¡HOLA CHICAS!

Bueno; gracias por sus Reviews, porque con ellas vamos mejorando mi historia, que aunque yo piense que es perfecta, no está nada perfecta y agradezco que me ayuden a corregirla.

Besos a todas y disculpen que no agradezca individualmente los Reviews, muero por presentarles este siguiente capítulo.

Espero este capítulo esté mejor que el anterior.

Disclaimer: J.K. Rowling/ Escenarios y Personajes.

Trama: ValerieMalfoyCullenHale y Los RR de algunos otros usuarios.

Ustedes dirán: VMCH está loca y las canciones no son tan buenas; pero quiero dedicarle otra a este cap.

Stuck In The Moment – Justin Bieber.


Chapter 7.

El sol dio en sus ojos a las nueve en punto de la mañana. Se encontró abrazada a un abdomen fuerte y a unos brazos muy pálidos. Levantó con dificultad la mirada y observó de inmediato, como tantas otras veces, el rostro de Malfoy. Se asustó y echó un grito fuerte al aire que lo hizo caerse de la cama. El rubio se levantó del suelo con la mano en la cabeza y salió disparado hacia el living, tambaleándose un poco.

-¿Te sentías solo y por eso te metiste a mi cama, Malfoy?- preguntó Hermione totalmente a la defensiva. Sin recordar nada de la noche anterior.

-¿Qué?, ¿De qué hablas, Granger?- preguntó atolondrado.

-¿Cómo se te ocurre meterte a mi cama?- preguntó exaltada, casi a gritos.

-¿Yo meterme a tu cama?; pero es que tu…- dijo él, pero Hermione lo interrumpió de inmediato.

-¿Ahora vas a inventar que te pedí que te quedaras a dormir en mi cama?- preguntó ella indignada.

-¿Sabes qué, Granger?...- dijo Malfoy, se dio media vuelta y tomó el teléfono celular que ella le había regalado. Lo azotó contra el suelo y luego de que estaba allí todo destrozado, lo pisoteó. Tomó sus llaves en el buró, y aun sin cepillar sus dientes, lavar su rostro o tomar el desayuno, salió por la puerta con la misma ropa que traía el día anterior.

Hermione molesta dejó todos los pedacitos del aparato en el suelo y tomo una ducha. Siguió su día como si el rubio nunca hubiese estado en su vida. Hizo su desayuno, se dio una ducha, y se vistió como algún otro día de escuela. La falda a cuadros azules y negros; la camisa blanca, corbata negra, medias a la rodilla, azules; y las bailarinas negras. Bajó con el cabello recogido hasta el campus y caminó en dirección al salón de Matemáticas. No tenía nada de tiempo, pues se había levantado sumamente tarde. Tenía un mal sabor de boca, y un mal presentimiento.

Le quedaba la incesante duda; ¿Acaso había hecho algo malo?, ¿Sería la verdad lo que Malfoy trataba de demostrarle? No podía creérselo. Ella no podía haberle pedido que se quedara en su habitación. ¿O sí? Todo era muy confuso. No quería recordarlo, quería borrarse las preocupaciones de la cabeza. Ni siquiera sabía, extrañamente, como había llegado a su habitación, ni lo que había cenado.

Rápidamente, pasaron los minutos, las horas, los días. Ya había pasado otro mes, otro mes de cansancios, agotadores deberes, escaleras, soledad. Hacía un preciado mes que no veía a Malfoy. Claro que estaba en el campus, por supuesto que había entrado a todas las clases. Pero ya ni en el departamento se topaba con él. No sentía su presencia, pero cada vez que lo observaba, estaba más pálido, lleno de ojeras y flacucho. Comenzó a preocuparse cuando se dio cuenta de que la única que ingería alimentos en el departamento era ella. El silencio en el lugar era absoluto. El rubio pasaba el día encerrado en su dormitorio, sin decir palabra. Y las pocas veces en las que Hermione pudo ver por el cerrojo de la puerta, se encontraba sentado en la butaca verde esmeralda que estaba junto a su cama; observando al vacío, como una estatua. Ya no podía más. La preocupación que sentía se iba incrementando con el día a día. Todas las noches salía por esa puerta, y no se iba sin azotarla al salir. Cada vez se hacía peor. Hermione sabía que algo lo estaba preocupando. Algo lo tenía así, y esperaba no ser ella.

Estalló. Ese día fue otro de los muy malos de todo el embarazo de Hermione. Tenía examen al día siguiente, pero las palabras se le atoraban en la garganta, con ganas de salir. No podía reprimirlas más ese sentimiento de angustia y necesidad. Lo sentía distante, distraído, molesto. No quería ya verlo así, pues aunque fuese su peor enemigo, todo lo contrario a ella. Aunque ella sospechara que fumaba, bebía en exceso, se acostaba con cualquiera, ya ni siquiera tomaba apuntes en las clases. Era molesto y tedioso trabajar con él. Era sumamente insufrible su manera de caminar y su altiva mirada. Pero ya estaba hasta el borde. Ya Malfoy no era el mismo y eso ella no podía permitirlo.

Se levantó de su asiento, pues ya no podía estar sentada en la butaca negra de su habitación, estaba demasiado inquieta, no tenía ganas de quedarse callada. Corrió, literalmente, hasta la cocina. Tomó un bote de dos litros de helado de chocolate, del refrigerador. Abrió el gabinete y sacó dos cucharas grandes. Caminó poco a poco y respiró profundo, antes de estallar.

La puerta del dormitorio de Malfoy estaba un poco abierta, así que de esa manera ella pudo introducirse allí. Abrió la puerta de golpe, y lo observó con el ceño fruncido. Él la observó confundido, estaba pálido, más de lo normal. Pero su rostro parecía iluminado.

-No sé qué harás, pero necesitas azúcar- dijo ella, arrojándole con sutileza el bote de helado. Luego se sentó frente a él en la cama y le entregó una cuchara.

-¿Qué pretendes?- dijo extrañado, arqueando una ceja, pero aun así sin ocultar su débil tono de voz.

-Rellenarte como pavo en pascuas… Estás pálido, no comes, no hablas, no ves la televisión, no tomas apuntes en clases, ya no haces los deberes. Ya ni me tratas mal, hay algo mal contigo, Malfoy. No sé qué te pasa, ni sé porqué. Pero has comenzado a preocuparme.- dijo ella, con impaciencia, y con ganas de volver al pasado, cuando por lo menos Malfoy le hablaba. No se sentía tan sola ni abandonada.

-Sí, tienes razón. Algo anda mal con Malfoy…- dijo él. Observó como Hermione abría el bote y tomaba la cuchara llena de helado para llevarla a su boca. Despertó cierto apetito en él, así que la imitó y sintió el helado, frío, derretirse en su lengua. Saboreó cada bocado. Recordando aquella noche, en la que un beso supo a chocolate, a malteada. Cuando descubrió que su hijo sería varón. Todo comenzó a dar vueltas en su cabeza y sus pensamientos cobraron vida en fantasías extrañas. Soñó despierto mientras disfrutaba del majar y del silencio compartido. No había más que una persona con él en el sueño. Una joven, de cabellos ondulados y castaños sonriéndole. Solo como ella sabía, y solo como lo hacía cuando estaba con él. Por un momento volvió a la realidad y observó como la mano de la castaña se paseaba frente a sus ojos para sacarlo del trance.

-¿Malfoy?, regresa del espacio sideral, por favor…- dijo ella con pesadez. Él la observó de nuevo, extrañado, tan atolondrado como la mañana que había caído de la cama.

-Ya volví, Granger…- dijo él, tomó otra cucharada.

-¿Qué te pasa?- dijo ella, tratando de entender y captar cada una de las expresiones del muchacho. Se sorprendió, se sorprendió de que el muchacho no respondiese inmediatamente, pero tampoco se tardara demasiado. Respondió en el momento preciso, con el tono de voz indicado; la miró a los ojos mientras lo hacía. Transportándola a otro lugar, a un lugar cálido dentro de la barrera de hielo con la que deseaba detenerla. Él ya no tenía armas para defenderse, por eso habló con la verdad.

-Intento obviar que mi madre está sumamente enferma, que mi padre más de una vez la engaño, la golpeó, la maltrató. Y la convirtió en la fría mujer que es ahora.- dijo él, adolorido. Hermione intentó mostrarse indiferente, pero estaba realmente conmovida y sentía lástima por la señora Malfoy.

-Lo siento. De verdad, yo venía a darte más problemas; no me imaginé que tuviese que ver con eso- dijo ella, apenada.

-Pues así es. Mi vida estuvo acabada desde antes de que naciera. Mi padre no tiene y nunca tuvo futuro, los mortífagos no tienen futuro- dijo francamente. Echó su cabeza hacia atrás y la apoyó en la pared.

-Tú tienes futuro- dijo ella, y para enmendarlo prosiguió: -Digo, por lo menos no le temes a los muggles-

El chico soltó una carcajada y luego logró contenerse.

-Si, en eso tienes razón. Aunque aun sean impuros, sin sangre mágica en sus venas, y mi naturaleza sea odiarlos; no todos son tan malos- explicó. Ella sonrió y volvió a comer algo de helado.

-Con respecto a … Recuerdas cuando destruiste el… No importa, quiero disculparme por mi reacción- dijo ella.

-Deberías-

-Ohh, Malfoy. Vengo, me rebajo a pedirte perdón y mira como lo tomas…-

-Ya lo había olvidado- musitó el rubio.

-Ohh- dijo ella.

-¿Enemigos?- preguntó la castaña, estirando su brazo para estrecharle la mano a Malfoy, quien vaciló antes de hacerlo.

-Enemigos- murmuró.

Ese fue el comienzo de una enemistad pausada. El mes siguiente transcurrió tranquilamente, abriéndole paso al aumento del abdomen de Hermione y a un compartir de ideas y gustos nada normal. No solo compraron un piano negro de cola, sino que Malfoy se ofreció a darle clases, mientras ella lo pusiese al día con los deberes, o mejor dicho, hiciese su tarea. Peleaban, claro que lo hacían. Cada dos días, pasaban el peor día de sus vidas pero antes de dormir siempre se escuchaba un buenas noches y un igual a ti. No hubo un solo día en que no viesen la televisión o discutieran un libro. Hermione había comenzado a leer por enésima vez Cumbres Borrascosas y Malfoy reía de ella, pues lloraba cuando Catherine y Heathcliff se separaban por el orgullo y los prejuicios.

Un día como cualquier otro, Hermione se hallaba sentada en el sillón, observando otra de tantas comedias románticas que pasaban en la televisión. Malfoy había preparado las palomitas de microondas y había traído un par de sodas. En el momento del beso final, cuando la protagonista descubría que su verdadero amor siempre había estado a su lado, Hermione sintió como desde dentro algo se movía. Sintió la primera patadita de su bebé. Se llevó la mano de inmediato a la zona en la que sintió el movimiento y pronunció:

-¡PATEÓ!-

-¿Qué?- preguntó exaltado.

-¡Pateó!- exclamó de nuevo. Tomó de inmediato y sin permiso la mano de Malfoy y la colocó en la zona del movimiento. Volvió a sentirse aquella lejana patadita. Hermione intento no romper a llorar. Malfoy la observó directo al rostro mientras ella mantenía la pálida mano del rubio bajo la suya, sobre su abdomen abultado. Se acercó un poco más a ella, aun con su mano apresada, no dejó de mirarle a los ojos ni un segundo, hasta que innecesariamente ella los cerró y él terminó por acortar la distancia y darle un tierno beso, que luego de un minuto separó para volver a su posición inicial. Sabía que le venía un caos total, y que la castaña lo iba a matar, lo enviaría a alguna isla desierta para que muriese de hambre. Pero ella no movió ni un pelo. Mordió un poco su labio inferior y luego se levantó; caminó paso a paso hasta su habitación, dejando confundido a Malfoy, en el living, y sintiendo un calor interior, sumamente innecesario para un momento como ese. No quería arruinarlo.

Malfoy se quedó afuera, estático, extrañado. No podía creerse que la castaña no le hubiese zampado una cachetada. Pero sonrió, sonrió para sí mismo porque realmente estaba feliz. Siguió cambiando canales por un buen rato, hasta que se quedó dormido viendo una tonta película de vaqueros.

Hermione no sabía que pensar realmente. Se pellizcaba el trasero para asegurarse de que no estaba soñando. Se acostó en su cama y esa noche dio más vueltas que un perro antes de dormir. Lo malo es que ella en realidad no pudo dormirse hasta pasadas las cuatro de la mañana.

Despertó sumamente cansada, y no hizo más que cepillarse los dientes, lavar su cara y cepillar su cabello. Salió aun en pijama, con una expresión de pocos amigos, y observó como la primera mañana en el departamento a Malfoy, dormido en el sillón. Con el televisor encendido. Apagó el televisor y se sentó en la mesa de la cocina. Cruzo los brazos sobre la mesa y apoyó la cabeza en ellos, poco a poco cerró los ojos y allí cayó en un profundo y agitado sueño. Era oscuro, caminaba por un pequeño puente y del otro lado, la esperaba la viva imagen de un pequeño, igual a Malfoy. No medía más de un metro, su carita reflejaba nostalgia, alegría. Se acercó poco a poco a él y lo miró más de cerca. El cabello rubio caía sobre su frente con naturalidad, sus bracitos se acercaban abiertos, esperándola, corría hacía ella y luego la abrazaba.

Tuvo unas enormes ganas de llamarlo por su nombre, pero pensaba y pensaba y no lo sabía.

Liam, mamá, soy Liam.

Ella solo lo abrazó más fuerte y no quiso soltarlo jamás. Sentía la calidez de su cuerpecito abrazándola y mirándola con sus ojos grises.

Vamos, Liam. Hora de ir a casa. Tu madre tiene que volver con su familia. – decía una voz grave, que ella reconocía rápidamente en cualquier lugar.

Papá, nosotros somos su familia –decía su dulce vocecita. Malfoy, ya convertido en un hombre, alto, frío, con el cabello tan largo como Lucius Malfoy.

Eso era antes –dijo el hombre. Se acercó, tomó a la fuerza el brazo del pequeño y se lo llevó consigo, alejándolo de Hermione. Quién no se percató de que había comenzado a llorar y hablar en sueños.

Despertó de repente, con el corazón acelerado, las mejillas empapadas en saladas lágrimas y observó inmediatamente a Malfoy, que la miraba asustado.

-¿Qué…. Diablos?- dijo ella asustada de sí misma.

-¿Quién es Liam?- pregunto el rubio, acercándole un pañuelo de papel a la castaña. Rompió a llorar allí, mientras Malfoy la observaba. -Vamos, Granger. No llores, fue solo un sueño- dijo él, tratando de calmarla. Pero es que había un vacío en su pacho. Quería tener de nuevo al pequeño entre sus brazos.

-Li…am, Ohh- fue lo único que logró pronunciar entre sollozos. Malfoy fue a la cocina y de inmediato le trajo un vaso con agua. La castaña lo bebió de un trago y luego, logró calmarse.

Luego de minutos, Malfoy; que estaba sentado a su lado, murmuró:

-¿Quién es Liam?-

-Nuestro hijo- dijo ella, tomando a Malfoy por sorpresa.

-¿Soñaste con nuestro hijo?- dijo él, con un poco de dificultad. Tragó espeso.

-Si…- dijo ella.

-Entonces… ¿Por qué llorabas?- preguntó el muchacho algo preocupado.

-Querías alejarlo de mí, parecías tu padre. Mejor dicho, eras igual a él. Con el cabello largo y la expresión malvada y dura que siempre ha tenido. Era igual a ti, pero en miniatura…- explicó. Miró a Malfoy con nostalgia en sus ojos.

-¿Igual a mí?- preguntó extrañado.

-Sí… Era flacucho, pero estaba bien alimentado, era pequeño… como de unos cuatro años, rubio platinado, sus ojitos eran tan grises como el mercurio… y su voz era tan dulce como miel. Era hermoso, y cálido. Me abrazaba… Y yo, no supe su nombre hasta que me lo dijo…- dijo ella, se enjugó una lágrima que había comenzado a correr por su mejilla.

-¿Dije algo malo en tu pesadilla?- preguntó.

-Como ya te dije, querías alejarlo de mí. Diciéndole que ustedes dos no eran mi familia, ¡que mi propio hijo no era mi familia!- dijo ella, exasperada. Lo observó por un segundo y luego se levantó. Espero no sea una premonición susurró.

Malfoy no dejó de verla extrañado. Observó las marcas púrpuras en forma de media luna bajo sus ojos y sintió sueño. La tomó del brazo y la llevó a la habitación de la castaña. La obligó a acostarse en su cama y luego cerró por completo las cortinas, dejando la habitación a oscuras.

-Duerme, yo veré que le invento al vejete de Química. Ese señor Cameron no querrá detalles sobre tu dolor de cabeza… O el que pretendo que tienes- dijo, salió de allí y cerró la puerta.

Hermione durmió hasta las cuatro de la tarde. Todo lo que la noche anterior no había dormido. No pudo volver a soñar con el pequeñito. Pero como lo intentó, de veras que lo hizo.

Hermione no vio a Malfoy hasta que anocheció, cuando entró acompañado de Matt y Annie. No hizo falta que cocinaran la cena, pues Annie se encargó de pedir algunas pizzas y preparar un poco de jugo de naranja. No hubo ningún problema, Hermione se sintió halagada al recibir a sus preocupados amigos y las llamadas de algunos otros. Quien estaba verde de los celos era Malfoy, quien estuvo tenso en el periodo en que Annie y Matt se quedaron en su departamento. En el momento en que ellos se fueron, no pudo más que estallar. Pero de la misma manera en que lo había hecho semanas atrás. Se encerró en su habitación y se acostó boca arriba en su cama. Realmente no sabía qué hacer. Técnicamente solo faltaban tres meses para que su hijo naciese. Pero por lo menos ya sabía que nombre le pondría.

Liam, ese sí que era un lindo nombre. Y sabía que Hermione querría utilizarlo por el sueño de esa mañana. No le molestaba, pues era un buen nombre. Liam Malfoy Granger, Liam Malfoy Granger, Liam Malfoy Granger. Ese nombre revoloteaba por su cabeza todo el tiempo, no había minuto en que no pensara en su futuro. En lo que pasaría cuando el bebito naciera. Lo que antes nunca pudo hacer, verse como padre, lo hacía ahora con naturalidad. Tendría un hijo a los diecisiete años, eso sería de verdad un record. Cerró las cortinas y luego, se fue directo al baño. Tomó una ducha mientras, como él sabía todo, supo que Hermione estaría en la sala, viendo otra de tantas comedias románticas.

Hermione estaba allí sentada, mirando la televisión pero en realidad no le prestaba atención. Se preguntaba por qué el rubio se había metido tan bruscamente a su habitación. Cuando lo hacía estaba enojado. Siempre que lo hacía, estaba muy pero muy enojado. Se levantó del sillón y poco a poco caminó hacia la habitación del rubio. Tocó la puerta y nadie atendía, volvía a tocar y ocurría lo mismo. Dio varios pasos hacia atrás hasta tropezarse, asustarse y recibir una patadita del bebé como reprobación. Levantó la mirada, encontrándose con los ojos grises de Malfoy. Recordó de inmediato lo duros que podían llegar a ser, como en su sueño y se separó del agarre que él había hecho para que por enésima vez no cayera al suelo.

-Lo siento, Malfoy- dijo ella, dio un paso y escuchó:

-No tienes que irte a tu alcoba cada vez que tropiezas conmigo- indicó el muchacho. Hermione se dio media vuelta y se encontró con una sonrisita tímida del rubio.

-Ehhh… Yo...- fue lo que logró decir la castaña, no podía unir las palabras para formar una coherente oración.

-No te preocupes, yo entendí- dijo sarcásticamente sacándole una risita a la chica. –Pasa-

Ella hizo caso y entró a la habitación de Malfoy. Que como siempre estaba mejor decorada y más ordenada que la de ella. Se sentó con las piernas cruzadas en la butaca verde y esperó a que el regresara del baño. No sabía por qué, ni qué rayos estaba haciendo, ya entrada la noche, en la alcoba del rubio. Con los peligros que existían entre los dos no había cosas buenas que pensar sobre eso. Estar embarazada de Malfoy no era gratis, ni era algo difícil de pagar. Solo bastaba con soportarlo, pero como se alegraba de que él se lo hiciese más fácil.

Se predispuso a no sucumbir ante los encantos que ella sabía que el rubio poseía. Se sentó con las piernas cruzadas y esperó a que volviera. Pero justo cuando llegó, su nerviosismo pudo más que ella y rió a carcajadas. Luego, cuando se calmó y se dio cuenta de que Malfoy la miraba molesto, se aclaró la garganta y dijo:

-¿Por qué estás enojado?- preguntó ella. Con naturalidad, como si nunca se hubiese reído.

-¿Te reías de mí?- preguntó él. Ella de inmediato negó con la cabeza. –Entonces… No-

-¿Y por qué te fuiste del living como si te hubiesen insultado?- dijo ella, ceñuda.

-Porque….

-Ohh, dímelo, Malfoy- exigió ella.

-No es algo que quiera compartir, y tú eres la persona menos indicada- dijo el rubio. Ella vaciló en continuar, pero no tenía nada que perder, así que luego de unos segundos prosiguió.

-Vamos, Malfoy…. Dime, dime, dime, dime- repetía y repetía ella. El rubio se exasperó y cerró la puerta de un golpe.

Se acercó peligrosamente a la muchacha, quedando a menos de diez centímetros, la chica estaba tensa y el muchacho disfrutaba de su estado de tensión. Hermione repetía en su cabeza no sucumbir, no sucumbir, pero esos pensamientos se esfumaron en el momento en que el muchacho rozó sus labios con los de ella. Ya el mundo exterior no existía para ella.

Sucumbió. Se dejó besar por el rubio y cuando él se separó, la chica abrió los ojos de golpe, esperando por más.

-Ahora si puedo decirte- murmuró él –Tu eres mía y de nadie más, me perteneces, y esperas un hijo mío. Nadie tiene que estar llamándote, y menos tus amiguitos de la clase de Química-

La chica se quedó asombrada. No se esperaba una confesión con aquella magnitud. En realidad con Malfoy, no podía ponerse a esperar saber qué pasaría, pues el rubio era muy impredecible. Se levantó poco a poco de la butaca, sin ganas de irse, y dio unos cuantos pasos hacia la puerta.

-Te dije que no era algo que quisiera compartir y menos contigo- dijo él, sonrió de medio lado y caminó hacia su cama, donde se echó cómodamente.

-Así les dices a todas las chicas con las que te revuelcas- murmuró ella, pero Malfoy reaccionó de inmediato.

-No a todas les dí un hijo, siéntete halagada- objetó el muchacho. Ella entrecerró los ojos para mirarlo mejor.

-Siempre es lo mismo contigo, Malfoy- susurró. Volvió a escucharla completamente.

-No siempre-

-No me lo has demostrado- objetó ella, abriendo con su mano izquierda la puerta de la habitación. Crookshanks entró como si fuese su casa a la habitación, se subió a la cama de Malfoy y comenzó a ronronear cuando este lo tomo en brazos y lo acaricio.

-¿Cómo estas tan segura? –preguntó con una sonrisita burlona.

Hermione salió de allí, sin antes casi tropezarse con la pared, todo le daba vueltas, sus sentidos estaban fuera de control. El bebé pateaba cada tanto. Hermione sabía que por lo menos el bebé era feliz. Por lo menos, Liam sería feliz toda su vida.

Se acercó a su cama y no hizo más que acostarse, pues ya en la tarde había dormido lo suficiente y ahora tenía muchas cosas en las que pensar. Dio un millón de vueltas a la cama y por último, fue a la cocina. Sacó el bote de leche y sirvió en un vaso bien colmado.

Lo bebió de un sorbo, y para su mala suerte, cuando se retiraba el vaso de la boca, y se podía dilucidar el bigote blanco, Malfoy se apareció entre las sombras. Con una mano tapando la fuerte luz eléctrica que alumbraba la cocina, y la otra tallándose un ojo por el sueño.

-Liam… Acabo de soñar con Liam-


Que les parece??!

Malfoy soñó con Liam!! haha

Dejen sus opiniones ;)

Besos,

Nos leemos pronto.

VMCH