Un beso prohibido, un beso robado bajo la protección de la cascada. El roce de la mano en la mejilla y unos dedos firmes bajando por la espalda. El joven hechicero gimió por primera vez, escuchó su propia voz interrumpida por la boca del príncipe sobre la suya, mordiendo su labio, devorando cada centímetro de su boca hasta escucharlo suspirar con fuerza.

Los ojos cristalinos de Arthur brillaban, aunque Merlin no estaba seguro si era el reflejo del agua de la cascada o si realmente estaba viendo aquel brillo singular en las pupilas de su amante. El príncipe le sonrió y también por primera vez, Merlin se dio cuenta que aquella sonrisa era completamente sincera y tal vez, pese a no estar del todo seguro, llena de amor.

Merlin se incorporó y rodeó el cuerpo de Arthur con ambas manos, estaba sudoroso, tal vez por la fiebre y tal vez por la emoción del momento, pero el joven mago no preguntó, no era el momento. Lo atrajo en silencio, ahora que lo tenía cerca no quería perderlo, quería tenerlo lo más cerca posible, cuerpo contra cuerpo, piel sobre piel, boca sobre labios, cuello, pecho, sobre toda su anatomía hasta perder el sentido del tiempo y espacio.

"¡Arthur!" La voz sonaba todavía lejana, no había de que preocuparse, todavía tenían tiempo de dejarse llevar. Arhtur tumbó delicadamente a Merlin sobre el suelo frío y húmedo de la cueva. Bajo su cuerpo Merlin estaba temblando. "¡Arthur!" La voz comenzaba a acercarse, pero todavía no estaba dispuesto a que rompiera su momento, pues de eso se trataba. Aquel era su momento, el instante en el que el príncipe y el sirviente eran la misma persona, el mismo cuerpo con dos corazones, dos almas entrelazadas amándose sin prejuicios.

"¿Tiemblas por frío y tienes miedo?" Le preguntó Arthur al oído a su joven amante. Merlin atrapó de nuevo su cuerpo, no tenía ninguna intención de dejarlo marchar, no ahora que lo tenía tan cerca, no ahora que lo había conseguido hacer suyo después de tanto esperar.

"Estoy aterrado porque no quiero que esto se acabe, no quiero volver a l vida de siempre." Arthur enredó sus dedos entre el pelo de su sirviente y sonrió mientras le besaba.

"¿Crees que después de esto algo a volver a ser igual? Siempre y cuando mi padre no sepa nada de lo nuestro, podemos…"

"No lo digas, no ahora. Sólo, ya sabes." Merlin comenzó a respirar más rápido su corazón se aceleró y una sonrisa infantil apareció en sus labios.

"¿Estás seguro que quieres hacerlo?" Merlin asintió en silencio y de repente notó las manos de Arthur rodear su espalda y su cuerpo pegarse tanto a él que creía que estaba a punto de aplastarle. Lo boca se deslizó sobre su cuello y bajó por su pecho ahora ya desnudo.

Merlin cerró los ojos y concentró su mente en el agua de la cascada, eso le relajaba, pues los nervios no le dejaban pensar con tranquilidad. Aquellas manos de guerrero se deslizaron como un gato, cuidadoso y silencioso por su espalda, haciéndole cosquillas, al mismo tiempo que le hacían sentir realmente bien.

Por fin suspiró, pues Arthur era la primera persona que tocaba partes de su cuerpo que nadie antes había llegado a tocar.

"¡Arthur!"

"Señor."

Las voces sonaron tan cerca ahora que despertaron a Merlin. Abrió los ojos de golpe y por un momento pensó que no había sido más que uno de los hermosos sueños en los que hacía el amor con Arthur por primera vez y nada más. Pero entonces, mientras escuchaba las voces cada vez más cercanas, se dio cuenta que había una mano rodeando su cuerpo.

Se dio la vuelta lentamente, si aquello era un sueño, tan sólo deseaba que durara un poco más. Pero al girarse por completo, Arthur seguía estando allí, durmiendo a su lado, completamente desnudo, igual que él.

Pero entonces se fijó un poco más y se dio cuenta que no estaba tan sólo dormido. Estaba sudando y el sudor era frío, aunque el resto de su cuerpo estaba ardiendo. "Es por mi culpa, si no hubiéramos… si no te hubiera pedido que… Arthur por favor aguanta. No me hagas esto ahora." Le acarició la frente con mano temblorosa y aunque su compañero no dijo nada, no despertó, suspiró, como si con eso le dijera que seguía luchando.

"¡Arthur hijo mío!"

"Es el rey, es Uther. Vas a ponerte bien y luego podremos." La sonrisa de alivió desapareció del rostro de Merlin. "Se acabó. Se que te quiero pero no puedo ponerte el peligro, ya tengo bastante con un secreto que pone en peligro mi vida. No puedo permitir que sufras por mi culpa." Se acercó al rostro del príncipe y besó sus labios entreabiertos, aún a sabiendas que Arthur no se iba a dar cuenta.

Rápidamente le vistió y se puso su ropa y al escuchar de nuevo las voces que llamaban a Arthur, salió de la cascada y comenzó a llamarles para que se acercaran.

- o -

"El príncipe se pondrá bien señor." Dijo Gaius al rey. Uther parecía haber envejecido diez años durante los últimos dos días. No había dormido, no había comido, su única preocupación había sido el bien estar de su hijo y saber donde se encontraba. "Merlin cuidó muy bien de él y trató con mucho atino su herida." El veterano médico miró a Merlin y le sonrió orgulloso.

"Gracias Merlin si no fuera por ti, seguramente mi hijo estaría ahora muerto. Te debo su vida, dime que es lo que quieres y te prometo que te lo concederé." Merlin tragó saliva. Podía pedir cualquier cosa, riqueza, reconocimiento, poder, todo podía ser suyo, al fin y al cabo había salvado la vida del heredero de Camelot, podía pedir cualquier cosa y todavía sería poco.

Sin embargo, él no quería tanto. En realidad ahora que apenas había dormido, que estaba agotado y pese a tener hambre, no podía más que pensar en una cosa, pues sólo algo le haría feliz.

"Quiero seguir cuidando de él." Gaius y Uther miraron al muchacho sorprendidos y por un momento ninguno de los dos dijo nada. "No puedo dejarle ahora, no después de lo que hemos pasado estos días." Dijo Merlin sabiendo perfectamente que ninguno de los dos hombres iba a saber de lo que hablaba en realidad.

"Claro si ese es tu deseo, no veo porque no. Además quien mejor que tu para cuidar de mi hijo cuando llevas haciéndolo durante días." Sin que nadie se diera cuenta el joven hechicero se relajó, el solo pensamiento de que podría estar más tiempo junto a Arthur, sin que nadie sospechara sus verdaderos sentimientos, era todo lo que necesitaba. "Pero antes, muchacho, vete a descansar se te ve agotado."

"No, estoy bien, prefiero estar cerca de Arthur por si necesita algo, tal vez despierte y se sienta desorientado." Demasiado precipitado, se dijo Merlin. "Tal vez tenga razón, pero me gustaría descansar en su habitación, así estaré pendiente si necesita algo."

"Me parece bien, le diré a Gwen que te prepare ropa limpia y un baño."

"No es necesario."

"Claro que si, que menos para quien a salvado la vida de mi hijo. Te lo debo todo Merlin y ahora cualquier cosa porque te sintiéramos cómodo, un baño caliente y ropa limpia, no me parece gran cosa frente a lo que te mereces."

"Bueno supongo que está bien." Merlin quería salir de allí, estaba nervioso, acatado de los nervios incluso y tantas reverencias por parte del propio rey no le estaban ayudando a sentirse mejor.

Uther se despidió de Gaius y Merlin, pues quería comprobar el estado de su hijo. El médico y el joven hechicero se quedaron solos en la enorme sala del trono. Durante un momento, ninguno de los dijo nada, Merlin, que ni siquiera sabía que su viejo amigo todavía estaba allí, tenía la mente perdida algo más allá, justo en el dormitorio de Arthur, preguntándose si el príncipe querría seguir manteniendo su promesa de que nada iba a cambiar lo que había pasado entre ellos.

"¿Te encuentras bien?" Merlin miró sobresaltado a su amigo y tardó unos momentos en contestar.

"Si, ¿Por qué lo preguntas?" La voz de Merlin se quebró, pues algo en su interior le decía que su amigo, demasiado experimentado en la vida, sabía que el muchacho no era el mismo desde que había vuelto.

"¿Pasó algo en el bosque, algo que quieras contarme?" Merlin carraspeó con fuerza, pero eso no hizo, ni mucho menos, que su amigo dejara de pensar que le estaba ocultando algo.

"Fue duro y sobretodo ver que Arthur lo estaba pasando mal y que no podía hacer nada por ayudarle hasta que llegara el rescate. Esos hombres estaban allí, a lo mejor lo están aún, tal vez viene a por nosotros. Fue, no se, es difícil de explicar."

Gaius puso su mano sobre el hombro del muchacho. "Lo se, pero todo eso ha pasado ahora. Pero no me refería a lo traumático de la situación." Merlin lo miró como si estuviera sorprendido, como si no supiera de lo que estaba hablando. "Al examinar a Arthur encontré unas marcas en el omoplato izquierdo, muy parecidas a las que producirían unas uñas."

"¿Uñas? No se tal vez cuando se enfrentó a esos tipos o tal vez fueron unas ramas del bosque, la verdad es que no lo se." Gaius lo miró en silencio y se preguntó cuanto tiempo más iba a pasar el muchacho escondiéndole la verdad, como si después de saber si mayor secreto, no fuera a ser capaz de guardarle también este.

"Merlin, puedes contármelo, porque sólo te voy a decir que es algo peligroso, si el rey se entera de lo vuestro, el único que saldrás perdiendo serás tu."

"No se de… Vale, tienes razón, no debería haber pasado. Llevo mucho tiempo diciéndome a mi mismo que no está bien lo que siento por él. Pero entonces pienso que todo el mundo dice lo mismo de la magia, que es mala, que no debemos usarla que solo trae problemas y mírame a mi. ¿Cuántas veces le he salvado la vida a Arthur con la magia? No hay de malo en la magia si la usas bien. El amor es mucho menos peligroso todavía."

Por fin lo había dicho, por fin estaba hablando con alguien de sus sentimientos y por fin se sentía completamente liberado. Respiró con fuerza y esperó.

"Pero al igual que la magia, esto también te puede costar la vida. ¿Qué piensas que dirá Uther si se entera de que te estás acostando con su hijo, el heredero de Camelot?"

"¿Qué estás haciendo que?" Los dos hombres se dieron la vuelta, ninguno se había preocupado de que estuvieran realmente solos. Gwen estaba allí, con las toallas y la ropa preparadas para Merlin y los ojos abiertos de par en par ante semejante descubrimiento.