Capítulo 7: Malas respuestas

Efectivamente, la visita de Harry al despacho de Mcgonagall no era precisamente para castigarle. Al pequeño Potter le ofrecieron nada más ni nada menos que el puesto de buscador del equipo de quiddich de la casa de los leones.

La noticia de la notificación de Harry, fue cotilleo de todo el colegio en cosa de minutos después de que el pequeño Potter hubiera saliendo del despacho de la profesora de trasformaciones.

- No puedo creerlo –dijo Draco Malfoy chuleando con fuerza una pequeña piedrecilla que estaba en el suelo, al lados el lago -¿Cómo lo nombran buscador?

- Te lo dije –dijo Hermione sentada en el césped, apoyada en un árbol que se brindaba una gran sombra.

- No ayudas –dijo Draco mirando severamente a su hermana.

- No pretendo ayudarte –dijo Hermione sin levantar la vista de su libro.

- Hermione ¿Por qué lees tanto? No estamos en clases, no es necesario –dijo Pansy Parkinson mirando a la castaña quien seguía sin levantar la vista de su interesante libro.

- Hay Pansy… es por eso que te va así –dijo Hermione suspirando mientras negaba con la cabeza sin dejar su lectura.

El comentario de la castaña provoco gran risa entre los hombre que se encontraban acompañando al platinado slytherin, haciendo que la chica se sonrojara.

- ¿Vas a reanudar ese duelo? –Pregunto Zabini mirando a su amigo.

- No será necesario, a penas vea a ese idiota por los pasillos lo hechizare, con lo idiota que es, dudo que se de cuenta –dijo Draco con una sonrisa arrogante en el rostro.

- Deja de hablar de Potter, pareciera que te gusta –dijo Hermione ganándose una mirada de reproche de su hermano.

- Tu eres la que esta acá, puedes irte si te molesta –dijo Draco ácidamente, haciendo reír al par de gorilotes de Grabbe y Goyle.

- Ustedes llegaron después a molestarme, son ustedes los que deben irse –dijo Hermione leyendo con atención su libro.

Draco suspiro pesadamente para hacerle señas a los compañeros para que se fueran y lo dejaran solo con su hermana.

- ¿Se puede saber que te pasa? –Pregunto Draco sentándose frente a su hermana con una mano apoyada en su rodilla y sosteniéndole la cabeza.

- No me pasa nada –dijo Hermione mirando su libro.

Draco, arto de que lo ignoraran, tomo el libro con agilidad y se lo quitó de las manos, haciendo que esta suspirara con cansancio.

- Entrégamelo –dijo Hermione mirándolo amenazadoramente y con la mano estirada.

- No, hasta que me respondas –dijo Draco mirando a su hermana con la misma mirada amenazadora.

Hermione suspiro pesadamente para mirar un punto fijo hacia el lago mientras guardo silencio unos segundos.

- No me gusta este colegio… -dijo Hermione volviendo su vista hacia su hermano -no me gustan los profesores¡no me gustan los idiotas de gryffindor y de ninguna casa¡NO ME GUSTA NADA DE ESTE MALDITO LUGAR!

Draco la miro gritar y desesperarse, mientras sonreía y negaba con la cabeza.

- Ven aquí –dijo Draco señalándole sus piernas. Hermione miro a su hermana y recostó su cabeza sobre las piernas de su hermano mientras esta comenzaba a jugar con su cabello – ¿recuerdas lo que nos dijo mamá que hiciéramos cuando extrañábamos algo en especial?

- Yo no extraño nada –dijo Hermione arrugando la nariz.

- Claro que sí, extrañas Francia, por eso estas así –dijo Draco mirando a su hermana con una sonrisa.

Hermione no le respondió, solo suspiro y miro a los grises ojos de su hermano.

- Cierra los ojos e imagina estar allá, con todas las cosas que te gustan –dijo Draco pasando una mano por los parpados de su hermana para que los cerrada –piensa que no hay nada a tu alrededor y que puedes disfrutar de todas esas cosas que tanto extrañas…

- Eso me angustia más, porque no puedo estar allá… -dijo Hermione abriendo los ojos.

- Sabes perfectamente que no puedes irte… -dijo Draco mirando a su hermana –debes conformarte y guardar esos recuerdos hasta que puedas volver…

- ¿Crees que algún día me dejen volver? –Pregunto Hermione con un brillo de ilusión en los ojos.

- No puedo asegurarte que estén de acuerdo, pero cuando seas mayor de edad podrás hacer lo que te plazca en gana –dijo Draco regalándole una sonrisa cariñosa a su hermana, quien se le devolvió junto con un fuerte abrazo.

- Quien diría que los Malfoy tienen sentimientos –dijo la voz de Oliver Wood, que caminaba junto con el equipo de quidich, hacia el campo para el primer entrenamiento con su nuevo buscador.

- ¿Nervioso Harry? –Pregunto Fred a un lado de Harry.

- Algo –respondió el moreno intentando sonreír.

- Izar nos pidió que te cuidáramos y que intentáramos que no pasaras más de dos semanas en la enfermería, peor no prometemos nada… -dijo George encogiéndose de hombros, para luego adelantarse hacia el capitán, dejando a Harry con un vacío en el estómago.

Luego de unos tres horas intentas de entrenamiento, Harry volvía arrastrando los pies, al castillo, donde en la entrada lo esperaban Izar y Ron para preguntar como había estado y darle algo de ánimos.

- Te vez fatal –dijo Izar a modo de apoyo.

- Gracias –dijo Harry intentando sonreír.

- Vamos, será mejor que te des una ducha y descanses antes de ir a cenar –dijo Ron dándole unas palmadas en la espalda para animarle.

- Creo que sí –dijo Harry entrando el oscuro castillo.

Los tres gryffindors caminado en silencio hasta la torre, hasta que doblaron por un solitario pasillo, encontrándose con un atarantado y preocupado Hagrid, hablando con el profesor Dumbledor.

- … fue una suerte que alcanzara a sacarla antes que él, intentara robárselo de gringotts profesor –dijo Hagrid no con mucha sutileza.

- Creo que aquí estará muchísimo mejor cuidado –dijo Dumbledor mirando al semi gigante con preocupación –aunque eso no nos da garantía de nada, puede intentar otra cosa para volver a…

Los tres chicos se vieron descubiertos al ganarse una mirada por parte del director.

- Buenas tardes jóvenes –dijo el anciano mirándolos con una semi sonrisa.

- Bue… buenas tardes profesor Dumbledor –dijo Ron con nerviosismo al entender que no debían de estar escuchando esa conversación.

- Creo que debo irme señor director –dijo Hagrid con un notorio nerviosismo.

- Claro Hagrid, conversamos en otra ocasión –dijo Dumbledor despidiéndose del guarda bosques –Vayan a dejar sus cosas o no alcanzaran a llegar a la cena chicos.

- Claro profesor, buenas tardes –dijo Izar arrastrando a los dos chicos escaleras arriba hasta la torre.

Al llegar a la torre, no estaba muy llena por lo que se fueron de inmediato hacia unas butacas alejadas.

- Eso sonaba un poco turbio –dijo Izar con una sonrisa traviesa.

- ¿Qué estas pensando Izar? –Pregunto Harry temiéndose una de las tantas travesuras de su hermano.

- Ve a ducharte, luego hablamos –dijo Izar mirando hacia la entrada, viendo aparecer a Fred y George –y no le digan nada a nadie…

- Claro –dijeron los dos chicos viéndolo desaparecer nuevamente por la entrada de la torre con los dos pelirrojos.

- Será mejor que subamos, tengo hambre –dijo Ron subiendo con Harry para que este ultimo se diera una merecida ducho luego de una larga tarde de entrenamiento.

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Jane estaba sentada en su escritorio en la gran biblioteca de los Black. Llevaba ahí cerca de 4 horas desde que había llegado desde el ministerio junto con Sirius y había solicitado expresamente que no la molestaran.

En ese mismo momento, dos pequeñas de 7 años, estaban paradas del otro lado de la puerta de la biblioteca, intentando averiguar que tanto hacía su madre ahí dentro.

- No creo que debamos meternos Alya –dijo Alhena a su hermana.

- Me da mucha curiosidad –dijo Alya mordiéndose el labio inferior como solía hacerlo Jane cuando estaba nerviosa.

- Mamá pidió que no la molestáramos –dijo Alhena con una sonrisa muy parecida a las que lanzaba Sirius.

- Efectivamente y es por eso que ustedes dos se irán a la cocina ahora mismo para que cenen –dijo Sirius mirando a sus dos pequeñas con los brazos cruzados y las cejas alzadas.

- Pero papá… -dijo Alya intentando convencer a su testarudo padre.

- EL tiempo corre antes de que una lluvia de manos locas las ataquen –dijo Sirius mirando el reloj en su muñeca.

Las dos niñas se miraron un segundo antes de salir corriendo por el pasillo y perderse escaleras abajo.

Sirius sonrió al ver pasar a sus dos hijas por su lado, antes de mirar la puerta de la biblioteca y suspirar pesadamente. Era mejor dejarla sola con eso, ya tenía con el enredo que tenía en la cabeza. Giró sobre sus talones y se fue a la cocina para ver que desastre estaban haciendo sus amadas hijas ahora.

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Jane suspiró pesadamente para mirar por la ventana que mostraba un cielo oscuro, señal de que ya había oscurecido. No se había dado cuenta de lo rápido que se le habían pasado las horas mientras no dejaba de escribir. Eran tantos los recuerdos que se agolparon de pronto en su mente que lo único que se le ocurrió fue escribirlos antes de que desaparecieran de su mente, era mejor para juntar los pedazos cuando fuera necesario.

Había tenido uno de los días más agotadores de su vida, desde que se había ido al ministerio esa mañana.

Racconto

- ¡Vamos Jane, estamos atrasados! –grito Sirius desde el primer piso, hacia la parte alta de las escaleras, donde Jane aparecía segundos después colocándose rápidamente una túnica sobre los pantalones y la blusa.

- Lo sé, lo sé… vamos –dijo Jane corriendo hacia la chimenea –Tú primero.

- Bien –dijo Sirius tomando los polvos de para luego decir "Ministerio de magia"

Al ver las llamada verdes desaparecer, Jane tomo un puñado de polvos flu y me metió a la chimenea pensando, Merlín sabe que, para luego pronunciar "Ministerio mágico"

La chimenea se lleno de unas fuerte llamas verdes para hacerla desaparecer.

Minutos después estaba pateando con fuerza una puerta cerrada con unas tablas oblicuamente.

- Estúpida chimenea –dijo Jane sacándose las cenizas del cabello y el polvo de la túnica –ahora llegare tarde y Scrimgeour me llamará la atención… no, si este día no puede ser peor.

Salió por un callejón que daba hacía una parte desolada, sin fijarse los charcos de barro que estaban en el pedregoso piso y metiendo todo su pie en uno de ellos.

- Yo y mi bocota –dijo Jane salpicando el barro de su zapato para aparecerse en el callejón que se encontraba al lado de la entrada al ministerio.

Luego de la rutinaria inspección, Jane subió a la segunda planta donde se encontraba el departamento de aurors, lugar donde Sirius ya estaba hacía unos 30 minutos atrás.

- Jane ¿Que te…? –Intento preguntar el moreno al ver entrar a su esposa llena de polvo y con una notoria cara de enfado.

- No preguntes –Dijo Jane dirigiéndose directo hacia su cubículo, donde ya tenía un alto de papeles e información que revisar.

- ¡Jane Black, a mi oficina, ahora! –escucharon gritar desde la oficina del jefe del escuadrón de aurors.

- Maldición –dijo Jane levantándose de su escritorio para ir a la oficina de su "querido" jefe, mientras sacudía su túnica con la mano para quitarle un poco de polvo.

- ¿Que le sucedió a Jane? –Pregunto Meggan apareciendo en el cubículo de Sirius.

- No lo sé, veníamos juntos y ella nunca apareció por la chimenea –dijo Sirius mirando con preocupación hacia el despacho de su jefe.

- Quizás se equivoco de chimenea –dijo Remus apareciendo detrás de Meggan con unos pergaminos en las manos.

- No lo creo… sería una estupidez –dijo Meggan alzando las cejas mientras detectaban de reojo, que la puerta del despacho de su jefe se abría, dejando salir a una enfurecida Jane que tomaba uno de los papeles de su escritorio y se dirigía hacia el ascensor.

Sirius rápidamente se levantó y se dirigir hacia ella, mientras se abría el ascensor.

- Jane… -dijo Sirius acercándose a su esposa.

- No preguntes… vuelvo más tarde –dijo Jane golpeando el fuerza el botón que la llevaba a la recepción, para hacer que las puertas se cerraran.

- Amaneció con el pie izquierdo –dijo Meggan a Remus mientras veían volver a Sirius hacia su cubículo, mientras ellos volvían a sus actividades.

Luego de una larga tarde revisando expedientes con los indeseables encargados de Azkaban, Jane volvió al ministerio cerca de la hora de salida.

- Hola –dijo Jane un poco más respuesta de esa horrenda tarde de revisión de expedientes.

- Hola –dijo Sirius caminando hacia ella con unos pergaminos en las manos -¿Podemos hablar ahora?

- Claro… ¿Donde vas? –Pregunto Jane a su esposo, mirando los pergaminos.

- Debo entregar esto en la oficina del Wizengamot y luego puedo irme –dijo Sirius caminando hacia el ascensor con su esposa para bajar hasta el noveno piso.

En el ascensor, Jane le comentó toda su odisea en la mañana y su desastroso día. Cuando llegaron al noveno piso, había un chico bastante joven esperando los pergaminos de Sirius, por lo que no fue necesario ir hasta la mismísima sala de tribunal, pero Jane no pudo dejar pasar la puerta que se mostraba el fondo del único pasillo de aquel piso, en el momento en el que el chico desaparecía doblando por una esquina.

- Jane… Jane… -dijo Sirius, pero su voz sonaba lejana en la cabeza de Jane, quien vio como su mente se comenzaba a llenar de diversas imágenes que le eran tremendamente extrañas.

Se veía corriendo, muy niña, con unos quince años, por unos pasillos oscuros mientras era seguida por un mortífago, se vio volando por sobre Londres junto con otros chicos a los cuales no logro identificar y también se vio en un bosque junto a Harry, pero ella era una niña. También se veía muy pequeña, con unos once años, entrando en un baño frente a un troll o en las ruinas de un tablero de ajedrez jugante y también caminando por los pasillos con mucho sigilo y con un espejo en la mano para mirar por las esquinas. En todas las imágenes se veía como una niña, niña que no recordaba haber sido.

De pronto, las imágenes comenzaron a aparecer demasiado rápido, haciendo que se mareara y tuviera que sujetarse de algo a su alrededor. Colocó una mano en el brazo de Sirius antes de sentir que era demasiado y desconectar su mente, cayendo desmayada en los brazos de Sirius.

Luego de lo que a ella le pareció una eternidad, abrió lentamente los ojos notando como la decoración ahora no era oscura como en aquel piso, sino era blanco y estaba sobre algo muy blando. Giró la cabeza y noto los grises ojos de Sirius observándola con preocupación.

- Hola mi amor –dijo Sirius con una de sus manos entre las suyas.

- ¿Que sucedió? –Pregunto Jane intentando orientarse.

- Estas en una oficina del ministerio –dijo Sirius pasando una mano por la frente de Jane sacándole el sudor –te desapoyaste cuando fuimos al departamento del Wizengamot, te tuve que traer en brazos hasta acá porque empezaste a convulsionarte y a sudar muy frió, como si tuvieras fiebre…

Jane, tras unos cuantos intentos, logro enfocar bien la vista y notar que estaba en una de las habitaciones de reuniones del departamento de aurors.

- Tenía muchas imágenes en la cabeza y no podía hacer que dejaran de dar vueltas, me estaban mareando –dijo Jane llevándose una mano hacia la cabeza –luego todo se oscureció y no recuerdo más.

- ¿Que imágenes aparecieron¿Las conocías? –Pregunto Sirius con preocupación.

- Sí, se me hacían conocidas, pero no recuerdo haberlas vivido –dijo Jane sintiéndose un poco mejor, como para sentarse.

- Quizás tus recuerdos están volviendo –dijo Sirius regalándole una sonrisa para que se tranquilizara un poco, ya que se notaba nerviosa.

- Puede ser, pero no tenían una secuencia lógica, estaban todas desordenada y no parecían tener sentido –dijo Jane suspirando pesadamente en el momento en el que se abría la puerta y Remus, junto con Meggan entraban a la oficina.

- Hola ¿Como te sientes? –Pregunto Meggan con preocupación.

- Bien, no se preocupes… no fue nada –dijo Jane mirándolos con tranquilidad a los tres.

- Scrimgeour dice que pueden irse a su casa si quieren –dijo Remus mirando a Sirius.

- Sí, será mejor que nos vayamos a casa de una vez para que puedas descansar –dijo Sirius colocándose de pie junto con Jane, quien con algo de dificultad, bajó de la camilla.

- Cualquier cosa que necesiten, solo avísennos –dijo Meggan besando la mejilla de Jane y de Sirius antes que estos desaparecieran por la puerta de la oficina.

- Está muy extraña –dijo Remus luego que la puerta se cerrara.

- Sí –dijo Meggan sin añadir nada más.

Fin Racconto

Después que aparecieron en la mansión de los Black, Jane se había negado a ir a descansar y se había encerrado en la biblioteca, lugar en el que se encontraba en esos momentos.

Suspiro y cerro un cuaderno forrado con cuerno negro, guardo la pluma en una pequeña caja y cerro el pequeño tarro de tinta, por ese día era suficiente. Se levanto del mullido sillón donde estaba y apago la lámpara con un toque de varita, luego se dirigió hacia la puerta para dirigirse hacia su habitación, ahora si que necesitaba descansar.

Camino por los oscuros pasillos de la casa, paso por la habitación de Harry e Izar, las cuales se encontraban vacías, para llegar finalmente hasta la habitación de las gemelas. Abrió la puerta con el mayor sigilo posible y adentró la cabeza para verlas.

Ambas estaban totalmente dormidas en sus camas. Entro y cerró la puerta, con sumo cuidado tras ella. Se acerco a sus tesoros y la arropo y beso a casa una para luego salir en silencio y dirigirse hacia su habitación.

Abrió la puerta de su habitación, esperando encontrar a un dormido Sirius, pero a diferencia de eso, lo encontró tirado sobre las mantas de la cama, con un libro en la mano y la luz de su mesa de noche encendida, junto con las ventanas abiertas, dejando entrar una fresca brisa de verano.

Jane camino en silencio hacia un mueble al otro lado de la habitación en total silencio mientras era observada por Sirius, quien la miraba de reojo. Dejo su varita, su reloj y los aros que llevaba, además de lanzar los zapatos hacia un rincón, para luego dirigirse a la cama y recostarse al lado de su marido.

- Estoy cansada –dijo Jane para comenzar una conversación.

- Deberías haber descansado a penas llegaste –dijo Sirius volviendo a su lectura.

- Lo sé, pero si no anotaba esas extrañas imágenes tal vez se me olvidarían y… ya no podría atar cabos –dijo Jane sentándose en la cama para mirar a su marido –siente haberte hablado de esa forma hoy… es que de verdad que tuve un mal día y…

- No te preocupes… -dijo Sirius dejando el libro a un lado para regalarle una sonrisa.

Jane lo miro con una sonrisilla de disculpas antes de acercarse a él y robarle un pequeño beso.

- Quiero darme un baño… lo necesito –dijo Jane estirándose para caer de espaldas a la cama, al lado de su esposo.

- ¿Es una invitación? –Pregunto Sirius mirando a su esposa desde arriba con las cejas alzadas y una sonrisa traviesa en el rostro.

- ¿Tu que crees? –Dijo Jane estirándole los brazos para que la cargara.

- Eres una tramposa, soy yo el que debería pedir mimos luego de cómo me trataste hoy –dijo Sirius bajando de la cama para tomarla en brazos y robarle un beso.

- Te prometo que será un baño que no olvidaras, amor… -dijo Jane de manera sensual en el oído de Sirius haciendo que los bellos de la piel se le erizara y comenzara a caminar con ella al baño, con una sonrisa traviesa.

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Eran cerca de las 1 de la madrugada y tres sombras se movían por los terrenos del castillo desde la casa del guarda bosques.

- Te lo dije Izar, era obvio que Hagrid no nos iba a decir anda –dijo Harry moviéndose con sigilo por el césped.

- Pero no perdíamos nada con preguntar –dijo Izar encogiéndose de hombros.

- Pero si perderemos mucho si alguien nos descubre a estas horas por los pasillos –dijo Ron con muchísimo miedo, comenzando a subir por las escaleras que daban hacia la gran puerta de roble.

- Tranquilos, nadie nos vera –dijo Izar metiéndose por un pasillo, para sorpresa de Harry y Ron, quienes sabían que el camino a la torre era otro.

- Izar ¿Qué haces? El camino no es por aquí –dijo Harry, pero solo obtuvo de parte de su hermano una señal para que guardara silencio.

- Tranquilo, tomaremos un atajo para llegar directo hacia la entrada de la torre sin tener problemas –dijo Izar levantando la mano de una estatua para que a su lado de abriera una puerta en la pared.

Harry y Ron entraron luego de Izar, para comenzar a caminar por un angosto pasillo y cubrir un par de estrechas escaleras que los llevaron finalmente a salir por detrás de una alfombra colgada en la muralla, al frente de la entrada de la torre de gryffindor.

- WOW… es increíble –dijo Ron saliendo hacia el pasillo con una sonrisa.

- Sí, pro entremos de una vez o alguien nos vera… -dijo Izar dirigiéndose hacia la dama del retrato que los miraba sorprendida.

Harry iba a decir la contraseña cuando escucharon unos pasos que se acercaban aceleradamente por el lado derecho del pasillo, donde solo se divisaba oscuridad. De pronto el borde de una túnica negra apareció para luego dejar en el cuerpo y el rostro de Hermione Malfoy que corría hacia la entrada.

Los cuatro gryffindor se miraron las caras, sabiendo perfectamente que ninguno de ellos debía de estar ahí a esas horas.

- Vaya, veo que la pequeña Malfoy salió de excursión –dijo Izar mirándola con una sonrisa burlona.

- Eso no es de tu incumbencia –dijo Hermione mirando a la mujer en el retrato – Caput…

- Oye, no me hables así, podría acursate y decirle a Mcgonagall que andaban fuera de la torre a hora inadecuadas.

- ¿A sí? y ¿Qué hay de ustedes? –Pregunto Hermione con la misma sonrisa burlona con la que la miro Izar.

- Pues, puedo decir que nosotros estamos dentro y te vimos entrar a estas horas a la torre, no es un delito quedarse hasta tarde estudiando par alas clases del día siguiente –dijo Izar devolviéndole la amanzana -¿A quien crees que le creerá Mcgongall¿A una busca pleitos como tú o a un verdadero gryffindor?

- No importan tus amenazas "verdadero gryffindor" me tienen sin cuidado, has lo que se te venga en gana –dijo Hermione dirigiéndose hacia la dama del retrato - Caput draconis…

La mujer se hizo a un lado para dejar pasar primeramente a Hermione, quien entro rápidamente para subir las escaleras corriendo y desaparecer por el pasillo de las habitaciones de las chicas.

Izar, Harry y Ron entraron luego de ella mirando como desaparecía por las escaleras.

- Esa Malfoy, les juro que me las pagara –dijo Izar con enfado.

- Izar, no creo que sea buena idea decirle a Mcgonagall, podríamos salir perdiendo todos –dijo Ron con preocupación.

- Miren –dijo Harry mirando unas manchas rojas en el piso, que dejaban un camino por las escaleras que deban hacia la habitación de las niñas –están frescas…

- Quizás esa Malfoy estaba herida –dijo Ron mirando a Harry con preocupación.

- No me interesa, por mi que se muera y me dará igual –dijo Izar dirigiéndose hacia las escaleras de los niños –buenas noches…

Harry y Ron lo vieron desaparecer mientras se miraban entre preocupados y sorprendidos.

- Creo que Izar tiene razón, no debemos meternos con esa chica, si esta herida es su problema, no nuestro –dijo Ron mirando a Harry yo me voy a acostar y tu deberías hacer lo mismo.

Harry vio a su amigo subir mientras él se debatía entre averiguar si esa Malfoy estaba bien o hacerle caso a su hermano. Finalmente decidió hacerle caso a su hermano, pero al otro día averiguaría si esa Malfoy estaba bien o no.

Y así lo hizo, al otro día se levanto temprano y se quedo en la sala común, esperando a que Hermione bajara a desayunar.

Estuvo sentado en los mullidos sillones cerca de 30 minutos, viendo baja a alumnos principalmente de cursos superior, hasta que por fin la vio bajar, con la misma arrogancia de siempre. Se levantó rápidamente y dejo que saliera de la torre para abordarla en el pasillo.

- Eh… disculpa –dijo Harry pasándose a su lado. Hermione se detuvo y la miro con las cejas alzadas entre sorprendida y desconfiada.

- Sí… –dijo Hemrione de manera brusca.

- Veras… anoche… bueno… nosotros… -dijo Harry de panera atolondrada, haciendo a Hermione rodas los ojos con cansancio.

- Sintetiza Potter, no tengo todo el día para perderlo contigo –dijo Hemrione de manera hostil.

- Bien, lo que sucede es que anoche, había una estela de manchas de sangre por las escaleras de las chicas y pensé que estabas herida y… -dijo Harry de una manera más torpe de la que hubiera deseado.

- ¿Y quieres ayudarme? –Pregunto Hermione con una sonrisa de burla en el rostro antes de lanar una carcajada –vaya Potter, tu nobleza no tiene igual… pero no, te equivocaste, esa sangre no es mía y si estuviera herida a la ultima persona a la que le pediría ayuda sería a ti ¿Conforme? Espero, porque no tengo más tiempo para perder contigo, adiós.

Harry se quedó ahí plantado, sintiéndose el ser más idiota del mundo por haber pensado en que ella tal vez querría su ayuda. Miro a su alrededor esperando a que nadie hubiera visto la escena y camino de vuelta hacia al torre, sintiéndose bastante avergonzado.

- Harry… madrugaste –dijo Izar al verlo entrar por la torre -¿Qué hacías fuera tan temprano?

- Nada… voy a buscar mis cosas arriba, tengo algunas cosas que hacer, nos vemos luego –dijo Harry desapareciendo escaleras arriba.

- Harry, pensé que ya habías bajando a desayunar –dijo Ron tomando su bolso.

- No aun no, pero baja tu yo no tengo deseos de desayunar, nos vemos en clases –dijo Harry agarrando su bolso para bajar sin tomar en cuenta a nadie, dirigiendo sus pasos a la orilla de lago para poder pensar y estar solo.

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Jane se había levantado un poco más temprano de lo habitual y había encontrado a Alhena con bastante fiebre por lo que decidió llevarla a San Mungo para que la revisaran.

- Mamá ¿Ale estará bien? –Preguntó Alya con preocupación mirando a su hermana con un paño en su frente.

- Sí tesoro, ella estará bien, ya veras que cuando regresemos estarán haciendo travesuras nuevamente –dijo Jane tomando el paño para mojarlo y estrujarlo para volver a colocarlo en la frente de su hija.

- Ya avise en al ministerio que llegaremos un poco más tarde –dijo Sirius entrando a la habitación de las gemelas -¿Que sucede princesa?

Sirius se sentó en la camada Alya viendo como la niña derramaba lágrimas en silencio.

- No quiero… que a mi hermana… le pase nada –dijo Alya rompiendo en llanto enterneciendo a sus padres.

- Tranquila, no le sucederá nada malo, los sanadores de San Mungo la van a sanar –dijo Sirius tomando a su otra hija en brazos para arrullarla

- Mami, me duele la panza –dijo Alhena revolviéndose entre las sabanas.

- Sí mi amor, te llevaremos a San Mungo para que te sanen –dijo Jane colocándose de pie par tomar la mano de Alya que aun hipaba a causa del llanto –quédate con ella mientras cambio a Alya.

- Claro –dijo Sirius ocupando el lugar que tenía Jane en la cama de Alhena, quitándole los paños mojados para intentar bajar la fiebre.

En minutos, Jane había cambiado a Alya y tanto ellas como Sirius, quien cargaba a Alhena en brazos, bajaban las escaleras para irse vía red flu, hasta el hospital mágico.

- Señora, tiene a Hedwig en la ventana de la sala –dijo Guandy apareciendo desde la sala.

- Ese es Harry, voy por la carta y vuelvo enseguida –dijo Jane a Sirius y Alya quienes entraban a la sala. Corrió hasta la sala y le desato la carta de la pata a la blanca lechuza quien luego de comer algo y beber agua, emprendió el vuelo nuevamente, hacia el castillo donde su amo lo esperaba.

Jane tomo la carta y se la metió en el bolsillos de la túnica para correr nuevamente a la sala, donde la esperaban Sirius y las niñas

- ¿Qué sucede? –Pregunto Sirius al verla llegar.

- No lo sé, no la he leído, luego lo hago, ahora vámonos –dijo Jane tomando nuevamente la mano de Alya quien miraba con preocupación la carita de su hermana en los brazos de su padre.

- "Hospital San Mungo" –dijo Sirius desapareciendo entre las llamas verdes con su hija en brazos.

- Ahora quiero que lo hagas tú –dijo Jane a Alya quien tomo polvos flu y repitiendo la rutina de su padre, desapareció entren las llamas verdes hacía el hospital –volvemos pronto Guandy… "Hospital San Mungo"

A penas posaron un pie en el centro médico, una sanadora, encargada de pediatría, le arrebato de los brazos a Sirius a la pequeña Alhena para llevársela a dentro.

- ¿Y mi hermana? –dijo Aya saliendo corriendo de la chimenea.

- Se la llevaron una sanadora para revisarla –dijo Sirius sentando a la niña en una de las sillas de espera cuando las llamas de la chimenea volvían a menearse y aparecía Jane, corriendo hacia ellos.

- ¿Ya la entraron? –Pregunto Jane y Sirius asintió, sosteniendo la cabeza de su hija, quien hacía pucheros a causa del llanto –tranquila mi amor, tu hermanita estará bien…

- ¿Lo prometes? –Pregunto Alya mirando a Jane con los ojos rojos.

- Lo juro –dijo Jane tomándola con cierta dificultad, ya que ya no era una bebe, para sentarla luego en sus piernas, mientras Sirius las envolvía a ambas en un abrazo protector para comenzar a esperar a que las sanadoras hicieran su trabajo.

Pasaron cerca de 15 minutos y Alya se durmió en los brazos de su madre, mientras seguían esperando noticias de su hermana gemela.

- ¿Leíste la carta de Harry? –Pregunto Sirius Lugo de unos minutos de silencio.

- No, sácala de mi bolsillo –dijo Jane señalándole el bolsillo que estaba entre ellos. Sirius sacó el pergamino enrollado y le leyó, era una carta más bien corta.

Mamá:

¿Cómo anda todo por allá? Espero que bien. Te escribo para pedirte un favor.

¿Podrías venir a Hogwarts hoy? Es que necesito conversar contigo. No te preocupes, no es nada grave, solo… te necesito…

Dale besos a papá y a las gemelas, diles que los extraño a todos.

Un beso, te quiere

Harry P.

Jane miró a Sirius con el seño fruncido unos segundos mientras este le devolvía la mirada y se guardaba el pergamino en la túnica.

- Definitivamente debe sucederle algo serio –dijo Sirius mirando como la pequeña Alya se revolvía en los brazos de su madre, para adoptar una posición un poco más cómoda.

- Cuando terminemos con Alhena y dejemos a las niñas en casa, me iré a Hogwarts para ver que está sucediendo –dijo Jane con preocupación.

- Ve donde Dumbledor para que lo mande llamar, así no pasa bochornos encontrándotelo en los pasillos, los chicos a esta edad suelen ser bastante crueles –dijo Sirius viendo aparecer por un pasillo, a la sanadora que se había llevado a Alhena. Con rapidez tomo a Alya en sus brazos, ya que él tenía más fuerza y ambos padres se colocaron de pie para acercarse ala sanadora.

- ¿Son los padres de Alhena Black? –Pregunto a sanadora a lo que Jane y Sirius asintieron –bueno, ella solamente tenía una fiebre producto de una resfrío, le hemos dado unas cuantas posiciones y con logramos bajar la fiebre, le mandaremos otras pociones para que se las tome durante el día y ya pueden llevársela.

- Muchísimas gracias –dijo Jane sintiendo gran alivio -¿Podemos entrar a verla?

- Claro –dijo la sanadora haciéndose a un lado para que ellos avanzaran para ver a la pequeña Black.

Los llevaron por el pasillo hasta una habitación donde se encontraba ella sola, al entraron, ella los reconoció de inmediato y les regalo una sonrisa.

- Mi bebe –dijo Jane sentándose rápidamente a su lado para abrazarla con cariño.

- Princesa –dijo Sirius intentando despertar a Alya, quien suspiraba entre sueños –tu hermana ya está bien.

- ¿Alhena? –dijo Alya medio dormida levantando la cabeza para mirar a la habitación.

- Mira princesa, tu hermana ya esta aquí –dijo Sirius señalándole a Alhena que miraba a su hermana con una sonrisa.

- ¡Ale! –grito Alya saltando desde los brazos de su padre a la cama donde se encontraba su hermana para acurrucarse a su lado y abrazarla.

- Parece que me extrañaste –dijo Alhena riendo mientras su hermana la besaba.

- Pensé que te era grave –dijo Alya comenzando a llorar.

- Claro que no, no te iba a dejar sola –dijo Alhena abrazando a su hermana.

De pronto la puerta de la habitación se abrió para dejar pasar nuevamente a la sanadora con un formulario en la mano.

- Necesito que firmen esto para que Alhena ya pueda irse a casa a descansar –dijo la sanadora regalándole una sonrisa coqueta a Sirius, lo cual lo hizo sentirse un poco incomodo y enfado profundamente a Jane.

- Ahí esta, muchas gracias –dijo Jane cerrando la puerta con fuerza para demostrarle su enfado a Sirius.

- ¿Qué? –Pregunto Sirius recibiendo la mirada amenazadora de su esposa.

- No digas nada Black –dijo Jane destapando a Alhena para tomarla en brazos –ahora nos vamos a casa niñas.

- Dame a… -dijo Sirius intentando tomar a Alhena en brazos pero Jane pasó rápidamente por su lado y camino en dirección a la chimenea -¿Qué le sucede a tu madre?

- Hombre –dijo Alya bajando de la cama para parase frente a su padre –la sanadora quería comerte con a mirada…

Tras esas palabras, la pequeña corrió tras su madre y su hermana para irse por la chimenea y llegar pronto a casa.

Sirius camino tras ellas un poco desconcertado tras el enfado de su esposa y las palabras de su hija. Cuando esta a unos metros de su esposa y sus dos hijas, la voz de la sanadora se escucho tras él.

- ¡Adiós señor Black, cuídese! –grito la sanadora por el pasillo, de manera fuerte y clara, haciendo que Jane hirviera de rabia.

- Gracias –dijo Sirius levantando la mano para acercarse a su esposa y sin preguntar le arrebato a Alhena de los brazos ya que pesaba más de la cuenta para que ella cargara con ella. Al sostenerla bien, intento tomar la mano de su esposa, pero esta con un rápido movimiento, dejo a Alya entre ellos y tomo la mano de su hija.

Sirius suspiró y prefirió no decir nada, luego tendría que hacer que se le quitara el enfado.

Esperaron a que le dieran luz verde para pasar y se fueron, Sirius con Alhena, luego Alya y por último Jane.

Al llegar, dejaron a las niñas en su habitación y al cuidado de Guandy, para que ellos pudieran irse.

- Voy a ver a Harry –dijo Jane cortantemente, metiéndose en la chimenea.

- Jane, espera –dijo Sirius siguiéndola.

- Luego Sirius –dijo Jane tomando polvos flu, para desaparecer con dirección a Hogwarts.

- Merlín –dijo Sirius revolviéndose el cabello para luego irse al ministerio.

Jane apareció en el despacho de Dumbledor, donde él escribía en unos pergaminos afanadamente.

- Albus –dijo Jane llamando la atención del director.

- Jane –dijo el anciano levantándose de su asiento para saludarla -¿Qué te trae por aquí?

- Necesito hablar con Harry ¿Sería posible? –Pregunto Jane.

- Claro, iré por él –dijo Albus colocándose de pie –ponte cómoda… si quieres té, en esa teterita hay.

- Gracias -dijo Jane sentándose con comodidad para luego cerrar los ojos –se me paso la mano con Sirius… creo que tendré que pedirle disculpas.

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Harry estaba sentado en la orilla del lado, de espaldas al bosque prohibido y a la casa de Hagrid. Llevaba cerda de horas 2 horas ahí, necesitaba pensar, se sentía tan estúpido que no se atrevía a ir a clases. Ya se había perdido la primera clase, así que ya no importaba.

Se levanto pensando en ir a dar una vuelta a la cocina, lugar que su hermano le había enseñado, por si algún día no alcanzaba a llegar a alguna de las comidas o se sentía hambriento en la noche. Levantó la viste, pensando en que quizás nadie estaría ahí a esas horas, pero se llevo una gran sorpresa al ver a Hermione Malfoy, cojeando en dirección a.

- ¿La casa de Hagrid? –Pregunto Harry pensando en voz alta -¿Qué va a hacer ella allá?

Harry la vio tocar la puerta y a Hagrid abrirle con una sonrisa para luego dejarla pasar.

- Aquí hay algo extraño, tengo que averiguar –dijo Harry acercándose sigilosamente a la cabaña del guarda bosques, para averiguar que estaba sucediendo.

Continuará…


Hola nuevamente, aqui estoy con otro capitulo... espero que los capítulos les hayan gustado. Para quienes estan interesados en la relacion de Mione con Harry y Ron, pues... creo que en este capítulo se ve reflejado como va eso "hasta el momento". Deben entender, que Hermione fue creada por los Malfoy, a su manera, hostil, prepotente y orgullosa, asi que por ahora, no podemos esperar más de ella, pero recuerden que aun tienen 11 años y les faltan muchisicas cosas por vivir, asi que no se me desesperen.

Ahora, quiero aprovechar de agradecer a quienes dejaron sus lindos reviews:

Fran ktrin Black; Valiiitha; Chukii; Hermy Evans; Sión-Allegra; PatsyBlack; Herminione; Krissalis Potter; Makitta; Irethi.

También, quiero recordarles que si tienen más dudas o cualquier cosa que se les venga a la cabeza, solo deben rejar sus revoews y en el proximo capi intentare responder.
Un beso enorme para todos y todas, cuidense muchisimo y que Dios los bendiga.

Se despide su humilde servidora

ღ.♥.ღ..•°¤ konnyta granger¤°•..ღ.♥.ღ