Capítulo Séptimo
Después de tanto drama llega la tormenta
Sabiendo bien la situación actual de cada uno de sus conocidos Terumi Afuro tenía toda la ventaja de salir victorioso en las elecciones que se llevarían a cabo en unos pocos días, Shuuya estaba en un estado de shock al escuchar ciertos rumores de dos parejas haciendo cosas en el baño, por lo que no sería una difícil competencia, solo debía preguntarle si él estaba allí con Endou y este, como el buen mentiroso que es se sonrojaría y le amenazaría con lanzarle muchos balones si seguía diciendo esas estupideces, Ichirouta aunque tuviera una relación –más falsa que el tinte castaño de Someoka– con Fudou, aún era una presa fácil, sin mejor amigo que lo protegiese y con el corazón destrozado por saber de la relación no tan secreta de su primer amor y el "innombrable" aún no era capaz de ser tan abierto como antes, por lo que en el debate le podría aplastar como la rata –sin sentimientos hacia el pobre de Shuuya– que era.
Escuchó varios golpes en la puerta de su recamara, pero aún era demasiado temprano, sus párpados le pesaban bastante, aquel trabajo de ciencias políticas le había dejado agotado, tan solo recordaba levemente que lo había terminado con bastante dificultad, impreso dos veces, una para dársela a su profesor y la segunda es solo por si llegase a ocurrir algún contratiempo con la entrega, ser cuidadoso era lo mejor.
– Terumi… ya es hora de levantarse –Y allí estaba la dulce voz que le despertaba cada mañana, el dueño de sus noches húmedas y tardes alocadas, aquel que le sacaba sonrisas solo con un parpadeo casual… ese demonio que siempre gruñía cuando le rociaba agua cada vez que le despertaba, él era el que generalmente levantaba a Atsuya, por lo que ya debían ser más de las ocho de la mañana– prometiste levantarte a ayudarme con mi proyecto ambiental –¿Proyecto ambiental?, ¿por qué siempre ese mocoso llegaba a molestarle?.
– ¿Qué hora es? –Preguntó tapándose nuevamente con las cobijas, no quería ir a clase, si era necesario presentaría una excusa médica, aun le dolía la cabeza y todavía tenía sueño, estando en ese estado era un blanco fácil para los flashes de los persistentes miembros del club periodista de esa institución.
– Es medio día –Contestó adentrándose a lo que él llamaba el inframundo– ¡recoge tanta basura de tu asqueroso suelo!, ¡no siempre seré yo el que te arregle este chiquero!
– Deja de decir que mi cuarto es un criadero de cerdos –Murmuró corriéndose a un extremo de su cama– te dejé campo para que vengas a dormir un rato conmigo –Con un lento y perezoso movimiento alzó sus cobijas y esperó hasta que el menor se recostara a su lado– ¿Qué hay de malo en quedarse a dormir con tu casero un viernes?
Siempre que usaba esa táctica terminaba cono vencedor, Atsuya era aún un niño mimado que deseaba ser consentido de cualquier manera, además, no siempre tenían ese lujo de quedarse un rato en su cama, generalmente este se marchaba los fines de semana a un lugar del cual no sabía nada y él se quedaba viendo lo primero que se pasara en la televisión.
– No hay nada de malo en la acción, de hecho el que está mal al decir que es viernes es mi tonto casero –Se recostó en el pecho de este y comenzó a acariciarle las suaves hebras de cabello– ¿Qué te parece cortarte el cabello? Te hace falta un buen corte
– ¿Y qué te parece a ti cerrar tu boca?, No me cortaré el cabello hasta que lo vea necesario –Contestó con una leve molestia, no cualquiera entraba a su habitación cuando él se encontraba sin dormir muy bien solo a molestarlo, generalmente solo le pateaban la puerta hasta despertarlo y de ahí se escondían para que su agresor no les encontrarse. Atsuya sí que tenía agallas– además, ¿A qué vienes con eso de que hoy no es viernes?
– Hoy es sábado, ayer era viernes y tu trabajo de ciencias de lo que sea es para el viernes de la otra semana o al menos eso decía en el correo que te enviaron esta mañana a tu cuenta –Contestó tomándole del cabello con un poco de rudeza– terminaste el trabajo ocho días antes y probablemente te haré levantar en media hora para que me ayudes con mi trabajo ambiental, de ahí dejaré que me manosees un cuarto de hora y luego me acompañarás a la zona este de la ciudad
– ¿Y que gano yo cumpliendo con cada uno de tus caprichos? –Podía estar perdidamente enamorado de Atsuya, podría caer fácilmente con tan solo verle la cara de perrito que ponía, pero aun así, su "orgullo" no le dejaba ceder tan fácil– No es que tu hagas mucho en este lugar
El menor se levantó bastante molesto y se quedó observándole por varios segundos, ¿Cómo podía ser tan mentiroso? Si no fuera por él esa casa estaría acabada– Uno, arreglo la pocilga a la que llamas departamento
– Claro –Murmuró irónicamente– no es que yo haya tenido siempre este lugar como cuando tú llegaste, ya sabes… dentro de mi desorden hay un orden y cuando ordeno desordeno lo que esta desordenado
– Hombre con hombre y mujer con mujer –Alegó con un tono que solo utilizaría una señorita en algún reinado de belleza de pueblo– Dos, ¿Quién es el que prepara la comida que llevas a Raimon?
– ¿Quién lo hacía antes de tu llegada? –¡Vil hermafrodita, se las pagaría!, si seguía con esa tonta actitud le dejaría solo al menos por varios días, no le importaba si se iba a un hotel barato, tenía el suficiente dinero como para hacerlo.
– Lo hacía Goenji –Contestó con una risa intentando escaparse de sus labios– acéptalo Afuro Terumi, tu siempre vas a necesitar que alguien te ayude con todo lo que tienes que hacer, en lo único que eres bueno es para hacer postres y trabajos a los demás
– Y en el sexo –Agregó guiñándole el ojo– eso lo sabes muy bien, si tan solo con tocarte en el cuello te sonrojas y ni hablar de cuando toco tu trasero
– ¡No sigas! –Exclamo tapándose su rostro sonrosado– ¡No sigas hermafrodita depravado!
Se lanzó de la cama al tatami y cayó de espalda, sonrió tontamente al escuchar como el timbre de la puerta sonaba, ¡dios!, como amaba cuando era literalmente salvado por la campana, como siempre, hacía cosas impulsivas y una de esas fue mostrarle su dedo medio al otro y salir corriendo a abrir la puerta.
Tropezó con un zapato, la maleta y el balón de Terumi, jodido idiota, ¡luego decía que él no hacía nada!, sobándose su pie derecho llegó a la puerta y abrió molesto.
– ¿Qué quiere? –Preguntó con su cabeza concentrada en buscar alguna coloración en la zona afectada.
– ¿Atsuya–Chan? –Esa voz… ¿Chan? ¡CHAN!, solo había alguien en la faz de la tierra que era capaz de llamarle así y solo esa persona salía bien librada de esas situaciones incómodas en las cuales su nombre sonaba demasiado infantil.
– Yuka –Alzó su rostro y le sonrió tontamente– te ves muy linda con esas coletas
– Deja de coquetearme, enfermo –le dio un beso en la mejilla, acto que solo logró hacer sonrojar al más alto de estos dos y enojar al dueño del lugar– ahora que estas a mi merced te vengo a pedir un favor
– ¿Por qué eres así de rara Goenji junior? –Preguntó mirándole algo extrañado– ¿viniste a pedirle un favor a mi novio?
– A los dos –Contestó dándole una maleta a su amigo– allí esta su regalo de mesiversario, está la comida, los nuggets, su ropita y todo lo que ustedes piensen que el pequeño necesita, ¡adiós!
Afuro salió del corredor y se acercó para ver la bolsa, dudaron en abrirla pero decidieron hacerlo cuando escucharon que la puerta fue cerrada, se vieron varios segundos y Terumi tomándose su cabello se agachó y corrió la cremallera, esperaron ver algún animal por las cosas que había dicho Yuka, pero solo vieron comida y juguetes.
– Creí que nos daría un conejo o algo así –Murmuró comenzando a sacar cada una de las cosas que había dejado la niña en dicha maleta, aunque si su súper inteligencia de Fubuki no le engañaba, eso parecía más para un gato– mira en la puerta quizás allí dejó el conejo
– ¿por qué un conejo? ¡Yo quiero un perro! –Con pesados pasos fue hasta la entrada de su departamento y soltó una leve risilla al ver la mascota que la pequeña había dejado al frente– ¿dejó alguna nota?
– "Queridos Terumi y Atsuya –carraspeó varias veces hasta que su garganta dejó de molestarle– solo les quiero avisar que les regalaré a ese condenado demonio, por cierto, se llama demonio, no nos ha dejado dormir en tres días, Goenji está durmiendo en casa de Kazemaru y mi padre se toma un frasco de valeriana para poder descansar. El perro era mío así que les confío la responsabilidad a ustedes dos, piensen en él como su primer hijo y en su mesiversario. No los odio. Pero si quiero verlos sufrir"
– Ahora entiendo porque Shuuya es tan sumiso con ella –Tomó al perro en brazos y le entró al lugar– ¿por algo se debe llamar demonio no es así?
– ¿Quieres averiguarlo ahora? –Preguntó recostándose en el primer asiento que vio– siento que esto va a ser un gran problema
– Pero solo para ti Atsuya –Contestó acariciándole la espalda al animal– es solo un French Poodle y si hace desastre alguno, tu eres el que recogerá todo el desorden
– ¿Yo? –Dudó señalándose a sí mismo– ¡¿YO?!
– Tu eres el que arregla el chiquero –Murmuró llevándose al perro por el corredor– comienza a arreglar todo para más tarde tenerle un lugar en donde dormir a daemon
Y en menos de tres segundos la ira contenida en el pequeño cuerpo del menor de los Fubuki salió a flote y el único que pudo notarlo fue ese verde y chillón florero que Terumi se había ganado en una subasta, sabía que costaba unos quinientos dólares, o al menos eso le había escuchado decir a Goenji en una noche de copas, pero, ¿Qué le importaba romper un florero cuando era él el que tenía que organizar todo el basurero en el que estaba parado?
– ¿Lo que acabaste de romper fue mi florero? –Preguntó Terumi sacando su rostro por el marco de la ventana de la habitación– Atsuya… dime que no fue ese florero
– Lamento decirte que tu puto florero fue el que cayó al suelo, ahora, mueve tu trasero hasta aquí y ayúdame a organizar esto, acomodaremos al engendro de satanás y me ayudaras con mi tarea –Quizás el dios se hubiera negado si no le hubiera visto su rostro lleno de odio y con un aire de amenaza que solo significaría estar en problemas si no hacía lo que le pedía– ¿Qué me ves?
– Tu trasero –Contestó sonriente, ¡vamos!, era imposible que aquel dulce señorito fuera capaz de golpearle, se veía tan delicado con ese camisón que llevaba puesto, tenía su cabello recogido en dos diminutas coletas y encima de su cabeza se posaba un gorrito de dormir.
– Estas muerto jodido asexual –Y sin decir una sola palabra más le tiró un cojín a su rostro logrando pegarle en medio de la frente– si no quieres que sea más agresivo contigo agarra esa escoba y ponte a barrer
– ¿Barrer? –Preguntó tomando aquel palo con pelos y comenzó a moverse ágilmente– ¡Feel like a ninja! –Gritó con una gran sonrisa en sus labios– Hace mucho tiempo, las cuatro naciones vivían en armonía. Pero todo cambió cuando la Nación del Fuego atacó –Miró a su lado y saltó al primer sillón desocupado que vio.
– Sólo el Avatar, maestro de los cuatro elementos, podía detenerlos, pero cuando el mundo lo más lo necesitaba, desapareció –Terumi notando el bajo tono de voz utilizado en la última frase se tapó con una manta que había en el suelo– Después de Cien años mi hermano y yo encontramos a el nuevo Avatar, un Maestro Aire llamado Aang –Y el rubio le tiró un cojín– ¿Afuro? –Este asintió.
– Aunque sus habilidades para controlar el aire eran grandiosas, tenía mucho que aprender antes de poder salvar al mundo…
– Y yo creo que si comienza a arreglar, podrá salvarnos –Sonrió tiernamente y le tiró nuevamente el mismo cojín– ahora zángano, mueve tu trasero y comienza a organizar la esquina del sake y el resto de licores.
~(-w-)~
Sus manos acariciaban toda la espalda del poseedor de hebras azulinas, ni siquiera en sus más pervertidos sueños podía ver algo de ese mismo estilo, Ichirouta estaba completamente a su merced y no era gracias a algún efecto del alcohol o afrodisiaco que le hubiese dado Terumi horas antes de su encuentro. No. No señor, era cierto, no era un sueño, estaba manoseando libidinosamente al dueño de esos ojos almendrados que tanto le encantaban. El sudor de sus cuerpos era cada vez más palpable, el menor se deslizaba del fuerte agarre que le tenía Goenji en sus caderas, condenado aire acondicionado sí que fallaba en los mejores momentos, sus respiraciones eran irregulares, sus labios se atacaban ferozmente, prácticamente se estaban comiendo como dos animales en celo, un instinto irracional les llenaba todo su cuerpo y les hacía tocar los rincones más inhóspitos de placer que nunca habían sentido.
– Siempre quise hacer esto contigo –Murmuró Kazemaru aferrando sus manos en la espalda del moreno, generalmente con toda persona que se acostaba llegaba al menos a un sofá o a su cama, pero con Shuuya no llego siquiera a quitarse los zapatos cuando este ya le estaba devorando el cuello, era tan salvaje, tan pasional, podía pasarse de lo basto, pero poco le importaba, su cuerpo le pedía más y luego de estar tanto tiempo discutiendo con su mejor amigo, esta era una muy buena manera de solucionarlo.
Siempre había sentido la tensión sexual entre su cuerpo y el de Shuuya, esos roces no intencionados, esas miradas lujuriosas, muchas veces nadie les interrumpía cuando se encontraban en esas batallas campales en donde sus ojos decían más que mil palabras, aun amaba a Endou, eso no se lo negaría a nadie, pero el sexo tan pasional era imposible de negar, eso lo sabía muy bien por eso es que con Fudou las cosas habían sido tan interesantes.
– A ti solo te gusta el sexo –Contestó con una risa escapándose de sus labios, tan cerca pero tan lejos, podía tocarlo podía penetrarlo, podía hacerle llegar al cielo pero no podía hacerle suyo, le marcaría cada parte del cuerpo que pudiese pero aun así el corazón de Ichirouta estaba entregado a Mamoru, ¿Cómo es que ese idiota no se daba cuenta del sufrimiento que le causaba a su niño?, ya quisiera ser él el poseedor de ese corazón, así le cuidaría y le protegería.
Le haría sentir una gran necesidad de estar a su lado, si no podía enamorarle le obligaría a sentir la necesidad de tenerlo a diario junto a su brazo, esperando el momento más preciso para caer en un salón abandonado y tocar cada lugar de su cuerpo de la manera en la que lo estaban haciendo.
– Pero contigo es tan… –El moreno sin siquiera dejarle terminar le arrancó la camisa de un solo jalón y le bajó el pantalón de la misma manera, estando los dos solo en ropa interior pegó su cadera con la del menor e inició con un ritmo lento de embestidas, rozando sus miembros con malicia, esperando ver la reacción del otro, esperando una indicación para continuar o para detenerse, deseaba verlo suplicar como nunca.
– ¿Diferente, bueno, único? –Pausó su pregunta y se detuvo en medio del pecho de Ichirouta, bajó con una parsimonia tan estremecedora que el menor no hizo más que frotar sus erecciones con más desesperación– esfuérzate un poco más y dime algo que no suene tan forzado, o al menos dilo de una manera que suene más burda
– Shuuya –Gimió suavemente al sentir como este iniciaba con leves mordiscos en sus pezones mientras seguía con aquel roce tan insinuante, ¿sus manos?, ¿por qué no comenzaban a prepararlo para lo que venía?– Shuuya… Shuuya
¿Cómo es que su nombre podía sonar tan condenadamente sensual en esos labios?, esos labios que estaban rojos de tantos mordiscos que les había dado, su mandíbula tenía un mordisco que indicaba que era de su propiedad, como adoraba ese tipo de cosas, esas marcas que solo indicaban que al menos el cuerpo del menor era suyo, de nadie más, ni siquiera del delincuente de Akio, o de Hiroto, era suyo y de nadie más.
– Más –Exhaló con dificultad, agarrándose de los hombros del goleador estrella, con sus labios temblorosos inició un ósculo bastante turbio y animal, dos lenguas que buscaban guerra en vez de una tregua, saliva uniéndolos en la mínima separación que hubiera a la hora de buscar un poco de aire, aquellos bordes carnosos y móviles de la boca de Shuuya le hacían olvidarse de todo problema alejado de esas cuatro paredes, ahora, su prioridad era el sentir dentro suyo toda la extensión del moreno.
El eco de los gemidos en la habitación le estaban arrancado la poca cordura de su cabeza, ¿qué podía hacer si era una mala persona?, ¿debía acaso importarle que alguien más los viese en esa situación?, era un círculo vicioso, un maldito y egoísta círculo vicioso, ¿a Ichirouta le gustaba?, le debería encantar, ¿Quién no moría cuando su cuerpo era atendido de una manera tan magistral como esta?; ató las manos del velocista con la corbata de su uniforme –la cual había encontrado segundos antes cerca suyo– y bajando tortuosamente llegó al agarre de la ropa interior de esta.
– Shuuya –Suspiró elevando su cadera intencionalmente para que su erección fuera de una buena vez atendida por el causante de ella– vamos…
Nuevamente sus ojos se afilaron como los de un animal al encontrar a su presa completamente indefensa, ¿cómo decirlo en palabras simples y rápidas?, Kazemaru Ichirouta se encontraba servido en bandeja de plata, estaba a su merced y Goenji lo sabía muy bien; agarrando la liga de aquella tela tan importuna con sus dientes comenzó a bajarla sin despegar la mirada del rostro de su musa, ¿acaso alguien podía verse tan necesitado y maravilloso al mismo tiempo?, sus orbes estaban dilatados, su boca estaba un poco abierta y sus manos intentaban deshacerse del nudo en el que estaban apresadas.
Sin pensarlo dos veces tomó el miembro de su amigo y comenzó a acariciarle con su rostro, como si este fuera un pequeño juguete añorado de su infancia, tomándole con suma suavidad inició un vaivén lento, bastante cálido en realidad, esperando a que este soltase sonido alguno lo introdujo en su boca y comenzó a succionarle como si se tratase de la paleta más deliciosa que hubiera probado en toda su vida.
Un largo y sonoro grito se escapó desde lo más profundo de su ser, había sido… había sido demasiado rápido, jodidamente eficaz y fantástico, nunca le habían hecho una felación así de maravillosa, acababa de tocar cada una de las estrellas de su cielo y quería seguir junto a ellas, con una leve dificultad se lanzó encima del mayor y con sus manos aun atadas comenzó nuevamente a besarle con desesperación, intentando reprimir su necesidad de ser cogido salvajemente.
– ¡Shuuya! –Gritó dando leves saltos sobre el cuerpo de este– quiero sexo ya, ahora, tómame y tengamos sexo en el suelo
Satisfacción, esa era la única palabra que podía salir de sus labios, tenía a su amado en el punto exacto, podía dejarle allí sin decir nada más y se podría largar con su hombría intacta, o podría tener el mejor sexo de su vida y saldría con su instinto de macho más elevado de lo que en su cabeza con el cabello homosexualmente alisado podía haber sido imaginado.
Sonrió sardónicamente y puso tres de sus dedos enfrente del rostro de un necesitado Kazemaru, este sin esperar un segundo comenzó a lamerlos con profunda dedicación, sabía dónde terminarían así que cierto peso fue quitado de su espalda, el moreno observó detenidamente el inicio de la habitación del más bajo, tenían suerte de tener un aire acondicionado lo suficientemente malo como para dañarse en un día tan caluroso como ese, gracias a ello todo había sido rápido.
Bajo la intensa mirada del dueño del lugar fue incrustando cada dedo lentamente, buscando dilatar la entrada lo suficiente como para no hacerle daño al otro, Ichirouta con sus manos le señaló un bolsillo de su maletín– allí hay un lubricante
– ¿Qué haces con un lubricante en la maleta? –¿Qué más podía hacer?, él lo sabía muy bien, por algo es que estaba a punto de tener sexo con el que tenía el cabello corto, se lo daba a cualquiera que tuviese un buen cuerpo y un buen trasero de dónde agarrarse, dudoso se separó rápidamente y tomó el único tubo que a su parecer era extraño, olió el líquido que se encontraba dentro y antes de poder hacer comentario alguno de esto aplicó un poco de este en sus dedos y retomó lo que antes estaba haciendo.
– ¿es en serio? –Preguntó agarrándose desesperadamente las hebras azulinas que justo ahora se encontraban revueltas– ¡Vamos Shuuya solo cógeme y se soluciona el asunto!
– ¿Pero no te va a doler? –Cuestionó volviendo a ver el pequeño recipiente que ahora yacía al lado del trasero de su primer y único amor– ¿estás seguro?
La cabeza del velocista subió y bajó en repetidas ocasiones, eso era un completo y rotundo si así que untándose un poco de ese ungüento milagroso prepara traseros o como este se pudiera llamar en su miembro comenzó la intromisión en el interior del otro.
No había esperado siquiera a que su cuerpo se hubiera acostumbrado a la visita que tenía en su parte baja, contó cinco segundos e inició con movimientos lentos, nunca había tenido el placer de poder verle los ojos a la persona con la que lo estaba haciendo, pero debía saberlo muy bien, Goenji siempre había sido la excepción a toda regla impuesta, es por eso que se sentía tan diferente el hacerlo con él, sus cuerpos se acoplaban a la perfección, eran dos fichas que se juntaban y encajaban correctamente, quizás aparte de ser su confidente sería su amigo sexual, un buen título para aquel que le estaba haciendo suyo de esa manera tan única.
El sonido que provocaban sus cuerpos al chocarse era de otro mundo, un aire morboso y electrizante reinaba en esas cuatro paredes, todo rastro de inocencia era borrado por la complicidad de lo que se estaba haciendo, las penetraciones eran cada vez más fuertes y rápidas, ninguno pensaba en callar los gemidos y maldiciones que salían de su boca, ¿para qué hacerlo en realidad si nadie les escucharía?, un electrizante escalofrío recorrió la médula espinal del goleador estrella y a los pocos segundos fue apresado en los músculos de Ichirouta, se habían corrido al mismo tiempo sin siquiera proponérselo.
Con delicadeza se salió del interior de su mejor amigo y le dio un suave beso en la comisura de sus labios, ¿ahora como le decía que le amaba con todo su corazón?, negó con su cabeza varias veces y limpió rápidamente las lágrimas que salieron sorpresivamente de sus ojos, ¡vamos!, no se podía poner sentimental luego de acostarse con el amor de su vida, sí que era un idiota. Se maldijo mentalmente y alzó a Ichirouta, el cual ya se encontraba en un profundo sueño.
Al menos podía tenerlo a su lado aunque solo fuera porque este estuviera dormido.
Bueno, aquí estoy posteando el capítulo que más he amado de todo lo que he escrito de inazuma, es el primer lemmon decente (?) que he escrito sola en toda mi vida.
espero que les guste y espero que hayan más personas escribiendo/leyendo para este fandom que en realidad anda tan muerto.
