Hoy les traigo nuevo capítulo, espero les guste y dejen comentarios, como siempre los personajes no me pertenecen son propiedad de Stephenie Meyer y la historia tampoco es mía esto es una adaptación.
Capítulo 7
Ya era una hora avanzada de la tarde cuando llegaron a la casa. Hicieron el viaje en silencio. Alice, encogida
en su asiento del jeep, había tratado de concentrarse en el espectacular paisaje para ignorar la perturbadora
presencia de Jasper. Y Bella también guardaba silencio, sumida en sus pensamientos.
Su primera entrevista con Jasper había sido formal por parte de él y serena por la de ella. No le había dejado ver el dolor y la humillación que debía de sentir. Alice se había sentido sorprendida y orgullosa de la madura
reacción de su hermana.
A un lado de la estrecha carretera, una colina cubierta de arbustos se levantaba hacia el cielo azul y más
Adelante se convertía en una árida montaña. Por encima de ellos revoloteaba una rapaz. Al otro lado había un
acantilado que brillaba como un espejo bajo el sol poniente. Todo parecía muy remoto y salvaje. «¿No era esa
la idea?», se dijo Alice con amargura. Las dejarían en ese lugar inaccesible hasta que se les acabara el dinero
y tuvieran que marcharse. «Dinero», se dijo de pronto. En su prisa, había olvidado pedirle a Kostas que le
devolviera el dinero de la habitación.
-¿Sucede algo malo? -le preguntó Jasper, para quien ningún detalle parecía pasar desapercibido.
-No -pensó que era la última persona en el mundo que debía saber que no tenía dinero. Esa información las
dejaría en sus manos-. Es sólo que... todo es tan hermoso... -añadió señalando a su alrededor.
-Quienes visitan la isla piensan que es el lugar más maravilloso de la tierra -asintió él-. Desearía pasar más
tiempo aquí, pero tenemos negocios en todo el mundo.
Había hablado con tono orgulloso. Alice pensó que el dinero y el poder que tenía debían de ser cosas que él
daba por sentadas. Y teniendo tantas cosas bajo control, el destino de dos jóvenes debía de parecerle una
molesta trivialidad de la que podía deshacerse entre dos tratos de negocios. La felicidad de Edward y Bella no
aparecía en las hojas de balance de Jasper Whitlock.
Eso era algo que debía recordar, para avivar su resentimiento y su cólera. No se permitiría más debilidades
por lo que a él se refería. No debía volver a experimentar ese doloroso anhelo de sentir su boca masculina
explorando la suya, el contacto de sus manos trazando una red de deleite sensual por su piel, ni ese hechizo
que él sabía tejer tan bien y que había usado para atraer a otras. «Pero no a mí», se juró a sí misma.
El jeep se desvió de la carretera y empezó a descender por un sendero tan estrecho que los arbustos a los
lados rozaban el vehículo. Luego giró en un recodo y frente a ellos apareció la casa. Era pequeña en
comparación con la villa Apollo, de un solo piso y de tejado rojo; estaba rodeada por un amplio jardín.
«Es un lugar solitario», pensó la chica y al instante se burló de su sentimentalismo. Por supuesto que era
solitario... esa era la idea. Se quedarían allí el resto del tiempo. Durante el trayecto no había visto ni una aldea,
ni siquiera una casa a donde pudieran llegar a pie.
Soula estaba esperando en la entrada cuando Jasper detuvo el jeep. Era una mujer corpulenta, baja de estatura, con el inevitable vestido negro y un pañuelo en la cabeza. En su rostro surcado de arrugas apareció una sonrisa cuando estrechó la mano de Alice.
-Bienvenida, kyria Alice, y usted también, kyria Bella.
-Me temo que le vamos a causar muchos problemas -murmuró Alice con expresión insegura, mientras Jasper,
muy serio, bajaba las maletas.
-Ninguno -suspiró Soula, satisfecha-. Al fin la vida vuelve a este lugar -tomó de la mano a las dos jóvenes, y
agregó- Vengan, les mostraré la casa.
Alice notó que la casa estaba diseñada para aprovechar la vista del mar. Todas las habitaciones tenían un
panorama soberbio y las ventanas estaban abiertas para dejar entrar la brisa y el suave murmullo de las olas.
Una amplia terraza rodeaba toda la casa, y desde ella podía accederse directamente a una cala de fina arena,
según les informó Soula.
-Es muy íntima para tomar el sol -añadió-. Y también pueden nadar.
El interior de la casa estaba bañado por la luz del sol. El suelo era de mosaico amarillo y las paredes estaban
pintadas en un tono más pálido del mismo color.
La sala estaba equipada con un sofá y varios sillones de vivos colores; además, había una zona separada para el comedor. El dormitorio que le asignaron a Alice daba a la terraza y era el más amplio. Miró a su alrededor, admirando la solidez de los viejos muebles y la amplia cama.
-¿Le gusta? -le preguntó Soula, ansiosa.
-Es... magnífica -exclamó Alice y la mujer asintió satisfecha, sin captar el tono de incertidumbre en -la voz
de la chica.
-Le traeré una taza de café y kyria Bella descansará hasta la hora de la cena -le informó-. Creo que le duele
un poco la cabeza.
Alice pensó que la habitación que le habían asignado a ella debía de ser el dormitorio principal. Allí había
llevado Jasper a su novia y en esa cama la había hecho su esposa. Decidida, apartó de su mente esos pensamientos.
No podría dormir allí, así que cambiaría de habitación con Bella. Tensa, se dirigió a la puerta de la terraza y
salió para aspirar el aire fresco, pero de repente se detuvo.
Jasper estaba allí, sentado en la barandilla. Su figura se recortaba contra el azul del mar, mientras miraba hacia
el horizonte. Como si una silenciosa señal lo hubiera avisado de la presencia de ella, volvió la cabeza y la miró
con una expresión casi de amargura.
Por supuesto, ella sabía lo que debía de estar imaginando, o recordando: a otra joven saliendo de esa misma
habitación. Esa chica habría sonreído, evocándole recuerdos de la noche que acababa de pasar, prometiéndole
más placer. Le habría tendido las manos y se habría arrojado a sus brazos.
Decían que el tiempo lo curaba todo pero a juzgar por la expresión de Jasper, la herida debió de haber sido muy
profunda. Alice forzó una sonrisa, apresurándose a hablar para disimular su propio dolor.
-Ahora entiendo por qué la llaman la casa de la playa.
-Mi padre la construyó -asintió él-. Adoraba el mar y siempre tenía una lancha anclada en la cala. Después, cuando Rosalie y Edward nacieron, vendió la casa de Karthos y empezó a construir la villa Apollo. Pero este lugar siempre fue un refugio para él... para todos nosotros -sonrió burlón-. Está bastante alejada de la casa principal, señaló un promontorio al otro lado de la pequeña bahía; donde el sol iluminaba los muros blancos de la villa.
-Puede verla allí.
-¿Tan cerca? -exclamó Alice-. No... me había dado cuenta.
-Pero sólo por mar -declaró él, lacónico-. No hay una carretera que una las dos propiedades. Es necesario
adentrarse en la isla y ese era un inconveniente... en el pasado -su breve pausa le dio a entender a la joven que ahora era diferente. Luego continuó- Edward y yo solíamos nadar de una casa a la otra. ¿Eres buena nadadora, Alice? -le preguntó, tuteándola de repente.
-Regular -respondió ella-. Pero no tan experta como para arriesgarme a recorrer esa distancia.
-Me alegro de ver que te preocupas por tu seguridad -volvió a sonreír con expresión burlona-. Creo que siempre es mejor reconocer las propias limitaciones.
-Oh, entiendo -Alice miró a su alrededor-. Aquí estamos y aquí nos quedaremos, ¿no es así?
-No estáis prisioneras -le aseguró sardónico-. Sois libres de iros cuando queráis.
-Pero, ¿bajo las condiciones de quién? -la chica lo miró a los ojos.
-Veo que de nuevo has entendido -rió él y prosiguió- Por lo menos deberías escuchar mi oferta, Alice. Estoy dispuesto a ser generoso... dentro de lo razonable.
-No hay trato -aseguró ella.
-Estoy convencido de que no es tu última palabra -el tono de Jasper era amable-. Aquí tendrás tiempo y
tranquilidad para pensar. Cuando estés dispuesta a hablar, sólo tienes que hacérmelo saber.
-Tendrás que esperar mucho tiempo -declaró Alice con tono cortante.
-Pero creo que mis recursos durarán más que los tuyos -hizo una pausa-. Eso me recuerda algo tomó su
chaqueta, que había dejado en la barandilla y sacó un grueso sobre del bolsillo-. Esto es para ti.
El sobre estaba lleno de billetes en moneda griega y, al verlos, Alice se lo devolvió.
-¿Qué es esto? ¿Un pago inicial por mi cooperación? No pienso aceptarlo.
-A decir verdad, el dinero es tuyo, kyria Brandon -se burló él de su formalidad. Es el reembolso por la habitación del hotel. Por suerte, Kostas tiene conciencia, además de una esposa que es una arpía -la obligó a tomar el sobre y ella se estremeció al sentir el roce de sus dedos-. Tómalo -la instó-. Necesitarás todo el efectivo que puedas conseguir si de verdad pretendes prolongar esta lucha.
-No tenías que entregármelo -comentó la chica-. Tienes derecho a conservarlo... como renta.
-Por favor, no me insultes -le pidió él y en sus ojos oscuros brilló un destello-. Tu hermana y tú... sois mis
invitadas.
-Pero yo preferiría pagar por nuestra estancia insistió obstinada-. Tú... no puedes fingir que somos bienvenidas
aquí.
-Tal vez no, pero eso nos ofrece una oportunidad de aclarar las cosas antes de que volváis a vuestro país.
-¿De verdad estás tan seguro de ganar? -inquirió ella con amargura.
-Oh, sí -le aseguró Jasper-. De una forma u otra. Posó la mirada en su boca y después en la curva de sus senos. Eso le recordó a la chica que su arma más letal en ese conflicto era su viril y carismática sexualidad. Mientras que ella no tenía nada con qué luchar, excepto sus propias convicciones y su determinación. Se preguntó si le bastaría con eso. Jasper se puso de pie con un movimiento ágil y consultó su reloj.
-Debo regresar, espero una llamada de Nueva York.
-¿Una llamada personal? -preguntó siguiendo un maligno impulso.
-Veo que mi hermana ha estado muy ocupada comentó él, sombrío-. Pero no creo, matia mou, que eso sea
asunto tuyo -hizo una pausa-. Piensa en lo que te he dicho y recuerda que estoy dispuesto a retomar las
negociaciones en cualquier momento.
-Negociaré -aceptó ella-, pero sólo con la condición de que permitas que Bella vea a Edward. ¿No comprendes
que quizás eso podría ayudarlo a recobrar la memoria? ¿No merece la pena intentarlo... para que él ya no tenga
la mente en blanco...
-Edward se recuperará con el tiempo -la expresión de Jasper se había endurecido-. Y si quedan algunas lagunas en su memoria, bien, de cualquier forma será mejor que se olvide de tu hermana.
-Eso es una crueldad -murmuró Alice con voz temblorosa.
-También es práctico -sonrió él con gesto irónico-. Cuando al fin comprendes que no puedes poner condiciones,
podrás concentrarte en los términos de nuestro posible acuerdo. No tienes alternativa, te lo aseguro.
-contempló la expresión desconcertada de la chica y agregó- Buenas noches, Alice. Duerme bien en mi cama,
agape mou... si puedes hacerlo.
Inclinó la cabeza y se alejó tranquilamente, pero a ella sus palabras de despedida le sentaron como un latigazo.
-Eso no va a ser ningún problema -comentó Bella con expresión jovial esa misma noche, antes de probar otro
bocado del delicioso pollo en salsa que les había servido Soula.
-Me gustaría compartir tu confianza -repuso Alice, cansada-. Pero nosotras estamos aquí y, para el caso, Edward podría estar en el otro extremo del mundo.
-No está tan lejos -le aseguró Bella-. Rosalie dice que debemos ser pacientes... esperar el momento oportuno.
-¿Sí? -preguntó Alice con tono seco-. Recuerda, querida, que ella también es una Whitlock. Y fue idea suya
que viniéramos aquí, donde no causaremos ningún daño. ¿Estás segura de que puedes confiar en ella?
-Por supuesto. Jasper también quiere controlar su vida... obligarla a casarse con un hombre a quien no ama.
-Oh -exclamó la chica-. ¿Y Rosalie tiene otros planes?
-Sí, está enamorada de Emmet Cullen-respondió Bella.
-Santo Dios -exclamó Alice. El joven médico le parecía el candidato más improbable para una joven tan
mundana como Rosalie. Sabía que la joven tramaba algo, pero nunca se imaginó que fuera eso.
-Y él también la quiere -continuó Bella-. Se conocen desde que eran niños. De hecho, la familia Whitlock le
pagó a Emmet sus estudios de medicina. Pero no es rico ni poderoso, así que Jasper no lo consideraría un marido apropiado para Rosalie -suspiró-. Ella dice que si supiera que están enamorados, montaría en cólera. Emmet perdería su trabajo en la clínica, tendría que salir de Karthos y ella jamás volvería a verlo. Y la venganza de Jasper lo perseguiría a dondequiera que fuera -añadió.
-Me lo imagino -replicó Alice, sombría.
-Por eso tienen que fingir en público y se ven en secreto -terminó Bella e hizo a un lado su plato vacío.
-¿Te ha contado todo eso hoy? -inquirió Alice, sorprendida.
-Sí, hemos hecho un pacto mutuo -asintió Bella-. Ella me ayudará a reunirme con Edward y a cambio de eso nosotras trataremos de ayudarlos.
-No me agrada la idea -Alice movió la cabeza-. Ya tenemos suficientes problemas. Y quizás Jasper tenga razón
-agregó reacia-. Rosalie está demasiado acostumbrada al lujo para vivir con un médico pobre que vive de su salario.
-Alice -exclamó Bella, escandalizada-. ¿Estás del lado de Jasper?
-No estoy del lado de nadie -replicó ella a la defensiva-. Sólo estoy tratando de ser realista. Si nos entrometemos, la venganza de Jasper podría perseguirnos también y no necesitamos eso.
-Olvidas que Edward nos protegerá -murmuró Bella-. Todo saldrá bien, lo sé.
Alice no pudo decir nada ante esa convicción tan sincera y apasionada. Más tarde, en su habitación, deseó
que su hermana tuviera razón. Miró descontenta a su alrededor. Soula había frustrado su plan de cambiar de habitación con Bella, pues ya había sacado su ropa de la maleta y la había guardado. Armaría un escándalo si se cambiaba en ese momento y quizás Jasper se enteraría y sacaría sus propias conclusiones. Y eso era lo que menos necesitaba.
Después Bella le reveló, con los ojos brillantes, que podía ver las luces de la villa Apollo desde su ventana y que
eso la hacía sentir que Edward estaba cerca de ella. «Tendré que soportarlo», pensó Alice. Tomó los
pasaportes y el dinero que Jasper le había dado y buscó un lugar seguro para guardarlos. El cajón de la mesilla de noche le pareció el más apropiado, pero no podía abrirlo. Al principio supuso que estaba cerrado con llave, pero luego advirtió que solamente estaba atascado y al fin logró abrirle.
Vio que lo que lo obstruía era una fotografía con un marco de plata. Era de una joven muy hermosa, de rostro
radiante. La melena rubia le llegaba hasta los hombros y sonreía, revelando una dentadura perfecta. Los ojos
de un color azul oscuro, brillaban en una provocativa invitación. De pronto le pareció extrañamente familiar, y
entonces vio que en la esquina inferior izquierda había algo escrito: Para Jasper, el día de nuestra boda. Para
siempre. Kate.
Alice contuvo el aliento. Por supuesto, era Kate Denali, la actriz. Había destacado en el mundo del cine
con su carrera breve y agitada, que había incluido una nominación para el Oscar, así como varias disputas con
los primeros actores, hasta que al fin la eliminaron de una película. Jamás volvió a rodar ninguna otra y Alice
recordó que hacía pocos años había leído que falleció a causa de una sobredosis en un hotel de Los Ángeles.
Se sentó en el borde de la cama. Esa era la joven con quien se había casado Jasper, pensó aturdida, alguien muy diferente de la sumisa heredera griega que ella se había imaginado. Obviamente era un matrimonio muy
distinto del ideal del cual le había hablado Jasper. Tal vez ahora podría comprender sus razones, aunque no las
aprobaba.
Kate Denali había muerto muy lejos de Karthos y de la casa de la playa. De hecho, Alice recordó que en
toda la publicidad de su carrera nunca se había mencionado un matrimonio, ni un marido que la llorara después de su trágica muerte. No era de sorprender que Jasper estuviera tan amargado y que sus cicatrices fueran tan
profundas. Para él, ese «para siempre» había terminado demasiado pronto. Si acaso había existido alguna vez...
Jasper Whitlock no era un dios conquistador; sólo un hombre que se había quemado y que ahora le temía al fuego, como había dicho Rosalie. ¿O fue Kate Denali la que resultó quemada?, se preguntó Alice de pronto.
¿Habría volado demasiado cerca del sol que era Whitlock, como un moderno Icaro, sólo para desplomarse con
las alas quemadas? ¿Quién podría decir qué tipo de razones habían producido la destrucción de esa belleza y
de ese talento? Con manos temblorosas, Alice dejó la fotografía a un lado de la cama. Le serviría como un recordatorio, incluso como una advertencia.
-Oh, Dios -murmuró y de pronto sintió un escalofrío-. Él también quería destruirme... le resultaría tan fácil...
Bueno ya saben quién era la antigua esposa de Jasper. En lo personal el personaje de Kate en crepúsculo me cae muy bien entonces quise que ella ocupara este lugar en la historia y no María muajaj quiero que dejen comentarios el próximo capi que viene es muy decisivo en la historia y sé que les gustara nos leemos pronto. Mientras más reviews mucho más rápido actualizare.
