Me demoré en sacar este cap pero no pude hacerlo antes.

Ya no queda nada para que Lys vuelva!


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Seamos honestos

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Día 12 (Sábado)

A Sucrette aún le daba vueltas en la cabeza la extraña reacción de Armin ese día cuando estaban en el café, a pesar de que mantuvo la expresión feliz de siempre, luego de que le confesara que sale con Lysandro se puso pálido… Quizás de verdad Lysandro y ella no le parecían compatibles.

Basta Sucrette nuevamente pensando demasiado las cosas. Tal vez parte de ella temía que fuera Lysandro quien no quisiera retomar su… ¿relación?

Después de todo mientras que él estaba en casa con su madre, velando por su padre y por su salud, tratando de ordenar su cabeza y recuperar sus recuerdos, ella como mínimo debería creer en sus palabras, en que cualquier cosa que haya sentido por Rosa está en el pasado…

Era demasiado necesitaba hablar con él.

Rápidamente tomó su celular y cerró la puerta de su cuarto con seguro, revisó el registro de llamadas hasta que encontró el numero desde el cual Lysandro la había contactado días atrás. Por el código era un teléfono fijo, el teléfono de su casa… comenzaba a dudar ¿Y si su madre atendía? No debería ser problema, Josiane sabía quién era ella, se habían visto en el instituto y en el hospital varias veces… Vamos Sucrette nuevamente estás pensando demasiado las cosas, solo llámalo.

El tono de llamado nunca la había puesto tan nerviosa, sus manos estaban sudadas, finalmente levantaron la bocina al otro lado de la línea.

-¿Sí? ¿Hola?-

-H-hhola, ¿S-se encuentra Lysandro?- Su voz era tan temblorosa que parecía que se iba a desmayar.

-Oh no, no se encuentra en este momento, mi hijo está en el hospital.- Josiane sonaba cansada.

-¿Él está bien? ¿No le ha ocurrido nada?-

-Disculpe pero, ¿Con quién hablo?-

-Oh lo siento, soy Sucrette, soy a-amiga de Lysandro fui a verlo al hospital.- Sucrette dudó, quizás Josiane no la recordaba.

-Ahh, así que tú eres esa dulce jovencita por la que mi Lysandro no deja de suspirar, no te preocupes él está bien, solo fue a ver a su padre, como parte a la ciudad nuevamente la semana entrante quiere aprovechar al máximo su tiempo con mi George. ¿Quieres que le diga que llamaste cuando regrese?-

-N-no se moleste, no quiero interrumpir el tiempo con su padre.-

-Pero que dices niña, mi hijo estará más que feliz cuando sepa que llamaste.-

-B-bueno, m-muchas gracias entonces.-

-Pequeña ¿Puedo pedirte un favor?-

-Claro, claro que si.-

-Cuida de él… No se avecinan buenos tiempos, mi George no mejorará y no quiero que mi muchacho esté solo. Leigh tiene a Rosa, ella es una buena chica y me tranquilizaría mucho saber que mi Lysandro tiene a alguien como tú que vea por él.-

-No se preocupe Josiane, y-yo no tengo intenciones de volver a apartarme de su lado.- Dijo con dulzura, olvidando por completo que era la madre de Lysandro con quien hablaba.

-*risa* El amor de los jóvenes siempre es una alegría para el corazón de los viejos.-

Día 14 (Lunes)

Sucrette corría desesperada rogando que los planetas se alinearan y que Delanay no la asesinara por llegar tan tarde… otra vez.

-¡Señorita! Sus retrasos ya se están haciendo costumbre, vaya a hablar con la directora no entrará a mi clase.- Sucrette la miraba derrotada desde la puerta, mientras escuchaba las tenues risas y burlas de sus compañeros.

-Más suerte para la próxima- Se mofó Castiel de ella provocando que todos se rieran.

-¡SILENCIO! ¡Y usted ya retírese!- Ya no se escucharon más voces y Delanay volvió a lo suyo.

Perdida… estaba perdida, diablos porque justo hoy que tenía clase con la más bruja del instituto (después de Amber claro) la directora iba a matarla, a colgarla del cabello en el asta de la bandera, sus padres la castigarían por el resto de la eternidad, de esta no se salvaba.

-Creo que hoy no es nuestro día.- Dijo Rosalya con una suave sonrisa en su rostro, estaba recargada sobre los casilleros con sus manos tras ella.

-Parece que se levantó con el pie izquierdo. Aunque dudo que tenga días buenos.- Le respondió Sucrette intentando sobreponerse.

-Señoritas se les ofrece algo.- La directora salió de su despacho.

-La Señora Delanay no nos permitió entrar a clases porque llegamos ligeramente tarde.- Relató Rosa esperando clemencia.

-Oh bueno, ella puede ser un poco susceptible a veces, no quiero que estén perdiendo el tiempo en los pasillos, vayan a ver si algún maestro necesita ayuda con algo.- Les ordenó antes de irse tatareando con una pequeña pila de papeles.

-Lucky Lucky.- Dijo Rosa con asombro en sus ojos antes de tomar a Su del brazo y salir corriendo en dirección al sótano.

Rosa se dejó caer delicadamente sobre el piso, una vez que se acomodó empezó a juguetear con el dobladillo de su vestido. Sucrette miraba al vacío.

-Rosa, le dije a Castiel sobre Lysandro y yo.- La platinada se levantó tan bruscamente que casi se cae al suelo. –Y a Armin… también se lo dije.-

-¿¡Qué!? ¿Cuándo pasó todo esto? ¿Por qué no me lo dijiste antes?- Rosa se arrodilló frente a ella con mirada inquisitiva.

Sucrette solo se limitó a mirarla con cara de perrito regañado. Rosalya suspiró.

-Bien, no más pretextos… tú y yo tenemos que hablar, ahora si en serio.- Rosa también la miraba algo preocupada, es cierto que desde su pequeña fiesta de pijamas que no habían hablado y al parecer Su había tenido muchas emociones.

-Tienes razón Rosa… yo aún tenía algunas dudas, creí que después de que te quedaste en mi casa todo había quedado claro pero después de ver a Lysandro… no sé, me di cuenta de que mis inquietudes no habían desaparecido completamente, no es que quisiera mentirte, eso hizo que me acercara a Castiel y no pude evitar decirle lo de Lysandro (aunque prácticamente me obligó, pero no le diré eso a Rosa), y bueno con Armin es como si no hubiera podido contenerme, estábamos en la cafetería y creo que realmente no se lo esperaba porque su reacción fue tan extraña.- Rosa nuevamente no pudo resistir el deseo de suspirar.

-Tengo que decirte algo pero no puedes mencionárselo a NADIE o Alex me matará… le gustas a Armin, Alexy me lo dijo, hace tiempo ya.-

Sucrette estaba pasmada, se le cayó la mandíbula casi hasta el suelo.

-¿De qué hablas Rosa? A-armin y yo solo somos buenos amigos…- Sucrette lucía muy nerviosa. Rosa la miraba con frustración.

-LE GUSTAS SUCRETTE- Le repitió mirándola directo a los ojos mientras la sujetaba por los hombros.

-B-bien, t-te creo… eso explicaría algunas cosas.- Dijo Sucrette procesando información a 100 km por hora. –Agghh como es que soy tan idiota, él me tomó de la mano en la cafetería y yo llego y le suelto que estoy con Lysandro, es decir no es que no quisiera decírselo pero pude haberlo hecho de otra forma o en otro momento… jamás querrá volver a hablarme.- Sucrette revolvía su cabello completamente alterada.

-Oh vamos, Armin iba a saberlo tarde o temprano, de todas formas es mejor que se haya enterado por ti, ¿no crees?- Decía Rosa.

-Llamé a casa de Lysandro el fin de semana.-

-¿Y qué te dijo?- Demonios con tantas noticias a Rosa le daría un ataque cardíaco.

-N-no pude hablar con él, Josiane fue quien contestó, Lysandro estaba en el hospital con su padre.- Su se sonrojó un poco al recordar su conversación con la madre de Lysandro.

-¿Hablaste con su madre? Sucrette, quiero hacerte una pregunta muy en serio… tú… ¿Aun quieres que sigamos siendo amigas?-

-¿D-de qué hablas Rosa? Claro que sí, ¿Por qué me preguntas eso?-

-Es que… siendo sincera contigo, me sorprende que dudes de Lysandro o de mí, yo amo a Leigh y creo que lo sabes además Lysandro te dijo que lo que sentía por mi está en el pasado. Cuando nos conocimos es cierto que congeniamos un poco y lo que fuera que él vio en mí ya no existe desde hace muchísimo tiempo, somos amigos, familia pero eso es todo.-

-L-lo, sé… créeme que lo sé Rosa.- Sucrette comenzaba a sollozar. –No es por él ni por ti, es por mí, realmente no entiendo que es lo que me pasa, por qué me siento tan insegura… soy una tonta.- Dijo riendo entre lágrimas.

-No lo eres… el amor es muy caprichoso, tú y él están apenas comenzando y es normal que existan ciertas inseguridades, aún tienen que conocerse. Me pasó con Leigh, él no es muy comunicativo, tenía que sacarle respuesta con tirabuzón, recuerdas que cuando nos conocimos habíamos discutido porque él no me demostraba casi nada… esas cosas se van superando con el tiempo, tiempo que ustedes no han tenido con tantos tropiezos pero tienen que superarlos, yo sé que lo harán.- Rosalya le sonrió, y Su sintió la confianza que su amiga depositaba en ella.

-Claro que lo haremos, la verdad es que tengo muchas ganas de verlo.-

-¡Ya sé! Para sellar nuestras paces iremos de compras, buscaremos un lindo conjunto para cuando veas a Lysandro mañana.- Dijo Rosa con una gran sonrisa.

-¿M-mañana?- Sucrette miró la fecha en su reloj, con todas las cosas que habían ocurrido estos días el tiempo pasó casi volando y mañana finalmente se reencontraría con Lysandro, su corazón latía tan rápido que temía que Rosalya pudiera escucharlo.

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Al fin, que emoción finalmente Rosa y Su hacen las paces con una competencia de confesiones y que mejor para conmemorar eso que yendo de compras.