Buenas tardes.
Gracias a AnnaGreen, Ariadna Simonds, Testudine Black, Mery Vedder, Julietaa, damcastillo y CallMeStrange por los reviews del capítulo anterior.
Convalecencia
Yo te mostraré
que todo en esta vida
lo puedes tener
si en ti logras creer.
Y te enseñaré a vencer a tu enemigo,
que no son los demás.
Eres tú, ¡eres tú!
Mägo de Oz-El atrapasueños
Al día siguiente, para su alivio, Louis ha recuperado la movilidad, aunque todo su cuerpo tiembla como si tuviera fiebre. El joven intenta incorporarse entre todos esos cables, con cuidado para hacer el menor ruido posible, ya que, junto a la cama, en una silla, Julia Jordan está durmiendo tranquilamente. Cuándo cayó en los brazos de Morfeo, lo desconoce, pero Louis sabe que anoche, cuando navegaba entre la vigilia y el sueño, ella le estaba acariciando el pelo para evitar que su barco zozobrase.
El esfuerzo acelera su corazón, provocando que los pitidos de la máquina con rayas se hagan más rápidos. El cambio de ritmo despierta a Julia, que lo descubre respirando hondo para tratar de que el puñetero cacharro deje de pitar tan seguido.
-¿Qué haces?-inquiere. Sin esperar respuesta, ayuda a Louis a incorporarse, apoyándolo en las almohadas, y lo observa con ojo crítico-. Tienes mejor cara que anoche. ¿Cómo estás?-pregunta con amabilidad.
-Bien-Louis descubre que también vuelve a ser capaz de hablar con fluidez, lo que lo anima un poco-. ¿Y tú?
Julia se encoge de hombros.
-Me duelen el cuello y la espalda, pero creo que sobreviviré-responde-. ¿Tienes hambre?
-Un poco-admite Louis, que no se ha dado cuenta hasta ese momento de lo vacío que tiene el estómago.
De modo que Julia va a hablar con una enfermera para que le traiga el desayuno. Diez minutos más tarde, Louis bebe a pequeños sorbos un vaso de zumo de naranja. Pese a que está agotado, se siente más despejado de lo que ha estado en mucho tiempo. Ni siquiera siente el irrefrenable deseo de inyectarse heroína que últimamente lo domina la mayoría del día.
-¿Por qué lo hiciste?-pregunta Julia tras un rato sin que ninguno de los dos hable.
Louis deja el vaso de zumo de naranja en la bandeja, sabiendo a lo que se refiere. Cierra los ojos con fuerza y luego vuelve a abrirlos.
-Cuando lo hago, no recuerdo a Noah-confiesa en voz baja-. Pero ayer…-suelta un bufido. Cuanto más lo piensa, mas imbécil se siente por haber confiado en el estúpido de Gendry-. Llevaba dos días sin hacerlo, y…-se muerde el labio. Otra vez la heroína ha sido más fuerte que él-. No puedo dejarlo-susurra, mientras los ojos se le llenan de lágrimas que su orgullo le impide derramar.
Por suerte para su dignidad, Julia no le acaricia el pelo ni da muestras de tenerle lástima. Simplemente lo mira durante unos minutos que se hacen infinitos para los dos jóvenes.
-Tienes un problema, Louis. Tienes que decírselo a alguien, que te echen una mano a dejarlo.
-No puedo-replica él-. Se enfadarán conmigo, mi madre se pondrá triste y mi padre se decepcionará de mí… y Vic y Minnie…
-Louis-lo interrumpe Julia-. Te está matando. Lo has visto, lo viste ayer; si no te hubiéramos encontrado, ahora no estarías aquí autocompadeciéndote. Y por mucho que te empeñes no puedes dejarlo tú solo.
-Sí puedo-la contradice Louis-. Siempre he conseguido todo lo que me he propuesto.
Julia suspira con resignación.
-Pues más vale que consigas esto también.
Esa misma tarde, James va a casa de Elijah.
Lo cierto es que no sabe exactamente qué encontrará. Ni siquiera tiene esperanzas de que Louis esté ahí, ya que es un secreto a voces que su primo y su novio se detestan desde el día en que se conocieron. Pero no sabe dónde buscar. Ha sonsacado muy disimuladamente a sus hermanas que ninguna de las dos lo ha visto. La que más recientemente tuvo noticias de él, una Victoire que parece estar en las nubes por algún motivo que James no alcanza a comprender. La mayor de sus primos le pregunta si él sabe qué le ocurre a Louis, por qué está enfermo. James no ha respondido a la pregunta; sabe que debería haberlo hecho, pero algo no se lo permite: tiene demasiado miedo de que su primo deje de hablarle.
Le abre su novio con una bolsa de chucherías en una mano y un libro en la otra. Como siempre, espera unos minutos antes de decirle que tienen la casa para ellos solos; Elijah disfruta enormemente viendo la cautela y el cuidado con que James se comporta ante la sola mención de su madre.
-No tiene gracia-protesta él.
-Para ti no, pero para el resto del mundo es un espectáculo-replica Eljiah-. Por cierto, ¿para qué has venido?
-¿Además de por ti?-inquiere James, cerrando la puerta del dormitorio después de entrar. Aunque estén solos, le da mala espina-. Louis no estará aquí, ¿no?
Elijah suelta una carcajada mientras James se sienta en la cama.
-Si estuviera aquí, probablemente estaríamos batiéndonos en duelo. Sabes que no lo aguanto.
-Nunca entenderé por qué-admite James. Suspira-. ¿Y no sabes dónde puede estar?
Elijah se deja caer boca arriba sobre su cama, de forma que la cabeza se le queda fuera del colchón, y desde ahí se encoge de hombros.
-No soy su madre. De todas formas, por lo que me contaste el otro día, no creo que sea muy difícil suponer lo que está haciendo, ¿no?-James se muerde el labio-. Sigues sin soltar prenda-adivina, interpretando correctamente su gesto.
-Es que…-James suelta un bufido-. Sé que debería, pero… joder, Louis es imbécil. Pero no quiero que me odie.
Elijah se gira hasta quedar tumbado de lado y apoya la cabeza en el brazo.
-¿Y por qué no haces otra cosa?-sugiere.
-Ilumíname.
-Habla con él. Dile que lo deje. Y si sigue sin hacerlo, habla con sus padres.
James suspira.
-Qué fácil es para ti decirlo-comenta con amargura.
Elijah pone los ojos en blanco.
-Sí, bueno, me cae mal, pero si se muere me obligarías a ir a su funeral, y no me gusta el negro-replica-. Eh, James-dice, alargando el otro brazo para tomar su mano-. Mira, si quieres, puedo ir a decírselo yo. De todas formas, tu primo ya me odia; no me importa que lo haga un poco más.
James sonríe.
-Entonces… Vale-acepta, acariciando el dorso de la mano de Elijah con los dedos. Se inclina hacia él y lo besa.
Demasiado inocentemente teniendo en cuenta que es un Slytherin, el joven decide utilizar la mano que James no tiene aprisionada para cogerle la nuca y acercarlo más a él. Sin embargo, unos segundos más tarde se aparta dando un respingo y mira a su novio con reproche.
-¡Eh!-protesta, intentando parecer serio, aunque lo cierto es que está tratando de disimular una sonrisa. Los ojos de James brillan malévolamente-. Ay… no-Elijah se incorpora y se desplaza hasta la otra punta de la cama-. No, no y no.
-Pero si en el fondo te gusta-replica James, exasperado, acercándose a él y, en una hábil maniobra, atrapando sus muñecas con una mano y deslizando los dedos de la otra por su costado, arrancando carcajadas que Elijah, indefenso, no logra reprimir.
-No… me hagas… cosquillas-exige, retorciéndose entre risas. Finalmente, logra liberar un brazo, que aterriza directamente en el cuello de James, haciéndolo encogerse.
-No vale-protesta; ahora ambos pueden usar todas sus extremidades. Se echa sobre Elijah, intentando ganar su particular lucha; él batalla para quitarse a James de encima y, cuando finalmente lo consigue, se sienta sobre su estómago, triunfante. No obstante, James se escabulle de nuevo.
A ninguno de los dos le dura demasiado la superioridad sobre el otro. Finalmente, ambos jóvenes se rinden y se quedan tumbados en la cama boca arriba, sonriendo y todavía intentando recuperar el aliento. Es entonces cuando James se gira y abraza a Elijah, apoyando la cabeza sobre su pecho.
-¿Qué pasa?-inquiere él, acariciándole el pelo.
James suspira.
-Aunque Louis me odie, tú no lo harás, ¿verdad?-pregunta en voz baja.
Elijah lo abraza también y le da un beso en la frente.
-Claro que no. Sabes bien que no puedo odiarte.
Cuatro días después, Louis recibe el alta médica en ese hospital muggle.
Lo cierto es que pasar todas esas horas con Julia ha tenido un efecto balsámico y curiosamente tranquilizador. Pese a que no ha desaparecido, ni mucho menos, el ardiente deseo de ir a esa plaza de Manchester a inyectarse heroína, las conversaciones con la muchacha han ayudado notablemente a que le sea más fácil ignorarlo, si bien por las noches se despertaba sobresaltado, con una parte de él deseando que fuera droga y no suero lo que se colaba por sus venas.
Pero está decidido a no dejar que eso lo perturbe. Se ha propuesto no volver a tocar ni una jeringuilla y eso hará, aunque le vaya la vida en ello; o, mejor dicho, para que su adicción no le cueste la vida.
Julia sale con él del hospital. El rostro de Louis ha recuperado un poco de color y su pelo rubio brilla algo más; además, el joven se siente con más energía, más vivo. No hay nada en esos momentos que le impida pensar con total claridad.
Sin embargo, el rubio no permite que ella vaya a su casa. ¿El motivo? Lo desconoce totalmente. Quizá es que la única persona del sexo opuesto a la que alguna vez ha llevado a su piso ha sido Noah (sus hermanas y primas no cuentan), e invitar a Julia le parece una especie de traición. Quizá es que cuanto más tiempo pasa con ella más la aprecia, y teme encariñarse con ella, porque sabe que también se irá, igual que se fue Noah. Quizá un poco de todo. El caso es que Louis se despide de Julia antes de desaparecerse.
Se materializa en el recibidor. Recorre el pasillo, y cuando está llegando a su dormitorio oye un correteo. Se gira y descubre a James, que ha salido de su dormitorio en pijama y lo observa con los ojos como platos. Antes de que Louis pueda hacer nada, su primo se abalanza sobre él para abrazarlo.
-¡No sabía nada de ti!-exclama. Entonces se separa de él y le da una colleja-. ¿Dónde rayos estabas? ¿Por qué no has dado señales de vida en cuatro malditos días?
-Eh… he estado ocupado-responde Louis. No es del todo mentira, después de todo.
-Ocupado-James arquea una ceja-. Y tu "ocupación", por curiosidad, no tendrá nada que ver con drogas muggles y jeringuillas, ¿no?-pregunta con sarcasmo. Louis aprieta los puños, gesto que equivale a una respuesta afirmativa para su primo-. No, si esa mierda también te está afectando al coco-gruñe James-. Cada día estás más tonto-le asegura.
-No me he drogado en estos días-replica Louis, sintiéndose extrañamente orgulloso al saber que es verdad-. He estado… con una chica.
James se queda boquiabierto.
-No jodas. ¿Quién?
-Eh… no la conoces-lo cierto es que James sí conoce a Julia, le gastó varias bromas en Hogwarts, pero Louis no quiere pensar mucho en ella, porque le resulta incómodo-. Se llama Irina-bien, otra mentira. Cuando se le coge el truco salen solas.
James sonríe.
-Qué bien-dice con sinceridad-. Me alegro mucho por ti, Louisie.
-No me llames así-replica Louis al instante-. Pareces mi abuela.
-Pues preséntamela-le pide-. A esa tía, no a tu abuela-aclara rápidamente.
-Es muy pronto todavía-improvisa el rubio-. Ya la conocerás.
-Vale-James respira hondo varias veces-. Vale…
-Es mi madre, no una horda de duendes cabreados-le recuerda Elijah, intentando tranquilizarlo, porque está empezando a ponerse nervioso él también sin ningún motivo.
-¡Tu madre me da miedo!-declara James-. ¿Cómo puede ser esa mujer tan seria? ¿Alguna vez se ha reído?
Elijah arquea las cejas.
-Se ríe mucho. Que no lo haga delante de ti es otra historia.
-Pues hasta que no la vea reírse no pienso cambiar de opinión-dice James-. ¿Y si es que le caigo mal?
-No le caes mal. Bueno, no te voy a negar que se mosqueó un poco cuando me dejaste tirado hace unas semanas, pero tiende a pensar demasiado bien de los demás y ya se le ha pasado.
-Entonces, puedo seducirla con mi encanto-Elijah no puede evitar soltar una carcajada.
-Sin duda. ¿Nos vamos ya, o piensas quedarte ahí todo el día?
James lleva la última media hora mirándose en el espejo y cambiándose de corbata cada dos minutos. Nunca parece quedar completamente satisfecho con el resultado. Ahora está intentando peinarse. Tarea altamente complicada, teniendo en cuenta que ha heredado el pelo de su padre. Una persona que, en opinión de Elijah, sí que es realmente temible. Aunque le cae bien, supone.
-¿Estoy bien?-pregunta.
-Sí-responde Elijah, cogiéndolo de la mano-. Vamos.
Se desaparecen hasta la entrada de la casa del ex Slytherin. No obstante, cuando están a punto de llamar a la puerta oyen tres voces. La madre de Elijah, Thomas y… Elijah ha oído la otra voz en algún lado, aunque no recuerda dónde. Llama a la puerta con curiosidad.
Cuando ésta se abre, el primer impulso de Elijah es salir corriendo, desaparecerse a Australia y esconderse en un agujero en el suelo. De no ser porque James tiene su mano atrapada entre la suya, de hecho, ya lo estaría haciendo.
Porque acaba de descubrir de qué le sonaba la tercera voz. Y, sobre todo, a quién le recuerda. Se queda mudo de la impresión y el horror.
Apenas ha cambiado en todos los años que Elijah lleva sin verlo. Quizá el pelo negro está salpicado de canas y sus ojos grises, que el joven ha heredado, están vacíos, pero el resto de él sigue siendo tan terrorífico como en sus peores pesadillas: la forma de mirarlo, la nariz ganchuda que (por suerte) Elijah no posee y esa omnipresente mueca de asco.
-Buenas noches-lo saluda su padre.
Elijah se queda totalmente paralizado. ¿Qué diablos hace ese hombre en casa de su madre? ¿Lo ha dejado entrar ella? Si es así, ¿qué diantres tiene su madre en la cabeza? ¿Y Thomas? ¿Acaso él no tiene nada que decir al respecto? Las preguntas se aglutinan en su cabeza impidiéndole pensar para darles respuesta.
-Buenas noches-repite con cierta dificultad. A su lado, James lo mira preocupado, y Elijah supone que ha palidecido demasiado. Nota cómo la mano de él intenta liberarse de la suya y deja de apretar, lamentando haberle hecho daño, aunque no recuerda haber reforzado su presa. Pensando en que su novio tiene derecho a saberlo y preguntándose cómo reaccionará, Elijah agrega-: James, él es mi padre. John…-se niega categóricamente a llamar a ese monstruo "papá"-. Él es James, mi novio.
-Oh-James tampoco sabe qué decir-. Encantado-Elijah percibe la ironía de su voz, pero no está seguro de que su padre también se haya dado cuenta.
-El gusto es mío.
En ese momento, por el pasillo se acerca su madre de la mano de Thomas. Ahora es James quien se pone más pálido que la cera. Elijah se reiría, pero cualquier impulso está inhibido por la presencia de John Anderson a menos de dos metros de él. Y de su madre. En la misma habitación.
Elijah tiene ganas de vomitar.
-Oh, ya habéis llegado...-comenta Emilia Barrow, sonriendo-. Elijah, tu padre quería… bueno, ver cómo estabas, y ha venido a verte.
Se ha vuelto loca, piensa Elijah. Merlín, todavía tiene la marca del cuchillo, ¿es que se le ha olvidado? ¡Casi la mata! Tras unos segundos, decide hacer algo. Suelta la mano de James, se acerca a su madre y tira de ella hasta entrar en la cocina, lejos de los oídos de James, Thomas y ese monstruo al que, por desgracia, se parece físicamente.
-¿Qué hace él aquí?-exige saber. Su madre aparta la vista.
-Sé que no te hace gracia, cariño-empieza su madre-. Y a mí tampoco, pero es tu padre después de todo y…
-No–es–mi–padre-gruñe Elijah.
Su madre le revuelve el pelo.
-Para mí tampoco es fácil, pero intenta darle otra oportunidad.
-¿Otra oportunidad?-repite Elijah, atónito-. ¿Para qué, para que pase lo mismo que aquella vez?-Emilia aparta la mirada-. ¡Mamá!-exclama el joven, sin entender nada-. ¿Por qué no lo has mandado a tomar viento? ¿Por qué no has pedido a Thomas que lo mande a tomar viento?
-Elijah, por mucho que haya hecho, sigue siendo tu padre, te guste o no. Y como tal tiene derecho a saber qué es de tu vida-Elijah se muerde el labio. Sabe que tiene razón, pero para él su padre perdió todo derecho que pudiera tener sobre él la noche que estuvo a punto de dejarlo huérfano. Además, a su madre nunca le ha hablado del amago de coger el cuchillo que hizo su padre aquella fatídica noche-. Dale una oportunidad-le pide su madre, dándole un beso en la mejilla.
Elijah recuerda la promesa hecha a James hace unos días y se reafirma en su propósito de cumplirla. Como su padre le toque un solo pelo a su madre, el próximo que estará en Azkaban será Elijah. Por asesinato.
Notas de la autora: Me dio mucho coraje tener que cortar el capítulo aquí, porque se queda un tanto cojo, pero qué se le va a hacer. Se admiten apuestas sobre las intenciones de John Anderson.
Ah, y si habéis echado de menos a Teddy y Victoire, no os preocupéis, sólo esperad un pelín...
¿Reviews? :)
