Nota de autor: Siento haber demorado tanto, espero poder tener el próximo capítulo con mucha menos demora.
Espero les guste este capitulo.
No se olviden de comentar =D
Saludos a todos, nos leemos hasta la próxima =)
PD: sakatomo-kirumi está realizando una adaptación de ésta historia, con los personajes de Naruto y Hinata, tiene el mismo título para quien la quiera leer. La adaptación está quedando realmente buena ^^.
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Desde que comencé a amarte
Capitulo siete.
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-Gracias por todos los días… gracias por todas los momentos agradables, creo que para mí ya es suficiente. -Dijo ella con una sonrisa en los labios, los ojos casi cerrados y las mejillas llenas de lágrimas.
-Que estás…
-Lo que dije Li.
Sintió entonces el tacto de los dedos suaves de Sakura sobre su rostro y quiso cerrar los ojos pero ahora… estaba asustado de que ella desapareciese en cualquier momento así que no aparto los ojos de donde estaba.
-Ha sido bueno poder estar así de cerca de la persona que amo.
Sintió que su estómago se estrujaba. Ella era tan…
Por qué había tenido que decirle esas cosas tan hirientes?
Vio cómo se acercaba a su rostro, y ya no pudo mantener sus ojos abiertos por más tiempo por qué la piel de ella, el olor de ella, estaban envolviéndolo de manera rápida y pronto lo harían perder la razón.
Pero aquello que pensó sería un beso en los labios… se dirigió hasta su mejilla y reposó ahí, cándido… dulce, sólo por un segundo.
Cómo había podido siquiera insinuar que ella era una chica fácil, no había podido si quiera besarlo en los labios por su propia cuenta.
-Pero ya es suficiente… para ti y para mi es suficiente.
¡No! No era suficiente… él no tenía suficiente… él no…
Pero entonces, tan pronto había pensado en todo eso ella había desaparecido, entre la oscuridad de su casa, de su habitación.
Por qué… por qué era tan doloso lo que ella le había dicho, por qué tenía que ser tan… triste.
Se echó en la cama nuevamente. Su mejilla aún se sentía cálida.
Antes de que ella llegara su cabeza estaba llena de ideas sobre Takeru pero basto verla ahí… ver su cabello enmarañado, sus hombros amoratados, su rostro magullado para sentirse un idiota nuevamente.
Detestaba sentirse de esa manera, pero detestaba aún más como se sentía en esos momentos, lo detestaba aún más de lo que detestaba todo el entuerto de Takeru.
Se tapó como pudo entre las frazadas, sin siquiera intentar acomodarse para entrar en la cama.
Ahora se daba cuenta de que aún estaba demasiado ebrio para moverse tan rápido. Quizás si no hubiese estado en ese estado, no le hubiese dicho las burradas que le había hecho a Kinomoto, ni la hubiese tocado de esa forma, besado de esa forma y… deseado de esa manera.
Pensando eso y sintiéndose enfermo Morfeo lo atrapó en sus brazos, porque había decidido que quizás, sólo quizás, el muchacho tendido en la cama, con la cabeza torturando su alma, de verdad había perdido esa noche todo lo que le daría cordura en los días que continuaban.
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-Sakura
Esa era la voz de Tomoyo. Por qué quería despertarla tan temprano en día domingo.
-Quiero dormir un poco más… -le dijo mientras volvía a colocar las frazadas sobre su cabeza.
-Que sucede saku?
Sintió como Tomoyo jalaba sus cómodas y tibias cobijas de encima.
-Que sucedió… -Le dijo mientras sacaba los cabellos de su rostro. Había estado llorando durante todo el día sábado, seguramente se veía horrible.
Tomoyo la miró de manera interrogativa, con sus amatistas ojos llenos de preocupación. Ella se merecía una respuesta, había callado todas sus cosas por demasiado tiempo, no quería hacerla sentir excluida de su vida.
-Yo ya no… veré a Li nunca más.
-Pero que… ¿te hizo algo?
Negó con la cabeza. Li… probablemente había dicho más que hecho.
-Creo que él… jamás podría haberme querido de todos modos, soy una tonta ¿verdad?
-Oh no… mi Sakura –Dijo mientras la abrasaba con tono doliente -sólo eres demasiado buena para él
-No lo sé Tomoyo… de todas formas… -se calló enseguida, decirle a Tomoyo lo de Takeru sería demasiado peligroso. Tomoyo se volvía realmente cruel cuando estaba enojada.
-Nada, la verdad es que ya no importa.
-Vamos… cámbiate ¿iremos con Yue por algo de comer sí? Necesitas tomar un poco de aire.
No tenía deseos de levantarse, pero Tomoyo tenía razón.
Fue hasta el baño… se duchó, secó su cabello y se puso la primera ropa que encontró.
Limpió el espejo y la imagen que este le devolvió la embargó de tristeza… porque tenía ella que ser de esa manera… de esa manera en la que nadie podía quererla…
-Tomoyo! –Le grito mientras estaba en el baño –Recuerdas que una vez me dijiste que serias realmente feliz si te dejaba comprarme ropa y arreglar mi cabello…
-Si, lo recuerdo perfectamente, de hecho la última vez que lo dije debe haber sido antes de ayer mientras arreglaba tu uniforme.
-Pues creo… que ahora, necesito que hagas eso por mí.
El gritó que Tomoyo dio después de eso seguramente se sintió a unas dos cuadras de distancia. Ella quería olvidar a Li, quería no necesitarlo, no extrañarlo y sentía que él primer paso para eso era sentirse bien con ella…
La soledad era triste, pero si debía vivirla todos los días después de clases lo mejor era que la sombra que la acompañase fuese alguien a quien ella quisiese y no el reflejo que le devolvía el espejo minutos atrás.
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-Tranquila Sakura, te vez bien, juro que no hay nada malo en ti.
Torció su boca, por más que Tomoyo se lo repitiera la imagen frente a ella, se veía muy… extraña.
La agarró por los hombros con suavidad y le arreglo sin querer, la postura. Vio el rostro de Tomoyo a través del espejo, su sonrisa amable y sus ojos destellantes de una emoción contenida.
-Ojala, pudieras verte a través de mis ojos Sakura, porque solo verías cosas buenas.
Respiró hondo. Eso debía darle confianza, debía darle fuerza, Tomoyo había cedido a todos sus caprichos, había hecho lo mejor con ella, no podía esconderse después de que había puesto todo su esfuerzo en arreglar sus ropas, su uniforme.
-Está bien, vámonos.
Ese día no habían ido con Yue, porque qué él la viera en un estado como ese era un poco vergonzoso. Yue siempre la había visto desarreglada, como una niña, como una adolecente desastrosa pero en el estado en que se encontraba ahora, esto resultaba ser por cierto un poco extraño
No supo de qué manera ni en qué momento pero ya estaban ahí, frente al salón… a unos escasos movimientos para abrir la puerta.
El primer paso que dio dentro del salón fue como mantenerse frente a una muchedumbre evaluadora y critica… a cada paso le era más difícil continuar.
¿Por qué tenían que haber llegado tan tarde?
Pronto sintió la cercanía de Tomoyo, justo tras de ella y la ayudo a continuar, con la cabeza erguida, sin mirar al suelo ningún segundo. Se sentó justo a tras de Yue. Quien inmediatamente se volteó para mirarla de una manera extraña.
-Por eso tu… por eso tú y Tomoyo ayer me dijeron que no podían salir.
-Si… no crees que me queda un poco raro… -pregunto mientras arreglaba su cabello y mostraba su uniforme
-Creo que te ves realmente fabulosa Sakura
Y ahí estaban de nuevo, esos ojos de Yue que no podía entender, que eran hermosos y envolventes pero que parecían querer decirle algo.
-Aun así… hoy no debes alejarte mucho de nosotros.
-Qué… por qué? –No era que quisiese hacerlo, tan sólo le parecía un poco extraño
-Alguien podría querer robarte… o hacerte daño…
Así que así estaban las cosas. Hace poco la habían golpeado y en el primer día de clases que volvía a tener Yue y Tomoyo tendrían que actuar como sus guarda espaldas. No era algo demasiado agradable.
-Siento que tengan que hacer esto.
-Todo estará bien… cuidarte no es una molestia.
-Buenos días… -La voz del profesor inundo de silenció el salón, los murmullos respecto a ella ya habían cesado. Apoyo su cabeza sobre el mesón. Quizás había sido una muy mala idea, aunque Yue había dicho que ella… estaba hermosa.
-.-.-.-.-
A una fila más allá, unos tres puestos tras de él, Kinomoto tenía la cabeza sumergida entre sus cuadernos… con su sedoso cabello castaño cayendo hasta la espalda de Tsukishiro.
Él sabía, al menos había creído saberlo, que Kinomoto era hermosa. La había visto mientras la besaba, mientras estudiaba, mientras pintaban en el teatro…
Kinomoto realmente era una persona hermosa, sus facciones eran perfectas y su cuerpo… su cuerpo realmente tenía las proporciones justas, nada en ella desarmonizaba. Sin embargo, todo lo que creía haber descubierto había sido realmente escaso, realmente pobre comparado con la chica que estaba ahí ahora… a unos metros de él, que había entrado nerviosa en el salón y que había mantenido la cabeza erguida solo por dignidad. Con la talla correcta del uniforme, con su cabello peinado y un corte que favorecía el rostro perfecto que se había escondido tras el durante todos esos años, sus hermosas pestañas… sus hermosos ojos verdes, la pequeña nariz respingada y esos labios colorados naturalmente en una piel tersa y sana…
Sintió un malestar en su estómago.
Si ella estaba así… si ahora era así como iba a ser, no tardaría en encontrar a alguien que la quisiera, que la admirara… incluso ese maldito Tsukishiro avanzaría con ella más aprisa.
Él, había perdido el derecho de reclamarla, de molestarse, sin embargo, sus pies luchaban por no sacarla de ahí y sus labios se oprimían para no pedirle una explicación.
Miró por última vez a Kinomoto echada sobre la mesa e intentó concentrarse en sus cuadernos. Unas mesas adelante, Yamasaki reía.
¡Maldición! Por qué tenía que estar rodeado de cosas perturbantes.
No había visto a Takeru desde ese día y la verdad es que era la primera vez que había pensado en eso. El resto del tiempo su cabeza había divagado entre ideas sobre Kinomoto, estúpidas ideas sobre Kinomoto…
Y ahí estaba otra vez, así era como empezaba todo, cualquier idea llevaba irremediablemente a ella… definitivamente era contaminante, era enfermiza… Debía hacer algo más esta vez.
Pak
Un papelito choco con su cabeza y calló sobre la mesa. Miró hacia atrás, era de Eriol.
-¿Viste a Kinomoto? ¿Qué ha pasado? O.O
Seguramente tenía que ser una maldición. Pensó frustrado.
-No lo sé, ni me importa
Arrugó el papel y lo lanzó con fuerza. Eriol se sentaba desde hace unos días demasiado cerca de esa chica perfectita amiga de Kinomoto.
-¿Se han peleado?
¿Por qué era eso tan importante para Eriol? Se preguntó y suspiró por enésima vez ese día.
-Concéntrate y deja de preguntar estupideces, Kinomoto no era tan importante como para estar preocupado por ella!
Arrugó el papel lo más fuerte que pudo y lo lanzó molesto cuando el profesor dio la espalda para escribir algo en la pizarra.
Groso error, porque estar alterado hace que uno se vuelva… como decirlo, un poquito más torpe.
El papel que había lanzado dio de lleno en la, ahora sedosa, cabellera de Kinomoto. Apenas sus dedos tocaron el papel su cuerpo se levantó de la silla.
-¡DETENTE! –Le grito con voz malhumorada y sin darse cuenta. Bueno la verdad es que se había dado cuenta pero después de decirlo.
-¿Li? –había dicho el profesor con tono de reprimenda –Kinomoto, si no les parece entretenida mi clase, y necesitan conversar pueden hacerlo fuera del salón!
Dictaminó como si fuese una sentencia, una sentencia demasiado estúpida demasiado…
Se volteó para mirarla.
¡Demonios! Había leído el papel.
La vio respirar profundamente, levantarse con tranquilidad, caminar los puestos que faltaban para llegar hasta Eriol, entregarle sutilmente el papel que le pertenecía y continuar avanzando hasta la salida.
Era injusto ella no había, bajo ningún punto de vista causado ningún problema y aun así ella…
Maldición, por qué tenía que ser tan estúpida.
Se levantó de su asiento, cerró su cuaderno y salió. En el pasillo Kinomoto estaba apoyada en los ventanales con el cuerpo inclinado, el rostro viendo al suelo y las manos juntas en su regazo. Por un instante, ese que se demoró ella para levantar el rostro, pudo observarla libremente, su falda plisada, sus piernas contorneadas, sus pequeños hombros, su delgada cintura y sus cabellos castaños y sedosos cayendo casi hasta la altura de su vientre. Pronto la mirada verde de Kinomoto se posó en él.
-Lo lamento –Fue lo que dijo.
Pero él no tenía nada que responder, responder a unas disculpas cuando no había razón sería solamente un motivo de conflicto, porque eso era algo que detestaba de ella, que le ponía irritable… pero que… de alguna manera
Ash! No tenía deseos de seguir pensando en eso.
Mientras estaban ahí, sin decir una palabra pudo ver que ella había vuelto su cabeza al suelo nuevamente.
Incomodo… definitivamente eso era algo jodidamente incómodo…
-¡Di algo de una buena vez! –Le gritó cuando ya no pudo soportarlo más –Tan fácil es ignorarlo todo Kinomoto! Te molesto lo que decía en el papel, te molesto que te sacaran de clases por mi culpa! Dime cualquier cosa!
Ella hizo un mohín para que hablara más bajo. Él entendió inmediatamente.
-Y no… no me molesto, quizás dolió un poco, pero no me molesto, era algo que podía deducir, después de todo, siempre supe, que el cariño era unilateral.
No…
Nuevamente había descendido la cabeza ¿Ya ni siquiera iban a poder hablar? Quería hablar con ella.
Hace un momento él podría haberse callado cuando ella recibió ese papel pero había gritado para detenerla, porque no podía mantener su boca callada sabiendo que ese maldito papel podía hacerle daño.
La volvió a mirar, tenía una expresión triste en sus rosados labios.
Quizás él no quería causarle más daño. Pero aun así… Era realmente molestó verla ahí, con ese nuevo gran aspecto y el rostro triste, sin enfadarse, sin gritar, sin molestarse.
Se revolvió los cabellos y entonces ella lo miro.
Hermosa… realmente hermosa…
El teléfono vibró en su pantalón. Lo sacó de ahí, un perfecto distractor en un momento tan estúpidamente tenso.
Yo… siento lo del sábado.
Por favor no le digas nada a Yamasaki,
Nosotros debemos hablar de esto.
Con cariño Takeru.
Takeru, hasta ahora lo recordaba. Kinomoto había dicho que ella no era buena para él pero…
-Kinomoto… ese día me dijiste que debía tener cuidado con Takeru ¿por qué dijiste eso?
Kinomoto pareció reaccionar con eso. Se volvió hacia él, extrañamente enérgicamente.
-No espero que me creas Li pero… juro que ella no es buena, está intentando usarte… no sé qué ha pasado entre ustedes, no sé cuánto tiempo lleven conociéndose, pero ella ni siquiera es tu amiga Li… ella está
No supo en que momento exactamente había sido, pero sujetaba la muñeca de Kinomoto desafiantemente.
-Espera un poco Kinomoto y cuidado con lo que dices. No te permito que hables de Takeru de esa manera.
-Li, no estoy mintiendo, ella fue a mi casa el mismo en que tú…
-Shh no hables tan alto
-Fue a mi casa, el día que te conté todo esto y me lo explicó todo, me dijo que habían estado prometidos… y… que eras hijo de una familia poderosa… creo que quiere tu dinero Li o no… la verdad no lo sé pero…
-¡Detente de una vez! Has estado husmeando en nuestras cosas Kinomoto. Yo más que nadie se lo que paso, y Takeru no quiere mi dinero si lo quisiese hubiese aceptado el acuerdo.
Ella le miró directamente, sin apartar la vista
-Pensé que podías decir la verdad pero sólo eres una maniática. Como demonios sabes todas esas cosas de mí?
-Ya te lo dije, Takeru fue a mi casa y…
-DEJA DE MENTIRME!
-Yo no…. Estoy mintiendo Li… por favor… ten cuidado ella
-Ya va Kinomoto. Es suficiente, no quiero escucharte más. Incluso me sentía mal por todo esto maldición.
Ahora estaban demasiado lejos del salón.
-Li, mírame
Le dijo mientras agarraba sus manos.
Ella nunca hacía ese tipo de cosas, debía ser importante, así que cedió. Se mordió el labio incomoda. Kinomoto se veía realmente lida con esa expresión en su rostro.
-Entiendo que pienses todas esas cosas de mí, incluso que te enfades por esto pero te estoy diciendo la verdad, ten cuidado de Takeru.
La miró… sus ojos eran honestos, como siempre.
O Kinomoto mentía tan bien como para creerse sus propias mentiras o le estaba diciendo la verdad.
Pero pensar eso, sobre todo si refería a cosas tan malas de Takeru, era algo que no podía permitirse hacer, demasiado tiempo, demasiados recuerdos…. Takeru no podía y él no quería creer eso porque el sentimiento que le provocaba era absolutamente insoportable, algo parecido a la humillación y la vergüenza, sentirse así podría matarlo de una sólo vez.
Se soltó del agarre de Kinomoto y se alejó aún más, quedarse ahí oprimía su corazón, lo dividía en dos.
La campana sonó y antes de que se diese cuenta todo estaba atestado de gente. Mucho mejor así, quería olvidarse de lo sinceros que habían sido los hermosos ojos de Kinomoto.
-¡Hey, Shaoran!
Se volteó. A unos metros más allá, Eriol corría hacia él.
-¿Qué haces acá?
-Lo siento, no pensé que pasaría algo como eso
-Está bien, no es importante
Se detuvieron entre el bullicio de la gente Eriol lo miró con ojos insidiosos. Esos que siempre ponía cuando las cosas estaban descuadrándose.
-¿Quieres decirme realmente lo que está pasando?
Lo miró derrotado. Eriol se enteraría de esto tarde o temprano.
…
-Takeru…
Fue lo único que le escucho decir después de haberle contado, pero diviso en sus ojos azules y astutos algo más que eso, algo oscuro…
-Bueno… eso es lo que dijo Kinomoto pero
-Por qué mentiría Kinomoto Shaoran, ella nunca te ha pedido nada ¿verdad?
Sonrió de lado. Kinomoto no habría estado jamás en posición de pedirle alguna cosa. Negó con la cabeza.
-Por que intentaría engañarte ahora
-No lo sé Eriol! Quizás se aburrió de esto… de que la tratará como…
-Como basura…
Agachó la cabeza. Su pechó dolió, como si algo dentro de él se estrujase. Así la había tratado.
-Si
-La verdad es que debe haberse aburrido, sino no me explico ese cambio tan… fabuloso
Le miró de reojo.
-¡Que! Eso es algo de lo que ni siquiera tú puedes contrariar, Kinomoto se ve…
-Hermosa
-No lo pude haber dicho mejor.
Debió haberlo dejado hablar. Él no tenía por qué pensar en lo bonita que se veía Kinomoto ahora.
-De cualquier forma Eriol, es imposible que Takeru intente engañarme, o que haya ido a casa de Kinomoto el viernes
Miró a Eriol, pero no le dijo nada. A veces Eriol, era un hombre de pocas palabras.
-De cualquier forma que te traes sentándote tan cerca de esa chica que siempre está con Kinomoto.
-Daidouji
-Si de ella
-La verdad es que creo que estoy enamorado
-No seas estúpido Eriol
-Pero es la verdad –Dijo el seriamente. –Sé lo que quiero cuando lo veo, y desde hace unos días la quiero a ella.
-No me extrañaría que esto terminara en catástrofe.
-Lo importante Shaoran no es como acaben las cosas, es que tanto disfrutes en el proceso… creo que nunca has logrado aprenderlo.
-Yo creo que lo has aprendido demasiado bien.
Eriol… disfrutaba de estas cosas, probablemente ahora decía que se había enamorado de la tal Daidouji, sin embargo estas cosas se le pasaban cuando acababa la emoción. Así de fácil, lo importante era el proceso, era disfrutar esos momentos… por esas palabras había comenzado a usar a todas las chicas que se le declaraban, sin embargo nunca pudo disfrutar de la manera que lo hacía Eriol, porque para él el fin era importante y su fin era Takeru.
Miró hacia tras, donde había quedado Kinomoto hace ya un rato. Era extraño sentirse aparte, al parecer había empezado a sentir que ella era parte de sus días, como si fuese su propiedad, como si le perteneciese.
Antes él podía haberla reclamado en cualquier momento en cualquier parte pero ahora, ella no accedía y no quería hablarle, ni verlo… hablaba cosas extrañas de Takeru y sus ojos estaban aún más tristes.
Algo en su interior se sentía desgarrado si pensaba de esa manera, sin embargo, también había algo que se sentía liberado.
Pese a eso, pese a esa emoción ambivalente, quería vela… quería que mostrase sus blancos dientes con una sonrisa, como siempre…
Quizás, aún podía verla durante las clases de matemáticas, durante sus castigos en el teatro…
Gruño. Aunque pareciese estúpido, ese pensamiento lo hacía sentir feliz?
-Hey cuidado.
Dio vuelta para ver quien había sido el que había arremetido contra su cuerpo y entonces… se encontró con ella. La amiga de Kinomoto, Tomoyo Daidouji, con ojos amatistas que lo miraban fríamente.
La verdad es que muy pocas veces se preocupaba de los demás pero por lo que recordaba Daidouji no era así. Era perfecta, feliz incluso hermosa.
-¿Con qué? –Le preguntó con una voz dulzona que no hacía juego con esos ojos que parecían querer aniquilarlo. Así que esa era la Daidouji de la que Eriol se había "enamorado"
-Quiso decir que lo sentíamos. –Se disculpó Eriol con una media sonrisa galante.
-La verdad no quise decir nada –corrigió y se alejó. La chica lo había hecho a posta, no se disculparía con ella.
Por alguna razón últimamente no podía sonreír con tanta facilidad. Todo lo de Kinomoto y Takeru le tenían la cabeza hecha una ensalada.
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En la tarde
-¿Qué demonios?
-Lo que oyes, ha hablado con el profesor para que modifiquen los horarios de su castigo.
-Pero eso es imposible, yo no pude hacerlo y…
-Creo que ella incluso acepto tomar horas extras de trabajo, en la remodelación del gimnasio con tal de cambiar esta hora.
Ella… realmente estaba evitándolo. Sintió ardor en su estómago. Eso quería decir que ella realmente estaba cortando todo lazo que lo vinculase a él…
Se pasó la mano derecha por sus rebeldes cabellos castaños y sonrió. Ella no lo quería ver y eso… dolía.
Rio un poco más. Realmente dolía.
-¿Está bien Li…?
La miró pero sin observarla realmente. Pensó que era pronto, que las clases aún no terminaban y que ella estaba en algún lugar cerca de ahí.
Entonces hecho a correr, escuchó el sonido del grito molesto de la profesora de teatro. Se estaba escapando delante de sus ojos, pero necesitaba alcanzarla.
Corrió, durante varios minutos lo único que hizo fue correr, pero cuando sus ojos se encontraron con la pequeña espalda de ella a unos pocos metros se dio cuenta de que no sabía… que era lo que quería decir.
Frenó su carrera.
A él, no debía importarle.
El sólo había necesitado distracción y Kinomoto era demasiado compleja para serlo.
Tsukishiro estaba con ella… llevaba el bolso de Kinomoto sobre su hombre y reía tontamente por algo que seguramente ella había dicho.
Entonces la mano de Tsukishiro descuidadamente acomodó uno de los, ahora dóciles, cabellos de ella y su boca habló como si hubiese estado esperándolo.
-Kinomoto
Le gritó desde donde estaba y comenzó a avanzar hacia donde estaba. Tsukishiro se aproximó aún más a ella, de una manera protectora. Intentó no fijarse en él.
-Debo hablar contigo –Dijo molestó.
Ella agachó la cabeza. Sabía perfectamente porque él estaba ahí, por eso no le había reclamado nada, seguramente sabia también que estaba exagerando con comportamiento de alejamiento.
-Hey… que pretendes viniendo hasta acá y
-Estoy hablando con ella. –Lo cortó inmediatamente.
Tsukishiro pareció molestarse.
-Está bien Yue… creo que puedo solucionar esto, adelántate.
Él la miró con complicidad, como preguntándole con los ojos si estaba segura. Una complicidad absolutamente molesta.
Apenas y Tsukishiro estuvo fuera del alcance auditivo su estúpida boca gritó de improviso.
-En qué demonios piensas Kinomoto. Somos compañeros de clases ¡Tendrás que verme aunque no te guste!
Que estaba diciendo.
-Sí, eso lo entiendo. Pero yo quiero verte lo menos posible desde ahora li.
La voz de ella era calmada, sus ojos habían dejado de mirar el suelo y ahora lo veían a él, con seguridad.
-he dicho todo lo que debía y podía decir
Seguramente se refería a Takeru.
-… Y creo que tal vez ya no haya más que hacer al respecto, la verdad es que estar cerca de ti…
Sonrió con una triste expresión, demasiado triste para poder incluso describirla.
-o hablar contigo, aún es doloroso para mi Li
Doloroso… se referiría a eso que le estaba pasando justo ahora. Se sentiría así Kinomoto cada vez que le hablaba? Con el pecho oprimido y el estómago retorcido?
-Por qué yo… aún te quiero, así que por favor… no vengas a decirme cosas como estas.
-Pero… -Susurró. Aunque seguramente ella no logró oírlo, porque ya había empezado a caminar.
Era así como serian ahora… estaba comenzando a entender lo que significaba vivir sin Sakura.
-.-.-.-.-.-.-.-.
Dos semanas después
-¿Me estas escuchando Shaoran?
-Qué decías Takeru
-No importa, no me estás escuchando. Has estado así desde el día en que…
-Es mejor que no lo digas.
-Pero aunque no lo digas, lo entiendes… eso es lo mismo.
No dijo nada.
Hace semanas la relación con Takeru era extraña.
Ella había hablado con él sólo dos días después del mensaje de teléfono, le había pedido que olvidara todo y él, tal cual hacia siempre, intentó hacer lo que Takeru pedía… pero fue imposible, buscó hablar con ella unas cuantas veces sin embargo sus ojos estaban tristes… y anhelantes tanto así que a veces pensaba que realmente lo quería y esos días su corazón viajaba de la tierra al cielo, soñándola… queriéndola. Pero en días como hoy Takeru era como siempre y hablaba de lo que había pasado como algo distante, como algo que le había ocurrido a otras personas y en esos momentos todo su cuerpo caía directo al infierno, a unos segundos de volverse loco.
Por si fuera poco aún quedaba el tema de Kinomoto.
Y la verdad es que aunque lo había intentado, no había podido dejar de pensar en ella. Mucho menos con toda la atención que ahora acaparaba.
Takeru se estaba yendo justo ahora, pero no se sentía con la energía de retenerla. Estaba un poco cansado, su cuerpo se había cansado de pensarla tanto. Por qué ahora también pensaba en Kinomoto… y eso lo agotaba mucho más rápido.
Lo peor de todo era que pese a que lo había intentado le había sido imposible estar con alguien más, para escaparse de todo el entuerto… porque eso le recordaba la sumisa aceptación de Kinomoto y volvía a meterlo en un embrollo, un embrollo doloroso del que salir era casi imposible quizás la única forma era Takeru… pero Takeru no era mucho mejor para pensar.
Tomó sus cosas y salió del salón. Las clases ya habían terminado hace un rato pero Takeru le había pedido que la acompañará un momento y jamás había podido negarle algo, esa vez no iba a ser la excepción, mucho menos cuando debía hacer tiempo, ahora que habían suspendido el castigo, para el partido de la tarde.
Caminó lentamente hasta el camerino, se cambió las ropas con paciencia, aún quedaba tiempo, salió del edificio y avanzó hacia las canchas, pero antes de llegar a la cancha de futbol, donde debía esperar un tumulto de jugadores de otro de los equipos del colegio se habían amontonado en torno a la cancha de atletismo.
Avanzó hacia ellos, intrigado por la cantidad de gente y curioso acerca de lo que ellos estaban cubriendo.
-Cómo demonios no lo habíamos visto
-Era imposible… juro que era imposible haberlo si quiera sospechado
¿De que estarían hablando? Pensó con intriga, pero antes de que esté avanzará un poco más se encontró con Kinomoto calentando para comenzar a correr.
¿Desde cuando estaba en el equipo de atletismo? Seguramente estaba ocupando su tiempo, eso era justo lo que él debía hacer también.
El cabello de Kinomoto estaba atado en una coleta, justo como le había dicho que no lo trajera.
Su rostro de finas facciones se mostraba como eran… perfectos.
Jamás la había visto con tan poco ropa como en esos momentos, ni siquiera había reparado alguna vez en que los uniformes deportivos de las chicas eran tan pequeños.
Dejaban ver demasiado, sus largas y contorneadas piernas, su pequeña cintura, su figura esbelta y atractiva… demasiado atractiva, jamás se había detenido en el color de su piel… pero era algo que se veía realmente seductor…
-Quizás quiera salir conmigo…
-Ni de jodas, eres muy feo para ella… quizás quiera salir conmigo.
-Tú eres un playboy, Kinomoto-san no saldría con alguien como tú, ella seguramente no ha dado su primer beso.
Apretó sus puños… escucharlo, sentir que la estaban mirando… que ellos estaban ahí para admirarla sin que ella se diese cuenta le producía una sensación de enfado… de furia.
-Kinomoto, entrégale esto a los demás
Gritó la entrenadora desde la otra esquina. Y ella corrió, corrió grácilmente, mucho más grácil de lo que caminaba, moviendo su figura contorneada casi melodiosamente.
La vio agarrar las botellas de agua, cuatro a la vez. Y caminar en direccionas a las demás chicas, que estaban entrenando alejadas de Kinomoto.
Era primera vez, desde que había llegado que se percataba de ellas. La más alta había sido uno de sus juguetes hace meses.
Vio como la chica que había mencionado se acercaba a una Kinomoto complicada con las botellas y cuando agarró la suya se aseguró de que el agua la mojara completamente, haciéndola tirar todas las botellas al suelo.
-Hey… esa chica, por qué está atacando a Kinomoto… -Dijo uno casi al unísono con sus pensamientos.
-Miren… su uniforme está…
Su uniforme de gimnasia se traslucía casi completamente. Kinomoto que se había preocupado de volver a recoger las botellas no se había dado cuenta…
Avanzó hasta ella con la conciencia perdida en algún lugar de la razón. Y antes de que se hubiese dado cuenta tenía su poleron sobre el cuerpo de Kinomoto.
-Ya es suficiente, el partido es en la cancha de futbol, no hay nada que ver aquí.
Les gritó a todos y sólo ahí entendió lo que estaba haciendo.
-¿Que hace aquí Li?
-Yo… ella necesita cambiarse Keiko-san –Le mencionó rápidamente a la entrenadora.
Keiko miró detenidamente a Sakura y descubrió que sus ropas, bajo el poleron de Li, estaban mojadas. Vio las botellas en el suelo y pensó haber entendido todo.
-Es usted muy buen compañero señor Li –Dijo con tono insidioso en su voz.
-… creo que me iré señorita Keiko
La miró, sus mejillas enrojecían a más no poder. Miró a la entrenadora con reprimenda en los ojos y la siguió.
Avanzó tras de ella hasta los camarines y justo cuando iba entrar se volteó hacia él.
Sus ojos despedían saturación, perfecta conjugación con su expresión frustrada.
-Qué quieres Li, que pretendes
Era la primera vez que ella le hablaba con ese tono de voz. Con las mejillas sonrosadas, como reclamándole algo.
No sabía que responder. Ahí parado frente a ella, después de haberla cubierto, después de haberla seguido no sabía realmente cuales eran sus intenciones.
-Podrías ser un poco más considerada, te cubrí idiota, querías seguir mostrando tu ropa interior a ese grupo de jugadores pervertidos!
Sus mejillas enrojecieron ferozmente y la indignación se dejó ver en su mirada. El color de sus mejillas no había descendido ni un poco. Esa expresión en el rostro de ella, que no conocía para nada, se le hacía realmente encantadora.
-Yo no… pensé que estaban viéndome a mí!
-Estúpida –Salió de su boca sin querer –sé un poco más consciente de lo bonita que eres!
Ahora el mismo se calló y no supo bien si enrojeció o hacia demasiado calor. Procuró mirar hacia el suelo.
-Li tú… crees que yo…
-Como sea, cuando te hayas cambiado procura devolverme el poleron, ahora debo ir a entrenar.
Se volteó para que ella no lo viera y caminó rápidamente hacia la cancha… escapando de ella.
Sin embargo había algo de lo que no podía escapar y que justo ahora estaba surtiendo efecto porque por alguna razón su corazón, quien había escuchado lo que su boca había dicho, no dejaba de latir de manera acelerada.
