TRECE

El sudor corre por su frente mientras el aplauso ensordecedor de la audiencia termina por traerlo al mundo real de un modo suave. La sonrisa satisfecha se dibuja en sus labios, él sabe que ha hecho una buena rutina y que no pudo elegir un evento mejor para hacerlo: la final del Grand Prix Junior de aquella temporada.

Yuri Katsuki sonríe con toda la luz de las estrellas en sus labios y se inclina ante el público que estuvo apoyándolo durante toda la temporada. El joven, quien acaba de cumplir trece años dos semanas antes de aquel evento, no puede creer del todo que haya pancartas con su nombre y su fotografía en toda la arena. Yuri no puede creer del todo que fuera de Japón haya gente ovacionándolo de pie como lo hacen aquella tarde.

La pista de hielo sobre la cual Yuri ha presentado lo que sin duda debe ser la mejor rutina de su vida, está llena ahora de flores, de peluches con forma de comida, de miles de regalos que pequeños niños recogen con toda prisa. La gente sigue aplaudiendo mientras los ojos marrones del joven Katsuki se llenan de lágrimas. Él sabe que ha sorprendido al mundo entero, él sabe que seguramente estará en el podio de la final y en ese momento no le importa mucho saber el material del cual estará hecha esa medalla. Porque Yuri está feliz con lo que ha logrado, porque todo parecía tan difícil al principio.

El miedo había estado presente la temporada entera, el miedo había vuelto con mucha fuerza hasta convertirlo en el que pequeño niño asustado que lloraba la noche entera en silencio en la soledad de su habitación. Yuri no le dijo a nadie que el miedo ha vuelto, no quiere que Celestino ni la maestra Minako se preocupen por él. Además, él está seguro de que como sucedió siendo niño, el miedo se irá si él lo ignora, si él logra apartarlo de su mente como hizo al inicio de su rutina.

Además, pensar en Victor lo ayuda, pensar en Victor es lo que definitivamente hace que el miedo se quede quieto en algún lugar de su mente. Y Victor está ahí, Yuri sabe que Victor está ahí. Sí, claro, es evidente que el patinador que ha encantado a todo el mundo en los eventos previos a la final del Grand Prix no perdería el tiempo yendo a ver la final de la competencia junior pero Yuri sí lo verá competir a él. Celestino le ha dicho que será posible quedarse un poco más en Boston, lugar en el que la final ha tenido lugar, antes de volver a Detroit para prepararse para el campeonato nacional de Japón.

Así que lo verá, de verdad lo mirará de nuevo.

Yuri limpia las lágrimas que corrieron por sus mejillas sin que él se diera cuenta de ello y espera que el público no las haya visto y que si las vio, todos piensen que esas lágrimas eran fruto de la emoción porque Yuri no quiere que toda esa gente piense que es un debilucho. Así que sintiéndose algo tonto por haberse dejado llevar por la emoción, el chico vuelve a sonreír y recoge uno de los regalos que están sobre la pista al azar provocando una nueva ola de aplausos de los fanáticos del patinaje que le han rendido el alma a la posible nueva estrella de la división junior.

Yuri sonríe al pensar así de él mismo, la verdad es que él no suele pensar en él de aquel modo, como una estrella naciente, él solo cree que es un chico más, siempre un chico más que sin embargo da lo mejor de sí mismo cuando tiene que hacerlo, un chico que tiene un sueño muy grande en el corazón, un sueño más grande que el miedo y todo aquello que intenta detenerlo.

Pero nada lo detendrá, piensa Yuri mientras Celestino lo recibe con una sonrisa orgullosa en la entrada de la pista y le coloca la chamarra negra del equipo nacional de Japón. El entrenador se da cuenta de que su patinador está nervioso, sumamente asustado y su intuición afilada, fruto de años y años de trabajo profesional le dicen que algo anda mal con su joven pupilo.

Él sabe que Yuri y él tienen que hablar muy seriamente después de la competencia, los padres de Yuri fueron muy claros con él al advertirle del problema de salud que el chico Katsuki había tenido siendo niño y Celestino espera que no sea eso atacándolo de nuevo pero si lo es, él ayudará a Yuri, él no dejará que aquel joven patinador que ha recibido ya su puntaje final de la competencia después de su rutina libre y quien, por cierto, ha instaurado un nuevo record mundial junior, se pierda en las sombras.

—Rompiste el record de Victor Nikiforov— dice Celestino haciendo que Yuri abra los ojos de par en par.

— ¿Que hice qué? — dice el chico sin poder creerlo y Celestino ríe y levanta a su patinador en brazos como si quisiera que todo el mundo viera al nuevo prodigio sobre el hielo.

— ¡Has empezado a hacer historia! — dice Celestino bajando a Yuri y poniéndolo sobre el suelo antes de alejarse de él con rumbo a los vestidores para preparar a Yuri para la ceremonia de premiación—. Hoy el record mundial junior, mañana el record mundial sénior ¡Felicidades, Yuri! ¡Eres el nuevo campeón de la final del Grand Prix!

Los ojos de Yuri vuelven a abrirse de par en par. Por un momento ninguna de las palabras de Celestino tienen sentido, no hasta que las puntuaciones finales de todos los demás patinadores aparecen en la enorme pantalla que cuelga del techo del recinto y su nombre, escrito al lado de la bandera de Japón está colocado a la cabeza de la lista. Él ha ganado. Había logrado dos medallas de plata en sus dos eventos anteriores a la final, pero esta noche ha conseguido su primera medalla de oro en una competencia internacional. Él es el campeón. Él es el ganador. Él…

— ¡Yuri! — dice una voz de pronto, y aquella voz dulce y emocionada hace que el joven Katsuki se quede clavado en su sitio y lo que sucede a continuación es algo tan completamente sorprendente que Yuri tiene que pellizcarse para poder asimilar que no está soñando y que Victor Nikiforov está corriendo con dirección a él.

El cabello plateado del joven patinador ruso de dieciséis años ondea en el aire mientras Yuri lo mira venir a él. Victor corre como si su vida dependiera de alcanzarlo y Yuri no sabe si reír, llorar o empezar a correr en direcciona Victor así que solo se queda de pie, ahí, en medio de la gente que pasa a su lado preparando la ceremonia de premiación en la que él estará en el lugar más alto del podio.

Y lo primero que Yuri piensa al ver los ojos de Victor es que éstos no han cambiado nada. Sí, sin duda Victor es más alto y más fuerte, y la mente de Yuri no puede evitar gritar que el ruso es demasiado guapo para su propio bien. Pero la sonrisa, la hermosa sonrisa en los labios de Victor es también inalterable y es tan genuina y llena de brillo que Yuri no puede hacer otra cosa más que sonreír de forma tímida y se siente molesto consigo mismo porque no puede evitar sonrojarse de forma violenta cuando, sin un aviso previo, Victor lo envuelve en sus brazos.

— ¡Estuviste fantástico, Yuri! —dice Victor sin soltarlo y hay tanto calor en los brazos del ruso que el chico japonés piensa que aquella parece la reunión de dos amigos de toda la vida y no solo el segundo encuentro de dos chicos que al parecer, solo tienen un sueño y su talento en común— ¡Yakov no quería que viniera a verte! ¿Puedes creerlo? Pero me negué, le juré que ganaría el oro y nada menos que el oro en los próximos cinco campeonatos y por eso me permitió saltarme el entrenamiento de la tarde y ¡Oh Yuri! ¡Rompiste mi record! Eres tan completamente perfecto en el hielo… espera un segundo ¿te estoy asustando?

Victor se separa de él solo unos cuantos centímetros después de su discurso y Yuri solo puede negar suavemente con su cabeza porque la cercanía de Victor es algo que aun hace que se sienta mareado. Después de todo, aquel es solo el segundo encuentro y seguramente está poniéndose en ridículo pero es que Victor le provoca tantas cosas extrañas pero el miedo no es una de ellas.

—No me asustas…—dice Yuri de forma rápida al notar que Victor sigue mirándolo de forma extraña, pero al escucharlo decir esas palabras la sonrisa del ruso vuelve a aparecer en sus labios.

— ¡Estuve apoyándote durante todo el programa, Maccachin también! —dice Victor y le muestra a Yuri el pequeño caniche de peluche que Yuri le regaló hace años y al hacerlo, el corazón del chico japonés se conmueve de tal manera que éste no puede hacer otra cosa más que lanzarse a los brazos de Victor y el ruso lo recibe en ellos de forma inmediata.

—¿Estás llorando? — dice Victor al notar el temblor del cuerpo del joven con el que había estado soñando por casi tres años de ausencia— ¿Por qué lloras, Yuri?

—Porque estoy feliz…—dice Yuri tratando de contener el llanto, pero hay tantas emociones en él que simplemente no puede contenerse—. Porque me siento feliz de verte de nuevo.

— ¿De verdad? —dice Victor y suelta a Yuri simplemente para poder mirar sus hermosos ojos color marrón, y las lágrimas que hay en ellos duelen en el pecho de Victor y el ruso se acerca a él de nuevo para poder limpiar aquel llanto de los ojos de quien sigue siendo para él, el chico más lindo del universo entero.

—De verdad…—dice Yuri intentando sonreír—. Es solo que cuando me emociono yo…

—¡Te gusta dar abrazos, lo leí en una de las publicaciones de Phichit! —dice Victor con naturalidad, volviendo a sonreír—. Yuri ¿Por qué no haces una cuenta en Instagram? Yo te seguiría, créeme… me gustaría poder verte de forma directa y no esperar a que Phichit suba una foto tuya, no lo hace muy a menudo de todos modos…

—Es que no le permito que lo haga…—dice Yuri con una sonrisa divertida—. Abriré una cuenta…

—¡Yo seré el primero en seguirte! —dice Victor riendo alegremente—. Yuri ¿de verdad no estoy asustándote? Es solo que no podía contenerme más, tenía que verte, he querido volver a verte desde que te conocí en Japón. Creo que tú y yo podemos ser muy buenos amigos…

—¿Aun quieres ir por un helado conmigo? —pregunta Yuri con las mejillas sonrojadas y aquel gesto hace que el corazón de Victor se derrita dentro de su pecho.

—¡Claro que quiero! —dice Victor y toma las manos de su compañero con suavidad—. Aunque me temo que no podré hacerlo ahora. Yakov es demasiado estricto, debo volver al hotel después de la ceremonia de premiación y no podré hacer nada más que entrenar porque presento mi programa corto mañana. Creo que… es un poco difícil, tú lo entiendes ¿verdad?

—Lo sé, lo entiendo…—dice Yuri sintiendo tristeza sin saber muy bien por qué—. Gracias por apoyarme hoy, Victor…

—Hey, no estés triste…—dice Victor sintiéndose como un idiota por entristecer a Yuri. De pronto Victor tiene el impulso de desobedecer a Yakov y llevar a pasear a Yuri por toda la ciudad pero no lo hará, él sabe que no puede hacerlo—. Podemos vernos de nuevo al término de la temporada ¿te parece? Yakov dice que es posible, tu maestra de ballet lo ha invitado a pasar el verano en Japón ¿es cierto que tu familia tiene un hotel de aguas termales?

—Sí…—dice Yuri con una sonrisa algo más relajada y llena de agradecimiento e ilusión por esa invitación que ha hecho la maestra Minako a sus espaldas— ¿Vendrás?

— ¡Claro que iré! —dice Victor con seguridad—. Así que nuestro helado sigue pendiente ¿está bien? Tú tendrás que invitarme uno puesto que eres el campeón…

—Tú ganarás tu evento también—dice Yuri con seguridad—. Te veré competir mañana, estaré apoyándote hasta el final.

— ¿Si gano me darás tu número de teléfono? — dice Victor con una sonrisa traviesa que hace que las mejillas de Yuri se sonrojen de nuevo—. Me niego a seguir conformándome con las fotos de Phichit Chulanont para saber de ti…

— ¿Me prestas tu teléfono ahora? —dice Yuri con una sonrisa brillante y el chico ruso extiende a él su teléfono donde, la foto que él y Victor se tomaron siendo niños, se muestra como fondo de pantalla.

Yuri sonríe sin poder evitarlo y sin dudarlo, escribe su número telefónico en el móvil de Victor quien todavía no puede creer del todo que la sonrisa de Yuri Katsuki sea real después de desear verla por más tiempo del que hubiera imaginado.

— ¿Yuri? — pregunta Victor cuando el chico Katsuki le devuelve su teléfono.

—Estoy seguro de que vas a ganar, no hace falta esperar al final de la competencia para darte mi número telefónico— dice Yuri y Victor Nikiforov siente que vuela de felicidad.

—No voy a defraudarte…—dice Victor y besa la mejilla de Yuri haciendo que el otro chico se sonroje de forma profunda—. Gracias por creer en mí Yuri, yo jamás dejo de creer en ti tampoco…

—Victor….—dice Yuri y no puede creer que sea posible seguir vivo después de sentir tantas emociones distintas en las últimas dos horas de su vida.

—¡Y te traje un regalo de cumpleaños decente esta vez! —dice Victor con su característica alegría y saca de una bolsa de papel que Yuri no había visto antes en sus manos una corona de rosas azules que el joven ruso pone sobre el cabello oscuro del patinador más joven—. Una corona para el nuevo príncipe del hielo… ¿quieres abrir esa cuenta de Instagram de una buena vez subiendo una foto conmigo?

Las palabras se atoran en la garganta de Yuri quien solo es capaz de asentir y de seguir sonriendo mientras Victor le pide su teléfono y empieza a teclear su número para guardarlo en la memoria del teléfono de Yuri. Después, el patinador ruso toma la fotografía al lado de Yuri a quien aquella corona de rosas azules hace parecer un pequeño príncipe de verdad.

Cuando la fotografía está lista, Victor le dice cómo es que debe crear su nueva cuenta y al subir la fotografía, las reacciones de los fans de los dos son instantáneas, todo el mundo dice que morirá de un ataque de amor y de ternura y aquella fotografía se hace viral sin que los dos chicos en ella sean realmente conscientes de eso.

Y es que los dos están cerca de nuevo, los dos vuelven estar el uno al lado del otro. Yuri y Victor piensan que estar en el mismo lugar y frente a frente es sencillo, es cálido. Los dos sienten que el lazo fuerte que los dos sintieron desde la primera vez que se vieron sigue ahí, que aquel lazo sigue estrechándose, que aquel lazo jamás se romperá. Porque en aquel momento están juntos, los dos ríen, los dos sienten que tienen un amigo de verdad en el otro. Es como si sus corazones se conocieran desde siempre, como si se hubieran conocido en mil vidas antes y aquella fuera una reunión ancestral. Sí, los dos saben que van a separarse una vez más pero también saben que seguirán viéndose y la promesa de ese encuentro es el que los hace olvidar la nueva despedida.

Pero ya pensarán en eso más tarde. Lo que importa ahora es que la persona que hace que su corazón se acelere de mil formas distintas, la persona que los inspira a ser mejores día a día está ahí, frente a ellos, y esa persona siempre estará en sus jóvenes corazones y nadie podrá quitarla de ese lugar jamás…