Vale quiero avisaros de que este cap es algo corto, normalmente llevan unas 200 palabras más, pero al principio quería añadir una cosa, se extendió 1,000 palabras y tuve que convertirlo en capítulo, no sé si me entendéis

Como veis los viernes tengo dificultades para actualizar, así que lo más probable es que lo haga los sábados.

Disfrutad:


Al levantarse el día siguiente notó la molestia de sus acciones con el oficial en sus caderas, un dolor se había estancado en ellas de forma que parecía casi permanente, agudizándose a cada paso, aunque no era del todo insufrible. Por lo menos había conseguido su carta del triunfo, sabía que esa era la manera de hacer caer a Midorima, de que le prestase su protección. Sabía que sin ella acabaría siendo hombre muerto en aquel penal.

Fue con Kimura a desayunar, ya después de haberse duchado; siempre que anduviese con sus amigos lo más probable sería que no le pegasen. Los desayunos en la cárcel debían ser lo más insípido que había comido en su vida, pero llenaban el estómago y el hambre estaría saciada hasta la hora de comer. Además, continuaban sentándose todos juntos y realmente disfrutaba el hablar con los demás. Pero después de eso les tocó dividirse, Takao continuaba trabajando en la lavandería, lugar en el que por suerte Hanamiya ya no lo hacía, mientras que sus amigos tenían diferentes trabajos y no solían coincidir.

Respiró tranquilo y se dirigió hacia allí, tarareando una canción por lo bajo. Llegó hasta el cruce de pasillos y a punto estuvo de coger el suyo por la derecha, si no fuese porque Hara salió del izquierdo y le cortó el paso.

–Pero si es nuestra pequeña y adorable putita. – extendió uno de sus brazos y colocó la mano en la pared, bloqueándole el recorrido. Takao dio un paso atrás, tragando saliva. En ese momento sintió una respiración pesada a su espalda, por lo que se giró rápidamente.

–Pero mira cuantas marcas tienes ahora, pequeña zorra. – Hanamiya alargó su mano y le acarició el cuello, por encima de las marcas moradas y los mordiscos del oficial, con sus dedos ásperos. Kazunari se estremeció ante el contacto y se echó hacia atrás, pero se golpeó con Hara.

–Eh, eh, tranquilízate. No vamos a hacerte nada malo, ¿verdad? – el chico mascaba chicle de forma incesante en su boca e hico una pompa con él, mientras le sujetaba por los hombros. Takao se revolvió, pero el agarre se hizo más fuerte, como unas tenazas. Hanamiya salió de las sombras y caminó hacia él.

–Claro que no le haremos ningún daño. – habló en tono de burla, con cierto matiz sugerente. Alargó su mano y apretó las mejillas de Kazunari entre sus dedos, reteniéndole al mismo tiempo la cabeza e impidiendo que la girase hacia los lados – ¿Ya se la has chupado a muchos, puta? Quizá al oficial, todas las semanas. ¿O me equivoco?

Takao volvió a resistirse, haciendo que Hara le agarrase con mayor fuerza contra sí, dificultándole el movimiento. Hanamiya se acercó más, estrujando las mejillas bajo sus dedos contra los propios dientes de Kazunari.

–Tenemos una furcia revoltosa aquí. ¿Se la chupas bien? O quizá te dejas follar, sí, debe ser eso, últimamente no andas como siempre. ¿Dejas que el oficial te folle todo cuanto quiera? – el joven parecía escupir las palabras según hablaba, juntando las cejas en forma de burla y haciendo muecas con la boca – ¿Ya estás acostumbrado? Entonces podría joderte yo, ¿no? Al final eres una vulgar zorra. Si tanto la chupas, ¿por qué no chupas esta?

Hara rio detrás suya, todavía sujetándole, disfrutando con la escena que estaban montando. Tan sólo les faltaba Seto, si él estuviese allí aquella puta no se resistiría de tal manera. Dio otra vuelta al chicle, pero evitó hacer una burbuja que estallase en la cabeza del pelinegro, no lo malgastaría de esa forma.

–Oh, pequeña furcia, sabemos de sobra lo que haces, pero nadie vendrá a salvarte. No eres tan valioso. Sólo por mamársela a un oficial no significa que te quiera, ¿sabes? – Hara hablaba en su oído y su voz le provocaba escalofríos, pero no tenía lugar a dónde escapar – Vas a venir con nosotros y nos vas a hacer un trabajillo también, así que sé buen chico, ¿verdad, Makoto?

–Quiero una buena mamada, puta de mierda, y nada de dientes, o tendré que golpearte. – Hanamiya clavó su vista en la de Kazunari y apretó un poco más su cara, provocándole dolor.

–Dos mil sesenta y uno. – la voz, alta, clara y fuerte, resonó en todo el pasillo, desde el punto de partida hasta el final, volviendo en forma de eco. – Dos mil setenta.

Ambos presos mencionados por sus números soltaron a Takao de inmediato, asustados. Los pasos sonaron por el pasillo según lo atravesaba, con su porte recto y elegante. El uniforme negro realmente lucía muy bien en su persona, ajustado cómodamente a cada parte de su cuerpo, con la camisa ceñida a su amplio pecho, pensó vagamente Takao mientras observaba como el oficial hacía su aparición estelar. Llegó hasta ellos y se detuvo, cruzando los brazos y separando las piernas, provocando que las esposas de su cinturón tintineasen. Alzó la vista, elevando la cabeza para poder ver sin que la visera de la gorra le molestase, y sus ojos centellearon de Kazunari a los otros dos presos, en especial a Hanamiya.

–¿Qué está ocurriendo aquí?

–No ocurre nada, oficial. – se apresuró a contestar Hara, separándose discretamente un poco más de Takao.

–No es hora de deambular por los pasillos. – Midorima pasó su vista de Hanamiya al chico del flequillo – Y usted, tire ese chicle. Vuelva a sus trabajos.

–Sí, señor. – Hara se apresuró a irse por el pasillo contrario al que había venido. Shintarõ observó a Kazunari buscando signos de golpes o cualquier cosa fuera de lo normal, pero al ver no más que las marcas que él mismo había hecho volvió a cambiar su mirada a Hanamiya.

–Usted, acompáñeme a mi oficina. Y no quiero nada de quejas, lleva demasiadas infracciones.

El preso asintió y caminó delante del oficial, quién se recolocó la gorra y le siguió de cerca, no sin antes echar un último vistazo al tembloroso Takao. Éste se tranquilizó al ver que el oficial lo había salvado de la situación y le dio las gracias internamente, apreciando de veras el gesto. Se sobó las mejillas con sus propias manos y se dirigió a la lavandería.


Perdón porque resulte corto, pero prefería esto antes que uno de más de 2,000

Bueno, espero que os esté gustando como se desarrolla ~

Dudas, preguntas, sugerencias, gritos, ya sabéis

¡Nos leemos!