Mentir
Dos días habían pasado desde su regreso de Howgarts y dos días los que llevaba encerrada en su habitación. Sus padres atribuían ese comportamiento a la tristeza provocada por la muerte del director, y obviamente estaba afligida por semejante pérdida, pero no sólo era eso. El que Harry hubiera terminado con ella era lo que la tenía deprimida. Ella entendía que el joven debía cumplir una misión y que lo hacía para protegerla, pero eso no disminuía su aflicción.
Desde que habían llegado a La Madriguera, Ron no dejaba de lanzarle miradas sospechosas, como si temiera que en cualquier momento Ginny rompiera a llorar. Pero había llegado el tiempo de ser fuerte y llorar porque su novio había terminado con ella, no era lo más correcto. No al menos cuando habían ocurrido cosas peores, como el ataque a Bill o todas las muertes de muggles y magos.
Pero a pesar de todo, lo de Harry seguía doliendo y dolería por mucho tiempo más.
Unos golpes en la puerta la sacaron de sus pensamientos. Dejó la revista que había estado leyendo sin ganas y se levantó para contestar. Al abrir la puerta, se encontró con Ron.
-Mamá dice que la cena está lista –
Ginny asintió y se dispuso a cerrar, pero Ron se lo impidió.
-¿Puedo pasar? –preguntó.
Ginny mantuvo la puerta abierta como respuesta. Ron entró y se sentó en la cama de su hermana. La pelirroja tomó asiento al lado de su hermano, dándose cuenta que hace mucho no se encontraban juntos de esa manera.
-Estás deprimida –comentó Ron con simpleza.
Ginny trató de ocultar la sorpresa. ¿Desde cuándo se había convertido su hermano en una persona observadora?
-No –
Ron arqueó una ceja.
-A mi no me puedes mentir. ¿Te olvidas que era yo el que siempre descubría que habías hecho una travesura cuando eras pequeña sólo con verte a la cara?
Ginny miró a su hermano, mientras los ojos se le llenaban de lágrimas. Era cierto lo que decía. Antes de que Ron se fuera para Howgarts, ambos habían sido los mejores amigos del mundo y si había algo que extrañaba era la cercanía que habían disfrutado siendo pequeños. A veces podía ser terco, inmaduro y extremadamente celoso, pero a pesar de todo, y de que se habían separado en los últimos años, seguía siendo el hermano que más la conocía.
Con una delicadeza inusual en él, Ginny sintió cómo Ron la abrazaba. Ocultó la cara en el hombro de su hermano y empezó a llorar. Ron pasó la mano por el cabello de Ginny, una y otra vez, hasta que dejó de sollozar. La muchacha se limpió las lágrimas y lo miró.
-¿Sabes que Harry lo hace por tu bien, verdad? –preguntó Ron.
-Si –dijo Ginny –Pero no por eso deja de doler.
Ron la miró, comprensivo.
-Cuando todo esto termine, él volverá contigo –dijo Ron- Y si no lo hace, yo me encargaré de dejarle otra cicatriz.
Ginny dejó escapar una risita.
-No es necesario. Harry siempre cumple su palabra.
El pelirrojo le dio un último abrazo y se puso en pie.
-Baja a comer pronto –
-Vale– dijo Ginny.
Ron caminó hasta la puerta, pero Ginny lo llamó.
-Ron –
-¿Qué pasa? –preguntó, curioso.
-¿Me perdonas por haberte dicho lo de Krum? Sé que por eso te fuiste detrás de Lavender, todo por mi culpa –
Ron se puso rojo como un tomate.
-Eh…está bien.
Ginny rió nuevamente por la cara de su hermano.
- Pronto las cosas con Hermione avanzarán, ya verás.
Esta vez su hermano no fue capaz de articular palabra. Asintió con la cabeza y luego salió del cuarto de su hermana.
Ginny sonrió para sus adentros. Por el momento no tenía a Harry, pero tenía a Ron y eso era razón suficiente para sentirse un poco más feliz.
Sólo esperaba con toda el alma que lo que su había dicho su hermano se hiciera realidad; que todo terminaría y Harry volvería con ella.
Nota del autor: Hoy me dio por escribir de relaciones de hermanos, hice algo parecido para las viñetas de RHr.
Me gusta mucho la relación entre Ron y Ginny y estoy segura de que en algún momento de ese verano hablaron sobre su rompimiento con Harry.
