Hola a todos, después de tanto tiempo aquí les traigo un nuevo capítulo de mi historia. Gracias por sus reviews, me alegra ver que a la mayoría les ha gustado pero quiero explicar algunos de los puntos de la historia:
1.- Recuerden que Zelda, como quien dice, es mala (por razones que expliqué muy bien en los capítulos anteriores) y ya sabemos cómo son los malos: sin escrúpulos, sin moral, vengativos, desconsiderados etc así que váyanse haciendo a la idea de que Zelda hará lo que sea para conseguir lo que quiere.
2.- Link llegó después de Dario y bien sabemos que Dario es el disque amor adolescente de Zelda por lo que es natural que aún lo desee.
3.- Matar al heredero de un reino es como echarse encima un saco de alacranes, cuando Link mató a Ganondorf se ganó la gloria porque todos odiaban a Ganondorf pero si matase a Draaknir su reputación estaría por los suelos y sería un criminal porque es amado por todos los habitantes de su reino, es justo lo que Zelda no quiere.
Por último, lo más importante: SI VAN A DAR SU OPINIÓN (SEA NEGATIVA O POSIVITA) NO DEN SPOILERS.
Sin más, disfruten éste capítulo y esperen el siguiente para la próxima semana.
El príncipe
El palacio era una locura; los sirvientes estaban corriendo de un lado para otro, llevando y trayendo objetos para decorar el gran salón y los jardines del Palacio, pues todo tenía que ser perfecto para la llegada del príncipe Draaknir. Había pasado apenas una semana desde mi coronación y esperábamos al príncipe dentro de unos meses, pero apenas tres días antes había llegado el aviso de que vendría, dejándonos sin mucho tiempo para prepararnos –Ahora entiendo por qué esa insufrible mujer (La princesa Draela) se había quedado-. La corona no contaba con las rupias para tal evento tan importante y no podía pedir tributos o impuestos a mis súbditos por obvias razones, pero Link se ofreció a conseguir los fondos necesarios. Me sorprendió que consiguiera tal suma exorbitante de rupias en tan poco tiempo, siempre me preguntaré cómo lo hizo porque cuando le pregunté evadió la pregunta diciendo –"No os preocupéis, alteza, consideradlo como un regalo de bodas"-
Cuando Dario se enteró de que el príncipe había adelantado su visita, despotricó e hizo una escena de celos pero afortunadamente aceptó mi sugerencia de irse de viaje al lago Hylia; Gracias a las diosas porque, además de que estaría molestándome con escenas de celos, su temperamento arruinaría el plan.
Mientras todos corrían estresados y apurados, yo me dediqué a embellecerme para verme espectacular a los ojos de mi prometido. Para eso, mis ayudas de cámara y Makiare me prepararon un baño con una pócima que deja la piel tan suave como la de un bebé y el cabello brillante y sedoso. Mi vestido ya había sido confeccionado por el sastre real y era atrevido pero espectacular; era de seda blanca con un corsé detalladamente bordado con hilos de plata, mangas largas, escote en V y faldas estrechas. Combiné mi vestido con unas zapatillas plateadas y decoradas con cristales finamente cortados y joyería de plata con zafiros incrustados. Mis subordinadas insistieron en hacerme un peinado sencillo y suelto para que luciera la sedosidad de mi cabello y colocaron sobre mi cabeza tiara de plata decorada con hilos de grosor mediano y diamantes pequeños. En mi cara solo aplicaron un ligero rubor rosado, delinearon de negro mis ojos y aplicaron bálsamo transparente de sabor cereza en mis labios. Para cuando terminaron de arreglarme, anunciaron la llegada de la caravana vaneryana y supe que ya era hora de recibir a mi prometido en las puertas del Palacio. Bajé sin prisa para darle tiempo a la caravana de aproximarse a las puertas del palacio y cuando llegué ya se encontraban ahí todos los miembros del consejo real (Link entre ellos, guapo y gallardo en su armadura dorada y plata) y todos los nobles de Hyrule tras las filas de la guardia real en armadura dorada, capas rojas y lanzas. El heraldo anunció mi llegada y todos se inclinaron al verme; pude ver a las doncellas susurrarse, a juzgar por sus expresiones, palabras de envidia al oído y escuchar a algunos caballeros musitar lo hermosa que me veía. Me coloqué justo en medio de la entrada, Link estaba a mi lado derecho y no dejó pasar la oportunidad de elogiarme al decirme –"Lucís más bella que todas la diosas juntas"-
Las pesadas puertas de hierro y madera del muro que protegía al palacio estaban abiertas, y podía ver desde mi lugar la plaza central de La Ciudadela, decorada con flores blancas y la plebe reunida tras las filas de la guardia real. Esperamos un par de minutos y pude ver a los guardias vaneryanos montados a caballo llevando encima sus armaduras negras y estandartes en mano, custodiando un lujoso carromato, el cual venía seguido por otros más no tan lujosos. Los carromatos y los caballeros se detuvieron justo al pasar las puertas del muro, sin acercarse más a las puertas del Palacio. Esperamos a que el príncipe y su séquito de nobles bajaran de los carromatos pero nada sucedió –¿Qué está sucediendo?- Me pregunté y empezaba a impacientarme, al igual que las demás personas a mi alrededor-
En un momento me pareció ver que una gran sombra cruzó por la glorieta que formaba una gran escultura de hielo de las Diosas y todas las personas a las que no les bloqueaba la vista al cielo el techo de la entrada del palacio, miraron hacia arriba de sus cabezas. La guardia real adoptó una posición de defensa y tanto doncellas como lores y caballeros gritaron aterrorizados. Link corrió a ver lo que sucedía.
- ¡Es un dragón! –Gritó- ¡Proteged a la reina y a los nobles! –Ordenó a los caballeros de la guardia real, que se movilizaron de inmediato formando filas defensivas alrededor de los nobles, mientras que a mí y a los miembros del consejo nos rodearon los caballeros de élite- ¡Preparad vuestras lanzas! –Volvió a ordenar Link-
Uno de los caballeros vaneryanos se aproximó tranquilamente a Link y se quitó el yelmo, revelando que era una mujer, para hablar con él. No pude escuchar lo que decía la mujer pero pude ver que Link se relajó, ordenó a los caballeros de la guardia real abandonar sus posiciones de defensa y volvió riendo a mi lado.
- ¿Qué ha sucedido, Sir? –Pregunté aún intranquila-
- Vedlo por vos misma, alteza.
Mientras le preguntaba a Link qué era lo que pasaba, sentí sobre mi cuerpo una fuerte ráfaga de viento y voltee hacia la dirección de donde venía; sobre la cabeza de la Diosa Din, se posaba un enorme dragón de ojos azules y cubierto de gruesas escamas negras que parecían del mismo metal de las armaduras de los soldados vaneryanos, y sus alas desplegadas. El rugido que profirió el enorme dragón, ensordeció mis oídos por unos segundos y cuando plegó sus alas, bajó de él un hombre que aterrizó sobre la cabeza de la Diosa Farore y saltó a tierra firme. Los carromatos y los caballeros vaneryanos avanzaron hasta quedar frente a las puertas del Palacio y detrás del príncipe, seguido por un silencio que se vio interrumpido por susurros de indignación del alto sacerdote del templo de las Diosas, los nobles y los miembros del consejo, que consideraron la llegada del príncipe una blasfemia.
- Draaknir Van Haren von Vanerya-Ithana, príncipe y heredero al trono de Vanerya –Anunció el heraldo vaneryano y Draaknir se quitó el yelmo, revelando una lustrosa cabellera negra y ondulada que llegaba hasta sus hombros-
Los miembros del consejo real, intimidados por la presencia del dragón, bajaron los escalones al encuentro con el príncipe.
- Zelda Nohansen von Hyrule-Baladis, reina de Hyrule y los dominios Goron y Zora y protectora del reino –Anunció por segunda vez mi heraldo y el príncipe y su séquito me reverenciaron-
Mientras bajaba por los escalones para saludar a mi prometido, el dragón me miró fijamente con sus enormes ojos azules y estiró su largo cuello hacia mi dirección como si intentase olfatearme, causándome intimidación y miedo por un momento, luego recordé que Link venía tras de mí, listo para saltar sobre el dragón si éste se atrevía a acercarse más de lo que debía y me sentí más tranquila.
- Un placer conoceros, alteza –Dije mientras extendía mi mano derecha hacia el príncipe y éste la tomó-
- El placer es todo mío, su majestad –Dijo Draaknir con frialdad, al tiempo que besaba mi mano-
Una vez el príncipe me miró de frente, pude admirar bien sus facciones faciales y descubrí que tenía cierto parecido a Link, aunque Draaknir, además de que tenía el cabello largo y negro como el ébano y ojos de color verde esmeralda, su siempre estoica expresión facial le daba un aire de seriedad –Me casaré con un glaciar-pensé-
- Alteza, por si no os habéis percatado, vuestro dragón tiene aterrorizados a mis súbditos por lo que os pediré que lo retiréis. Además, habéis arruinado la bella estatua de hielo de nuestras veneradas Diosas –Dije en tono tranquilo, aunque también me indignaba lo que había hecho con la estatua, que ahora era solamente de dos Diosas y dos triángulos de la trifuerza, pues el calor que emanaba el dragón había derretido a la Diosa Din y un pedazo de la trifuerza del poder-
El príncipe arqueó una ceja, volteó a ver la estatua como si apenas se percatase de lo que se trataba, pronunció unas palabras en hyleano antiguo que solamente yo entendí (–"Podéis iros, Xenov"- fue lo que dijo), y el dragón, después de echarme una última mirada, desplegó sus alas y se echó a volar ¿a dónde? Lo ignoro, pero estoy contenta de que se haya ido.
- Disculpadme, su majestad, ignoraba la forma de la estatua y para reparar mi error, enviaré un generoso tributo al templo de las Diosas –Dijo a modo de disculpa pero aun conservando su rostro inexpresivo-
- Con vuestras disculpas es más que suficiente –Dije forzando una sonrisa- Estoy segura de que estáis exhaustos por el largo viaje, Lord Arthos se encargará de atender a vuestro séquito y vos podéis venir conmigo al Palacio de la Familia Real, seguidme por favor –Dije, di media vuelta y comencé a subir los escalones que llevaban al gran salón del palacio-
Cuando llegamos al gran salón me di cuenta de que Draaknir no era el único que venía tras de mi (Sin contar a Link, que no se me había despegado ni un momento), también venían alrededor de quince personas uniformadas y con aspecto de servidumbre, cargando las pertenencias del príncipe. Isane se encontraba esperando al pie de las escaleras que llevaban a los pisos superiores del palacio donde se alojaría el príncipe.
- Principe Draaknir, mi mayordomo, Ysane, os guiará a vuestros aposentos para que descanséis antes del banquete en vuestro honor -Indiqué e Ysane reverenció al príncipe- Ya he dispuesto sirvientes a vuestro servicio, así que os esperan las mayores atenciones –Agregué-
- Su majestad, he traído conmigo a mis sirvientes así que no es necesario que dispongáis sirvientes a mi servicio. Podéis destinarlos a servir a los nobles que me han acompañado si lo deseáis –Dijo, forzando una sonrisa-
- Si así os sentís más cómodo, que así sea –Dije también forzando una sonrisa-
- Espero pasar tiempo a solas con vos, su majestad –Dijo como si fuera una obligación mía y Link soltó un bufido de exasperación- Vos debéis ser el Héroe del Crepúsculo o ¿Me equivoco? –Preguntó, arqueando de nuevo su ceja derecha, dirigiéndose a Link-
- Para serviros, alteza –Contestó Link e hizo una reverencia-
- He escuchado mucho sobre vos, sois un hombre famoso en Vanerya ¿Lo sabíais? -¿Estará hablando de los rumores o de sus hazañas? -Me pregunté- Pero bueno, supongo que habrá mucho tiempo para conversar con vos, así que por el momento y con el permiso de su majestad, paso a retirarme a descansar –Draaknir tomó mi mano y la besó- Nos veremos en el banquete.
- Os deseo un plácido descanso, príncipe Draaknir –Me despedí y el príncipe siguió a Isane hasta donde, por insistencia de Lord Arthos, se alojaría: Las habitaciones del rey.
Una vez hubieron desaparecido el príncipe y su ejército de sirvientes, me dirigí a los jardines del palacio para hablar con Link porque su bufido de exasperación obviamente fue escuchado por el príncipe.
- Link ¿Os habéis dado cuenta de que el príncipe os ha escuchado? –Le pregunté, molesta-
- ¿Y vos os habéis dado cuenta de que quiere estar a solas con vos para aprovecharse? –Contestó mi pregunta con otra pregunta, molesto-
- Link, el príncipe no me tocará hasta que estemos casados así que por eso no os debéis preocupar.
- ¿Cómo podéis estar tan segura? Vos lo deseáis ¿No es así? –Preguntó y eché un suspiro de exasperación-
- Estáis siendo ilógico, sir, solo hacedme el favor de controlar vuestros celos o tendré que tomar medidas drásticas –Amenacé-
- ¿Ah sí? Pues a mí me parece que ya habéis hecho bastante con haberme rechazado por ese presumido –Dijo molesto- Sois una mentirosa, si fuera cierto que me amáis, no estaríais haciendo todo esto –Dijo en tono acusatorio-
- ¡Os he rechazado por el bien de mi reino! Vos creéis que es muy fácil para mí casarme con alguien de quien no estoy enamorada, pero no es así. Llevo un peso sobre mis hombros que vos jamás habéis experimentado, así que no os atreváis a juzgarme, Link. Es cierto que os amo pero también amo a mi reino y a mis súbditos y tengo un deber qué cumplir. Si vos de verdad me amarais no estaríais complicándome más la vida con reclamos absurdos –Me defendí mientras me debatía entre contarle sobre mi plan o no-
- Está bien, no os diré nada más y me comportaré como si fuera una estatua en presencia de vuestro "amado" prometido.
- Link, no solamente lo hago por mi reino, lo hago por nosotros. Todo lo que sucede y lo que está por suceder es en nuestro beneficio, no os pido que entendáis solo que tengáis paciencia –Dije al tiempo que acariciaba su rostro para tranquilizarlo. Decidí no contarle nada porque Link era un hombre de honor y jamás lo aprobaría-
- No es necesario que me expliquéis nada, todo está claro majestad, no os volveré a molestar –Dijo con un dejo de amargura en su tono- Con vuestro permiso, tengo asuntos qué requieren mi inmediata atención, así que paso a retirarme –Dijo, dio media vuelta y salió del lugar a pasos apresurados-
Lo siento mucho Link pero no puedo arriesgarte –Musité para mí-
Sin nada más qué hacer, volví a mis habitaciones para prepararme para el baile de bienvenida de esta noche. Espero que esta vez Draaknir cambie su expresión fría por una de sorpresa al verme.
((((()))))
Para el baile de bienvenida, llevaba encima un vestido de los colores del blasón de la casa real de Vanerya: negro y rojo. Después de que anunciaran mi llegada y cumplir con el protocolo, me senté al lado de mi prometido y el banquete inició. El gran salón estaba decorado con candelabros de cristal y rosas blancas; todas las damas de la nobleza hablaban de que tan hermoso había sido decorado antes de que yo llegara a imponer un nuevo tema de conversación inconscientemente; ahora el nuevo tema de conversación era sobre mi aspecto. Era el tema en boca de todos menos el de Draaknir.
La única mirada de Draaknir fue cuando me saludó, después de eso volvió a su asiento para disponerse a dar cuenta del banquete. Intenté establecer una conversación entre nosotros pero el príncipe mostraba más interés en lo que su hermana (que estaba sentada a su lado izquierdo) decía.
Busqué a Link con la mirada pero no se veía por ningún lado, me preguntó si habrá venido al baile. Los miembros del consejo real estaban en una misma mesa y se les veía animados. El aburrimiento empezaba a abrumarme, así que pedí al copero que nunca me faltara el vino.
Una vez terminó el banquete, los músicos dejaron de tocar y todos en el gran salón esperaron a que mi prometido y yo abriéramos el baile. Draaknir se puso de pie y cortésmente me ofreció su brazo, mismo que yo tomé con la misma cortesía y bajamos juntos a la pista de baile. Los músicos comenzaron a tocar una melodía romántica y Draaknir y yo comenzamos a bailar.
- Tenía la idea de que vos queríais conversar conmigo –Dije mientras forzaba una sonrisa-
- Así es, majestad –Contestó tranquilamente mientras dirigía nuestra danza habilidosamente-
- A mí me parece lo contrario.
- ¿Por qué lo decís? –Preguntó-
- Vos mostráis más interés en la conversación de vuestra hermana que en la mía –Le reproché-
- Disculpadme si os di esa impresión, alteza, es solo que no me es fácil conversar con personas a las que apenas conozco –Se excusó-
- Entonces iniciaré yo ¿Cuál es el nombre de vuestro dragón? –Pregunté, supe que Draaknir se interesaría más si le preguntaba sobre su mascota preferida-
- Xenov, ¿Qué os ha parecido?
- Es impresionante, imponente, bello pero intimidante; casi muero de miedo cuando me acerqué a saludaros, porque Xenov no me quitó la vista de encima e incluso se acercó para olfatearme –Draaknir comenzó a mofarse cuando terminé la oración-
- Eso es porque le habéis gustado, Zelda. Por lo general, Xenov ignora a los humanos y es rara la vez cuando se muestra interesado en uno –Explicó animado-
- Entonces ¿vuestro dragón se ha enamorado de mí? –Pregunté en broma-
- No, solo os ha aprobado para ser mi esposa. Xenov no es un animal cualquiera, es como si él y yo fuésemos uno solo –Explicó-
- ¿Uno solo? ¿A qué os referís? –Inquirí-
- Xenov y yo compartimos una conexión mental y espiritual, como su jinete debo comandarlo a través de la mente y apaciguarlo cuando su espíritu está inquieto, solo así se puede ser jinete de dragón –Explicó jactancioso-
- ¡Qué interesante! –Comenté genuinamente fascinada, pues nunca imaginé que algo así pudiera ser real- Quizá sea pronto para preguntároslo pero, ¿Podría montarlo alguna vez? –Draaknir me miró sorprendido cuando terminé la pregunta-
- Nunca nadie me había hecho tal petición –Contestó con una sonrisa en el rostro-
- ¿Jamás habéis llevado a alguna doncella a pasear a lomos de vuestro dragón? –Pregunté-
- Nunca, ni siquiera a mi hermana.
- Bueno, vuestra hermana tiene a su propio dragón, ¿por qué habría de montar el vuestro?
- Mi hermana repudia a los dragones –Contestó incómodo y preferí no preguntar más sobre el tema-
- Vaya, no comprendo cómo alguien puede repudiar a una criatura tan magnífica.
- Concuerdo con vos, Zelda –Comentó-
La pieza que bailábamos terminó al mismo tiempo que Draaknir pronunció mi nombre y paramos de bailar para volver a nuestros asientos; era hora de ver el entretenimiento que Lord Arthos había preparado. Una vez ahí, noté una mirada de desdén de la princesa Draela pero no le di importancia y puse atención a los artistas que se presentaban. Draela se puso de pie con la intención de hacer un anuncio.
- Su majestad, he enviado traer a estos artistas vaneryanos para vuestro deleite, espero que disfrutéis el espectáculo que os han preparado –Dijo con una sonrisa y volvió a tomar asiento mientras los artistas comenzaban su acto-
Los nobles aplaudieron desde sus asientos y dirigieron su total atención a los artistas vaneryanos. El grupo de artistas estaba conformado por 5 hombres que llevaban puesta una máscara blanca y estaban en fila: el primero vestía una armadura muy ornamentada y capa roja; el segundo vestía como un noble y simulaba ser un anciano; el tercero vestía también como un noble y su cabello rojo lo caracterizaba; el cuarto llevaba una armadura ligera y negra; y por último, el que capturó mi total atención, un muchacho de cabello rubio cenizo y vestido con una túnica verde. Voltee a ver a Draela, quien tenía una sonrisa maliciosa en el rostro -¿Qué se trae entre manos? Me pregunté-. Pensé que eso era todo pero, para mi sorpresa, entro una chica de cabello largo y castaño con un vestido muy atrevido encima y una corona sencilla en la cabeza. La chica pasó por entre los hombres, desordenando la fila y se sentó en un trono que los mismos artistas habían traído para esa función. Todos la miraron embobados, menos el anciano, y el chico vestido como sir Link se aproximó a ella. El supuesto sir Link extendió su mano hacia la chica y cuando ella la tomó, los músicos que acompañaban a los artistas comenzaron a tocar sus instrumentos de viento; era una pieza de un estilo que jamás habías escuchado antes y que incitaba a la sensualidad. La pareja comenzó a bailar al mismo ritmo de la música. Los movimientos de la chica eran gráciles y sensuales y el chico correspondía a esos movimientos. Los actores simulaban una escena de sexo, eso era claro.
El anciano se acercó a la chica y trataba de apartarla del chico, pero ella no lo escuchaba e ignoraba los consejos que el anciano le susurraba al oído. El anciano, cansado de que la chica lo ignorase, se alejó y se internó a la oscuridad. El hombre de armadura y capa, parecía estar muy molesto e intentaba ir hacia donde la pareja pero el chico pelirrojo lo detenía; el otro hombre de armadura negra solo se limitó a observar.
La chica paró de bailar y la música cesó, entonces la chica empujó al muchacho de verde y éste insistía en volver al mismo baile que ella había dejado de bailar pero ella lo rechazaba una y otra vez. Vencido y cansado del rechazo, el muchacho de verde se retiró.
El siguiente acto de la chica fue el de acercarse al hombre de armadura y capa roja y con una expresión provocativa en el rostro y un baile erótico, sedujo al soldado. El chico pelirrojo trató de alejarlo de la chica pero el hombre de armadura hizo caso omiso y fue hacia ella como una polilla atraída a una llama. La chica y el soldado bailaron una pieza diferente a la que había bailado con el chico de verde pero igual de sensual.
Los nobles comenzaban a susurrar y los miembros del consejo estaban estupefactos, especialmente Lord Bazir que montó en cólera y ordenó a los guardias detener el espectáculo y retirar a los artistas e inmediatamente se dispusieron a obedecer al anciano. La princesa Draela sonreía triunfal, como si el acto hubiese causado el malestar que ella esperaba.
- ¡Detenedse, soldados! –Ordené desde mi asiento, Lord Bazir me miró estupefacto y los guardias se quedaron inmóviles al igual que los artistas- Recordad que estos artistas son nuestros invitados y además han demostrado ser muy talentosos al interpretar tan habilidosamente la obra que la princesa Draela de Vanerya preparó, sería muy descortés si no los dejarais terminarla –Abogué y miré a Draela que había dejado de sonreír súbitamente- No voy a darte el gusto, víbora- pensé- Continuad, por favor –Ordené a los artistas y ellos se dispusieron a terminar la obra pero se vieron interrumpidos esta vez por Draaknir-
- ¡Retiraos! –Ordenó a los artistas y yo lo miré sorprendida- ¿Quién se cree para dar órdenes en mi palacio? –Pensé- No permitiré que sigáis manchando la buena reputación de Vanerya interpretando una obra tan ofensiva y vergonzosa. ¡Mi futura reina ha sido benevolente con vosotros pero yo no lo seré! –Dijo enfadado y los artistas temblaron al escuchar la voz estruendosa y llena de rabia de mi prometido-
Todo el salón estaba en silencio hasta que una soprano comenzó a cantar una melodía que, mientras los artistas se retiraban, nos hizo olvidarnos del incidente. Draela se levantó de su asiento y sin dar explicaciones a nadie, se retiró. No pude más que sentirme feliz por verla molesta.
- Disculpad a mi hermana, Zelda –Se disculpó Draaknir en nombre de Draela-
- No hay de qué disculparse, nada de esto me ha ofendido –Mentí-
- Me alegra saber que mi futura esposa es una mujer madura –Comentó a modo de halago y yo le sonreí-
El resto de la noche transcurrió sin incidentes, Draaknir y yo seguimos bailando y esta vez se mostró más interesado en mí al preguntarme sobre mi vida pero no pude dejar de preocuparme por Link (que por cierto se desapareció por el resto de la noche).
((Varias horas después))
Link
Una jaqueca me despertó por la madrugada y aun me sentía desorientado debido al vino que había bebido durante el banquete. Miré a mi alrededor y me percaté de que estaba en la torre que ahora funcionaba como mi habitación y cuartel de la guardia real y, que además, acurrucada a mi lado estaba una chica pelirroja y desnuda –Joder ¿Qué carajo hice?- me pregunté mientras me sentaba sobre la cama y masajeaba mi frente-
No recordaba con claridad lo que había pasado durante el banquete, solo recordaba a Zelda bailando con el jactancioso y presumido príncipe (ambos como si estuviesen perdidamente enamorados) y a mí mismo bebiendo vino como si se tratase de agua. ¿Habré metido a una prostituta al castillo? De ser así y, si Zelda se enterase, perdería mi nuevo puesto y a ella también.
- No es una prostituta, idiota –Contestó a mi pregunta el Héroe del Tiempo, que había aparecido a un lado de mi cama y parecía molesto pero no le di importancia-
- ¿Sabéis quién es? –Le pregunté en voz baja para no despertar a la pelirroja-
- No, pero dejadme deciros que habéis desvirgado a una chica de la nobleza.
- ¿Cómo carajo sabéis que es de la nobleza si ni siquiera sabéis quién es?
- Porque os observo a vos y a las personas que os rodean, además, ningún plebeyo es admitido aquí en el palacio y vos no habéis visitado el burdel.
- Joder… -Maldije-
- Ahora debéis sacarla de aquí antes de que alguien se entere, despertadla y haced que se vaya inmediatamente, aunque de todas formas tendréis que casaros con ella por haber tomado su virtud –Dijo en forma de mofa y desapareció-
Me puse a pensar sobre las consecuencias de mis actos y empecé a desesperarme al pensar que después de haber hecho lo que hice había eliminado toda posibilidad de estar con Zelda. Aunque Zelda me había rechazado, aún tenía la esperanza de que por recompensa de las diosas o por azares del destino pudiésemos estar juntos algún día, pero el héroe del tiempo tenía razón, ahora debía casarme con ésta chica que ni siquiera conozco.
Sacudí a la chica con suavidad hasta que despertó. Ella se estiró en el lecho, se frotó los ojos y se incorporó. La débil luz de la única vela encendida en mi habitación revelaba a una chica de cabello rojo y ondulado, ojos verdes, blanca con algunas pecas, muy delgada y de facciones faciales casi infantiles.
- ¿Qué sucede milord? ¿Ya ha amanecido? –Preguntó con tono de pereza-
- No ha amanecido pero quiero que os vistáis y salgáis de aquí de inmediato.
- Pero si no hemos terminado, milord –Dijo y con ademán de querer seducirme, empezó a tocarme pero yo aparté su mano-
- Hemos terminado, milady, ahora vestiros e id a vuestras habitaciones –La chica me miró y noté que empezaba a desesperarse-
- Hablaréis con mi padre ¿verdad?
- Si, cuando mis labores me lo permitan.
La chica, emocionada, saltó sobre mí y me besó (Yo no le correspondí pero eso a ella no le importó), se vistió con rapidez y desapareció.
- Ni siquiera sé su nombre –Dije mientras me reía sardónicamente-
(((El día siguiente)))
Lord Arthos había organizado una cacería en los bosques de Faron, insistió en que el evento era exclusivo para los varones de la nobleza pero no pudo hacerme desistir de mi idea de acompañar a mi prometido, además, mi prometido estaba ansioso de verme montada a caballo y disparando flechas e insistió en que yo lo acompañase –No tengo idea de quién pudo haberle informado pero estoy agradecida-. Claro, no podía haber faltado Link en la caravana porque, según él, tenía la costumbre de caerme del caballo y él era el único que podía evitar que me desnucara.
Nuestra partida consistía de once guardias, cuatro sirvientes y cuatro nobles, decidimos llevar poca vigilancia porque si éramos más de veinte personas la cacería sería un fracaso. Los guardias se dispusieron a montar el campamento mientras nosotros los nobles nos disponíamos a dar inicio a la cacería bajo la supervisión de Link. Para la decepción de Draaknir, decidí no ir montada a caballo por la naturaleza del terreno, que estaba repleto de raíces de árboles enormes. Nos separamos en dos grupos: Lord Bazir y Lord Drazo (primo y consejero de Draaknir) y Link, Draaknir y yo.
- Poseéis un reino hermoso, Zelda –Comentó Draaknir al ver la majestuosidad del bosque de Faron-
- Gra..-
- No olvidéis que os estáis dirigiendo a la reina, príncipe Draaknir –Interrumpió Link, indignado-
- Lo tengo muy presente, sir, como también tengo presente el hecho de que también es mi prometida –Se defendió Draaknir- Estaría bien que no os olvidases de vuestro lugar y haríais bien recordar que vos no tenéis permiso de hablar en presencia de su majestad o cualquier otro noble sin permiso.
- No os alarméis, sir Link, yo le he dado permiso al príncipe de tratarme con familiaridad –Me apresuré a decir antes de que el problema se hiciera mayor, luego leí la mente de Link y supe que lo que venía de su boca no era nada bueno- ¡Mirad! ¡Un ciervo! –Exclamé y ambos hombres voltearon a los lados para ver donde estaba el ciervo-
- No hay ningún ciervo –Dijo Link, molesto-
- Supongo que lo habré espantado, qué torpe he sido –Me excusé y Draaknir soltó una risa burlona-
- Será mejor que sigamos a ese ciervo, milady –Dijo Draaknir mientras se adelantaba a escudriñar los alrededores en busca de presas-
- Así que ahora vosotros os habéis olvidado de vuestros títulos –Me susurró Link en cuanto vio que Draaknir estaba a una distancia segura- ¿Habéis dormido ya con él, alteza?
- Por las diosas, Link, dejad vuestros celos dentro de vuestra alforja y dejadme tranquila –Sisee y me adelanté hasta donde estaba Draaknir-
Nos adentramos en el bosque y seguimos buscando presas pero era como si todos los animales se hubiesen evaporado porque ni siquiera el canto de las aves se escuchaba; el silencio reinaba en el bosque. Sentía que algo no estaba bien en este lugar, presentía que algo malo pasaría pero de todas maneras seguí avanzando.
- Algo no está bien –Escuché a Link decir detrás de mí- Será mejor que volvamos, majestad.
- Tonterías, aún no hemos conseguido cazar un ciervo –Dijo Draaknir-
- No, sir Link tiene razón, será mejor que volvamos –Dije mientras daba media vuelta para volver al campamento cuando sentí un pinchazo en mi hombro izquierdo, seguido por un dolor intenso- ¡Aaah! –Grité y me dejé caer al suelo-
- ¡Abajo! –Gritó Link mientras me ponía a salvo detrás de un árbol pero Draaknir hizo caso omiso y se echó a correr detrás de mi agresor-
- Estaré bien, Link, id con Draaknir, no conoce el bosque y se perderá.
- Estáis loca si pensáis que os dejaré sola, me da igual lo que pase con vuestro príncipe –Dijo mientras me levantaba en sus brazos- Os llevaré de vuelta al campamento.
Además del dolor, estaba mareada y sentía mi cuerpo hirviendo. Link notó que la temperatura de mi cuerpo se elevaba y aceleró el paso pero el rebote que causaban sus pasos me provocaron náuseas y no pude aguantar las ganas de vomitar.
- La flecha estaba envenenada –Musitó Link y sentí que cambió de dirección-
El cuerpo me dolía horriblemente, no podía dejar de vomitar y la temperatura de mi cuerpo era como la de un volcán. Mi vista comenzó a nublarse poco a poco hasta que perdí el conocimiento y justo antes me pareció a escuchar a Link que no muriera y que me amaba.
¿Qué tal? ¿Les gustó? Dejen les aviso que aun falta mucho que ver de Draaknir ;)
