Descargo responsabilidad no poseo vampire academy.
Capítulo 6
1995
Unas dulces manos tocaban mis mejillas, sentí ganas de reírme, pero fingí dormir. El pequeño monstro que tenía sobre mí no dejaba de saltar; ella intentaba despertarme, pero al ver que no lo hacía se frustraba. Sí, ella era pequeña, pero peligrosa.
—Momma, no quiere despertarse —mi pequeño ángel le dijo a mi madre.
—Pues sigue intentado más duro, querida —podía percibir la sonrisa en los labios de mi madre, aunque aún no la había visto podría apostar que mi madre tenía una mirada dulce en su rosto.
—Dimitri, despierta, ¡feliz cumpleaños! —la pequeña niña gritó. No aguanté más y abrí mis ojos.
Sobre mi tenía el ángel más perfecto que había existido. Su rostro estaba manchado por alguna crema y sus hermosos risos hasta media espalda estaban llenos de harina. Ella tenía una sonrisa dejando ver todos sus diminutos dientes, sus mejillas eran sonrojadas y sus ojos tenían ese brillo tan especial, el mismo brillo con el que la encontré.
— ¡Has despertado! —Mi preciosa Roza aplaudió emocionada— Feliz cumpleaños, Dimitri. Momma y yo te hemos hecho un pastel.
Mi madre dejo sobre mi regazo un pastel, bueno, más bien el intento de uno. Había tantos colores que estaba seguro que si fuera humano me daría un coma diabético. Sobre la superficie había en letra ilegible mi nombre y un feliz cumpleañosy sobre este era solo una vela con forma de estrella. Sonreí tan ancho que creí que la cara se me partería en dos, ese pastel era digno de una niña de 4 años.
—Es hermoso —dije. Mire a mi Roza y ella sonrió más ancho que antes. Estaba orgullosa de su trabajo.
—Yo lo he hecho —dijo. Yo levante mi ceja y ella riendo tímidamente dijo—. Bueno, momma Olena me ayudo un poco, pero yo lo he decorado.
—Bueno has hecho un gran trabajo —le felicité. Roza era pequeña pero le encantaba ser el centro de atención y sobre todo si era mi atención.
—Mira hice esto para ti —ella me entrego una hoja de papel, había muchas estrellas en ella y en el centro, eran dos dibujos. Por los colores y todo me di cuenta que éramos ella y yo; en la parte inferior decía te amoDimitri.Rose nunca me llamó "papá", y no miento, me sentía bien que no lo hiciera. Aunque habían pasado 4 años desde que la encontré aun no me acostumbro a verla como mi hija.
—Es perfecto, el mejor regalo que me han dado —deje la hoja sobre la cama y la tome en mis brazos. Ella, como siempre, se acurruco en mi pecho he inhalo mi aroma. Su aroma era mi favorito en el mundo, ella siempre olía a flores, amaba esa esencia.
Nunca antes le había visto la gracia a mi cumpleaños hasta ahora; Roza hace cada uno de mis días diferentes y especial, y solo ver la pequeña carta y el pastel que parecía más bien el vómito de un unicornio, todo para mi era perfecto. Me sentí alegre y de una forma u otra me sentí especial.
—Roza, al baño, estas pegajosa y llena de harina —mi madre intento tomarla en sus brazos pero Roza se pegó a mí como la lepra.
—Pero Momma —mi dulce niña le dio la carita de perro—, Dimitri aun no prueba mi pastel, además quiero estar con él —mi pecho se hinchaba cada vez más. Ella era tan apegada a mí, como yo a ella.
—Él lo comerá después del desayuno —mi madre dijo con dulzura—. Además tenemos que elegir tu vestido, recuerda, hoy tenemos una fiesta.
Eso hizo que Roza se soltara de mí y brincara en mi cama emocionada. Como cada año, desde mi despertar, mi madre lanzaba una fiesta en la cual las 7 familias se reunían. Podrán entender que en los últimos años habían crecido bastante a excepción de la nuestra, pues los últimos descendientes Belikov fueron Zoya y Pablo pero ninguno ha tenido hijos, lo mismo Vika y yo. Roza no dejaba de saltar, pues mi madre había mando hacer un vestido para ella digno de una princesa y ella no veía la hora de ponérselo. Mi madre la tomo en sus brazos y ella lanzándome un beso dijo:
—Chao, Dimitri, nos veremos después —la sonrisa nunca abandono su rostro. Yo vivía para esa sonrisa. Le lance un beso que ella atrapo y se lo puso sobre su corazón.
Mi madre salió con mi pequeño ángel, emocionado, y yo me lance sobre la cama; Roza había llenado mi vida en todos los aspectos, pequeños detalles que ella hacía eran grandes cosas para mí. Mire el pastel pase el dedo sobre él y lo probé, y aunque parecía algo sin forma tenia buen sabor. Decidí comer un poco aunque sabría que al final del día todo estaría en la barriga de Roza y ella se estaría quejando de un dolor terrible.
Negando con la cabeza divertido me levante y me metí en la ducha, el agua caliente fue relajante contra mis músculos entumecidos después de una larga noche de sueño. Mi madre hoy lanzaría una fiesta, después de tantos años ya me había acostumbrado, pero en los últimos 3 años ella no había ofrecido ninguna, la razón: Rose.
Desde aquel día en el que nació Christian nada volvió hacer lo mismo, recuerdo que pase más de tres días encerrado en la biblioteca buscando más sobre las profecías, sin embargo nada apareció. Los escritos estaba incompletos y sobre todo los que tenían las respuestas a nuestras preguntas; frustrado, busque a Yeva pero como siempre ella nunca me dio una respuesta, solo dijo: "el tiempo te lo dirá". Inconforme con su respuesta cerré las puertas de la hacienda y no deje que nadie de nuestro mundo entrara a parte de mis amigos, los únicos que conocía a Rose. Mi madre no estuvo de acuerdo pero no me importo, sí Roza tenia magia o ella era especial, querrían llegar a ella y yo no lo iba a permitir; mi madre entendió que Roza era un enigma y hasta no saber cómo protegerle no podríamos permitir a nadie más en la propiedad, hasta ahora. Yeva decidió impregnar a Rose con magia y aunque su sangre aún era perceptible las demás familias sabrían que no la podrían tocar, en cierto modo Yeva la marco como suya y nadie se atrevía a tocar las cosas de Yeva.
Mi madre feliz de esto, organizo la primera fiesta casi de inmediato y para mi horror cayó en mi cumpleaños; Rose, por otro lado, estaba emocionada, pues las fiestas aún no habían cambiado en nuestro mundo aún se usaban los pantalones formales y las mujeres se vestían de doncellas. Rose estaba feliz de poder usar un vestido como el que tanto hablaban en sus cuentos, de echo rogó y rogó hasta que mi madre acepto de mandarle hacer uno idéntico al de sus cuentos.
Yo por mi parte estaba estresado, fiesta significaba Galina y eso eran dos combinaciones que no eran buenas, ella aún no había cumplido con Rose, pero estaba ansiosa. Todos en nuestro mundo lo estaban. Ellos morían por conocer al protegido por mi familia, y obviamente yo no quería que lo hicieran, la mirarían como un bocadillo de media noche y eso era algo que quería evitar y sabía que Galina quería acercarse a ella y no precisamente solo para saludar.
Cerré la llave y me sequé. Al salir me miré en el espejo. No había cambiado ni un solo centímetro, mi cuerpo era un poco más musculoso que hace muchos siglos atrás y mi cabello más sedoso, pero nada más, mi piel era perfecta y aunque la palidez era perceptible aún poseía ese bronceado tan característico de mi familia, me puse unos vaqueros azul clásico y una camisa con las mangas enrolladas en mis codos, al salir del baño no pude dejar de sonreír de lo que vi. Sobre mi mesa de noche era una foto mía y de Rose en Disney, ella amaba Disney y después de mucho rogar accedí y la lleve; yo de verdad quería llevarla, era solo que me daba temor sacarla del país y toparme con alguien de mi especie. Gracias al cielo no fuimos solos, Tasha e Ivan se nos unieron, pues desde el nacimiento de Christian, él y Rose habían sido inseparables. En la foto Roza y yo sonreíamos, a ella le faltaba un diente haciéndola ver preciosa, los dos teníamos unas orejas de Mickey. Fue un viaje que jamás olvidare…
Salí de mi habitación y vi que todo el lugar estaba ajetreado, pero bueno, las fiestas de mi madre no eran buenas por nada; fui a buscar algo de comer pero mi cuerpo ansiaba sangre y mucha, llevaba una semana sin alimentarme y era por que Roza no se apartaba de mí. No digo que no lo disfrutara, pero ella estando conmigo no podía hacer ciertas cosas tan básicas para mí, como digamos... beber sangre. En la noche siempre quería salir y cenar pero siempre me quedaba dormido con mi princesa en brazos, por lo que aproveche de que mi madre la mantenía ocupada y fui en busca de un poco de alimento.
Desde que llego Rose a mi vida, bebía de una sola fuente. Su sangre era deliciosa, pero no espectacular. Sin embargo me sacia y era todo lo que interesa. Fui a su habitación, sabía dónde estaba, mi alimento era la hija menor de la criada de Roza, la joven estaba en sus 20 años y era bella pero no una mujer extraordinaria, ella nunca supo que era mi alimento ya que después de acabar con mi alimento ella caía dormida en un sueño placido. Al principio fue difícil acercarme ya que era una joven y menor de edad. En cierta forma me sentía un pedófilo. Pero, bueno, mi cuerpo tenia necesidades y aquella jovencita las cumplía. Cuando entré en su habitación ella dejo lo que estaba haciendo y se levantó, sus ojos brillaron, ella siempre tuvo algo por mí, pero como deben de imaginar yo no por ella.
—Buenos días, Inna —dije y ella dio una breve reverencia. Si, los siglos pasan, pero la costumbre en las criadas no.
—Buenos días señor Belikov —su voz titubeaba como siempre que hablaba conmigo, olí su excitación. Ella me deseaba, si hubieran sido otros tiempos no me hubiera importado cógemela, pero Rose estaba en mi vida y eso era como un freno.
—Necesito un favor tuyo – caminé y me senté en una silla que tenía cerca de la venta—. ¿Crees poder hacerlo? —pregunté, ella asintió tan rápido que pensé que su cuello le dolería.
—Por supuesto señor Belikov, ¿qué puedo hacer por usted?
—Necesito que vengas aquí —le tendí la mano que ella, temblorosa, acepto, estaba excitada, podían apostar que sus bragas estaban arruinadas, su olor a mujer impregno el aire— Siéntate —ordené. Ella obedeció.
— ¿Qué puede hacer por usted? —ella me miraba los labios, mire su cuerpo y vi que sus pezones estaban excitados, ella tenía la idea equivocada y lo sabía, siempre era el mismo juego yo la seducía y bebía de ella, cuando ella despertaba pensaba que todo había sido un sueño, uno muy caliente. Pase mis dedos sobre la tela de sus pechos y la sentí estremecer, ella tenía sus manos entre sus piernas apretando, buscando algún alivio, apreté un poco su pecho y gimió, amaba cuando hacia gemir a las mujeres, pero no tenía tiempo, Roza no tardaba en buscarme y no quería que me encontrará mientras tomaba sangre de una persona, no sabría cómo explicar tal acto aún.
—Eres hermosa —alabé, bueno no era mentiras, pero tampoco lo decía por seducirle aunque sé que ella pensó eso.
—Gracias señor —su voz fue ronca y excitada.
Retiré el cabello rojo de su blanca piel y deje la hermosa vena aorta a la vista, percibí el levantar de su piel por el bombeo de esta, olí su sangre mezclada con su aroma natural de manzanilla, el cual aspire. Ella cerro los ojos, mi aliento le tocaba el cuello y su piel se erizo, por su mente se dibujaban escenarios, muy eróticos, estando nerviosa pensó tantas cosas, cosas equivocadas.
Pase mi lengua por su cuello, justo donde estaba mi cena y ella gimió más duro, su excitación fue mayor aunque ya estaba acostumbrado. Su vestido estaba manchado por sus jugos arruinando a si mis vaqueros, ella puso una de sus manos sobre mi pecho para no perder el equilibrio, yo pase mis manos por su cintura y la atraje más a mí, bese ese precioso pulso; se estremeció y antes de saber lo que pasaba enterré mis colmillos, perforando su piel fácilmente, fue como traspasar una hoja de papel. Inna primero grito de dolor, pero en cuanto iba bebiendo de su deliciosa sangre los gritos fueron remplazados por gemidos, su cuerpo se llenó de endorfinas; sus manos se apretaron en mi pecho; sus senos estaban como rocas y por su cuerpo traspasaba el delicioso placer de un orgasmo.
Bebí más de lo que acostumbraba, pero hacia una semana que no me alimentaba y mi cuerpo requería las fuerzas. Vi que era suficiente, Inna estaba por perder el conocimiento. Me separe de su cuello y pase mi lengua limpiando las gotas de sangre que se me habían escapado; estaba saciado por su sangre, que era dulce pero con ese sabor metálico de todas, ella cayó en mi pecho con su cuerpo agitado como si hubiera estado en un maratón y ella aún podía sentir lo espasmos de su orgasmo. Con delicadeza la levanté y la acosté en su cama. Ella tenía una sonrisa tonta y los ojos pesado, le sonreí, ella no podría ser una mujer de mi gusto pero era una buena mujer, besé sus labios pues sentía que le debía dar las gracias por ser mi alimento; arrope su cuerpo y salí dejándola en un profundo sueño sabiendo que al despertar, ella pensaría que todo fue un sueño.
Me sentí satisfecho y nuevamente fuerte. Sabía que en la noche tendría más sangre, ya que mi madre siempre traía humanos para alimentarnos, bueno unos se alimentaba y otros aparte de hacer eso acababan follando en los establos o en los bosques. Como pase por la cocina, busque algo más que comer, me topé con la torta de Rose y me serví un poco, de verdad esa cosa sabia deliciosa. Salí al jardín y vi a mi madre pero sin Rose, seguro que estaba adentro. Mi querida abuela, por otro lado, había viajado a Turquía por algo de lo cual no quiso informarnos, pero sé que vendría en la noche con la familia Mazur.
Busque a Rose, quería tenerla en mis brazos y ver su hermosa sonrisa; la encontré jugando en las rosas pero no estaba sola, estaba con Christian. Él era solo unos meses menor que Rose pero eso no les impidió llevarse de maravilla. Vi como Christian cortaba una rosa roja y grande y se la daba a mi Rose. Ella se sonrojó. Sin darme cuenta mis puños se apretaron, vi como mi pequeña flor se acerco y le dio un beso en la mejilla, un beso inocente, pero para mí fue todo lo contario.
Me asuste un poco, no entendía de a dónde venía estas emociones. Si tuviera que decidir cuál de todas eran podrían ser celos, pero no podía ser, Christian era mi sobrino y lo amaba demasiado y Roza era hija. No, ella no era tal cosa, era incapaz de verle así, y eso me frustraba. Vi a los niños en su inocencia jugando, perdidos en el mundo de sus fantasías, estaba tan perdido en mis pensamientos que no sentí a Tasha llegar.
—Si las miradas mataran mi pequeño ya estaría muerto —aflojé mis manos que estaban en puños y me voltee a donde ella. La encontré con una sonrisa en su cara y una taza de té en sus manos.
— ¿Perdón? —dije calmándome un poco.
— ¿Por qué miras tan feo a Christian? ¿Estás enojado con él? —preguntó. Sabía demasiado bien que ella solo preguntaba para molestarme, ya que ella sabía de qué iba el asunto. Por supuesto, yo no iba a aceptarlo.
— ¿Qué? — volví a preguntar fingiéndome confundido— Por supuesto que no, él no ha hecho nada.
—Pues parece que si —ella miro a los niños y luego dijo—. ¿O es que te enoja que Rose le bese? – su sonrisa se hizo más amplia como a mí me subió el calor por las mejillas. ¡Si los vampiros nos sonrojamos!
—Como dices tonterías —dije fríamente.
—Parece que alguien esta celoso de un crio de 4 años.
—En serio deberías escuchar las barbaridades que dices.
—Mira, Dimitri, no soy estúpida y sé que te dan celos que alguien más tenga el cariño de Rose, pero es inevitable, esa niña se hace querer —Tasha tenía una sonrisa cálida en su rostro, ella amaba a mi ángel.
—Si pero no me dan celos ¡por todos los cielos! Es mi sobrino y Rose es mi hija – ahí iba de nuevo la dificultad para decir esa palabra.
— ¿A quien quieres engañar a ti o a mí? —preguntó suspicazmente levantando las cejas y yo me quede callado. Tasha negó con exasperación— Ella no es tu hija y sé que no la vez así. Sientes una conexión con ella que al pasar de los años crecerá, debes de entender que ella no será una niña toda la vida y si Yeva tiene razón ella será hermosa, demasiado hermosa.
— ¿Qué tiene que ver eso? —pregunte tratando de parecer desentendido pero no funciono.
—Sabes perfectamente a lo que me refiero, pero bien, si lo que quieres es escucharlo en voz alta, pues lo diré. Rose crecerá y si de niña no eres capaz de verle como tu hija ahora, cuando sea una mujer en todo el sentido de la palabra menos podrás verle de tal menara; ella tampoco te ve como su padre puesto que jamás te ha llamado por tal nombre, así que puede ella sea la indicada para ti.
— ¿Te das cuenta lo enfermo que suena eso? —cuestione irritado. No quería dar mi brazo a torcer aunque ella tenía razón en todo— Tasha yo la estoy criando. Ella me ve como una figura paterna, y cuando sea mayor me seguirá viendo como tal y yo la seguiré viendo como su hija. No entiendo cómo puedes pensar así, ¡diablos! Ella es una niña, ni siquiera yo soy capaz de imaginármela como mujer —eso último fue una vil mentira, ya que a diario soñaba con una hermosa joven de piel almendrada y cabellos marrones.
—Como quieras, Dimka, pero el tiempo es tu peor enemigo, ella crecerá y te tendrás que tragar tus palabras, ahora ella te ve como su padre o algo por el estilo, pero en un futuro puede que no. No te digo que yo tenga razón, pero las cosas pasan por alguna razón. Y sí Dios quisiera que tú la vieras como tu hija, así sería —resoplé, ella nunca perdía una. Negué y me volteé a ver a los niños, dándole la espalda.
—Piensa lo que quieras, Tasha. Un consejo para el futuro: deberías dejar de pasar tanto tiempo con Yeva, ya se te están metiendo sus ideas raras a la cabeza.
—Ja. Ja. Ja —ella me lanzó algo, haciendo respingar. Miré al suelo, justo donde aterrizó su proyectil, y vi que era una jodida manzana. ¿De dónde mierda la sacó?
— ¡Pero que...! —empecé a exclamar, pero una pequeña voz nos interrumpió.
— ¡Mamá, tío Dimitri! —Christian exclamó llegando a nosotros con Rose detrás de él. Que oportuno. Lo cargué y revolví su cabello negro tan igual al de su madre.
— ¿Cómo estas campeón? — pregunte, vi que Roza estaba sobre el regazo de Tasha y estaba jugando con su cabello.
—Bien, tío Dimitri —él sonrió y sus ojos azules brillaron—. ¿Puedo preguntarte algo? —él dijo tímido y revolviéndose en mis brazos.
— ¿Qué pasa Chris? —él se mordió el labio mostrando sus pequeños colmillos y me hizo señas con el dedo dándome a entender que era una secreto. Me incliné un poco y él dijo con voz bajita:
— ¿Por qué Rose no tiene colmillos como nosotros o bebe sangre? —me quede de piedra. No pensé que me fuera a preguntar algo así. Mi sangre se heló, levante la vista y vi que Tasha estaba más pálida de lo que era; ella había escuchado a su hijo.
La mire y ella a mi. Le pedí ayuda con la mirada. Nunca le habíamos explicado a Christian quien era Rose, ni a ella quien éramos nosotros, aun no podíamos, Yeva dijo que cuanto tuvieran 12 y para eso faltaba un buen rato. Dudosos, nos dirigimos a una banca de mármol que se encontraba detrás de nosotros. Tasha se sentó con Rose en la banca e intentó tomar a su hijo. Agradecí, ella se encargaría de responder.
—Vamos hijo, hora de prepararte.
—Pero mami, el tío Dimitri aun no responde mi pregunta —él se aferró a mi cuello no dejándome ir.
—Ve con tu madre, ella sabe la respuesta —él dudo por un momento, pero luego asintiendo se marchó con Tasha. Él se despidió de Rose diciéndole que se verían en la noche y ella asintió emocionada.
—Dimitri —la pequeña voz de mi ángel sonó un momento después de que ellos se fueran. La miré y vi que ella aún estaba sentada sobre la banca. Como era demasiado alta para ella no podía brincar simplemente para bajar. Me dirigí a ella para bajarla pero ella hablo— ¿puedo preguntarte algo? — Oh Dios, por favor no dejas que sea lo mismo que Christian, rogué en mi interior.
—Claro, princesa, ¿qué pasa? —ella no dijo nada por unos momentos, solo frunció su ceñito como hacia cada vez que no sabía la respuesta a nada.
—Christian dice que se alimenta de sangre —su rostro era de asco, la sangre abandonó mi cuerpo. Me sentí caer—, también dice que tú, la tía Tasha y el tío Ivan son iguales, ¿eso verdad? —me quedé en silencio, no quería mentirle, pero aun no era el momento de decirle la verdad.
— ¿Qué le has dicho tú? —desvié la pregunta, dándome tiempo de pensar en una respuesta.
—Que era mentiras y que las únicas personas que tomaban sangre eran, vam... vam – ella no era capaz de terminar por lo cual yo lo hice.
— ¿Vampiros?
— ¡Si! Vampiros – ella se rio demasiado dulce, demasiado inocente.
—No Rose, no lo somos, debe ser que Christian está escuchando muchos cuentos, pero nada es verdad —me sentía terrible mentirle y más cuando en menos de 5 horas ella sería la única humana entre un mundo de vampiros.
— Ohh —dijo con su boquita en una ''o'' y sus ojitos expresivos, era tan hermosa.
— ¡Roza! —Vika la llamo desde lejos. Entonces nos vio y se acercó a nosotros— Oh aquí estas, es hora de prepararte mi niña —Roza aplaudió rápidamente olvidando el asunto, ella era una niña feliz y eso era todo lo que yo necesitaba.
— Dimitri, hoy seré una princesa —mi pequeña saltaba y aplaudía, seguía sin entender como tanta emoción podía caber en ese cuerpo tan pequeño.
— Yo sé que si —dije.
Vika tomo a Roza en sus brazos y se fueron supongo que a su habitación, yo por mi parte me quede en la cocina, no quería esta fiesta todos vendrían y querrían saber el gran misterio que era Roza y querrían tenerla para ellos, suspiré, la cosas no saldrían bien y yo sabía eso. Me levanté de donde estaba y me fui a mi habitación, necesitaba comenzar a prepararme; al entrar note la figura de una mujer en mi cama. Me tensé. Nadie entraba en mi habitación, y menos ninguna mujer se sentaba en mi cama. Aspiré su aroma pero no percibí olor alguno, solo un horrible dulzor. Rodeé mis ojos, no tenía que adivinar mucho a quien pertenecía tan grotesca fragancia.
—Galina —dije caminando hasta donde ella, la mujer rubia se volteó y me dejo verle mejor. Ella no había cambiado, pero eso era lógico ya después de todo era un vampiro. Su gran melena caía a mitad de su espalda y era sedosa; su piel era blanca como la tiza; y alrededor de sus ojos había una aureola roja, signo de todas las vidas que había arrancado a lo largo de su existencia. Me di cuenta de su atuendo y me dieron ganas de vomitar, ella tenía un vestido de cuero ceñido a su cuerpo dejando ver casi sus pezones y el nacimiento de sus nalgas, era burdo y asqueroso. Nunca pienso mal de las mujeres, pero bueno enfrente de mí no tenía una sino una total puta.
—Buenas tardes Dimka, – ella ronroneó como un gato mientras se paraba de mi cama. Besó ambas de mis mejillas dejando su labial en mi piel, su olor dulzón lleno mis fosas nasales haciéndome estremecer de nuevo.
— ¿Qué haces en mi habitación? —caminé hasta mi mesa en él tome un trapo el cual pase por mis mejillas, limpiándolas; los ojos de Galina se oscureciendo de la ira, pero la sonrisa venenosa no abandonó sus labios.
—Bueno pues quería saludarte ¿acaso no puedo?
—Sí, pero pudiste haber esperado hasta la noche —dije de mal humor. Miré hacia la puerta fugazmente. No quería que Roza entrara y Galina la viera.
— ¿Esperando a tu mascota? —preguntó ella con voz risueña.
—No es una mascota —caminé hasta ella y la mire con odio. La sentí temblar, sin embargo no demostró su temor fuera de eso—. Es una Belikova y no creas que no veo bajo esa fachada de inocente; sé que hoy has venido solo para verla. Dime, Galina, ¿aun crees en cuentos? – pregunté divertido, claro, a ella eso no le causó diversión.
—No son cuentos —dijo. Salió de mi vista y camino por mi habitación. Se detuvo y tomo la foto de Roza y yo—. Sabes también como yo que es real. ¿Sabes? una noche hace mucho sentí el llanto de un bebe y no me gusto la sensación —no dije nada. Recordé la profecía—, tal vez fue mi imaginación o tal vez no —dejo la foto sobre la mesa y se volvió a mí, sus ojos brillaban con el peligro— y sucedió pues que dos noches después de eso me entere que había llegado un bebe a esta casa y eso no me gusta para nada.
—Créeme, Galina, lo que te guste o no, no es mi problema. Rose es de mi casa ahora y tú debes respetarla; y si has venido por cuentos del pasado creo que has desperdiciado tu viaje —ella iba hablar pero la detuve—. No quiero ser grosero pero necesito estar listo y pienso que tu igual, a no ser de que pienses salir como puta de burdel —dije barriéndola con la mirada. Abrí mi puerta y ella contoneándose salió no sin antes decir.
—Crees poder protegerla, pero no, ella es humana y no podrás cuidarla siempre a no ser de que ella sea tu amante y no creo que sean un pedófilo, Dimka – y con eso se fue dejando una estela de su asquerosa fragancia. Entre en mi baño y tome una ducha. Sentía tanta rabia que quería cogerla y retorcer su cuello. Quería acabar con su vida, pero no era una dedición sabia de tomar, pero si esa era la única opción para mantener a mi Roza a salvo lo haría, nadie la tocaría. Al salir me vestí y me puse mis mejores galas, o bueno eso era para la época, parecía un príncipe medieval con botas hasta la rodillas, pantalones de lino y una espada en mi cintura; mi cabello lo recogí en una cola de caballo. Estaba bien y decidí buscar a mi pequeña compañera.
La encontré en su habitación jugando con una muñeca de porcelana. La mire antes de entrar y ella estaba hermosa. Su vestido era azul turquesa como si fuera una princesa. El corset estaba lleno de piedras preciosas que a los lejos se parecían que no eran de fantasía; su cabello caía en sus hondas naturales; en su corona tenía una trenza en forma de diadema; sus zapatos era unas bailarinas del mismo color de su vestido. Ella estaba hermosa.
— ¡Dimitri! –mi pequeña exclamo cuando me vio entrar a la habitación, dejando su muñeca en el suelo, ella brinco a mis brazos y me sonrió mostrando sus dientes faltantes— ¿Ves que vestido más lindo el que mamá Olena hizo?— ella preguntó con ojos brillosos.
—Esta preciosa —bese su mejilla y la puse sobre sus pies—. ¿Estas lista?—pregunté, ella asintió emocionada sin comprender el peligro que la rodeaba. Tome su pequeña mano y juntos caminamos por los pasillos interminables de la casa. Al llegar a las escaleras pudimos ver la gente, el lugar estaba precioso y parecíamos trasportados a otra era, era como otro mundo, podía sentir la alegría de Roza por ver tanta gente junta a diferencia de mi que con cada pasar de los segundos crecía mi miedo por ella. Bajamos las escaleras con despacio ya que sus piernas eran demasiado pequeñas; al ir llegando todos se voltearon a vernos y vi cómo se expandían sus fosas nasales aspiraron su aroma y percibí como su boca se hizo agua. No los juzgaba, mi propia boca vivía echa agua ante su olor. Miré a los invitados y vi el deseo en sus ojos, ellos querían morderla, me quede quietó y Rose igual, ella sonreía ancho y grande sin saber que peligro la rodeaba, había tención, pero fue cortada cuando mi preciosa abuela se paró al lado de Roza y tomo su hombro, ellos entendieron que era un Belikova.
Camine por todo el salón sin soltar la mano de Rose, ella brincaba emocionada de un lado para otro, a veces era difícil mantenerse al día con ella, todo el mundo al pasar me felicitaba y yo, por educación, agradecía, pero internamente me sentía igual. En serio que uno le perdía la gracia a esto. Bueno, eso hasta que una hermosa princesa de 4 años te despierta con un arcoíris como pastel, sonreí ante el recuerdo.
Las 7 familias danzaban y cenaban al ritmo de la noche. Las mujeres se reían falsamente mientras sus esposos fornicaban con los humanos mientras bebían de ellos, nuestra sociedad era lujuriosa y pecadora en todos los sentidos. Mire a Tasha entrar en compañía de su esposo ambos lucían bien. Rose, al verlos, se soltó de mi mano y corrió a donde Ivan que soltando a su esposa la tomó en sus brazos.
—Pero si es la princesa más linda que he visto —dijo Ivan alabando a Rose, ella amaba cuando la gente hacia eso.
—Parezco una princesa, ¿verdad tía Tasha? —la mujer de cabello negro azabache sonrió mostrando sus colmillos, por suerte Roza no se percató de ellos y continuo hablando felizmente eso hasta que vio a Christian y se olvidó por completo de todos nosotros.
— ¿Dimitri, podemos jugar en los jardines? —Mi Roza pregunto con los ojos de perritos, eso ojos a los cuales yo no era capaz de negar nada.
—Sí, pero no valláis muy lejos, quédense donde les pueda ver —ella asintió y tomando la mano de Christian se marchó.
—En serio ella parece un energizante —Ivan dijo tomando una copa de brandy y otra de vino, que le dio a su esposa, de un mesero que iba pasando.
—Con los años se le pasara — respondió Tasha bebiendo una copa de vino.
—Pues espero que sea rápido. A veces es agotador seguirle el paso y más tener que vigilarle todo el día —dije sonriendo—, no es que me queje de ello ni nada, pero sería bueno poder decirle la verdad y que ella entendiera que las cosas no son fáciles, necesito que se aprenda a cuidar sola para cuando no este con ella, así sabré que por lo menos ella estará bien.
—Dimitri, ella es una niña, nada malo le va a pasar, además el tiempo es tu peor enemigo y antes de que te des cuenta ella traerá su primer novio a la casa — me tensé como Ivan soltó una carcajada
—Además —Tasha añadió— ella está a salvo, Dimitri.
—Debes haber visto como la han mirado al entrar —dije con amargura—, ellos querían beber de ella, Tasha.
—Dimitri, cálmate —Ivan dijo colocando su mano sobre mi hombro—. Quisieron, pero no lo hicieron porque saben que no la pueden tocar, relájate ¿ok?, todo estará bien, disfruta de la fiesta.
Asentí y me relajé. Ellos tenían razón, nadie podía tocar a Roza por más que quisieran aunque debo admitir que sentía odio y rabia. Quería coger a alguien y matarlo; y quería que ese alguien fuese, Galina. No la había visto en toda la noche, pero no me alarme, ella estaba en mi territorio y el que se equivocará aquí, encuentra la muerte. Bailé con un par de doncella y me reí un poco, eso hasta que apareció el flameante Abe Mazur.
— ¿Cómo estas hijo? —el saludo como me paso una copa de brandy.
—Bien, Abe —dije, lo mire y su facciones se me hacían tan conocidas. Nunca antes me había fijado en su aspecto pero su piel era ligeramente más bronceada que la de los demás, mas no dejaba de ser pálido; y sus cabellos eran oscuros tanto hasta parecer negro. Los Mazur eran originarios de Turquía y era la siguiente familia después de la mía, nunca habíamos tenido problemas con ellos y siempre los consideramos como nuestros mejores aliados. Nos quedamos en silencio hasta que una extrovertida Roza hizo su aparición.
— ¡Dimitri! —ella dijo con lágrimas en sus ojitos. Inmediatamente me puse alerta. Si alguien la había tocado, lo mataría.
— ¿Qué pasa Rose? —pregunté mirando su cuerpo buscando signos de agresión, Abe se quedó callado lo cual agradecí. Ella no hablaba, de sus ojitos botaban lágrimas como su labio temblaba.
—Ella se cayó, tío Dimka —Christian apareció con una niña de cabellos rubios y ojos verde jadee; por el color de sus ojos y el parecido con su madre vi que era una Dragomir.
—No mientas, Christian. Señor a ella la empujaron —la niña dijo golpeando el brazo de mi sobrino.
— ¿Qué quieres decir? —pregunté sintiendo como la sangre me hervía por dentro.
—Estábamos jugando entre los rosales y un hombre se acercó he intento tomarla, pero Rose no quiso ir con él, nosotros la buscamos y cuando el hombre vio que lo vimos la empujo y entro en la cocina.
—Dimitri, duele – mi pequeña flor dijo, levante su vestido y vi que en sus piernas habían astillas de las rosas, mi sangre hirvió, mataría al bastardo.
— Ven déjame ayudarte —Abe dijo, vi que su mirada era confusa mas no de deseo, fue más bien una mirada paternal. Yo no quería soltarla y Abe al ver esto dijo—. No le hare daño, Dimitri, es una niña y aunque su sangre huele delicioso nunca le haría daño a una criatura y menos a una Belikova —sus ojos mostraban confianza y, de verdad, yo le creí—Ve busca al hombre y hazle pagar —ahora sus ojos eran negros como la noche, el tenia rencor.
—Christian, quédate con Rose y Abe. ¿Cuál es tu nombre? —le pregunte a la pequeña de cabellos como el sol.
—Vasilissa —respondió con un poco de dificultad.
— ¿Crees poderme enseñar el hombre? —ella asintió y tomo mi mano. Era increíble para mí ver como pueden ser tan dulces los niños vampiro viviendo de una forma malvada.
Ella camino conmigo hasta la cocina y me mostro al hombre, aspire y olí el miedo. Su sangre bombeaba muy rápido y todo su cuerpo sudaba, le di las gracias a Lissa y la mande hacia donde Rose y Christian. Fui hasta donde el hombre y lo tomé por el cuello sacándolo de la cocina, nadie en ella se percató o dio una segunda mirada; ellos sabían que no debían opinar si querían seguir con vida.
Camine con el pequeño bastardo hasta el bosque y una vez allí lo tire contra un árbol. El impacto fue tan duro que de su cabeza brotó la sangre, su olor era agrio y rancio para mi olfato, camine hasta donde él y lo tomé del cuello.
— ¿Qué crees que estabas haciendo al querer tocar a mi hija? —pregunté con los dientes apretados. Sus ojos se abrieron y el miedo corrió por sus venas.
—Señ… señor lo siento yo no que… —él balbuceaba pero yo no quería sus disculpas quería sus respuestas.
—Te he preguntado ¿Por qué querías a mi hija? —no respondió. Mi ira creció y con un golpe rompí sus costillas, el chillo de dolor y la sangre salió de su boca – ¿Ahora podrías responderme? – dije sin importarme su dolor.
—No fue mi idea —el tosió escupiendo sangre en mi abrigo—... la mujer de cabellos rubios.
— ¿Qué pasa con ella? —pregunté, él no hablo y yo procedí a romper sus otras costillas. Esta vez grito más duro pues las rompí como romper la ramita de un árbol sin esfuerzo alguno.
—Ella… ella me ha pagado para llevarle la niña —volvió a toser y se desplomo en el suelo.
— ¿Quién es ella? —volví a preguntar, mi paciencia se estaba agotando y yo quería verle morir. Sí, eso haría. Me aseguraría de que hoy fuera su última noche, nadie toba a Rose sin consecuencias.
—No sé su nombre señor —me acerqué un poco más y él se encogió. Con dureza lo tome de su cuello y tomando su hombro se lo disloque, el aulló como una bestia.
— ¡Dímelo! – exigí, olí el miedo pero también la mentira. Nuevamente se quedó callado y procedí a dislocar el otro hombro. Debí admitirlo tenía una gran resistencia. Sabía que el dolor invadía el 100% de su cuerpo, pero aun así él se reusaba a hablar— Como quieras —lo tire al suelo y tomando ambas de sus manos partí sus huesos escuchando el traqueo de estas. Él gritó, pero era más como un silbido sin ganas.
— ¿Vais a decirme? —volví a preguntar, pero el hombre no dijo nada, yo me encogí de hombros y pase a romper su pierna en tres pedazos. Con cada chasquido aumentaba mis ganas por matarle. Iba a pasar a romperle la otra cuando aulló el nombre; fue bajo pero claro.
— ¡Galina Dashkov!
La cólera me invadió y el deseo de muerte creció. Iba a matarlo, no me importaba la promesa que le había hecho a Yeva, ese hombre moriría este día.
— ¿Por qué la querría ella? —Él nuevamente se quedó en silencio llorando de dolor— ¡Respóndeme! —grité haciéndole estremecer, y él lo hizo.
—No lo sé, ella me dijo que la llevara a su habitación —estaba diciendo la verdad, pero aunque el solo fuera un peón de Galina pagaría por lo que intentó hacer en nombre de ella. Tomé su cuello entre mis manos y lo iba a romper hasta que escuche la desgarradora voz de Tasha llamándome a mis espaldas, a lo lejos.
—Detente, Dimitri —ella, la escuche correr, más otros pasos que supuse que eran de Ivan detrás suyo.
— ¿Sabes lo que intento hacer? —pregunté sin sentimiento alguno, sin voltearme a verla.
—Sí, lo sé, pero no hagas nada de lo que te puedas arrepentir —me digné a verla miré y vi la desesperación y preocupación en sus ojos e igualmente en los de Ivan. Miré al hombre otra vez y vi el miedo en él. No podía encontrar misericordia en ninguna parte de mi ser. Mi cabeza estaba nublada por la rabia y el odio. Sin embargo, si pude saber que no valdría la pena ensuciarme las manos con él. Suavemente lo deje sobre el césped. Si, Tasha tenía razón, si lo mataba podía arrepentirme. Me puse de pie y ella sonrió aliviada, me iba alejar cuando a lo lejos escuche el llanto de una niña. Ivan también lo escucho y su cuerpo se tensó, trate de escuchar mejor y lo que escuche convoco el odio en mí de nuevo.
—Señor duele mucho —Roza decía entre lágrimas.
—Lo se pequeña pero solo falta una y abran salido todas —dijo Abe con voz tan dulce que no pensé que fuera la suya.
—No, duele mucho, quiero a Dimitri —ella comenzó de nuevo a sollozar esta vez peor.
Ivan me miró y en sus ojos vi el deseo de venganza marcado en mi rostro. Volví al hombre quien había exhalado de alivio pero cuando volvió a ver mis ojos fue como si hubiera visto a la muerte misma a la cara. Antes de que Tasha o Ivan pudiera llegar a mí, tomé su cuello y lo torcí de una manera anti-natural a lo lejos escucha a Tasha gritar mi nombre y a Ivan llegar a mi lado.
—Tal vez te equivoques, Tasha, esto es algo de lo que jamás me arrepentiré —me levanté sin emoción y mire a mi mejor amigo— Llévalo a la habitación de Galina, es hora de hablar con ella.
El asintió y Tasha me beso en la mejilla dándome consuelo. Y me marche a buscar a Galina, la sangre me bombeaba con fuerza, desea tanto su cabeza. Entre en el salón y no la vi pero su aroma me dijo dónde encontrarle, fui hacia las habitaciones de alimentadores y allí estaba ella con un crio de unos 20 años, ella chupaba su sangre mientras él sus tetas en éxtasis, la escena daba asco.
Antes de que ellos se percataran de mi presencia tomé a Galina de su cabello rubio y la saqué de la habitación, ella aulló de dolor y se subió su vestido, subí por las esclareas detrás del salón y la lleve hasta su habitación; todo el camino ella intento zafarse pero no lo consiguió. Con cada empuje mi fuerza aumentaba, pensé que le arrancaría el cabello. Al llegar a su habitación la tire en su cama y ella chillo al ver al cuerpo cubierto de sangre y con los huesos rotos.
— ¿Pero qué coño te pasa, Dimitri? —su respiración era agitada y su miedo evidente, ella miraba al hombre muerto en su cama con asco y algo de miedo.
Camine hasta donde ella y la tome de su cuello, obligándola a verme a los ojos. Su miedo fue peor y comenzó a temblar, nunca la había visto temerosa ante nada.
—Cuando se te vuelva a cruzar por la mente tomar a Rose de mi lado, el hombre a tu lado habrá tenido una bonita muerte a diferencia de la tuya —la presioné contra la pared, ella gimoteo por el dolor.
—No podrás protegerla siempre —dijo entre jadeos.
—Tienes razón —admití y ella sonrió con satisfacción—, pero cuando eso suceda ten por seguro que te acecinaré —sus ojos se abrieron en el horro y entonces fui yo quien sonrió con satisfacción—. No juegues conmigo, Galina, quien lo busca encuentra a la muerte. Y si tengo que matarte y a todos los de tu familia lo haré, tómalo como una promesa —Mi fría amenazante voz logro meter el miedo por completo en su mente; y con eso me fui dejándola, seguro de que la guerra había comenzado.
Gracias a todas por sus revisiones pero sobre todo a mi súper Beta Euda, ella se ha tomado el trabajo de leerlo, editarlo y agregar más cosas para hacer este un gran capitulo, espero que lo disfruten.
