7. Sargas y Milo

-¡Pero si es un bebé aún! ¡Qué cojones hago yo con esa cosa tan pequeña!-

Segin lanzó una mirada reprobatoria a su compañero.
-¡Controla tu lengua delante del pequeño y de mi!-
La amazona de Cassiopea acunó a Milo entre sus brazos, para hacerle dormir.

Sargas se llevó una mano a la cara desesperado. Volvió el rostro hacia el Patriarca.

-Dígame que esto no es una broma pesada…cuando me dijo que me ocuparía del santo de Escorpio, creí que tendría que hacerlo cuando cumpliera cinco años…¡no cuando ni siquiera tiene un año de vida!-

Shion tamborileó los dedos sobre el reposabrazos del trono. Cruzó las piernas y se acomodó lo mejor que pudo. La escena ya estaba montada y ahora era el espectador principal de la obra teatral de Sargas.

A su lado, Polidamas escuchaba aterrado lo que gritaba el maestro del hijo de su ama. Pensaba para sí mismo que qué clase de energúmeno era aquel, y si el Patriarca hacía bien entregándole al pequeño Milo.

-Mi señor…¿está usted seguro de esto? Casi que preferiría que Milo se quedara con aquella amazona.-

Shion desvió la mirada hacia Polidamas.

-No te preocupes, es sólo hasta que se le pase la pataleta. Pero estoy seguro de que mi decisión es la correcta-

-…¿Y qué le doy de comer? ¿Leche de mis tetas? Uy perdón, es que soy hombre y carezco de ellas, qué tonto soy…- el comentario sarcástico del momento. Shion lo esperaba, no así la amazona de Cassiopea.

Ésta depositó con sumo cuidado a Milo entre los brazos de Polidamas sin perder la dulce sonrisa. No llevaba la máscara, simplemente porque no quería que el bebé se asustara. Tras dejar al nene, volvió sobre sus pasos en dirección a Sargas.

Sin decir nada levantó la mano y arreó una sonora bofetada al caballero de Serpiente.

Segin volvió hacia el trono y recuperó a Milo, que seguía durmiendo. Lo arrulló delicadamente.

El Patriarca y Polidamas se lanzaron una mirada cómplice, mientras Sargas aún permanecía en estado de shock, con la cara marcada de rojo.

-Bien- cortó el aire Shion –asunto zanjado. Sargas, el templo de Escorpio ha sido rehabilitado tal y como me pediste hace dos años para poder vivir allí Tendrás toda la ayuda que necesites para cuidar del pequeño Milo, desde luego. Igual que tus compañeros, que aceptaron de buen grado a cuidar de ellos, sin plantearse darles lactancia.- El dardo de Shion dio en toda la frente a Sargas, que apretó los dientes.

-¡He dicho que no, cuando tenga cinco años le aceptaré como alumno!- su orgullo había sido herido y ahora se encerraba en su legendaria cabezonería escorpiana. Cerró los ojos y se cruzó de brazos, dando a entender que no daría su brazo a torcer con su decisión.

-¿Te lo tenemos que repetir o quieres recibir otro guantazo?- amenazó Segin.

Sargas puso los ojos en blanco.
-¿Es que no podéis entender que no tengo idea de bebés? ¡Son una carga! Sólo saben llorar, comer, dormir, hacer caca, llorar, comer, dormid, mear, llorar otra vez, volver a cagar…¡es demasiada responsabilidad!-

Shion resopló, cada vez más cansado.
- Ya te avisé de que te encargarías de él. Es tu responsabilidad y tu deber como Maestro. Sin embargo, si insistes en no cuidarle, está bien, no lo cuidarás. Pero eso significa que jamás lo volverás a tener como aprendiz. Te estoy dando una oportunidad de oro, nunca mejor dicho. Tú decides-

La amazona besó la frente de Milo y se acercó lentamente hacia Sargas. Éste seguía reacio, pero sólo tenía dos vías.
-Mírale, sólo te pido eso- susurró Segin, apartando la suave pelusa azulada de la frente del bebé.

Sargas mantenía los brazos cruzados, pero echó un vistazo al pequeño. El chupete se movía rítmicamente.
-Se ha quedado huérfano hace unos días.- continuó la amazona.

Un escalofrío recorrió el espinazo del caballero, que emitió un suspiro.

De repente, el chupete de Milo se deslizó de su brillante boquita y cayó al suelo, despertándole. Abrió sus enormes ojos celestes y parpadeó al cruzar su mirada con la rojiza de Sargas. Milo emitió una risa cómplice y empáticamente Sargas sonrió al pequeño.
Descruzó los brazos e hizo ademán de querer acariciarlo. Milo alzó sus manitas hacia el caballero, que se quedó estático, sin saber muy bien qué hacer.

Segin recogió al pequeño y lo tendió al caballero.
-Sujétale…la cabecita para este lado…así…eso es- sonrió la amazona, acomodándole.

Sargas acunaba a Milo entre sus poderosos brazos. El bebé abrió la boquita pidiendo el chupete.
La amazona se agachó al suelo y lo recogió. Lo limpió con un pañuelo y se lo entregó al pequeño.

Shion y Polidamas se miraron contentos. Milo se había ganado la confianza de su maestro.
Segin se arrodilló frente al Patriarca.
-Mi trabajo con él ha concluido. Si me necesita para cualquiera otra cosa, no dude en pedírmelo, mi señor. Estaré dispuesta para todo, a cualquier hora y en cualquier lugar-

-Muchísimas gracias Segin. Puedes retirarte a descansar.- agradeció Shion.

La amazona salió fuera del templo.

El Patriarca se levantó del trono y le siguió Polidamas.
-Te ayudaremos, no te preocupes. Ya verás cómo todo sale bien- dijo con una sonrisa. –Polidamas se quedará para ayudarte unos días, hasta que sepas manejarle. Y dentro de unos años, decidiremos el destino de vuestro entrenamiento-

Sargas continuaba embobado acariciando al bebé.
-Por cierto ¿cómo se llama?- preguntó
-Milo- respondió Polidamas.
-Milo…como la isla…como manzana…es muy bonito…- declaró el caballero, repasando el nombre. –Bueno pequeñajo, ¿nos vamos a dormir?-
El bebé pareció entender lo que le decía su maestro y se quitó el chupete para bostezar.
Sargas se contagió del bostezo.

-Bien, toma entonces la llave del templo de Escorpio. Permaneceréis allí instalados hasta dentro de cuatro años que comience su entrenamiento. Buenas noches caballeros- se despidió Shion.

No había salido aún de la sala principal cuando se paró a escuchar la conversación de los dos hombres.

Sargas olfateó el aire.
-Qué peste- musitó arrugando la nariz.
-Pues yo no he sido, mi señor-
El caballero acercó la nariz a la zona pélvica del bebé, que le miraba curioso. Sargas estiró el cuello hacia atrás.
-¡Pero serás cochino! ¿Ya te has hecho caca? ¡Menudo estreno! ¡Rápido, vámonos al templo para que puedas cambiarle el pañal!- exclamó a Polidamas.
-Mi señor, ¿para que pueda cambiarle el pañal? Con todos mis respetos, pero esta es la ocasión perfecta para aprender a limpiar un bebé- contestó molesto el joven.
Ambos salieron del templo del Patriarca.

Shion se dirigió a sus aposentos riéndose.


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