Hola chicas, mil disculpas por la demora, finalmente aquí está el capítulo. Espero miles de comentarios y que me den ideas de cómo creen que puede llegar a seguir esta historia.

No las entretengo más, sólo les pido que presten atención al grupo de facebook para enterarse de las novedades y próximas actualizaciones.

Miles de besos

Like a virgin

Capítulo beteado por Flor Carrizo, beta de Élite Fanfiction: www. facebook groups / elite. fanfiction /

.

Para el siguiente control Isabella fue acompañada por Jacob. Los chicos pensaban que darle celos al doctor iba a ser lo más adecuado, lo haría tomar conciencia de que podía perder a la castaña y esperaban que actuara en consecuencia.

La joven llevaba un lindo vestido camisero de color celeste, una de sus piernas seguía cubierta con la bota ortopédica, mientras que en el otro pie calzaba una balerina de color marfil y un bolso a juego. Su cabello caía hacia el costado derecho de su rostro, que sólo lucía un brillo en los labios y un poco de rímel.

—Doctor, un gusto volver a verlo —saludó Jacob.

—Hola, doctor.

—Isabella. —El hombre dedicó un saludo con su cabeza al joven que la acompañaba—. ¿Cómo están? Tomen asiento.

—Muy bien, Edward, gracias. ¿Tú cómo estás? —preguntó ella.

—Muy bien también. Vi algunas fotos de tu cumpleaños, felicitaciones, al parecer fue una gran fiesta.

—Esa fiesta fue todo obra de mi padre, la verdad no son lo mío las grandes celebraciones, prefiero los festejos más íntimos —dijo ella recordando cómo había pasado el día con sus amigos y su Bubu.

Edward en cambio sólo podía imaginar que tan íntimo había sido el festejo de Bella, seguramente con ese chico que ahora la acompañaba y que parecía no poder despegarse de ella.

—Vamos a que te examine —indicó él.

Ella lo siguió, él la ayudó a subirse a la camilla y desprendió la bota para examinar la pierna. Poco a poco la hizo flexionar la rodilla para ver la movilidad de la misma. En un momento levantó la vista sólo unos instantes y pudo apreciar un trozo de encaje azul pálido entre las piernas de ella. Tragó en seco e intentó juntar todo el valor del mundo para no tomarla ahí mismo.

—¿Está todo bien, doc? —preguntó Jacob entre risas, al notar la tensión en su espalda.

—Todo bien, está evolucionando más rápido de lo esperado y eso es muy bueno.

Ayudó a Isabella a levantase y la guió de nuevo a su escritorio.

—Doctor —lo llamó ella con voz sexy—, aquí tiene los informes de mi fisioterapeuta.

Él tomó los papeles y los leyó con atención.

—Ya podrás estar sin tu bota, no deberías apoyarte aún en la pierna, pero será menos incómodo.

—Gracias —dijo y le dedicó una gran sonrisa.

—De nada. Si todo está bien, en quince días nos veremos de nuevo. Aquí te prescribo nuevas indicaciones para que trabajes con Maggie en tus sesiones.

—Muchas gracias, Edward.

—De nada, Bella —dijo él con voz sensual.

—Bueno, Bella, vamos. Creo que nos esperan —interrumpió Jake.

Los tres se saludaron y los chicos se fueron a buscar a Vanessa al aeropuerto.

Edward se recostó contra el sillón de su consultorio, con su mano derecha desesperadamente jalaba su cabello. Esa jovencita lo estaba volviendo loco y en el momento en que vio asomarse las braguitas de ella sintió que su mundo se detenía, por primera vez en su vida sintió que no se podría contener. Si no hubiese estado ese tal Jacob ahí, no podría haberse resistido a esos labios y a seguir explorando esa suave piel. Lamentablemente no pudo volver a dedicarle tiempo a esos pensamientos ya que su próximo paciente había llegado.

Jacob y Bella llegaron al aeropuerto media hora más tarde, aún faltaban algunos minutos para que el vuelo de Londres arribara, trayendo a la novia del joven. Todos estaban muy ansiosos por conocerla y esperaban que se adaptara al grupo rápidamente.

Una pelirroja se arrojó a los brazos de Jacob y se besaron apasionadamente. Bella se apartó de su lado ya que no quería ser el mal tercio y deseó poder tener una relación así con su doctor.

.

.

Quince días pasaron como un borrón para Bella. Gracias a Dios, su rehabilitación era rápida y muy favorable con Maggie, ya había apoyado el pie y poco a poco recobraba su movilidad normal.

Esa vez asistió sola a la consulta, Jacob y Nessi, como había apodado James a Vanesa, estaban perdidos en su burbuja de amor, al igual que James y Riley, quienes habían salido al cine, y Alice estaba de paseo con su padre.

—Bella, pasa —pronunció Edward con sexy voz.

—Hola, doc, ¿cómo esta? —Fue el saludo de ella.

—Muy bien, ¿y tú? ¿Tu novio no te acompaña?

—¿Novio? —preguntó extrañada.

—Sí, ese joven que te acompañó la última vez —explicó intentando sonar desinteresado.

—Jacob no es mi novio. Él es mi amigo, casi mi hermano —dijo con una sonrisa en sus labios al darse cuenta de que su doctor estaba celoso.

Él asintió ante la explicación de la castaña y se sintió como un adolescente ante la tonta pregunta, después de todo no cambiaba nada los hechos. Podía ella no tener novio o dejar de ser su paciente, pero aún los treinta años de diferencia no cambiaban.

—Disculpa, debo haber malinterpretado la situación —se excusó—. Maggie me envió tu informe y la verdad es excelente el progreso que has tenido. Si todo está bien con tu revisión estarías en condiciones de recibir el alta, luego tendrás sólo que controlarte en un par de meses, seguir con la rehabilitación y no practicar ningún tipo de actividad que impacte directamente en tu rodilla. Ahora vamos a la camilla así veo esa pierna.

Bella siguió las instrucciones del doctor y, con cuidado, se acomodó sobre la camilla, con lo que no contaba era que la pequeña falda negra que traía se le subiría por encima de los muslos, dejando al descubierto sus bragas. El sonrojo fue evidente y de inmediato se intentó cubrir. Edward la miraba desde lejos luchar con la tela que parecía no querer bajarse. Sólo guiado por su instinto se dejó llevar.

—Deja que te ayudo —dijo mientras tomaba entre sus manos la tela y empezó a acomodarla, tocando con sus dedos la suave piel de ella. No pudo resistirse y poco a poco sus rostros fueron acercándose hasta que finalmente sus labios se juntaron en un apasionado y desesperado beso.

Había pasado mucho tiempo desde que se besaron, quizás por eso ellos estaban tan desesperados, tan sedientos el uno del otro. Sus lenguas jugaban frenéticamente, mientras que sus manos recorrían el cuerpo del otro transmitiendo el deseo contenido.

Poco a poco tuvieron que separarse por la falta de aire, sin embargo el doctor siguió besando el cuello de Bella, mientras que con el dorso de sus manos acariciaba su cintura.

—Te deseo —susurró ella.

—Y yo a ti, Bella… Te deseo tanto, nena.

Volvió a besarla acaloradamente, la castaña abrió sus piernas y él se situó en medio de ellas. Sus sexos se rozaban y Edward poco a poco comenzó a recorrer con sus manos la pierna de la joven. Cuando llegó a su trasero la acerco más a él, haciéndole sentir su estado de excitación.

—Me traes loco, Bella.

La respuesta de ella fue un sonoro gemido. Pero el teléfono del consultorio comenzó a timbrar.

—No atiendas. Quédate conmigo —pidió ella.

—Tengo que atender, pero cancelaré los siguientes turnos y seguiremos con esto en un sitio más adecuado —pronunció cada palabra restregado su erección contra el centro de la castaña. Ella de inmediato se puso nerviosa, tendría su primera vez con Edward.

Ella estaba tan absorta en sus pensamientos que no escuchó lo que Edward hablaba.

—Bella, cariño, lo siento pero tengo una operación de urgencia y no puedo cancelarlo. ¿Qué te parece si mañana paso a buscarte así cenamos juntos y seguimos con esto?

—Me parece genial.

Él buscó en su billetera una tarjeta y anotó detrás de ella su móvil.

—Aquí tienes mis teléfonos.

Ella tomó un papel del escritorio y anotó su número.

—Aquí tienes el mío, ¿me llamas así quedamos para mañana?

—Claro que sí, cariño, te llamo así quedamos. —Se despidieron con un gran beso y la promesa de terminar con lo que dejaron pendiente.

Bella salió del consultorio en una burbuja, necesitaba urgentemente hablar con sus amigos. Tenía que lograr tranquilizarse y prepararse para lo que la esperaría al día siguiente.

.

.

—Bella, ¿puedes explicarnos qué es lo que sucede para que nos llames con tanta urgencia? —preguntó James.

—Hoy tenía consulta con Edward... y nos besamos y la cosa se puso caliente.

—¿Mi Belli Bells estrenó su chochito? —dijo Jacob entre risas, Vanesa que estaba a su lado le pegó un codazo en las costilla mientras que una escandalizada Alice gritó.

—¡Jacob! No puedes ser tan tonto. Deja que Bella nos cuente y mantén tu bocota cerrada.

—Jacob, no creía que tuvieses un vocabulario tan infantil, pero ahora dejemos que Bella nos explique —agregó James.

—Bueno, como les decía, nos comenzamos a besar y una cosa llevó a la otra y cuando nos íbamos a ir a otro sitio llegó una emergencia y nos interrumpió, pero mañana me invitó a cenar y a terminar con lo que empezamos.

—Bueno, Bells, antes que nada tienes que estar tranquila, verás que será un momento hermoso —dijo Nessi, recordando el momento en que había perdido su virginidad con Jake meses atrás.

—Tienes que depilarte y ver qué te pondrás —completó Alice.

—¿A dónde irán a comer? Intenta no cruzarte con tus padres por ahí, creo que Charlie lo mataría si se entera que está con su bebé —dijo bromeando Riley

—¡Oh, por Dios! Es verdad, cuando Charlie se entere lo querrá matar —exclamó Alice.

—Yo creo que sólo lo acusará de abuso de menores —dijo entre risas Jacob.

—Creo que tienes un punto, pero no creo que sea algo que nos cause gracia, Jake, me parece que Charlie es capaz de eso y más —completó James.

—Necesito un ginecólogo urgente.

—¿Para qué, Bella? —preguntó Alice.

—Necesito que urgentemente certifique que aún soy virgen, de esa forma si en algún momento alguno de mis progenitores quisiera acusar a Edward sería fácil demostrar que lo nuestro empezó después de que cumplí mi mayoría de edad y que ya no existe una relación médico-paciente entre nosotros.

—¿Ya no es tu medico? —preguntó James

—No... estoy de alta.

—Genial, Bella, ahora hablaré con mi tía para ver si te puede revisar hoy mismo.

—Muchas gracias, Alice.

—No hay de qué, Bella. Ya que la verás deberías encontrar un anticonceptivo, no deseo ser tía tan pronto.

Todos rieron ante el comentario de Alice.

La doctora Brandon recibiría a Bella en una hora, por lo que de inmediato tomó un taxi que la llevó hasta el consultorio.

—Bienvenida, Bella, ¿qué te trae por aquí? —saludó amablemente la médica, al mismo tiempo que la hacía pasar.

—Gracias por recibirme, doctora. —Bella empezó a relatarle su inquietud y la doctora le indicó que le realizaría un examen y luego le expendería un certificado constatando su estado.

Minutos más tarde Bella se retiraba del consultorio con un certificado que aseguraba que era virgen y con una inyección anticonceptiva que le permitiría una cobertura de tres meses a partir de los próximos siete días.

Edward la llamó en la noche, se lo notaba muy cansado y quedaron en que pasaría a buscarla por casa de su Bubu al día siguiente a las ocho.

Esa noche Isabella no pudo dormir por la emoción que sentía, al fin perdería la virginidad con el hombre que la traía loca desde hacía meses.

A la mañana siguiente Alice y Nessi buscaron a Bella para salir de compras y pasar por el spa, luego de una tarde de chicas, fueron a casa de su Bubu para terminar de arreglarse.

Nessi fue la encargada de hablar con Bella e intentar tranquilizarla por todo lo que sucedería.

—Hija, ¿qué es lo que te tiene tan angustiada? —preguntó su Bubu.

—Esta noche saldré con Edward y la verdad es que estoy un poquito nerviosa por lo que puede pasar.

—¿Crees que será tu gran noche? —preguntó pícaramente.

—Sí o eso espero. —Rió nerviosa.

—¿Estás segura que es lo que quieres?

—Sí, estoy segura, quiero que mi primera vez sea con él, pero a la vez no estoy segura de como tomará esto. Bubu, yo no estoy enamorada de él ni busco algo para toda la vida y no sé qué quiere él de mí.

—Me parece que debes dejar de imaginar tantas cosas y ver cómo se desarrollan las cosas esta noche. Si realmente no esperas nada serio de él, en caso de que sea algo de una noche, no tendrás de qué preocuparte, y si quiere algo más serio sólo deben hablarlo.

—Tienes razón, esta será una gran noche. —Corrió a abrazar a su abuela—. Te quiero, Bubu, no sé qué haría sin ti.

—Yo también te quiero, hija. Ahora dejemos tanto sentimentalismo y ponte hermosa, así vueles más loco a ese doctor —dijo mientas tomaba a su nieta de la mano y la llevaba a la habitación para ayudar a terminar de vestirse.

A las ocho, puntualmente, Edward golpeó la puerta y Bella lo recibió ansiosa.

—Buenas noches, hermosa.

—Buenas noches, Edward, pasa. Voy por mi bolso y podremos irnos —dijo ella un poco nerviosa.

—Aquí te espero, nena.

Bella prácticamente corrió a la cocina donde Bubu, Alice, Nessi, Jacob, James y Riley estaban.

—Ya me voy, nos vemos —saludó ella.

—Adiós, Bellita —respondieron a coro.

—No olvides usar protección, cariño, soy muy joven para ser tío —dijo Jacob al tiempo que tiraba sobre ella sobres de condones de diferentes colores.

Bella volvió al recibidor completamente sonrojada ante la actitud de su amigo.

—¿Todo bien, preciosa? —preguntó él.

—Sí, todo bien. Vamos.

Edward abrió lo puerta de su volvo plateado y la cerró después de que Bella se acomodara en el asiento del acompañarme. Él, luego de abrocharse el cinturón de seguridad, comenzó a conducir. No reconocía a qué lugar pertenecía el paisaje y poco a poco empezó a mover sus manos nerviosa.

—¿Estás bien, Bella? —preguntó al percatarse de su nerviosismo.

—Sí, sólo un poquito nerviosa —respondío con una sonrisa.

—¡Hey!, tranquila. —Él apoyó su mano en la rodilla de la joven—. No tienes que ponerte nerviosa, no pasará nada que tú no quieras que pase. Primero iremos a cenar y luego veremos si pasa algo más o no.

—Lo sé, no te preocupes, es una tontera... sé que estará todo bien.

Llegaron a un restaurant en el Sunset y ambos bajaron. Una recepcionista los guió hacia la terraza donde una mesa los aguardaba en un sitio bastante íntimo. Edward corrió la silla para que ella pudiese sentarse y luego ordenaron la comida.

La cena transcurrió en una agradable charla en la que se conocieron más a fondo, ambos estaban sorprendidos por la cantidad de gustos que tenían en común. Para la hora del postre ambos estaban ansiosos y expectantes de lo que sucedería. Tras compartir una tarta de chocolate, él la invitó a caminar un poco por el muelle. Aprovecharon la oscuridad del lugar para besarse apasionadamente. Poco a poco ese beso fue haciéndose más caliente y Edward la tomó de la mano y la guió hacia su auto y de ahí a su departamento.

Cuando llegaron al hogar del doctor, ambos siguieron llenándose de besos mientras subían por el ascensor. Él no dejaba de tocar el cuerpo de la joven y, si bien ella estaba muy nerviosa, no dejaba de acariciarlo. La campana del elevador indicó que llegaban a su destino. Él la tomó de la mano y la arrastró hasta su casa.

—Te necesito, necesito hacerte mía —susurró en su oído.

—Yo también, Edward, te necesito... —respondió entre gemidos.

Tras cerrar la puerta, la aprisionó contra la pared y comenzó a subir el vestido negro que tenía, acariciando a su paso la delicada piel de Bella. Ella sentía su cuerpo hervir, poco a poco tomó coraje y empezó a desprender la camisa de él, Edward la tomó por las piernas y sujeta a su cintura la llevó a su habitación. Su camisa cayó en el camino. En cuanto cruzaron el umbral de la puerta la dejó en el piso y con desesperación buscó el cierre del vestido.

—Aquí esta —indicó ella mientras levantaba su brazo y comenzaba a bajarse la cremallera.

—Déjame a mí, deja que sea yo el que te desnude, que sea tan importante como la primera vez —susurró en su oído.

—Será la primera vez que alguien lo hace, serás el primero —confesó.

—¡¿Qué?! ¡¿Me estás diciendo que eres virgen?! —preguntó asombrado.

—Sí, Edward, aún soy virgen —dijo avergonzada.

—¿Y por qué quieres perderla con un viejo como yo? Yo no soy un príncipe azul, Bella, yo no te prometeré amor eterno ni nada de eso.

—Y me parece perfecto que sea así, Edward, no busco enamorarme, no conozco a nadie que eso le haya funcionada y el hecho de que aún conserve mi virginidad es sólo porque no quería que cuando la perdiera fuera tema de dominio popular por alguno de mis compañeros. Sólo quiero pasar un buen momento y disfrutar de la experiencia —explicó ella.

—¿Estás segura?

—Claro que sí —respondió.

—Siendo así… trataré de darte la mejor experiencia de tu vida. ¿Estás nerviosa?

—Sólo un poco.

—Tranquila, porque no pones algo de música, yo traeré algo para tomar.

Ella comenzó a buscar en el iPod que Edward le había facilitado, estaba un poco nerviosa y necesitaba algo que realmente la calmara, necesitaba canciones que formarían parte de la banda sonora de una de las noches más importantes de su vida. Encontró varios temas de películas y mientras que en los altavoces sonaba Airsupley con Total eclipse of the hear, Edward llegó con dos copas de vino blanco y le tendió una.

Tras beber el vino ella se relajó mucho y, poco a poco, él comenzó a darle suaves caricias y estimular algunas zonas para que ella se distendiera aún más. Poco a poco esas caricias que habían empezado en su cuello y detrás de sus rodillas comenzaron a ser más cerca de sus puntos erógenos. La acostó sobre la cama y la besó con pasión, cuando la falta de aire los obligó a separarse él fue depositando besos en su cuello, hombros y pecho. Finalmente, con delicadeza, bajó los breteles del vestido que aún estaba desprendido y, por sobre el encaje de su corpiño, besó y lamió la piel de sus senos. Ella nunca había sentido algo así, la humedad de la lengua de él y el calor de su aliento la excitaban; cuando él daba pequeños mordisquitos sentía que sus pezones se endurecían aún más y cuando la mano que tenía en sus piernas subió hasta su monte de Venus y comenzó a darle suaves caricias la intensidad de sus gemidos se incrementó, su sangre parecía fuego corriendo por sus venas.

Edward estaba muy excitado y no veía la hora de estar dentro de ella, pero era consciente de que necesitaba que Bella tuviese un orgasmo para hacer más fácil todo. Poco a poco comenzó a desprender su sujetador y cuando sus pechos no contaban con ningún tipo de restricción los devoró ansiosamente. Luego fue el turno de las bragas, en cuanto desaparecieron, sus grandes dedos recorrieron y exploraron cada rincón de la intimidad de la castaña. Primero introdujo un dedo y luego dos, y los gritos de placer por parte de ella no tardaron en aparecer.

Edward aprovechó cada momento de éxtasis de la joven para dilatar su canal y para cuando ella alcanzó el orgasmo estaba seguro de que cuando la penetrara no sentiría tanto dolor. Mientras ella se recomponía y reponía el ritmo de su respiración, él se quitó la ropa por completo y tomó un preservativo de la mesita de noche.

—Estás hermosa, nena —susurró en su oído—. ¿Estás lista?

Ella le dedicó una mirada cargada de lujuria y asintió con su cabeza, él la tomó de ambas piernas y la sentó a horcajadas sobre él.

—Así será más fácil para ti —explicó mientras que tomaba con sus manos su erección y la guiaba hasta el centro de la castaña.

Ambos sintieron como poco ella permitía el paso al miembro de él, como su carne abrazaba la gran erección y él, finalmente, rompía esa barrera para poseerla por completo.

El vaivén de sus cuerpos no tardó en aparecer y con ello la danza más sensual y placentera que habían experimentado. Los gemidos y jadeos junto a la música de fondo que pedía quitar la respiración completaba la banda sonora del placentero momento.

Ambos llegaron al éxtasis al mismo tiempo y, por unos instantes, se miraron fijamente a los ojos mientras sus cuerpos se calmaban.

—¿Estás bien? —preguntó él.

—Mejor que nunca, sólo un poco cansada —explicó.

—Ven aquí, cariño, descansa —dijo mientras la acomodaba en la cama y la abrazaba.

Los brazos de Morfeo no tardaron en tomar sus cuerpos y así, en un nudo de piernas y brazos, pasaron el resto de la noche.