Quien te puso en mi camino, quien te dijo que aún estaba vivo, quien tuvo la brillante idea, y me dijo que también estaba sola y abrí mis brazos y así le entregue mi vida.

CAPITULO N° 7

UNA NOCHE INNOLVIDABLE

Por: Tatita Andrew

Todo pasó tan de prisa que por un momento Candy pensó que estaba soñando un día había dado el sí y al otro ya estaba una modista tomándole medidas para su vestido, opto por uno en tono plata ya que no pensaba que estaría bien casarse de blanco estando embarazada, Albert se había tomado muy bien el papel de prometido, todos en la casa le preguntaban la opinión sobre las cosas, que si las rosas de qué color, como desea que sea la decoración, o la misma pregunta ¿le gusta esto señorita Candy?

Lo único que lamentaba de todo esto es lo poco que había visto a Albert, desde el momento en que le dijo que sí, solo había podido cruzar con el dos o tres palabras siempre había mucha gente alrededor de ambos, nada de privacidad, y por si fuera poco el no había ido nuevamente ya sea a los establos o a su habitación.

Se preguntaba si había hecho bien en aceptar un matrimonio en donde el marido y mujer apenas se iban a ver durante el día. ¿Cómo crecería su hijo en ese ambiente?

En otro aspecto era el hombre ideal, siempre atento a todas sus necesidades, queriendo saber en todo momento como se encontraba, dejo de pensar más ya había dado el sí y lo hacía por el bien de su hijo estaba segura que si los dos ponían de su parte podrían llevarse muy bien aunque no se amaran.

Llegó el gran día de la boda Albert lucía fantástico en un traje de pingüino con una rosa del mismo color de su vestido en el bolsillo. Se preguntó como hizo para saber qué color había escogido.

La iglesia estaba repleta de personas que Candy no conocía, todos se veían felices por Albert a pesar de que él tampoco tenía familia, se veía que sus amigos, y empleados lo adoraban y como no hacerlo si era tan tierno y amable.

Cuando llego junto él, la tomo de la mano y le susurró al oído.

-Me alegro que hayas aceptado.

Era la primera palabra bonita que le decía en semanas, no se atrevió a mirarlo porque en ese momento el sacerdote empezó la ceremonia.

Después del sí, Albert la beso suavemente mientras unas niñas llevaban la enorme cola del vestido.

Los asistente le lanzaron arroz a la salida de la iglesia.

Y en su primer baile como esposos, Albert se desato en decirle cosas románticas que hacían ruborizar a Candy.

-Estas preciosa esta noche, eres la mujer más bella de este salón.

-Albert por favor lo reprendió suavemente.

-Por ti bajaría, el cielo y las estrellas solo para que puedan arrodillarse ante tus pies, para admirar tanta belleza junta.

-No tienes que hacer esto Albert.

-¿Hacer qué? Pregunto confundido

-Decir cosas que no sientes en verdad, los dos sabemos que solo nos casamos por el hijo que estoy esperando.

-Como quieras entonces, dijo apartándose a un brazo de distancia para seguir bailando. Que se supone que debo hablar con mi esposa en el día de nuestro matrimonio.

Candy podría haber jurado que Albert estaba molesto por su comentario, pero se dijo que debían ser imaginaciones suyas, como podía estar enojado si ella solo había dicho la verdad, tal vez tendrían que fingir delante de los demás, pero a solas los dos, ella no podía permitir que él, le dijera cosas como esas, muy en el fondo las desearía oír de Albert si supiera que le nacen del corazón, no solo porque es lo que corresponde en la noche de bodas.

Pasaron horas y horas, tuvieron que ir de mesa en mesa, saludando a las personas y agradecerles la asistencia a la boda, pudo conocer a varios familiares de Albert entre ellas su tía Elroy, quien le había dado varios consejos, de cómo comportarse durante la cena varios primos, y tíos.

Todos a su alrededor la felicitaban por haberse llevado un buen partido con aquel hombre, y Candy no podía estar más de acuerdo con todos.

Albert era un buen hombre, lo supo desde el momento que quiso hacerse cargo de ella y del bebe, había sacrificado su futuro para unirse a ella en matrimonio.

Llevaba horas escuchando al tío James sobre sus aventuras en el ejército, tal vez se debió a todo el stress de la boda, o quizás a las largas noches que llevaba sin dormir pensando en cómo cambiaría su vida como esposa de Albert pero de pronto el cansancio la fue venciendo, trataba de disimularlo pero no pudo.

Mientras se encontraba reunido con varios hombres hablando de negocios Albert miró a su esposa, sí no podía creer que ya estuviera casado y muy pronto sería padre, un pequeño niño corriendo por allí a quien le enseñaría a pescar, a nadar, a montar en caballo, su pecho se llenó de orgullo soñando que tendría los ojos de su madre.

De pronto noto que Candy se estaba durmiendo en plena fiesta de matrimonio, sonrió divertido cualquier persona se dormiría a lado de su tío y sus historias. Pobrecita pensó, todo este cambio de la noche a la mañana, el embarazo, y organizar una boda en tan poco tiempo debía ser demasiado agotante en su estado.

Sin pensarlo dos veces se acercó a la mesa y la tomo en brazos. En vista de todos los presente a la boda.

-Albert bájame. Por favor

Miraba horrorizada Candy que dirán nuestros invitados.

-Que estoy desesperado por llevarte a la cama.

Sonrió mientras ella se sentía aún más avergonzada porque todos los presentes empezaron a aplaudir y a gritar por los recién casados.

Mientras su esposo la conducía por las escaleras a la parte superior, Candy sentía que la cabeza le daba vueltas, su corazón latía acelerado, podía sentir claramente el de Albert latir igual, su boca estaba seca por lo que estaba a punto de suceder, tenerlo tan cerca, su olor, su marido simplemente era el hombre más hermoso que había visto hasta ahora, tal vez fueran las hormonas, porque estaba experimentando una gran excitación, lo deseaba con todas sus fuerzas y esperaba que aquella noche fuera la más especial.

Cuando llegaron hasta una habitación donde Candy no había estado nunca la deposito suavemente en el suelo.

-Este será nuestra habitación a partir de hoy.

-¿Y mis cosas?

-No te preocupes Candy, ya mande a pasar todas tus pertenencias acá.

Candy se ruborizó pensando en que tendría que compartir la cama con Albert, había pasado mucho tiempo desde la primera y única vez que habían estado juntos, que a ella le parecían siglos.

Pero en los ojos de Albert no se veía nada de deseo, que sería lo normal en un recién casado, parecía más como un hermano o un padre.

-Estuviste magnifica Candy hiciste un buen papel ante todos, beso su frente – Todos me felicitaban por haberte elegido como esposa.

Así no era como Albert se imaginó su noche de bodas tenía que poner alguna distancia entre ambos. El médico le había recalcado muy claramente que Candy necesitaba descansar con el fin de proteger al bebé, las palabras de él exactamente fueron que Candy que Candy estaba emocionalmente agotada.

Tenía que serlo, lo de su padre, la traición de su novio, el haberla traído hasta acá y descubrir que estaba embarazada ahora el matrimonio. Solo un bruto sin corazón se podría aprovechar de la situación y pedir intimidad.

-Pareces agotada, mi pequeña descansa.

Podía ver la decepción y el dolor en los ojos de Candy, pero no podía aprovecharse de la situación.

La empujo suavemente para que se siente en la cama.

-Si necesitas algo, solo tienes que llamarme vendré inmediatamente.

-¿No te quedarás conmigo esta noche? Pregunto casi sin aliento. ¿Qué dirán los empleados?

-Tranquila Candy dormiré, por hoy en la habitación de a lado, nadie se dará cuenta- Albert tuvo que hacer un gran esfuerzo para seguir hablando, le dio la espalda para no mirarla, le costaba mucho verla allí y no recordar la noche que estuvieron juntos, deseaba enterrarse profundamente en su interior una y otra vez. Que no deseaba que ella notara su gran erección que apretaba constantemente sobre su pantalón. Duerme bien esposa mía.

Apenas Albert cerró las puertas a su espalda, Candy se lanzó en la cama a llorar.

Era una mezcla entre rabia, y humillación, sabía que ese matrimonio solo era una farsa, pero por un momento cuando estaban bailando ella pensó que sería diferente que él la deseaba, se sentía despreciada.

Se le encogió el corazón de repente aquel matrimonio le parecía una cárcel, donde no tendría escapatoria alguna y en donde al final, solo ella saldría lastimada.

CONTINUARÁ….

Seguimos con el reto de las actualizaciones lunes y empezando la semana saludos.