El grupo de las personas que habitaban el sur de Tokio ahora estaba compuesto solo por Kenma, Kuroo, Yaku, e Inuoka.
En la mañana, de una forma bastante repentina e inesperada había fallecido el joven de la silla de ruedas. Al parecer había heredado los mismos problemas de su madre, y sumado a su delicado estado de salud, bajas defensas y otros, todo había desembocado en un ataque cardíaco fulminante, sin darle oportunidad a ningún tipo de reanimación.
Se dieron cuenta en la mañana, cuando fueron a su habitación y lo encontraron acostado boca arriba, como si siguiera durmiendo. No mostraba ningún signo vital, y por la frialdad de la piel, debieron de haber pasado unas cuantas horas desde su muerte hasta que descubrieron el suceso. Los grandes agradecieron que Inuoka no estuviera con ellos y que siguiera durmiendo, pues el trauma habría sido demasiado para el pequeño; tres muertes en lo que iba más o menos un mes era demasiado para él.
Kuroo fue una vez más a la abandonada tienda de ataúdes, esperando que fuera la última ocasión en que tuviera que hacerlo, exceptuando las veces en las que debiera buscar combustible para la chimenea en las noches frías. Sacó uno de los pocos ataúdes que iban quedando, era un modelo contemporáneo, a juzgar por la madera sintética.
Quisieron improvisar un funeral, pues todos sabían que era cruel para Inuoka la muerte del joven, pero que sería mucho más cruel el mentirle y no informar el fallecimiento al pequeño gato citadino. Entre todos juntaron fuerzas de flaqueza y fueron a contarle el acontecimiento con la mayor sutileza posible.
Nunca habían visto llorar a Inuoka de esa manera.
Cuando Sou se caía o se hacía una herida, lloraba y gritaba; cuando se equivocaba muchas veces, lloraba y gritaba; cuando algo lo sacaba de quicio, lloraba y gritaba… pero ahora… Le tiritaba el mentón y le salían lágrimas una detrás de la otra. No le importaba moquear ni poner caras extrañas. Tampoco le importaba gritar, por lo que no valía la pena hacerlo. Solo lloraba, en silencio, cabizbajo.
Kuroo, que era el que le había dado la noticia, estaba agachado frente a él y de un momento a otro lo tenía envuelto en sus brazos. El pelinegro también estaba llorando. Sentía al pobre niño tan frágil y abandonado, al fin y al cabo, le había fallecido lo que consideraba su imagen paterna, su profesor y también su amigo. Inuoka… Inuoka le recordaba a Kenma, cuando vivían en el refugio, cuando el peliteñido no era teñido y aún no crecía tanto, cuando era muchísimo más bajo que Kuroo y cuando lloraba a menudo… era entonces que Kuroo lo abrazaba, lo envolvía en sus brazos, lo acurrucaba en su cama y compartía su llanto: "No estás solo Kenma, yo estoy contigo y tú también estás conmigo, ¿no?"
Tetsurou acarició la cabellera erizada del niño:
-Tranquilo Inuoka –susurró-, no estás solo. Todos nosotros estamos contigo y tú estás con nosotros, somos una familia, ¿no?
Luego prosiguió a limpiarle las lágrimas y entraron a la habitación donde estaban velando al joven, como quisieron hacerlo esta vez. Cuando fallecieron los señores Isayama prefirieron hacer pasar el mal momento con rapidez y los sepultaron lo antes posible, como si así se aminorara la tristeza; pero al saber que no funcionaba de esa manera, pensaron que tal vez el joven merecía un pequeño velorio, y de paso le darían a Inuoka la oportunidad de una breve despedida. Kenma y Yaku ya habían terminado la modesta decoración alrededor del ataúd, unas cuantas flores pequeñas de las que crecían entre las malezas que no aún no habían sido contaminadas y también flores de origami, para que no se notara la carencia.
-Ya está listo –dijo Yaku y sonrió con compasión hacia el pequeño.
Sou se acercó con pequeños pasos dudosos hasta el ataúd, pensando tal vez que si no lo veía seguiría vivo en algún rincón de su mente, que si tal vez pensaba que estaba vivo, sería así. Pero eso era permanecer en un engaño y mentirse a sí mismo. Se aferró al borde de la madera y se empinó unos cuantos centímetros, por inercia más que por necesidad.
Ahí estaba, obviamente, pues no estaba en ningún otro lugar.
Había muerto.
Tenía un rostro calmado, una pequeña sonrisa. Estaba descansando, de las frustraciones, de los dolores, de las tristezas y de los escombros. Sin duda lo extrañaría, pero tal vez eso era lo mejor. Inuoka se dijo a sí mismo en ese instante que intentaría ser fuerte, que lo sería por ambos, por los Isayama, por su verdadera familia, sería fuerte, pero no evitó derramar unas cuantas lágrimas que borró rápidamente con el dorso de su mano.
-Ahí está… -susurró Kuroo con dulzura, como si le estuviera hablando a su hermano menor. Se acercó al pequeño y lo rodeó con suavidad, mientras ambos continuaban con su vista en el féretro-. Está descansando, ¿ves? Y está sonriendo, así que tenemos que estar tranquilos y seguir adelante…
Inuoka solo asentía con su cabecita y Kuroo levantó la mirada hasta encontrar la de Kenma, que estaba al otro lado de la habitación.
Ambos esquivaron la mirada simultáneamente, quién sabe por qué razón.
Quizás por la hendidura, quizás por la distancia que cada vez se extendía entre ellos. Sentían que faltaba algo, y que hasta que no lo encontraran era mejor distanciarse.
El entierro se hizo dos horas después, en un lugar donde había tierra en lugar de cemento, cerca de la tumba de los otros Isayama. Con la ayuda de una pala y unas cuantas cuerdas fuertes que encontraron, guiaron al joven a su último hogar y luego volvieron a poner la tierra en su lugar. Fue una ceremonia sobria, sin embargo, cuando ya todos iban retirándose en silencio, una pequeña voz se hizo lugar:
-¿Cuál…? –preguntó Inuoka con un hilo de sonido. El grupo se giró y miró al niño que seguía de pie ante la tumba.
-¿Qué ocurre, Inuoka? –dijo Yaku, y los tres prosiguieron a aproximarse a Sou.
-¿Cuál era su nombre…? –dijo, bajando repentinamente la cabeza y limpiándose las primeras lágrimas. Nadie respondió, nadie parecía recordar su nombre, pero Kenma dijo suavemente:
-Hiroshi. Hiroshi Isayama.
-Hiroshi… -repitió-. Nunca pude recordar tu nombre, porque no tengo muy buena memoria, pero… -sollozó, respiró hondo y prosiguió-, ¡pero nunca olvidaré todo lo que me enseñaste, ni las palabras que me dijiste! '¡…Siempre se puede seguir luchando si tenemos las fuerzas para hacerlo, siempre tendremos fuerzas para hacerlo si es que queremos tenerlas, y por ese simple hecho…! ¡N-nada es imposible!' Incluso si nunca pudiste ponerte en pie, incluso si no salimos de estos escombros, si creemos en nuestro corazón que mañana puede ser un mejor día… eso ya rompe la barrera de lo imposible. Hiroshi… -la voz se quebró-, papá… Gracias por todo…
Cuando volvieron a casa, Kuroo se encargó de llevar a Inuoka en la espalda, Yaku se ocuparía del almuerzo, luego Kenma de la merienda.
Todo siguió ese ritmo por un buen tiempo. Hasta que llegó un momento en el que se dieron cuenta de que ya no pertenecían a esa casa, a excepción tal vez de Inuoka, pero ellos ya no tenían ningún nexo que los uniera a los Isayama, solamente recuerdos y un mejor pasado, pero no sentían correcto seguir viviendo en un lugar que no consideraban de su propiedad, y tampoco dejarían solo al chiquitín.
Al anochecer, arroparon a Inuoka en su cama y los tres salieron a sentarse un rato en el suelo del patio delantero de la casa y tomar un poco de aire nocturno.
-He… pensado que podríamos cambiarnos de casa…-dijo Kuroo, soltando una bocanada de aire que se convirtió en vaho rápidamente, y apoyó la espalda en la pared. Todo estaba muy frío, así que se restregó las manos dándose cuenta que el otoño por fin se había consolidado.
-La verdad es que también he estado pensando en eso –comentó Yaku-. No me siento cómodo viviendo aquí si no hay ningún Isayama vivo… Suena duro, pero…
-…Pero es así –completó Kuroo.
-¿Han pensado en algún lugar dónde podamos ir? –interrogó Kenma, sentándose al lado de Kuroo, apoyando igual que él la espalda en el muro.
-¿Hay algún edificio bonito al que quieras ir, Kenma? –le preguntó el pelinegro, a la vez que tomaba la cabeza peliteñida de Kenma y la hacía apoyar en su hombro derecho.
-Ha –rio Yaku-, suena como a la gente que dice 'elige una estrella y te la regalo'.
-Bueno –dijo Kenma, ignorando el comentario anterior-, de hecho, hay un edificio al que me gustaría ir, pero queda en el norte. Sin embargo, hay uno en el sur que también me interesa…
-¿En el sur? –preguntó Kuroo un poco extrañado, mirándole de reojo-. ¿Investigaste un edificio en el sur? ¿Cuándo fue?
-No estaba contigo, no fue uno de los miércoles, quise ir solo.
-Nunca me cuentas nada de lo que haces.
-¿Comenzaremos de nuevo?
Se intercambiaron unas cuantas palabras sin que les importara la presencia de Yaku, hasta que éste preguntó con un poco de timidez: -¿Es mi idea… o ustedes dos están peleados?
-¿Cómo peleados? –dijo el pelinegro-. Es cierto que últimamente hemos tenido unos cuantos roces, pero…
-De hecho, nos estamos distanciando.
-No tenías que decirlo.
-¿Pero por qué quieren distanciarse? –y Yaku terminó también junto a ellos, apoyando la espalda en la pared de atrás, sentado al lado izquierdo de Kuroo-. Si son tan buenos amigos… ¿ocurrió algo?
Trataron de explicar lo que pasaba más o menos: sentían que no tenían la misma confianza, que se estaban alejando inevitablemente. Sentían que tenían una amistad, por decirlo de alguna manera, monótona. Esperaban que el instinto maternal que tenía Yaku sirviera de algo y les diera algún consejo.
-Bueno, yo creo que… -comenzó, pero rápidamente tomó una pausa, como buscando las palabras que fueran convenientes-. Creo que tal vez sería bueno que tomaran un paseo los dos solos, que dejaran unos momentos de pensar en escombros o en fundar países o en emitir señales, que hablaran del pasado y… eso. Pero si es que quieren arreglar su amistad, claro. Si ya no quieren ser amigos, ahí ya no hay nada que hacer.
Kenma miró a Kuroo de reojo y éste a su vez también le miró. El pelinegro pasó un brazo rodeando los hombros de su amigo. No quería perderlo.
-Si seguimos así y aquí, me voy a quedar dormido –dijo Tetsurou con una de esas sonrisas ladeadas-. Vayamos a dormir. Yaku, si quieres ven a nuestra habitación, la noche está fría.
-Nah, creo que yo iré a dormir con Inuoka –respondió el castaño.
-Está bien no te preocupes –sonrió como respuesta, y sobó el hombro de Kenma, para hacerle saber que sería bueno al menos esta noche volver a esa antigua costumbre que tenían de dormir juntos.
Pero cuando llegaron a la habitación y apagaron las luces, cada uno durmió en su respectivo futón, tratando de amortiguar el frío con una excusa de varias frazadas y cobertores.
-Kuroo –dijo Kenma antes de despedirse-, mañana… tal vez podríamos salir y hablar. De cualquier cosa. Respirar un poco y dar un paseo.
-Mañana estaremos ocupados, nos tenemos que cambiar de casa, ya sabes… -respondió y se revolvió en el futón, cubriéndose hasta los hombros-. Oye, ¿dónde es el edificio al que iremos?
-Ah… ¿entonces vamos a ir al que dije…?
-Conoces el área mejor que yo; si el edificio es amplio, cómodo y seguro, basta y sobra para que vayamos allí a quedarnos.
-Está bien. Es… uno de los que está entrando por una callejuela desde la avenida principal, camino hacia el norte, son más o menos unos diez minutos a paso regular desde aquí –Kenma prefirió omitir que ese edificio era el de telecomunicaciones tokiotas, que ahora no tenía ninguna utilidad, y que estaba en gran parte desmantelado gracias a los saqueos que hubieron previos a la evacuación, aun así, tenía radares y todo eso, tal vez le serviría para finalmente emitir algún tipo de señal, o para al menos actualizar su videojuego. Pero a Kuroo no le gustaría saber la real naturaleza de su nuevo hogar, o al menos ahora no gustaría de saberlo, pues él pensaba que no traería nada bueno el gritarle al mundo que aún había gente con vida en Japón.
Pero los países poderosos sabían que las cucarachas eran difíciles de matar.
-¡Mañana será un día agitado! –Kuroo se estiró, bostezó y luego se acurrucó en el futón, tapándose ahora hasta las orejas.
Era difícil vivir en aquellas condiciones, pero, ¿para qué seguir mintiendo? No se debía hablar de vivir, pues a duras penas lograban sobrevivir en aquella arboleda de escombros.
Siento que estoy matando a todo el mundo O^O (?) Ofrezco mis disculpas y condolencias. Ahora voy a contar algo divertido:D (crueldad máxima, men) parte del capítulo lo escribí a las tantas de la madrugada y en una ocasión escribí "quenma" sin darme cuenta xD Cosas que pasan. ¡Ya viene el próximo capítulo! Adelanto:
"-Yaku, mírame –silencio-. Haré lo que pueda. Me escaparé, me iré de casa, no lo sé. No me importa saberlo, mientras pueda hacerlo, lo haré y me quedaré aquí. Ya te lo había dicho antes, ¿recuerdas?"
