Finalmente, al parecer, Francia era amigo de las gárgolas y del jorobado de Notre Dame por algo, porque con mucha seguridad, entra por un pasillo más angosto, a una sección de madera, y justamente hay una parte que hoy por hoy, a diferencia del resto, no tiene un pequeño trozo de cristal, y que tiene una vista casi perfecta de la nave de la catedral y del altar. Se pone en cuclillas y se sienta en el suelo invitando a Inglaterra a sentarse en el hueco disponible entre sus piernas.

Le da un empujón para que se caiga un poco y se sienta al lado.

—Ehh! En teoría tenías que sentarte aquí en medio —protesta sobándose el culo porque se ha pegado un poco

—En teoría tenía que sentarme ahí abajo —señala.

—¿Y qué les has dicho? ¿Que no podías porque ibas a pasar el día conmigo?

—No, no que iba a pasarlo contigo pero que tenía trabajo y que quizás iba al banquete.

Francia le pasa una mano por encima de los hombros y saca su teléfono.

—Ven, acuéstate aquí —pide intentando que se le eche encima

—No —responde sonrojándose un poquito, teniendo una idea

—¿Por qué no? —pregunta descolocado acercándose él bastante más y levantando la cámara para tomarse una foto con el inglés.

—Este es un lugar... sacro, no puedes pensar en esas... cosas —se lleva un dedo a la corbata.

—¿Sexo en la azotea de Notre Dame? —levanta las cejas y le mira de reojo.

—No deberías pensar en eso —se sonroja.

—Yo sólo quería una foto —le sonríe con ESA sonrisa, poniéndole una mano en el pecho.

—No, no, no... me da igual —responde apartándole la mano y desanudándose la corbata del todo.

—¿Te da igual? —sonríe abriéndose los primeros botones de la camisa, por cierto.

—Me da igual lo que pienses, no va a pasar. No deberías siquiera pensarlo —le cierra uno de los botones.

—Mmmm... bien, dejaré de pensarlo entonces —vuelve a abrirse el botón.

Inglaterra vuelve a cerrárselo. Francia se cruza de brazos y frunce el ceño, mirándole.

El británico le señala con el dedo y se abre uno suyo. El galo levanta las cejas y sonríe muy levemente de lado.

—Ni me levantes las cejas, me da igual cuanto insistas —le pone el índice en la boca y se abre el siguiente, concentrándose en lo que está diciendo y no en lo que hace.

—Pero... —protesta haciéndose un poco para atrás, sonriendo más.

—Ah, ah, ah, ah —niega—. Cuanto más insistas, peor —acaba con el último y aparta la mirada, nervioso.

—¿Qué harás si sigo insistiendo...? —se humedece los labios, moviéndose un poco en su lugar, empezando a estar desde YA bastante emocionadillo.

—Pues... —se humedece los labios—. Tú no puedes porque está es tú iglesia... pero yo sí —susurra.

—Angleterreee —protesta medio siguiendo el juego, medio protestando en serio.

—Cuanto más insistas peor será lo que haga —responde y busca la botella de vino que Francia lleva toda la mañana arriba y abajo.

—Angleterre, ese vino es de lo mejor... no hagas algo idiota.

—Ese vino... es mío —le recuerda quitándose la camisa.

—Non, tú lo pagaste pero es mío —le mira quitarse la camisa con los ojos más abiertos de lo normal.

Inglaterra le mira un instante y luego se lleva la botella a los labios, bebiendo un poco y dejando que otro poco se le escurra por encima.

—A-Angleterre... —susurra haciéndose hacia él en un impulso y luego vacilando entre que no quiere que desperdicie el vino y que quiere lamérselo de encima más o menos como en ESTE instante. Inglaterra baja la botella relamiéndose los labios y le detiene.

—He dicho que tú. No. Puedes —insiste.

—Pero... es que... —se detiene traga saliva relamiéndose él los labios también, pensando que ya es un sacrilegio que le haya dado un trago a esa botella así... le mira a los labios pensando a lo que debe saber y suelta un pucherito acercándose otra vez.

—Si me tocas, me la bebo entera —le amenaza y vacila.

—¿Y qué pretendes? —protesta sonriendo al verle vacilar.

Inglaterra se lleva las manos al cinturón con no tanta seguridad. Francia se pasa una mano por el pelo, mirándole atentamente.

—¡Atiende a la liturgia!, tú querías ver la ceremonia—le riñe desabrochándose poco a poco el cinturón, cada vez más sonrojado, pero el vino ayuda.

—Que a-atienda... —le mira e inclina la cabeza, especialmente interesado en los pelitos que tiene que van del ombligo hacia el sur.

—Ya sabes... la boda—se quita el cinturón del todo.

—¿Cuál boda? —se toca con el pulgar el anillo en el dedo de manera inconsciente pero bastante notoria.

—Esa, definitivamente, no —responde y se le acerca a gatas obligándole a tumbarse en el suelo.

—¿Eh? —pregunta tumbándose un poco.

—Cómo crees que sería la ceremonia si la celebráramos, ¿eh? —le mira a los ojos y luego baja la mirada acompañada de una mano hasta el cinturón de Francia.

—¿La... la... boda? Nuestra... —levanta las cejas sorprendido de que le esté preguntando eso bajando la vista hasta ver la mano. Sonríe y debe notarse un poquito la tour eiffel—... hermosa.

—¿Te nos... —vacila un poco pero se da ánimos, porque se nota un poco la tour eiffel y además no está él en la posición comprometida—, imaginas a los dos quietos, de pie frente al altar? —abre también el pantalón y le mira a los ojos mientras le toca por encima de los calzoncillos un poco.

Cierra los ojos azules, gemidillo, pensando que es un poco injusto que haga esto con la boda. Sonríe igual.

—Oui... tú... estarías sonrojado —concluye.

Inglaterra se sonroja automáticamente perdiendo un poco la confianza.

—Y yo estaría nervioso... —confiesa haciéndose hacia él, intentando lamerle el pecho.

El británico le detiene mirándole a los ojos, él los entreabre cuando le detiene volviendo a humedecerse los labios preguntándose si ha dicho algo mal.

—Yo... pienso que... —se le acerca al oído—. Una ceremonia está bien, pero la mejor forma de unirse ante Dios quizás fuera celebrando el amor.

El francés gira un poco la cabeza para mirarle con los ojos bastante abiertos, con el corazón acelerado. Estaba el inglés... diciendo lo que creía que estaba diciendo. Es decir, era... seguramente era una broma, o algo para justificar que se acostaran en el techo de la catedral de Notre Dame... pero... la idea... al menos se podía interpretar... Cierra los ojos y toma aire, volviendo a detenerse a sí mismo de no pensar por ese camino.

—Unirse... —susurra tan suave que creo que ni el mismo se escucha.

Inglaterra le besa, muy nervioso por todas las implicaciones que llevan realmente esas palabras, sin saber si pensar o no demasiado en ello, decidiendo que seguramente es mejor no hacerlo.

El francés le abraza, le abraza con fuerza y le besa con completa pasión e intensidad olvidándose por completo del sabor al vino, pensando en las palabras del inglés y en lo que pueden implicar, con el corazón completamente desbocado y terror de que para él signifiquen algo mucho muy diferente a lo que significan para el inglés.

Ehm... bueno, pues nada, lo que sigue es un poco de pim pam pum en la catedral. Ejem. Al menos es bastante suave y entregado, con dedicación, disfrutando de ello y alargándolo como el plato más exquisito que no quieres que nunca termine.

Francia le abraza con sospechosa fuerza una vez que terminan, con los ojos cerrados y el corazón que le deja casi sordo en los oídos. Sólo le ha susurrado una sola vez que le quiere en todo el proceso y fue unos diez segundos antes de este momento. Y fue una de las escasas veces en que se vio correspondido por una declaración similar.

El francés se acurruca en él, sin tener ni idea de lo que acaba de pasar... pero con una sensación sorprendentemente positiva en el estómago. Le acaricia la espalda a Inglaterra, temblando un poco.

—¿Qué... qué ha...? —empieza Inglaterra, que tampoco lo sabe y no está seguro de querer ponerle palabras.

—Shh... —susurra suavemente, porque no quiere oír que vaya a decirle que lo que él entiende que acaba de pasar (que no entiende nada en realidad), es distinto a lo que Inglaterra entiende. Y él... está contento en realidad, quizás dejaría de estarlo si lo supiera.

Inglaterra suspira profundamente y tiembla un poco de miedo de lo que está entendiendo. Francia traga saliva y le mira de reojo.

El británico le mira también, porque no han hecho nada nuevo, solo el amor, como siempre, pero algo se siente diferente ahora. El galo abre la boca para decir algo y luego la cierra. Levanta la mano y le toca la mejilla.

Los ojos verdes siguen pendientes de él, así que sonríe un poco tímidamente. Tiembla en un suspiro aun, pero se siente un poco mejor al verle sonreír.

—Acabamos de... —susurra el francés, pero el inglés le tapa la boca con una mano con la respiración agitadita, así que él le abraza con más fuerza cerrando los ojos.

—Puedes quedarte la... alianza —susurra Inglaterra a cuento de, aparentemente, nada.

Francia sonríe acercándose a él y chocando sus frentes. Inglaterra le abraza con fuerza con los ojos cerrados.

El galo decide que si el mundo se acabara hoy, en este momento... estaría contento. El británico está increíblemente asustado, porque esto no puede ser verdad y llegado este punto, seguro la cosa no puede hacer más que torcerse

Y de hecho, Francia está pensando que no necesita ni media alianza, ni nada por el estilo, le basta esto que está pasando ahora, el vino, el inglés, el día del entente cordiale… todo esto es maravilloso y este evento acaba entrar en la lista de cosas que nunca, nunca, nunca se le van a olvidar... y sorprendentemente, en una categoría de esas pocas cosas MUY importantes que pasan en su vida y que no planea contarle a España.

—But... —sigue tras unos instantes, Francia siente un agujero en el estómago... hay un "but"—. No vamos a hablar de esto, OK? Lo tuyo es... tuyo y lo mío, mío —pide a instancias de protegerse de una posibilidad de no estar entendiendo lo mismo.

Lo siguiente que piensa es que Inglaterra va a irse corriendo en cuanto le suelte... levanta las cejas cuando escucha eso y parpadea, porque esto empieza a ser la confirmación de que el inglés si está entendiendo esto como él mismo.

—Sólo tú y yo... esto es nuestro —susurra.

—Y aun habiéndolo compartido no estoy seguro de querer mezclar ambas partes —responde nervioso y de verdad asustado, porque si realmente es tan grande como piensa y quiere que sea para sí mismo y no lo es igual para Francia… no está seguro de que su corazón pueda soportarlo de nuevo.

—Lo tuyo es tuyo... y lo mío es mío —asiente, sin poder creer que estén teniendo esta conversación.

El conejito se esconde un poco en él, más tranquilo, porque al menos, si para el francés no ha pasado, no va a pisotear su corazoncito que ahora mismo parece abierto en canal.

—Mais... —sigue él ahora, instantes más tarde y le hace temblar de nuevo, paralizado—. Esto... es nuestro —susurra.

—Yes —accede un poco de los nervios, mirando al rededor.

—Unidos —agrega más quedito aún.

El británico traga saliva sin realmente saber qué hacer y empiezan a sonar las campanas anunciando el fin de la boda. El francés cierra los ojos y suspira, aún sin soltarle.

—¿Podemos quedarnos aquí un poquito más? —pide suavemente en su oído.

—Creo que van a tirar el arroz...

—Pero... Nosotros...

Los ojos verdes le miran y Francia e besa el hombro y no le suelta, pensando que si se van todo esto se esfumará y él aún tiene que procesarlo.

—Estoy muy feliz así, aquí, ahora mismo.

Inglaterra se revuelve porque cuanto más rato estén más se le imprime en el corazón la situación y no está seguro de querer que eso pase, aunque sea bonito... no tiene ni idea de lo que va a pasar ahora.

Francia nota que se revuelve y traga saliva con ello. Quizás él no esté tan feliz, quizás se ha dado cuenta de que él está muy feliz y no quiere que lo esté, porque el mismo no lo está. Quizás está dándole demasiada importancia a algo que el inglés no está realmente considerando importante. Le mira de reojo temiendo encontrarle la mirada, en realidad temiendo encontrar en su mirada algo que no quiere ver. Vacila un instante.

Seguramente el francés solo está feliz por lo de siempre, sigue pensando el británico, porque bueno, acaban de tener algo... que seguramente solo es sexo en la catedral, da igual que tan diferente lo haya sentido él. Se entristece un poco... sí seguramente esa era la mejor consideración. La más sensata lo parecía al menos, suspira.

Francia le observa hacer, de reojo, confundido y agobiadillo. ¿Sería que había dicho eso de unirse sólo para distraerle? Repasa rápidamente la escena en su cabeza. Estaba hablando de la boda... y del altar, sólo para hablar, pero lo que seguía había sido bastante claro, unirse ante dios por demostración de amor. Luego le había besado... y él estaba completamente seguro que se habían... Aprieta los ojos sin quererlo poner en palabras ni siquiera en su cabeza. Deja de abrazarle con la mano izquierda y trata de buscarle la mano para entrelazar sus dedos.

Quizás si solo seguían como hasta ahora como si no hubiera pasado... eso había pedido, ¿no? "no vamos a hablar de esto" y era por algo, lo mejor sería olvidarlo y ya si acaso mañana o cuando volviera a estar solo, recordarlo y... dejar a su pequeño corazón de conejo romperse. El francés le toma de la mano, entrelaza sus dedos y le mira a los ojos.

—Angleterre...

Los ojos verdes le miran dejando que ha lo que quiera con su mano. El francés le besa en los labios de nuevo, sin estar seguro de nada y él le besa de vuelta con bastante angustia, pero por primera vez, el beso no la soluciona.

El galo se separa y le mira a los ojos, buscando respuestas en ellos. ¿Estás pensando en lo mismo en lo que yo estoy pensando? ¿Tienes tanto miedo como tengo yo?

—Creo que deberíamos irnos —susurra con la mirada baja, huyendo de la suya.

El de ojos azules suelta el aire por la nariz, repentinamente hecho polvo. Pero... había sido su idea. SU idea. ÉL lo había propuesto, ÉL se había metido en su corazón y había hecho todas esas cosas, le había generado todas esas expectativas. Y ahora... ahora... ¿sería que lo había malentendido? Se muerde el labio.

—Ohh...

El británico se humedece los labios y sin sonreír para nada, se incorpora empezando a buscar su ropa para vestirse, sin querer mirarle para que no vea que se le humedecen un poco los ojos.

El galo se hace bolita mirándole hacer, sorprendido de la seriedad. ¿Qué era lo que había salido mal? Él... estaba tan ridículamente feliz.

El británico se viste convenciéndose que este es el único resultado posible y que es un idiota por haberse dejado llevar por... quién sabe qué ridiculez, sintiendo nauseas.

—Me estás asustando... un... poco —admite Francia sin ser muy claro, intentando ver por dónde va la cosa.

—No veo por qué —miente sin mirarle, con la voz más plana y controlada que puede, pensando que él no está UN POCO asustado, está en bloody pánico—. Let's go, o llegaremos tarde a comer.

Francia busca sus pantalones y se los pone, en silencio, seguro ahora de que va a irse... en cuanto pueda, en cuanto se distraiga, en cuanto parpadee. Era... el camino normal de las cosas, claro. El maldito camino normal de las cosas. Se recarga un poco en la pared y toma aire, necesitando un minuto para respirar y bajarle a su ritmo cardiaco y a la angustia que está empezando a sentir. Se mira de reojo el dedo con la alianza.

Inglaterra se pone de pie esperándole cuando ya está vestido, sin mirarle, pensando que necesita un poco de alcohol... o algo.

Finalmente, el latino se pone la camisa, el cinturón y el saco y se levanta, acercándose al inglés con vacilación que carraspea, le pasa una mano por la cintura y le aprieta contra sí.

El inglés se deja y le mira de reojo. El francés le sonríe cómplice y con sinceridad, dándole un beso en la mejilla.

Inglaterra sonríe un poco, incómodo y Francia se relaja un poco al verle sonreír de nuevo, pensando que quizás no todo está yéndose por completo por la borda.

—Come on —vuelve a aparta la mirada y a dejar de sonreír apretando los ojos y odiándose a sí mismo por haberle dicho eso. Siempre era la misma mierda, él tenía una relación especial con Francia, que obviamente Francia NO tenía con él y por eso se le había ido la lengua. ¿Quién podía condenarle, viendo a Francia cómo es? Todo lo sensual y guapo... y más allá de eso lo cariñoso y lo dulce y... lo perfecto, seguro que a todos les pasaba lo mismo, eso era justo lo que le jodía, él lo conocía desde siempre, ¿cómo podía seguir dejando que esto le pasara hasta tal punto? se limpia los ojos disimuladamente.

Francia se muerde el labio al ver que no sonríe, buscándole la mirada.

—Todavía me tiemblan las piernas —confiesa tratando de hacer que hable con él en lugar de pensar lo que sea horrible que seguramente está pensando y que daría todo el dinero del mundo por escuchar. ¿Cómo es que siempre sabía lo que pensaba a excepción de cuándo importaba?

—Puedes quedarte en la calle si quieres, te recogeré con el coche a la puerta —se ofrece amable pero distante y se dirige a la salida sin mirarle.

El francés se humedece los labios temiendo esto. Era ahora, en este momento cuando seguramente planeaba irse. Seguramente... ¿se arrepentía? O estaba en pánico o... Levanta una mano y le gira la cara para que le mire. Lo hace, tomado por sorpresa.

—¿Tienes tanto miedo como yo? —susurra con muchos trabajos.

Levanta las superpobladas cejas y da un paso atrás. El de ojos azules se humedece los labios y no da un paso al frente para no asustarlo. Tiene que detenerse a sí mismo.

—No quiero... no... No vamos a...

—No te vayas... si te vas me romperás el corazón —suelta sin pensar y cuando nota lo que ha dicho se lleva una mano a los labios. Mierda.

Abre los ojos verdes como platos, vacilando.

—V-Vamos por el coche —susurra girando hacia ahí, apretando los ojos, preguntándose cómo es que Inglaterra consigue que pasen estas cosas.

El inglés le mira pasar a su lado y le sigue en silencio bajando las escaleras de piedra.

Baja por las escaleras histéeeerico, llegando a la entrada y casi saltando la cadena. Bien, Francia, bien... excelente idea el decirle a Inglaterra tus debilidades, casi gritárselas en la cara. Se detiene en seco al notar algo.

—La botella...