con un dejo de cinismo en su voz- ¿qué sucede Albert ahora si tienes los pantalones para enfrentarte a tu familia?

-Candy no es eso...-

no me llames asi... además estas siendo egoísta no estas pensando ni en mamá ni en papá, ¿qué va a ser de ellos si se descubre que Elizabeth está muerta?

Vamos cariño quiero mucho a David y a Linda pero no puedo seguir teniéndote lejos.

Debiste haber pensado en eso antes de mandarme lejos, pero ahora no hay remedio...Candice White Andrey está muerta para siempre, así que no hay vuelta atrás...tendrás que aprender a vivir con Lady Anna Elizabeth Lancaster...-ella sonrió enigmáticamente, lo besó en la mejilla y se bajó del carro para entrar a la casa, el se dirigió a la mansión Andrey había quedado de pasar por ella a las 8:30, asi que tenía una hora para arreglarse y regresar por ella.

A solas en su enorme habitación ella se dirigió al teléfono:

-Buenas noches, ¿podría comunicarme con el señor Grandchester?

- ¿De parte de quién?

-Lady Lancaster

-¿Lady pecas?

-¡Terry como te atreves a llamarme así!

-Vamos no te enojes...o bueno déjame decirte que tienes una voz increíblemente seductora cuando te enojas...

-Basta Terry, si no me voy a enojar y ya no te daré el recado que tenía que darte..

-Está bien milady dígame

-Quería invitarte a cenar...

-Vaya ¿y a que debo el honor?, ¿acaso soy el blanco siguiente en tu lista de venganzas?

-A decir verdad, no, aun no acabo con mis primeros objetivos de venganza, pero quisiera que nos acompañes a cenar porque...

- ¿Que los acompañe?

-Si, a Annie, Archie, Sarah, Albert y a mi.

Déjame adivino me quieres para darle celos a Albert.

Bueno eso no se me había ocurrido, pero no es mala idea, además...

No juegues con fuego cariño, porque te puedes quemar.

No empieces con tus sermones Terry, no te van...

He cambiado Candy, sobre todo desde que te perdí...tenía dos opciones, hacerme más amargado de lo que ya soy o aprender a vivir sin amargarme por no tenerte.

Y por lo visto escogiste la primera porque sigues siendo terrible...

No voy discutir contigo pecosa...pero dime que me gano si voy a cenar contigo...

Bueno la cena no solo es conmigo y digamos que te ganarás la compañía de una bella dama...

¿tu?

Jajajajaja. Ella rió con cinismo-no, la de Lady Sarah Oxenford-

¿Lady Sarah Oxenford? Vamos Candy no me juegues bromas...sabes bien que la nobleza y yo no comulgamos.

Deja de llamarme Candy, ella esta muerta, desterrada en algún oscuro lugar e África...

Di tú lo dices...bueno, esta bien te acompañaré solo espero que Lady Oxenford sea agradable ¿la conozco?

Me imagino que la habrás visto conmigo algunas veces, pero ahora que hago memoria creo que nunca te la he presentado.

¿Quieres que pase por ti?

Claro a las 8:30 estará bien, y ahora te dejo porque debo arreglarme.

Ella se metió a la tina consciente de que tanto Terry como Albert irían a recogerla. El vestido que había elegido para esa noche era espectacular...un vestido color rojo quemado, con aplicaciones de lentejuelas, y falda que apenas llegaba a sus rodillas era espectacular, amaba la moda de estos años, sus joyas, diamantes, una delgada gargantilla de hermosos diamantes, aretes a juego, anillo y un hermoso brazalete...todos regalos de Albert..nunca los había usado, el se los había dado cuatro años atrás el día de su partida, y hasta el día de hoy el solo verlos le hacían llorar, pero esta vez una energía extraña circulaba por sus venas, observó su figura en el espejo, sus rizos negros recogidos en lo alto de su cabeza, cayendo en diferentes niveles, adornados por una cintilla de brillantes y una pluma del color de su vestido, su tez blanca apenas tocada por un poco de rubor y brillo que hacía sus hermosos labios mas seductores aún...era bella, muy bella, y ella lo sabía...también sabía que ambos hombres se volverían locos al verla así..y eso le gustaba.

-Milady-

-Si, Kendra.

-Lord Grandchester la espera.

-¿No allegado Sir Andrey?

- No milady, aún no

-Cuando llegue me avisas para que baje...

10 minutos después llamaron a su puerta para avisarle que Sir William Andrey había llegado.

Ambos hombres se sorprendieron de ver al otro ahí...y sin embargo no pudieron cruzar palabra, ya que en ese momento una espectacular figura vestida ede rojo quemado apareció en lo alto de la escalera...dos pares de ojos azules se fijaron en ella...y ella descendió con paso majestuoso sonriendo seductoramente...

Albert observó las joyas que ella llevaba puestas, consciente de que ella no tenía ni la más remota idea de su significado...esas joyas eran parte de la dote de la prometida del hombre de más importancia de los Andrey, eran un regalo de compromiso dadas por la cabeza de la familia Andrey a su prometida...el se las había dado en una especie de acto profético, lo increíble de esas joyas es que cada diamante tenía grabado el símbolo de los Andrey en el. El que las usara era bueno para él por un lado, pero también era un arma de doble filo, porque quien los reconociera daría pro sentado su compromiso, y tomando en cuenta que Terry iría con ellos esa noche podría haber un gran escándalo.

Terry estaba consciente del hecho de que tanto Albert como el estuvieran ahí no era casualidad, ella había querido que los dos fueran a recogerla…pero que mas daba, se veía espectacular…poco quedaba de la linda y dulce Candy, había dejado de ser linda para convertirse en una mujer arrebatadoramente bella...pero no solo era bella sino que también podía ser peligrosa.

-Lord Grandchester, Sir Andrey- dijo ella con un tono de voz engañosamente dulce...

-Milady -contestaron ambos, conscientes de que esa mujer que hoy podían llamar frívola era la misma dulce niña que había cambiado sus vidas...

Ella los observó, eran diferentes...uno con una apariencia altanera, orgullosa, mirada penetrante, pero mucha de la dureza de los años pasado se habían borrado de esa mirada..aun asi ella sabía que en el fondo seguía siendo un rebelde, sus largos cabellos obscuros se veían bien peinados, y lo que antes había sido un rostro de adolescente hoy era un guapo rostro de hombre, con un cuerpo que decía que ya no era más un niño, su tuxedo color negro, con camisa y corbata impecablemente blancas lo hacían ver arrebatador; el otro...que decir de el, era igualmente guapo, pero su mirada era diferente...desde hacía cuatro años que ya no había paz en esa mirada, no había día que no se reprochara haberla dejado ir...sus hermosos ojos se iluminaban con tristeza y esperanza, llevaba su cabello largo para los convencionalismos sociales pero mas corto que su amigo, su tuxedo era azul marino, y una camisa azul cielo y una corbata azul marino le hacían ver increíblemente guapo...por un momento en corazón de ella se conmovió, sabía que el dolor en los ojos de ambos hombres era por causa de ella, por unos segundo quiso volver a ser Candy, la niña que amaba sin reservas, y aventarse a los brazos de uno como su amado y a los del otro como su gran amigo y hermano...decirles todo lo que su corazón había sufrido en estos cuatro años, y escucharles hablar..permitir que sus fuertes brazos le consolaran, dejar que ellos se hicieran cargo...pero..no era posible...Lady Lancaster no podía dar vuelta atrás...

tres corazones palpitaban al unísono...parecía como si hubiesen sido diseñados para estar juntos. Cuatro años de separación habían hecho demasiado daño... ¿.habría acaso algo que pudiese aliviar su dolor?