Hola a todas, les traigo un nuevo capítulo, sé que muchas me van a odiar, van a odiar a James, a Jane y no les va a gustar lo que leerán, pero así me lo imaginé hace ya mucho tiempo. Espero miles de comentarios dandome su opinion al respecto, todos serán respondidos, y como recompensa habrá un pequeño adelanto.

Marcela: No te pusiste en contacto conmigo, no obstante, aquel comentario que me dejaste me preocupo un poco, por lo que te pido directamente que no leeas éste cápitulo. Si quieres me contactas y vemos como podemos hacer para que no pierdas el hilo de la historia, sin sufrir por esto.

Bueno, las dejo leer. Besos y hasta pronto.


Capítulo 7: La pesadilla recién empieza…

''Capítulo Beteado por Beta FFTH Lupita''

Edward Pov.

Luego de llamar a Bella, tomé mis cosas y salí rumbo a nuestra casa. Tenía muchísimas ganas de estar con mi familia, necesitaba tenerlos cerca.

Conduje un poco más rápido de lo normal. Cuando giré para entrar a nuestra calle, me llamó la atención un auto negro que manejaba a gran velocidad. De inmediato vi a Vicky sola en la puerta de casa: algo estaba mal. Bella no dejaría —bajo ninguna circunstancia— a la niña sola.

— ¡Papi! — gritó llorando.

— ¿Qué pasa, hija? — cuestioné, limpiando sus lágrimas.

— Se llevaron a mami… Jane y James se llevaron a mi mami — dijo y me abrazó. Al escuchar eso de la boca de mi hija, sentí un escalofrío recorrer todo mi cuerpo.

— ¡Alice, Jasper! — grité a todo pulmón, mientras me dirigía a su casa con la niña.

— ¿Edward? ¿Qué sucede? — preguntó mi hermana, asomándose por la puerta de su casa.

— Jane y James se llevaron a Bella. Necesito que te ocupes de los niños. Voy tras ella — entregué a Vicky a mi hermana y de inmediato me subí en mi auto como un loco, intentando seguir el rumbo de ese auto que había llamado mi atención.

Tomé uno de los atajos que había en el barrio y así salir más rápido a la carretera, fue entonces cuando lo volví a ver. Seguí al auto a toda velocidad.

Cuando empezó a disminuir la marcha en la zona cercana a un galpón abandonado, sin pensarlo lo imité. Entonces la vi. Pude ver como ese maldito bajaba a mi mujer jalándole el cabello, y como a su vez, Jane la apuntaba con un arma… y como ella, lo único que hacía, era proteger a nuestro bebé.

La ira me superó, y sin siquiera pensarlo, salí de mi auto a enfrentarlos.

— ¡Bella! — grité y por primera vez vi su mirada cargada de miedo.

— Vaya...Vaya... mira lo que tenemos aquí, Jane.

— Era de esperarse que el hombre ejemplar viniera tras su mujercita.

— Te equivocas, Jane. Bella no es su mujercita, es mía.

— ¿Qué diablos dices? — pronuncié, totalmente enfadado.

— Lo que escuchaste. Yo fui el primer hombre en la vida de Bella y seré el último. Eso quiere decir, que nunca más la volverás a tocar — Alcanzaba a ver como mi esposa lloraba desconsoladamente.

— Yo nunca seré tuya, James — respondió ella, con desprecio.

— Eso ya lo veremos — deslizó la pistola desde su cabeza hasta su rostro y luego a su cuello. Parecía que quería acariciarla con el arma. Después volvió a apuntarle a la cabeza y comenzó a ingresar al galpón.

En un momento de descuido, aproveche para sujetar a Jane en un desesperado intento de poder hacer un intercambio. Pero me sorprendieron las palabras de James.

— ¿En realidad piensas que me importa la puta que tienes en tus brazos? Todo el tiempo ella fue una fuente de dinero para mí. Pero ahora, pensándolo bien, se está volviendo vieja, y cada vez es más difícil que seduzca a alguien.

— ¿De qué diablos hablas, James? Yo siempre fui la que te sacó del pozo de deudas en que te metiste. ¡Me dijiste que me amabas!

— ¿Y tú me creíste?

— James... no puedes hacerme esto — dijo Jane, al borde de las lágrimas.

— ¡Claro que puedo! Puedo hacer todo lo que se me antoje — respondió, mientras llevaba a Bella hacía un rincón y la ataba con una cuerda.

Al terminar, cuando ya se encontraba tan solo con su pistola en sus manos, se acercó hacía donde yo estaba y me apuntó con su arma. Yo estaba desprotegido; por más que tenía a Jane como escudo, no había nada que se interpusiera contra una posible bala.

— Ahora serás un nene bueno y me entregarás a Jane… no querrás que la mate siendo que ella tanto te ha ayudado.

— No entiendo a qué diablos te refieres, ella solo me ha traído problemas…

— Le debes al mocoso que tienes — me interrumpió serio y totalmente convencido.

— Piensa: gracias a Jane y a mí, ahora tienes a tu hijo. ¿O cómo crees que Tanya logró embarazarse si siempre que la cogías te protegías? — suspiró, como si fuera agotador explicarme eso. — Esa que tienes ahí, fue la encargada de recolectar tu esperma e introducírselo a su hermanita... ¿Cómo lo llamaba Tanya?

— Una inseminación casera — completó la rubia.

— ¿Cómo pudiste hacer eso? — pregunté con asco.

— Simplemente lo hice. Por el dinero. Mi hermanita me ofreció mucho dinero para hacerlo.

Por un momento, mi mundo se vino abajo. Todo era un fraude. Mi hijo no había venido por un error… más bien, por un acto premeditado y cargado de maldad por parte de una mujer que decía amarme.

Creo que en ese momento me distraje lo suficiente como para que Jane y James aprovecharan las circunstancias y me tomaran como rehén.

Comencé a forcejear para liberarme de James y entonces sentí un dolor terrible que me atravesaba. Alcancé a sujetarme el estómago y de inmediato caí al suelo.

El grito de Bella fue lo que me sacó de mi estado de ensoñación, fruto del impacto.

— ¡¿Qué hiciste James?! ¡¿Cómo pudiste?! Déjame ayudarlo.

— Tranquila, nena. No le pasará nada.

— ¡Edward se está desangrando! — decía entre sollozos.

Bajé la vista a mi estomago y así era. Tenía mi camisa llena de sangre, y también el suelo poco a poco se llenaba del líquido vital.

— James, por favor, déjame ayudarlo. Haré lo que quieras.

— ¿Estás segura de lo que dices, Isabella?

— Nunca he estado más segura en mi vida. Haré lo que sea, pero por favor, déjame ayudarlo.

Después de decir eso, James se apresuró a soltarle las manos, y ella rápidamente corrió hacía mi.

— Edward, mi amor, ¿estás bien?

— Sí, ¿te hicieron algo? — alcancé a preguntarle, no sin esfuerzo.

Ella se sacó la campera que traía puesta y la presionó contra mi herida.

— Ya está amor. Pronto te llevaré a un hospital… te prometo que saldremos de esta — decía mientras me daba suaves besos.

— James, debemos llevarlo a un hospital…

— Primero, nena: ven aquí, que tienes que hacer lo que yo quiera — sentí como se estremeció.

Se agachó para darme un beso más.

— Tranquilo, no me hará nada.

Cuando James la tuvo cerca, se le tiró encima.

— ¿Sabes, Bella? Desde hace mucho tiempo, he querido sentirte de nuevo — pasó sus manos por todo su cuerpo, mientras que ella intentaba alejarse.

— ¡No! — gritó, resistiéndose.

— Si no quieres que en vez de buscar ayuda para el idiota ese, le pegue otro tiro en medio de la frente… debes cumplir con tu palabra.

La aventó al piso y a tirones, comenzó a sacar su ropa, mientras que ella me miraba aterrada.

Jane entró y vio lo que estaba pasando.

— ¿Qué diablos haces James? ¿Por qué quieres coger con esta?

— Porque ella no es una puta como tú — respondió.

Rápidamente, Jane trató de tomar la pistola entre sus manos, pero James fue más rápido y de un solo disparo la mató.

Dejó la pistola a un lado y siguió manoseando a Bella. Ella cada vez lloraba más fuerte.

— Perdón… te amo, perdóname — decía una y otra vez mirándome llena de miedo. Yo me sentía tan impotente, no podía hacer nada por la mujer que amaba, no sentía mis piernas… estaba muy débil.

Él la penetró de golpe y ella dio un grito. La envestía fuerte, una y otra vez, y yo solo era un espectador de como se derrumbaba, como poco a poco. De cómo toda la felicidad que teníamos se esfumaba rápidamente.

Los jadeos y gemidos de James eran la banda sonora de nuestra peor pesadilla.

Cuando terminó, se levantó y de inmediato Bella se colocó en posición fetal.

— Ojalá podamos hacer otra nena tan bonita como la primera — ella lo miró desconcertada. — Haré todo lo necesario para que me des otro hijo, quizás un varón ahora.

— No podré darte otro hijo, no puedo quedar embarazada...

— ¿Acaso estas tomando un anticonceptivo? Eso no es problema, podremos ir al médico y luego lo intentamos de nuevo, muñeca.

— No, James. Yo no voy a tener un hijo tuyo, no podría, porque ya estoy embarazada — se sentó y apoyó las manos en su vientre — aquí está el fruto del amor, no de la atrocidad que acabas de cometer, del único que tendré un hijo es del hombre que amo.

La cara de James se deformó. Sus rasgos se endurecieron y la ira era palpable en ellos.

— Te equivocas, puta. No tendrás ningún hijo del bastardo que tienes por marido — y después de decir eso, comenzó a arrastrarla del cabello.

— ¡Déjala James! — exclamé, haciendo un esfuerzo extraordinario.

Él comenzó a patear su abdomen una y otra vez, Bella se esforzaba por proteger con sus brazos su vientre. Ambos gritábamos… hice el esfuerzo de arrastrarme, quería pararlo, quería que dejara de patear a mi esposa.

Ella lloraba y gritaba del dolor.

— ¡Nunca tendrás a ese bebé! — la pateó. — ¡Nunca ese bastardo conocerá el mundo! — golpeó nuevamente su vientre.

Tras numerosas patadas, Bella fue perdiendo el conocimiento. Luego, James se acercó a donde yo estaba y me pateó a mi también, justo donde estaba el orificio de entrada de la bala. Después desapareció de nuestra vista. No aguantaba el dolor, sin embargó, me arrastré hacía donde yacía mi mujer y vi como la sangre empezaba a brotar de entremedio de sus piernas… sin duda, esa golpiza de James había matado a nuestro hijo.

Poco a poco mi mundo se volvió negro, y caí en la inconsciencia con una imagen gravada en mis ojos: mi Bella muerta de miedo y perdiendo a nuestro hijo, solos, con grandes posibilidades de morir en manos de este desgraciado…