Gracias a Ink Alchemist por su review del capítulo pasado.
Sexo, drogas y un lirio blanco
When you close your eyes,
know I'll be thinking about you
while my mistress, she calls me
to stand in her spotlight again.
Tonite I won't be alone
But you know that don't mean I'm not lonely
Bon Jovi-Bed of roses
-En serio, Rox, no me apetece-protesta Dan por enésima vez, con gestos cansados.
-Eso ya lo habíamos decidido. Vamos a ir, y punto-replica Roxanne desafiantemente-. ¡Y punto!
Dan no puede evitar reírse ante la terquedad de su amiga.
-Vale. Pero yo me vendré a dormir al poco rato-le asegura.
-Al menos, irás-determina Roxanne-. Además, aún no hemos descubierto quién me mandó esa dichosa caja. Y me muero de ganas de saberlo.
-No va a ponerse en la fiesta con un cartel que diga "Te quiero"-puntualiza Dan. Por algún motivo, sus gestos son amargos. Y Rox se da cuenta-. No me pasa nada-agrega él antes de que su amiga tenga tiempo de abrir la boca-. Y vamos.
Roxanne le toma la mano con dulzura y lo guía hasta la salida de la Sala Común de Slytherin. Ambos amigos se dirigen a la mazmorra que Scorpius les ha dicho de antemano. A Rox le preocupa ligeramente el que Stewart, cuyo dormitorio está cerca, los descubra, pero, ¡es Halloween! Además, a lo mejor incluso descubre al remitente de su misterioso regalo de cumpleaños.
Tras unos minutos vagando por los pasillos, poniendo mucho cuidado cada vez que giran una esquina, los dos amigos llegan a la mazmorra. En cuanto entran, la música y el ruido de las conversaciones de los adolescentes es ensordecedor, y Roxanne se admira de la potencia del hechizo insonorizador que han puesto sobre la estancia, que está ampliada mediante magia. La muchacha descubre a su hermano en un rincón, charlando con Rose, y se acerca a ellos, aún de la mano de Dan.
-Conque amigos, ¿eh?-es lo primero que suelta Fred al verlos.
-Cierra el pico-replica ella-. ¿Quién te ha invitado?
-Al, dijo que sería divertido tener una panda de Weasleys aquí-Roxanne ríe-. ¿Y a ti?
-Al, también. Tenemos un primo que nos cuela en la crème de la crème de Hogwarts.
-¿Crème de la crème?
-Habláis de nosotros, ¿a que sí?
Los cuatro se giran para ver a los hermanos Scamander acercándose. Rose se lanza sobre Lorcan y lo besa, mientras Lysander hace un ruidito exasperado y decide apartar los ojos de tan desagradable visión.
-Insoportables-dice en voz baja-. ¿Decíais?
-Que sois idiotas-responde Dan por gestos. Obviamente, nadie excepto Roxanne lo entiende, y nadie salvo ella ríe.
-Eh, eso no vale-protesta Fred-. ¿Qué has dicho?-le pregunta a Dan.
-Nada de tu incumbencia-replica Roxanne, sonriendo con satisfacción al ver entornarse los ojos de su hermano-. Por cierto, ¿piensas hacer algo estúpido hoy?
-¿Qué?-pregunta Fred, extrañado-. Para nada. Hoy vengo de tranqui.
-Entonces, mañana tendrán que venir tus padres porque habrás cogido un coma etílico-replica Rose, despegándose un momento de Lorcan con un ruido parecido al de un chupacharcos.
-Rosie, ¿sabes que eres más guapa calladita?-espeta Fred, algo irritado, y echando el ojo a una chica se va al otro lado de la habitación, cruzándose con Scorpius Malfoy por el camino. El rubio se acerca a ellos.
-Buenas noches. Espero que estéis disfrutando-Merlín, los modales exquisitos de los Malfoy no se pierden ni en una fiesta-. ¿Habéis visto a Lily?
-Ahí-responde Dan por gestos, señalando con la cabeza. Scorpius asiente. Él también entiende los gestos de Dan, ya que son primos lejanos y de vez en cuando se veían de pequeños. Él, Roxanne, Rose, Lorcan y Lysander observan el apasionado beso que el rubio planta a la pelirroja como saludo y sonríen.
-Me pregunto cómo se lo habrá tomado Al-comenta Roxanne.
-Se planteó matar a Scorpius, pero luego decidió que Lily lo mataría a él si lo hacía-le informa Rose-. Vamos a dar un paseo-susurra a Lorcan. La pareja no tarda en perderse entre la multitud. Extrañamente pequeño sin su hermano alrededor, Lysander decide acercarse a Lina Thomas, que entra en ese momento en la mazmorra.
-Toma, ya han pillado cacho los dos-comenta Roxanne. Luego suspira-. Me gustaría saber quién escribió eso-susurra, mirando a Dan.
Su amigo la guía hasta un banco y ambos se sientan.
-¿Por qué te importa tanto?
-Porque… no sé, supongo que es lo más bonito que me han hecho en la vida, y me gustaría saber si es cierto o se trata de una broma.
-Yo creo que es en serio-comenta Dan-. O si no, sería una broma muy cruel. Nadie te haría eso.
Roxanne sonríe y baja la vista.
-En fin, creo que me tomaré algo-y se levanta con decisión hacia la mesa de las bebidas. Dan la sigue, aunque él prefiere no beber. Tuvo una mala experiencia con el hidromiel cuando era pequeño y desde entonces odia cualquier cosa que contenga alcohol.
Roxanne nunca ha bebido. Bueno, quizá alguna vez, cuando ella y Fred se quedan solos en casa y su hermano le ofrece probar algún licor, pero nunca ha bebido en serio. Sin embargo, encuentra el whisky de fuego la bebida más deliciosa que ha probado en su vida, y no tarda en vaciar el primer vaso, desoyendo (o, más bien, negándose a ver) las advertencias de Dan.
-No seas aguafiestas. Si está buenísimo.
Dan se pregunta, mientras observa a Rox beber un vaso tras otro, qué pasará si Fred Weasley descubre que él está permitiendo que su adorada hermana pequeña se emborrache. Le partirá las piernas, seguro. Y sus restos llegarán a la enfermería metidos en una taza de té. Con firmeza, arranca el octavo vaso de las manos de Roxanne, que lo mira enfadada.
-¡Eh! ¡Devuélveme eso!
Dan niega con la cabeza con firmeza. Roxanne suelta un bufido y vuelve a sentarse en el banco, desairada. Dan decide darse una vuelta antes de hablar con su amiga de nuevo; sabe que cuando se enfada es mejor dejar que se relaje un poco y luego intentar razonar con ella. No cree que el alcohol vaya a cambiar ese aspecto del carácter de su amiga.
Eleonora se encuentra disfrutando de la fiesta, para su sorpresa. Mientras que Jackie ha ido rápidamente a buscar a Russell para liarse con él aprovechando que está borracho, ella se queda charlando con Hugo animadamente, por primera vez (y a diferencia de lo que le había prometido Hugo durante la cena) sobre temas superficiales, mientras se bebe a sorbitos su jarra de cerveza de mantequilla.
-… y claro, entonces pensé en partirle las piernas, pero creo que es más fuerte que yo-termina el pelirrojo-. Y a Malfoy también.
-Ay, Hugo, creo que deberías relajarte un poco con tu hermana-le aconseja Eleonora-. Es mayorcita y sabe lo que hace. Y lo mismo digo de tu prima.
-¡Es que los tíos son muy cabrones!-exclama Hugo-. Menos yo, claro-añade, como si fuese algo obvio, y ambos ríen con ganas.
-¿Me puedo sentar?
Eleonora y Hugo miran a la derecha de la chica y descubren a nada más y nada menos que Paul McLaggen. Ambos recuerdan todavía el incidente de las pruebas de quidditch y les hierve la sangre. Sin embargo, la fiesta de cumpleaños de Hugo Weasley y Lily Potter no es el mejor momento para iniciar conflictos, de modo que Eleonora asiente y le da la espalda para seguir hablando con Hugo, ignorándolo.
-¿Por dónde íbamos?-dice el muchacho-. ¡Ah, sí! En serio, Eleonora. Imagínate que tienes una hermana y que se lía con un idiota de Ravenclaw.
-Hugo, Rose está en Ravenclaw también-le recuerda Eleonora, invalidando el argumento de su amigo.
-¡Ay! ¿Por qué estáis todos contra mí?-y el muchacho se levanta, indignado, sin duda para buscar a alguien que le apoye. Eleonora ríe entre dientes mientras lo ve marchar.
-Eleonora…
La muchacha se vuelva hacia McLaggen. Había olvidado que seguía ahí. Le dedica una mirada de desprecio y se dispone a levantarse, pero antes de hacerlo el muchacho la agarra de la muñeca.
-Suéltame-exige ella.
-¿Me dejas explicarte algo, Eleonora?-pide Paul.
-Para ti, soy Black-replica la muchacha-. Dilo rápido y déjame irme.
-Estás cabreada por lo de las pruebas de quidditch-no es una pregunta. Y Eleonora no se molesta en intentar desmentirlo:
-Hombre, teniendo en cuenta que le partiste dos costillas al buscador del equipo, yo creo que es una reacción bastante natural.
Para su sorpresa, McLaggen baja la vista… ¿avergonzado?
-Lo siento. Pero oye, fue un impulso, te juro que no lo hubiese hecho de haberlo pensado un poco-le asegura. Eleonora alza las cejas-. No me crees, ¿verdad?
-No lo sé-responde ella-. Supongo… Oye, ¿esto no deberías decírselo a Fred?
-No, porque creo que a ti te enerva más que a él todo el asunto-y la mandíbula de Eleonora estaría en el suelo si no estuviese bien sujeta a su cráneo. ¿Por qué a todo el mundo le ha dado por insinuar que sigue enamorada de Fred Weasley? ¡Ahora incluso el gorila oficial de Gryffindor! Ni que se le notara.
-Pues… en realidad, no, no me importa-miente-. Y ahora, si me disculpas, necesito mi mano-Paul la suelta, y Eleonora se levanta para alejarse lo más posible de él, aún perturbada.
¡Oh, vamos! ¡Si yo paso de ese Weasley! Ni siquiera me gusta ese pelo castaño que tiene reflejos pelirrojos a la luz del sol, ni esos ojos azules como el mar e inmensos como el cielo. Ni me importa lo que haga o deje de hacer. ¿Que se cae de la escoba? Perfecto. ¿Que se pelea con alguien? Maravilloso, es su vida. ¿Que se besa con esa Hufflepuff de cuyo nombre no quiero acordarme? Me da lo…
Un momento.
¿Qué diablos hace Fred explorando las amígdalas de esa Naira Smith?
Eleonora siente que algo se rompe dentro de ella. Tiene ganas de acercarse a ellos y partirle la cara de un buen puñetazo a ese tejón engreído por atreverse a rozar siquiera esos labios que probablemente ni siquiera sabe apreciar como es debido, pero a la vez desea alejarse de ellos lo más posible, ir a la otra punta del universo para no verlos. Para no ver a Fred con otra, porque eso significa que él ya lo ha superado. Y a Eleonora le revienta reconocer que ella aún no ha logrado mirar a nadie de la misma forma de la que miraba a Fred. De la que aún mira a Fred.
La jarra de cerveza de mantequilla resbala de sus manos y cae al suelo, rompiéndose con un fuerte estrépito. Pese a que se encuentran separados por unos diez metros y una morena y despreocupada Hufflepuff, el ruido es suficiente para que Fred se despegue de Naira y mire alrededor, buscando el origen del sonido.
Sus ojos azules se cruzan con los de Eleonora, que han adquirido un tono amarillento, durante unas milésimas de segundo.
Y ella echa a correr para huir de ahí, sin importarle que sea una actitud deplorable en alguien de Gryffindor. No sabe adónde se dirige, sólo que quiere ir a un lugar lejano, donde pueda olvidar lo que ha visto. Y sabe que no existe ningún sitio que cumpla la segunda condición, pero la primera no es imposible, así que sube unas ocho plantas sin darse mucha cuenta, haciendo magia sin querer y congelando los candelabros que cuelgan del techo a su paso, sin preocuparle que los profesores puedan verla. Lo único que le preocupa es que acabará volando el castillo como no se tranquilice.
Entonces, tras pasar por un tapiz de un brujo que intenta enseñar ballet a unos trols, descubre una puerta de madera, con aspecto de ser viejísima. Eleonora juraría que no estaba ahí la última vez que pasó. Con la curiosidad antepuesta a los celos por primera vez, abre la puerta y entra.
No es un aula, como había pensado. Es una habitación pequeña, con una cama no demasiado grande pegada a la pared y una chimenea frente a ella. Justo enfrente de la puerta, se ve la luna menguante a través de una ventana alargada, y las paredes están cubiertas de estanterías llenas de libros. Eleonora se acerca a la más cercana y descubre una edición viejísima de "Quidditch a través de los tiempos".
-¡Vaya!-exclama, impresionada.
No es que a Eleonora se le pase el enfado, ni la rabia, pero es difícil pensar en algo doloroso o preocupante cuando una está sentada en una alfombra, leyendo un libro frente al fuego. Incluso aunque ese algo sea Fred Weasley.
Fred se muerde el labio cuando ve la carrera de Eleonora para salir de la mazmorra. Sintiéndose culpable sin saber por qué, intenta ir tras ella para aclararle que toda esa situación no es sino un enorme malentendido, pero antes de que pueda dar un paso siquiera Naira vuelve a besarlo con tanta fuerza que el muchacho se da contra la pared.
En realidad, piensa mientras sigue con el beso, poniendo en orden sus ideas, no tiene ningún motivo para sentirse culpable. Ellie y él ya no están juntos, por lo que Fred no le debe ninguna disculpa, ni siquiera una explicación de lo que haga o deje de hacer, o, más específicamente, de con quién se líe o no. Y además… ¡joder, fue Eleonora quien rompió con él! Es muy injusto de su parte que vaya ahora y se indigne sólo porque Fred está besando a otra (sin mucho entusiasmo, realmente, y con más bien poco sentimiento, pero un beso es un beso y seguirá siendo un beso, independientemente de las ganas que se le pongan).
Sin darse cuenta, Naira acaba de sacarlo de la mazmorra donde se celebra la fiesta y lo lleva a otra, pequeña, fría y oscura, tomando la iniciativa de un modo que el muchacho jamás hubiese creído posible en la habitualmente callada y tímida Hufflepuff, y comprende que probablemente está tan borracha como Russell Finnigan. Fred sólo tiene tiempo para encender un par de candelabros antes de lograr, por fin, olvidarse de todo, incluso de su nictofobia, y dejarse caer en el suelo con Naira, que lucha para desabotonar su camisa.
Y, ahora sí, la besa con pasión, con rabia contenida. Porque no es justo que Eleonora, por culpa de la que pasó el verano más triste de su vida, se indigne porque intente rehacerla. Y, si se enfada, peor para ella. Además de que se lo tiene bien merecido. Que se joda y que lo hubiese pensado antes.
Sin embargo, y pese a todo el odio que sigue y sigue creciendo en su interior mientras hace el amor con Naira, no es capaz de evitar susurrar un nombre distinto al de la Hufflepuff al final.
Reza por que ella no lo haya oído. Y por que su error sólo haya sido una broma de mal gusto de su cerebro.
-Creo que necesito salir-comenta Ben. Él y Lucy llevan juntos toda la noche, charlando, a veces con varias personas más, y bailando cuando suena alguna canción que gusta especialmente a la pelirroja (pero sólo porque, aunque, en realidad, Ben es un auténtico negado para el baile, el poder de convicción de Lucy se ha incrementado últimamente hasta niveles estratosféricos, al menos a juicio del muchacho).
Pero Ben es asmático y, pese a que su enfermedad ha ido mejorando muchísimo con el paso de los años, no puede tolerar el humo, especialmente el del tabaco. El muchacho se encamina hacia la salida de la mazmorra y cierra la puerta tras de sí, respirando el aire fresco y no contaminado del pasillo. Sin embargo, pocos segundos después la puerta vuelve a abrirse y por ella sale Lucy Weasley.
-Hola-lo saluda. Su andar es un tanto inseguro y tiene las mejillas brillantes, producto sin duda de las caladas que ha dado a los porros de diversos amigos y conocidos, pero es indudable que está perfectamente lúcida. Todavía. Porque, si bien por fuera Lucy es la niña de papá, la réplica en miniatura de su hermana Molly, cuando sus padres no están cerca se transforma totalmente, sin tener reparo alguno en meterse todo lo que vea en el cuerpo (o, como dice ella, probar sensaciones nuevas). En cambio, Ben, al haber sido criado por una madre sanadora y un padre amante del deporte, tiene demasiado arraigada la vida sana como para hacerlo y opina que Lucy sólo se mete mierda en el cuerpo. Sin embargo, como es el cuerpo de su amiga, prefiere no meterse en ella. Es decir, cuando dice "ella", quiere decir meterse en su vida, no en…
Oh, Merlín. Fred tiene razón; todo lo que digo suena fatal.
-Hola-responde él-. ¿Qué haces aquí fuera?
-Necesitaba un poco de aire-responde ella-. No sé qué llevaría lo que se estaba bebiendo Jackie Macmillan, pero me parece que no es muy sano.
Ben se echa a reír.
-Como si el resto de porquerías que te metes lo fuera-replica, divertido.
-¡No son porquerías!-protesta Lucy, y se acerca a él para revolverle el pelo, haciendo que Ben aparte la cabeza. Ben odia que le hagan eso-. Sólo tengo curiosidad por saber cómo se siente una.
-Se te ponen negros los pulmones y se te pudre el hígado, según sanadores y médicos muggles-apunta Ben.
-Vamos, no seas como mi padre. Si sólo tomo un poquito-replica Lucy-. Y ni siquiera estoy colocada, en serio.
En ese preciso momento se tambalea y Ben tiene que sujetarla, por lo que su afirmación pierde algo de credibilidad. Ben alza una ceja, divertido. Lucy suelta un bufido y apoya la cabeza en el pecho de su amigo, cerrando los ojos e intentando recuperar el equilibrio.
-Qué va, estás perfectamente-replica él, acariciándole el pelo-. ¿Por qué no te vas a dormir? Creo que te vendría bien.
Lucy alza la vista y lo mira.
-Porque no me apetece. Y, Ben, de paso… ¿por qué me has mirado el culo antes? ¿Tan bonito es?
-¿Cómo?
-En la Casa de los Gritos-aclara ella-. Cuando me he subido a la ventana. Estabas más rojo que un tomate-y Ben vuelve a sonrojarse-. Sí, lo has clavado, algo así como estás ahora. ¿Acaso te pongo?
-¿Qué? No, qué va-replica Ben, desviando la vista-. Es sólo… Vale, lo siento-se disculpa.
-Benjamin Wood-Lucy se separa de él un poco y sonríe-. Sé que te gusto desde hace tiempo.
Ben se sonroja aún más.
-Pero… es que… yo…-balbucea, y Lucy suelta una risita.
-Con que admitas que sí, que es cierto, tengo bastante, ¿eh?
Ben se aventura a mirarla a los ojos.
-Bien. Vale. Como quieras… Sí. Hala, ya lo he dicho-y se separa un poco de ella-. Ahora lo sabes, sólo tienes que decírselo a alguna de tus amigas y echaros unas risas-Lucy se queda boquiabierta-. Pero preferiría que no lo mencionaras-añade. La pelirroja pone los brazos en jarras-, porque así es como más fácil y todo…
-Ben…
-… Y si tu primo se entera me degollará…
-Ben…
-… para que así sea menos…
-¡Ben!-lo interrumpe Lucy, enfadada, alzando un poco la voz-. ¿Me quieres escuchar de una puñetera vez? A ver, ¿en qué momento he dicho yo que tú no me gustases?
-Pues creo que…-Ben se calla y advierte las mandíbulas apretadas de su amiga, y la chispa inidentificable de sus ojos entre grises y azules-. ¿Que yo te gusto?-Lucy asiente-. ¿En serio?
Lucy pone los ojos en blanco y se acerca a él con decisión, pero tropieza con sus propios pies, cayéndose y arrastrando a Ben consigo. Un segundo más tarde, la muchacha se encuentra tumbada boca abajo sobre el pecho de él.
-Sí, tonto, me gustas. Llevo todo el rato intentando decírtelo-y baja la cabeza para besar a su mejor amigo.
Ben nunca ha soportado el tabaco, ni ningún tipo de droga en general. Pero en esos momentos, el sabor a marihuana, hidromiel con especias y plumas de azúcar que tienen los labios de Lucy le parece el más atractivo del mundo.
Quizá es porque Lucy es también una droga.
Roxanne decide ir a dormir poco después de ver a su hermano salir con Naira Smith de la mazmorra. No quiere estar presente cuando los profesores los descubran, para lo que, si sus cuentas son acertadas, faltan una media hora. Por no hablar del alcohol que empieza a hacerse notar en ella. Pese a que Roxanne no se ha emborrachado en su vida, no es tonta, y se da cuenta de que sus sentidos empiezan a adormecerse. Mira alrededor buscando a Dan, pero no lo encuentra. De todas formas, seguro que su amigo se ha ido a dormir ya. Ni siquiera le apetecía venir a la fiesta.
Los efectos del whisky se hacen más patentes cuanto más tiempo pasa Roxanne de pie. Ni siquiera logra identificar a los dos cuerpos que están tirados en el suelo del pasillo besándose como si no hubiera mañana, aunque el desdeñoso "Desesperados" que escapa de sus labios hace que se separen. De todas formas, ella ya les ha dado la espalda y se dirige a su dormitorio. Derecha, derecha, escaleras, derecha, izquierda y… no, espera. Era derecha, derecha, izquierda, escaleras… ¿o había que girar a la izquierda?
Roxanne mira alrededor. No puede estar tan borracha como para no saber dónde está su sala común, si sólo se ha tomado… ¿Seis vasos? ¿Siete? No, no es eso, seguro. Sólo es que Hogwarts es muy grande y ella está en la inopia. De modo que vuelve sobre sus pasos y prueba de nuevo. Derecha, escalera, derecha, abajo… No, así no, joder. Oh, mierda.
La muchacha está que se cae de sueño, de modo que decide meterse en la primera aula que vea y echar una cabezadita. A lo mejor cuando despierte logra orientarse mejor. De modo que abre la primera puerta a su izquierda y entra en la estancia en completa penumbra. Cierra la puerta tras de sí y camina un poco a tientas, pero tropieza con algo y cae al suelo.
-¡Mierda!-escupe. Tanteando, encuentra la pared y se recuesta en ella. En tiempos de guerra, todo agujero es trinchera.
Quizá en otro momento se le hubiese ocurrido encender las luces, pero Roxanne está muy cansada. De modo que apoya la cabeza en la pared y cierra los ojos, sin importarle los escalofríos que la recorren.
Es entonces cuando oye unos pasos. Roxanne, asustada, se pega a la pared aún más, como queriendo confundirse entre los ladrillos. Oye que los pasos se acercan a ella, pero decide no moverse ni hablar. Quizá, si no hace ruido, quienquiera que sea se irá…
Los pasos se detienen justo frente a ella. Roxanne puede jurar que el desconocido sabe dónde está aun sin fuente de luz alguna. Mira con los ojos muy abiertos, pero no es capaz de distinguir más que una silueta. Humana.
La silueta se agacha frente a ella, y Roxanne encoge las piernas instintivamente, demasiado asustada como para moverse. Percibe, más que ve, que el desconocido se acerca a ella. Y se sigue acercando.
Y la besa.
Nadie, absolutamente nadie, ha besado a Roxanne anteriormente. Pero, curiosamente, todo el miedo que sentía se esfuma con ese simple contacto. La muchacha se queda quieta, sin saber muy bien qué hacer con su lengua, que, de pronto, le parece un trozo de carne inútil que ocupa espacio en su boca. De modo que opta por echarla hacia atrás para no estorbar a la que explora su cavidad bucal con curiosidad, preguntándose si lo estará haciendo bien.
El beso termina tan inesperadamente como ha comenzado, dejando a una confusa Roxanne con los ojos cerrados y la boca entreabierta, esperando más. La muchacha los abre, confundida por el final tan brusco de ese curioso momento, y percibe que la sombra vuelve a ponerse en pie. Y de nuevo escucha pasos, pero esta vez alejándose. Y, pese al miedo que le daba que se acercase apenas unos minutos antes, de alguna forma desea que no se vaya. Tiene que averiguar quién es.
-¡Eh! ¡Espera!-exclama, poniéndose en pie de un salto y tratando de ignorar el enorme mareo producido por el whisky de fuego. Mira alrededor con sus ojos violetas abiertos de par en par, pero ahora no es capaz de ver la silueta por ningún lado. En ese momento, la puerta se abre, y Roxanne ve una sombra saliendo rápidamente por ella. La muchacha lo sigue, tropezando con varios pupitres. Cuando sale al pasillo, sin embargo, mira a ambos lados y lo encuentra desierto.
Mierda, piensa, y tras varios minutos decide volver al aula para reflexionar lo ocurrido. Pero en cuanto se apoya de nuevo en la pared, a Roxanne la vence el sueño.
Cuando, a la mañana siguiente, Roxanne logra volver a su habitación, descubre un cambio, tan sutil como decisivo, en la mesita de noche que hay junto a su cama.
Alguien ha puesto un lirio blanco en la caja de música. Y junto a él, una nota, escrita a máquina: "El blanco por la inocencia".
Notas de la autora: De niña siempre soñaba con un caballero misterioso con detalles románticos, y no he podido evitar cumplir mi deseo a través de Rox.
No estaba muy segura de cómo terminaría toda la historia de Freddie y Ellie, pero al final ha acabado así. Cuando lo ha leído una amiga, antes de subirlo, ha dicho literalmente que "El muchacho ése, muy mono y todo lo que tú quieras, pero sigue siendo un tío". Yo no podría haberlo expresado mejor. De todas formas, en ningún momento me ha agradado la idea de una especie de reconciliación lacrimógena; me parece que no pega ni con cola, ni por parte de Fred ni por parte de Eleonora.
Y sí, lo de Lucy y Ben se veía venir, pero ¡es que son tan monos!
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