La lentitud de la caminata comenzaba a incomodarle a Naruto, pero no podía quejarse, considerando el estado de su acompañante. El joven ninja Hyuga tenía, ocultas debajo de su uniforme, aparatosas vendas que semi-inmovilizaban una de sus piernas y que limitaban la velocidad de su caminar. Intrigado por el motivo para enviar a un chunnin en su estado, con un mensaje que parecía urgente, se decidió a iniciar una conversación con él:

- ¿Parece ser que están muy apurados por hablar conmigo, verdad?

- Eso se me informó, Naruto-sama.

- Por favor, no es necesaria tanta formalidad, llevo menos de un día como jounin y antes de eso no era nada más que un simple gennin.

- Comprendo, pero mi forma de tratarlo tiene que ver más con mi misión que con su rango, Naruto-sama.

- Bien, entonces, supongo. ¿Y me podría decir que es eso tan urgente que quieren conmigo?

- Lo siento, no tengo permitido adelantarle nada. Sólo puedo decirle que es un asunto en extremo complicado y que sólo puede solucionarse con su intervención.

- Oye, me estas preocupando, ¿acaso Neji-san te pidió que me dijeras todo eso para asustarme?

- El joven Neji no me dado ningún recado para usted, quien lo ha requerido es Hiashi-sama y los ancianos del Concejo del Clan.

- ¿El viejo Hiashi, eh?

- No debería tratarlo tan irrespetuosamente, menos en las circunstancias presentes.

- Comprendo, con lo de la muerte de Hinata-chan y todo eso.

- En parte, pero más que nada por lo que pasará cuando lleguemos allá.

- Bueno, al menos debería haberte dejado descansar esa pierna lastimada, siendo que te tuvo cargando el ataúd de su hija.

- No pensé que me reconocería, Naruto-sama.

- No tengo tan buena memoria, pero hay cosas que simplemente no se pueden pasar por alto, eh… , tu…

- Ko, Hyuga Ko, ese es mi nombre, Señor.

- Bien, Ko, supongo que compartirás mi opinión sobre el abusivo de tu jefe, aunque creo que a los del Boke no se les permite quejarse.

- ¿Y cómo se percató que pertenezco a la familia secundaria?

- Es fácil, todos ustedes usan el protector ninja sujeto en su frente, tapando ese sello inmundo con que los marcan, en cambio los del Soke (los pocos ninjas que conozco que pertenecen a ella) usan todos la banda en el brazo o en cualquier otro lado, como si tuviesen que pavonear sus frentes descubiertas para demostrar lo importantes que son.

- No lo diga así, ofende la memoria de Hinata-sama.

- Lo siento, tienes razón, pero nadie que la conociera podría llegar a pensar que hubiese una pizca de altivez o prepotencia en ella. Pero puedes quejarte de los demás idiotas si quieres, no pienso contarle a nadie.

- Tengo el privilegio de servir a la honorable casa principal del Clan Hyuga, Señor.

- No creo que sea tan así.

- Permítame expresarlo de otra manera: por pertenecer a la familia secundaria tuve el honor de servir como escolta durante largo tiempo a la señorita Hinata.

- Supongo que es una manera agradable de verlo.

- Ciertamente, y por ella es que solicité ser el encargado de la misión de buscarlo y llevarlo ante los líderes del clan, no fue Hiashi-sama quien me eligió.

- ¿Pero porqué, si estás en ese estado?

- Es probable que cualquier otro pudiera haber saboteado la misión, indicando simplemente que usted no pudo ser ubicado, tal vez para protegerlo o… perjudicarlo.

Extrañado por los alcances de la declaración del Hyuga, Naruto le pregunta: "¿es que acaso pretenden matarme?"; pero Ko sólo responde: "tal vez sea peor que eso".


Hyuga Hiashi esperaba al héroe de Konoha de pie, en una pequeña sala construida apresuradamente en los terrenos de la ya inexistente Mansión Hyuga, cercana al gran salón que, gracias a la intervención del usuario del mokuton, se había levantado a primera hora de la madrugada de ese día y que, habiendo servido durante esa mañana para velar a la heredera muerta antes de su salida al campo fúnebre, debía servir durante la noche en la solemne y antigua ceremonia de la destrucción de sus ojos, pero que ahora sólo sería el lugar en que el Consejo del Clan se reuniría a discutir asuntos de la mayor relevancia con el portador del Kyubi, a quien esperaba para tener una corta plática antes de pasar a tratar dichos asuntos.

Cerca de él, en el suelo, había un par de hojas desplegadas, llenas con la bella escritura de la princesa Hyuga, cuyo cuerpo yacía ya en el cementerio memorial.

La primera, una carta personal, de una hija a su padre, en que pedía perdón por no lograr cumplir sus espectativas en vida y agradeciendo sus cuidados y el tiempo y la dedicación que invirtió en su infructuosa formación como futura líder del clan, un futuro ya inexistente. Al menos, le tranquilizaba el que, en sus letras, ella dejaba en evidencia su conocimiento respecto de los sentimientos que él albergaba respecto de su hija, del amor que muchas veces debió ocultar en aras del cumplimiento de su deber como responsable de la historia y seguridad de su clan. Ningún reproche, sólo gratitud, como si la vida a su lado hubiese sido un paraíso de calma y afecto que en realidad nunca existió.

Pero la revelación que contenía el final de su carta lo había dejado desconcertado, y un sentimiento molesto, mezcla de miedo y decepción, se había hecho presente en un padre que, antes de leer las terribles palabras, había deseado conservar el recuerdo inmaculado de una hija perfecta, perdida porque tales seres no tienen cabida en el mundo.

La segunda carta, formal y con el sello oficial que acreditaba su autenticidad, emanada desde la posición de legítima heredera del clan, no hacía más que confirmar la funesta revelación mientras exigía, con una autoridad que desconocía en su hija, que el deseo contenido en ella, como una orden, fuese seguido sin la menor dilación u oposición.

Pero Uzumaki Naruto le daría respuestas, y de esas respuestas dependería su vida o su muerte. No le importaba la súplica de su fallecida heredera, podría disculparse con ella cuando llegara su hora y se reencontraran en el más allá.

Neji se posó suavemente en la entrada, esperando que su tío reaccionase a su llegada. Entendía perfectamente el caos que debía ocupar el lugar de su cabeza, normalmente serena y calmada. No le reprochaba a su prima sus motivaciones, ella se las había explicado en su propia carta mientras le solicitaba protegiera a Naruto de cualquier arrebato de ira que seguramente el líder Hyuga manifestaría, tarde o temprano, cuando el rubio se hiciese presente. Pero mentiría si no reconociese que una parte importante de él pugnaba por exigir a su tío y superior que le diese la oportunidad de ser parte del correctivo que merecía el impertinente rubio que, según las palabras de la peliazul, había traicionado la confianza de todos ellos.

Finalmente, viendo que su tío no le dirigía la palabra, decide hacerse notar:

- Hiashi-sama, he regresado del cuartel general.

- (adoptando una postura serena, responde, sin voltear a verlo) ¿Que responde Kakashi-san a nuestra solicitud?

- Se ha negado rotundamente. Señala que lo hecho por Hinata-sama hacía parte de sus derechos, tal como ha sido siempre reconocido por el clan, y conforme a la política de no intervención en los asuntos internos de los clanes, seguida por los Hokages desde la fundación de la aldea, no puede pretender anular su elección en un asunto tan personal, habiendo sido ella la heredera del clan; que tal vez Godaime tendría la autoridad para ello, pero probablemente no intervendría en contra de la voluntad del Concejo del Clan, aún a solicitud expresa de su líder.

- Y a lo otro.

- No tomará ninguna medida contra Naruto-sama, menos ahora que cuenta con el apoyo de toda la aldea por sus acciones recientes.

- De "casi" toda la aldea, querrá decir…

Hiashi se toma los brazos, pensando. Kakashi le ha atado las manos, desautorizando su propósito, lo que significa que el resto de los clanes también se encuentran en su contra. Ha quedado sólo. Pero aún le queda la alternativa de tomar la vida del ofensor y asumir las consecuencias de ello. Continúa:

- ¿Hanabi, que ha sido de ella?

- La heredera se encuentra descansando en una tienda, suficientemente alejada de estos salones. Probablemente ya esté dormida.

- ¿Y no ha reclamado nada sobre este asunto?

- Parece ser que Hinata-sama no le contó nada en su carta. Creo que deseaba que permaneciera al margen.

- Si, es lo mejor. ¿Y ese, ya ha llegado?

- Todavía no, pero ya no debería tardar. Tengo entendido que Ko es quien lo trae.

- Apenas llegue hazlo pasar, quiero hablar primeramente con él, a solas. Sin interrupciones de nadie, ¿está claro?

- Claro, Hiashi-sama.

- Te lo repito: nadie interrumpe, oigas lo que oigas.

Neji hace una ligera inclinación y se retira, dispuesto a obedecer las instrucciones de su tío.

A los diez minutos, llega Naruto al recinto. Neji se acerca para escoltarlo hasta donde se encuentra el Hyuga mayor, despidiendo a Ko. Este último, antes de irse, se aproxima y le murmura al oído al rubio: "por favor, por Hinata-sama, no retroceda ante su padre, pase lo que pase". Juntos, los jounin caminan al salón donde espera el líder Hyuga. Nadie más a la vista, ni sirvientes, ni ninjas, como si todos hubiesen sido alejados de ese lugar. Neji le dice a Naruto: "yo debo esperar aquí afuera: si todo es falso, por favor responda con prontitud para acabar rápido con este asunto; si es verdad, espero que se comporte a la altura y asuma las consecuencias de sus actos".

Intrigado por esas últimas palabras de Neji, Naruto deja su mochila en el suelo y entra al salón, cerrándose la puerta tras él.

La vista de la espalda del líder Hyuga no hizo más que irritar a Naruto, evocando en él la imagen que el duro padre había proyectado durante la reciente ceremonia fúnebre. No importaba lo insinuado por Kakashi-sensei o la defensa que de su próximo interloculor hiciese Kurenai-sensei, la sola vista de Hiashi le recordaba esa Hinata despreciada por su propio clan, menoscabada por su familia y vejada de todos quienes debían, por su situación dentro del clan al que ella pertenecía, mostrar, como mínimo, una actitud respetuosa hacia ella en vez del desprecio hipócrita que le evidenciaban constantemente.

Hiashi se volteó a ver el rostro del recién llegado, pero su presencia no hizo más que reforzar el sentimiento confuso que lo embargaba, mientras pensaba que ese debía ser el culpable de la locura de su difunta hija, pero aún creía que tal vez todo fuese un error, una simple mentira, la venganza de antigua heredera por años de maltrato y falta de afecto.

Sin poder ocultar su ira, preguntó, sin preámbulos:

- Responde, ¿qué relación tenían mi hija y tú?

- Creo que merezco una explicación de todo esto primero, Hiashi-sa…

- EXIJO QUE RESPONDAS QUÉ RELACIÓN TENÍAS CON MI HINATA.

- No se confunda, señor, no tengo obligación de responderle nada a nadie, y menos a alguien como usted.

- MOCOSO INSOLENTE, RESPONDE DE UNA VEZ POR TODAS…

- ¡HE DICHO QUE ALGUIEN DE SU CALAÑA NO ES NADIE PARA EXIGIRME RESPUESTAS Y MENOS SOBRE SU HIJA!

- ¡ATREVIDO, NO TIENES IDEA DE LO QUE DICES!

- ¡SÉ LO SUFICIENTE PARA SABER QUE NUNCA MERECIÓ UNA HIJA COMO ELLA, BASTARD…

Un rápido golpe Juken del líder Hyuga, quien aún no había activado su byakugan, lanzó a Naruto contra el suelo, mientras su mirada evocaba un desprecio infinito hacia el ninja caído. Naruto, correspondiendo su mirada con una igualmente mordaz, se incorporó y, recordando el consejo de Ko, afirmo su postura dejando clara su intención de no dejar intimidarse por aquel temible adversario.

Hiashi baja su mano atacante, relajando su postura y reprimiendo con esfuerzo su creciente ira. Retrocede unos pasos y le señala las cartas de Hinata en el suelo, apuntando a una de ellas. Pregunta:

- ¿Sabes lo que es eso, cierto?

- Cartas de Hinata, tengo una de las mismas conmigo, en mi mochila.

- No me presiones muchacho, sabes a qué me refiero.

- Soy sólo un mocoso, debe explicarse con lentitud, Hiashi-dono, para que pueda entenderle.

Enojado, toma el papel sellado del suelo y lo acerca a la cara de Naruto, arrojándoselo. Naruto lo toma antes de que caiga, leyéndolo: una promesa de matrimonio. Recuerda las palabras de Hinata en su carta póstuma; cree comprenderlo todo. Irritado, Hiashi vuelve a preguntar:

- Ese papel no es real, ¿cierto?

- Y si lo fuera, ya no tiene importancia, ¿verdad?

- Eres un ignorante, todavía no puedo creer que la debilidad de mi hija llegara hasta entregarse a ti.

- No le permito ofender su memoria, señor.

- Su padre, soy su padre.

- Y nunca se comportó como tal.

- ¿Qué puede saber un sucio huérfano acerca de como debe o no debe comportarse un padre?

La furia de ambos aumenta notoriamente, la intención asesina de ambos se dispara a niveles perceptibles, la ira los enceguece…

- ¡DESEARÁ NUNCA HABER NACIDO, MALDITO VIEJO ARROGANTE!

- ¡TE MATARÉ, NI SIQUIERA DEBÍ TRATAR DE HABLAR CONTIGO, MOCOSO IMPERTINENTE!

Naruto comienza a emitir el chakra del nueve colas, rodeando su cuerpo de una capa tenue pero visible del mismo, mientras sus colmillos comienzan a crecer y sus manos se tensan como garras, creciendo sus uñas visiblemente.

Por su parte, Hiashi activa su byakugan y sus ojos muestran los vasos sanguíneos engrosados que alimentan la técnica. Pone sus manos al frente, en posición de combate, mientras su chakra se concentra en sus manos, preparando un golpe asesino.

Pero Neji interrumpe los inminentes ataques, irrumpiendo en la habitación y colocándose delante del líder Hyuga, con lo brazos extendidos, impidiendo su avance. Hiashi grita furioso:

- ¡APARTATE NEJI, ESE MISERABLE DEBE MORIR!

- NO PUEDO HACERLO, HIASHI-SAMA, SE LO PROMETÍ A SU HIJA.

- ¿ACASO TÚ SABÍAS DE TODO ESTO?

- ¡HIASHI-SAMA, POR FAVOR, CÁLMESE!

- SAL NEJI, NO ME DESOBEDEZCAS.

- NO LO DEJARÉ, HINATA-SAMA NO ME LO PERDONARÍA NUNCA.

- ¿ACASO LO SABÍAS Y ME HICISTE CREER LO CONTRARIO? ¡RESPONDE, TRAIDOR INGRATO!

- ¡NO LO SABÍA Y TAMBIÉN ESTOY MOLESTO, PERO NO PUEDO DEJAR QUE LO DAÑE, NO POR ESTO! ¡NO, TÍO, ASÍ NO!

- ¡MALDITO ESCLAVO REBELDE, DEBÍ ACABARTE EN CUANTO TRATASTE DE MATAR A MI HIJA, MI PIEDAD NO TE SIRVIÓ DE NADA, DE NADA!

Hiashi levanto su mano contra el hijo de su hermano, su furia incontenible se volcó toda sobre él. Con el chakra brillando en su palma, activó el sello maldito en la frente del joven Hyuga, con clara intención asesina. Neji, sabiendo que después de él seguiría Naruto, trató de resistir el ataque, pero el dolor absoluto que sentía lo hizo caer sobre sus rodillas. Una voz interrumpió al furibundo líder Hyuga:

- ¡DETENTE AHORA MISMO PAPÁ! ¡ES A TU PROPIO SOBRINO, A MI GUARDIÁN, AL QUE ESTÁS ATACANDO!

.

.

.

¡OTOU-SAN!

Deteniéndose, dirigió su mirada a la puerta: Hanabi se encontraba allí, escoltada por Ko y una joven sirviente de nombre Haruhi, su niñera. La voz de su hija le había hecho reaccionar. Vio a su sobrino en el suelo, producto de su ira, y se sintió arrepentido. Giró su mirada a Naruto quien, habiendo recuperado la cordura luego de la intervención de Neji, mostraba una mirada gélida, con evidente miedo en su rostro.

Hanabi, molesta y aún asustada, preguntó el motivo de esa violencia. Su padre, caminando fuera de la habitación, se dirigió a la sala donde esperaban los miembros del Consejo Hyuga, mientras le dice a su hija: "que tu guardián te responda".

Una vez se hubo marchado su padre, la heredera se dirigió a su primo, reiterando su reclamo, mientras Naruto permanecía inmóvil, en silencio, de pie en medio de la habitación. Esperando a que los sirvientes terminaran de levantar a su primo, ella dirigió una mirada inquisitiva al rubio, pero no obtuvo ninguna respuesta. Una vez de pie, Neji comprendió que no podría evadir la pregunta y le dijo a la joven: "el joven Naruto es ahora el esposo de Hinata-sama".

Hanabi mira a Naruto, los ojos abiertos por la sorpresa. Espera una negativa del rubio, pero de él no sale palabra alguna. Camina unos pasos hasta llegar al lado de aquel y, sin decir nada, le da una sonora cachetada, volteando rápidamente y corriendo de vuelta a su tienda. Neji sólo ordena que Ko y Haruhi la sigan y no la dejen sola por nada.

Neji le solicita a Naruto que le acompañe para que se pueda reunir con el Consejo, finalmente.


El camino hasta el salón en que lo esperaban las máximas autoridades del Clan Hyuga fue muy diferente al de su llegada. A ambos lados del sendero, como aparecidos de la nada, se encontraban sirvientes y guardianes de la ya inexistente mansión, los que habían retomado sus labores ahora que la confrontación entre el líder del clan y el, ahora sabido de todos (porque, como todos los secretos, la noticia se había difundido con velocidad inconcebible entre todos lo miembros del clan), nuevo integrante de la familia principal. Unos especulaban un golpe de autoridad de la heredera fallecida, quien finalmente se habría cansado del trato otorgado por su propia familia y se habría aliado con quien era la mayor fuerza viviente en toda Konoha; los que conocían a la difunta más íntimamente creían que, a escondidas de todos, se habría desarrollado una historia de amor prohibido en que la fortuna, antes esquiva a la pequeña Hinata-sama, le habría otorgado esa pequeña victoria antes de arrebatarle todo, y que el ahora viudo se vengaría de todos aquellos que la habían despreciado en vida.

Naruto no era tan lento de cabeza como su alocada e irreverente conducta parecían querer indicar (ninguna otra cosa explicaría la abrumadora facilidad que evidenciaba para aprender técnicas ninjas de alto nivel como nadie antes de él: no sólo habría heredado su porte de Yondaime, también su incomparable inteligencia táctica, y los años transcurridos finalmente habían pulido esa habilidad); pero, con todo, aún no era capaz de ver el propósito de su difunta amiga: ¿acaso creyó que una posición dentro del clan Hyuga le daría el apoyo y estatus que siempre había ambicionado? -porque era obvio que el logro de su ambición de toda la vida, el ser Hokage, le daría un estatus superior a todos en la aldea-; ¿tal vez su nueva condición le permitiría contar con el poder de los afamados ninjas del clan, como una fuerza para lograr sus objetivos, fuesen cuales fuesen esos?; ¿como protección?; ¿o acaso el vínculo creado, sin siquiera consultárselo, tendría por única finalidad retenerle en la aldea, a salvo de todo?

Finalmente, llegan a la entrada del salón. El chakra de Hiashi aún es evidente desde afuera: todavía no ha calmado su ira; Neji tranquiliza a Naruto diciéndole que su tío no se atreverá a nada ante los ancianos del clan reunidos allí. Le pide finalmente que espere a que lo llamen, mientras él entra dentro del salón a ocupar su lugar en la reunión.

Finalmente, un par de sirvientes abren las grandes puertas del salón, mientras desde dentro una voz desconocida pero mayor lo invita a pasar: "presentate ante el honorable Concejo del Clan Hyuga, Namikase Naruto-dono, jounin de Konohagakure". Los sirvientes, una vez el rubio entra en el salón, salen del mismo, cerrando tras de ellos.

Al entrar, no puede evitar aspirar el dulce aroma presente en el lugar. Desconoce el motivo, pero el salón está suavemente impregnado del perfume emanado del cuerpo de Hinata, el mismo aroma que lo cobijó en esa fría tienda a su lado, el mismo que se hizo presente en su sueño; una presencia que fortalece su confianza. Con ese ignorado apoyo, se dirigió al lugar que se le indicó, en el centro del salón, frente a los miembros del consejo, todos alineados en linea recta, sentados sobre sus piernas, en actitud solemne; a su derecha, apegados a la pared del salón y en la misma postura, Hyuga Hiashi, con Neji a su derecha, ligeramente más atrás. Lo miembros del clan no son ancianos en su totalidad, pero si todos de una edad igual o mayor a la que demuestra el mismo Hiashi. No hay miembros del Boke, sólo frentes descubiertas que atestiguan su pertenencia de la familia principal de los Hyuga.

Uno de los menos ancianos del consejo le dirige la palabra a Naruto:

- Naruto-dono, permítanos llamarle así ya que la condición real de su identidad definitiva ha variado recientemente, como hemos podido inquirir del shinobi responsable de la dirección provisoria de la aldea, Hatake Kakashi-dono.

- Comprendo, supongo que no hay problemas con ello, aunque me incomoda la forma en que fui convocado a esta reunión.

- ¿Algún problema con la persona del mensajero enviado?

- Más bien con que me hayan llamado Namikase, cuando mi apellido es Uzumaki.

- Fue llamado por el nombre que le corresponde en razón de su nacimiento, según hemos podido verificar recientemente.

- Una única persona lo sabía aparte de mí, y dudo mucho que esa persona haya hecho llegar a ustedes esa información. Por no decir que me incomoda que una información como esa se haya hecho pública sin mi consentimiento.

- La información permanece reservada, si es lo que le preocupa, Naruto-dono; si esa persona a que hace referencia realmente existe no ha sido ella quien nos ha facilitado la información de su parentela.

- Entonces…

- Ya que así lo requiere, será explicado más adelante por una persona calificada para ello.

- Queremos disculparnos con usted -interviene otro Hyuga del grupo, algo mayor- por la presencia del sirviente de Hiashi-dono en esta reunión. Se nos fue informado que el mismo está cumpliendo labores en el cuartel general durante la presente crisis, reemplazando al líder del clan en su deber de representación del mismo ante el resto de la aldea, en consideración a que su presencia es más necesaria ejerciendo el mandato directo de los trabajos de reconstrucción de nuestro complejo, así como el establecimiento de una nueva heredera. Aunque, según el resultado de esta reunión es muy probable que esta ultima gestión ya no sea necesaria.

Terminando con sus palabras, el primer consejero toma la palabra, haciendo llamar al escribiente mayor del clan. Mientras esperan a que el convocado llegue al lugar, Naruto dirige una mirada a Neji, quien permanece en posición firme, sentado, con la mirada ligeramente baja. Recuerda las ofensivas palabras del Hyuga mayor, mientras tiene un momento de simpatía para con él.

Al cabo de unos momentos, llega un chunnin de la edad de Iruka-sensei, de la familia principal, quien excusa a su superior, el escribiente mayor, explicando que el mismo se encuentra postrado en cama por heridas sufridas en el ataque del día anterior y que él lo reemplazará en su cometido. Los miembros del consejo aceptan unánimemente la presencia del aprendiz, quien entra y, permaneciendo cerca de la entrada del salón, a las espaldas de Naruto, se sienta y comienza su relato:

"Hoy, hace una hora, fue puesto en conocimiento del líder de nuestro honorable Clan, Hyuga Hiashi-sama, una carta sellada dispuesta por la anterior y ahora difunta heredera del liderazgo del clan e hija del antes indicado, Hyuga Hinata-sama.

En dicha carta sellada, la mencionada heredera, mayor de edad desde el momento de haber alcanzado el rango de chunnin de la fuerza shinobi de Konohagakure, según normativa de la misma y aceptada desde su fundación por la voluntad unánime e indiscutida del clan, informó para su conocimiento por los mandos del clan (el Líder del mismo, el honorable Consejo del Clan y los encargados de su Cuerpo de Guardia, así como el Supervisor de Tareas del Boke), la existencia, aún vigente a la fecha de verificada su muerte, de una promesa formal de matrimonio con el así reconocido en dicho documento como gennin de la fuerza shinobi de la aldea de Konohagakure Uzumaki Naruto-san, hoy reconocido por este consejo como Namikase Naruto-sama o Hyuga Naruto-sama, jounin de Konohagakure, según sea su decisión final.

Conforme a las tradiciones y estatutos del noble y antiguo Clan de los Hyuga, dicha promesa de matrimonio, cumplidas las condiciones (las que se han tenido por ya cumplidas por la totalidad de los aquí presentes, con la sola excepción de Hyuga Hiashi-sama), constituye un contrato inquebrantable y, como tal, confiere al sobreviviente del mismo, Naruto-dono, el derecho a reclamar como propios los derechos de su esposa, ya fallecida, así como la propiedad sobre los ojos de la misma, otorgados como dote matrimonial por declaración de la propia Hinata-sama según la carta sellada antes indicada.

La oposición del actual Líder del Clan se fundó únicamente en el punto de la validez de una promesa de matrimonio de dicho tipo, la que según su interpretación, verificada por el encargado de registros de la normas y tradiciones del clan, sólo sería válida siendo otorgada entre contrayentes que fuesen ambos mayores de edad y líderes o hijos de un clan ninja cuya alianza fuese deseada por el clan mismo o líderes civiles o militares de renombre o sus hijos, cuya unión al clan fuera beneficiosa para el clan.

Hecha la oposición, el honorable clan encargó a su servidor la tarea de realizar las averiguaciones pertinentes sobre la ascendencia del contrayente sobreviviente. Para lo anterior, previa autorización solicitada a Hatake Kakashi-dono para levantar el secreto que pesaba sobre dicha información, secreto establecido por orden de Sarutobi Hiruzen-sama, Sandaime Hokage de Konohagakure, se encontró en los registros de nacimientos de los clanes, resguardados en las bóvedas acorazadas existentes en los sótanos de la ahora destruída Torre Hokage, el certificado y fe de nacimiento de un niño correspondiente al ya aquí citado, de nombre Naruto, hijo de Namikase Minato y Uzumaki Kushina, ya conocidos de todos. Dicho certificado contaba con las cuatro marcas de sangre requeridas y la firma de fe de su autenticidad de Sandaime Hokage, así como un adendo dando cuenta de su carácter secreto."

Naruto, que se encontraba escuchando silenciosamente el discurso del joven, no pude evitar preguntar: "¿cuatro marcas de sangre?", éste le respondió: "si, las requeridas para verificar la identidad legal indiscutida del heredero de un clan: padre, madre, hijo y sangre placentaria, la cual debe mostrar restos biológicos comprobables de los dos últimos". Luego de la aclaración solicitada, continuó:

"Verificada la correcta ascendencia de ambos contrayentes, la mayoría de edad requerida para la celebración de dicha promesa se tiene por cumplida habiéndose el señalado Naruto-dono encontrado sin tutor legal él mismo por más de seis meses desde la muerte de su anterior tutor, Sandaime Hokage, sin que se hubiese llegado a nombrar un reemplazante para dicho puesto, por lo que desde la fecha de dicha muerte es considerado como mayor de edad, según las normas de Konoha"

Habiendo terminado el experto su participación, saluda a todos y se retira del lugar. Otro anciano del consejo comienza a hablar:

- Fuera del punto de la mayoría de edad de los contrayentes y su ascendencia hay otro punto discutido, pero por su naturaleza es dejado usualmente a la buena fe de los mismos: como parte del otorgamiento de la promesa, los contrayentes deben intercambiar regalos o realizar algún acto que deje de manifiesto a cualquiera que lo atestigüe el estado de pareja de ambos.

- ¿Algún acto? -pregunta Naruto-

- Cualquier cosa, desde un beso hasta la consumación anticipada del matrimonio o la concepción de un hijo en común.

El anciano Hyuga se dirige a Hiashi a fin de que informe al consejo si logró, como era su propósito, confirmar o desmentir si dicha acción se había o no verificado entre los contrayentes. Hiashi informa que, habiendo consultado al rubio respecto al tema, él no había confirmado ni negado nada. Luego, el mismo anciano, disculpándose por su atrevimiento, se dirige a Naruto con la misma pregunta. Pero el rubio sabe cual es la verdad: si es sincero, su supuesto matrimonio queda en nada. Una salida limpia de todo ese asunto, quedando el honor de Hinata inmaculado.

Pero recuerda las palabras de Ko, lo expresado por Hinata en su carta, la confesión, lo que él sabe de ella y lo que en las últimas horas le ha sido compartido por todos. Entiende finalmente que el propósito de Hinata nunca ha sido atarlo a ella, sino ayudarlo, y se decide:

- Hinata es mi esposa, la promesa es real. Ella se me declaró y nos besamos.

(Técnicamente no todo era mentira…)

- ¿Y hay alguien que pueda dar fe de lo que haz dicho?

(Rayos)

- De sus palabras, la invocación de Tsunade-obaachan, quien estaba presente. Del beso, nadie, fue en privado, nunca habría sometido a Hinata-chan a la vergüenza de besarla en público sin ser oficialmente mi esposa.

Ciertamente el beso había sido compartido sin el consentimiento expreso (o la presencia viva) de la novia, pero eso no importaba ahora. Sinceramente esperaba que se conformen y que nadie ahonde más en el asunto. Neji, por su parte, respira aliviado: temió por un momento que Naruto lo involucrase a él o a Ko en todo ese lío.

- Bien -dice el anciano- no es necesario seguir averiguando más, todos aquí identificamos a Katsuyu, la invocación de Godaime Hokage, y reconocemos que nadie la pondría como fiador de sus palabras si no fuesen ciertas, no con la fama de la Señora del Bosque Shikkotsu. Además, no pretendemos acusar de nada al hijo de Yondaime Hokage.

La reunión continúa.

La promesa hecha (le explican al portador del Kyubi) implica que, a la muerte de la heredera Hyuga, el matrimonio se entiende que se ha celebrado válidamente y se tiene por consumado, por lo que no puede ser anulado. Para Naruto significa que, si lo desea, puede adoptar el apellido Hyuga y ocupar el lugar de heredero del liderazgo del clan. También le aclaran que, para que pueda llegar a ser el líder del mismo, debe aceptar implantarse los ojos de su ahora muerta esposa, así como tomar en matrimonio a una integrante de la familia principal en edad fértil y engendrar un heredero dentro del año siguiente a la nueva boda. Si dicho heredero manifiesta el dojutsu, nadie podrá en el clan oponerse a que sea el líder, si así lo desea. No falta quien propone a la hermana de la fallecida para ocupar su lugar como esposa del rubio.

Naruto comienza a entender el motivo de la ira de Hiashi.

Encara a los miembros del consejo, reprochándoles como pueden proponer acuerdos de ese tipo en presencia del padre de la difunta y líder de todos ellos. Se le contesta que la autoridad del Líder del Clan muere a las puertas del Consejo, que ellos son la voz de todo el clan y su autoridad es absoluta; ni siquiera Hiashi puede oponerseles . Cuando les pregunta porqué les interesa que alguien rechazado de todos como él se les una, el grupo de Hyugas no puede ocultar su entusiasmo ante la expectativa de incorporar a su linea de sangre al descendiente de Yondaime Hokage y de una superviviente del legendario clan Uzumaki, el que además a demostrado un poder y dominio del chakra que se creían imposibles en la presente época, por lo que su liderazgo sería inestimable para el engrandecimiento del clan.

Naruto, hastiado por tanta palabrería halagüeña, llega sólo a una conclusión: lo quieren de semental. Él realmente no les importa, como no les importaba su amiga-esposa.

Ignorando a los miembros del Consejo, pregunta:

- Neji, ¿qué pasa con lo ojos de Hinata-chan si me niego a ser parte del clan?

Los miembros del concejo se ofenden con la actitud del rubio, quien sólo los ignora (sin considerar que además la pregunta lleva implícita la intención de rechazar un ofrecimiento inigualable). Neji, sin embargo, sólo responde:

- Los ojos son suyos, si los quiere, Uzumaki-san. Fueron la dote entregada por mi prima y usted puede disponer de ellos como quiera.

- ¿Y si elijo no conservarlos?

- Se continuará y se hará con ellos como había sido planeado.

Naruto recuerda la conversación entre su sensei y el padre de Ino, mientras piensa unos segundos. Hiashi recupera un poco la serenidad, creyendo que el jounin rubio hará lo correcto y renunciará a los ojos de su hija muerta, pero esa esperanza muere ante las palabras de Naruto.

- Los conservaré, ¿qué tengo que hacer?

Al ver el rostro de su ahora suegro puede darse cuenta de una sombra de decepción, oculta tras una mascara de frialdad que ha adoptado ante el hecho consumado, al que no puede ya oponerse. Naruto siente, a pesar de todo lo que a pasado, que aquel hombre necesita una explicación:

- Lamento que no comparta mi decisión ni sea capaz de aceptarme como persona y miembro de su familia, Hiashi-sama. No pretendo ocupar en su casa un lugar que sé no merezco, pero he elegido aceptar la voluntad de su hija y cumplirla, aún cuando una parte de mi quiera simplemente negar todo y desaparecer. He aprendido a conocer y querer a Hinata-chan, por lo que he elegido confiar en su buen juicio, y pienso que usted debería hacer lo mismo, por respeto a su memoria y el amor que sé debe haberle tenido…

Pero Hiashi no muda su actitud: es insensible a las palabras del rubio. Resignado, Naruto expresa su voluntad de rechazar el derecho que le corresponde como esposo de Hinata, resignando cualquier posibilidad de convertirse él en heredero del liderazgo del clan y solicitando se confirme a Hanabi como la heredera. Molestos, los miembros del Consejo Hyuga hacen traer la caja negra que contiene los ojos de Hinata, una vez llega expresan su aceptación a la renuncia emitida y se retiran del salón, dejando al rubio con el padre y el primo de su difunta esposa.

Neji comienza a explicar:

- Naruto-sama, esta urna de madera contiene los ojos de Hinata-sama, su luz. Eso los vuelve sagrados para todos aquellos que formamos su familia: comprenda y honre eso cada día de su vida -Naruto asiente respetuosamente-. En este momento sólo tiene un sellado simple, para evitar que la misma se abra accidentalmente.

Neji realiza una serie de cinco sellos con sus manos, y volcando su chakra sobre la urna, ésta se abre: dentro, en una cajita de cristal, colocado uno al lado de otro, los dos ojos depositados, fijos gracias a endiduras en el cristal que los guarnece. A pesar de todo, Naruto no puede evitar pensar que se ven hermosos, como dos perlas brillantes y perfectas. Neji continúa, mientras Hiashi sólo mira la exhibición de lo que una vez formó parte de la mirada más inocente de todas, reducidas ahora a meros objetos decorativos. La pena embarga al padre de una hija ahora ausente…

La primera noticia que tuvo fue a media tarde, a unos cincuenta kilómetros de la aldea, mientras su comitiva descansaba para comer y retomar luego el viaje. Se habían atrasado en su planificación original: Hanabi había insistido en llevarle unos vestidos de regalo a su hermana, lo que su padre consideraba un gasto inútil pues su hija mayor siempre vestía kimonos cuando no se encontraba de servicio (simpre tradicional en sus gustos, al igual que su padre), pero su hija menor lo convenció haciéndole ver que aunque no los usara siempre recibía ese tipo de regalos con una sonrisa. Y a Hyuga Hiashi le gustaba ver esa sonrisa, aunque no lo demostrara.

La noticia era que hace algunas horas se había declarado un ataque a la aldea escondida entre las hojas. Hablaban de un grupo de ninjas desconocidos, que aunque poco numerosos estaban provocando destrozos de consideración en las edificaciones de la aldea, por lo que la líder de la misma había enviado mensajeros a los alrededores para advertir a los viajeros que se mantuviesen lejos de la misma hasta que fuesen avisados que la situación volvía a ser segura. Un ligero momento de preocupación en la mente del padre respecto de la seguridad de su hija fue descartado rápidamente: además de su escolta había muchos ninjas del clan en la villa que podrían protegerla en caso de necesitarse; su guardián, Neji, debería haber llegado con su equipo de regreso a la misma, según le comentó al salir en su última misión y por la planificación de la misma; y, por último, Hinata ya era bastante fuerte como para protegerse de cualquier ninja lo suficientemente idiota como para formar parte de un grupo que pretendiera atacar una aldea oculta y lo suficientemente lista para evitar aquellos enemigos superiores a su propia fuerza. O sea, confiaba en que ella sabría cuidarse.

Sólo veinte minutos después de retomado su viaje, se cruzaron con un mensajero de su propia aldea: un chunnin, sucio y cansado, que corría solitario en dirección a la frontera con el País de las Olas. Uno de sus guardias le dio alcance, a fin de poder informar a su líder el motivo de la urgencia. Las noticias eran de una gravedad inconcebible: los atacantes eran miembros de Akatsuki, tal vez ocho o diez de ellos; su líder había lanzado un ataque devastador sobre la aldea, que había sido completamente destruída. Los muertos se contaban por miles, incluyendo muchos de los ninjas más fuertes de la aldea, entre ellos la Hokage. El mensajero, al igual que otros, había sido enviado a reunir a las patrullas fronterizas y a los ninjas en misión que encontrara, a fin de preparar un contrataque y retomar la aldea. Lo último sabido era que el portador del Kyubi había llegado apenas y los enfrentaba con el apoyo de un grupo de sapos gigantescos, pero probablemente sería incapaz de ganar esa batalla.

Hiashi ordenó a la comitiva correr en dirección a la aldea, abandonando toda su impedimenta para acelerar el paso y llegar lo antes posible. Su preocupación eran su clan y su heredera: si las noticias eran ciertas, lo más seguro era que muchas vidas del clan se hubiesen perdido y que Hinata hubiese sido herida, pero confiaba en que no caería sin que muchos otros se interpusieran entre ella y cualquiera que pretendiese dañarla. No por temor al padre, sino por amor a la hija, los ninjas del clan Hyuga harían todo lo posible por mantenerla a salvo. Y eso último se lo repetía a si mismo con cada paso que lo acercaba al lugar de la catástrofe.

A tan sólo cinco kilómetros de la aldea pudieron contemplar el reguero de destrucción de la batalla entre el Kyubi y el líder de Akatsuki, Pain. Los bosques destruidos, los cuerpos de los sapos derribados y una nube de humo y polvo que se levantaba a la distancia, sobre Konoha. Temeroso, Hiashi activó su byakugan y se concentró. Por siete minutos y medio estuvo escudriñando cientos de rostros, todos ellos vivos, algunos heridos, la mayoría cansados; con cada nuevo rostro vivo sentía renacer la esperanza de que todo estuviese bien, que lo único perdido fuese la aldea, pero que todos hubiesen sobrevivido. Parecía posible un milagro.

Hasta que la vió.

Su cuerpo inmóvil, sostenida en brazos por ese muchacho rubio, el mismo que su hija admiraba, el mismo que se había enfrentado a Neji el día que le reveló la verdad acerca de su hermano, el discípulo de Jiraiya de los Sannin. Y su byakugan pudo verlo claramente, porque el cuerpo de su hija, ya sin vida, no mostraba señal alguna de su cálido chakra. Y recordó a su esposa muerta, y a su hermano muerto. Y maldijo sus ojos, que mataban su esperanza cuando ella estaba todavía tan lejos, ahora realmente inalcanzable.

No dijo nada, sólo se sentó a esperar. Hanabi le preguntó porqué no seguían, pero él nada dijo. Sus subordinados simplemente obedecieron, quedándose allí, con él.

Neji llegó cuando ya se había hecho de noche, sólo. En cortas palabras le relató lo sucedido, y la noticia de su heredera muerta, a quien él no había visto más que con su propio byakugan, igual que su tío, sin atreverse luego a acercarse. Hiashi, a solas, le preguntó porqué no había corrido al lado de su cuerpo; su sobrino le respondió: "no creí ser digno de llorarla antes que usted, tío".

El camino a la aldea fue lento. Hanabi se había desmayado de la impresión; eso le sirvió como excusa al padre para avanzar con lentitud, para apartarse unos metros del grupo a mascullar su dolor en silencio, para abrasarse con su sobrino, lejos de la vista de todos, como nunca lo había hecho.

Llegaron pasadas las once de la noche. La heredera se encontraba sola, en una tienda sencilla. Afuera, la que fue su tutora con su bebé en brazos, llorando, acompañada del Aburame que era su compañero de equipo, junto a unas cuantas sirvientas de la familia secundaria, que se lamentaban por la pérdida de sus esperanzas. Entró sólo a la tienda, y allí la abrazó por largos minutos, en silencio, mientras unas pocas lágrimas caían de su rostro, porque esas solas quedaban de todas las derramadas aquel momento en que la había visto, a lo lejos.

Hizo que despertaran a su hija menor, para que pudiese verla. Ordenó que le contaran con detalle lo ocurrido. Un sirviente se acercó con la información solicitada, mientras veía a Ko platicar, aparte, con su sobrino. Dispuso la limpiaran y le quitaran esa ropa manchada de sangre, mientras disponía lo necesario para su sepultura. Se haría rápido, no soportaba tener que ver ese cuerpo por mucho más tiempo.

Ver a Uzumaki Naruto, cuando se dirigía a preparar todo lo referente a su hija, lo conmocionó. No esperaba encontrárselo tan luego, no luego de lo que le habían informado. Envió a Neji a hablar con Kakashi, pidiéndole que tratase de alejar al rubio de su presencia, pero su sobrino no lo consiguió. Y la mención de la palabra "héroe" para referirse al responsable de la muerte de su querida hija sólo consiguió enfurecerlo más: no pudo evitar tratarlo con desprecio. Era eso o atacarlo, y no deseaba deshonrar la memoria de Hinata.

La madrugada se le hizo eterna, es ese salón que había sido levantado con la ayuda del anbu del elemento madera. No había fuego en el lugar, sólo unas velas que habían iluminado el cuarto mientras las ancianas del clan realizaban la ceremonia de extracción de los ojos de su hija: se negaba a entregar ese cuerpo a las llamas. Recibió las dos lumbreras blancas en sus manos y las atesoró, como no había podido hacerlo en vida con la dueña de las mismas.

El funeral fue corto y sin mayor lujo; comprendía que luego de tanta destrucción sería mal visto lo contrario. Vistió lo mejor que pudo su armadura emocional, consiente de la obligación de mantener la imagen de respetabilidad del clan y de él mismo ante todos.

La despedida del cuerpo de su hija fue rápida. Su propósito siempre fue simplemente acercarse al ataúd y dedicarle una ligera reverencia, como se despide a quienes han cumplido su misión para con su aldea y su familia, sin lamentaciones, sino con orgullo por el deber cumplido. Pero la vista de su rostro sereno, el que ya no vería más nunca, fue más fuerte: puso su mano sobre el pecho de su amada hija, para tocarla por una última vez, mientras cerraba los ojos y le decía, sólo moviendo sus labios: "te amo, hija mía, como amaba a tu madre, como amo a tu hermana. Por favor, descansa en paz y dile a tu madre que ansío encontrarme con ambas allí, donde quiera que se encuentren..."

Neji le explica a Naruto que, hasta que decida qué hará finalmente con esos ojos, la caja los mantendrá inalterables, protegido por un sello de tres por tres: tres elementos conjurados por tres personas, los allí presentes. El primer selló, el del padre, permitirá a la urna permanecer inalterable; el segundo, el del sirviente, evitará su robo, destruyendo los ojos en caso de que ello aconteciera; el tercero, el del esposo, permitirá que sólo él abra la caja para disponer de su contenido. Luego de la explicación, llama a Hiashi para que encabece la operación; mientras aquel se acerca a ambos Neji le explica al rubio los sellos que debe realizar para completar el proceso.

Cuando el proceso finalmente se completa, Hiashi, sin despedirse, se levanta y se marcha del salón. Desde la puerta, le deja un último recado a Naruto:

- Tú, no vuelvas a presentarte ante mí o a pisar los sagrados terrenos de este complejo, porque el día que lo hagas te mataré sin más, y poco me importa lo que pase luego o lo que puedan opinar los líderes de la aldea, o los otros miembros de este clan, o cualquier otra maldita persona sobre la faz de la Tierra…

Neji se disculpa por el exabrupto de su tío y líder, pero Naruto le hace ver que comprende la rabia que tiene Hiashi en su contra. Entonces Neji le pregunta porqué insiste en conservar los ojos de su prima, si sabe lo que eso provoca en el ánimo de su tío, a lo que el portador del Kyubi responde: "hace poco una persona me hizo una oferta similar y le rechacé. Fui arrogante, pensando que mi fuerza bastaba para cualquier cosa que quisiera conseguir. Luego, pasó lo de Hinata-chan y me di cuenta que tal vez si no hubiese rechazado esa propuesta podría haber arreglado todo. Ahora, si ella se esforzó tanto en dejarme esto, aún a costa de su buen nombre y reputación, no volveré a actuar igual y simplemente desechar sus esfuerzos. Espero nunca necesitar de su regalo, pero si llega a hacerme falta no quiero volver a saber que pude haber contado con ellos y simplemente los dejé ir como un bobo".

Por último, Naruto le solicitó al Hyuga, humildemente, que fuese él quien guardase esos ojos, al menos mientras completaba la misión que se había autoimpuesto. Neji aceptó honrado su encargo y se comprometió a que, si alguna vez necesitaba esos ojos, vería la forma de que llegasen donde él se encontrara, sin importar los esfuerzos necesarios para ello.

Al salir del salón, una sirviente le entregó su mochila, la que se puso para poder irse de una vez de allí.

Cuando iba saliendo de los terrenos hyuga, Neji le alcanzó para consultarle algo:

- Naruto-san, el consejo del clan me ha autorizado a hacer pública la noticia de su unión con Hinata-sama y Kakashi-dono se encuentra esperando noticias del resultado de esta reunión, ¿qué desea que haga?

- Dile a Kakashi-sensei todo lo ocurrido aquí, y explícale que deseo que se haga público tanto mi boda con Hianata-chan como la identidad de mis padres. No puedo permitir que crean que ella se casó con un don nadie. Pero dile que por favor no diga nada hasta mañana, para que me de tiempo de alejarme de la villa antes de que cualquiera de nuestros compañeros trate de matarme. Ah, y discúlpame con la pequeña Hanabi por todo, trata de hacer que comprenda.

- ¡Hai, Naruto-sama!

- Sólo Naruto, primo.

Y habiendo dicho eso último, emprendió la carrera.


A medio camino entre los terrenos hyuga y la puerta sur de la aldea se encontró con Konohamaru y sus compañeros de equipo, todos montados sobre Akamaru. El nieto del Tercero le hizo señas para que le esperara, mientras descendía del ninken de Kiba y le pedía a sus amigos que lo esperaran.

- Naruto-niichan, ¿ya te vas, cierto?

- Si, ahora parto fuera de la aldea.

- Cuídate mucho, prometo que mientras tanto me haré mucho más fuerte.

- Claro, pero no descuides a tus amigos, no querrás tener que salir a buscarlos como yo lo hago ahora…

- ¿Volverás pronto?

- No lo creo, Konohamaru.

- (mostrando cierta tristeza, el gennin continúa) Supongo que te irás como todos.

- ¿Todos?

- Abuelito, tío Asuma, la hermana de Hanabi.

- ¡Hey, no me mates todavía, mocoso! Mira, te prometo que volveré para llevarte a un viaje de entrenamiento apenas pueda.

- ¿Como el que hiciste con Jiraiya-ojii?

- ¡Aún mejor que ese, dattebayo!

- ¡Genial, kore! No vayas a olvidarte, eh.

- Nunca olvido mis promesas.

Abraza a Konohamaru, levantándolo del suelo para luego desvanecerse en una explosión de humo. El muchacho cae el suelo, y, emocionado, grita a viva voz, esperando que el rubio lo escuche:

¡MANTENDRÉ VIVA TU MEMORIA, NII-CHAN! ¡TODOS CONOCERÁN EL OIROKE NO JUTSU! ¡ES UNA PROMESA, KORE!

Naruto, que lo escucha escondido a una decena de metros, sólo sonríe.


Al atravesar la puerta observa sorprendido que los guardias de las mismas no están presentes. Mientras los busca con la mirada, escucha una voz femenina.

- No te agotes buscando, yo les pedí que se fueran.

Naruto voltea a ver en dirección a la aldea. Allí, en la puerta, se encuentra Sakura, vestida con el uniforme ninja reglamentario, su protector ninja en el brazo y una cinta roja sujetando su cabello.

- Siento no estar mejor presentada para la ocasión, pero con todo lo que ha pasado es lo único limpio que pude conseguir para verte.

- ¿Y el vestido que usaste en el funeral de Hinata-chan?

- Un préstamo de Ino, tuve que devolvérselo de inmediato.

- Entiendo.

.

.

.

- Entonces te vas nuevamente, Naruto.

- Creí que ya lo sabías.

- Sensei me lo dijo, pero no pensé que simplemente te largaras y nos dejaras con todo este desastre.

- Mi ida pretende evitar que algo así vuelva a ocurrir en el futuro.

- Y simplemente me dejas, verdad.

- Los dejo a todos.

- Pero esos todos no son tu compañera de la infancia, ni tu amiga intima… ni el amor de tu vida.

- No lo digas así, suena ridículo, ahora lo sé.

- Yo no le veo nada de ridículo, Naruto…

La kunoichi se acerca al rubio, quien comienza a ponerse nervioso. Trata de retroceder, pero ella toma su chaqueta con ambas manos, mientras apoya su cabeza al pecho del rubio, con la cabeza gacha, nerviosa. Habla con suavidad:

- Naruto-kun, sé que no soy quien para pretender algo de ti, no después de todo lo que me has dado…

- Somos amigos, es natural que me preocupe por ti y trate de ayudarte en todo (responde nervioso).

- Tal vez, pero he llegado a creer que somos mucho más que eso, que podemos ser mucho más que eso…

- No entiendo.

- Claro que entiendes, Naruto…

La pelirrosa levanta la mirada, mirando al rubio directamente a los ojos, esperanzada. Naruto sólo se queda inmóvil, pero tampoco trata de alejarse; tal vez aún tiene una pequeña oportunidad de hacerlo desistir, de retenerlo en la aldea, a su lado, seguro…

- Ne, Naruto-kun, respondeme…

- No se a qué te refieres, Sakura-chan…

- ¿Si te dijera que te amo, te quedarías a mi lado, por siempre?

- Sakura-chan…

- Te amo, Naruto-kun… por favor… no… me… dejes…

Sakura se acerca con suavidad, mientras marca cada una de sus palabras con un suspiro seductor, y al terminar la frase besa los labios del rubio, con dulzura. Naruto siente el deseo en los labios de la pelirrosa, el objeto de su deseo, y corresponde al beso, poniendo su mano derecha en su espalda, como queriendo retenerla junto a él. Pero algo falta.

Recuerda el beso que le dió a Hinata, en la tienda funebre. Recuerda el nerviosismo, su corazón acelerado, la suavidad de esos labios, la tibiesa prestada. Y el beso de Sakura, aunque delicioso, simplemente no es igual.

Y mientras esos labios dulces de flor pugnan por abrirse paso, segundo a segundo, a su corazón, Naruto piensa, y recuerda el motivo, reconoce la diferencia entre ambos besos: los sentimientos, las palabras. Ya ha conocido el verdadero amor, lo ha visto y palpado, vestido en un traje de piel blanca como la nieve, suave y fragante, pelo azulado y dulces ojos perlados, y el jade y rosa que se le ofrece ahora sin restricciones simplemente no se le puede comparar, ya no.

Naruto aparta su brazo de la espalda de su amiga y despega sus labios de los de ella, soltándose. Luego, se gira, dándole la espalda, y sin mirarla le dice:

- Lo siento. Te prometo que traeré a Sasuke muy pronto. Despídeme de Yamato-taicho y de Sai. Por favor, cuando Obaa-chan se recupere, manda a avisarme con Kakashi-sensei, él sabrá como ubicarme. También dile a Obaa-chan que le agradezca a su invocación de mi parte por guardar en secreto lo que pasó con Pain, ella sabrá a qué me refiero.

- ¿Te refieres a Katsuyu-sama? -contesta Sakura, con la voz quebrada-

- Si, la babosa.

- Yo le daré tu recado. Buena suerte y cuidate, Naruto.

- Gracias por todo, Sakura. Adiós.

Naruto, sin voltear a verla en ningún momento, se aleja corriendo de la aldea, dejando a la pelirrosa finalmente sola.

Sakura ve a Naruto alejarse, mientras se muerde su labio inferior, haciéndolo sangrar. Cuando ya no hay señas de su compañero de equipo, coge un poco de su sangre con su pulgar, juntando una mínima cantidad de chakra, procurando no puedan percibirla; luego de realizar los sellos necesarios, golpea sus manos en el suelo, conjurando:

- ¡Kuchiyose no jutsu!

La explosión de humo es pequeña, casi imperceptible. Se ella, surge una pequeña babosa del tamaño de un pulgar. La pelirrosa la levanta en su palma, acercándola a su rostro para que pueda escucharla.

- Siento invocarla de esta forma, Katsuyu-sama, pero quería evitar que alguien se percatara de su venida.

- No hay problema, Sakura-san, dime en qué puedo serte útil.

- Naruto me ha pedido le de las gracias por mantener en secreto lo ocurrido durante la pelea con Pain.

- Sabes que no deberías agradecerme por ello, siendo que te conté todo lo que había ocurrido con esa muchacha, incluso lo que le dijo al joven Naruto-san mientras trataba de defenderlo.

- Sé que no se enojaría por eso con usted, cuando fuí yo quien insistió en que me dijera todo.

- Pero yo acepté decírtelo, pensé que necesitaría tu ayuda después de ver morir a esa jovencita, sobre todo luego de su declaración.

- Se que lo hizo para que lo ayudara, pero lamento decirle que no pude hacer nada.

- ¿Acaso se enteró que sabías y se enojó contigo? ¿Por eso estás llorando?

- No, simplemente ya no soy quien puede ayudarlo. Me he vuelto nada para él.

Katsuyu se aproximó al hombro de Sakura, cerca de su cuello, y emitió un chakra cálido y confortable, a fin de que se sintiera mejor. Luego, desapareció, dejando a la joven allí, sola.

Al minuto, la pelirrosa decidió volver al hospital de campaña, donde le esperaba su maestra, aún inconciente.


Naruto corrió unos diez minutos hasta que se adentró en el bosque que rodeaba Konoha, lejos de la vista de todos. Más tranquilo, decide realizar el jutsu de invocación, trayendo a Gamakishi desde el Monte Myoboku.

- No dejaste pasar nada de tiempo, eh, Naruto, ¿qué es lo que quieres ahora?

- Necesito ir al monte de los sapos para reunirme con Fukasaku-ojii o con el Gran Sabio Sapo, necesito sus consejos.

- ¿Y entonces porqué no convocaste a alguno de ellos en vez de estar molestándome?

- (irritado, Naruto responde) ¡Porque no sé convocarlos, nunca lo he hecho, sapo inútil!

- ¡No te pongas rabioso conmigo, enano!

- ¡Sólo eres un poco más grande que yo, rana sobrealimentada!

- ¿Y para qué quieres a un inútil, ah?

- Necesito que usen la invocación inversa para llegar al monte de los sapos y sólo ellos pueden hacerla, pero no se me ocurrió otra forma de contactar a Fukasaku-gama que no fuera a través de ti.

- Pero si lo que quieres es ir con ellos tengo un método mucho más rápido.

Sin mediar aviso, el sapo convocado desenrolla su larga y pegajosa lengua, sujetando a Naruto con ella para luego, sin el menor cuidado, tragarlo, con todo y mochila. Mientras el jounin rubio trata de salir de la boca de Gamakichi, éste lo empuja con sus patas delanteras hasta el fondo de su estómago, para luego desaparecer con su más reciente comida en una nube de humo, rumbo al territorio sagrado de los sapos practicantes del senjutsu.

Han pasado veinticuatro horas desde la muerte de Hinata, y Naruto abandona su aldea, sin saber cuando podrá volver a verla. Cae el atardecer.


En la guarida de Akatsuki, Zetsu informa a su líder:

- El clon que tenía vigilando al jinchuriki del nueve colas me acaba de informar que su objetivo ha salido de Konoha con rumbo al Monte Myoboku.

- Eso significa que se ha colocado fuera de nuestro alcance, al menos por ahora.

- Podríamos volver a atacar Konoha, funcionó para atraerlo la primera vez.

- No es necesario, ahora tenemos algo mucho mejor y que nos evitará tener que enfrentarnos a todos los ninjas de esa aldea.

- ¿Que cosa, Madara-sama?

- Al joven Sasuke-kun. Uzumaki Naruto no podrá resistir venir por él.

- Si usted lo piensa así…

- Mejor dime si hay novedades con las otras tareas.

- Konan no ha vuelto a Amegakure, posiblemente ya no lo haga.

- Lo supuse, fuera de Nagato no había nada que realmente le importase.

- ¿Pretende atacar la aldea de la lluvia para causar confusión y que no puedan intervenir en la próxima fase de su plan?

- Ya no, primero debo concentrar mi fuerza y recuperar esos ojos.

- Ese rinnegan podría ser reemplazado, tal vez recurriendo al discípulo de Orochimaru, él debe conocer el secreto del Edo Tensei.

- Pero Nagato no era el dueño original de esos ojos, si lo revivimos con ese método no servirá de nada.

- Me refería a usar la técnica prohibida para revivirlo a él, sin tener que recurrir al rinnegan de Pain.

- Por lo que tu maestro me dijo eso no serviría para su propósito, además que no pretendo asumir el riesgo de que el discípulo de esa serpiente pueda tenerlo bajo su control.

- Seguiré buscando a la desertora entonces.

- Bien, ¿y lo del Hachibi?

- También continúa perdido, Kisame espera instrucciones para proceder.

- Dile que espere a que aparezca, una bestia como esa no puede ocultarse indefinidamente.

- Mis clones en Kumo me han comunicado que el Raikage ha decidido involucrar a las demás naciones ninja en la búsqueda del Hachibi, incluso solicitando que Uchiha Sasuke sea ingresado al libro bingo. Ha solicitado una reunión de los cinco grandes Kages en terriorio neutral, en el País del Hierro, para tratar el asunto del "renegado Uchiha". Si lo desea, señor, puedo neutralizar a sus mensajeros para ganar tiempo mientras capturamos a las bestias que nos faltan.

- No, déjalos hacer lo que quieran a esos idiotas kages ignorantes.

- La inclusión de Sasuke en el libro bingo limitará enormemente sus movimientos, nos resultaría inútil como agente de infiltración.

- No importa, tengo un plan para proceder con los kages. Voy a utilizarlos para mis propios fines.

- Le deseo suerte, Madara-sama.

.

.

.

- Sabes, detesto que tú, que sabes toda la verdad, sigas usando ese nombre para referirte a mi.

- Hay que mantener las apariencias…

- Pero no cuando estamos en privado, Zetsu.

- Supongo que tienes razón, Obito…


Notas del autor:

Bien, con este capítulo terminamos la pequeña introducción del presente fanfic. Y recalco lo de pequeña, en relación a lo que tengo planificado para la obra.

Planeo entre cuatro y cinco grandes arcos, todos relacionados con la historia original. Mis referencias son, en orden: manga, capítulos de Shippuden hasta el principio de la cuarta guerra shinobi y la pelicula The Last. Y no es que pretenda ser purista, es simplemente que no he visto más de la serie (nunca tuve la oportunidad de ver el capitulo del relleno de Naruto de Hinata bailando desnuda en la fuente, cada vez que lo busco encuentro puros pedazos cortados o amv, y así con lo demás), tampoco me he leído las novelas post-final cuarta guerra, asi que no se sorprendan si no hay referencias a ese contenido en mi historia.

Siento que los capítulos fuesen tan lentos, con uno o dos eventos significativos por cada uno, pero tengo el hábito (que atribuyo a mi formación académica) de fundamentar al detalle todo lo que sucede, buscando evitar el que alguien venga a cuestionar porqué pasan las cosas que pasan. Pero prometo que ahora pasarán más cosas por cada capítulo… porque ahora serán mucho más largos, muajajajaja!

Originalmente la introducción se basa en tres eventos principales: el luto de Naruto, el funeral de Hinata y la reunión con los Hyuga, pero fui incapaz de simplemente abandonar al resto de los personajes sin darles alguna participación, sobre todo considerando que muchos de ellos tal vez no vuelva a aparecer en la historia.

Se supone que los tres últimos capítulos iban a ser uno mismo, pero mi deseo de mantenerlos limitados a un promedio de 10 paginas (editor de texto) me hizo cortarlos al rondar ese número. Y el último simplemente se arrancó.

Me disculpo por los errores de tipeo en palabras (letras o sílabas incorrectas o de más), pero el editor contratado (quien les habla) resultó ser un inútil. Probablemente, si algún día termino este engendro, resubiré los capítulos corregidos y limpiados. Tampoco pondré títulos a cada capitulo, prefiero mantener el suspenso de su contenido al máximo posible.

Estimo al menos 1 capítulo semanal, meta personal que trataré de cumplir.

Gracias a los lectores y a quienes han dejado hasta el momento de esta publicación los siete reviews que alimentan mi ego fanfiquero. Sólo un alcance, sobre lo puesto por aniota21: el rate M es porque la historia va dirigida a mayores de 16 años, asi que no esperen ver lemon salvaje o gore indiscriminado; seguramente habrá alguna mano cercenada o algún cachete (del trasero) al aire, pero dudo que llegue más allá de eso.

Respecto a la muerte de Hinata, un alcance: personalmente me encanta Hinata, la adoro, es mi waifu predilecta, pero considero que Kishimoto se farreó la historia desde que se arrepintió (o dejó convencer) de matarla en la pelea con Pain. Si lanzas a un personaje a una pelea sin oportunidad alguna de vencer, sólo puede ser para: a) darle la oportunidad al protagonista para que se reaccione y enfrenten al enemigo juntos, logrando lo que el héroe no pudo hacer sólo; b) darle un power-up al personaje de apoyo, que sin volverlo más fuerte que el protagonista, le de una ventaje crucial sobre el enemigo para poder vencerlo y salvar la situación; o, c) Sacrificar a tu personaje de apoyo, a fin de lograr un despertar del heroe y ayudarlo a vencer y, además, darle un ejemplo para el futuro. Cuando vi (leí) la escena original sinceramente pensé que era el tercer caso, la confesión de Hinata me lo confirmó todo: era su perfecta despedida y le daría a Naruto la oportunidad de centrarse, dotándolo de la inspiración y motivación necesarias para seguir adelante. Pero viene Kishimoto y, oh, Hinata no ha muerto, sino que el asesino Pain ni siquiera le ha pegado en un punto vital, que todo lo dicho sobre enseñarle a Naruto el verdadero dolor era palabrería y que a la pobre la curan en dos minutos, un poquito de chakra y pa' la casa. Y la confesión, ese momento épico naruhina… hagamos como que no ha pasado nada. Por momentos, le concedí al autor el beneficio de la duda, pensé que al llegar el momento culmine de la historia nos iba a mostrar algún flashback con la respuesta de Naruto, tal ves alguna cita, algunas palabras tiernas, y si se nos daba el milagro un beso que confirmara sus mutuos sentimientos, pero nada de nada de nada, y nos tuvimos que conformar con una escena post-créditos (en forma de capítulo, con una Hinata supuestamente embarazada de su tercer hijo que no llegó a nada) y una película regular, que nos vino a confirmar que no pasó nada de nada de nada en dos años y pico, y que si no aparece un extraño a robarse a nuestra princesa no hubiese pasado nada (y que, para mayor remate, me dejó con la sensación que el gran amor entre Naruto y Hinata fue, al menos de parte del primero, una mezcla de deseo y culpa por los recuerdos del pasado).

Siento el tratado, pero haré estas locura sólo al término de cada arco, a fin de no arruinarles la historia con interrupciones inútiles. Nos vemos.

P.D. no se preocupen por la falta de Hinata, hay un montón de formas de como poder volver a meterla en la historia (resurrección, como zombie, universos paralelos, realidades alternas, genjutsu, viajes en el tiempo, clonaciones, reencarnación, posesión de cuerpos, que la muerta no sea la Hinata real sino una idéntica venida de otro mundo justo en el momento de su muerte, y que la real se encuentre en ese otro mundo y que Naruto vaya allí sin saberlo y la salve y traiga de vuelta -hey, si se lo aceptaron al de Fairy Tail con Lisanna demás que cuela en un simple fanfic-). Como leí por allí: no me comprometo a hacerlo bonito, sólo prometo tratar de hacerlo interesante.