No tengo excusas! Bueno, si... pero no valen :D He aquí el capi, así que no me asesinen n.n

...Probando el terreno...

Ellos eran los primeros. La orden estaba dada y tenían que obedecer. Cuando vio a aquél hombre acercándose a ellos, supo en el momento que no eran buenas noticias. El papel en la mano del hombre se notaba un poco arrugado –en angustia- por los eventos que se acercaban en un futuro. Como sea, al final terminó probando que estaba en lo correcto, cuando leyó aquella orden escrita. Caminó hacia el capitán del Shinsengumi que estaba ayudando a Sano con sus hombres. El luchador estaba aprendiendo como ser obedecido sin necesidad de impartir miedo.

-Okita-san…- dijo el pelirrojo.

El capitán de la segunda unidad se excusó un momento y fue a donde el otro lo esperaba. Kenshin le dio el pedazo de papel y vio como la expresión de Okita Souji se volvió más seria. Parecía que hubiera estado esperando eso. El rurouni tampoco estaba sorprendido. Sabía que su antiguo comandante usaría lo mejor que tuviera en la primer movida. Y era más que obvio que lo mejor en ese momento eran la primera y la segunda tropa.

Souji lo dejó, diciendo que tenía que ir a prepararse y a reunir a sus hombres. Kenshin tenía que hacer lo mismo, pero no estaba tan seguro. Dudaba estar preparada para dar ese paso tan grande. Aunque ya estaba ahí, y no podía retirar su palabra. Aceptó, estaba a punto de empezar la batalla entre su pasado y el hombre que creía que era ahora.

Los últimos rayos de sol estaban desapareciendo detrás de las montañas, las estrellas estaban haciendo su aparición y la noche era joven.


Sanosuke no notó que no estaba más ahí. Se veía muy concentrado en sus hombres y la responsabilidad que tenía con ellos. Agregando –claro- la responsabilidad que tenía con Katsura Kogoro, de dar lo mejor de sus habilidades. Y el pelirrojo no podía culparlo, estaba comenzando a tomarse la situación de una forma más seria. Desde la reunión había notado ese pequeño cambio y en verdad deseaba que aprendiera rápido los riesgos y las reglas de una verdadera batalla. Las cosas no eran iguales, Sano debía saberlo. Pero tenía ese hábito de olvidar las cosas cuando estaba enojado o tenso, dejándose llevar por sus sentimientos.

Generalmente hace cosas estúpidas en ese estado y él no podría estar siempre a su lado en toda situación.

Claro que trataría de estar ahí, siempre que pudiera. Pero era imposible permanecer siempre unidos y eso tenía que entrarle en la cabeza al luchador.

Como ahora, que estaba dejando el castillo con sus hombres a su espalda. La segunda unidad a su izquierda y las sombras delante, esperándolos a todos ellos.

El rurouni no le dijo a Sanosuke que estaría fuera durante la noche y que esperaba tener problemas. Ni siquiera dijo adiós. El luchador definitivamente se enfadaría con él pero era uno de los sacrificios de la guerra, y la participación en ella. Cuando vas en una misión, o en simple patrullaje, tienes que dejar detrás todo lo importante. Todo lo que no quieras que sea robado, herido o asesinado. Eso incluye emociones y pensamientos.

Tienes que viajar tan ligero como te sea posible, con una espada y la razón por la que estabas peleando.


-¡Maldito seas, Kenshin!- el luchador estaba caminando furiosamente de un lado a otro, repartiendo miradas mortales a todo lo que estuviera vivo –y a lo que no- tratando de deshacerse de su enojo.

Culpaba a cada minúscula creatura o ser viviente dentro del castillo y todo por culpa de Kenshin. El maldito rurouni nunca dijo nada acerca de ir en la primera misión y desapareció sin siquiera decir: "¿Sano, te gustaría venir conmigo?" Pero conocía al pelirrojo tan bien que no estaba sorprendido –enojado, quizás- pero no sorprendido porque lo hubiera dejado atrás. Si, era típico de él pensar que podía proteger al mundo entero sin ayuda. Excluyéndolo, pensando bobamente que se quedaría ahí, sin hacer nada y de brazos cruzados. Esperando su regreso en completa calma.

Seguía sin estar sorprendido.

¿Cómo podría proteger a Kenshin? ¿Cómo honrar esa promesa silenciosa que le hizo a Kaoru? Sin necesidad de que alguien le dijera, sabía que ella sería la que más sufriría si algo le pasaba a Kenshin, se lo había demostrado hacía pocos meses. Y sin necesidad de pedirlo, él se atribuía la responsabilidad de protegerlo, sin importar lo que costara.

Ahora solo podía esperar. No podía salir y buscarlo, pondría en riesgo muchas cosas.

Pero en cuanto el pelirrojo regresara, lo escucharía.


Había silencio. Solo el ruido del viento arrastrando algo o pasando entre las ramas de los árboles. Algún perro aullando en la lejanía. Pero eso era todo. Sus pasos se veían ahogados por las sombras que marcaban su camino, incluso ellos intentaban no hacer nada para romper ese fino silencio. Eso era señal de dos cosas. Una de ellas era que todo estaba tranquilo y que la noche era tan pacífica como se observaba. La otra razón, podía ser que algo se estaba planeando y esta era la calma que precedía a la tormenta.

Ninguno de ellos era tonto. Conocían de antemano cada uno los peores casos que se podrían presentar, así como los contratiempos que podían causar. Sabían qué hacer en caso de que las cosas se salieran de control y sabían cómo repeler el ataque enemigo.

Pero esto no era el Bakumatsu.

Estaban en Meiji, tratando de callar esta nueva revolución o intento de retomar el poder, antes de que se volviera más grande. Antes de que el fuego creciera de manera que no fueran suficientes. Antes de que los inocentes comenzaran a salir heridos y que la histeria se apoderara de la gente, que por su puesto se negaría a volver a aquellos oscuros días.

Asesinatos, peleas, espadas. No eran comunes ya. Se suponía que eso no debía estar pasando.

-Himura-san…- con un gesto de su mano, el capitán del Shinsengumi detuvo a sus hombres que lo seguían sigilosamente de cerca. Pararon en las sombras de una gran construcción.

El pelirrojo revisó las cercanías antes de responder al llamado.

-Desde aquí deberíamos dividir caminos- sugirió Okita con gesto serio, mirando siempre hacia ambos lados como Kenshin –Será más fácil, cubriremos más espacio- Kenshin solo asintió.

Las palabras estaban desapareciendo de su vocabulario con el paso de los minutos.


Había sido una abrupta salida, la orden nadie la esperaba. Creían que esperarían uno o dos días antes de empezar estos recorridos nocturnos, pero al parecer Katsura-san tenía algo de prisa en medir la gravedad de la situación. Y los habían enviado a ellos… en casos como este, a Ushiro Ryu no le gustaba la confianza que tenía en ellos el comandante. Porque si ponía la situación de forma realista, mandó a lo mejor que tenía para tratar de aguantar cualquier tipo de ataque, si se encontraban con alguno.

Era como decir: Si los mejores hombres que tenía, eran derrotados, entonces estaban perdidos. En cambio, si ellos salían vencedores, tendrían oportunidad y las tropas restantes serían de utilidad.

Una interesante lógica, la cual definirían ellos.

Nunca le había gustado mucho la forma de pensar del hombre, pero sabía que sus planes eran eficaces –la mayoría de las veces- y no ponía objeción alguna. Sin embargo esta orden había salido prácticamente de la nada y no tuvo tiempo de reaccionar. Esta razonando todo ahora que recorría las calles más oscuras de Kyoto, tratando de no hacer el menor ruido. Siguiendo a Kenshin.

Tratando de olvidar esa estúpida y pequeña conversación con Kano.

-¿De verdad crees que Battousai ha cambiado, no Ryu?- el hombre rió –Las personas no cambian, menos un asesino-

Él debía contradecirlo.

-A él nunca le gustó ser un asesino- buscaba su otro tabi, caminando de un lado a otro de la habitación ya casi vacía.

-¿Cómo lo sabes?- cuestionó Kano de inmediato.

-Lo conozco- contestó Ushiro simplemente, pero algo en sus palabras causaron una risa incrédula en su compañero. Esperaba sinceramente que se callara, o encontraría alguna forma de hacerlo dudar.

-Si, olvidaba lo "amigos" que eran en el Bakumatsu- bufó, comenzando a buscar su daisho. –Como sea…- continuó antes de recibir una contradicción –Sé lo que te digo. Un Hitokiri seguirá siendo un Hitokiri hasta el día de su muerte. Uno sediento de sangre como Battousai, especialmente. Lo único que aprendió a hacer cuando era joven, era el arte de la espada. Una espada que se manchó de sangre y que se perdió durante 11 años. No me sorprendería de que fuera aún más peligroso que antes. Piénsalo. Era un adolescente que asesinaba a sangre fría, ahora es un hombre-

Silencio.

-Te lo digo porque eres mi amigo, Ryu. Y no quiero que nada te pase, en especial si es por causa de él-

Más silencio.

Ushiro tenía en su mente todas y cada una de las respuestas a las afirmaciones sin sentido de Kano. Él también era su amigo, pero nunca trataba de ver debajo de la superficie de las personas. –Por eso soy tu amigo baka, ¿No comprendes? Si solo me guiara por tu exterior, no diferirías mucho de Battousai. El exterior es una máscara de engaño, el exterior no significa nada. Y sí, las personas cambian. Recuerdo que tú eras más rebelde y renegado, no es que ahora no lo seas, pero cambiaste. No tienes familia pero estos años de paz te han sentado bien ¿Por qué Kenshin no puede cambiar? ¿No tiene derecho a una segunda oportunidad? Tú no sabes lo que ha sido de él en estos años, ¿Cómo puedes juzgarlo? Y esa mirada violeta… ¿Cómo puedes decir que esa mirada es peligrosa? No es nada comparada con el ámbar-

Pero cuando puso todo aquello en orden, Kano se había ido. Seguramente pensando que le había dado la razón.

Esa pequeña y contradictoria plática lo estaba haciendo dudar.

-Vamos Kenshin, tienes que demostrarle que no es cierto. Que has cambiado- pensó mientras caminaban. Rogaba a Kami una oportunidad para el pelirrojo, pero si eso significaba poner en riesgos sus vidas, quizás habría una forma diferente de probarlo.

Por fuera parecía ser el mismo, la mayoría del tiempo. Envidiaba esa habilidad de haber permanecido casi igual a pesar de los años, como si no hubieran pasado por él, pero por dentro estaba seguro de que no era la misma persona.

Su forma de hablar, su forma de ser.

Battousai nunca correría con un libro de Haikus en las manos. Si fuera el mismo de antes, quizás se hubiera quedado a enfrentar a Hijikata.

-Eres diferente. Estoy seguro, y estoy poniendo toda mi fe en ti-

Vio como Kenshin se llevó una mano a su mejilla con la cicatriz.

-¿Himura?-

-¡El techo!-


Apenas era una delgada línea la que dividía el pasado con el presente. Apenas y recordaba que no estaba en el Bakumatsu, que no llevaba un par de espadas mortales a su cadera, que no era un asesino de las sombras. Los motivos que lo arrastraban al pasado eran muy fuertes, las imágenes de las calles desoladas y de noche lo hacían retroceder varios años en recuerdos, pero entonces entraba su verdadero motivo por el cual estaba ahí.

-Kaoru, Yahiko. Ayame, Suzume, Megumi. Sanosuke-

Cinco de ellos no sabían siquiera lo que estaba haciendo. Uno de ellos debía estar maldiciendo su nombre a estas horas. Pero todo esto lo estaba haciendo por ellos.

Mientas vagaba quizás conoció a varias personas dignas de admiración, personas que le enseñaron muchas cosas que no sabía, o cosas que se habían ahogado en los ríos de sangre del Bakumatsu. Todas esas personas lo habían ayudado a seguir adelante, pero solo para poder continuar su camino. Entonces fue cuando apareció Kaoru y por azares del destino luego llegaron Yahiko, Sanosuke y Megumi.

Todos ellos eran su razón de tratar de enfrentarse a sus fantasmas del pasado, y superarlos de una manera o de otra. Aún así, había ciertos hechos de los que nadie sabía, que hasta el momento ignoraban porque prefería guardarlos en secreto. Rogaba saber qué hacer cuando estos recuerdos distintos comenzaran a acecharlo, o hacerlo recordar cosas que prefería olvidar.

-Tú realmente haces que llueva sangre…-

¿Estaban comenzando ya?

Con la mano que no descansaba sobre la sakabatou, tocó su mejilla marcada.

-¿Himura?- al parecer había llamado la atención de alguien. Pero no tuvo tiempo de averiguar quién fue.

Quizás iba tan distraído que no lo había notado antes o estaba perdiendo la habilidad a no ser de que fuera con personas que tenía cerca con frecuencia. El ki de varias personas peligrosas estaba sobre encima de ellos.

Alguien lo notó primero que él.

-¡El techo!-

Escuchó el grito, por fortuna quien lo había dicho había recordado la parte de no causar alboroto o disturbios que pudieran llamara la atención de la gente. Había sido una advertencia muy clara para todos, y de inmediato saltaron de sus posiciones. Hombres vestidos de negro y con el rostro cubierto saltaron de los tejados de las casas a sus costados.

Estaban rodeados.

-Himura, ¿Ahora qué hacemos?-

No supo cuándo ni cómo, pero Ushiro se encontraba de espaldas a él, listo para atacar. Pero aquellos sujetos de negro no hacían ningún movimiento. Parecía que estaban esperando, ¿Esperando qué?

-Hitokiri Battousai-

La mirada azul de Kenshin se estrechó en una más peligrosa al escuchar al hombre que parecía ser el líder. Odiaba ese nombre, desearía poder olvidar ese nombre que traía varias muertes adheridas a el.

-Vaya sorpresa-

Sus hombres comenzaron a desenvainar sus katanas lentamente, esto no sería un encuentro casual. Un enemigo que te conoce y que finge sorpresa, cuando claramente te estaban esperando, no era una buena señal.

-Creímos que no opondrían resistencia- volvió a hablar el líder –Tokugawa-sama creyó que no aceptarías la propuesta de Katsura Kogoro-

¿Cómo sabían de esa propuesta? ¿Cómo sabían que Katsura-san estaba vivo? Acomodó la palma de su mano alrededor del mango de la sakabatou. Eso pasaba solo de simple información vaga y al azar.

-¿Ansioso de tomar algunas vidas?- retó aquél shinobi. –Ha sido un largo tiempo…-

Y con una seña de su mano, los demás que acompañaban al enemigo se abalanzaron contra la primera unidad al mismo tiempo, escuchándose el sonido de espadas chocar y gritos ahogados de lucha.


Demasiado silencio. Demasiado.

Nadie andando por las calles, no parecía Meiji. Quizás porque eran altas horas de la noche, quizás porque aún había gente mala –de la que siempre había habido y habrá- que presentan una amenaza para los habitantes de Kyoto. O no. También podía ser que las calles siempre estuvieran solas de noche, y que solo hasta ahora lo encontrara extraño porque tenía un motivo en mente. Quizás la idea de la nueva revolución era la respuesta a todo.

En definitiva, la nueva revolución era la respuesta, pudo sentir un Ki hostil acercándose con rapidez. Con un movimiento alertó a sus hombres para que se pusiera en posición.

No estaban tan solos como parecía.

-Okita Souji Tai-cho…-

Los miembros del Shinsengumi juntaron espaldas en el instante, mirando al hombre que había aparecido de entre las sombras con pequeños kunai entre los dedos de ambas manos. No habían olvidado lo que debían hacer, el código del samurái volvía a la superficie. Y esta era una batalla.

Souji desenvainó su katana, listo para guiar a sus hombres.

-Me conoce-

El shinobi rió.

-Mejor de lo que usted cree, Okita-san – respondió con cierto aire de superioridad.

-Entonces, será mejor que empiecen a correr- les aconsejó el capitán con una mirada seria y amenazante. Cambiando su katana de posición con un solo movimiento.

Pudo sentir el cambio en el Ki de varios hombres detrás del shinobi, superioridad cambiando a un miedo vacilante. Vaya, creía que después de todos esos años, la mirada del hijo de un demonio había perdido efecto gracias a Hijikata Toshizou.

El líder del otro grupo comenzó a reír, antes de mandar a sus hombres a atacar.

Los hábiles ninjas comenzaron a moverse y desaparecer en las sombras con una velocidad sorprendente, esperando tomarlos por sorpresa. Se movían de un lado a otro con gran rapidez, haciendo que fuera difícil predecir el ángulo de su ataque.

-No los subestimen- susurró Souji a sus hombres. En eso escuchó el sonido de pasos que se acercaban por su izquierda, y en un rápido movimiento logró levantar su katana para lograr bloquear la kodachi del ninja.

Un brillo de sorpresa y temor se hizo presente en el rostro del hombre que se había atrevido a tratar de atacarlo.

-¿Por qué tan sorprendido?- susurró el capitán del Shinsen al rechazar completamente el arma contraria, haciendo volar el objeto de las manos del otro –Soy el hijo de un demonio-

Con otro rápido movimiento logró noquearlo, evitando matar mientras fuera posible. La sorpresa del ataque no lo había dejado reaccionar bien como hubiera querido, pero quizás los demás no cometerían ese tipo de errores.

Eran miembros del Shinsengumi después de todo.

No eran muchos y en opinión de Souji eran novatos. Los antiguos miembros del Shinsen no parecían tener tantas dificultades con ellos, y por eso estaba agradecido, pero no creía que eso fuera lo más poderoso que tenía el enemigo en sus manos. Era como un tipo de prueba. Podía verlo claramente, pues el que se había clamado el líder no había hecho nada y seguía observándolos desde las alturas de un tejado, ninguna preocupación por sus hombres que se hiciera visible.

-Cuidado- susurró mientras salvaba a uno de sus hombres, de un ninja que se había acercado por detrás. Con el puño de su espada golpeó al hombre en la frente, haciéndolo retroceder de inmediato.

-Arig… ¡Okita Tai-cho!

Al parecer no se había deshecho completamente del ninja. Desde el suelo, el hombre de rostro cubierto levantó una de sus piernas y la balanceó a la parte detrás de las rodillas de Souji, haciéndolo caer al suelo sin poner resistencia. Su cabeza golpeó el suelo y por unos segundos sintió que todo se oscurecía pero así de rápido volvía a la normalidad, después de un par de parpadeos todo volvió a enfocarse también.

Pudo ver el momento exacto donde el shinobi líder se iba y como respuesta los demás también se retiraban, dejando eso en una batalla pendiente.

-¡Okita Tai-cho!- el hombre al que había salvado se acercó y le dio la mano para ayudarle a levantarse. Por un momento su rodilla izquierda flaqueó pero todo fue por el golpe que le había dado el otro hombre. –Okita Tai-cho ¿Está bien?-

Souji les dedicó una leve sonrisa antes de revisar que todos sus hombres estuvieran bien y completos. Con un suspiro aliviado lo confirmó y miró a su alrededor en busca de más enemigos, encontrando un lugar vacío de amenazas.

-Vamos, hay que reunirnos con la primera unidad- ordenó.

Empezaron a correr ligeramente hacia la ruta que la primera unidad debía de haber tomado, pero miró por encima de su hombro hacia atrás, cómo otros hombres de rostro cubierto pero de ropas azul oscuro, saltaron a la escena de la batalla y comenzaron a recoger cualquier evidencia, además de dejar todo como si nada hubiera pasado.

Había un hombre, entre ese pequeño grupo. Que nunca dijo una palabra pero con señas los demás lo entendieron. El hombre se encargó de que todo quedara a la perfección, antes de marcharse.

Aoshi Shinomori comenzaba a cumplir una parte de su deber.


Lo pasaron, él no opuso resistencia. Sabía que sus hombres se podían hacer cargo porque no parecían ser más que simples ninjas contratados para ese trabajo. En cambio el líder parecía estarlo esperando a él personalmente, se le veía algo calmado a diferencia de sus hombres que se habían precipitado un poco en el ataque. Pudo escuchar algunos gritos ahogados de la batalla, trataban de no hacer ruido pero era casi imposible impedir que esos gritos de adrenalina se escaparan.

El shinobi líder desenfundó una muy delgada katana. Parecía querer un encuentro uno a uno.

Sabía que sus hombres seguían peleando pero podía sentir sus miradas sobre su espalda. Esperando.

¿Esperando comprobar que Hitokiri Battousai era el mismo, sediento de sangre? Nunca tuvo deseo por asesinar.

-Vamos Kenshin- no se podía permitir voltear, y aquellas dos palabras parecían haber sido un susurro pero estaba casi seguro de que el responsable había sido Ryu.

Eso bastó para que el ámbar volviera un poco más al fondo de su mente, el azul oscuro tomando el control en sus ojos, listo para pelear.

Shishio Makoto, su más grande amenaza la había podido vencer sin necesidad de asesinarlo. Quizás el destino había confabulado para que muriera, pero no había sido por su mano. Y confiaba en que tenía la fuerza suficiente para hacerlo con cualquiera.

Mientras no tomara demasiado en serio las batallas. Porque esta no lo era. Podría mantener el control.

Apretó la mano izquierda sobre la funda y con la derecha el puño de la sakabatou, posicionándose en el Battoujutsu y esperando.

Tomoe…

Fue demasiado rápido. El shinobi corrió hacia él con gran rapidez, la punta de la Katana recta hacia él. Creyendo que acertaría, nunca vio cuando Kenshin se movió de su lugar apareciendo rápidamente detrás de él, desenfundando su katana de filo invertido y dándole en la parte trasera del cuello, justo como lo había hecho con Saito aquella vez que se enfrentaron en el dojo Kamiya.

-Ken…-

Cuando el hombre golpeó el suelo sin resistencia alguna, se ganó las miradas de sus hombres y de los contrarios. Todos ellos sorprendidos y la mayoría aterrados. Ryu es el que había mencionado su nombre cuando vio caer el cuerpo inerte casi sobre sus pies, creyendo lo peor, temiendo que las sospechas de Kano habían sido confirmadas. Pero al verlo respirando y sin nada de daño más que un terrible golpe y dolor que llegarían por la mañana, dejó salir un suspiro aliviado.

No lo asesinó.

Al poder reaccionar, los demás hombres corrieron hacia su jefe caído y lo levantaron, listos para desaparecer. Pero un miembro de la tropa del pelirrojo levantó su katana listo para asesinar al hombre con el que había estado peleando. Kano estaba a punto de dejar caer el filo de su espada sobre el cuello de un ninja –a pesar de las advertencias de Ushiro- cuando una mano se interpuso en su camino.

Kenshin detuvo la hoja de la katana con los dedos, quedando el filo a un escaso centímetro de su mano.

-¿Qué rayos…?-

Kano levantó la vista, para toparse con la mirada azul frío de Kenshin.

-No mataremos a nadie, a no ser que sea en defensa propia y realmente necesario- recitó el capitán, muy decidido. Pero eso no le pareció a su subordinado.

-Ellos no me darán la misma oportunidad- contradijo, e intentó empujar más la katana, insistiendo en que el pelirrojo la soltara y lo dejara degollar a aquél ninja. Solo logró que la hoja resbalara de los dedos de Kenshin y se detuviera ahora en su palma, causando que una delgada línea roja apareciera en donde lo había herido.

Kano miró a Kenshin por unos momentos. ¿Cómo podía ser que un Hitokiri ahora se "interesara" por la vida? Era una completa farsa en su opinión. ¿Cómo podía permanecer tan pacífico ante el hecho de que "él" lo había herido? ¡Nadie tocaba al demonio de Kyoto, nadie!

-¡Basta, Kano!- Ryu jaló de su hombro para que retirara su katana y así lo hizo. Después de todo, estaba probando su suerte con Battousai y pudo sentir esa personalidad asesina rondando la superficie, esa que mantenía a todos alejados.

Los ninjas no perdieron su tiempo y de inmediato desaparecieron del lugar aprovechando la distracción, llevándose a su inconsciente líder. Justo por donde ellos se fueron, minutos después apareció la tropa de Okita Souji.

-Himura-san…- suspiró aliviado el Shinsen al ver que al parecer les había ido bien con lo de la emboscada. No es que esperara otra cosa, pero no sabía si todos habían corrido con la misma suerte. Sabía del fiero espíritu de los viejos revolucionarios, pero tenía que darles el beneficio de la duda.

Y sin embargo no pasó desapercibida la tensión en el grupo y la delgada herida en la mano del pelirrojo. Un hecho que se le hacía sorprendente. A pesar de haber cruzado espadas con Battousai solo una vez, la primera vez que lo vio después de tantos años, supo que no era el mismo hombre con el que había combatido alguna vez. No débil, en lo diferente. Sino con una meta más precisa y una fuerza de la que antes carecía. Haciéndolo aún más fuerte que antes, aunque muchos no lo notaran.

Observó como las miradas caían sobre un hombre de katana desenfundada y mirada de conflicto.

–Creo que es hora de regresar, y reportar lo sucedido- sugirió, por el bien de todos. No era el momento de tratar un problema, tampoco era el lugar. Sin mencionar que recién habían sido emboscados.

Además de que en verdad quería hacerse el ofendido con Hijikata-san por haber sido usado –junto con sus hombres- como conejillo de indias, quizás así podría darle permiso de comprar algunos dulces. Y dormir hasta medio día del día siguiente, estaba algo cansado.


Ya era tarde. No se había dado una hora de regreso exactamente, pero lo que tenían que hacer era vigilar todas las calles de Kyoto que pudieran y regresar al castillo a informar si había algo fuera de lo normal o en el peor de los casos había habido un ataque. Todavía consideraba buena, la idea de haber mandado a esos dos grupos primero, para saber qué era lo que pasaba de noche en las calles de la ciudad. No creía que hubiera problemas con los hombres, ellos sabían qué hacer desde hacía tiempo y si llegasen a presentarse inconvenientes, los dos capitanes encontrarían la manera de resolverlos.

-Es inusual de un comandante, estar esperando el regreso de sus soldados con tanta impaciencia- Hijikata comentó exhalando un poco de humo de su pipa, observando desde hacía tiempo al otro hombre.

-Es igual de inusual que el Vice comandante espere a uno de sus capitanes-

No hubo necesidad de que Katsura y Hijikata se miraran para entender por qué lo hacían.

-Es tarde-

-Deben de haber tenido un retraso-

Y eso solo traía malos pensamientos a la cabeza de ambos. Katsura Kogoro no sabía en sí la gravedad de la situación a la que se enfrentaban. Sobre la cantidad y calidad del bando enemigo, sus trampas y propósitos. En cambio a Hijikata, no es que no le preocupara también eso, pero había cierta persona que le encantaba contradecirlo, que ocupaba la mayoría de su tiempo debido a la preocupación por él, y que de su forma de ser eran resultado los primeros cabellos blancos que había en su cabeza.

Esperaron en silencio. Escuchando el movimiento de los hombres al interior, el viento recorrer los alrededores hasta que…

-¡Maldito seas Kenshin, me dejaste atrás otra vez! Pero no te escaparás de mí… no, yo haré que te arrepientas de no haberme dicho nada-

-¿Sagara-kun?

Katsura escuchó al luchador musitar, casi gritar, lo que tenía en mente para el pelirrojo. No creía que nadie durante en el Bakumatsu se pudiera expresar así sobre Hitokiri Battousai. En verdad dudaba que incluso ahora alguien tuviera el valor suficiente para hacerlo. Pero este joven… parecía habituado a hacerlo –y expresarlo en voz alta-.

-¿Ah?-

Pero otro recién llegado intervino, antes de que el comandante pudiera preguntar algo.

-Estúpido, le harías un gran favor al mundo si te callaras-

Una vena saltó en la frente de Sano, al mismo momento que levantaba su puño, listo para empezar su usual discusión de uno –puesto que Saito nunca le prestaba atención-, y Katsura Kogoro estaba dispuesto a intervenir por el bien de todos, pero algo lo detenía.

La escena tan rara ¿Quizás? Creyó conocer a muchos durante el Bakumatsu, podía presumir de saber lo que pensaban a cada segundo y saber cuándo podían dar su máximo. Pero la situación en la que se encontraba ahora era tan contradictoria que dudaba de cada movimiento a hacer. Comenzaba a creer que era mejor conocer primero a las personas de las que se había rodeado, y luego armar planes. Porque no estaba contemplado lo tranquilo que podía ser si Hitokiri ahora, el carácter apaciguado de muchos, capitanes que ya no sostenían rivalidades y personas que apenas comenzaba a conocer.

Iba a pedirle su opinión a Hijikata sobre eso, cuando un hombre llegó con paso apurado, deteniéndose frente a ambos.

-Las tropas 1 y 2 se acercan- informó, inclinándose levemente y retirándose. Por algún extraño motivo, parecía que todos notaban el interés que tenían comandante y vice comandante en sus subordinados.

Los 4 hombres esperaron pacientemente hasta que se escucharon pasos que se acercaban rápidamente, y después una puerta de metal era abierta, permitiendo el paso de los que andaban fuera.

Las sombras de una nube cubriendo la luna, ocultaron los rostros de los capitanes y soldados, más poco después entraron a un rango iluminado donde sus expresiones se miraron claramente. El capitán de la primera tropa sabía que eran esperados, de reojo vio a los hombres que estaban ahí. Más en un segundo volvió su mirada hacia adelante.

Katsura comprendió eso como el hecho de que el ex-Hitokiri no daría información de sobre cómo había ido la primera noche, a menos de que fuera en privado. No es que el comandante lo quisiera de otra forma, pero creía que quizás el pelirrojo lo había olvidado y sin embargo la mirada de color azul frío no lo distrajo del hecho de la sangre que había en su mano. Kenshin no parecía quererlo ocultar, pero tampoco parecía feliz por eso.

Sanosuke de inmediato siguió al pelirrojo.

Uno a unos los demás hombres también lo siguieron en silencio y posteriormente se retiraron a asearse y seguramente a dormir.

Esa fue la impresión de la primera unidad.

En cuanto a la tropa de Okita Souji. Los miembros del Shinsengumi se veían animados, hasta cierto punto, contentos. Parecía que les había hecho falta esa emoción desde hacía algunos años. Se veían muy bien para ser personas que habían sido usadas para medir la fuerza del enemigo. Todos excepto el capitán que tenía una mortal seriedad que sorprendió a más de uno a su llegada.

Hijikata no sabía si atreverse a dar el primer paso y preguntar si había pasado algo malo. Había algo en el aura de Souji que no le gustaba, algo demasiado peligroso. Y lo comprobó, cuando poco antes de desaparecer de su vista, el capitán del Shinsen giró un poco su cabeza. Una mirada de traición en su rostro.

-Debí de haber dejado ir a Hajime con la primera unidad- pensó Hijikata. Parecía que a Souji no le había gustado la idea de ser usado.

Lo que el Fukuchou no supo es que cuando el capitán había desaparecido de su vista, sonrió.


Una vez que Okami lo había atrapado tratando de vendar su mano en un rápido intento de esconder la herida, lo había obligado a quedarse por un poco más de tiempo mientras limpiaba el área y vendaba correctamente su extremidad. Después de eso, tampoco le había dado tiempo de darle una larga charla sobre lo descuidado que siempre había sido respecto a su persona. Se escabulló cuando la mujer se había dado la vuelta, y sabía que no podía escapar por mucho tiempo del regaño del cual se había salvado, pero si lo podía posponer por unos días más, sería un gran logro.

Así que rápidamente se dirigió a donde su comandante estaba, un hombre que se encontró por el camino lo había informado. Y se adentró a la habitación apuntando mentalmente que Sanosuke también debería estarlo buscando, pero la verdad era que no deseaba hablar sobre lo que había pasado, a no ser que fuera realmente necesario, como ahora.

-Katsura-san…- el pelirrojo se inclinó y tomó asiento. El otro hombre asintió levemente.

-En realidad deseo saber todo lo que pasó- incitó Kogoro, tomando su taza de té. Kenshin se removió incómodo bajo su mirada.

-El enemigo esperaba nuestro movimiento esta noche- comenzó –Los hombres que nos emboscaron parecían saber a quién esperar-

-¿Sospechas ya de un espía, Himura?- preguntó seriamente Katsura, observando el té en sus manos. Sabía que el pelirrojo se había vuelto más cuidadoso respecto a la información que compartía o a los menores indicios de traición desde lo de Iizuka.

-No lo sé- en años anteriores, hubiera contestado con un –sí- muy directo y confiado. –Puede ser que el enemigo estuviera haciendo una apuesta riesgosa, o busca hacernos dudar ahora de nuestros aliados-

En eso ambos estaban de acuerdo.

-Quizás es muy rápido para sacar conclusiones- concluyó el comandante –Habrá que esperar a ver cómo se desarrolla la situación. Por ahora solo sé que nuestro primer movimiento cumplió su objetivo-

-No del todo- corrigió Kenshin de inmediato, encontrándose con la sorprendida mirada del otro hombre –El objetivo de los que pelearon contra nosotros esta noche, era el mismo objetivo que el de nosotros-

-¿Probarnos?- cuestionó Katsura después de un momento de silencio –Entonces, no eran los verdaderos enemigos- comentó algo decepcionado de que su primer paso no haya obtenido tan buenos resultados –Está bien, al parecer nuestro próximo movimiento tendrá que ser un poco más arriesgado, hay que medir la verdadera fuerza del enemigo-

Kenshin asintió, sabiendo lo que eso implicaría. Estaba a punto de retirarse, cuando una pregunta más de su comandante lo detuvo.

-¿Cómo pasó la herida de tu mano?-

No se giró, no necesitaba en realidad contar lo historia completa y como debía, porque sabía que Katsura Kogoro se enteraría por cualquier otra persona. Un hecho así se haría del conocimiento de todos.

-Podría decirse, que… trataba de hacer algo en contra de mi naturaleza-

La naturaleza de Battousai, vista desde otros ojos, era la de un Hitokiri. El demonio de Kyoto.


No podía encontrarlo por ningún lado. Había preguntando entre sus hombres y ninguno sabía exactamente a donde había ido. Primero había buscado en su habitación y no lo había encontrado. La segunda opción había sido que se estuviera aseando, pero tampoco había rastros de él. Incluso fue a buscar a Nagakura y Harada, por si aquellos dos querían sacarle algo de información, pero decepcionado se dio cuenta de que no.

-¿Hijikata-san?-

El hombre se detuvo cuando uno de los miembros del Shinsengumi le habló, esperanzado de que le pudieran dar pista de Souji.

-¿Okita-san está bien?- la pregunta lo tomó totalmente desprevenido.

-¿Bien, por qué no debería de estarlo?- la necesidad de encontrarlo ahora se hacía más fuerte. Si se había escondido para ocultarle algo malo que le pasara, se encargaría personalmente de tenerlo encerrado en su habitación en los próximos días.

-Es que… creo que es importante decirle que cuando estábamos luchando, un hombre logró hacer caer al capitán y pues, no es algo que viéramos todos los días, antes, así que… todos nos preguntamos si ¿Fukuchou?-

Cuando el hombre levantó la mirada, Hijikata Toshizou había desaparecido con rapidez, apenas viendo su largo cabello ondeando al dar la vuelta en el pasillo.


-¡Kondo-san, yo…!- la primera idea que se había venido a la mente de Hijikata era pedir ayuda de la otra persona a la que Souji obedecería no importa nada, pero al entrar rápidamente en la habitación del hombre, no esperaba encontrarse con eso.

-Ora, Toshi. Guarda silencio- regañó Kondo Isami antes de sonreír levemente –Creí que nunca te aparecerías-

El Fukuchou miró a la persona que dormía tranquilamente en la habitación del ex-comandante del Shinsengumi, una vena comenzaba a saltar de su frente. De todas las personas con las que pensó que podría estar Souji, realmente no se había acordado de Kondo y eso le frustraba.

-¿Hace cuanto está aquí?- preguntó, tratando de mantenerse lo más calmado posible. Evitando que las ganas de asesinarlo subieran a la superficie de nuevo. Recordó lo que le había dicho aquél miembro del Shinsen y se sentó, comenzando una minuciosa inspección con solo la mirada.

-Souji llegó poco hace unos minutos, pero se durmió rápidamente. Sospecho que debió haber sido una noche dura-

-Fueron atacados- informó Hijikata, sorprendiendo al otro. Dejó salir un suspiro aliviado al notar que al parecer todo estaba bien, pero de todas maneras se encargaría de preguntárselo personalmente. –Maldito mocoso- musitó al relajarse un poco, causando la sonrisa de Kondo.

-No mucho cambia-

-No, al parecer no-

En eso, la pequeña charla entre ambos se vio interrumpida cuando la figura que dormía se quejó mientras se giraba a su otro costado. Ambos hombres se acercaron de inmediato.

-¿Souji?- intentó Kondo-san primero, pero no obtuvo respuesta más que otro quejido que los preocupó más.

-¡Souji!- continuó Hijikata con un poco más de fuerza, sacudiendo al capitán de una manera un poco brusca.

Poco a poco se abrieron dos grandes ojos azules, que miraron alrededor por unos segundos antes de reconocer el lugar donde estaba.

-¿Hijikata-san?- preguntó confundido.

-Souji, ¿Estás bien?- cuestionó de inmediato el Fukuchou, acercándose más.

-Claro que no estoy bien- admitió el capitán para sorpresa de ambos mayores. Lo cual no fue para alegrarse. Hijikata comenzaba a temerse lo peor, hasta que Souji continuó –No he comido dulces en 6 años, no está bien-

Kondo dejó que una gota de sudor bajara de su frente, antes de que Toshi comenzara a sermonear al otro por tal malvada treta.


hehehe, pobre de Souji. Pero si no quieren que muera mmmm, deberán dejar review. Porque a Hijikata le gustan los reviews, a mi también, TODO el mundo adora los reviews :D

Prometido, para el próximo capítulo: Las mujeres que hay detrás de cada hombre n.n

¿Quieren una galleta? Dejen review n.n

any