Capítulo 7

Vestía un traje negro, al igual que ayer, a diferencia de que el que traía hoy lucia más elegante e incluso algo inapropiado para este restaurante, pero talvez hubiese sido perfecto para un baile o una gala.

Caminaba con determinación en sus ojos y una pequeña mueca en los labios, la cual casi podía asegurar que se trataba de una especie de sonrisa, al parecer no me había visto, o por lo menos eso era lo que esperaba, cosa que era difícil tomando en cuenta el escándalo que habíamos montado. El ridículo de esta noche aunado al que había protagonizado ayer frete a él serían suficientes para que me considerara una completa chiflada.

Mis ojos se abrieron cual platos cuando vi que se acercaba a hablar con el host, lo más probable era que estuviese pidiéndole que echara a la calle a aquellas locas que no paraban de gritar.

― Candy, Candy ¡Candy!― La mano de Annie apareció en mi campo visual agitándose con lentitud.

― ¿Mande?― dije sin perder de vista al tipo de la camioneta.

― ¿Estas bien?

― Si, solo estoy algo cansada, por favor déjalo estar, ya ha sido bastante por esta noche, vámonos a casa.

― De acuerdo, yo también estoy algo cansada, vámonos. ―Enlazo su brazo con el mío y caminamos con desanimo hacia la salida.

Una vez fuera del restaurante un extraño silencio se apodero de nosotras, y lo peor es que no estaba interesada en acabar con él, me encontraba lo sufrientemente cansada, fastidiada y hambrienta como para siquiera intentar atacar al mísero silencio que nos había envuelto.

― ¡Maldición Candy! Grítame, regáñame o por lo menos di algo.― me dijo Annie exasperada.

― Annie no tengo nada que decirte, estoy cansada y tengo hambre, así que lo único que quiero en este momento es ir a mi departamento.

― Lo siento, sé que llevo meses siendo una pésima amiga y esta noche en lugar de redimirme la he cagado, es solo que…― su voz flaqueo por un segundo.

― Es solo que ¿qué?

―…No lo entenderías.

― Si me lo explicas, talvez pueda hacerlo.

Annie me miro a los ojos con la pena ensombreciendo su rostro, los minutos pasaron y ella continuaba en la misma posición frente a mí mordiendo con fuerza el interior de su labio inferior, en varias ocasiones tomó pequeñas bocanadas de aire como si estuviese intentando llenarse de valor para hablar, pero por lo visto aquellos bocaditos no eran suficientemente fuertes para empujar las palabras fuera de su boca.

― Buenas noches.

Una voz femenina llego a mis oídos haciendo que apartara los ojos de los de Annie rompiendo así el tenso contacto que se había formado entre nosotras. Dejando escapar un suspiro gire un poco mi cabeza para atender a la recién llegada.

― Buenas noches. ― Le respondí con educación a aquella menuda mujer rubia.

― ¿Gustan acompañarme? su mesa ya está lista.― nos cedió el paso extendiendo su mano para indicarnos el camino hacia la entrada del restaurante.

― No, hay una equivocación, nosotras ya nos íbamos.― le dije a la camarera.

― No creo que haya un error, mi jefe me pidió personalmente que viniera a por ustedes.―nos dijo con amabilidad.

― Lo ves, yo sabía que Clark no sería capaz de dejarnos tiradas.― comento Annie complacida.

― Dígale por favor a su jefe que se lo agradecemos pero que ya no estamos interesadas en la reservación. ― me adelante a decir antes de que Annie aceptara la invitación.

― ¡¿Qué?! Pero Candy…― abandono su berrinche al ver la negativa pintada en mi rostro.

― Por supuesto yo se lo comunicare, espero vuelvan pronto a Del Posto, buenas noches.―la mujer se despidió con una leve sonrisa dando media vuelta para regresar al restaurante.

― ¿Por qué hiciste eso?― me confronto sin ánimos mi amiga.

― ¿A caso crees que vas a disfrutar de tu cena rodeada de toda esa gente mal encarada murmurando pestes de ambas por el escándalo que hicimos?

― Bien…tienes razón, no había pensado en eso.

― Annie no te desanimes, mejor vámonos a pedir un taxi, ya quiero llegar a casa, me estoy muriendo de calor.― abanique mi rostro con las manos.

― ¿Por qué traes ese abrigo?― me pregunto como si acabase de notarlo.

― Mmm…

― Disculpen.― el host carraspeo llamando nuestra intención.

― Ya nos vamos, solo estamos esperando un taxi.― conteste a la defensiva preocupada porque Annie pudiera empezar otra escena como la hace un momento.

― No, no tienen por qué retirarse, su mesa ya está lista.― comento con una exagerada amabilidad.

― Gracias, pero como ya se lo dijimos a la camarera, no estamos interesadas en la mesa.― rehusé nuevamente la oferta.

― Lamento lo ocurrido anteriormente, espero puedan disculpar mi actitud. En este restaurante nuestra principal prioridad es el cliente, y no me gustaría que ustedes se fueran llevándose un mal sabor de boca, es por eso que les suplico que se queden.― el hombre parecía realmente preocupado porque aceptáramos su invitación.

― No se preocupe, nosotras también tenemos parte de la culpa. Le agradezco su invitación, pero tomando en cuenta lo sucedido nos sería muy difícil disfrutar de nuestra cena, seria incomodo tanto para los clientes como para nosotras.― le dije con sinceridad.

― Lo comprendo, pero eso no es problema, podría ofrecerles una mesa privada en el tercer piso.― la insistencia y amabilidad del hombre no me hacían más que pensar que ya había sido reprendido por el dichoso Sr. Clark.

Annie y yo nos miramos preguntándonos que hacer, sincronizadamente ambas encogimos los hombros cediendo la última palabra la una a la otra, ante nuestro acto nos reímos tontamente, más mi risa fue acallada por el rugir de mi estómago, sonrojada agradecí a todo lo alto que los múltiples sonidos que producía esta metrópoli hubiesen amortiguado a los producidos por mi inoportuno estómago.

― A pesar de que la mesa es muy íntima, ofrece una vista estupenda de todo el restaurante.―el host aún intentaba convencernos con fervor.

― Gracias, ¿podría llevarnos a la mesa? por favor.― dije dejando que mi hambre fuera la que decidiera.

― Por supuesto, por aquí por favor.― el host nos cedió el paso, haciendo un movimiento muy similar al que había hecho la camarera.

Annie giro la cabeza y me dedicó una sonrisa que me recordó a la de un niño que acababa de salirse con la suya después de un berrinche, como respuesta me limite a poner los ojos en blanco y camine con ligereza hacia el restaurante.

La mesa era estupenda, tal como lo había prometido el host; era acogedora y muy privada, se encontraba en una esquina a diez metros de distancia de otras mesas, al situarse en un punto estratégico nos permitía observar todo el restaurante sin ser vistas.

― ¿Qué tal tu risotto? El mío está estupendo.― dijo Annie cambiando de tema.

― No está mal, no le llega ni a los talones al que acabo de comer en el Rosie, pero pues no está incomible.― dije con sinceridad.

― ¡Agg! No entiendo el trauma que tienes con ese sitio.― rodo los ojos con exasperación.

― Llámame tonta, pero me gustan los sitios en donde me tratan bien y no me corren a patas.― el sarcasmo bañando mis palabras.

― Ya supéralo, cometieron un error, pero a mi parecer se redimieron bastante bien al darnos esta mesa, ¡A que es grandiosa!, hablaré con papá, quiero que esta será mi mesa de…

― ¡No me jodas!― la expresión se escapó de mis labios.

― ¡¿Qué?! ¿Ahora que dije?

Achine mis ojos intentando comprobar si mi vista no me estaba jugando una mala broma, más para mi pesar mi visión seguía siendo 20/20. A escasos 5 metros de distancia se encontraba mi maldito acosador personal, el cual para colmo de males me observaba sin tapujos.

― Mmm… ¿Quién es él?― pregunto Annie, girando en su asiento para tener una mejor visión de aquel hombre.

― No sé, no lo conozco.― dije frunciendo el ceño a mi asechador, el cual me respondió con una sonrisa torcida y un ¡guiño! ¡¿Qué?! Un maldito guiño.

― Creo que él a ti si.― se burló mi amiga sin perderse la vista que nos había regalado de su maciza espalda mientras descendía con prisa por las escaleras.

― Pues me tiene sin cuidado si me conocerme o no.― bebí el último sorbo de vino intentando lucir indiferente.

― ¡Por el amor de Dios Candy! No me vayas a negar que el tipo está buenísimo.

― Ni siquiera me he fijado en eso.― mentí comenzando a sentir que el calor se apoderaba de mi nuevamente a pesar de que la refrigeración estaba a tope sobre nuestra mesa.

― ¡Ja ja ja! No te creo mentirosa, ya mejor dime ¿de qué lo conoces?― insistió.

― Me da pena contarte.― dije al tiempo que me servía más vino.

― No me digas que fue con revolcón de una noche.― comento con los ojos muy abierto fingiendo sorpresa.

― ¡Annie! Por Dios, claro que no.

― Entonces ¿Cómo lo conociste?

― Te vas a burlar de mi…― suspire con desanimo apoyando la mejilla sobre mi mano.

― No, ¡ya cuéntame!― se acercó casi recostándose en la mesa para oírme mejor.

―…Creo que me acosa, listo ya lo dije.

― ¡¿Qué?! O sea ¿cómo? Explícate mujer.

― No Annie, es una tontería.

― Claro que no, ¿que acaso no me tienes confianza? Apuesto que la dichosa Gaby ya lo sabe, claro es tu nueva mejor amiga, y a mí que me lleve el diablo.

― No seas niña, Gaby y yo apenas nos estamos conociendo, tú eres mi única mejor amiga, si no te lo había contado antes es solo porque es una tontería, y si es una tontería no tiene sentido perder el tiempo hablando de ello.

― Buen intento, pero aun así quiero saberlo todo.― dijo Annie regalándome su mejor mirada detectivesca.

― Vale… todo esto empezó el día que te acompañe a por tu vestido de novia…― le relate con tranquilidad todo lo que había ocurrido días atrás, tratando de no reír al notar como se le agrandaban lo ojos o como ponía cara de pasmo cada dos por tres.

― Oh mi Dios, eres una chica con suerte.― me dijo sonriendo cuando termine mi relato.

― ¿Estas bien de la cabeza? Te estoy diciendo que un desconocido me acecha y a ti te parece que eso es tener buena estrella…

― ¡Hey! no me malinterpretes, el hecho de que te acosen sí que es algo chungo, pero piensa como cambia la situación si lo ves desde esta perspectiva; "un hombre moreno, alto y guapo se ha enamorado a primera vista de ti y por eso no puede evitar perseguir al amor de su vida", a que es romántico.― suspiro con dramatismo sonriéndome de oreja a oreja.

― De verdad tenemos que ir a que te revisen de la cabeza.― rodé los ojos asombrada por lo estúpido de su comentario.

― ¿Por qué? No es mi culpa que tú siempre le veas el lado malo a las cosas.

― No soy negativa Annie, simplemente soy realista, es un millón de veces más probable que el tipo sea un psicópata a que sea un hombre al que haya enamorado con mis maravillosos encantos.

― Ja-ja-ja ¡uy! cuidado con esa autoestima.

― ¡Agg! Por eso no te quería contar nada…

― Candy no te molestes, solo bromeo, tienes razón, es extraño que te siga pero… si fuera un psicópata no crees que se escondería, digo hace un momento parecía que no le importara que yo le viera espiándote.

― Ya no sé qué creer, no sé si debería preocuparme o dejarlo pasar, quien sabe, talvez y solo son ideas mías.

― Candy no deberías de preocuparte, no te pasara nada malo, y el desafortunado caso de que te secuestre, yo poder ayudar a hacer el retrato hablado con mucho, mucho detalle.

― Eres una tonta, no te tomas nada enserio.― bufe molesta.

El resto de la cena paso con tranquilidad, hablamos de todo y nada la vez poniéndonos al día, ambas evitábamos sacar a colación el incidente de Archie, cuando la conversación se inclinaba inevitablemente a algo relacionado con mi primo era imposible no notar lo incomodo que se tornaba el ambiente. Ni Annie ni yo estábamos aun preparadas para enfrentar la infidelidad de su prometido.

Dado que ya era algo tarde, decidimos saltarnos el postre para así invertir ese tiempo en trasladarnos a algún ruidoso club. Al salir del restaurante como caído del cielo un promotor se acercó a nosotras regalándonos un par de entradas para la inauguración de un club pijo, sin pensarlo mucho las aceptamos y nos dirigimos a la dirección que indicaban los volantes, escasos 15 minutos después llegamos al lujoso antro.

La entrada estaba repleta de personas bien vestidas esperado impacientes detrás de las cadenas que eran resguardadas por un par de guardaespaldas estúpidamente fornidos. Entre más nos acercábamos al gentío mejor era la vista que tenia de la imponente fachada, la cual resaltaba entre los edificios vecinos, el local era completamente de cristal tintado, y contaba con un enorme letrero azul de neón que anunciaba en mayúsculas el nombre del exclusivo club "EQUINOX".

― Tiene buena pinta.― comento Annie analizando la fachada con el mismo interés que yo.

― Si, demasiada buena pinta, ojala y nos dejen entrar.― le dije viendo a las prototipo de supermodelo que seguían esperando casi al final de la fila.

― ¿Por qué no nos dejarían? Tenemos una invitación.― ondeo los volantes cerca de mi rostro casi como si quisiera restregármelos.

― Esas no son invitaciones Annie, son simples volantes, no creo que esos papelillos te den una ventaja sobre las personas que están en la línea.

― Pues voy a probar suerte, en caso de que no sirvan estos "papelillos" tendremos que recurrir a nuestros encantos.― agito sus pestañas con coquetería mientras tomaba mi mano y me arrastraba consigo hacia donde se encontraba el principio de la enorme fila.

― Buenas noches.― dijo mi amiga casi gritando para ser escuchada entre el bullicio.

― Buenas noches señoritas, la fila termina a la vuelta de la esquina.― comento con voz grave uno de los guardaespaldas que logro escucharle.

― Si claro, no creo que tengamos que hacer fila, tenemos invitaciones.

― ¿Invitaciones? Creo que se han equivocado de sitio preciosas, aquí no pueden entrar con invitaciones, tienen que hacer fila o ser miembros.

― No, no nos hemos equivocado, aquí están nuestras invitaciones.― Annie extendió su brazo con rapidez hacia el pecho del cadenero entregándole los dichosos volantes.

―Ya veo, lo lamento, no sabía que eran VIP´S, adelante que lo pasen bien.― el hombre le hizo una seña a su compañero, el cual se dispuso a bloquear con su cuerpo a las personas que se encontraban al principio de la fila, mientras el otro guardia nos cedía el paso levantando una de las cadenas que impedía el acceso al club.

Annie y yo nos adentramos al local asombradas de lo sencillo que había sido entrar, detrás de nosotras comenzaron a escucharse los abucheos de aquellos que habían estado esperando en la fila durante horas y los cuales se quejaban de nuestro injusto privilegio.

Al entrar del todo fuimos recibidas por un remix de "Lean on" que retumbaba desde la cabina del DJ, si la fachada me había parecido imponente el interior me noqueo, el club contaba con tres pisos escalonados en una peculiar estructura, la cual permitía ver las atracciones de todos los niveles desde la planta baja.

En el primer piso la barra se encontraba bordeando todo el perímetro de la habitación, haciendo que la atención a los clientes fuera eficaz al tener tantos barmans disponibles, en medio del lugar se encontraba una enorme piscina triangular rodeada de sofás, sillas y sillones de cuero negro, en cada una de las esquinas de la pisciana se encontraba una chica bailando vestida con un elegante bikini oscuros sobre un pedestal de cristal.

Por otro lado, el segundo piso se asemejaba más a lo que se ve en un club convencional, al centro tenía una barra triangular de cristal en donde se podían observar las acrobacias de los barmans, (los cuales parecían sacados de una revista de ropa interior masculina), y alrededor se hallaba una numerosa cantidad de sofás bien distribuidos.

Por último, el tercer nivel parecía ser una terraza gigante, la cual al estar techada de cristal permitía tener unas vistas estupendas de la ciudad sin tener que exponerse al clima del exterior, a diferencia de los otros pisos, este contaba con mesas y banquillos altos de metal; en dos de las esquinas de la planta había un prismático para que los clientes pudiesen disfrutar con mayor detalle el paisaje.

Sin lugar a dudas el lugar era estupendo, tenía lo mejor de los dos mundos, el bullicio en la planta baja y la serenidad en el nivel superior.

Media hora más tarde nos encontrábamos sentadas en uno de los sillones del área VIP del segundo piso bebiendo unos deliciosos cocteles mientras veíamos el show de los casi modelos que estaban detrás de la barra haciendo malabares con botellas, era impresionante la atención y el servicio que ofrecían en el club tomando en cuenta que estaba a reventar por motivo de la inauguración.

― Hay veces que olvido el enorme poder de Dios, pero cuando veo criaturas tan perfectas con estas vagando por ahí… recuerdo lo insignificantes que somos los mortales.― Annie suspiro pesarosa ante su extraña reflexión.

― Pues sí, son monos…

― ¿Monos? Están hechos unos bombones y dices que son "monos", amiga te quiero pero creo que te urge ir a revisarte la vista… o la cabeza.

― ¡Ja-ja! muy graciosa, para tu información no tengo problemas de la vista y mucho menos de la cabeza, lo único que pasa es que no me impresiona el físico de las personas, sabes que prefiero un millón de veces lo que tienen aquí dentro.―señale mi cabeza con el índice.― Y por otro lado, no entiendo cómo puedes emocionarte tanto con otros hombres cuando estas con un pie en el altar.

― ¡Por Dios Candy! Estoy prometida, no ciega, y no creo hacerle un mal a nadie deleitándome con las vistas, "y para tu información" si elegí este piso fue por ti.― me dijo arremedando mi tono.

― ¿Por mí?

― Claro, llevas dos años sin salir con nadie, eso me preocupa, eres mi mejor amiga y quiero verte feliz y enamorada… o por lo menos cachonda por alguien.

― ¿Cachonda? ¿De verdad? Parece que se te ha olvidado que tengo una relación con Anthony.

― Por favor Candy, eso no es una relación, se ven cada cuanto… ¿un par de veces al año? Llámame loca pero para mí eso no es una relación verdadera.

― ¿Acaso no has escuchado sobre las relaciones a distancia?

― ¡Ah, sí! ¿Son esas en donde son felices los cuatro?

― ¡¿Cuatro?! Yo nunca engañaría a Anthony.

― Mi Dios, entonces Anthony es todo un semental, tiene de a tres.― se burló fingiendo sorpresa.

― ¡Ja-ja-ja! ni que Anthony fuera como Archie.― el enojo expulsó las palabras de mi boca sin consultarle a mi cerebro, segundos después de que estas habían salido, me di cuenta del enorme error que había cometido, la mirada de Annie se volvió vidriosa y la escondió de mis ojos apenada.― Annie…yo…

― No…―meneo la cabeza en negativa levantándose del sillón.― Ya regreso, voy al tocador.

― ¿Annie Britter?― una voz ronca llego a nuestros oídos.

― Sí, soy yo.― alzo la vista hacia el dueño de aquella voz, pestañando con rapidez intentando deshacerse de las lágrimas que se habían acunado en sus ojos azules.

― Que gusto verte de nuevo, ¿me recuerdas?― les escuche hablar sin despegar los ojos de mi copa, sintiéndome aun culpable por mi comentario.

― Claro que te recuerdo Terrence, ¿cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que nos vimos?

― Déjame ver… la última vez que nos vimos fue en el baile de graduación, así que creo que han pasado 9 años.

― ¡Dios! Como pasa el tiempo, y ¿Cómo has estado? ¿Qué te trae a Nueva York? Te hacía en Inglaterra.

― Si ha pasado mucho tiempo. He estado bien, gracias. Tengo empresas aquí, las manejaba desde Inglaterra, pero se han vuelto tan demandantes que he decidido mudarme para hacerme cargo ellas y de algunas de las acciones de mi madre. ¿Tú cómo has estado? Escuche que te comprometiste con el menor de los Cornwell.

― Así es, nos casaremos el próximo mes, espero que ahora que estas en la ciudad puedas venir a nuestra boda, me pondré en contacto con mi planificadora para que te mande una invitación.

― Mmm…Por supuesto, ahí estaré.― titubeó un poco, sonando distraído.

― Que descortés soy, ella es Candice Andrey, la prima de Archie, Candy, él es Terrence Grandchester, fue compañero de Cole de Stear y Anthony.―nos presentó con cortesía haciendo gala de sus estudiados modales.

Despegue los ojos de mi copa con fastidio, maldiciendo por lo bajo la inoportuna presencia de aquel hombre, en un intento por ser civilizada extendí mi brazo para estrechar su mano, mi vista hizo un lento recorrido sobre el recién llegado, empezando por la punta de sus exclusivos zapatos negros y deteniéndome sorpresivamente en sus ojos; dos impresionantes zafiros, que me miraban con tal intensidad que me daban la impresión de estuviese intentando perforarme para entrar dentro de mí. No sé cuánto tiempo estuvimos así; mi mano dentro de la suya, su mirada dentro de la mía; pero la sensación de estar como estábamos me dejo fuera de combate, su cuerpo emanaba olas de magnetismo tan intensas que provocaron que mi cuerpo se sacudiera haciéndome dar un paso atrás, rompiendo así el contacto.

― Un gusto.― su voz era culta y tenía un tono áspero que hizo dar un vuelco a mi estómago.

― Igual…mente. Los dejo para que hablen, estaré arriba Ann.― me incline un poco para tomar mi bolso y salí casi corriendo hacia las escaleras.

A pesar de que el trayecto había sido corto, mis pantorrillas comenzaron a picar en el penúltimo escalón, recordándome lo fuera de forma que me encontraba. A paso lento me acerque a una mesa situada en un rincón alejado, me senté con pesadez sobre el banco metálico dejando que mis cansadas piernas colgasen en el aire.

Una pequeña brisa fresca golpeo mi piel, siendo del todo bienvenida, el clima en este piso era unos significativos grados más fresco que en los otros dos niveles, más aun así sentía que me asaba dentro de mi maldito abrigo, había aguantado los bochornos toda la noche como solo las campeonas lo hacen y ahora únicamente me quedaba rogar porque la velada acabara para poder terminar con esta tortura.

Abanicándome enérgicamente con la mano eche un rápido vistazo a mí alrededor percatándome con alegría de que la terraza se encontraba casi vacía a excepción de un par de parejas que están lo suficientemente ocupadas sobándose como para percatarse de mí presencia.

Alentada por mi simbólica privacidad empecé a desbrozar los botones de mi abrigo, tome las solapas del mismo y echando los hombros hacia atrás me deshice de él, la frescura que proporcionaba la refrigeración abrazo mi cuerpo con fuerza provocándome un estremeciendo. Tome mi cabello con una mano simulando una cola de caballo con el fin de que el aire acondicionado secara el sudor de mi cuello y nuca.

Cerré mis ojos perezosamente disfrutando el delicioso clima, permanecí así por un par de minutos tratando de ignorar los pequeños jadeos y gemidos a mí alrededor y enfocándome en la amortiguada música que llegaba de la planta baja.

Unos pasos firmes retumbaron cerca de mí sacándome de mi cavilación, deje que mi cabello escapara de entre mis dedos y abrí los ojos esperando ver a algún camarero, para mi desgracia no se trataba de nadie más y nadie menos que de mi acosador personal, el cual estaba a escasos dos metros de mí observándome a la distancia tal cual era su costumbre.

Me incline sobre la mesa mirándole fijamente para que percibiera que había notado su presencia, el muy idiota no se amedrento, en cambio enarco una ceja, sonrió con picardía y centro su vista en mi escote, el cual estaba completamente expuesto a su escrutinio. Sintiendo las mejillas arder con furor, me levante con brusquedad y emprendí camino hacia donde se encontraba recargado sonriéndome con suficiencia, estaba harta de su maldito jueguecito y si él creía que le iba a permitir seguir con su maldita cacería estaba muy equivocado.

― ¿Me vas a volver a negar que me has estado siguiendo?― tenía la mandíbula tan apretada que temí que mis dientes fueran a romperse.

― Buenas noches señorita, es un gusto volver a verle.― dijo recobrando la seriedad.

― ¡No me vengas con esas tonterías! te hice una maldita pregunta.― me fue imposible no subir el tono de mi voz.

― Vaya que las mujeres son complicadas.― mordió su labio inferior intentando ocultar una sonrisa.

― ¡¿Qué has dicho?!― le pregunte llena de cólera al notar que se burlaba de mí.

― Lo que oyó, si no mal recuerdo usted se encontraba muy afligida por no tener alguien que la siguiera, así que como tenía tiempo libre y me sentía con ánimos de hacer una buena obra decidí cumplirle su deseo, pensé que la haría feliz pero al parecer me he equivocado.― su mirada permanecía risueña.

― Ahórrate tus tonterías, dime inmediatamente ¿por qué me sigues?, ¿qué quieres de mí?

― Lo siento, no puedo proporcionarle esa información.― la seriedad volviendo a cubrir su rostro.

― ¡¿No puedes o no quieres?!― el fastidio tiñendo mi voz.

― No puedo.

― Vale, no me lo digas, pero esto no se va a quedar así, en este mismo momento voy a tomar tu maldito número de matrícula para levantarte una denuncia y te recomiendo que te busques un abogado por que ahora tengo testigos.― camine de nuevo a la mesa, tome mi abrigo y bolso y me dirigí lo más rápido que podía hacia las escaleras.

― ¡Espere! No puede irse.― me grito caminando tras de mí.

― ¡Claro que puedo!― le grite de vuelta sin siquiera voltear a verlo.

― Espere por favor, tengo ordenes muy estrictas de hacerla permanecer en el edificio.― tomó mi brazo con fuerza pero sin llegar a hacerme daño.

― ¿Órdenes?― pare en seco y me gire para verle al rostro.― ¿Quién te ha dado esas órdenes?

― No puedo decirle.― dijo con firmeza aun sosteniendo mi brazo.

― ¡No estoy para esa mierdas!― grite zafándome con brusquedad de su agarre.― ¡¿Por qué me acechas?! ¡¿Quién te lo ordena?!

― Yo.― una potente y profunda voz golpeo mis oídos.

Mi cuerpo se tensó, apretando la mandíbula gire para darle la cara al dueño de aquella ronca voz. Mi corazón bombeo con fuerza y la sangre abandono mi rostro, frente a mí se encontraba Terrence Grandcheste.


Nota de la Autora:

¡Hola chicas! ojala disfruten del capítulo, como ya se habrán dado cuenta Terry por fin hizo acto de presencia en esta historia, por lo que me gustaría preguntarles si es que desean que sea él el que narre algunos de los próximos capítulos, o si prefieren que sea Candy la que narre toda la historia como hasta ahora.

Espero sus comentarios para saber que decidieron. Nos leemos pronto.

Bss.

Paula Grandchester.