NA: You can't stop my voicee you don't own my life but doooo what you want…What you want my body ( ya me estoy inventando la letra creo) Whatever what a shitty life I have… sooooo Estoy escribiendo otra mierda de este estilo así que este fanfic… No lo voy a abandonar, pero me lo voy a tomar con calma y esas cosas.
Tras dos horas mirando al cielo con aquellos binoculares y no haber visto más que cuarto nubes, Vriska se hartó. ¿Cómo iban a ver ningún pájaro? Estaban ya en invierno, si quedaba alguno estaba enfermo, a punto de morir y oculto entre las ramas de uno de aquellos pinos rojos. Además había zonas de aquel condenado parque natural en el que la nieve le llegaba casi hasta la cintura, se preguntaba por qué diablos no habían ido a esquiar en vez de buscar animalillos en el cielo de forma absurda.
La chica dejó los binoculares junto a un árbol cercano y se acercó a orilla del lago. Lejos de ver sus cristalinas aguas, gran parte de este estaba helado. Vriska colocó su pie izquierdo sobre el hielo, parecía consistente y después de todo no había nadie mirando así que podía hacer un poco el idiota. Posó sus dos pies sobre el lago helado y empezó a deslizarse sobre este poco a poco. La sensación del viento frio chocando sobre su cara y la pequeña velocidad que podía alcanzar le hacía sentir bien. Era curioso como aquella sensación de inestabilidad que le decía que en cualquier momento podía perder el control y caerse lograba hacerla sentir verdaderamente libre.
Cuando ya llevaba un rato, enajenada del mundo y absorta en colocar los pies del modo adecuado, un ruido la sobresaltó. La morena se giró sobre sí misma, en dirección a aquel sonido y vio a John, sentado sobre la nieve junto a los prismáticos que ella misma había dejado allí tirados. La llevaba mirando un buen rato, pero no se había percatado.
Vriska patinó hasta la orilla del lago, para luego acercarse a él despacio.
— ¿Te parece bonito irte por ahí sin esperarme? —dijo ella con cierto desdén en su tono mientras se sentaba a su lado y tomaba los prismáticos en sus manos.
— ¿Estás enfadada? — preguntó con John, suponía que aquello podía haberla molestado aún que no acababa de entenderlo.
— En realidad no, pero es un poco molesto — dijo ella mirando a través de los binoculares las nubes sin ver nada realmente. — Ya sabes, no es que yo no pueda hacer esto sola, porque se me da bien, pero me apetecía que me ayudaras…
—Ya, tal vez deberías haber ido hacia el noreste— contestó él tomando los binoculares y adaptando las ruedecillas de los aumentos, no iba a decirle que los había usado mal. —Estamos justo encima de la ciudad de Green bay, y a los pájaros no les gusta mucho la industria.
— ¿No estarás insinuado qué no sé lo que hago? — dijo Vriska algo sonrojada, pero con voz segura.
John sonrió a la par que negaba con la cabeza, sabía que no iba a aceptar que no tenía ni idea y en parte aquello le gustaba mucho de ella. La morena apoyó su cabeza sobre el hombro del chico, haciendo que él se pusiera nervioso. Si era cierto lo que había dicho Terezi, que a John le gustaba, aquello le daba una tregua para eludir sus pequeños errores de cálculo en lo que a avistar aves se refería.
Se quedaron en silencio unos instantes cuando una cría de liebre pasó ante sus ojos. Era menuda, con los ojos castaños y un fino pelaje pardo. Sus movimientos eran algo torpes, como si se hubiera perdido, de golpe se paró frente a ellos. El animalillo se posó sobre sus patas traseras y empezó a asearse las orejas, casi como si el hecho de que Vriska y John se encontraran mirándolo le diera la protección que en realidad no tenía.
—¡Oh! Has visto que cosa tan mona —dijo de golpe la chica asustando al animal que salió corriendo.
—Pero si solo es un conejo — contestó John imitando la voz de Vriska cuando le había dicho que avistar aves era algo muy simple. En el fondo también le había gustado la imagen, pero quería intentar irritarla un poco.
—Oh, vamos John, yo me abro a ti ¿y tú me contestas eso con rencor?— Vriska levantó la mirada y posó sus ojos en los de él. Le había dicho a Terezi que no tenía intención de enrollarse con él, pero lo cierto era que John se le antojaba como uno de esos errores de los que merecía la pena cometer. Ya se arrepentiría más tarde, no tenía muchas ganas de pensar. La chica se humedeció los labios y sonrió sugerente mordiéndose el labio inferior despacio, casi como si no fuera voluntario.
John repasaba los ojos azules de Vriska en aquel instante que parecía eterno. Era un ahora o nunca, y aquello suponía tomar una decisión contundente. Su mente era un torbellino de ideas confusas, una contradicción tras otra con un sinfín de razonamientos inconexos. Finalmente se decidió, deslizó su mano por la mejilla de Vriska y la hundió en su pelo a la par que entornaba sus ojos y se aceraba a ella. La chica entreabrió la boca acercándose a él y acariciando su mano, notando la saliva caliente de John en su boca al paso de su lengua sobre la de ella, para luego morderle ligeramente los labios.
Vriska alargó la mano y bajó la cremallera del abrigo de John, acariciando su torso por encima de la camiseta. Era fácil no pensar, simplemente dejarse llevar, aunque fuera con John. De golpe él la paró, se separó de sus labios y le apartó la mano con delicadeza.
—Lo siento, Vriska — dijo en un susurro. Se sentía francamente desconsiderado y egoísta, solo había pensado en él al tomar la decisión final de besarla. Para él aquello trascendía más que un simple beso y no podía pedirle aquello a la morena, no cuando hacía tan poco que había roto con Tavros.
— ¿Por qué? — ella lo miraba sorprendida, no le comprendía. En su mente solo cabía que Terezi se había equivocado, que a John no le gustaba ella tanto y en cierto modo le fastidiaba.
— Bueno… — John se levantó del suelo y le dio la espalda a Vriska, se sentía un poco avergonzado —Lo cierto es que no se hacer estas cosas sin involucrarme emocionalmente.
— Entonces yo sería tu primera vez —dijo Vriska con autoridad, mirándole aún sentada sobre la nieve.
—No, no quiero eso — contestó irritado el chico que se fue a paso lento, sin mirar hacia atrás y dejándola sola. Su parte mandona podía llegar a ser demasiado cruel para el gusto del chico.
Vriska le miró alejarse con indiferencia, después de todo le importaba una mierda John, eso es lo que se repetía a sí misma en la cabeza. Sí, no le había importado enrollarse con él, pero era un mero capricho. Si él no quería nada con ella, la verdad era que él se lo perdía.
La morena agarró un palo del suelo y empezó a remover la nieve mientras pensaba en Gamzee, Eridan y todos aquellos seres con los que alguna vez había tenido algún tipo de relación sexual, que después de todo no eran tantos. ¿Por qué la canonizaban como un ser romántico? ¿Es que tenía pinta de princesa de cuento? Que aquello le pasara a alguien como Feferi le parecía normal, después de todo era bonita, dulce y le gustaban aquellas historias cursis con final feliz… Pero ella no era para nada así, se podía describir de un modo más simple, visceral pero al mismo tiempo racional y concisa. No, no era de las que regalaban palabras de amor y esperaban un príncipe azul, ella encajaba más con la reina malvada o el dragón del cuento. Entonces ¿Por qué todos buscaban su idilio amoroso con ella? Incluso Tavros lo había hecho antes de darse cuenta de quién era de verdad y hubiera huido con Jade. Vriska se levantó del suelo tirando aquel palo de madera a un lado. No merecía la pena darle vueltas a aquellas cosas, de un modo indirecto aquello se relacionaba con aquella estúpida pregunta que seguía sin respuesta. "¿Qué quieres tú, Vriska Serket?" "Matarlos a todos y huir a Tijuana"
Tras un largo suspiro y pensar que lo que quería era matar a todos los seres humanos que conocía, para después huir a Tijuana a morir de un coma etílico, la chica empezó a reírse sola. Odiaba aquella sensación de vacío cuando se daba cuenta de que no tenía un objetivo propio, y aquel estúpido de Egbert no le ayudaba nada con sus lloriqueos de "No quiero eso". Vriska andó despacio y con desgana hasta el bungalow, había empezado a ponerse el sol y seguramente los demás estarían a punto de cenar. No quería verles la cara, pero tenía hambre.
Al llegar a la cabaña, Vriska encontró a Terezi y a Dave apoyados en la mesa mientras Kanaya hacía esfuerzos por que le ayudarán a ponerla. La chica un poco agobiada ayudó a la de tez morena, echándolos fuera de la casita y llevando los platos. La verdad es que no tenía ganas de hablar con nadie, de golpe había empezado a sentirse un poco avergonzada y esperaba que John no le contara a nadie que se habían besado. Si se sentía ridícula era porque no respondía para nada a las emociones naturales que debían corresponderle, y a pesar de saberlo no conseguía redireccionar sus impulsos y dejar de sentirse tan azorada. No tenía que ver con el rechazo, porque a fin de cuentas John casi había dicho que ella le gustaba ¿no? No podía considerarse un rechazo al cien por cien.
La cena fue amena, John no le dirigió apenas la palabra y cuando lo hacía era amable. Casi parecía que nada hubiera pasado, como si no se hubiera ido molesto. Finalmente, él marcho a la tienda de campaña, Kanya y Rose se ofrecieron a fregar los platos y Dave y Terezi desaparecieron, así pues Vriska tomó un libro y se estiró en el sofá a leer un rato.
El libro era de historias cortas, la que leyó Vriska iba de como un hombre viajaba en un tren. El tren paraba en todas las estaciones del recorrido y el hombre no bajaba, examinaba desde la ventana a las parejas despedirse, a los revisores tomando los billetes en la entrada de los vagones e incluso a veces en las estaciones solitarias en las que no había ni un alma veía a los gatos tumbados al sol. A mitad de la historia, y sintiendo que el destino era una broma macabra que le mandaba señales inconexas y crueles, Vriska cerró el libro. Se había equivocado, tendría que haberse quedado en el puñetero pueblo y olvidar viajes y tonterías de John. Subió las escaleras con decisión, se iba a ir a dormir y en vez de marcharse con John por la noche del domingo, pillaría el coche hasta Iowa en cuanto despuntara el sol.
La chica abrió la puerta del cuarto donde supuestamente iban a dormir Terezi y ella, la imagen en sus pupilas tampoco es que le traumatizara pero le pareció un chiste. Después de desviarse unas veintisiete millas para tratar de convencerla de que no quería pasar un fin de semana a solas con Dave, Terezi no parecía disgustada para nada de tenerlo a menos de dos pulgadas.
La pelirroja hizo señas a Vriska de que se marchara, al parecer era la única que se había percatado de su presencia. La morena desvió la mirada y se fijó en la caja de preservativos aún precintada sobre la mochila abierta de Terezi. Así que en cierto modo, a pesar del rollo soltado, aquello era un acto premeditado al 100%. Algo irritada y con un poquito de sed de venganza, Vriska agarró la caja y salió de la habitación decidida. No tenía ni idea de donde se suponía que podía ir, pero algo se le ocurriría.
No era mala, pero esperaba que el rubio no llevara ni un puñetero condón y se quedaran con el puñetero calentón hasta que volvieran a casa.
NA: No sé si este capítulo es muy leíble la verdad, e cuesta bastante utilizar la tercera persona y como estoy jodidamente espeso hago saltos temporales del pretérito al presente y buff… Lo he revisado tres veces pero la verdad es que no se si está demasiado bien. No sé a quién me excuso, si alguien lee es porque quiere ¿no? En fin… He tenido un mal día.
