IU ; Through the night
Yokohama, Japón. 08 de marzo de 2019
Estimado Naruto.
Hay algunas cosas que necesitas saber antes de poderte dar la cara…
Nunca fui como las demás chicas, y creo que no tardaste mucho tiempo en darte cuenta de eso. Mi niñez estuvo rodeada de personas adultas que se creían superiores unas a las otras. Puedo resumir mis semanas en clases privadas por las mañanas, actividades que mi madre decía "toda dama que se respete debe tomarlas" por las tardes, y largas oraciones antes de dormir. Durante mi adolescencia las cosas no cambiaron del todo. Mi vida social abarcaba a mis padres, los sirvientes y a los reporteros que venían a casa de vez en cuando para sacar notas y tomar fotografías de la maravillosa y ejemplar familia Hyuga.
Cuando cumplí 16 años mi padre hizo una cena porque dijo "ya es hora de presentarte a la sociedad", ahí fue cuando conocí a Utakata y a Hotaru. Ellos eran los hijos de íntimos amigos de papá, y como fue de suponerse, y como papá lo planeó desde antes de siquiera considerarlo de mi parte, Hotaru se convirtió en mi única amiga y Utakata en mi primer amor.
Mi padre no tenía ninguna objeción en contra de Hotaru porque venía de buena familia, aunque jamás se comportó realmente como una amiga, sé que sólo me utilizaba a su conveniencia y estaba conmigo por órdenes de sus padres. Entendí que nunca fue mi amiga cuando la comparé con la verdadera amistad que tengo con Sakura. Y, bueno, Utakata era como un príncipe, no sólo se veía como uno, sino que también se comportaba como todo un caballero. De vez en cuando llegaba con flores, me daba obsequios, realmente supo cómo endulzarme el oído. No tardó mucho tiempo en ganarse el respeto de mis padres, y, ellos no dudaron en darle el "sí" cuando pidió formalizar un noviazgo conmigo.
Por unos meses todo fue maravilloso. Tenía una amiga, y tenía un novio. Pero ciertamente, eso estaba muy alejado de lo que significa.
En mi cumpleaños número 17, mi padre me concedió un deseo que había ansiado durante largo tiempo: una fiesta común y corriente, con música, gente de mi edad, botanas, etcétera. Fue todo lo que no imaginaba, además de que nunca había asistido a una y no tenía idea de cómo eran. Papá invitó a todo el medio de televisión, políticos, empresarios… era, en su lugar, un banquete para celebrarse a él, no a mí.
Hotaru me convenció de escaparnos e ir a una fiesta de una conocida suya. Tenía miedo porque jamás había salido de casa sola y mucho menos sin el consentimiento de papá.
—No seas mojigata, Hinata. ¿Acaso no te aburre tu vida? Desde que dijiste que Hiashi te haría una fiesta supuse que terminaría en una reunión de trabajo. Por eso me previene antes; en el auto tengo una peluca, algo decente supongo, que puedes usar y así nadie te va a reconocer.
—Y… ¿y Utakata sabe de esto?
—Él está muy ocupado ganándose la herencia de tu padre. Tú tranquila, en dos horas estaremos de regreso y nadie se dará cuenta. Nadie va a notar que te fuiste, ya sabes, porque casi nadie te nota de todas formas.
Nadie me nota, dijo ella…
Hotaru me convenció. Me escapé de casa por la puerta grande y nadie se dio cuenta, ni siquiera Utakata o mi padre. Ella tenía razón… Tú también tenías razón. Yo no era más que la sombra de una mujer apagada, consumida en el martirio de un hombre que la tenía bajo su control, era una mujer gris sin ninguna gracia aparente más que la de ser una dama de clase, y cuando me vi reflejada en mi madre, me aterró convertirme en ella.
Ya sé lo que estás pensando. Escapar de casa y asistir a la fiesta de una desconocida, ¿Qué podría cambiar?
Me cambió todo, y no lo estoy reprochando.
Karin era la chica de la fiesta. La conoces bien, es tu prima.
En cuanto entramos Hotaru se deshizo de mí, no supe de ella desde entonces. Era un ambiente completamente diferente a lo que estaba acostumbrada, debo admitir que me dio un poco de miedo. Yo no encajaba con nada, todos me miraban extraño, como si fuera una persona infectada con un virus contagioso y mortal.
No pude soportar sus miradas de desdén por más tiempo, salí a tomar aire antes de buscar a Hotaru y pedirle que me llevara de regreso. Ahí fue donde te conocí. Estabas borracho, atormentado, dolido, porque tu novia te estaba engañando y tú no tenías el valor de reclamarle, o eso fue lo que me dijiste.
Me cautivaste desde el primer momento que te vi. Me acogió sentimiento de tristeza cuando vi tus hermosísimos y deprimentes ojos azules irritados y cubiertos de lágrimas. Tuve el impulso de abrazarte y decirte que todo estaría bien, que podrías confiar en mí aunque no nos conociéramos, y lo hice. Quizás tú no estabas enterado de lo valiente que fui para hacer eso.
Estabas tan roto, y yo sólo quería volver a unir los pedazos. Como pocas veces en mi vida sentí que me acoplaba a un lugar. Me sentí útil y valiosa. Tenía la oportunidad de ser como las otras chicas… y tener sexo con desconocidos era muy normal, según la opinión de Hotaru. Entrepierna
No te sientas mal por mí, yo estaba consciente de lo que hacía. Sabía que estaba a punto de entregarle mi virginidad a un hombre que apenas sabía su nombre, e incluso sabía era unos años mayor que yo. Reconocía que estaba siendo infiel a mi novio que siempre me respetó, también sabía que estaba rompiendo la promesa que hice sobre guardar mi pureza hasta después del matrimonio.
Nada de eso me importó.
Quisiera decir que el motivo fue la necesidad incorrecta de consolarte, pero algo dentro de mí me obligó a hacer algo que no debía simplemente para pertenecer a algún grupo y no quedarme como la repudiada, o puritana como me decía Hotaru, que nadie quiere.
Nuestra noche juntos, mi primera vez, fue una experiencia… es decir, no te puedo acusar del acto porque de cualquier forma, tú no sabías que yo era virgen y que no tenía experiencia. Sinceramente, no quiero hablar de ello. No quiero hacerte sentir más culpable de lo que ya te sientes. Es mejor que no recuerdes. Es mejor que yo también lo olvide.
Me olvidé de todo. Olvidé que mis papás me hacían en la fiesta, olvidé que tenía que pasar tiempo junto a Utakata frente a los invitados y la prensa… olvidé quién era yo, a dónde pertenecía, y que lo que hice era terriblemente malo. No usamos protección, ni siquiera sabía qué se tenían que usar para evitar enfermedades, o un embarazo.
Desperté por la mañana con un dolor de cabeza de temer. Sólo estaban algunos invitados que supongo no se pudieron poner en pie después de tanto alcohol. Estaba en una habitación, tendida en la cama completamente desnuda, había una mancha de sangre sobre la sábana, me sentía adolorida de las piernas, mis senos y sobre todo de la vagina.
Te vi a mi lado profundamente dormido. Estabas bocabajo, cubierto hasta la cintura por la misma sábana que compartimos.
Entré en pánico cuando recordé. Sentía que el oxígeno en la recamara era insuficiente.
Tenía que salir de ahí. Tenía que volver a casa, rogar por perdón, y fingir que esto nunca pasó.
Me puse mi ropa lo más rápido que pude, y salí sin que te dieras cuenta.
El golpe de ver a Hotaru, mí supuesta mejor amiga, en mi casa diciendo que me había escapado y que ella trató de buscarme fue más duro que el golpe que me dio mi padre con su mano en mi mejilla. El encierro en mi recamara sin comer por 3 días fue más soportable que enterarme de que había quedado embarazada fuera del matrimonio, del hombre con el que me acosté una hora después de conocerlo, y sin saber exactamente cómo.
Mi primera llamada de auxilio fue a Utakata, le tuve que decir la verdad, y… hasta me arrodillé pidiéndole perdón, e imploré por su ayuda suponiendo que mi padre no sería tan cruel conmigo si pensaba que él era el padre de mi hijo. Creí que Utakata me perdonaría e iba a tener un poco de consideración, pero claro que no sucedió así.
—¡Por favor, Hinata! ¡No vengas a pedirme ayuda después de que vas, coges con otro, te embarazas por estúpida, y vienes a decirme que me amas y que debo aceptar a ese engendro como mío! ¡¿Acaso eres idiota o qué?!
Utakata me mostró su verdadero rostro. Me gritó, me llamó puta una y mil veces, me levantó la mano…
—Resultaste ser más zorra que Hotaru, eh. Mira que no me lo esperaba.
—Pe-perdóname… p-por favor… —Fue como si me aventara al agua sin saber nadar. Sentí que iba a morir… El único camino que tenía para la redención había intentado golpearme.
—Te esperé. No intenté nada contigo por respeto. ¡Y mira cómo me lo pagas…! Largo de aquí… ¡Vete! ¡Lárgate, puta descarada! ¡No quiero volver a verte en mi vida!
Pude ver la mirada de mi padre en sus ojos furiosos, entonces, comprendí que estaba buscando sujetarme de una cuerda que yo misa rompí. No había manera para salir ilesa del profundo pozo. Utakata me repudió, aunque lo tenía ganado porque le fui infiel, y es un pecado que debía pagar. Vislumbré su odio, me di la vuelta y me fui.
Tenía tres meses de embarazo cuando no pude ocultarlo más. Tuve un desmayo, mis padres me llevaron al hospital y descubrieron que estaba embarazada. Esperé todo de mi padre, reclamos, un golpe tal vez. Sin embargo, no sucedió.
—No, papá. Utakata no es…
—¿Quién es el padre?
—N-No… no hay un padre.
—Ya veo. Si no hay padre, no habrá hijo. Nos vamos a deshacer de eso antes de que la gente comience a sospechar. Después de eso te irás al monasterio para que reflexiones sobre lo que has hecho.
Me propuso un plan disparatado. ¡Yo No iba a perder a mi bebé! Así me quedara en la calle, sin nadie, sin nada, yo lo iba a tener a él. No necesitaba a nadie más.
—¡No, padre, por favor no! ¡No me pida que aborte! ¡Sé que fui una tonta y estoy dispuesta a pagar cualquier correctivo que me ponga! Todo menos matar a mi bebé…
Lloré. Imploré. Estaba dispuesta a sacrificar mi libertad y mi carente estabilidad mental a cambio de que me dejara conservarlo. Pero él, Hiashi, sólo estaba dispuesto a aceptar si tenía un apellido que darle…
—Na-Naruto, Uzumaki Naruto… cre-creo que es hijo de uno de tus trabajadores d-de JVCKenwood.
Perdóname… perdóname por meterte en esto cuando ni siquiera estabas enterado. Pero no podía dejar que me quitaran a mi bebé. Por eso lamento todo.
No te merezco. No merezco tu amor. No soy lo suficientemente buena para ti. Definitivamente no debería tener tanto cuando he dado tan poco. Entiendo completamente tu primera impresión de mí, no me siento ofendida, no me siento resentida. Sé que tus dudas estaban justificadas, y créeme que lo entiendo. Entiendo que no confiaras en una persona que no recuerdas. Lo último que deseaba era irrumpir en una vida que seguramente ya estaba hecha… pero, ahora, que he leído tus cartas, leer de poco en poco cómo fue que te enamoraste de un ser tan despreciable, me hace sentir que el destino me premió dándome al hombre perfecto, con un amor perfecto al que en algún momento todos añoramos alcanzar. Me siento bendecida porque llegaste a mi vida cuando más lo necesitaba. Me sostuviste cuando estaba cayendo. Fuiste un respiro de alivio y salvación cuando mis acciones me ahogaron hasta asfixiarme con los resultados del karma.
Pero ahora, estoy pagando de nuevo por haberte abandonado después de una decisión apresurada y absurda. No he regresado a ti por vergüenza, no hay otra explicación. Me siento tonta por dejar lo único bueno que he tenido en mi vida además de Boruto. Fui una ilusa por creer que hablar con la verdad desde el principio no era necesario. Me siento débil porque el día que me fui no pude dar un paso en reversa cuando los estaba dando hacia adelante sin ver.
Por eso, no me pidas perdón por favor… Yo soy la que hizo las cosas mal. No hay otro culpable más que yo, y de mi cuenta corre que lo voy a resolver, porque te quiero devuelta y esta vez no te voy a soltar.
Sin embargo, hay numerosas razones por las que sí debo culparte.
Te culpo por hacerme fuerte, por hacerme entender que tengo un valor extraordinario en este mundo. Te culpo por hacerme sentir importante, por hacerme agradecer a Dios todas las mañanas por un día más de vida, por convertirme en una mujer segura de sí misma y por empaparme en la dicha de tener tu cariño aun cuando no lo merezco. Te culpo por hacerme inmensamente feliz.
Eres el culpable de mis sonrisas, y de que mis ojos se me encharcaran en las aguas del deleite al ver tu rostro cada mañana al despertar. No existe otro ser humano al que pueda culpar por este corazón enamorado que late con pasión. Te culpo porque fuiste mi serendipia… Te culpo porque te amo, y porque te extraño a morir.
Te juro, amor, que voy a luchar por recuperarte. Esta vez seré la esposa, compañera, amiga y amante que debí ser. Si me puedes perdonar me esforzaré para ganarme tu amor otra vez.
Es una promesa.
.
..
...
...
...
¡Lamento mucho la tardanza! No fue mi intención abandonarlos por mucho tiempo, pero mi mala salud me tomó de rehén y desde entonces muchas cosas más me impiden escribir.
Espero que les haya gustado. ¡Esperen el ultimo capitulo!
