Los personajes le pertenecen a J.K. Rowling y la historia a Johanna Lindsey que se llama Amable y Tirano, yo solo juego con ambos por entretenimiento, no pretendo violar ningún derecho de autor ni nada parecido. Espero que la disfruten


Capitulo 7

Sir Thedore Malfoy indicó por señas al camarero que trajera otra botella de oporto ; luego se reclinó en la silla para conversar con su hermano mayor.

- ¿Sabes ,Draco? Creo que voy a echarte de menos. Deberías haber arreglado tus asuntos en el Caribe antes de venir, así no tendrías que marcharte ahora, justo cuando ya me había vuelto a acostumbrar a que estuvieras por aquí .

- ¿Cómo iba yo a saber que se iba a arreglar tan rápidamente lo del fallecimiento de ese infame de Hawke? - replicó Draco -. Olvidas que, si he vuelto a Londres, sólo ha sido para ajustar cuentas con ese Potter. No tenía idea de que estaba a punto de casarse con alguien de la familia. Tampoco me imaginaba que la familia decidiría aceptarme otra vez, ahora que mis días de pirata han quedado atrás.

- A mi modo de ver lo que ha facilitado las cosas ha sido que presentaras a los mayores a un nuevo sobrino como Scorpius. Los condenados son muy sentimentales cuando se trata de la familia.

- ¿Y tú no? -Theo rió entre dientes.

- Yo también. Pero te apresurarás a volver, ¿no? Esto de tenerte aquí ha sido como volver a los viejos tiempos.

- Sí que lo pasamos bien en aquellos años locos, ¿verdad?

- ¡Siempre persiguiendo a las mismas mujeres! - Sonrió Theo.

- Y oyendo los mismos sermones de nuestros hermanos.

- Lo hacían por nuestro bien. Lo que ocurre es que Blaise y Gregory asumieron responsabilidades cuando aún eran demasiado jóvenes. No tuvieron la oportunidad de hacer locuras; estaban demasiado ocupados manteniéndonos a raya a los más pequeños.

- No hace falta que los defiendas, muchacho - respondió Draco -. ¿O crees que les guardo rencor? A decir verdad, en vuestro lugar también habría renegado de mí con la misma rapidez con que lo hicisteis vosotros tres.

- Yo no renegué de ti - protestó Theo.

- Bebe, querido muchacho - replicó Draco con sequedad -. Tal vez te refresque la memoria.

- Mi memoria funciona perfectamente, te lo aseguro. Tal vez me pusiera furioso contra ti ese verano en que huiste con Ginny. ¡Tres meses en un condenado barco pirata, cuando la pequeña sólo tenía doce años! Pero descargué mi furia con la paliza que te propinamos cuando la devolviste. Bien que la merecías. Y la aceptaste. Jamás comprendí por qué. ¿Te molestaría explicármelo?

Draco arqueó una ceja. - ¿Y cómo iba a impedirlo, si erais tres contra uno? Me crees más fuerte de lo que soy, querido muchacho.

- Anda, hermano. Ese día no te resististe. Ni siquiera lo intentaste. Puede que Blaise y Gregory no se percataran, pero yo sí. ¿Acaso crees que no te conozco, después de haber boxeado tantas veces contra ti?

Draco se encogió de hombros. - Consideré que me la merecía. Primero me pareció que era una travesura muy divertida llevármela ante las narices de nuestro hermano mayor. Estaba enfadado con Blaise por haberme prohibido ver a Ginn después de...

- Ginny - corrigió Theo de inmediato.

- ¡Ginn! - repitió Draco, con más energía.

Se reanudaba la vieja discusión que había sostenido siempre con todos sus hermanos con respecto al apodo de su sobrina Ginebra. Esa discusión venía del antiguo empecinamiento de Draco, que pretendía ser diferente, seguir su propio rumbo y comportarse según sus propias reglas. Pero al darse cuenta de que estaban empezando a pelearse como siempre, sonrieron. Theodore, contribuyendo a la distensión, concedió:

- Bueno, que sea Ginn, por esta noche.

Draco sacudió la cabeza con incredulidad.

- Debo de estar oyendo mal.

- ¡Oh, demonios! - protestó Theo, entre gruñendo y riendo a la vez -. Acaba con tu relato antes de que termine por quedarme dormido. Ah, espera; ahí llega nuestra segunda botella.

- No estarás tratando de emborracharme otra vez, ¿no?

- Ni pensarlo - repuso Theo, mientras llenaba las dos copas hasta el borde.

- Según creo, es lo mismo que dijiste la última vez que vinimos aquí a White's, y si no me equivoco, tu amigo Amherst tuvo que llevarnos a casa a los dos...en plena tarde. Nunca me has contado qué dijo tu querida mujercita de eso.

- Unas cuantas cosas, gracias, pero ninguna digna de ser repetida - repuso Theo con acritud.

La franca risa de Draco atrajo las miradas de alrededor.

- La verdad es que no sé qué ha sido de tu tacto, querido muchacho. Tu mujer deja de hablarte el segundo día de casados, sólo porque no supiste convencerla de que aquella camarera, si bien estuvo en tu regazo algunos minutos, no pasó la noche contigo. ¡Qué mala pata que la muchacha te dejara algunos cabellos rubios en la solapa! Pero ¿no le has explicado a Luna que fuiste a esa taberna sólo por ella, buscando a su primo Weasley?

- Claro.

- ¿Y no le has dicho todavía que la chica era mía y no tuya?

Theo sacudió tercamente la cabeza. - Ni se lo pienso decir. Debía haberse dado por satisfecha cuando le dije que no había ocurrido nada, que me hicieron una invitación y la rechacé. No tolero su falta de confianza...Pero creo que ya hemos mantenido esta conversación anteriormente. Deja de preocuparte por mi vida amorosa, hermano. Mi mujercita escocesa acabará por ceder. Estoy resolviéndolo a mi modo. Volvamos a tu gran confesión, ¿quieres?

Draco alargó la mano hacia su copa al mismo tiempo que Theo.

- Como te decía, estaba enojado con Blaise porque ni siquiera me dejaba ver a nuestra sobrina.

- ¿Cómo iba a permitírtelo, si ya llevabas dos años pirateando?

- Puede que hubiera convertido los mares en un verdadero infierno, Theo, pero en lo personal no había cambiado. El sabía perfectamente que por ver a mi sobrina, habría dejado atrás todo lo relacionado con Hawke. Pero me desheredó por hacerme a la mar y deshonrar a la familia. Aunque nadie en Inglaterra sabía que el capitán Hanke y Draco Malfoy, vizconde de Ryding, eran una misma persona. Blaise había tomado una decisión y no quería echarse atrás. ¿Qué podía hacer yo? ¿No volver a verla jamás? Para mí, Ginn es como una hija. La criamos entre todos.

- Podrías haber renunciado a la vida de pirata - señaló Theodore, intentando mostrarse razonable.

Draco sonrió con lentitud. - ¿Seguir los dictados de Blaise? ¿Cuándo he hecho semejante cosa? Además, lo pasaba de maravilla como pirata. Me gustaba el desafío, el peligro; y más importante aún, este tipo de vida me exigía cierta disciplina. Eso sí que me resultó saludable. En Londres me había vuelto muy abúlico y estaba henchido de hastío. Nos divertíamos, sí, pero ya no tenía más incentivo que meterme bajo las faldas de alguna señora. Y hasta eso perdió su gracia una vez logrado. ¡Qué demonios, si al final todo el mundo me rehuía por culpa de mi deleznable reputación! Ya no me quedaba con qué aliviar la monotonía.

Theodore rompió a reír. - ¡Me partes el corazón, compañero!

En esta ocasión fue Draco quien llenó las copas.

- Bebe, asno, bebe. Eres más comprensivo cuando estás borracho.

- Nunca me emborracho. Eso traté de explicarle a mi mujer, pero no quiso creerme - dijo Theo. Luego continuó - :Así que te hiciste a la mar para llevar la vida pura y saludable de los piratas, ¿eh?

- De un caballero pirata - corrigió Draco. Theo asintió.

- Correcto. Hay que marcar las diferencias. A propósito, ¿cuál es la diferencia?

- Nunca he hundido un barco. No he apresado ningún buque sin darle antes una buena oportunidad. Por eso he perdido unos cuantos botines, dejándoles que burlaran mi acoso. Pero nunca he pretendido ser un pirata triunfador, sólo un pirata persistente.

- ¡Maldito seas, Draco! Para ti era sólo un juego, ¿no? Mientras tanto, dejabas que Blaise te imaginase dedicado al pillaje, a la violación, y a lanzar hombres a los tiburones.

- ¿Por qué no? De todas formas, siempre tiene que estar censurando a alguno de nosotros para poder sentirse plenamente feliz. Era preferible que fuese yo la víctima de sus acusaciones porque a mí me importa un comino, mientras que a ti te preocupa.

- Vaya, qué noble actitud - observó Theo, sarcástico.

- ¿Tú crees? - Draco, sonriendo, vació su copa. Theo se apresuró a llenarla otra vez -. Al fin y al cabo, siempre he actuado así.

- Supongo que sí - reconoció Theo, con desgana -. Desde que tengo memoria has desafiado y provocado deliberadamente a Blaise.

Draco se encogió de hombros.

- ¿Y qué es la vida sin esos pequeños estímulos, querido hermano?

- Me parece que disfrutas cuando ves a Blaise echando chispas. Admítelo.

- Bueno, es que lo hace muy bien, ¿verdad?

En el rostro de Theo se dibujó una amplia sonrisa. Luego replicó, riendo entre dientes:

- Bien, los porqués y las consecuencias ya no importan. Se te ha vuelto a aceptar en la familia y todo está perdonado. Pero aún no me has explicado por qué aceptaste la paliza.

La dorada ceja volvió a arquearse.

- ¿No? Pues debe de ser porque me interrumpes a cada instante.

- De acuerdo, cierro el pico.

- ¿Tú? Imposible.

- ¡Draco!

- Oh, vamos, Theo. Ponte en mi lugar y tendrás la respuesta. No es tan complicada, después de todo. Yo quería pasar el tiempo que me correspondía con Ginn, nuestra adorada sobrina. Pensé que ella disfrutaría viendo un poco de mundo, y ciertamente no me equivoqué. Pero por mucho que me encatara tenerla conmigo, antes de traerla de regreso comprendí la estupidez que había cometido. Evidentemente, mientras la tuve a mi lado no actué como pirata. Pero el mar no es un lugar seguro. Tormentas, otros piratas, enemigos que me había creado... Podía pasar cualquier cosa. Y aunque el riesgo que ella corría era mínimo, no dejaba de ser un riesgo. Y si a Ginn le hubiera ocurrido algo malo...

- Por Dios, ¿el inconsciente de Draco Malfoy asediado por los remordimientos? ¡Con razón nunca he logrado explicarme el asunto!

- Tengo mis momentos, al parecer - replicó Draco con sequedad, clavando en los ojos de su hermano una mirada de disgusto por sus carcajadas.

- ¿Qué he dicho? - preguntó Theo, con aire inocente -. Bueno, no importa. Anda, toma otra copa. - La botella se inclinó otra vez -. Mira - agregó con una sonrisa pensativa - ,entre que yo sometía a la pequeña a la presencia de mis disolutos amigos, que a decir verdad siempre se comportaron correctísimamente, y que tú la expusiste a una tripulación de rebana pescuezos...

- Que la adoraban y, mientras ella estuvo a bordo, demostraron ser unos rebana pescuezos muy corteses.

- Pues sí, gracias a nuestra ayuda la niña tuvo una educación muy completa.

- ¿Verdad que sí? Lo que no me explico es que haya acabado casándose con un fulano como Potter.

- La pequeña lo ama, por desgracia.

- Eso ya lo suponía.

- Anda, Draco, lo detestas porque se nos parece demasiado. Y alguien como nosotros no merece casarse con nuestra Ginny.

- En eso no estoy de acuerdo, muchacho. Eres tú quien lo detesta por eso. A mi no me gustaron los insultos que me lanzó mientras se alejaba, después de habernos enfrentado en el mar hace años. ¡Y me insultaba después de haberme destrozado el barco!

- Pero tú lo atacaste - señaló Theo, que ya conocía casi todos los detalles de ese combate naval, incluido el hecho de que en esa ocasión habían herido al hijo de Draco. Y ése fue el motivo determinante para abandonar definitivamente la vida de pirata.

- Eso no viene al caso - insistió Draco -. De cualquier modo, el año pasado empeoró las cosas cuando, por su culpa, acabé en la cárcel.

- Después de dejarlo medio desmayado por la brutal paliza que le diste. ¿Y acaso no admitiste que, después de todo, Harry pagó tu fuga, antes de irse a las Indias Occidentales? Debía de tener sus remordimientos, ¿no?

- A juzgar por lo que dijo, fue porque se habría perdido ver cómo me ahorcaban.

Theodore soltó una risotada. - Eso es muy característico de él. ¡Qué cachorro tan arrogante! Pero reconócele el mérito, hermano. Si no te hubieran detenido, por cortesía de nuestro sobrino político, no habrías podido facilitar las pesquisas sobre el paradero de Hawke y simular después tan hábilmente su muerte. Con todo ello te has beneficiado, y ya puedes caminar otra vez por las calles de Londres con toda tranquilidad. Eso merecía que se vaciara otra copa.

- ¿Desde cuándo defiendes a ese truhán?

- Por Dios, ¿eso he hecho? - Theo parecía totalmente horrorizado -. Perdona, muchacho. Te aseguro que no volverá a ocurrir. Ese tipo es un incordio de pies a cabeza.

- Pero Ginn se lo hace pagar - dijo Draco, refocilándose.

- ¿Ah sí?

- Cada vez que discute con uno de nosotros y ella se entera, el mozo acaba durmiendo en el sofá.

- ¡No me digas!

- Es cierto. El mismo me lo dijo. Tendrás que visitarlo con más frecuencia cuando yo no esté.

- ¡Brindo por eso! - rió Theo -. ¡Potter en el sofá! ¡Eso es genial!

- No mejor que el enredo que tú tienes con tu esposa.

- No empecemos otra vez con eso.

- Ni se me ocurriría. Pero confío en que hayas arreglado las cosas cuando yo vuelva, dentro de algunos meses. Porque entonces os quitaré a Scorpius de encima. Y entonces, querido muchacho, os quedaréis solos, tú y tu pequeña escocesa .

En la sonrisa de Theo se podía adivinar su total seguridad y una tenue malicia.

- Date prisa en volver, ¿me harás el favor?

Toda la familia había salido para despedir a Draco: Blaise y Derek, Gregory con toda su prole, Theo y su pequeña escocesa.

Theodore estaba bastante pálido, pero era comprensible: acababa de enterarse de que iba a ser padre.

El pícaro de Scorpius estaba muy animado, pese a que iba a separarse de Draco por primera vez desde que se encontraron, y de esto hacía seis años. Probablemente creía que ahora podría hacer lo que se le antojara, puesto que sólo estaba su tío Theo para mantenerlo a raya.

Pronto descubriría que Blaise y Greg también iban a vigilarlo. Estaría muy controlado, tanto o más que con Draco y Conrad, el primer oficial de su padre.

La marea puso fin a las despedidas. De cualquier modo, la resaca de Draco, atribuible a Theodore, no soportaba más palmadas en la espalda. Casi estuvo a punto de olvidarse de la nota que tenía preparada para la pequeña escocesa; en ella le explicaba el asunto de la camarera que la muchacha creía amante de su esposo.

Llamó a Scorpius a la pasarela y se la entregó.

- Encárgate de que tu tía Luna reciba esto, pero cuanto Theo no esté presente.

Scorpius guardó la nota en el bolsillo.

- No me digas que es una carta de amor.

- ¿Una carta de amor? - resopló Draco -. Sal de aquí bribón. Y cuidado con...

- Ya sé, ya sé - Scorpius alzó las manos, riendo -. No haría nada que tú no hubieras hecho. Y descendió a la carrera por la pasarela, antes de que Draco pudiera ajustarle las cuentas por ese atrevimiento. Pero su padre sonreía cuando, al volverle la espalda, se encontró cara a cara con Conrad Sharpe, su primer oficial y mejor amigo.

- ¿Qué era ese papel?

Draco se encogió de hombros. - He decidido echar una mano, después de todo. A este paso, Theo se pasará la vida metiendo la pata.

- Habías dicho que no te ibas a entrometer - le recordó Connie.

- Mira..., al fin y al cabo es mi hermano. Aunque no sé por qué me tomo molestias, después de la que me jugó anoche. - Consiguió esbozar una sonrisa ante la ceja enarcada de Connie, pese al terrible dolor de cabeza -. Procuró que hoy me sintiera fatal a la hora de zarpar, el condenado.

- Y tú le seguiste la corriente, claro.

- Desde luego. No iba a permitir que bebiera más que yo, ¿no? Pero tendrás que ser tú quien nos ponga en alta mar, Connie. Me temo que estoy destrozado. Cuando hayamos zarpado, preséntate en mi camarote.

Una hora después, Connie se servía una medida del whisky guardado en el bien provisto armario del capitán y se reunía con él ante el escritorio.

- No irás a preocuparte por el muchacho, ¿verdad?

- ¿Por ese tunante? - Draco sacudió la cabeza, pero la jaqueca le continuaba, viéndose obligado a tomar otro sorbo del tónico que su primer oficial había hecho traer de la cocina -. Theo se encargará de que Scorpius no se meta en líos. Eres tú el que se preocupará, Connie. Deberías haber tenido hijos.

- Quizá ya los tenga. Falta que los encuentre como te ocurrió a ti con el tuyo. Seguro que aún tienes algunos más que desconoces.

- ¡Por Dios, basta con uno! - replicó Draco, fingiéndose horrorizado y provocando una risa sofocada en su amigo -. Bueno, ¿qué sabes de la antigua tripulación? ¿Cuántos de aquellos hombres has podido reunir?

- Dieciocho. Y no he tenido dificultades para completar los puestos, con excepción del contramaestre, como ya te conté.

- Con que zarpamos sin él. Será mucha carga para ti, Connie.

- Quizá, pero ayer conseguí un contramaestre; mejor dicho, él se ofreció. Quería embarcarse como pasajero, con su hermano. Como le dije que el Maiden Anne no lleva pasajeros, se ofreció a pagar el viaje trabajando. No he visto escocés más testarudo.

- ¿Otro escocés? ¡Cualquiera diría que no me las he visto lo suficiente con ellos últimamente! Me alegro mucho de que tus antepasados escoceses sean tan remotos que ya no los recuerdes, Connie. Entre lo de perseguir al primo de lady Luna y el tropiezo con aquella zorrilla y su acompañante...

- Ya podrías haberte olvidado de eso.

Draco replicó con gesto ceñudo: - ¿Cómo sabes que este escocés conoce algo de cordajes?

- lo puse a prueba. Creo que ya ha hecho este trabajo. Y asegura que ha trabajado en otros barcos como oficial de intendencia, carpintero y contramaestre.

- Si es cierto, la verdad es que nos será muy útil. Muy bien. ¿Algo más?

- Johnny se ha casado.

- ¿Johnny? ¿Johnny, mi grumete? - Los ojos de Draco se dilataron -. ¡Por amor de Dios, si sólo tiene quince años! ¿Cómo demonios se ha metido en eso? Connie se encogió de hombros.

- Dice que está enamorado y que no soportaría abandonar a su mujer.

- ¿A su mujer? - se burló Draco -. ¡Pero si ese crío necesita una madre en vez de una esposa!

De nuevo le atacó el dolor de cabeza. Tragó el resto del tónico.

- Te he conseguido otro grumete. El hermano de Hadrid... Draco escupió el tónico rociando todo el escritorio.

- ¿Quién? - preguntó, atragantado.

- ¿Qué bicho te ha picado, Draco?

- ¿Has dicho Hadrid? ¿No será Rubeus su nombre de pila, por casualidad?

- Sí.

- Esta vez fueron los ojos del primer oficial los que se dilataron -. Por Dios, no me digas que es el escocés de la taberna.

- ¿Te has fijado bien en el hermano? - inquirió Draco, con cierta excitación.

- Ahora que lo dices, no. Era un muchachito menudo, silencioso, que se ocultaba detrás de los faldones de su hermano. No he tenido más remedio que contratarlo, pues Johnny me informó de que se quedaba en Inglaterra cuando sólo faltaban dos días para zarpar. ¿No estarás pensando que es...?

- ¡Claro que sí! - Y de pronto James estalló en una carcajada -. ¡Oh, Connie, esto sí que no tiene precio! Aquel día salí corriendo detrás de ella, ¿sabes?, pero ella y su escocés desaparecieron en seguida. Y ahora resulta que, por una impensable casualidad, voy a tenerla conmigo.

Connie gruñó.

- Bueno, ya veo que piensas pasarlo muy bien durante el viaje.

- No lo dudes - la sonrisa de Draco era decididamente juguetona -. Pero no vamos a desenmascararla, por el momento. He decidido que, primero, le tomaré un poco el pelo. Será divertido.

- Tal vez te equivoques. Bien podría ser un niño, después de todo.

- No creo - replicó Draco -. Pero lo descubriré en cuanto comience con sus tareas.

Cuando Connie hubo salido, él se arrellanó en la silla, cómodamente acolchada. Aún sonreía, maravillado ante la increíble casualidad de que aquella pequeña y su escocés hubiesen elegido su barco entre todos los disponibles, cosa que no tenía el menor sentido. Según Connie, primero habían querido pagar pasaje, así que no les faltaba dinero. ¿Por qué no buscar otro barco?

Draco sabía de al menos dos navíos ingleses que debían partir rumbo a las Indias Occidentales, y uno de ellos tenía amplio espacio para pasajeros. ¿Por qué tomarse el trabajo de disfrazar a la muchacha, corriendo el peligro de que la descubrieran? ¿Y si no era un disfraz? Al fin y al cabo, él la había conocido vestida de ese modo. Tal vez fuera su atuendo habitual... No, puesto que se enfureció cuando Theo descubrió que era una mujer.

Eso significaba que ocultaba su condición...o lo intentaba. Grumete. ¡Qué coraje el de aquella chica! Draco meneó la cabeza, riendo para sus adentros. Sería realmente interesante observarla y ver cómo se las apañaba. Una cosa era ir disfrazada en una taberna mal iluminada, pero en un barco, a plena luz del día...

Sin embargo, era evidente que había conseguido engañar a Connie. Tal vez hubiera logrado hacer lo mismo con él de no ser por su anterior encuentro. Pero no la había olvidado. Por el contrario, la recordaba muy bien. Le intrigaba aquel bonito trasero, aquel pecho tierno que tan agradablemente se ajustaba a su mano. Y sus facciones eran exquisitas: pómulos bien moldeados, naricita respingona, labios anchos y sensuales...

No pudo verle las cejas, ni tan sólo uno de sus cabellos, pero en esos pocos instantes en que ella lo miró de frente, junto a la taberna, el capitán se perdió en la profundidad de sus aterciopelados ojos castaños.

En el último mes había regresado a la taberna docenas de veces, tratando de hallarla. Ahora comprendía su falta de éxito. Nadie sabía nada de aquellos dos, porque no eran de la zona; lo más probable era que estuvieran en Londres por primera vez. Sin duda provenían de las Indias Occidentales y allí volvían ahora.

Hadrid podía ser escocés, pero la muchacha no. No había logrado identificar su acento, pero sin duda no era inglés. La joven era un misterio, y él estaba decidido a resolverlo. Pero antes se divertiría con la comedia, instalándola en su camarote, como si su grumete durmiera siempre allí. Tendría que fingir que no la reconocía o dejarle suponer que había olvidado su encuentro anterior. Naturalmente, existía la posibilidad de que ella misma no lo recordara, pero eso no importaba. Antes de que terminara el viaje compartiría algo más que su camarote: compartiría su cama.

La cocina no era precisamente el mejor lugar para ocultarse, aún en verano y con las brisas oceánicas todavía muy lejos. Una vez que estuvieran en el mar sería más agradable, pero, por el momento con los enormes hornos de ladrillo que irradiaban calor desde el alba, y con el vapor que brotaba de las ollas, resultaba más agobiante que un infierno.

El cocinero y sus dos ayudantes ya se habían quitado la mayor parte de la ropa cuando la tripulación empezó a entrar para desayunar rápidamente. Se presentaban de uno en uno o de dos en dos como máximo para ahorrar tiempo, pues las horas previas a la partida eran las de mayor trabajo. Hermione contempló durante un rato la actividad de la cubierta, mientras se terminaban de cargar las provisiones y el equipamiento para el barco, y se los trasladaba a la bodega o a la cocina. Pero el espectáculo le resultaba familiar y no le interesó demasiado.

Por otra parte, ya había visto lo suficiente de su odiada Inglaterra. Por eso permanecía en la cocina, fuera de los lugares de paso y sin llamar la atención, encaramada en un banquillo; en el rincón opuesto estaban colocando barriles, toneles y sacos de harina y cereales, en tal cantidad que finalmente ya no hubo sitio y fue preciso llevar el resto a la bodega.

A pesar del calor, Hermione se sentía a gusto allí. Era realmente la cocina más limpia que había visto en un barco. En realidad, todo el buque tenía un aspecto radiante. Por cierto, le habían dicho que acababan de repararlo de punta a punta. Entre los hornos y la cocina había una carbonera honda, llena hasta los bordes. En el centro de la habitación había una mesa larga, pulida, y con una tabla de carnicero en el extremo esperando el momento de cubrirse con la sangre de los animales vivos alojados en la bodega. Estos eran en verdad muchos, los suficientes para asegurar la provisión de carne fresca durante todo el viaje. El cuarto estaba tan atestado como cualquier cocina, lleno de especias y ollas, arcones y utensilios. Y todo estaba cuidadosamente clavado en el suelo, en las pareces o en el techo.

Mandaba allí un irlandés moreno bajo el dudoso nombre de Shawn O'Shawn, el cual no albergaba la menor sorpresa sobre la identidad de Herms Hadrid. Shawn era un tipo cordial de unos veinticinco años, que vigilaba constantemente sus dominios con alegres ojos verdes. Había autorizado a Hermione a quedarse allí, aunque con la advertencia de que la podía poner a trabajar. A ella no le molestó; de vez en cuando le encargaban alguna tarea, si los dos ayudantes estaban ocupados. El cocinero, hombre conversador, no se oponía a las preguntas, pero él también era nuevo en la tripulación y no pudo decirle gran cosa sobre el barco ni sobre el capitán.

Hermione no conocía aún más que a unos pocos tripulantes, aunque la noche anterior ella y Hadrid habían dormido a bordo. Pero en realidad, apenas durmieron. Teniendo en cuenta que los hombres entraban en el castillo de proa a todas horas y trataban de hallar sus hamacas medio borrachos y en la oscuridad, dormir no formaba parte del programa, a menos que uno estuviera lleno de alcohol hasta las orejas. A juzgar por lo que había visto hasta el momento, los tripulantes constituían un abigarrado grupo de diferentes nacionalidades, cosa habitual en un barco que viajaba mucho, pues se perdían y se conseguían marineros en todos los puertos del mundo. Desde luego, eso significaba que entre ellos siempre habría unos cuantos ingleses.

Uno de ellos era Conrad Sharpe, el primer oficial, a quien conocían afectuosamente por el nombre de Connie, aunque hasta el momento ella sólo había visto a un hombre que se atreviese a llamarlo así. Hacía gala de una dicción impecable, casi como uno de esos condenados aristócratas, y no parecía hombre de andarse con rodeos. Era alto y de complexión delgada, con un pelo rojo bastante más oscuro que el de Hadrid, y montones de pecas en los brazos y en las manos. Podría pensarse que era pecoso de pies a cabeza, pero la cara, intensamente bronceada, no mostraba una sola mancha. Sus ojos color avellana eran tan directos que, en varias ocasiones, Hermione había tenido la escalofriante sensación de que su disfraz no lo engañaba.

Sin embargo, la contrató sin ningún tipo de pegas. En realidad, Hadrid había descubierto que era imposible negociar con ese hombre. Si no trabajaban a bordo, no podían embarcarse en el Maiden Anne.

Hermione lo prefería así, pero Hadrid había cedido de muy mala gana. El señor Sharpe no tenía nada de malo, al menos por el momento. Si a Hermione le caía antipático era sólo por principio, lo cual no era justo. Pero ella no tenía interés alguno en ser justa con los ingleses; en su opinión, pertenecían a la misma especie que las ratas, las víboras y otras alimañas detestables.

No obstante, tendría que reprimir esos sentimientos cargados de aversión. No era cuestión de enemistarse con él, pues a los enemigos se los suele vigilar demasiado estrechamente. Tendría que evitarlo en lo posible, a él y a cualquier otro inglés de a bordo. Aún no conocía al capitán Malfoy, pues cuando bajó a la cocina, él no había embarcado todavía. Sabía que era preciso ir a buscarlo, presentarse y averiguar si le correspondía alguna otra obligación, aparte de lo de costumbre.

Después de todo, cada capitán tenía sus particularidades. Fred exigía que le prepararan un baño en su camarote todos los días, aunque fuera de agua salada. George acostumbraba a beber leche caliente antes de acostarse, y al grumete le correspondía, además de llevársela, cuidar de la vaca que la producía. El grumete de Neville no tenía nada que hacer, aparte de mantener limpio el camarote del capitán, pues a él le gustaba servirse solo y comía con su tripulación.

El señor Sharpe ya le había asignado todas sus obligaciones, pero sólo el capitán podía exigirle otras funciones. Por ahora estaba ocupado en las maniobras de partida, cosa que, de momento, era una ventaja para ella, pues retrasaba el tener que presentarse ante el capitán con su disfraz . Sin embargo, continuaba vacilando. Después de todo, sería el más difícil de engañar, puesto que pasaría más tiempo con él que con cualquiera de los otros. Y las primeras impresiones son las más importantes, pues tienden a prolongarse y afectan al juicio posterior. Si lograba pasar ese primer encuentro sin que él descubriera nada raro, podría quedarse más o menos tranquila. Pero no se levantó para salir en su busca, debido a ese enorme síque la retenía en la calurosa cocina Aún mucho después de que la ropa empezara a pegársele al cuerpo y el pelo se le convirtiera en una masa húmeda bajo la ceñida media y la gorra de lana que lo ocultaba. Si el capitán no veía nada raro en ella, todo iría bien.

Pero ¿Y si los suyos eran los únicos ojos de a bordo que no se dejaban engañar? Y en el caso de que la desenmascarara antes de llegar al canal, podía perfectamente dejarla en tierra en vez de encerrarla hasta que acabara el viaje. Lo peor sería que sólo la desembarcara a ella. Después de todo, Hadrid era mucho más necesario que un grumete. Y si el capitán se negaba a dejar que Hadrid se fuera con ella, si lo retenía hasta que no pudiera seguirla, entonces sí que los dos se verían en apuros.

Así que Hermione permaneció en la cocina, donde ya la habían aceptado bajo el nombre de Herms Hadrid.

Hasta que se dio cuenta de que había tardado demasiado en preocuparse por su capitán. Lo comprendió cuando Shawn le puso una pesada bandeja en sus manos. Al ver las fuentes de plata y los finos cubiertos, comprendió que aquella comida no era para ella.

- Entonces...¿el capitán está ya en su camarote?

- Dios te ampare, chico. ¿Dónde has estado, para no enterarte de que el hombre tiene un dolor de cabeza peor que el de cualquiera de nosotros? No ha salido de su camarote desde que subió a bordo. Ha sido el señor Sharpe quien nos ha puesto en marcha.

Ah... ¡Maldita suerte!, ¿por qué nadie le había dicho nada? ¿Y si él la había requerido? ¿Y si estaba furioso por no haber tenido quien lo atendiera? Sería un mal principio, desde luego.

- Creo que será mejor... Sí, será mejor que...

- Sí, y pronto. ¡Cielos, cuidado con la bandeja! Es demasiado pesada para ti ¿verdad? ¿No? Bueno, pues adelante, muchacho. Pero procura esquivarlo si se enoja.

Los platos volvieron a repiquetear, pues Hermione se había detenido antes de llegar a la puerta.

- ¿Por qué tengo que esquivarlo? Por el amor de Dios, ¿Sería capaz de tirarme algo a la cabeza?

Shawn se encogió de hombros con una ancha sonrisa.

- ¿Cómo quieres que lo sepa? Todavía no conozco a este capitán. Pero cuando alguien tiene una tremenda jaqueca nunca se sabe cómo puede reaccionar. Hay que ser precavido, chico. Ese es el consejo que te doy, y créeme, es bueno.

Estupendo; el mejor consejo para ponerla aún más nerviosa de lo que estaba. Hermione empezaba a descubrir un fino sentido del humor en el maldito señor Shawn O'Shawn. Había una larga distancia hasta el castillo de popa, donde estaban los camarotes del capitán y de los oficiales, una distancia que se hacía aún más penosa por cuanto Inglaterra seguía rodeando ambos lados del navío. Hermione buscó con la vista a Hadrid; necesitaba que la reconfortara con unas cuantas palabras. Pero su amigo no estaba a la vista; y como la pesada bandeja empezaba a fatigarle los brazos, no pudo entretenerse buscándolo.

De todos modos, cualquier retraso por su parte habría sido imprudente. No era con comida fría como se apaciguaba a un hombre amargado y molesto por el dolor. Sin embargo, cuando se detuvo ante la puerta del capitán, sosteniendo precariamente la bandeja con una mano para poder llamar con la otra, fue incapaz de hacerlo: le resultaba imposible dar ese golpecito que le permitiría entrar. Excepto por el temblor de las manos y las rodillas quedó paralizada. La bandeja se movía lentamente de un lado a otro, mientras todas sus pesimistas incógnitas la aturdían. No tenía por qué ponerse tan nerviosa.

En el peor de los casos, aquello no sería el fin del mundo. Era una mujer de recursos, capaz de llegar a su casa por otros medios, aunque tuviera que apañárselas ella sola. Por todos los demonios, ¿por qué no había averiguado algo sobre ese capitán, aparte de su nombre? No sabía si era joven o viejo, perverso o bondadoso, si lo apreciaban, si simplemente lo respetaban...o era realmente detestado por la tripulación. Sabía de algunos capitanes que se portaban como verdaderos tiranos, pues la autoridad divina que tenían sobre la tripulación se les subía a la cabeza.

Había hecho mal en no preguntar a otra persona, dado que el señor O'Shawn no podía informarla. Quizás aún estaba a tiempo. Si se demoraba unos minutos más para intercambiar unas palabras con alguien que se encontrara por ahí cerca, tal vez descubriría que el capitán Malfoy era el anciano más amable con quien se podía navegar. Entonces las manos dejarían de sudarle y se olvidaría de todas esas horribles posibilidades... Pero en el momento en que giraba sobre sus talones, se abrió la puerta.


Hola hola! Como están? Yo sigo sufriendo, digo estudiando, para los finales jajaja. Como verán ya están por zarpar, que será que va a pasar? Como soy mala dejo en suspense esto hasta dentro de dos o tres días y mientras sigo adaptando :)

Bueno, primero que todo quiero aclarar, por mas que ya lo hago en cada capitulo, que esto es una ADAPTACIÓN de un libro que me gustó y de mis personajes favoritos; el que no quiera que no la lea, simplemente me entretiene adaptarla y pienso seguir haciéndolo, pero para el que quiera leer el libro original, se llama Amable y tirano, la historia original es de Johanna Lindsey.

Ahora si... muchas gracias a todos los que leen y a los que dejan comentarios. Espero que les haya gustado y me lo dejen saber en los comentarios.

Besos, Isa.