.. Título: Desde mi cielo ..
.. Capítulo VII ..
.. Autora: Annie-chan Diethel ..

- Alter fic: From my Sky por Kuroiku (s/4690521/1/From-my-sky)-

El silencio de la casa era ensordecedor y me daba jaqueca.

Pensar en lo mucho que la había jodido tampoco ayudaba demasiado a que remitiera el dolor, la verdad.

Lo sucedido con Roy era un recuerdo borroso, pero de no ser por la parálisis que me azotaba de cintura para abajo, podría jurar que aún notaba su calor entre mis piernas. Pasara lo que pasara, era algo horrible y, si había posibilidad de reconciliación, la había destruido yo solito.

¿Qué le diría cuando le viera? ¿Le contaría la verdad? ¿Le mentiría?

Mi cabeza estaba embotada con todas las posibilidades, pero todas se borraron de un plumazo al escuchar la voz de Al retumbando por los pasillos.

- ¿Edward?

Moví la silla hasta el origen de la voz lo más rápido que pude, rezando por que no fuese una imaginación mía.

Al verle me detuve, indeciso, asombrado. ¡Había vuelto!

- Alphonse… ¿Q-qué haces aquí?

- Vengo a recoger algunas cosas, no tardaré demasiado…

- Ah… -murmuré, decepcionado- Entiendo…

Vi cómo miraba alrededor, haciendo una mueca de desaprobación ante el desastre ocasionado por mí. Me sentí ligeramente avergonzado por ello.

- Ha pasado un terremoto por aquí en mi ausencia, por lo que veo.

- Ah, eso… Ya me conoces…

Alphonse se acercó a nuestra foto, aquella que yo no había tenido corazón de someter al mismo destino que el resto de objetos a mi paso. La colocó con mimo sobre la mesa, sin poder soltarla, sin poder dejar de mirarla. Vi cómo su mente viajó lejos, hacia un recuerdo mucho más feliz.

- Me parece un milagro que esto haya sobrevivido.

- Lo intenté, pero no pude.

Aquella respuesta no le gustó, lo sé. Hizo una leve muestra de desagrado, pero fingió ignorarme. ¿La hubiese roto él? Nosotros ya lo estábamos.

- Teniendo en cuenta que también es mi casa podrías tener el detalle de cuidarla un poco mejor.

Aquello me molestó. ¿Qué le importaba a él lo que hiciera con la casa? Se había largado, me había dejado solo. Solo, destrozado y anclado a mi silla. Le quité la foto de las manos con cierta rabia.

- Haré lo que me dé la gana, ya que tú preferiste largarte.

- Claro, porque tú me dejaste muchas opciones, ¿verdad? Te recuerdo que tus últimas palabras antes de marcharme fueron que estaba muerto para ti.

- Y yo te recuerdo a ti que antes de eso tú me culpaste de todo lo que nos ocurrió a partir de que nuestra madre muriera, como si tú fueras un santo que nunca cometió ningún error.

Él guardó silencio durante un breve segundo, tragándose una respuesta peor.

- ¿Seguir soltando veneno te ayuda a sentirme mejor al respecto? –dijo sin mirarme.

- ¿Te ayuda a ti?

Él me ignoró y se dirigió al despacho, pero yo no estaba dispuesto a aceptar un silencio como respuesta. Ya había tenido bastante silencio por toda una vida. Estaba dolido y necesitaba respuestas, sonidos.

Su voz.

- ¿De verdad me culpas de todo eso?

- Sabes que no, simplemente estaba enfadado y lo último que quería decir fue todo lo que te dije.

Algo resucitó en mi corazón.

- ...Y tú sabes que no estás muerto para mí –callé un momento, esperando a que dijera algo. Pero como no lo hizo, yo continué- De hecho, soy yo el que está muerto desde que te fuiste.

Él se giró hacia mí y me miró con ojos cansados y tristes. Cómplice de un dolor mutuo.

- Yo tampoco he estado bien desde ese día.

- ¿Por qué nos empeñamos en hacernos tanto daño?

- Supongo que al final todo se resume a la teoría del intercambio equivalente, no podemos ser simplemente felices sin ofrecer algo a cambio.

Yo ya no creía en la alquimia, ni en nada. Sólo era feligrés de su presencia y, si no estaba, nada me servía. Lo observé frente a mí. Quise cogerle de la mano, rogarle que se quedara.

- Yo creo que ya hemos dado bastante, ¿no crees?

- Supongo que no. O quizás sí. No lo sé, Edward, yo no puedo darte la respuesta.

De nuevo, mi nombre como barrera entre los dos. Deseaba escuchar nuestro parentesco, aunque fuese algo grotesco y absolutamente equivocado, pero era lo único que le unía a mí, y lo necesitaba. Me detuve en la intención de cogerle de la mano, en pleno rechazo.

- ¿Desde cuándo dejé de ser "niisan"?

Él se quedó perplejo un instante y luego se sonrojó. Me pareció ver un atisbo de sonrisa avergonzada en la comisura de sus labios, y mi ser se relajó un poco. Al seguía ahí, de alguna manera, en algún rincón.

- Después de lo que han visto y oído estas paredes debería sonarte muy pecaminosa esa palabra –dijo, como si fuese una broma.

- Pecaminosa o no, cuando me llamabas así podía sentir que me querías…

Él se puso pensativo, sin borrar aquella medio sonrisa que me daba la vida. Entonces, recordamos juntos cómo, siendo niños, me hacía rabiar llamándome por mi nombre. Cómo fingía odiarme lo suficiente para no llamarme "niisan". Cómo me enfurecía aquello y hacía que cualquier otra cosa no valiera la pena si no podía estar cerca de mí.

- Lo importante no es el nombre, sino el sentimiento que hay detrás.

- Y… ¿qué hay detrás?

Me miró a los ojos mientras se levantaba, en silencio. Tenía un semblante extraño, que no sabría decir si era de hastío, de tristeza, de vacío interno. Entonces, tras un segundo ahí, estático y sin hablar, se disculpó.

Apenas me dio tiempo a preguntar a qué se debía la disculpa. Cuando quise percatarme de lo que sucedía, sus labios estaban sobre los míos, haciendo una dulce presión y buscando mi boca para profundizar en un beso añorado. Después, tan pronto como había sucedido, se acab

- A-Al… por qué...

- Porque cada día que pasamos separados lamentaba no poder hacerlo.

Me quería, a pesar de todo, como yo a él. Como nadie en el mundo se había amado jamás. Y, ante tal revelación, no pude sino besarle de nuevo, con toda la pasión que mantenía oculta en mi interior. Con tanto ímpetu que caí de la silla, él cayó conmigo. Rodamos un instante, sin perder el beso que tanto necesitábamos. Esa dosis de realidad, esa dosis de deseo ferviente.

Alphonse deslizó sus labios hasta mi oído, y me susurró que me echaba de menos. Un escalofrío se deslizó por mi columna rota, despertando en mí tantas sensaciones… Yo correspondí, confesando mi añoranza.

- ¿Por qué no llamaste? –preguntó.

- Tenía miedo de empeorar las cosas, de enfrentarme de nuevo a todo ese odio… -respondí- Jamás quise decirte todas aquellas cosas, me he arrepentido muchísimo todos estos días. No puedo pasar ni un minuto lejos de ti sin sentirme un desgraciado…

Acaricié sus cabellos lentamente, percibiendo su realidad en mi piel. Entonces le atraje hacia mí y continué besándole y acariciándole con más urgencia. Con más intensidad.

Pero él se arrancó de mí de pronto.

- Espera, no puedo… -dijo- Así no.

Yo no entendía nada. No comprendía por qué de pronto se alejaba de nuevo.

- ¿Qué te pasa? –pregunté, desesperado- ¿He hecho algo mal?

Alphonse se levantó y me ayudó a subirme de nuevo a la silla. Desviaba la mirada y jamás había visto aquel semblante de culpabilidad. Algo malo sucedía.

- No, se trata de mí...

- ¿Qué ocurre?

Y lo que oí después fue el peor mazazo de mi vida.

- He estado con otra persona

En ese momento, la idea no cuajaba en mi cabeza. Simplemente, sentía una realidad paralela a mí, ajena. No era a mí a quien se lo decía. No era yo el que estaba sentado en aquella silla, escuchando cómo el amor de su vida había estado en brazos de otra persona. No, yo había muerto en la guerra. O, al menos, ese era lo que más deseaba en aquel momento.

- … ¿Qué estás diciendo?

- Fue con Winry.

- ¿Que te has acostado con Winry?

Al asintió, aún sin mirarme. Yo sentí vacío, incredulidad. Ni siquiera sentía ya dolor. Tan solo deseaba que todo aquello acabase para poder pegarme un tiro. ¿Qué importaba vivir? ¿Qué sentido tenía seguir respirando para revolcarme entre un estercolero de sufrimiento, cada vez mayor?

Miles de imágenes de los dos envueltos en blancas sábanas, revolcándose en los brazos del otro y en la traición. Ni siquiera podía llorar, se me habían agotado las lágrimas.

- Estaba destrozado –explicó con voz quebrada- Ella me dio su apoyo, y entonces fue cuando te vi riéndote con Roy. No pude soportarlo. Se me fue de las manos.

Una sensación me subió por la garganta en forma de bilis. Era el asco de imaginarlos juntos, la rabia y la culpabilidad de escuchar el nombre del coronel, que creaban un suero maligno que me daba ganas de vomitar.

- No puedo creer que estés intentando decirme que te has acostado con nuestra mejor amiga de la infancia por el simple hecho de verme reír con otra persona –volqué mi veneno sobre él-. ¿Te hubieras sentido mejor si me hubieses visto devastado? Si hubiese estado llorando como todos y cada uno de los minutos desde que te fuiste, ¿entonces no te hubieras metido en su cama?

- ¡No se trata de eso! No hemos tenido contacto en semanas y la primera vez que te veo es al lado del coronel Mustang. Me sentó mal y reconozco que me enfadé, quizás en exceso –se excusó. Su voz era la de alguien desesperado por haber cometido un error-. Dices que has estado devastado y triste, ¿cómo te crees que me sentía yo? Sin saber nada de ti, ni una mísera llamada y cuando por fin te veo… ¡Estás riéndote en compañía mientras sales de un bar a plena luz de la tarde!

- ¿Y qué esperabas? ¿Qué despreciara a la única persona que se ha interesado por mí? Roy ha sido un apoyo muy importante mientras tú no estabas aquí.

- ¿Ah, sí? ¿Y puede saberse que ha hecho el magnánimo de Mustang por ti? –su voz había cambiado. Ahora destilaba sarcasmo y maldad- ¡Venga, Edward, no me hagas reír!

No entendía su cinismo, pero no iba a permitirle que siguiera con él por estandarte.

- Cuando peor estuve vino a buscarme –me defendí-, me escuchó, me comprendió y…

No sabía si continuar. Sí, Roy había sido un gran apoyo, pero no había acabado precisamente como dos amigos comunes. Yo también tenía cosas que confesar.

- ¿Y? – su tono inquisidor me hizo venirme abajo- Venga, continúa.

- Estuvimos bebiendo… -expliqué en voz baja- Yo me sentía completamente roto. No sé qué pasó en mi cerebro, nada tenía sentido. Sólo sé que quería estar contigo y sentirte, pero…

- ...Edward, dime que no lo has hecho.

Permanecí en silencio, preso de mi vergüenza y las circunstancias. Me hice pequeño en mi silla, no pude mantenerle la mirada. Sin embargo, él sí me miraba a la cara con una expresión de furia, con su tez pálida tiñéndose de rojo por la rabia.

- No me lo puedo creer… ¡Eres imbécil!

Se acercó a la mesa y tiró todo lo que había encima, soltando improperios. Estaba realmente furioso, pocas veces le había visto así. Pero no era justo. Él había hecho lo mismo con Winry. No tenía derecho a ponerse así.

- Lo siento mucho, sólo ocurrió una vez, y nunca más –le expliqué-. Hablé con Roy y le dije que jamás se repetiría… Podemos decir que estamos en igualdad de condiciones.

- No, no lo estamos.

Me puse a la defensiva. ¿Cómo que no? ¿Por qué siempre se creía superior y menos malvado que yo, incluso en estas circunstancias donde los dos habíamos metido la pata en lo mismo?

- ¿Por qué?

- Porque Winry es nuestra amiga, pero no creo que Roy sea tan maravilloso como tú te piensas.

Sus palabras dejaban claro un mensaje oculto. Una verdad que yo no conocía.

- ¿Qué quieres decir?

- Digamos que influyó bastante en el hecho de que estés en esa silla.

- ¿Cuánto es bastante?

Hizo una pausa dramática. Nunca supe si fue por tenerme en vilo y disfrutar de mi confusión un momento más o si realmente se planteó no hablar más sobre el tema. Sólo supe que su rabia pudo con él y vertió lo que quedaba de mi humanidad por los suelos.

- El tiro que te dejó tullido provino de su arma. ¡Y tú vas y te acuestas con él!

La cabeza empezó a darme vueltas. Mi cerebro se negó a asimilar más información, se negó a creer, a funcionar. Alphonse sacó de un cajón un montón de papeles que lucían el sello de los militares. Me hostigó a leerlos, me obligó a descifrar aquellas palabras que indicaban cómo Roy había enloquecido y me había condenado. Disfrutó viéndome asimilar mi situación, sabiéndose menos culpable que yo simplemente porque yo me había ofrecido a mi verdugo después de la condena. Las lágrimas resbalaban por mis mejillas.

No quedaba nada en mí. No había rabia, ni dolor. Sólo quería que todo acabara.

Le pregunté que por qué no me había dicho nada, y él continuó soltando veneno sobre mí.

- Porque nunca pensé que fueras tan iluso de meterte en la boca del lobo voluntariamente y disfrutando en el proceso.

- Roy nunca me dijo nada

- Porque se supone que él no lo recuerda –soltó una carcajada cínica, hiriente- Maldito bastardo mentiroso, que no lo recuerda dice…

No podía soportarlo más. La situación me superaba. No sabía qué hacer, ni qué pensar. Mi cerebro se había desconectado ante tal avasallamiento de sucesos y sentimientos. De mi corazón no quedaba nada. Pensé por un momento en cuán dulce sería morirme en aquel momento, pero supe que no pasaría. Era demasiado bueno.

Me dirigí hacia mi cuarto, dispuesto a dejarme abrazar por el silencio y la oscuridad una vez más, esperando que me tragara para siempre, pero Al me lo impidió. Su semblante había cambiado. Se arrepentía de haber sido tan cruel conmigo, pero nada lo arreglaría ya.

- Perdóname, no quise decírtelo porque sabía que te iba a doler… No debí decírtelo ahora y de esa manera, soy un imbécil…

Su palabrería no me servía de nada. Había acabado conmigo. Había usado todas sus armas para herirme y lo había logrado con nota.

- Me has estado mintiendo todo este tiempo… -murmuré- Yo creía que podía confiar en ti, que nunca me ocultarías nada, que luchabas por protegerme, ¡y resulta que me estabas escondiendo las cosas más importantes!

- No, ¡no! –me obligó a mirarle. Sus ojos eran el paradigma del arrepentimiento-Trataba de protegerte, Edward, no estabas bien y saber esto solo te iba a hacer más daño… Dudé mucho, de verdad que sí, pero… ¿cómo podía decírtelo cuando él era lo único bueno que sacaste de esa maldita guerra? Yo no sabía, ni se me habría pasado nunca por la cabeza imaginar que intentarías algo más… íntimo con él.

- No fue algo que yo buscara…

Él se tragó cualquier respuesta malintencionada y la sustituyó por perdón, por arrepentimiento, por dulzura que llegaba tarde, pero que funcionó para mí.

- Eso me es indiferente, los dos hemos hecho cosas de las que nos arrepentimos, pero sé que esto es algo con lo que te he herido del todo –me tomó de las manos con suavidad y su contacto me hizo bien-. Perdóname, debí decírtelo desde el principio o buscar un momento más adecuado…

Estaba tan destrozado que aquel momento de amor fue un salvavidas en medio de un volcán en erupción. Quizá no valiera de nada, pero alimentaba mi esperanza sobre un futuro menos duro. Acaricié sus dedos como si fueran etéreos y luego los retuve. Le miré a los ojos y su mirada aprovechó mi falta de barreras para profundizar en mí más allá de lo que jamás hizo nadie.

- Alphonse… Tú eres lo más importante que tengo en la vida. Este tiempo sin ti ha sido una tortura continua, porque siempre he tenido la seguridad de que a tu lado todo está bien –lo dije todo sin respirar, temiendo del tiempo que se agotaba. Un tiempo que me daba una tregua para la paz en mitad del caos-. Siempre he depositado mi confianza en ti, y todo mi valor siempre ha surgido de saber que tú estabas a mi lado… No sé cómo encajar esto. Me siento solo y vacío, porque sigo necesitándote pero no te veo la misma persona que la que dejé aquí cuando me fui a la maldita guerra…

Al me abrazó, me tomó de las mejillas y me las besó con desesperación.

- Soy el mismo… -besó mis labios suavemente- Soy el mismo, niisan –utilizó aquella palabra para derribar los escombros de mi alma y coronarse rey de ellos-. Tu regreso ha sido algo que nos ha cambiado la vida a los dos y quizás no hemos sabido llevarlo de la mejor manera posible. Sé que ha sido difícil para ti pero entiende que también lo ha sido para mí porque el Edward que se marchó tampoco es el mismo que regresó. Pero podemos arreglarlo, aún estamos a tiempo si dejamos esta puta manía de hacernos daño por querernos hasta la locura.

Me arrojé a sus brazos con todo lo que llevaba dentro quebrado. Sin fuerzas para continuar con nada. Despojado de todo: mi dignidad, mi fortaleza, mi esperanza…

- Te quiero… -murmuré contra su pecho- Te quiero tanto que duele...

Él correspondió mi abrazo y besó mi cabello.

Al: Pues eso va a cambiar, a partir de ahora entre nosotros ya no habrá más dolor.

Le besé sin pensar en lo que hacía, dejando que mi cuerpo funcionase de manera automática, revelando una desesperación enferma de fusionar mi piel con la suya. Sus manos y las mías recorrían nuestros cuerpos en busca de más. Le besé y le mordí el cuello, queriendo recordar aquel momento en el que yo fui alguien que no estaba roto, que no era un despojo. Quise recordar cómo era el "yo" con fuerza y resolución. Quise marcar aquel cuerpo que era mío, por el que yo luché y que debía ser únicamente de mi propiedad.

La locura se apoderó de mí, de los dos. Le miré a los ojos, absolutamente ido.

- Alphonse, ¿puedo pedirte un favor?

- Sí.

- Hazme sentir.

Y lo hizo.

Notas de Autora:

Como de costumbre, los fanfics se hacen largos gracias a mi poca capacidad de actualización constante y estructurada. Es complicado coincidir las dos (Kuroiku y yo) para escribir/subir los fics. Pero bueno, continuaremos intentándolo en medida de lo posible. Las dos tenemos en mente terminar la historia así que con más o menos rapidez iremos subiendo nuevos capítulos n_n.

No obstante, ¡hemos tenido una idea para comprobar la cantidad de personas que siguen el fic!

El siguiente capítulo está escrito y prometo que es bastante... interesante para los/las fans del elricest :). Pero sólo lo subiremos antes de tiempo si nos llegan 10 reviews (o favoritos) a cada fan fic. La dirección del de Kuroiku es s/4690521/1/From-my-sky. Si no, habrá que esperar unas semanas más antes de poder leerlo.

Somos malvadas pero nos puede la curiosidad por saber si estamos escribiendo para alguien o a la nada... Por supuesto, quería agradecer a Megumi-Elric-x y a NOSOYNAO por sus comentarios =) espero que os siga gustando el fic.

Reviews please!

Nos leemos en el siguiente capi!