Título: Galletas
Ranking: M (Lemon al Final)
Sumary: Una genio de las matemáticas, una escuela loca por conseguirla de tutora y el idiota albino que conoce el precio por tenerle. ¿Qué tantos líos puede un paquete de galletas causar?
Advertencias: Lemon Final/UA/Quizás un poco de OoC/Diferencia de edades/Tema Escolar.
Pareja: InuYashaxKagome
Disclaimer: Todos los derechos de creación de InuYasha son de la maravillosa Rumiko Takahashi. Inu no me pertenece.
Anuncio importante al final
HAY LEMON, ESTÁN ADVERTIDOS
O
O
O
Tus besos
O
O
O
No encontraba ninguna opción viable para escapar de esa mirada chocolate que lo fulminaba. Todas las salidas parecían bloqueadas y con el nervio a flor de piel no pensaba ser suficientemente veloz para alcanzarlas sin ser interceptado.
Derecha, izquierda; sólo una puerta y ella estaba frente a la misma, inclusive la ventana permanecía cerrada. Arriba abajo; le era imposible escapar por el techo y no creía que la casa tuviera ningún escondite secreto en el suelo. ¿Hacerse invisible? ¡Feh! Ojalá le fuera posible.
Sus ojos de ámbar mostraban una emoción que jamás creyó sentir hacia una niña de quince años: miedo. De verdad que esa chica inspiraba temor. Sin embargo aún no entendía porque razón su actitud había cambiado en un instante, de una sonrisa había pasado al rencor en su mirada. —InuYasha…—Su voz siniestra estremeció al ambarino, malditas hormonas de las adolescentes y malditas las suyas ahora que igual se comportaba como uno. —Me puedes decir ¿Por qué rayos tienes tu mano ahí?
—Bueno, yo…—Efectivamente no entendía que tanto le molestaba, solamente era una estúpida reacción a una pregunta que se había hecho en la mente.
Todo se remontaba a unos instantes atrás, en la cocina. El intento de masa para hornear estaba demasiado aguado y casi toda había quedado salpicada fuera del recipiente; la mayoría de la harina estaba sobre una cabeza plateada, que en realidad no había mucho cambio en su color, pero en la azabache si la había dejado con los cabellos blancos a pesar de que ella no intervino en ningún paso.
El ex-pelinegro fue el encargado de colocar el agua y la harina en el tazón, para luego mezclar y deshacerse de los grumos. Pero la excesiva fuerza y el desmedido ánimo dejaron como resultado un desastre en la cocina, salpicando hasta Kagome que sólo sonreía divertida de verlo echar a perder las cosas. —Ah… ¿Qué sigue? —Musitó algo avergonzado de lo que había hecho.
—Bueno, debe hornearse…—No esperó más indicaciones antes de correr al horno y meterlo, dándole el giro completo a la manija. — ¡No! —Gritó antes de correr hasta el horno y detener su ciclo, la masa extraña empezaba a incendiarse. —De verdad que eres impaciente, iba a decirte que antes debes cortar la masa en figuras, o al menos…—Frunció el ceño, él tragó duro. —Poner la temperatura adecuada si no quieres que se incendie la casa.
—Lo siento. —Puso su mejor carita de cachorro abandonado, quizás si le daba un poco de pena lo perdonaría al percatarse de que también había metido los guantes y la vasija de plástico en medio de su carrera.
—Huele muy mal…—Abrió la puerta y encontró una deformada cosa que algún día pretendió retener masa para preparativos deliciosos, tela que aún tenía las marcas de fuego en sus orillas y consumiendo poco a poco cada hilo. — ¡InuYasha! ¡¿También metiste los guantes y no sé qué de plástico!? ¡¿Qué no sabes que se derrite la vasija y la tela se quema!?
—Yo, bueno… ¡Tú tienes la culpa por obligarme a hacer algo así!
— ¡No creí que fueras tan malo! —Avanzó dos pasos, él retrocedió dos. Las manos de mármol blanco se acercaban a su garganta con rapidez para ahorcarlo. Dándose cuenta de cómo actuaba, Kagome las redirigió hasta el cabello y tiró de un mechón. — ¡No soporto saber que me advertiste!
— ¡Auch! ¡Eso duele, niña!
—No me llames niña…
—De acuerdo, entonces será perra. —Acotó arrogante, sus manos se cruzaron con fastidio y dio media vuelta.
— ¡Muchos menos, anciano!
Sin pensarlo dos veces se abalanzó contra él. Quizás casualidad, quizás mano divina, tal vez alguna escritora loca que quería algo de perversión en su historia, a lo mejor el ambarino estaba por dar media vuelta para protestar por el apelativo; el hecho es que, Kagome cayó sobre él, de frente
En su intento por detenerla la había abrazado por la cintura con fuerza. No quería que ella sufriera daño, pero en un giro de ángulo demasiado extraño el cuerpo masculino recibió el impacto completo y salvando a la azabache de todo rasguño. — ¿Estás bien? —Cuestionó preocupada. —El golpe no iba a ser fuerte, no tenías por qué hacerlo…
—No te preocupes…—Gimió un poco, pero ver que ella estaba al borde de las lágrimas no pudo reprimir una sonrisa; Kagome se preocupaba por él. —Algo así no me va a matar.
—Por desgracia. —También le sonrió, su broma lograba disminuir un poco la pesadez del ambiente. —Gracias, InuYasha.
—Te lo perdonaría si te quitas de encima, estás más pesada de lo que te ves…
Extraño. Su sonrojo era tan adorable que no conseguiría quitar la vista de esas mejillas arremolinadas en un mar de calor corporal. ¿Qué tan cálidas serían? Gota por gota la sangre viajaba a toda prisa hasta llenar sus pómulos y expresar ese estado de vergüenza tan característico de humanos…
La pelinegra resultaba dulce hasta empalagar, diferente a personas de aspecto educado y corazón enfriado. Inclusive le había ayudado a pesar de lo que esa noche pasó, no se vengaba como las demás chicas lo estaban haciendo ahora; inocente le había puesto a cocinar si al final sabía que no conseguirían nada.
Su mano derecha viajó a su mejilla, concentrando cada matiz de sus ojos en retener el recuerdo de esa mirada. De ella aumentó el sonrojó para también nacer en él al percatarse que actuaba como un loco sin sentido. Sus manos viajaron por todo su cuerpo, deteniéndose sin consciencia sobre sus glúteos.
El sonrojo de la pelinegra se elevó al máximo, y su mirada se tornó tenebrosa. Y asi fue cómo llegaron a tan extraña situación.
—InuYasha…
—Bueno, yo…
No creía que fuera buena idea explicarle que su cuerpo era… Pues, reaccionaba como el de cualquier ser humano que estuviera demasiado cerca de alguien que le gustara.
Joder que sí, tenía que reconocerlo. La mocosa le gustaba.
Pero intentar explicarlo con palabras sin tratar de parecer un imbécil era imposible para él. InuYasha siempre había sido un hombre de acciones.
He aquí el punto de retorno, donde la diversión termina y los instantes de la vida se vuelven serios; las palabras anteriormente expuestas fueron las consecuentes y de ahí inició un desenfreno de reconocimiento entre cuerpo y cuerpo. Sin importarle nada más, se abalanzó contra ella, buscando desesperado por sus besos.
Porque InuYasha sentía que esos labios los había saboreado toda su vida durante las, desgraciadamente, insuficientes noches, la necesidad se hacía cada vez más terrible. La tela de la camiseta era muy ligera, casi podía sentir el propio calor de la piel femenina, sus curvas a través de esta.
Sus manos ascendieron palpando cada centímetro de piel en suaves movimientos circulares que le arrancaron suspiros; el contraste de texturas entre su piel y la de ella le ocasionaba un desenfrenado deseo de seguir más allá. Excitado, al ver las reacciones de la chica a su tacto; cada fibra de su ser se alocaba con los leves gemidos de ella.
Uno, dos, tres giros de la curtida y tostada palma masculina sobre su abdomen firme y en formación. A pesar de su edad Kagome era extremadamente bella; sus pestañas tupidas cubriendo esos matices canela, chocolate y ámbar que se mezclaban en un par de orbes tan claras como el agua. Su silueta, más de niña que de mujer, se contoneaba de un lado a otro en un mínimo intento de resistencia. —InuYasha…
Su nombre sonaba tan bien de esos labios. ¿Qué importancia tenía ahora la diferencia de edades? ¡Feh! Nada interesaba más que sentir tan cerca de esa mocosa que correspondía intensamente llegando a sus últimos alientos.
Si antes buscó cientos de pretextos para no permitirse estar cerca, en este instante ya maquilaba miles para justificar ante todos su "falta" —Inu… Yasha…
—Cállate.
Ella frunció el ceño. ¿Aún en tales situaciones era tan hostil? Con sus manos intentó apartarlo pero él se lo impidió con un nuevo beso. Tan suave y cálido, las miles de sensaciones de esa piel ajena acariciando sus labios hasta el completo éxtasis del sabor, lujuria entremezclada con ternura que daba pie a la pasión depravada entre un hombre y una mujer. —Tú misma lo has buscado…—Endemoniadamente ronca, embriagante y cruda era la voz masculina que intentaba incitar a algo más carnal. — Tanto que te evité, pero eres tan tonta…
Quiero abrazarte, por siempre amarte.
Es la pasión es este sentimiento que no tiene barreras, cruza fronteras.
Me elevará sobre sueños, deseos y oscuras dimensiones.
Es este incierto amor que sin pensarlo aumenta día a día
¿No lo ves?
Entre besos y caricias su sonrisa fue percibida por el hombre. La pelinegra estaba feliz de conocer tan a fondo su manera de ser o de lo contrario ya hubiera llorado a mares por su hostilidad. Como de una vida anterior se conocieran, como si la historia de amor no concluyera; sus manos de porcelana acariciaban expertas cada músculo de su espalda como si el recorrido fuera tan común para ambos.
Por un instante olvidó quien era ella y él, no más una adolescente de quince años dejándose arrastrar tras el delgado velo de la lujuria humana; aquél que escondía las bajas pasiones e instintos que una persona de buena moral dice no tener. Y no más un joven hombre que le llevaba demasiados años para una sociedad de hipocresías; la misma que encubría corrupciones y desastres en su sistema que era más que imperfecto.
Ahora ambos son InuYasha y Kagome tales como hombre y mujer en igualdad de condiciones al punto de colapsar una barrera imaginaria que los separaba. Ahora se reunían, tales como un solo ser.
—InuYasha, ¿sabes? Siento que te he conocido de toda mi vida…
Sigue el mundo al ritmo de mi corazón cautivo.
Quisiera escapar de la insoportable soledad.
No hay nada más que decir.
Tan solo ámame, ámame sinceramente.
No, no importaba que respondiera o sencillamente callara. Porque en su entrega de besos el amor fluía de una boca a otra, trasmitiéndose cálidamente con ternura y bondad sin importar temperamentos explosivos o conductas agresivas. Tan sólo aminorando la soledad del corazón con un roce intimo entre dos cuerpos sin llegar a desunir existencias; atados, así sentía que estaban sus almas en concreto.
Amados; así sentía él que tanto su cuerpo como el alma en comunión acumulaban los sentimientos de ella absorbiéndolos por completo.
—Idiota, yo igual…
No hubo más; Kagome lo calló con un beso. Porque ya lo sabía que él le costaba admitir, le costaba asumir, y más que nada era tan tímido que con pronunciar esas dos palabras tan insignificantes el sonrojo de su rostro se había extendido hasta los límites de su cuello y nariz. El recuerdo dormido de una noche más estaba por despertar.
Con gran inocencia voy a sujetar tu mano,
En esta historia de amor
nada ésta escrito aún,
mi corazón me guiará hasta ti.
Sujetó su mano con delicadeza, diciendo en esos soles de luz tan resplandeciente que le tuviera confianza, todo saldría bien. Porque el camino ya le resultaba tan familiar. Con algo de torpeza por los nervios desabotonó la camisa y vislumbrar la piel que aún le faltaba por recorrer; la pasión desbordante incendió sus pupilas hasta ver el color de la sangre lanzando llamaradas.
Una ráfaga de aire se coló en la escena suscitada en el extrañamente nada incómodo suelo de la cocina, por suerte o esa mano divina, alfombrado; la pelinegra se abrazó fuertemente al hombre buscando su calor, hasta ese entonces se percató que la camisa de él llevaba tiempo desaparecida.
Cada músculo era marcado con afinidad pero no en exceso, su piel tostada y levemente bronceada le daba un toque caribeño con esos ojos mieles capaces de hipnotizar a la mujer deseada; por suerte ese hombre sólo quería estar con ella. Porque así lo sentía, así lo recordaba, así lo deseaba y así lo añoraba. ¿De dónde provenían tantas palabras? La abstracción del momento debería consistir en el sublime contacto.
—Nunca te vuelvas a ir, InuYasha…
Quiero tenerte, junto a mí siempre,
no puedo hallar la manera de que entiendas cuanto yo te quiero,
aunque un "te quiero"
sé que no alcanza, no basta para expresarte lo que llevo dentro.
—Kagome, nunca me he ido…
Ni ellos entendían a que venían sus palabras. Lo único que conocían era que un nuevo beso loes ataba dejando sin aire y el calor sofocaba al grado de querer incinerar sus ropas. El pantalón de la chica desapareció al igual que el del ex-pelinegro; tan sólo quedaba la ropa íntima.
Verla de frente, tan hermosa como era y tan joven como su mente le repetía. Pero el instinto controlaba su cuerpo, dejando a la razón embrutecer con un trago del elixir de sus labios. Inmediatamente se lanzó contra su cuerpo para apresarla de la cintura, no fuera que de un momento a otro deseara escapar.
Adivinando sus intenciones le sonrió para tranquilizarlo. Jamás huiría de la cárcel que eran sus brazos, su pecho cálido le reconfortaba creándole una nueva visión del mundo. El contacto con sus pechos le enrojeció hasta la medula, sin embargo deseaba ver más; pronto se encontraba desabrochando el sostén que cubría aquella piel tan deseable.
Él, con sus manos tomó uno de sus senos entre las palmas y dio pequeños masajes ascendiendo y descendiendo sobre la montura de ellos que empezaba a hincharse; la azabache se regocijaba en espasmos de placer torturante que le daban ardor en las entrañas. El calor de su cuerpo empezaba a concentrarse en un punto de su cuerpo y descender hasta el sitio erógeno. —I-Inu… ya… ¡Ahhh…!
Es este tierno amor que sin dudarlo es tan intenso y frágil a la vez.
Contigo volaré al firmamento
y mil estrellas lograré alcanzar.
Sus gemidos eran cómo dulce música. Adictivas notas resonaban en sus oídos deseando escuchar más, completar el ritmo que le faltaba a aquella canción.
La otra mano descendió con parsimonia y cuál vil garra se adentraba por una de las orillas de la prenda; pasando por cada parte femenina que lo separaba de su primordial objetivo que causó un poco de pudor por parte de la azabache. —No, espera yo…
—Silencio. —Ordenó. No obstante Kagome nunca podría asegurar que tono de voz empleó, estaba perdida en el mar de nuevas y a la vez reconocidas sensaciones de placer que aquellos dedos instruían.
Giró el primer dedo en una caricia, apretó entre su índice y pulgar el centro de su placer arrebatándole más y más gemidos, bombeando con fuerza y resbalando dos de sus dedos con cada embestida hasta su vagina. Palpó suavemente con su pulgar el botón rosado hasta que éste se hinchó; los dedos de nuevo se movieron ágiles en pequeños círculos mientras otro se colaba en el interior de su ser, desatando gritos efusivos, ella estaba llegando a lo máximo del firmamento. —I-I… I-nu… ¡Inuy…! ¡Ahhhh…!
—Kagome, te amo.
Ella gritó, dejando perdidas aquellas palabras en el aire de la escena cargado de erotismo. Sintió su garganta raspar hasta destrozar sus cuerdas vocales y sus oídos en el proceso; ése era la cúspide del orgasmo que llegaba a manos de InuYasha.
Sonrió, perdida entre alucinantes de colores que brotaban de la nada y se adherían a su vista. Solamente con él esta sensación era como tal.
Y verla así, tan eróticamente colocada de lado y con el delicioso elixir entre sus manos le causó palpitaciones más que incontrolables en su entrepierna. Aquella mezcla tenía su roma, si sabor empalagoso, de un sorbo bebió el afrodisíaco de su locura. —InuYasha… —Lo llamó alejada de la realidad.
—Ahora compartirás conmigo. —Acercó su mano y también le dio a probar. Tenía un sabor salado pero la esencia de algo incomprensible le hacía desear que él bebiera más de su ser, como una especie de marca para que llevara su aroma. —Maldita sea…—proclamó, acomodándose sobre ella. —No lo resisto más.
Rápidamente se arrancó el bóxer como un animal en celo. Rompió la comunicación con un beso hambriento de sus labios, mordiendo y lamiendo el inferior con locura. Sus lenguas danzaron al ritmo de sus latidos en un frenesí de apetito carnal.
La virilidad de él estaba demasiado excitada, su miembro se apretaba contra la feminidad en busca de sentir las contracciones de esos labios contra sí. En busca de una aprobación por parte de la joven se frotaba incesantemente para provocar el despertar del delirio en ella.
En medio de esta ilusión,
somos un solo ser que continúa en busca del amor…
Si no estás conmigo, el mundo es tan sombrío
y estos sentimientos parecen desvanecerse,
con gran inocencia voy a sujetar tu mano y te amaré hasta el fin.
La confianza de su mirada le inspiró a aceptar. —Adelante. —Consintió. Y fue lo único que necesitaba para adentrarse en su ser; el momento de la fusión de cuerpos que compartían un alma entrelazada. InuYasha buscó ser cuidadoso pero el instinto bloqueaba la razón y penetró con un hondo gemido de satisfacción.
Embistió con fuerza, Kagome agonizaba. Chocando cadera contra cadera hasta entrar por completo en el interior de la mujer. De su mujer. La barrera que confirmaba la inocencia de ella se marchó sin dejar rastro de dolor sin embargo el placer indescriptible que emergía de cada contacto dado con algo de salvajismo y el irresistible toque de ternura perduraba. —Ka-Kag… Kago… ¡Ahhh!
—In… ¡Ahhh! ¡Ahhh…!
Sigue el mundo al ritmo de mi corazón cautivo.
En esta historia de amor, nada está escrito aún,
mi corazón me guiará hasta ti.
Ella gritaba, sintiendo la fuerza de sus cuerdas vocales y el aire le faltaban cuando él resbaló, adentrándose en su interior casi golpeando, sintiendo esa parte de su cuerpo firmemente clavada en su ingle por su dureza. El ambarino implantaba el ritmo a seguir entre estocadas y sacudidas.
Cada músculo interno de la pelinegra apresaba la virilidad que recibía en medio del ardor. Suave y salvaje, delicado y brutal; mezcla perfecta de cada contraste resultaban ser sus besos aunados a cada toque.
— ¡Inuy… ahhh… sha ahhh!
—Te ahhh… ahh… mo…
Excelso el tocar el cielo con tu propia piel. Perdurar con un trozo de nube entre los dedos que se desvanece como el aire del que proviene. Él aceleró las embestidas hasta alcanzar la cumbre.
Algo, el cúmulo de calor en su clítoris la enardecía sin saber cómo deshacerse de la agobiante sensación de mareo y placer. Familiar, ahora tan radicalmente conocido resultaba el clímax de una relación más que física. Nuevos gemidos y una explosión de ambos humanos; la semilla del hombre adentrándose en la mujer y liberando el esperado placer.
Kagome se sintió desfallecer entre sus brazos alcanzado el orgasmo, la liberación. Ahora los cuerpos sudorosos se abrazaban como si nunca hubieran sido más de un ser. —D-de verdad…—Musitó lentamente. — ¿En verdad me amas?
—Yo…—Enrojeció, extrañamente poniéndose pudoroso con ella; la pequeña sonrió, recordando ese aspecto de timidez que siempre radicaba en él desde antes. —Lo recordé.
—Yo también. —Y sonrió. Finalmente entendía que ese amor que nació de años atrás y regresaba por una tontería como las galletas no fue instantáneo, siempre había vivido enamorada de ese medio-demonio terco que por azares del destino conoció bajó un árbol. —Lo he recordado… que te amo.
Con suavidad, con suavidad y lentamente…
dame un beso en la eternidad.
Y yo te amaré hasta el fin…
O
O
O
N/Kou: Lo sé, deben odiarme... O amarme, hay lemon (?) Originalmente, este era el capítulo final y yo prometí desde entonces un epilogo o algo. Y finalmente, lo tengo, a medias aún, pero no le falta más que unas cosas a pulir, será publicado este próximo fin de semana, y les dejo un adelanto:
"—Creo que puedo pasarlo por esta ocasión. —Mencionó casi al descuido, tratando de evitar el tono venenoso en su voz.. —Esto es solo si él jura no tocarte. Eres demasiado joven aún.
Al instante el albino escupió el vaso de agua que había estado tomando sobre su rostro y volteó la mirada hacia el techo como si de pronto hubiera algo demasiado interesante que ver. Con el gesto contraído, Kikyou retiró lentamente el asqueroso líquido con un pañuelo y buscó la reacción de Kagome pretendiendo no creer en nada, pero esta le esquivaba la mirada con un fuerte sonrojo cubriéndole el rostro.
No hubo más que decir.
Con toda la dignidad, y porte de una mujer elegante, la heredera del templo Higurashi desenfundó su arco y flecha para vengar el honor de su familia y acabar con el canalla."
Sip, nuestra sobreprotectora hermana mayor será quién cuente como empezó todo...
Ahora, el anuncio importante es este. Me he dado cuenta de que, en las ocasiones en que tardaré por uno u otro motivo en actualizar, cambiar de día y etc no tengo manera de informarlas. Algunas me tendrán en Face, algunas mirarán mi perfil, pero no todas lo hacen o pueden hacerlo. Quise por un segundo subir una nota para avisarles, pero se me hacía cruel ilusionarlas con que era un capítulo nuevo, por lo que estoy abierta a sugerencias. Desde ya aviso que, dado que ya tengo fácil acceso al Face, cualquier avance de esta y otras historias la publicaré ahí, pero quisiera saber que les parece, o si realmente quieren que suba las notas para borrarlas cuando publique, no es que tenga la intención de tardarme, pero extra oficialmente esto se publica el sábado, y si me tardo es lunes o martes, sino pasa a la otra semana porque son los días libres.
Recuerden que las amodoro con todo mi kokoro, corazonas :3
¡Mil gracias!
