Hola chicos,
Siento en verdad haber tardado tanto en esta publicación. Realmente la falta de tiempo juega en contra, me sentaba a escribir y siempre se presentaba algo.
Quiero agradecerles a todos sus comentarios, en verdad gracias por acompañarme, por opinar, por seguir esta historia. Estoy ansiosa por seguir escribiendo, entramos poco a poco al tema central que cambiará todo en el curso de la historia. En este episodio veremos cómo Icarus busca una forma de interpretar el pergamino, por otro lado, Hermione esforzándose por traducirlo, Harry combatiendo un remolino de emociones que no consigue entender... en fin... no seguiré contando porque quiero que lo lean ustedes ;)
Un besote enorme, gracias de nuevo y buen viaje!
VII
Amigo o enemigo
Universidad de Florencia
Escuela de Paleografía
Italia
A Icarus Prewett Black le importó una mierda que las Apariciones estuvieran reguladas por el Ministerio, sobre todo cuando se trataba de movilización de un país a otro. Lo sabía muy bien gracias a su nómade vida. No podía perder más tiempo, ya había dejado pasar un día. Luego de arrebatarles el pergamino a esos insufribles Aurores que no sabían hacer otra cosa que entrometerse en asuntos ajenos, el mago regresó a la mansión de su madre Lucretia y se dejó caer en el amplio sofá de fines de siglo. Extrajo un habano que guardaba en el interior de su capa para fumar y celebrar lo que consideraba un triunfo frente a las autoridades. El cigarro estaba algo húmedo gracias a la lluvia pero secó el tabaco con la punta de su varita. Fumó tranquilo sabiendo exactamente cuáles eran sus siguientes pasos. Se incorporó dirigiéndose a la cocina. Sobre el fogón central un pequeño caldero humeaba tranquilamente e Icarus se acercó para mirar en su interior. La poción efectivamente estaba muy avanzada. Sólo faltaría un ingrediente y unos cuantos días para que estuviera lista y fuera por fin tras ese niño que significaba un nuevo comienzo o su final, que obviamente no estaba dispuesto a aceptar. Por lo pronto, necesitaba un traductor para aquel lenguaje lleno de runas que no lograba comprender. Gracias a la información proporcionada por Ignatius, ese cobarde que sólo tuvo que presionar un poco para que cantara como un canario, sabía hacia dónde debía dirigirse. Durmió un poco para recuperar fuerzas y claridad en su mente.
Al día siguiente, Icarus se Apareció en uno de los tantos callejones de la ciudad de Florencia, ciudad que conocía muy bien debido a sus constantes funciones para los muggles. El sol despuntaba entre los edificios y el mago acomodó el sombrero de copa sobre su cabeza saludando muchas veces de forma cortés a las mujeres que pasaban por su lado. Le gustaba alardear su elegancia e ironía frente a los que consideraba una raza inferior. Transitando por varias cuadras, una de las avenidas desembocó en la Piazza di San Marco donde corrían algunos vehículos con el apuro típico de la mañana rutinaria. Icarus avanzó por ella hasta la Universidad de Florencia donde varios estudiantes ingresaban por las puertas principales riendo y platicando. Se dirigió a uno de ellos preguntando por el profesor de Paleografía, Biagio Fornazzari. El joven no vaciló en indicarle la dirección de su oficina en la segunda planta. El moreno le agradeció educadamente y caminó hacia el interior del inmueble sin mayores complicaciones, mezclándose entre la gente.
-¿Es usted el profesor Fornazzari?- preguntó Icarus en perfecto italiano, una vez detenido en el umbral del despacho. Dentro, un hombre de delgada contextura y anteojos de gruesos marcos dejó de escribir para volverse a él. El moreno tuvo que obligarse a no rodar los ojos. Aquel hombre tenía el típico aspecto de un erudito, saco a cuadros, parches en los codos y peinado relamido hacia un lado. Estos muggles son tan predescibles, pensó.
-Sí, soy yo. ¿En qué puedo ayudarlo?- para el facultativo fue muy llamativa la apariencia de ese personaje. La larga capa color vino tinto y su mirada profunda fueron dos aspectos que no pudo pasar por alto. Icarus se acercó a él despacio y tomó asiento al otro lado de su escritorio sin esperar a ser invitado.
-Mi nombre es Icarus Prewett Black- se presentó con su voz armoniosa y seductora.- Necesito de su asesoría con respecto a este manuscrito- dijo, estirando el pergamino hacia el profesor. Biagio Fornazzari frunció el ceño frente a su falta de rodeos y se acomodó mejor las gafas sobre el puente de su nariz. Tomó el texto entre sus dedos para mirarlo de cerca. – Es un manuscrito muy antiguo e importante. Es imprescindible traducirlo lo más pronto posible.
-¿Es un pergamino de valor arqueológico?- preguntó el italiano provocando en Icarus mayor seriedad en su rostro. Torció su pícaro bigote meneando la cabeza.
-El que tenga valor arqueológico o no, no es el tema de esta conversación- zanjó el mago de raíz, ya que sabía hacia dónde apuntaba la sugerencia del facultativo: donar el documento a alguno de esos estúpidos museos exhibicionistas de huesos.- Sé que usted es uno de los mejores en el campo. ¿Qué puede decirme de ese texto?- Biagio volvió a posar la vista en el pergamino y recorrió cada línea de izquierda a derecha. Sentía la mirada del moreno sobre él como un peso sobre sus hombros. Sus ojos infinitamente azules tenían el extraño efecto de provocar frío subiendo por su espalda. Acometido por unos nervios inesperados, se puso de pie para apoyarse de uno de sus diccionarios de runas antiguas ubicado en la repisa a su costado. Buscó algunos símbolos reparando que muchos de ellos no estaban en el texto. Volvió a fruncir el ceño, intrigado.- ¿Qué sucede?- quiso saber Icarus después de unos minutos de total silencio.
-Este lenguaje es curioso, nunca antes había visto semejante alfabeto.
-¿Puede traducirlo o no?
-No lo sé… esto requiere tiempo…
-Pues es precisamente de lo que carezco- interrumpió el mago, impaciente. Recordó que aquella Auror, la muchacha castaña, había sido capaz de traducir unas cuantas líneas sólo a simple vista cuando estuvieron dentro de la Sala de los Recuerdos. Se convenció aún más del talento que poseía esa chica.
-Creo que habla de un poder oscuro…- aventuró Fornazzari, no muy seguro- Una maldición que desatará una reacción en cadena al ser iniciada.- Icarus alzó las cejas instantáneamente. Se apoyó en el escritorio, envuelto en renovado interés. El facultativo añadió- Dice algo… una palabra que no comprendo… creo que dice… ¿muggles?- Bingo, fue la palabra que resonó en la mente del mago. Con sus movimientos pausados, Icarus se puso de pie paseando dentro de la oficina de un lado para otro, persiguiendo sus conclusiones. Aquello había sido un dato importante. Celandia Bloom era hija de muggles, ya lo sabía… esa Auror, amiga de Harry Potter, ¿lo era también? ¿Era posible que ese dolor intenso en sus huesos tuviera relación con la condición de sangre? Aquella hipótesis era tan apetitosa que no pudo reprimir la sonrisa en sus labios. Se volvió hacia el italiano tomando asiento nuevamente.
-Bueno, profesor…- dijo sacando su varita del interior de la capa y apuntando la puerta entre abierta tras él- Parece ser que nos espera un arduo trabajo de traducción- y para sorpresa de Biagio Fornazzari, la puerta de su oficina se cerró de golpe por sí sola.
A Harry le desagradaba el ácido aroma a hospital, pero no pudo eludir a Hermione en su insistencia de que fuera a St. Mungo para atenderse con Luna, quien cumplía su turno de medianoche. Después de recibir dos patadas en pleno rostro, era obvio que necesitaba de la atención de un sanador y quien mejor que su rubia amiga. La castaña dejó a Harry en buenas manos y se fue con rumbo a la mansión de Grimmauld Place para cuidar de Teddy. Uno de los dos debía estar con él por seguridad, y con mayor razón luego de que Icarus obtuviera una copia de la Profecía. Hermione se despidió de sus amigos encaminándose a la salida del cuarto bajo la atenta mirada del ojiverde.
Harry estaba totalmente embrollado, perdido en un callejón sin salida. Haber deseado besar a Hermione con tanto fervor, logró echar abajo todo un castillo de naipes que juró estúpidamente sólido. Trató de justificar su impulso a que estaba muy emocionado al saber que no había perdido el pergamino, a que su mejor amiga siempre estaba allí para salvarle la vida; pero su maldito corazón no dejaba de molestar, de bombear más sangre cada vez que pensaba en ella o recordaba que todavía estaba prendida de Ron. Aquello le punzó el estómago. La certeza de que el pelirrojo estaba actuando en pos de recuperarla, le molestaba tanto que ya no respiraba con libertad. ¿Qué estaba sucediendo con él? Estaba completamente asustado de sus nuevas emociones, no eran normales. Mientras que Luna preparaba un brebaje para calmar el dolor, Harry tenía la mirada perdida en el suelo de la habitación. La rubia notó cierta tristeza en su mirada y antes de preguntarle la razón, le corrigió el hueso de la nariz con la punta de su varita. El moreno gimió saliendo de súbito de sus pensamientos.
-¿Por qué esa cara, Harry? Cualquiera diría que no tuvieron éxito en la búsqueda. Deberías estar contento. Hallaron el pergamino, Hermione lo traducirá y sabremos de qué trata la Profecía. Nos prepararemos para lo que sea.- el joven la escuchó algo ausente y asintió, despacio.
-Sé que así será, Luna- dijo sin sonar muy enérgico.
-¿Pasó algo más en Azkaban? Aparte de tus típicas peleas que me dan trabajo- comentó ella tratando de sacarle una sonrisa. Harry no sabía qué decir, sólo una cosa ocupaba su mente.
-¿Ron te ha dicho algo sobre querer volver con Hermione?- aquella pregunta fue tan inesperada que Luna frunció el ceño, gesto poco común en ella. Limpió la sangre en el rostro del moreno y le dio el brebaje para que lo bebiera mientras estuviera caliente.
-Sabes bien que Ron no es de los que cuentan algo así, es muy reservado con sus sentimientos.- Harry lo sabía tan bien como ella. Bebió del líquido sintiendo un fuerte sabor salado en su lengua, sin embargo, el dolor permanente en su nariz y quijada menguó hasta desaparecer.- ¿Por qué me preguntas?
-Sólo por curiosidad. He notado algunos cambios en él y sólo confirmaba mis sospechas.- Luna asintió, mostrándose satisfecha con la simple respuesta. Giró sobre sus talones para ordenar sus instrumentos y botellas en las vitrinas de un costado.- ¿Crees que Hermione siga enamorada de él?- la rubia se volvió hacia él repitiendo el fruncimiento de su ceño. Dos preguntas muy extrañas y totalmente fuera de contexto. Se quedó pensando unos segundos que Harry sintió eternos.
-Hace unos días conversamos sobre eso. Me aseguró que no pero…
-¿Pero?
-No lo sé, creí que me estaba mintiendo, que aún le interesaba, sin embargo esa noche en el cementerio noté que puede hacer oídos sordos a esos sentimientos cuando se trata de ti- esa afirmación de Luna casi lo hace caer de la camilla en donde estaba sentado. Harry sintió su estómago subir y bajar a una velocidad que logró marearlo un momento. Se dio cuenta que una sonrisa luchaba por dibujarse en sus labios.
-¿A qué te refieres con eso?
-No estoy segura, Harry. Quizás su amor fraternal vence muchas veces su amor por Ron- no era precisamente lo que el ojiverde esperaba escuchar. Dejó caer sus hombros de modo casi imperceptible. Lo de Amor fraternal le quedó dando vueltas en la cabeza como el molesto zumbido de una mosca. Se sentía decepcionado, y mucho más enojado al saber que tenía la inapropiada esperanza de que Hermione pudiera sentir algo más que sólo eso. No estaba bien. Tenía que concentrarse en Ginny, ella era su novia, por ella había esperado tanto tiempo. Sin embargo, una idea cruzó por su mente y su cuerpo se llenó de plomo. A veces se puede esperar mucho por algo… pero al conseguirlo, te das cuenta que no es lo que esperabas después de todo. Esa certeza, tan lapidaria como una sentencia de muerte, logró desconchar del alma de Harry la seguridad que juraba tener como pintura seca. Suspiró para liberarse del aire amargo en sus pulmones, le agradeció a Luna su atención, se despidió de ella y salió del cuarto arrastrando los pies. Sentía que había ganado más de mil años de cansancio.
De vuelta en la mansión, Andrómeda y Teddy dormían en sus respectivas habitaciones que el moreno había preparado para ellos. El silencio sucumbía en el interior de la casona siendo sólo el crepitar del fuego el sonido reinante. Harry se quitó su abrigo dejándolo en el perchero para entrar a la sala y calentarse frente a la chimenea. No sabía muy bien el porqué de su estado anímico, si el hecho de que Icarus tuviera también el manuscrito, copia o no, o las palabras dichas por Luna hacía unos minutos atrás. Todo estaba perdiendo sentido en su cabeza. Deseando una taza de té caliente, se dirigió a la cocina empujando la puerta. Al cruzar el umbral, se detuvo de golpe al ver a Hermione dormida apoyada en la mesa cubierta de libros. Bajo sus brazos estaba el pergamino y Harry supo al instante que ya estaba trabajando en su traducción. La observó unos largos segundos antes de despertarla con delicadeza. Hermione abrió sus ojos y se enderezó en el asiento estirando sus músculos.
-Lo siento, estaba leyendo y el agotamiento me venció.- se disculpó ella para luego frotar sus ojos.
-No te preocupes- le dijo el moreno acercándose al fogón para preparar algo de comer.
-¿Cómo te sientes? ¿Mejor?
-Sí, Luna es muy buena corrigiendo fracturas- Hermione sonrió y se puso de pie para ayudarlo en la cocina. En silencio, los jóvenes frieron algunos huevos y tocino para recuperar sus fuerzas. La noche había sido larga y bastante movida.
-Ginny aún estaba aquí cuando llegué. Luego me concentré en la lectura y no la escuché irse - habló la muchacha al tiempo que vertía agua caliente en las tazas. Harry no dijo nada y se llevó un poco de comida a la boca. Hermione agregó- ¿Todo está bien entre ustedes?
-Sí, todo está bien- respondió con el bocado a mitad de la garganta. La castaña lo miró de reojo y no quiso decirle nada. Sabía cuándo su mejor amigo le estaba mintiendo y sabía también cuándo no insistirle para no incomodarlo.
El tocino sabía a trozos de espuma en la garganta del ojiverde. La plática con Luna lo estaba mareando y eso, mezclado con lo sucedido en Azkaban, no le permitía comer con tranquilidad. Dejó su plato a un lado y bebió el resto de su taza de té para bajar la presión en su tráquea. Miró a un lado de Hermione y el pergamino reposaba sobre la mesa como cualquier trozo insignificante de papel. Tanto sacrificio por él le pareció absurdo. Hermione, al notar que su atención estaba puesta en el texto, le comentó que la traducción se había tornado compleja. Muchas de esas runas eran desconocidas para ella. Tendría que investigar más de lo que pensaba y recurrir a diferentes diccionarios. Al cabo de un rato, la joven se dispuso a marcharse cogiendo su abrigo. Ya la noche estaba lo suficientemente avanzada como para seguir despiertos, pero Harry le sugirió quedarse en la mansión. De hecho, fue una propuesta que escapó de su boca sin siquiera esperarlo. Hermione lo miró unos segundos, percibiendo que el muchacho estaba algo nervioso.
-¿Pasa algo?- formuló la pregunta con cierta preocupación. El moreno se encogió de hombros.
-Nada, sólo digo… es tarde y ya sabes que dispongo de varias habitaciones en la mansión… - dijo sabiendo que estaba hablando más rápido de lo normal.- Además, Teddy estará mucho más protegido con nosotros dos bajo un mismo techo.- la joven lo pensó unos segundos y finalmente aceptó, llevándose con ella todos los libros y el pergamino a la segunda planta. Al subir, Harry la detuvo frente a la puerta de la habitación indicándole que no era necesario que siguiera trabajando, debía descansar.
-Lo sé, pero… ¿y si Icarus lo resuelve antes que nosotros?
-No te obsesiones con ello. No nos vencerá, te lo prometo.- Hermione se dejó convencer por su argumento. Efectivamente no tenía las fuerzas para seguir leyendo, mucho menos debatirle, necesitaba dormir. Le entregó los libros y el pergamino introducido entre las hojas y giró el pómulo de la puerta para poder entrar. Harry carraspeó atajándola en el umbral un segundo. Agregó- Gracias por lo que hiciste en la celda, si no fuera por ti… estaríamos con las manos vacías.
-No hay de qué, Harry- le dijo ella- Buenas noches.- y con ello, entró al cuarto cerrando la puerta. El ojiverde se quedó unos segundos mirando la madera frente a él.
Al ingresar a su propio cuarto, algo desalentado y taciturno, caminó hacia el armario y buscó toallas limpias. Necesitaba sentir agua caliente sobre su cuerpo cansado y algo rígido. Se dio un baño que prolongó varios minutos por sobre lo acostumbrado y regresó a su habitación dirigiéndose a su cama en la penumbra. De pronto, reparó en un bulto bajo las cobijas y era GInny quien dormía sobre su colchón. La sorpresa lo dejó de pie unos instantes sin saber qué hacer. No se había marchado después de todo y se molestó consigo mismo al desear que no estuviera allí. Al otro lado del pasillo estaba su mejor amiga, y esa certeza le removía más cosas en su interior de lo que esperaba. Sabía que no podría dormir. Tratando de hacer el menor disturbio posible para no despertar a la pelirroja, Harry se acostó a un lado mirando la ventana. La noche comenzaba a aclarar… como de la misma forma lo hacía su mente…
Harry… Harry… no puedo… por favor... déjame sola… déjame… - la voy de Hermione, aunque lejana y con eco, sonaba claramente en los tímpanos de un Harry profundamente dormido en su cama. Se movía de un lado a otro sintiendo las sábanas tan pesadas sobre su cuerpo como hechas con retazos de plomo. Al tiempo que gimoteaba y apretaba sus párpados con fuerza, su novia Ginny lo despertó sacudiéndolo por los hombros. La pelirroja no disimulaba la preocupación en su rostro una vez que el ojiverde había despertado con sobresalto. Había pasado una nueva noche desde lo sucedido en Azkaban y al parecer, la misma pesadilla lo perseguía sin descanso. Harry no quería desentrañar lo que esas imágenes difusas de la castaña, lágrimas y su angustia significaban, algo le decía que se avecinaba algo importante, algo trascendente y quizás Icarus tendría que ver con ello. Aquel día, después de un despertar turbulento, la pareja bajó las escaleras encontrando a Andrómeda preparando el desayuno con Teddy sentado a la mesa, jugando con la comida. Harry le quitó el cuenco de leche que desparramaba por todas partes y con la molestia de su ahijado, causó que los vasos en las alacenas estallaran al unísono. El poder del pequeño seguía inquebrantable.
Luego de casi una hora, Ginny se disponía a marchar a su trabajo en El Profeta cuando Hermione llegó a la mansión como un vendaval. Ya se había hecho costumbre que la castaña llegara con montones de libros bajo el brazo y miles de hipótesis que desentrañaba junto a su novio como máquina aceitada. No podía negar lo celosa que estaba de ella. Nunca imaginó que con el tiempo ese sentimiento pudiera aumentar. No lograba encontrar la forma de competir con la relación que ambos sostenían, era imposible. Trataba de convencerse de que Harry nunca la vería más allá que como una amiga. Sin embargo, subconscientemente, la pelirroja sabía que era una bomba de tiempo que le reventaría en sus narices.
-Ha sido más complejo de lo que esperaba- comentó Hermione, dejando todos sus documentos y libros sobre la mesa de la cocina. Andrómeda dejó sus quehaceres para tomarle atención. Teddy la saludó con su boca llena de cereal. – Hay runas en el pergamino que jamás había visto.
-¿Has logrado traducir algo?
-Sí, pero no es mucho…- dijo ella sonando como una disculpa. Harry le sonrió a modo de consuelo. Ella ya estaba haciendo demasiado. La joven abrió su cuaderno y leyó en voz alta:
"Lo llamarán el Último Hechicero y temerán los enemigos al conocer su poder y talento,
"Será bienaventurado por el apellido que ostenta, siendo Black su honor y nobleza,
"Podrá vencer la fuerza de mil tormentas y provocar millones con su gran destreza,
"Desde la larga estirpe de la familia Black, descienden dos que no se deben encontrar,
"Una fuerza incontenible reside en sus corazones: uno puro y el otro oscuro,
"Puro es del último mestizo del ancestral apellido, oscuro es el de linaje mágico y crudos ojos fríos"
Al terminar de leer, Hermione guardó silencio, bajó el cuaderno despacio y no pudo evitar mirar al pequeño Teddy a su lado con especial preocupación. Lo de crudos ojos fríos le quedó dando vueltas en la cabeza. Recordar la mirada azul de Icarus, tan gélida como despectiva, la inquietaba tanto que se sentía hasta vulnerable. Andrómeda no supo qué decir para romper el espeso silencio, mientras que Harry tomaba asiento en una de las sillas. Parecía que le pesaba el alma.
-Tranquilo, Harry… Icarus no se acercará a Teddy- comentó Ginny tomándolo del hombro con ternura.- Debemos tener los ojos bien abiertos. Si es tan intrépido cómo dicen, por ningún motivo bajaremos la guardia- El moreno asintió, manteniéndose pensativo. Hermione quiso acercarse a él pero la firme presencia de la pelirroja le advirtió extrañamente que no era buena idea. De un tiempo a esta parte, sentía que su amiga se estaba alejando de ella para rodear a Harry con un cerco impenetrable. No entendía el por qué.
-Sigo trabajando en el texto, Harry.- habló la castaña estirando el pergamino sobre la mesa- Le informé al Cuartel General que conseguimos la información y Kingsley se ha abocado en localizar la ubicación de Icarus en el mapa. Está convencido de que tratará de encontrar un traductor en alguna parte.- el moreno imaginó a ese mago sin escrúpulos utilizando a algún facultativo para su propio beneficio. Apretó los dientes de la ira. Hermione retomó la palabra- El siguiente párrafo contiene las runas más extrañas que hubiera visto y una palabra que me preocupa sobremanera… creo que dice muggles, aunque no estoy muy segura.
-¿Crees que la profecía o la maldición de la que especulan, tenga que ver con ellos?- preguntó Harry sabiendo que su mejor amiga en esos instantes pensaba en sus padres. La castaña se encogió de hombros mostrándose algo angustiada.
-No sé cuánto tardaré en traducirlo. No es algo sencillo, como lo fue transcribir Beddle, el Bardo que le regalé a Teddy.
-Me encanta la historia de los Tres Hermanos- comentó el pequeño, ajeno ante la tensión de la plática- ¿Podrías contármela otra vez, tía Hermione?- la joven lo miró y le sonrió amorosamente.
-Por supuesto.
Harry se conmovió al ver que su ahijado tuviera semejante cariño por su mejor amiga. Teddy tenía sólo cuatro años de vida y sus ojos le brillaban cada vez que la miraba. Comprendió que la personalidad de Hermione era simplemente magnética. Aún no entendía por qué Ron la había dejado de lado durante su relación, por qué no la había valorado. Ahora, el pelirrojo estaba merodeando sobre sus pasos. Sabía que Ron buscaba la forma de reconquistarla y eso le robaba la paciencia. No quería que lo consiguiera. Ella se merecía algo mejor que un hombre que sólo buscaba hacerla enfadar. No negaba que Hermione se veía hermosa enojada, pero mil veces más cuando sonreía. Al cabo de un rato, Ginny se fue al periódico y la castaña cumplió la petición de Teddy sentándose con él en el sofá para leer su cuento favorito. Harry, sintiendo que la impetuosidad tomaba las riendas de sus acciones, se excusó con ella y Andrómeda y salió de la mansión con rumbo al Callejón Diagon, más específicamente a Sortilegios Weasley donde había una persona con la cual tenía que hablar.
Caminando por Charing Cross Road, el moreno trataba de hacer oídos sordos a su mente que le gritaba que estaba entrometiéndose en algo que no debía. Hermione era sólo su amiga, Ron podía volver con ella si era lo que quería, pero no, su corazón latía fuerte y con miedo de descubrir la razón de su molestia. Harry atravesó el muro de piedra y caminó por el callejón dirigiéndose a la tiendas chascos fundada por los gemelos Weasley. Allí estaba Ron, en el mostrador conversando con un chico que compraba varias bombas de humo y pastillas vomitivas. Al verlo, el pelirrojo lo saludó a distancia y Harry le fingió una sonrisa. Mientras esperaba que se desocupara, el ojiverde caminó por la tienda viendo los artículos nuevos que había creado George. A pesar de su pena constante por no tener a su gemelo a su lado, el pelirrojo seguía con su sentido del humor intacto. De pronto, un agradable aroma a vainilla lo envolvió. Harry aspiró a todo pulmón y se volvió buscando el origen. Un caldero burbujeaba expeliendo un vapor color anacarado. Se acercó y volvió a oler. Sí, definitivamente era vainilla, y quizás a libros, ese exquisito aroma a hojas secas y limpias.
-Vaya, sí que te gusta lo que hueles, ¿eh?- le comentó George, palmoteando su espalda. Harry salió de su hipnotismo de golpe. – Eso es Amortentia, o también conocido como Filtro de Amor… cuidado con ella que puede ser peligrosa.
-Ya lo creo- dijo Harry teniendo la extraña sensación de haber olido esos aromas antes. Ron apareció a un lado de ellos y George los dejó solos para atender a los clientes.
-¿Qué te trae por aquí? ¿Todo bien con Teddy?
-Sí, está seguro en la mansión. Quiero atrapar pronto a Prewett, no me agrada la idea de tener a mi ahijado encerrado allí como un prisionero.
-Haces lo correcto, amigo.- le dijo el pelirrojo, sonriendo. Harry no supo cómo empezar la plática sobre Hermione. Le parecía estúpida su visita allí y quiso irse por donde había llegado pero sus pies no le obedecieron. La batalla que se libraba en su interior no era nada agradable, no quería sonar fuera de contexto como sonó frente a Luna en St. Mungo. De seguro su rubia amiga estaba atando cabos en esos momentos. Sin embargo y para su propio alivio, fue Ron quien sacó a la castaña a colación.
-Así que Hermione ha logrado traducir algunas líneas del pergamino- comentó como cosa trivial. Harry frunció el ceño.
-¿Cómo lo sabes?
-Fui a verla al Ministerio esta mañana. Estaba empecinada en descubrir lo que significaban las runas que no aparecían en sus diccionarios- tras decir eso soltó una breve risotada- Debiste verla, estaba tan fastidiada consigo misma por no descubrirlo que me recordó cuando éramos estudiantes, ¿recuerdas?- Harry no lo escuchaba muy bien. Sus palpitaciones golpeaban sus tímpanos sintiendo una clara oleada de celos. Intentó no reflejar su disgusto en la expresión de su rostro.
-¿Por qué fuiste a verla?
-Sólo quería saber cómo estaba. Desde que fueron a Azkaban que no he tenido noticias…- Harry caminó hacia otra de las estanterías alejándose de la Amortentia. El aroma lo estaba volviendo loco y algo malhumorado. Ron lo miraba con intriga. Aún no sabía la razón de su visita allí y lo siguió por el pasillo caminando despacio.
-Todo ha salido bien. Hermione duplicó el pergamino e Icarus sólo se llevó una copia- le informó tratando de distraer su mente con otros detalles.- Pero no debemos confiarnos. Ahora tenemos que conocer lo que dice ese manuscrito antes que él para evitar lo que sea que la profecía indique.- Ron asintió y se dedicó a ordenar algunos artículos en sus respectivos lugares bajo la insistente mirada del moreno. Finalmente, Harry decidió ir al grano.- ¿Estás más atento con Hermione porque has decidido volver con ella?- las orejas de Ron se encendieron de un segundo a otro. Asintió con la cabeza después de unos largos segundos- ¿Por qué?
-Bueno, este tiempo sin ella me ha abierto los ojos ¿sabes?- dijo bajo un tono más serio.- Cometí el error de alejarme cuando debí hacer precisamente lo contrario. Quiero intentarlo de nuevo.
-No creo que sea buena idea… - la respuesta salió de la boca de Harry casi como un vómito. El pelirrojo se volvió a él esperando su argumento. Era la primera vez que el ojiverde daba su opinión al respecto. Nunca antes había dicho palabra alguna, pero lo curioso fue que no sonó nada amigable.- Es mejor que dejes las cosas como están, ¿no te parece? Hermione sufrió mucho por culpa tuya.
-Pero… por eso quiero enmendarlo.- respondió Ron.
-No es la manera. Ayudándola a superarte lo es.- Harry se desconocía a sí mismo al escucharse tan denso y cortante. Continuó- Yo la vi llorar por ti, dolida por tu distancia. Le presté mi hombro nuevamente para que descargara su pena...
-¿Nuevamente?
-¿Olvidas lo de Lavender Brown?- los colores en el rostro del pelirrojo pasaron por todas las tonalidades existentes. Rumió su desacuerdo.
-Eso fue hace mucho tiempo.- dijo en un intento de defensa. Cómo olvidar las aves asesinas que la castaña le había arrojado en un arrebato de furia.- Si Hermione sigue sintiendo algo por mí, no veo por qué no intentarlo. Sé que te preocupas por ella, pero te aseguro que ahora será diferente.
¿Diferente?, repitió el moreno para sus adentros. Un volcán parecía a punto de hacer erupción en su interior. Lo último dicho por Ron lo dejó desprovisto de palabras. No sabía si su mejor amiga seguía enamorada de él como lo estuvo en el pasado, no volvieron a hablar de ese tema. Tal vez tenía razón, si ella lo seguía amando no había razones para no intentarlo de nuevo. Eso le quitó inesperadamente el aire a sus pulmones, se sentía como un pobre investigador de asuntos inapropiados, ¿qué estaba haciendo? El aroma de la Amortentia aumentó hasta el punto de casi asfixiarlo. Para su fortuna, el brillo de una figura blanca los interrumpió en su plática. El Patronus de Kingsley Shacklebolt se hizo presente en la tienda de chascos. Ambos guardaron silencio al instante, mirando la forma flotando frente a ellos. Harry, hemos detectado que Icarus se ha Aparecido en Florencia. Dirígete ahora mismo a Earlham St, allí habrá un Traslador para ti. Aquello fue casi un regalo del cielo. Harry necesitaba de una buena excusa para terminar con la visita y salir de allí, ya no podía seguir conversando manteniendo su rostro ecuánime. Estaba metiéndose en algo que le descomponía su estado de ánimo. Se despidió de los hermanos Weasley y corrió hasta la dirección indicada por Kingsley. En la esquina, una bota vieja e incongruente al resto del paisaje, lo esperaba. Al cogerla, fue transportado entre un remolino de imágenes y luces a la hermosa ciudad de Florencia. Cayó en las cercanías del Museo de Historia Natural donde al tocar suelo firme se apoyó en la pared tratando de ubicarse. Observó para ambos lados de la calle y respiró tranquilo al comprobar que no había muggles en las cercanías. En la intersección de las siguientes calles, Harry escuchó un leve silbido y reparó que su compañero Eddie Carmichael lo llamaba con gestos a la distancia. El moreno se aproximó al grupo de cuatro Aurores que lo saludaron al llegar.
-¿Y Kingsley?- preguntó el ojiverde al no ver al ministro allí.
-Rodeó la manzana hacia la universidad junto a Lochrin. Se recibió una notificación de que Prewett se Apareció cerca de aquí hace un par de horas. Se cree que se encuentra en el interior del edificio- contestó su compañero. Harry desenfundó su varita de inmediato. Estaba tan hiperventilado y disgustado que sólo quería medirse en fuerzas con ese tipo y acabar con él de una vez por todas.
-¿Por qué no está Granger contigo?- preguntó Samuels, otro de los magos citados. El moreno pensó que se trataba de una broma. Sólo quería distraer su mente de ella. Ya había desvariado suficiente.
-Se quedó cuidando de Teddy, mi ahijado.- dijo sin dar pauta a continuar preguntando.
Sin más rodeos, el grupo de Aurores dirigió sus pasos hacia el recinto educacional, tal como les había ordenado Kingsley minutos antes. Los cuatro jóvenes se replegaron por diferentes flancos acaparando gran parte del terreno. Harry y Eddie Carmichael fueron quienes se acercaron al frontis viendo cómo un grupo numeroso de estudiantes platicaba en la entrada y estacionaba sus motocicletas en la vereda. Su instinto les advertía que algo no andaba bien. No les daba buena espina que el edificio estuviera tan concurrido. Si Icarus estaba allí, de seguro buscaba un profesor de lenguas y no dudaría en poner en riesgo a los muggles presentes por conseguir su objetivo. Ese mago no tenía respeto por nada. Confundiéndose entre los alumnos, Harry, seguido de cerca por Carmichael, subió una escalinata de piedra hacia el segundo piso, reparando que la afluencia no era tan caótica como en el nivel anterior y sólo por impulso, continuó por el corredor mirando por cada aula. Cerca de la esquina, Kingsley estaba derrumbado en el suelo, moviéndose despacio evidentemente herido. Corrieron hacia él para asistirlo y notaron que sangre brotaba por entre su capa. Harry abrió la prenda y una herida significante le cruzaba el pecho. Sabía muy bien qué hechizo lo había causado. Él mismo lo había utilizado frente a Draco Malfoy cuando estaba en sexto curso.
-Tranquilo, ya estamos aquí- le dijo al ministro, tratando de detener el flujo de la sangre a punta de varita.
-Debí suponer que sabía que vendríamos…- dijo Kingsley con un hilo de voz- Por años siguiéndolo, ha sabido cómo mantenerse alerta.
-Tranquilo…- le repitió el ojiverde. Lochrin yacía unos metros más allá, cerca de una oficina con la puerta abierta de par en par. Harry dejó a Kingsley en compañía de Eddie y se acercó al Jefe de los Aurores para cerciorarse de que estuviera bien. Algunos alumnos aparecieron en la segunda planta y el moreno les ordenó a viva voz que se alejaran de allí de inmediato. Ellos, sin saber lo que estaba ocurriendo, retrocedieron asustados.
-¿Qué ha pasado, Gustav? ¿Dónde está Prewett?- no alcanzó a escuchar su respuesta cuando de pronto, Harry sintió que lo tomaban el pelo para obligarlo a ponerse de pie. El moreno volteó con dificultad y los ojos de un ofuscado Icarus lo atravesaron como estiletes.
-Eres una molesta mosca en la sopa, Potter- le dijo, golpeándolo duramente en el estómago con el puño cerrado quitándole el aliento. Harry cayó sobre sus rodillas viendo que en el interior de una oficina, un muggle estaba cerca del escritorio, inmovilizado en una silla. Eddie fue en su apoyo, lanzó un hechizo hacia Icarus quien lo bloqueó justo a tiempo respondiéndole al instante. El Auror tuvo que apartarse del trayecto provocando que el rayo diera en el muro tras él. Recuperando la compostura, Harry volvió al ataque esgrimiendo la varita con agilidad, pero su enemigo se protegió tras el hombre como si fuera su escudo humano. Tanto el ojiverde como Eddie quedaron anulados, sin poder atacar con libertad o lastimarían a la víctima. Icarus sonrió y se dispuso a Aparecerse lejos de allí. Harry, al adivinar su intención, se abalanzó hacia él con toda la fuerza de su enfado tratando de detenerlo. Al tomar al mago por la muñeca, la Aparición los cogió a los dos de manera errática. Un torbellino de colores inentendibles los envolvió luchando sin darse tregua. Icarus sintió que le cortaban la piel con un hacha y Harry, por su parte, al soltarlo cayó de regreso en el suelo del despacho, golpeándose la nuca contra la desgastada alfombra.
-¡Harry! ¿Estás bien?- escuchó la voz de Eddie Carmichael a su lado como un sonido hueco. Abrió los ojos sintiendo un dolor intenso en la cabeza.- ¿Acaso te volviste loco? ¿Por qué hiciste eso? ¡Pudiste desmembrarte!- Harry lo sabía pero en ese minuto le importó un carajo. Se sentó con cuidado frotándose la zona golpeada. De pronto, notó que tenía sangre en la camisa, sin embargo no era suya. No estaba herido y al suponer que se trataba de la sangre del mismo Icarus, sonrió por primera vez en ese día. Se merecía una despartición absoluta de su cuerpo y no sintió culpa alguna de desearlo. Miró a Eddie, quien lo observaba con los ojos como platos esperando una respuesta.
-No sé por qué lo hice- dijo sinceramente- Sólo sé que estoy enojado… - dijo sabiendo muy bien que esa afirmación tenía dos poderosos motivos. Se volvió a recostar en la alfombra boca arriba odiándose por uno de ellos.
