Antes de comenzar, quiero explicarles brevemente porque cambie de Nick, el fandom de Saint Seiya (no todos) pero si algunos me acosaban de manera enfermiza, así que tuve que optar por hacer esto. Pero aquí sigo, Gintama me da fuerzas para seguir.

Finalmente el nuevo capítulo de este hermoso fic que ha gustado y se los agradezco mucho. De verdad por leerlo, seguirlo, darle fav y sus comentarios preciosos que me hacen feliz y me motivan a seguir escribiendo. Luego uno como escritor si ha dejado fics inconclusos por no recibir.

Pues las cosas van avanzando mucho con nuestros protagonistas, no sólo Hijikata y Tsukky si no que Gintokis ya cambia su extraña manera de pensar y pues… avanza, sobre todo con Sougo que finalmente… deben leer para saber.

Encontraran en este capítulo mucho HijiMitsu 3 porque el recuerdo y los sentimientos de Toshi van saliendo y son complejos.

Advertencias: pues ya no hay muchas, otra vez palabras malas de Sougo pero es Sougo.

Notas: Ifis ya abre una cuenta, así sabrás cada vez que actualizó

KawaiiKagu- No, Gintoki y Sougo no son los malos de la historia aunque parezca, pero necesitaba darles un toque así para que avance la historia e Hijikata y Tsuky estén juntos, además, quise hacerlo de tal manera que no sea vea forzado, que sea creíble.

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Capítulo 7

Se lo dejamos a la suerte

Parsley, sage, rosemary and thyme.

Remember me to one who lives there,

She once was a true love of mine.

― Entiendo― dijo Kondou después de escuchar la explicación de Hijikata sobre los rumores que comenzaron a extenderse por sus visitas a Yoshiwara.

El chisme llegó a oídos del Comandante del Shinsengumi hace una semana. Quiso confirmarlo o negarlo por cuenta propia, aunque Sougo se lo afirmó más de una vez que era verdad. "A Hijikata-san le gustan las prostitutas, como su madre" escupió el castaño. El cotilleo explotó cuando Hijikata se atrevió a llevar por la ciudad a la líder del Hyakka. Conducirla como una dama, cederle el asiento en un lujoso restaurante, invitarla al cine. Kondo no estaba a favor ni en contra, pero el nombre del Shinsengumi estaba de por medio y para la sociedad no estaba bien visto que un hombre de la posición del vice-comandante saliera con una prostituta, lo fuera o no. Conocía lo necesario de Tsukuyo, lo indispensable para saber que no era una mala persona. No llegaba a comprender aún como es que esos dos acabaron saliendo. Sabía que Toshiro no estaba interesado en ninguna mujer, después de Mitsuba cayó en una depresión sentimental al punto de asquearlo las relaciones sentimentales. Por ello se enfocó en su trabajo y la disciplina.

― ¿Te gusta mucho?― preguntó Kondo. Gracias a la confianza que existía entre ellos, quería conocer la realidad de su situación y sus sentimientos. De esa forma apoyaría a su amigo y protegería el nombre del Shinsengumi.

― Aún no lo sé, pero me agrada su compañía― se limitó a responder.

No mintió, estaba confundido. Le agradaba como una buena amiga, pero también le gustaban sus labios y sus piernas. No era fácil ignorar a una rubia despampanante que atraía a millones de hombres. Así que su atracción era normal, pero la comodidad a su lado no tanto.

― Creo que lo estas negando. En verdad te gusta esa mujer pero tienes miedo. Juraste una vez no volver a enamorarte, no por Mitsuba, por ti. Porque no sabes proteger lo que amas. Diría más bien que no sabes amar.

Las palabras de Kondou siempre eran certeras, dichas por un hombre que aunque nadie lo creyera, era inteligente. Hijikata dejó el cigarro en el cenicero y se acostó sobre el tatami apoyando su cabeza sobre sus manos. Pensativo miró el techo.

― Invítala al cuartel a cenar, quiero conocerla― Con ver a Hijikata descifró su corazón, como no lo podía hacer ni el mismo Toshiro. Kondo entendía a cada uno de los integrantes de su agrupación― sí te has fijado en ella debe ser porque es una buena mujer.

Hijikata soltó una risita burlona y se sonrojó. No tenía ganas de replicar. La idea de traer a Tsukuyo al cuartel lo divirtió. La imaginó fuera de lugar, haciendo preguntas y un poco nerviosa. Quizá terminaría haciendo migas con Yamazaki y por su buena voluntad, comprendería los silencios de Saito.

― Te gustan las mujeres puras de corazón― Kondo cruzó los brazos y habló con decisión― la líder del Hyakka es una mujer noble, de buen corazón y pura. Pudiera estar rodeada de la vulgaridad y perversión, pero su alma sigue intacta; igual a Mitsuba.

― Deberías trabajar de psicoanalista, Kondou-san, se te da bien. ¿En qué momento hablas que tengo una fijación por las prostitutas a causa de mi madre?

― Hablo en serio… sólo quiero que aceptes lo que sientes, de lo contrario lo vas a volver a arruinar.

Hijikata se levantó abruptamente, iba a reclamar sobre conocerse a sí mismo, pero la conversación fue interrumpida por Yamazaki. Dijo que Yorozuya había llegado y quería hablar con él. Hijikata miró a Kondou como el hijo que busca ayuda del padre cuando se ha metido en una travesura.

― Dile que pase― ordenó Kondou― él nunca es tan formal, siempre hace lo que le da la gana. ¿Qué se traen ustedes dos?

― Supongo quiere hablar en privado― Hijikata se levantó con cansancio. Tomó su sacó y caminó a la puerta

― Le dije que esperara en la sala de juntas― observó Yamazaki nervioso.

― Usen mejor tu habitación, por si se pelean, no quiero que rompan nada― agregó Kondo guiñando un ojo.

Ignoró el comentario, se calzó los zapatos y caminó hasta donde Yorozuya esperaba. Intuía que no estaba ahí por visita social. Se sintió culpable y no entendía porque. Ya había superado esa parte desde la última vez que hablaron. ¿Qué quería esta vez?

Encontró al Yorozuya sentado frente a una mesita bostezando. Hijikata se sentó frente a él y le ofreció algo de beber, Gintoki negó.

― ¿Y bien? No tengo mucho tiempo, aún tengo que revisar algunos reportes y sellarlos― explicó el vice-comandante.

― ¿Va en serio? Lo tuyo con Tsukky― Hijikata hubiera preferido que lo retara a un duelo no escuchar aquella pregunta de él― oye no es lo que crees, ambos son mis amigos. No quiero que los idiotas del Bakufu la hagan sentir mal por tu culpa.

Gintoki siempre decía lo que pensaba, importándole nada lo que los demás entendieran o se ofendieran. Le hizo saber a Hijikata que por ningún motivo quería que ambos tuvieran problemas. Los rumores se extendieron tanto que Matsudaira lo iba a felicitar cuando lo viera, esto lo sabía por Ayame. Fue claro, no quería tampoco que su organización se ensuciara por el nombre de Yoshiwara. Aún vivían en una sociedad llena de apariencias y superficial. Aunque si iba en serio, los apoyaría con tal que ninguno la pasará mal. Hijikata se sorprendió por la declaración.

Se quedó sin palabras o tal vez se quedaron en Yoshiwara, el caso es que no respondió. Miró con fijeza la mesa de madera y pensó en miles de respuestas que no diría. Pese a tener sentido el discurso de Gintoki no se atrevió a decirle que sí, le encantaría ir en serio pero no era tan sencillo. Quizá para Yorozuya lo era, un sujeto que ha tenido más experiencias sexuales que amorosas podía decirlo, él no. Su silencio molestó a Gintoki.

― ¡Contesta! ¿A caso están jugando? Crees que ella es pura mercancía. ¿Ya has pagado los dos millones de yens? ¿Qué quieres en realidad?

― A ti que más te da― ante el tono elevado de la voz de Gintoki, Hijikata respondió de la misma manera, retando a su compañero― eres quien menos debe preguntar eso. ¡Tú tienes una relación a escondidas con la protegida de Matsudaira!

El rostro de Gintoki que ya era blanco, se tornó traslucido y un sudor frío recorrió sus sienes. Cansado, recargó su brazo izquierdo sobre la mesa y apoyó su mejilla en la mano, miró la victoria de Hijikata y sonrió.

― Nada mal, Oogushi. ¿Tendrás algo de sake para relajarnos?

― Siempre tienes que salir con alguna idiotez. Y no, no hay sake.

Guardaron silencio por un momento, Hijikata escuchó el suspiró largo que dio el protagonista.

― Viniste sólo a preguntar si iba en serio con tu amiga. ¿Tanto te preocupas por ella? ¿La quieres?

La respuesta de Yorozuya fue una sonora carcajada que pudo escucharse por todo el Shinsengumi. Hijikata se sintió ofendido, como si querer a Tsukuyo fuese un chiste.

― ¿Entonces?

― Es que… siempre preguntan lo mismo cuando un hombre se preocupa por una amiga. ¿Por qué no me preguntas si te quiero a ti? No has pensando que me puedes gustar…

Hijikata se cansó de la actitud burlona y le soltó un golpe en la cabeza mientras le pedía que fuera serio en la situación o como para que había ido a verlo. Una vez recompuesto de su ataque de risa, Gintoki se acomodó en su asiento, dejo que se relajara el ambiente. Toshiro fumó otro cigarro, esperó con los brazos cruzados que hablara.

― ¿Entonces no te importan las consecuencias? ¿Qué harás cuando todos te señalen o te miren como apestado? Cuando a Tsukuyo no la inviten a los juegos de canasta las señoras del Bakufu, o a tu hijo lo molesten por ser hijo de una prostituta.

― ¡Oye! Estás yendo muy lejos, sólo somos amigos y tú ya nos has casado ― gritó Toshiro al escuchar la posible vida que tendrían según la mente desequilibrada de Gintoki.

― Hay que pensar en el futuro, vice-comandante.

― ¿Qué me dices tú? ¿Has pensando la vida que le vas a dar a la ninja? No tienes ni en que caerte muerto, aunque ella tiene suficiente dinero para mantenerse ambos.

― Claro que sí. Un día huiremos de aquí y no nos volverán a ver.

― ¿Es en serio…?― Hijikata se relajó un momento, más por desconcierto que por ganas― ¿por qué entonces no haces publico tus sentimientos?― Gintoki sonrió como idiota y desvió la mirada― al final no somos tan distintos. Será que te reflejas en mí.

Gintoki se encogió de hombros. Lo que tenía que decir ya lo había dicho. Le repitió que no quería ver llorar a su amiga o vendría a romperle la cara, comentó que a ella le había hecho la misma advertencia sobre él, no iba a dudar en decirle sus verdades si se enteraba que trató mal a su amigo. Hijikata estaba sorprendido por la manera de protegerlos. Podía ser que se sintiera culpable, sino que por su causa ellos se conocieron. Finalmente todos a su alrededor sin excepción enredaron sus vidas a por él.

Gintoki fue el arquitecto de sus destinos.

El vicecomandante respiró profundo y miró los ojos carmesí de Yorozuya. En ellos había incertidumbre. Reconocía que esa nostalgia no era por Tsukuyo, a ella jamás la miró como mujer más que como amiga. Y el lazó que Hijikata tenía con Gintoki era fuerte, compatibles en muchos aspectos. Le hubiera gustado saber que pensaba en realidad. ¿Qué trato de decir con aquello de irse lejos con la ninja y no volver jamás? ¿Hablaba en serio? Ante esa posibilidad y su preocupación por ambos, lo aceptó. Fue más como otorgarle un regalo para que dejara de estar angustiado por ellos que lo confesó.

― Sí, me gusta, pero dejémoslo a la suerte, que las cosas sucedan, como tiene que ser.

Gintoki sonrió tranquilo, notó como se relajaba al curvar su espalda. Su presencia se hizo cada vez más amigable hasta escuchar una leve risita de su parte. Mismo Toshiro estaba sorprendió por la declaración. No tuvo más remedio que decirle a esos ojos tristes la verdad de su mismo corazón.

― Gracias― respondió Gintoki. Se preparó para despedirse― supongo que vine aquí buscando una respuesta y me lleve una lección.

― ¿De qué hablas?― pregunto Hijikata intrigado.

Su amigo no respondió, agitó la mano en señal de despedida y cruzó la puerta. No sin antes mandarle sus saludos a la líder Hyakka.

Aquello fue significativo, dio un paso más sobre sus sentimientos. Admitir que en realidad le gustaba y deseaba algo más era un peso menos en su pesada maleta. Podía ver a Kondo a la cara y decirle que quizá un día libre traería a Tsukuyo. Más tranquilo, regresó a sus actividades.

Los pasillos del cuartel estaban despejados, muchos de los miembros estaban en misiones o trabajando fuera. Kondo ya había salido a hacer algunas diligencias. Antes de entrar a su habitación y continuar con el trabajo, Sougo lo esperaba recargado en la puerta. La mirada que le dedicó llevaba más resentimiento que odio. Toshiro tragó saliva. Enfrentarlo después de lo que se confesó, era como enfrentarla a ella.

― Dame permiso, tengo que trabajar― pidió Hijikata con sorna.

El muchacho se movió y entró con él a la habitación.

― Se supone que comienza tu turno de patrullaje en media hora. Debes estar listo― recordó Hijikata.

Colgó su sacó en el perchero y desabotonó un poco su camisa para estar más cómodo. Pasaría la mayor parte de la tarde en ese escritorio. Esperó una respuesta del muchacho que sólo lo miraba con interés.

― Parece que hoy todos quieren hablar conmigo. Suéltalo ya.

― Te escuche. ¿Por qué ella y no mi hermana?

Después de varios días, Sougo se atrevió a tener esa conversación. Dio una onda fumada al cigarro y le pidió a Sougo que se sentará. Era la primera vez que dejaba su sadismo y orgullo para enfrentarlo. Las veces anteriores sólo eran peleas e insultos pero Sougo no lo decía. Necesitaba desahogarse. Una parte de Hijikata quería darle una explicación al muchacho. Tenía una idea de los reclamos que él haría, el problema era que sus respuestas nunca estaban listas para salir. Tenía un buen argumento. No era su hermana, no era por ella ni por nada en particular. Él la amaría siempre, por las siguientes vidas. Mitsuba significaba mucho para él. ¿Cómo explicarle al hermano de la mujer que amaba, que había que continuar, que fuera realista y que a la vida llegan nuevas personas?

Otras personas.

― Mi hermana quería verte feliz― señaló Sougo con una voz melodiosa― y aunque sé el amor que ella te tenía, para mí es difícil perdonarte.

Había en Sougo una actitud que no encajaba con su personalidad habitual. Si escuchó la conversación que tuvo con Yorozuya lo explicaría. No quiso preguntarle, lo dejo hablar, necesitaba sacar todo el rencor que había en él. Lo estaba asfixiando. Desmoronaba su pequeña existencia dentro de la vida de Hijikata. Siempre comprendió su sentir con respecto a Mitsuba, y todo lo que se desencadeno a causa de su decisión. El hecho de no arrepentirse jamás de su elección, es lo que enfurecía a Sougo. La aparente frialdad ante la situación, su indiferencia momentos antes de morir su hermana.

El mismo Hijikata sabía que merecía todo el desprecio de Sougo.

Puede que no lo entienda nadie y tampoco pretende que lo entiendan, pero nunca se ha arrepentido de sus sentencias. Sabía que debía aguantar los malos tratos de Sougo, era parte de su "castigo" Aunque ahora no estaba seguro a donde lo llevaría esa nueva faceta.

Y como explicarle a Sougo que las cosas cambian, que conforme sucede la vida todos se deforman o componen, siempre hay metamorfosis en las personas. Como decirle que estaba experimentando sensaciones distintas. Que en su corazón siempre estaría ella, porque fue la primera mujer que amo y no esperaba repetir ese sentimiento en especial de nuevo. Era complejo decirle a Sougo que aprendió a vivir con el recuerdo y el amor de su hermana en silencio, en el olvido, en un cajón de recuerdos que sólo abre en días lluviosos. No encontró las palabras para expresar que, si bien le gustaba Tsukuyo no sabía a donde lo llevaría ese acto. Porque había mucho barullo alrededor y estaba en juego su puesto, la asociación y la dignidad.

Como pudo, entre paráfrasis, tartamudeos y vueltas a las frases, le dijo lo que pensaba. Sougo miró el suelo mientras lo escuchaba. Hijikata repetía constantemente amar a Mitsuba. Como si eso le diera consuelo a Sougo.

― ¡Basta Hijikata-san! Ya comprendí. No soy un niño de cinco años. Sé lo que tratas de decir.

Escucharlo le provocó un suspiro y un peso menos a esa maleta llena de piedras y responsabilidades.

― Hubieras empezado por eso desde el principio. Después de todo no tienes por qué darme explicaciones. Mi hermana fue muy tonta al enamorarse de ti, pero eso la hizo feliz. Hasta su muerte. Debo darte crédito, creo.

― N-no digas eso, Sougo… yo.

El menor se levantó fastidiado del asiento. Cansado porque las piernas se entumieron y porque Hijikata se notaba más débil. Desde esa vista, percibió que los años ya habían pasado por él. La madurez se afiló en su rostro, la dureza de sus manos y las cicatrices escondidas bajo la ropa.

― Haz lo que quieras, pero hazlo bien, Hijikata idiota. Prometo ya no ofender a la puta de tu novia… pero me gusta molestarte, a ella cuando la vea le pediré disculpas.

― A ella más que a nadie.

― Aunque el Shinsengumi le caiga encima mierda por tu relación, tendremos que sostenlo.

Luego salió de la habitación sin despedirse. Azotó la puerta soji al deslizarla. Hijikata sonrió aliviado y encendió otro cigarro. El día aun no terminaba, quedaban muchas horas más al día y mucho trabajo sobre la mesa. La conversación había tenido un final escueto pero al menos Sougo no jodería más a la pobre Hyakka que no tenía la culpa de estar enredada con él. Agradeció que el muchacho entendiera.

En tanto pensaba, acomodó el desorden del escritorio. Había papeles desordenados, cenicero con colillas de cigarro, envolturas de chicles, lápices, libros que movió de lugar. Las hojas bajo los libros salieron volando por los aires al moverlos. Dejaron ver entre ellas una fotografía vieja, donde Mitsuba sonreía y él estaba a su lado. Ya había olvidado esa imagen. La tomó entre sus manos, acarició el rostro de la joven con las yemas de sus dedos. Pensó en lo maravillosa que era, el color de voz, las tiernas palabras, su melancolía al despedirse de él.

Lloró bajito y despacio.

Musitó su nombre como un secreto, un hechizo, algo que está prohibido.

Después la guardo dentro en un sobre amarillo que dejo en uno de sus cajones. El viento agitó las hojas que quedaban en el escritorio y por un momento creyó escuchar su risa. Ella quería que fueras feliz, recordó las palabras de Sougo. Al menos por ella debería serlo, solo o acompañado, pero debía serlo.

Regresó al escritorio y limpió lo que quedaba. Llamó la atención la luz parpadeante de su celular. Había dos mensajes, uno de Matsudaira y otro de Tsukuyo. El primero era notificación del director de la policía, donde le pedía verlo el día de mañana a las diez en punto y el segundo era un agradecimiento por la cita y un buenos días.

Between the salt water and the sea strand,

Then she'll be a true love of mine.

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Gracias por leer y dejar comentarios, me hacen muy feliz, voy a darles una bella historia =) porque se lo merecen, ustedes y estos personajes con el corazón roto.

Por cierto, les comento que este fic tendrá sólo 10 capitulos, así que faltan 3 más para que finalice. Estén al pendiente.

Ifis de nuevo, abre una cuenta ;)

Ileana, deberías dejarme un rew por aquí también, aunque tú siempre me dejas tus impresiones en FB. Sería lindo que también se quedaran marcadas aquí :D