Antes que nada quiero pedir una enorme disculpa por tardarme tanto en actualizar, pero había tenido unas semanas bastantes complicadas y no había podido avanzar nada. Pero, aquí está y ya prometo no tardarme tanto y en unos días subo el siguiente para compensarlos. Gracias a todos por sus comentarios (:

SIETE

Fred no paraba de dar vuelta por la habitación negando con la cabeza, aun con la nota de la castaña en las manos. No sabía que hacer. No se sentía capaz de poder terminar la canción sin ella. Era algo que habían estado escribiendo y componiendo juntos, era completamente un pedazo de cada uno, plasmado la música y letra. La castaña quería que él la terminarla por ella, y para colmo presentarla frente a todos. Se sentó sobre la barra de la cocina, sin dejar de negar con la cabeza y decir cosas sin sentido. Respiró hondo y se estiró tomando el teléfono, marcándole a su hermano.

— ¿Si? — se escuchó del otro lado de la línea.

— ¿George? — soltó un largo suspiro — George he recibido una nueva carta y… no se si sea capaz de hacerlo.

— Wow, espera… ¿Tú no serías capaz de hacerlo? Eso es raro. — preguntó completamente extraño — ¿Pues de que se trata?

— No se si te conté que Mione y yo veníamos escribiendo una canción juntos. — dijo pasándose los dedos por la frente, completamente nervioso— Pues… la carta que me mandó era de… que quiere que la termine yo.

Se escuchó un poco de silencio del otro lado de la línea, ya que George intentaba entender cual era el problema de su hermano. Él bien sabía que una de las pasiones mas grande de ambos era la música, no entendía mucho porque estaba tan nervioso.

— Bien, no entiendo cual es el problema, Fred.

— Que no puedo. No puedo terminar eso sin ella. — empezó a decir algo desesperado — No tengo una buena inspiración o motivación para hacerlo. La simple idea de tocar ese cuaderno de nuevo… me deprime. Me recuerda a Mione muchísimo. Duele todavía.

— Fred, claro que tienes una motivación. Es ella. — dijo tranquilamente para darle ánimos.

Ahora Fred fue el que se quedó en silencio por un momento. Tenía razón su hermano, y como la castaña le había dicho: "Hazlo por mi". Lo haría por ella. Apretó fuertemente el auricular del teléfono contra su cabeza y asintió.

— Tal vez tengas razón.

— Yo siempre tengo razón, hermano. — rió ligeramente divertido intentando relajar la tensión del momento — Aparte, creo que sería buen ejercicio para ti, para poder desahogarte un poco.

— Supongo que si. — soltó un largo suspiro contra el teléfono — Creo que lo haré, lo intentaré. Luego te hablo para decirte cuando y donde la cantaré.

— Me parece perfecto, Hermano. — comentó con una sonrisa — Ánimo. Nos hablamos. Adiós.

Colgó el teléfono y se quedó sentado, observando la pared sin decir nada. Lo que le había pedido la castaña no sería nada fácil para él, pero estaba dispuesto a intentarlo. Estaba dispuesto a terminar esa canción solo por ella. Solamente por ella.

A la mañana siguiente Fred despertó completamente vestido encima de la cama. Advirtió que estaba volviendo a caer en sus viejos hábitos. Los pensamientos positivos de las últimas semanas iban desvaneciéndose poco a poco cada día. Resultaba bastante agotador intentar estar contento todo el día que ya apenas le quedaba alegría. ¿A quién le importaba que la casa estuviera hecha una pocilga? Nadia mas iba a verlo, y desde luego a él le traía sin cuidado. ¿A quién le importaba que llevara una semana sin lavarse la cara? Por su puesto, no tenia la menor intención de impresionar a nadie. A la única persona que veía regularmente era el repartidor de pizza, y tenia que darle una propina si quería verle sonreír. ¿A quién le importaba? El teléfono vibró a su lado, anunciando un mensaje. Era de George.

"¿Cómo van las cosas con esa canción?

Ánimo, recuerda que es por Hermione.

Por que lo harás por ella, ¿verdad?"

Hermione está muerta y enterrada, tuvo ganas de contestar. Sin embargo, desde que había comenzado a abrir los sobres ya no tenia la sensación de que estuviese muerta. Era como si simplemente se hubiese marchado de vacaciones y estuviera mandándole cartas, así que en realidad no se había ido. Eso no lo comprometía a nada.

Se preparó un café lo bastante cargado para poder estar despierto todo el día. Caminó hasta la habitación, sacando del fondo del mueble, del lado de la televisión, un cuaderno de forma cuadrangular, de color rojo que la castaña había decorado ella misma días antes. Lo miró por un momento, pasando la mano por la tapa quitando el polvo que tenía sobre éste. Tener el cuaderno en sus manos le traían bastante recuerdos, que se le formó un nudo en la garganta, haciendo que se le cristalizar un poco los ojos. Tantas letras de canciones escritas ahí. Tantos sentimientos guardados. Cuantos pensamientos reprimidos. Cuantas cosas, contenía ese pequeño cuaderno. Parpadeó un par de veces para evitar que las lágrimas salieran de sus ojos, se acercó a la sala dejando las cosas sobre la mesa y se sentó sobre el sillón, mirando el cuaderno por unos momentos mas. Tomó la guitarra que tenía a un lado y comenzó a trabajar.

Después de que Fred discutiera por un rato con su hermana, la chica logró convencerlo en llevarlo de compras junto George, para que estuviera completamente radiante el día que tuviera que presentarse frente a la familia, cantando la canción de Hermione, tuvo como resultado que gastara un dineral en un traje completo de color gris, el cual le quedaba bastante bien. Realmente necesitaba controlar su gastos a partir de ahora; sus ahorros estaban escasos y puesto que no contaba con ingresos regulares, preveía que se avecinaban tiempos difíciles. Debía empezar a pensar en buscar trabajo, pero teniendo en cuenta lo mucho que le costaba levantarse de la cama por las mañanas, otro deprimente empleo de nueve a cinco no iba a ayudarlo a mejor la situación. Fred suspiró sonoramente ante el montón de asuntos que tenia que resolver por si mismo. Solo de pensarlo se deprimía, y el problema era que pasaba demasiado tiempo a solas pensando en ello. Necesitaba estar rodeado de gente. Gente como su familia y amigos. Telefoneo a su madre para preguntarle si le iba bien que fuera a visitarla.

— Claro que si, mi vida, aquí siempre eres bienvenido. — Luego bajó la voz para susurrar—: Pero ten en cuenta que Percy está aquí.

Al oírlo Fred había considerado la posibilidad de ir directamente a casa, pero se convenció de que era una estupidez. Por mas pesado que fuera, Percy era su hermano y no podía seguir evitándolo toda su vida.

Llegó a una casa extremadamente ruidosa y concurrida que hizo pensar en los viejos tiempos, pues se oían chillidos y gritos en todas la habitaciones. Su madre estaba poniendo un cubierto mas en la mesa cuando entró.

— Oh, mamá, tendrías que haberme dicho que iban a cenar. — Dijo Fred, dándole un abrazo y un beso.

— ¿Por qué? ¿Ya has cenado?

— No, en realidad me muero de hambre, pero espero no haberte complicado la vida.

— No, para nada. Siéntate, cariño.

El ambiente era mucho mas distendido esta vez, o quizás Fred había estado muy nervioso durante la última cena familiar.

— Dime, Ronny, ¿cómo es que no estás en la facultad? — Preguntó divertido el gemelo, ya que su hermano menor, pasaba mucho tiempo metido en la universidad con su carrera de comunicaciones.

— He estado en clase toda la mañana. — contestó Ron, con mala cara— Y vuelvo a entrar a las ocho.

— Eso es muy tarde — dijo su padre, sirviéndose abundante salsa. Siempre acababa con mas salsa que comida en el plato.

— Ya, pero era la única hora que estaba disponible la sala de edición. — explicó Ron.

— ¿Sólo hay una sala de edición, Ron? — saltó Percy.

— Si — contestó el gran conversador.

— ¿Y cuantos estudiantes hay?

— Es una clase pequeña, solo somos doce.

— ¿No tienen recursos para otra sala de edición?

— No, es un facultad pequeña, Percy.

— Supongo que las universidades grandes estarán mejor preparadas para esas clases de cosas. En general son mejores.

Y ahí estaba la pulla que todos esperaban.

— No, yo no diría eso. Las instalaciones que tenemos so de categoría, es solo que hay menos gente y por lo tanto menos equipos. Y los profesores no son peores que los de una gran universidad, tienen un valor añadido porque trabajan en la industria además de dar clases. O sea que practican lo que aplica. No se limitan a impartir una materia de libro de texto.

Bien dicho, Ron, pensó y guiñó un ojo desde el otro lado de la mesa. Después dejó los cubiertos, miró fijamente a Fred, de forma curiosa y preguntó:

— ¿Qué es eso de que vas a cantar en el pub la semana que viene?

Fred fingió no saber nada de lo que hablaba su hermano.

— ¡Vamos, Fred! — insistió Ron— ¡Me ha dicho Seamus que tienes apartado un día de la semana que viene!

Seamus era el propietario del pub donde solían frecuentar los Weasley y sus amigos para cantar y hacer sus fiestas de cumpleaños de la familia. Todos comentaron lo maravilloso que era que Fred se animara en volver a presentarse en un escenario y hacer lo que le gustaba. Fred se negó a darse por vencido.

— Ron, Seamus te está tomando el pelo. Obviamente no pienso volver a cantar, la semana que viene, ni nunca. — negó de nuevo con la cabeza, como si la idea fuese absurda.

— ¡Fred! — exclamó Ron sonriendo— ¡He visto tu nombre escrito en la lista! ¡No mientas!

— Fred, ¿por qué no nos has dicho que volverás a cantar? — preguntó su madre.

— Porque no quería hacerlo. A lo de cantar, me refiero.

— ¿Ƴ por qué lo haces entonces? — preguntó Ginny, con una sonrisa maliciosa ya que obviamente sabía la respuesta.

Tal ves debía contárselo a la familia, se dijo Fred; de lo contrario, Ron lo sonsacaría y no quería mentirles a su familia. Lastima que Percy, también tuviera que enterarse.

— Muy bien, el asunto es bastante complicado, pero en resumidas cuentas Hermione me apuntó hace meses porque tenía muchas ganas de que cantara una de nuestras canciones y, por más que yo no quiera, siento que debo hacerlo. Es un tontería, ya lo se.

Ron dejó de reír de golpe. Con toda la familia observándolo, Fred se sintió como un paranoico. se pasó la mano por la frente completamente nervioso.

— Me parece una idea maravillosa — anunció su padre de súbito. — Y todos iremos para apoyarte.

— Claro, es imposible que cantes esa canción, sin que tus hermanos favoritos, estemos presentes — dijo George divertido, señalando a Ginny y a él mismo.

— Oye, oye — dijo Percy—, que nosotros también iremos. Nunca he puesto los pies en un lugar de esos, pero debe ser… —hurgó en su cerebro en busca de una palabra adecuada—

divertido.

Fred resopló y cerró los ojos, deseando haber ido directamente a su casa al regresar del centro.

— ¿Cuándo es la función— preguntó Percy, sacando su agenda.

— El sábado. — mintió Fred, y Percy procedió a anotarlo.

— ¡No es verdad! — saltó Ron—¡Es el martes que viene, mentiroso!

— ¡Mierda! —maldijo Percy, para gran sorpresa de todos. — ¿Alguien tiene un corrector?