Disclaimer: Gravity Falls le pertenece a Alex H.

Summary: Conjunto de one-shorts, drabbles y viñetas de la pareja MaBill. Chapter 7: Siete palabras. Siete momentos entre el demonio inter-dimensional de ilusiones y la joven estrella fugaz.

Advertencia: Conjunto de viñetas. Posible OOC. Universo Alterno. En algunas viñetas la relación es pre-establecida.

Notas: ¡Nuevo año significa también nuevo capitulo de este fic! ewe creo que eso sonó bastante mal. No puedo creer que nuevamente tardara tanto en actualizar, realmente les pido disculpas a todos los que estuvieron esperando un nuevo one-short desde hace tiempo. Espero —nuevamente— que todo este tiempo de espera allá valido la pena para ustedes y que disfruten de este capitulo.

No sé si hayan estado enterados, pero durante Diciembre —específicamente entre el 5 y el 11— se celebró la MaBill Week 2016. Que —como cada Week sobre ships que se celebra en tumblr— consistió en siete días dedicados a escribir, o también dibujar, cosas relacionadas con el MaBill y los siete temas que dieron, uno para cada día. Como pudieron notar, obviamente no alcancé a participar, pues tal cual les mencioné la Week comenzaba el día 5 de Diciembre y yo vine a enterarme el 7 de Diciembre —para que vean la bendita suerte que tengo QwQ—, por lo que ni intentándolo hubiera alcanzado a participar. De hecho tardé más de lo que esperaba escribir esto porque algunos temas no me inspiraban del todo. Aun así quise hacer mi pequeño aporte en esta week. Ojalá si este año vuelve a haber una logre enterarme a tiempo XD

En fin. Ahora les dejo con el capitulo.


Siete momentos


i. Celos (Jealousy)

Era muy probable que pocos lo supiesen, pero Bill Cipher no era alguien muy aficionado a la idea de que otro ser tocara algo que consideraba suyo. Podría considerárselo algo posesivo, sí, pero ¿cuál era el problema? Después de todo él sabía marcar bien cuáles eran sus pertenencias, aquellas a las que nadie tenía derecho de acercarse más que él.

Los símbolos del zodiaco, por nombrar un ejemplo. Aquellos patéticos mortales, tan débiles pero que juntos podrían convocar un poder capaz de arruinar cada uno de sus preciados planes. Sí, claro que ellos le pertenecían, desde el día en el cada uno de ellos nació sus destinos quedaron sellados en sus manos, bajo su poder, porque solamente él tenía el poder para detenerlos si estos llegaban a enterarse de la profecía. Así él se encargo de que cada posible amenaza a la existencia de sus símbolos se enterase de quién era el amo y señor absoluto de sus vidas, pues más que nada él los necesitaba con vida para que sus planes salieran a la luz.

E incluso ahora que aquellos proyectos terminaron siendo arruinados y él acabo siendo nada más que un seudo-prisionero de la familia Pines, eso no había cambiado. Ellos seguían perteneciéndole y sería así por toda la eternidad.

Sin embargo.

Durante ese último tiempo el Cipher comenzó a notar algo curioso, como toda aquella posesión y sensación de propiedad que antes fuera para cada signo ahora pareciera concentrarse solamente en una de ellos. Estrella Fugaz; la más brillante, caótica y divertida de todos sus símbolos, desde un principio ella llamó su atención por sus extravagancias y su perpetuo estado de alegría sin sentido, por sus risas de cometa efímero y esa ansia de diversión que parecía caracterizarla. Estrella Fugaz siempre había sido una de sus símbolos más especiales y a la que más le gustaba observar pues era tan alocada como impredecible, incluso para alguien como él.

Pero no fue hasta que empezó a convivir más tiempo con ella debido a las circunstancias en las que ahora vivía, que comenzó a verla de otra manera, por decirlo de algún modo. Y es que le extrañaba demasiado cómo ella podía sonreírle a él y ser tan amable con el demonio que estuvo a punto de asesinar a su familia en más de una ocasión. No podía ser tan (inocente) estúpida, ¿verdad? Sin embargo Estrella Fugaz parecía realmente dispuesta a perdonarlo y poco a poco fueron haciéndose amigos —o lo más cercano que él podía considerar una amistad verdadera—.

Estrella Fugaz había llenado sus días monocromos de una calidez y una luz indescriptible, pues todo en ella brillaba y resplandecía. Y era exactamente ese brillo al cual se negaba rotundamente a dejar ir.

Porque claro que no era ciego, había ido notando a la perfección como pasaba el tiempo y Estrella Fugaz cambiaba con el pasar de los meses, de los años. Ya poco quedaba físicamente hablando de esa torpe chiquilla de mejillas regordetas y frenos coloridos. Claro que no, ella ya era —en lo que a edad humana respectaba— casi una mujer; con el cabello castaño siempre suelto y de aspecto tan suave, las facciones de muñeca delicada y los suéteres ya no tan infantiles haciéndose más y más ajustados. Y aunque por dentro siguiera tratándose de la misma Estrella alegre e incandescente de antes, los cambios en su cuerpo habían sido suficientes como para atraer a montones de buitres buscando escarbar debajo de sus ropas, fingiendo miradas cariñosas y atentas junto a promesas que jamás iban a cumplir —y que llenaban de absurda ilusión a Estrella Fugaz y que la hacían derramar amargas lágrimas traicioneras al descubrir la realidad—.

Pero él no iba a permitirlo. No más.

Claro que no.

No. No. No. No.

(Ella era suya suya suya suya ¡suya!)

Carecía de completo sentido y hasta le parecía algo hilarante que esos parásitos se creyeran merecedores de poner sus inmundas manos sobre su Estrella Fugaz. Porque era suya. ¡Le pertenecía! ¡Le pertenecía incluso desde antes de que hubiera nacido en ese cuerpo mortal!

Simplemente no podía controlarlo. Esas molestas e incómodas sensaciones que esos mocosos le provocaban cuando los veía rozar siquiera un cabello de su Estrella, lo cegaban y enardecían. Le hacían querer estallar y llevarse consigo al mismo infierno a cualquiera que tratara de alejar el brillo de su Estrella Fugaz de su lado.

¿Era acaso a eso a lo cual los humanos habían bautizado como celos?

Pues vaya sensación más curiosa.

Pero no era como si no tuviera un as bajo la manga para solucionar todo ese problema. No por nada él era Bill Cipher. Y aunque era probable que pocos lo supiesen, él no era aficionado a la idea de que otros tocaran lo que era suyo. Y especialmente detestaba la idea de que alguien ajeno a sí mismo le pusiera un dedo encima a su hermosa y dulce Estrella Fugaz.

Ya debía ponerse manos a la obra. Tal vez, al finalizar, incluso podría llevarle un obsequio a su linda Estrella Fugaz, ella parecía estar algo deprimida últimamente —y todo a causa de ellos, oh pero ya se lo pagarían, ya verían cuáles eran las consecuencias al jugar con su más preciada pertenencia—. Podría regalarle quizá una de esas piezas de joyería que a ella tanto le gustaban. Sí, una pequeña muestra para que viera lo que él era capaz de hacer por ella.

Su tierna e inocente Estrella Fugaz.

(Seguro luciría hermosa incluso con los ojos de esos buitres alrededor de su cuello)


ii. Pesadilla (Nightmare)

Bill es una pesadilla andante de mirada afilada y malas intenciones, con las garras negras de espectro nocturno asechando mentes intranquilas y llenándolas de temores muchas veces infundados. Se deleita con el miedo, el pánico que inunda a sus víctimas y lanza una sonora carcajada de emoción pues sabe, no hay mejor tortura para esos seres llamados humanos que esa que los persigue en el mundo de los sueños y que los acompaña incluso en el de los despiertos, de la cual no pueden escapar por más que deseen —es imposible que escaparan de sus propios pensamientos—.

Mabel, por otro lado, tan colorida como solo ella es, no podía ser comparada con otra cosa que no fuera un sueño, una ilusión de felicidad constante que se negaba a ver lo malo de las cosas (y personas). E incluso dormida ella parecía negarse a hacer uso de la razón y, en cambio, prefería vivir en un mundo de fantasía efímera que se rehusaba a ser manchado con sus terrores nocturnos.

Era realmente exasperante.

Sin embargo, se vuelve una costumbre rápidamente para él pasearse igualmente por su mente mientras ella disfruta de sus ideas infantiles, y "compartir" un poco de sus bizarras visiones con ella. A pesar de que sabe bien que es un esfuerzo inútil, pues es muy difícil lograr perturbar sus sueños. Claro que también hay veces cuando su mente se encuentra en un estado más indefenso —vulnerable—, y entonces sí logra asustarla y propagarle aquellos temores que en realidad ya estaban ahí, mas él ahora se encarga de hacer que crezcan y se multipliquen y la atormenten incluso cuando prefiere ocultarlo tras sus sonrisas traviesas de verano, que se hacen más vacías con el paso de los días —nadie parece notarlo, nadie más que él por supuesto—.

Y aunque en otro momento pensaría que al verla en ese estado se reiría satisfecho de su miseria, de ver como finalmente se rendía ante sus obras maestras. Ahora solamente se queda en silencio, sintiendo cierta opresión dentro suyo que no logra identificar, pero que le molesta demasiado —le molesta verla tan desdichada y le molesta incluso más saber que eso le importa—.

Por lo que unas noches más tarde, cuando vuelve a visitarla sin ser visto, y nota inmediatamente como su mente vuelve a ser corrompida por aquellos pensamientos negativos, simplemente suspira y antes de darse cuenta de lo que está haciendo, hace uso de su poder para traer visiones alegres y llenas de color al maltratado subconsciente de la niña Pines. Entonces puede notar como ella comienza a dormir más tranquila y como una dulce sonrisa se dibuja rápidamente en sus facciones infantiles, y hay algo dentro de él que se estremece —aunque no quiera verlo—.

Decide que por esta vez la dejaría disfrutar de su sueño sin penumbras ni visiones horripilantes.

Solo por esta vez.


iii. Proteger (Protect)

Apretó los puños con tanta fuerza que comenzó a dejar de sentirlos, pero eso no le importaba, no cuando estaba presenciando eso justo delante de sus narices. Las risas trastornadas y sicóticas resonaban en sus oídos y sentía el cuerpo arder en rabia irreprimible.

Sabía que no había tenido buenas relaciones con varios monstruos inter-dimensionales, pero nunca se imaginó que ellos se atrevieran a hacer eso, más siendo que nunca se vieron particularmente interesados en la humanidad y mucho menos en entrometerlos en sus planes.

Pero ahí estaba ahora, con Estrella Fugaz —su querida Estrella Fugaz— desmayada entre sus brazos, con el rostro amoreteado y heridas y quemaduras alrededor de su pequeño cuerpo. Mientras esas criaturas que antes fueran antiguos conocidos y rivales, les miraban burlones y regodeándose por lo que habían hecho, por haber encontrado finalmente el punto débil del antes tan poderoso y temido Bill Cipher. Él solo se quedó ahí, petrificado y mirándolos con odio profundo, sintiendo como su cuerpo —aquel disfraz humano que ya se había acostumbrado a usar— comenzaba a teñirse de rojo carmesí con su cambio brusco de humor.

Es solo que no podía creerlo. Entendía que ellos lo odiaran y que quisieran vengarse por todo los que les había hecho, ¡¿pero por qué diablos metieron a su Estrella Fugaz en esto?! ¿Para herirlo a él acaso? ¿Habrían descubierto lo cercanos que se habían vuelto desde su derrota a manos de los Pines? Simplemente no lo entendía. Estrella Fugaz no era la culpable, ella no tenía nada que ver con las horribles acciones que había hecho en su pasado. Ella, solo ella había sido la causa de su lento intento de redención y ahora era herida por su culpa.

Jamás se los perdonaría.

Dejó a Estrella Fugaz suevamente sobre el suelo, cubriendo su delicado cuerpo con su chaqueta. Miró fijamente a esos monstruos quienes ahora se dedicaban a burlarse de él, diciéndole lo irónico que les resultaba que él, quien fuera un despiadado ser de pesadillas vivientes, se mostrara tan protector con una simple y estúpida humana. Y cada palabra que decían no lograba más que hacer que su furia aumentase.

Llamas azules comenzaron a rodear sus manos, y sus pupilas doradas se volvieron completamente negras y comenzaron a afilarse, mientras sus ojos resplandecían de rojo sangre. Algunas de las criaturas —aquellas que él sabía eran las más débiles del grupo— comenzaron a temblar, como si reconocieran finalmente que a pesar de habitar en ese cuerpo humano, él seguía siendo el demonio que por tantos siglos los había atormentado.

Bill sonrió mostrando unos dientes en forma de colmillos, como de tiburón. Y sus ojos reflejaban además de aquel profundo desprecio, un deje de locura que antes fuera tan común en él y que provocó aun más escalofríos en esos seres cobardes.

Se las iban a pagar muy caro por lo que le habían hecho a su Estrella Fugaz. No permitiría que volvieran a lastimarla, la protegería sin importar qué.

Pronunció una disculpa en voz baja hacia su Estrella, después de todo ella le había hecho prometer hacia tiempo que no volvería a usar sus poderes para lastimar a otros, sin embargo ahora se vería obligado a romper esa promesa.

Esperaba que ella lo entendiese.


iv. Angst

Era en momentos así en los que Bill se daba cuenta de que Mabel ciertamente era una Estrella Fugaz, brillante y hermosa pero que con el tiempo, seguiría cayendo hacia su próxima muerte, desapareciendo del cielo nocturno para siempre.

Porque ella había comenzado a crecer, ya no era una niña ni tampoco una adolescente; en un abrir y cerrar de ojos se había convertido en una mujer igual de brillante y hermosa de lo que fue desde el día en que nació. Y a pesar del paso del tiempo; de los años que, a su parecer, habían transcurrido con una rapidez desesperante, ella seguía a su lado, seguía queriéndolo como él día en que se lo confesó con esos ojitos esperanzados mirándolo con ternura antinatural —y la cual no merecía y era consciente de ello—. Y él, contrario a lo que cualquiera hubiera supuesto, había continuado junto a ella a pesar de cualquier dificultad que debieron afrontar por… por quererse. Había sido difícil, claro, y no solo fueron los Pines quienes estuvieron en su contra sino también viejos "aliados" de Bill que se sintieron traicionados al verla junto a una mortal, y que no temieron en hacérselo saber.

Pero al final las cosas habían salido medianamente bien, pues nada le importaba más que el poder estar juntos. Bill no recordaba haberse sentido tan feliz en algún momento de su larga vida, ni el caos ni el poder que había ostentado le habían hecho sentir tan completo como lo hacía la sensación de las delicadas manos de Mabel contra las suyas. Era un sentimientos abrumador y hasta asfixiante aquel que los mortales llamaban amor, y nunca creyó experimentarlo ni le interesó hacerlo, hasta que aquella dulce niñita —que ya no lo era— apareció en su vida, convencida de que podría ayudarlo a enmendar sus errores. Y vaya que lo había hecho.

Y eran felices. Pero —Bill lo sabía— no sería por mucho tiempo. Porque Mabel crecía mientras que él, incluso estando en ese disfraz humano, mantenía prácticamente el mismo aspecto. Y Mabel decía siempre que eso no importaba, que no le interesaba lo que la gente llegara a creer al verlos juntos en la calle. Pero lo que a Bill le preocupaba no era eso, no exactamente.

Él lo sabía, solo era cuestión de tiempo, Mabel envejecería y con los años ella moriría. Su paso por el cielo terminaría y al final de ella solo quedaría una estela de luz en sus memorias, se apagaría y extinguiría como lo haría una estrella normal. Él no quería eso, le asustaba —por más que odiara ese sentimiento— pensar en una realidad en la que Mabel no estaría a su lado, en la que no le tomaría más de la mano, guiándolo a través de las tinieblas de su mente, ni le susurraría sus dulces palabras de amor.

Solo era cuestión de tiempo, de un caprichoso y egoísta reloj que no dejaba de correr, dejándoles los años contados. Y entonces Mabel terminaría de caer como la estrella fugaz que era.

(Tan brillante y tan hermosa, pero que, si te descuidabas un segundo, perderías de vista para no volverla a ver jamás.

Por algo la había nombrado como su preciada Estrella Fugaz.)

Bill temía la llegada de ese día, cuando su Estrella se marchitaría y él nada podría hacer para impedirlo. No quería que ese día llegara pero por más que lo deseara sabía que no podría impedir el paso del tiempo.

Era inútil. Inútil. Completamente inútil. Y lo sabía pero no podía dejar de desear poder hacer algo. Nunca se había sentido tan frustrado al saber que no podría hacer nada para conseguir que su Estrella Fugaz continuara a su lado para siempre. Era imposible.

Y entonces la veía ahí, dormitando a su lado, abrazándolo entre sueños como si temiera que se desvaneciera de su lado si no lo hacía. Y parte de él se daba cuenta de que en realidad eso no importaba, que pensar en el futuro no era más que un problema constante y que, mientras Estrella Fugaz estuviera junto a él, no debería importarle nada más que poder hacerla sonreír. Y solo deseaba eso.

Solo deseaba poder hacerla sonreír hasta el último momento de su fugaz vida.


v. Besos (Kissing)

La primera vez que se besan, bien podría ser considerada un accidente. El punto es que de repente pasan de estar conversando animadamente —o bueno, en realidad solo Mabel hablaba mientras Bill se limitaba a escucharla como solía hacer— a sus rostros habiéndose acercado tanto sin darse cuenta que Bill puede sentir su aliento algo agitado. Y tal vez fuera él quien se inclinó por la confusión o ella que por la sorpresa se tropezó, pero el punto es que al menos por un par de segundos sus labios se rozaron en un movimiento torpe e inesperado. Se separaron rápidamente, siendo Mabel quien se echó hacia atrás cubriéndose los labios, con las mejillas más rojas de lo normal y balbuceando cosas que él no alcanzó a entender.

Bill entonces arqueó una ceja cuestionándose el extraño —más de lo normal— comportamiento de la Pines. Que ya, está bien, él no era ignorante como para no saber qué fue lo que había pasado. Sabía que eso —por más que hubiera sido apenas un pequeño roce— era llamado "beso" y que los humanos lo usaban para demostrar "cariño" y todas esas ridículas emociones mundanas. Lo que no entendía era porqué Estrella Fugaz reaccionaba de esa forma siendo que no fue más que un tonto accidente y que no significaba nada.

Al ver su falta de reacción Mabel pareció relajarse, desviando la mirada con el rostro aun ruborizado y tratando de seguir con la conversación, como si no hubiera ocurrido nada —aunque Bill se sorprendió al notar como aparecía una pizca de decepción en los resplandecientes ojos de Mabel, cuando esta vio la poca importancia que él acababa de darle a ese supuesto beso—. Continuaron hablando un par de minutos en los que Mabel no fue capaz ni de verle al rostro sin avergonzarse y eso comenzaba a parecerle molesto.

¿Qué quería acaso, que él dijera algo sobre ese estúpido roce de labios que tanto parecía azorarle? ¿Acaso necesitaba escuchar una disculpa, por más que al parecer ninguno había tenido la culpa de que pasara?

¡Ni siquiera había sido su primer beso como para que reaccionara así, maldita sea! Él después de todo sabía que aquel se lo había dado a ese torpe tritón que conoció en una piscina y el cual parecía haberle roto el corazón al tener que cazarse con una manatí. Apretó los dientes inconscientemente, sintiendo como el pensamiento de Estrella Fugaz posando sus suaves y dulces labios sobre los inmundos de ese chico pez le hacía sentir punzadas en el pecho.

Un momento… ¿Acababa de describir los labios de esa mocosa como «dulces y suaves»? ¡Pero qué diablos! ¡Estaba tan molesto que ya ni siquiera podía pensar con claridad! Y el hecho de que Mabel se le hubiera quedado mirando fijamente con las mejillas aun un poco sonrosadas no ayudaba en nada, lo hacía sentir incómodo tal como cada vez que ella se le quedaba viendo así, lo cual, si se ponía a pensar sobre ello; comenzaba a suceder bastante seguido últimamente. No comprendía qué bicho le habría picado para comenzar a actuar tan extraña a su alrededor; como si esperara una cierta acción de su parte o deseara decirle algo pero a la vez cierta ansiedad se lo impidiera.

Estrella Fugaz era tan extraña, pero no podía negar que esa actitud lucía algo tierna viniendo de ella…

¿¡Pero qué acababa de pensar!?

— ¿B-Bill? —La temblorosa voz de Estrella Fugaz lo sacó de su trance mental— ¿Estás bien? E-estás algo rojo.

— ¿Eh?

Entonces el Cipher se percató de que ciertamente sentía el rostro bastante caliente, al igual que la respiración tan agitada que por poco pensó que le vendría un ataque —aunque no era como que él pudiera sufrir esas cosas—. Y notó como Estrella Fugaz volvió a inclinarse levemente hacia él, con un expresión sumamente preocupada y dejando temporalmente de lado su antes notoria vergüenza. Pero fue esa pequeña acción de su parte la que provocó que aquel ardor en su rostro no dejara de aumentar, y que su corazón latiera con tanta tanta tanta rapidez que tuvo el presentimiento de que en cualquier instante se le saldría por la garganta.

Y antes de poder contenerse la tomó del rostro, volviendo a unir sus labios mientras sentía como ella se estremeció sorprendida ante ese tacto, mas él la tomó con algo más de fuerza por la espalda impidiendo que se alejara. Y aquel contacto pareció durar un poco más que el anterior pero no por ello fue menos torpe y raro que el anterior, pues los nervios los golpearon fuertemente a ambos, en especial a Mabel quien aun no podía terminar de creer que eso estuviera pasando. Bill se separa lentamente, pero no por ello la suelta, rodeándola con fuerza y algo de brusquedad por la cintura, en un abrazo del cual no piensa dejarla ir —y del cual ella no piensa escapar—.

Y aun sigue sintiéndose horriblemente nervioso y agitado y el rostro aun le sigue ardiendo. Pero por algún motivo que espera descubrir pronto, todo ello deja de importarle mientras tenga a Estrella Fugaz entre sus brazos.

Y esa fue la segunda vez que se besaron y fue sin duda alguna no debido a un accidente.


vi. Borracho (Drunk)

Bien, admitía que probablemente no había sido del todo una buena idea haber insistido tanto en acompañar a Estrella Fugaz a esa estúpida fiesta a la que Hielo la había invitado. Pero ni loco —vaya ironía— hubiera permitido que fuera sola a ese lugar seguramente apestado de sucios buitres que, él estaba convencido, no dejarían de molestarla, aprovechándose de su ingenua y amistosa naturaleza.

Pero claro que no. Él tenía que estar a su lado para impedir que esas sucias bestias se le acercaran.

Así que, incluso ante sus protestas y reclamos de que ya no era una niña pequeña y que podía cuidarse sola perfectamente, la acompaño y se negó rotundamente a alejarse de su lado, más al ver que ciertamente estuvo en lo correcto y más de uno de esos adolescentes creídos se le acercó tratando de sacarla a bailar —con unas claras segundas intenciones de por medio—. Afortunadamente solo bastó una mala mirada de su parte para que se acobardaran y desistieran de hacer cualquier movimiento.

Sin embargo Estrella Fugaz lucía algo molesta por eso, claramente notando que era culpa de Bill el que ningún muchacho lindo quisiera acercársele y no le sorprendía, pues sabía que él podía lucir bastante intimidante cuando quería. Estaba frustrada y algo cansada de la actitud tan sobre-protectora de Bill; si hubiera querido ir con un chaperón le hubiera dicho a Dipper o a uno de sus tíos que la acompañara.

Entonces Wendy se les había acercado —al parecer notando de inmediato el problema que afrontaba Mabel—, y le ofreció a Bill un vaso con un líquido amarillento de sabor amargo que le hizo cosquillas en la garganta y por algún motivo le recordó a las margaritas que tanto le gustaban. Entonces le había guiñado un ojo a Mabel, susurrándole algo de que eso le ayudaría a relajarse y divertirse un poco, mientras ella aprovechaba también la fiesta.

Oh y vaya que le ayudo a divertirse.

Lo malo fue que a la mañana siguiente había despertado con un dolor de cabeza que incluso a alguien como él le pareció insoportable. Ni siquiera recordaba qué había ocurrido en esa dichosa fiesta luego de que se hubiera bebido un par de vasos más de esa adictiva bebida, era un misterio para él incluso cómo había llegado al sofá de la casa de los Pines. Hasta que Mabel entró al cuarto con un frasco de pastillas en una mano y un vaso con agua en la otra, sonriéndole mientras decía que le alegraba verlo despierto, después le ofreció el vaso con agua —aunque él pensó que tal vez un café le haría mejor que eso— y le dijo que se tomara una pastilla para que así pudiera sentirse mejor y él la obedeció sin rechistar, pues esa sensación en verdad le molestaba.

—Bueno… Probablemente te estés preguntando que pasó anoche, ¿verdad? —preguntó la Pines y Bill le miró como diciendo que era obvio—. Pues… pasaron muchas cosas, ¿sabías que al parecer tienes poca tolerancia al alcohol? Porque me sorprende que no te hubieras intoxicado en especial después de que te bebieras de un trago casi todas las cervezas que los amigos de Wendy habían traído.

Bill parpadeó un par de veces, creyendo por un momento recordarse a si mismo rodeado de un montón de personas que lo animaban a terminar de beber un tarro enorme de ese liquido que Mabel había llamado cerveza, mientras que ella trataba de detenerlo aunque sin muchos resultados.

—Y luego… bueno, debo decir que nunca te había visto siendo tan sociable Bill. Realmente me asombraste. Casi parecías ser el alma de la fiesta —prosiguió haciendo gestos exagerados con las manos—. Incluso varias chicas (y un par de chicos) comenzaron a coquetear contigo y hasta creo que te dieron sus números.

El Cipher entonces se percató de que todo su brazo estaba escrito con distintos colores de marcadores, todos daban un número y un nombre diferente. Mojó su dedo con el agua que no había bebido e hizo un esfuerzo por borrar cada uno de esos números. No era como si él alguna vez fuera a estar interesado en salir o volver a ver siquiera a uno de esos molestos mortales. Claro que no se percató de que Mabel esbozó una pequeña sonrisa al ver lo que hizo.

—O bueno, al menos fue así la primera media hora. Luego… Verás…

Jugó un poco con sus manos antes de explicar como mientras ella bailaba con uno de los muchachos de la fiesta, Bill había —casi literalmente hablando— estallado en llamas, haciendo que casi todos los presentes huyeran despavoridos del lugar. Entonces se les había acercado mientras el pobre chico temblaba aterrado y comenzó a gritar que más le valía no volver a tocar jamás un solo cabello de su Estrella Fugaz, seguido de otros insultos y amenazas que por su obvia ebriedad no logró articular bien. Y también como luego de todo ese espectáculo ella tuvo que llevárselo casi a rastras, antes de que vomitara o se desmayara —lo que fuera a ocurrir primero—, en dirección a la cabaña donde milagrosamente consiguió que se durmiera sin despertar a nadie.

Bill se pasó una mano por el cabello, aun sintiendo como si la cabeza le fuera a explotar en cualquier momento, y más aun al escuchar toda esa… información. Pero entonces vio a Mabel y se sorprendió pues creyó que ella estaría furiosa por haberle arruinado su oportunidad de coquetear con un chico lindo, sin embargo ella no lo estaba e incluso le sonreía, aunque de una manera ligeramente nerviosa que hizo que su sangre se agolpara sobre sus mejillas. Sin saber en realidad qué pensar sobre lo ocurrido o incluso si acaso debería agradecer el efecto que esa estúpida bebida tuvo sobre él porque de otra manera tal vez Estrella Fugaz no lo estaría viendo de ese modo (como si hubiera descubierto algo que desde hace tiempo buscaba en él).

Aunque sin duda se la pensaría dos veces antes de volver a aceptar una de esas "bebidas" de nuevo.


vii. Consuelo (Comfort)

Mabel había llegado llorando. Y eso sin duda había alarmado al Cipher, porque ver a Estrella Fugaz llorar —además de haberse convertido en algo que detestaba— era sumamente difícil y extraño, ya que incluso cuando ella estaba triste se empeñaba en sonreír como si así fuera a recuperar su alegría. Debió de haberle ocurrido algo sumamente horrible como para dejarla en ese estado.

Se apresuró a ir junto a ella, sentándose en el borde de la cama donde ella se había recostado y continuaba llorando sobre la almohada. Por unos momentos no supo bien qué hacer, eso de consolar personas nunca se le daba bien, pero debía encontrar una manera de tranquilizarla para poder descubrir qué le había ocurrido. Colocó suavemente su mano sobre la cabeza de Mabel, comenzando a acariciar su cabello lo más cuidadosamente posible para calmarla, mientras trataba de decir cosas reconfortantes. Sin embargo su llanto no parecía amainarse lo cual comenzaba a preocuparlo aun más. Quién fuera el que se hubiera atrevido a entristecer así a su Estrella Fugaz se la iba a pagar sin duda.

Pasados unos minutos Mabel se quedó completamente en silencio, Bill entonces aprovechó para recostarse a su lado comprendiendo finalmente qué era lo que ella necesitaba. En cuanto lo tuvo a su lado, Mabel rápidamente le rodeó el torso con los brazos, enterrando su rostro en su pecho, Bill correspondió inmediatamente aquel abrazo, notando como seguía algo llorosa y continuó acariciándole el cabello. Era algo frustrante saber que no podía hacer más que eso, al menos no hasta que ella se sintiera lo suficientemente mejor como para hablar, pero a la vez no podía decir que abrazar a Estrella Fugaz no fuera algo que le encantaba hacer, aun más sabiendo que ella le tenía la confianza necesaria para desahogarse en sus brazos.

Luego de un rato Mabel se separó lo suficiente para que ambos pudieran verse al rostro, tenía los ojos algo enrojecidos y las mejillas empapadas por el llanto, pero ya se veía algo más tranquila. Ella esbozó una pequeña sonrisa casi nada sincera pero que él correspondió sin buscar presionarla, posicionó sus manos en las mejillas de ella para secarlas, arrancándole un pequeño rubor. Ambos se acomodaron mejor en la cama, Mabel bastante reacia a soltarlo.

Entonces ella comenzó a hablar, a contarle que había tenido problemas con algunos de los profesores de su universidad luego de que presentara un proyecto —en palabras de sus maestros— completamente fatal e inmaduro y que reflejaba que no estaba tomándose con seriedad su carrera. Y mientras más contaba más podía ver el Cipher lo mucho que esas palabras la habían afectado, después de todo convertirse en una diseñadora profesional se había convertido en su sueño desde que aprendió a tejer sus propios suéteres hacía ya tantos años. Y ver como no la habían tomado en serio ni a ella ni a sus diseños, además de haber sido duramente criticada por ellos, debió haberle dolido demasiado, era normal después de eso que hubiera llegado llorando.

Bill se quedo en silencio, abrazando con un poco más de fuerza a Mabel contra sí mismo, permitiéndole relajarse mientras trataba de olvidar ese mal rato pasado. Sin embargo por dentro se juró que la próxima vez que viera a su querida Estrella en ese estado por culpa de esos maestros criticones, él mismo se iba a encargar de darles a entender lo maravillosos que eran los diseños que solamente Mabel podía confeccionar. Y si aun así se negaban a cooperar; bueno, siempre había otros métodos para hacerlos entrar en razón.

Pero mientras tanto se contentaría con demostrarle a Estrella Fugaz que él siempre estaría a su lado para lo que fuera, y que podía contar con él en cualquier momento.


Bien, eso sería todo. Espero que les haya gustado, honestamente hay un par de las viñetas que a mí no me convencen del todo, pero no se me ocurría qué más hacer con esos prompts ewe

No olviden dejar un review si desean, me encantaría saber cuál de las viñetas les gustó más :3 Y nos vemos hasta la próxima actualización.