Capítulo 6

Ken ya se había ido. Ahora era el turno de Tai. Le mostró el digivice a la puerta.

- ¿Qué pasa, Tai? – le preguntó Izzy cuando bajó el brazo.

- ¿Dónde está Joe? – Sora, que había estado junto a la puerta, la abrió y asomó la cabeza para encontrar a su amigo. Primero a la derecha, y luego a la izquierda. Y cuando se volteó a ese lado, algo la inquietó, apresurándose por meterse de nuevo a la sala sin hacer ruido.

- Está afuera, intentando convencer a Noriko que no estás aquí. – farfulló. A Tai se le fue el color de la cara.

- ¿Noriko? – repitió, alarmado. Matt bufó.

- Si ella esta aquí no vamos a poder irnos. – manifestó el rubio su impaciencia y molestia. Tras unos segundos, Sora suspiró, habiendo tomado una decisión.

- Yo iré a entretenerla. Con Joe y Mimi será suficiente por el momento. – no terminaba de decir aquello cuando Tai se le tiró encima, abrazándola.

- Te debo una, Sora. – murmuró en su oído. La chica en cuestión significaba mucho para él.

- Ya vete, antes de que Matt te asesine. ¡Váyanse! – ambos asintieron. Tai volvió a mostrarle el digivice a la puerta. Una luz lo envolvió y fue enviado al Digimundo.

Pisó en ese suelo maldito de la Montaña Espiral, viendo a Ken y Davis y sus respectivos digimons. Sin embargo, algo debía haberle pasado porque lo miraban entrañados.

- ¿Qué pasa? ¿Tengo algo en la cara? – levantó las manos, descubriendo que llevaba guantes blancos. Y cuando vio aparecer a Matt con una camiseta verde, pantalones azul oscuro, y guantes y zapatos color café, lo comprendió.

- ¡Matt, tu ropa! -

- ¡Tai, tu ropa! -

Nunca antes cuando habían entrado al Digimundo su vestimenta había cambiado.

- Estas ropas… - empezó Matt, tirándose la camiseta de cuello alto.

- … son las mismas que llevábamos la primera vez que estuvimos en el Digimundo. – acabó Tai por él, mirándose los guantes blancos, la muñequera negra del brazo izquierdo, la polera azul con estrellas naranjas, los pantalones cortos, y las zapatillas. Incluso las gafas eran las mismas. Davis lo miraba anonadado.

- Vaya, Tai. Te admiro lo suficiente, y más aún ahora, por tener el valor de vestirte así, ¡pareces un niño de primaria! – lo señaló. Tai lo fulminó con la mirada.

- La primera vez que vine al Digimundo, ¡yo era un niño de primaria! Además… - se cruzó de brazos. – Yo no uso cuellos de piel. – e indicó el cuello de la chaqueta de Davis. A pesar de la seriedad del momento, Ken no pudo evitar soltar una risita.

- Ya, dejando de lado este lapsus, ¿podemos centrarnos a lo que hemos venido? – los regañó Matt.

- Tenemos que esperar a Mimi. – observó Ken.

- ¿Y los otros digimons? – preguntó el rubio a V-mon y Wormmon.

- Tentomon, Hawkmon y Armadillomon están recorriendo el Digimundo para informar de lo que está pasando a los otros digimons. Biyomon, Palmon y Gomamon se están comunicando con el resto de los niños elegidos de todo el mundo, explicando por qué apareció la Montaña Espiral, y quienes eran los que estaban detrás de ello. Agumon y Gabumon vienen en camino. – explicó Wormmon, en brazos de Ken. Tai escuchó atentamente.

- ¿Están preparándolos para la batalla? ¿Van a luchar con nosotros para derrotar a Piedmon? – preguntó Davis, pensando en Michael y todos los niños elegidos de los Estados Unidos.

- No. – dijeron Tai y Matt al unísono. Ken y Davis los miraron perplejos.

- ¿Qué? ¿Por qué no? – reclamaron los dos.

- Ésta pelea es nuestra; la última vez nosotros lo vencimos, y esta vez no será la excepción… - Matt percibía la flaqueza en las palabras de Tai. Pero no quiso decir nada para desanimarlo frente a los chicos. – No hay por qué alertar a todo el mundo…

- ¡Pero qué dices, Tai! – lo interrumpió Davis, viendo fallas muy graves en ese plan. - ¡Por supuesto que deben ayudarnos; esto podría afectar tanto el Digimundo como nuestro mundo, igual que la última vez, está por sentado que querrán ayudar…! – Tai le dirigió una colérica mirada antes de darse la vuelta y avanzar. Matt lo siguió en silencio.

- ¡No entiendo qué le pasa! – chilló Davis a Ken. Éste bajó la mirada.

- ¿Es qué no lo ves, Davis? -

- Tai. – llamó suavemente Matt, cogiéndolo de la muñeca. Su amigo se detuvo, tieso y tenso.

- Tú lo sabes, ¿verdad, Matt? – el rubio tragó saliva. Sí, sí lo sabía, y estaba dolorosamente conciente de ello. – No puedo dejar que otros le hagan daño… - Matt le enterró los dedos con fuerza, lastimándolo. Él tampoco quería hacerlo.

- Aún no estamos seguros de ello, Tai, puede ser… - el portador del Valor soltó un jadeo por la fuerza con la que el rubio lo estaba apretando. Pero no hizo nada por soltarse. – Puede ser que sólo los tenga cautivos.

- Escuchaste lo que dijo Gabumon. Angewomon se volvió en su contra, bajo los dominios de Piedmon. Si Kari y T.K. están… no puedo permitir que alguien ajeno le haga daño. Suficiente es el que le voy a hacer yo. – volvió los ojos acuosos hacia él. A Matt tampoco le hacía ninguna gracia tener que pelear contra su pequeño hermano. Tai tiró con fuerza su mano, pero Matt no lo soltó. Volvió a jalar enajenado, y su amigo lo aferró del cuello, paralizándolo.

- ¡Chicos! – exclamaron Ken y Davis, corriendo hacia ellos para separarlos.

- Enfócate. Te necesito lúcido a mi lado para hacer esto, Tai. – y el hielo en los azules ojos de Matt apaciguó el fuego de los de Tai. Era el único que podía hacerlo. Apenas asintió, el rubio lo liberó como si le hubiera dado la corriente.

- Este no es el momento para pelearnos… - los regañó Ken. Los cuatro evitaron mirarse entre sí, siendo aliviados por una voz femenina que gritaba a lo lejos.

- ¡Tai! ¡Matt! ¡Chicos! – se volvieron. Mimi venía llegando junto a Palmon, Agumon, Gabumon, Gomamon y Biyomon.

- ¡Mimi! – la saludaron en cuanto llegó a su lado, Agumon y Gabumon tirándose sobre sus respectivos compañeros.

- Veo que a ti también te ha cambiado la ropa. – observó Matt, señalando su vestido rojo, y el sombrero rosa. Mimi se quitó el sombrero.

- Eso es extraño, ¿saben por qué es esto? – les preguntó. Ambos chicos negaron con la cabeza.

- ¿Dónde está Joe? – preguntó Gomamon, mirando hacia ambos lados.

- ¿Y Sora? – quiso saber Biyomon.

- Vendrán enseguida. – los tranquilizó Tai.

- Será mejor que vayamos. – propuso Mimi. Los demás le dieron la razón.

Matt y Tai caminaban al frente, seguidos de cerca por Agumon y Gabumon, quienes respetaban su silencio. Mimi caminaba con los otros dos.

- ¿Alguien sabe por qué Piedmon secuestró a Kari y T.K.? – le preguntó en un susurro a Davis.

- Aún no, Izzy quedó de averiguar eso con el señor Gennai. – confidenció en el mismo susurro cómplice. Ken iba meditativo.

- Ellos deben representar algo, que comparten, y que ninguno de nosotros tiene. Sólo por esa característica especial podrían resultar atractivos para el enemigo. – habló. Wormmon, Davis, V-mon, Mimi, Palmon, Gomamon y Biyomon lo escuchaban con atención.

- ¿Podría ser porque son los hermanos de Tai y Matt? – aventuró Gomamon, mirando las espaldas de los aludidos.

- ¿Y eso qué tiene que ver? – saltó V-mon, suspicaz.

- Que Agumon y Gabumon siempre han sido más poderosos. Son los únicos que alcanzan el nivel mega, y fueron los primeros en obtener la digievolución DNA. – le contestó Biyomon.

- ¿Y nosotros? – se quejó Davis, un tanto ofendido. - ¡Imperialdramon es más poderoso en el Modo Paladín!

- Pero Piedmon jamás se ha enfrentado a nosotros, Davis. – lo atajó Ken. Davis se cruzó de brazos, enfurruñado.

- Y a mí qué me vale. -

- Los ángeles. – dijo Mimi de pronto. - Las digievoluciones de Patamon y Gatomon son ángeles.

- Representan la Esperanza y la Luz. – recordó Ken. – Tal vez pueda ser…

Matt apenas podía decodificar los murmullos de los demás a su espalda. Sólo escuchaba los pasos de Gabumon arrastrando las piedras, y a Tai a su lado. Elevó la vista, encontrando una figura negra a lo lejos. Se detuvo bruscamente. Tai lo imitó.

- ¿Qué sucede, Matt? – los otros se apresuraron por alcanzar su paso.

Entrecerró los ojos, intentando ver… esa figura era una persona. Avanzó un poco más. Las vestiduras eran completamente negras, mezclando con detalles blancos. No podría ser Piedmon, recordando su alegre combinación de colores. La piel de esa persona era blanca como una hoja de papel, sin brillo, y el cabello amarillo lucía opaco y desvaído…

- ¡T.K.! – rugió, corriendo hacia él lo más que le permitían las piernas.

- ¡Golpe de Fe! -

- ¡Matt, cuidado! – Gabumon lo tiró al suelo, esquivando el ataque. Cuando el polvo se disipó, pudo contemplar a Angemon rodeado por cuerdas negras, y a unos hilos que pendían de sus extremidades. Tenía las manos crispadas sujetando su bastón.

- Perdón, Matt. – susurró, y tras esas palabras las cuerdas se tensaron en su cuerpo, asfixiándolo. Lanzó un mortal alarido, desplomándose a pocos pasos de T.K.

- ¡Pero qué es esto…! – bramó Tai, ayudando a Matt a colocarse de pie, mientras Agumon hacía lo mismo con Gabumon. - ¡T.K.!

El muchacho se acercó a ellos, haciendo caso omiso de su digimon. Y al verlo mejor, no pudieron más que reprimir exclamaciones y maldiciones. Mimi dejó escapar un gritito.

Se veía mucho más alto, alimentando un porte intimidante y escabroso. Vestía un traje de arlequín como el de Piedmon, negro, sólo la gorguera y los guantes eran blancos. Pero eran las mismas botas, y los pantalones anchos, el cinto, la camisa de hombros inflados, las mangas ajustadas… Pero lo que más aterraba a Matt eran sus ojos, azules como los suyos, carentes de vida y emociones. Planos y vacíos.

- T.K… - gimió Angemon en el suelo. – Por favor… - el chico tronó los dedos, y las cuerdas volvieron a estrangularlo. V-mon no pudo soportar eso.

- ¡Davis! – gritó.

- ¡Sí! – contestó él, comprendiendo. La luz del digivice brilló.

V-mon digivols a… ¡XV-mon!

- ¡Ve a rescatar a Angemon, XV-mon! – el digimon de etapa campeón no dudó ni un segundo en obedecer.

- ¡Flecha celestial! -

Wormmon digivols a… ¡Stingmon!

- ¡Ataque de Aguijón! – Stingmon desvió el ataque de Angewomon, evitando que XV-mon saliera herido.

- Angewomon… - murmuró Tai. A diferencia de Angemon, la apariencia de Angewomon había cambiado. Ni una sola cuerda, liana o hilo la manejaba. Sus ropas se habían opacado, como si estuvieran sucias, adquiriendo un tono grisáceo enfermizo. El color había desaparecido de su piel, y su cabello rubio era de un amarillo desteñido. Había lanzado el ataque a conciencia.

- ¿Qué crees que estás haciendo, Angewomon? – le espeto XV-mon, furioso. - ¿No ves que tu compañero está en problemas? – señaló a Angemon. Ella no le respondió.

- No… no lo hagas… - advirtió Angemon entre jadeos. – Eso sólo… - sin mirarlo, T.K. cerró el puño. Las cuerdas se enterraron un poco más en su cuerpo, haciéndole heridas. Mimi se cubrió los ojos.

- ¡No puedo ver esto! – Davis tiritaba de rabia.

- ¡Maldito! ¡Deja de hacerle daño a tu digimon! – y salió corriendo hacia T.K. Ken lo atajó, tirándose arriba de él para hacerlo rodar por el suelo.

- No seas imbécil, si haces eso, T.K. podría hasta matarlo… - la última palabra se trabó en su garganta. Matt se liberó de Tai.

- T.K. – llamó. – T.K., somos nosotros, tus amigos… soy tu hermano, soy yo, Matt…

Avanzó despacio hacia su hermano. Gabumon le siguió cauteloso, dispuesto a digievolucionar para protegerlo. Los hilos tiraron de Angemon, incorporándolo. Echó el puño hacia atrás.

- Lo lamento, lo lamento, yo no quise… ¡Golpe de Fe! – esta vez, Matt lo esquivó.

- Es inútil. – dijo otra voz. – No va a escucharte. – Tai alzó la cabeza.

- ¡Kari! -

- ¡Flecha celestial! – Tai abrazó a Agumon y rodó por el suelo. Un enorme cráter apareció en la tierra, donde había impactado el ataque.

Kari caminaba hacia ellos. De la cintura hacia arriba compartía el traje con T.K. Su piel era tan blanca como la del chico, y el cabello le caía sin vida por el rostro. Tenía dibujada una pica en el ojo izquierdo. Llevaba una falda corta, con muchos falsos y encajes blancos, cintas y rosas. Unas largas botas negras rompían las piedras por la mitad al enterrar el filoso taco.

- ¿Kari? – preguntó Matt. Tai se acercó a él. Ella parpadeó, como un leve gesto afirmativo.

- Él no va a escucharte. No quiere hacerlo. – explicó a Matt. El rubio, desesperado, miró a su hermano y volvió la vista a ella.

- ¿Por qué? ¿Qué tiene? ¿Qué le hizo Piedmon? – farfulló, impotente. Kari fijó esos ojos cobrizos sin brillo en él.

- No quieres saberlo. – Matt sentía que el aire lo abandonaba.

- ¡T.K.! – llamó con todas sus fuerzas. El chico no le hizo caso. Tai alargó una mano para tocarla.

- No. – Kari retrocedió, alejándose con una agilidad increíble. Eso dejó a Tai con el corazón en la mano. Su hermana jamás lo había rechazado. Jamás le había dicho que no a un mimo o a un abrazo. Su hermana pequeña.

- Kari… - murmuró.

- Aléjate. – le espetó con la voz fría.

- Tai… - Agumon le jaló la polera.

- Preocúpate de tu amigo antes que lo mate. – le dijo Kari. Tai instintivamente desvió su mirada a Matt, que se acercaba temerariamente hacia T.K.

- Matt… - susurró Angemon con la voz quebrada.

- ¡No me importa! – bramó él. - ¡No me importa porque tú eres mi hermano, T.K.! ¡Todos se pueden ir, todos pueden temerte, pero yo no, porque soy tu hermano mayor, y prometí cuidarte! – estaba a menos de un metro de él. – Jamás te voy a dejar solo.

- Matt, mira. – Gabumon señaló a Angewomon que estaba dispuesta a lanzarle otra flecha, pero Matt sólo tenía ojos para T.K. Tai se volvió a ella.

- Oye, Angewomon… - encaró al digimon ángel, haciendo oídos sordos a las advertencias de los demás. – Tú me lanzaste una flecha, ¿lo recuerdas? – algo se removió en Kari. – Hace seis años.

La escena era deprimente. Matt estaba a poco de agarrar a su hermano, con un Angemon debatiéndose entre lanzándole un ataque o no, Gabumon abrazado de Matt, Tai hablándole a Angewomon, con un asustado Agumon a su lado, y Kari delante de ellos.

- Con esa flecha, hiciste posible que Agumon digievolucionara a WayGreymon. – continuó, indiferente a los gritos de los otros. La respiración de su hermana se agitó, mirándolo de reojo. – Fue una flecha de Luz… ¡DE TU LUZ, KARI! ¡FUE TU LUZ LA QUE APAGÓ A LA OSCURIDAD EN ESE MOMENTO! – rugió. Las emociones parecieron volver a Kari de golpe. Las rodillas se le doblaron, y cayó al suelo, agarrándose la cabeza.

Ante eso, T.K. giró lentamente la cabeza hacia su derecha, fijándose en Kari.

- ¿Lo recuerdas tú, T.K.? – le preguntó Matt. - ¡Fue una flecha de Esperanza, de tu Esperanza la que hizo que Gabumon digievolucionara a MetalGarurumon! ¡Fue tu Esperanza la que derrotó a Piedmon la primera vez! ¡Recuérdalo, T.K., está prohibido perder las esperanzas! – y le agarró la mano.

Kari estaba sumida en su propia batalla.

- Cállalo, ¡CÁLLALO! – chilló a T.K. Tai acercó la mano para tocarla. - ¡CÁLLALO!

- Tú eres la Luz, Kari, Sagrada Luz… iluminas todo… siempre. - dijo su hermano.

- ¡CÁLLALO! – repitió. T.K. ordenó con la vista a Angewomon. Los hilos tiraron a un herido Angemon.

- ¡Encanto Infernal! -

- ¡Golpe de Fe! -

Lo último que Tai sintió fue la mano de Agumon aferrando su pantalón, lo último que Matt sintió fue que Gabumon lo abrazaba con fuerza, y luego la luz opaca los envolvió y no supieron nada más.