Ni Frozen ni sus personajes me pertenecen, todos pertenecen a Disney.
VI
Podría decirse que el frío la despertó. Es decir, mientras dormía había sentido una calidez tan agradable a su lado, que al ir aproximándose la mañana y percatarse de que esa sensación tan agradable se había ido, sintió un poco de incomodidad. Lentamente fue abriendo los ojos hasta quedar despierta casi por completo. Los restregó un poco con sus manos y al girarse sobre sí misma, se percató de que ella ya no estaba.
"¿Elsa?"
La llamó en voz alta y al no escuchar respuesta, asumió que su hermana no estaba ahí.
¿Dónde se encontraba?
Es decir, estaba segura que Elsa se había dormido junto con ella. Y ya no estaba. ¿Dónde había ido?
Una ligera sensación de tristeza se asomó en su rostro al percatarse de que no había podido despertar junto a su querida hermana esa mañana.
Pensó que a lo mejor la rubia había regresado a su propia cama, pero tampoco la vio ahí. De hecho vio su cama en perfecto orden. O Elsa había se había levantado sin que Anna se percatara, o de plano no había pasado la noche en la habitación.
Cuando Anna miró por la ventana, se asombró por lo que vio. Nieve. Había nevado toda la noche. ¿En pleno julio? No es que jamás hubiera nevado en julio en la historia de Arendelle, pero aún tenía muy fresco en la mente el recuerdo de la última vez que había nevado en ese mes en particular y la causa directa de ello.
La pelirroja se preocupó ante tal idea, así que decidida a saber el paradero de la reina, se incorporó y se puso ropas más decentes para poder salir.
Después de haberse vestido lo más rápido que pudo, salió de su habitación casi corriendo, topándose con algunos sirvientes en el camino y dándoles los buenos días.
Buscó a su hermana de arriba a abajo, por todo el castillo. Y simplemente no logró dar con ella. Fue a su despacho y entró. Le llamó la atención ver una vela totalmente consumida. ¿Habría pasado Elsa la noche entera ahí? No tenía sentido, así que descartó la idea.
Cansada de buscar después de varios minutos, se le ocurrió preguntarle a algún sirviente. Y así lo hizo con el primero que se atravesó.
"¿Has visto a E... digo, a la reina?"
"No princesa, no la he visto el día de hoy".
"Mmm... ¿Dónde se encontrará entonces?"
Dijo más para sí que para que la escuchara el sirviente.
"¿Cómo? ¿No está enterada?"
El sirviente se dio cuenta de que realmente Anna no sabía nada de nada.
"¿Enterada de qué?"
Y Anna comenzó a preocuparse aún más.
"La reina salió casi al amanecer del castillo."
"¿Pero cómo...?"
Anna estaba bastante impresionada, tanto del hecho de que Elsa se hubiera ido así nada más como de que no le haya dicho absolutamente nada. El corazón de la pelirroja se entristeció. ¿Por qué su hermana se había ido del castillo sin siquiera decirle?
La mirada confundida del sirviente la sacó de sus cavilaciones.
"¿Sabes a dónde fue o si habló con alguien antes de marcharse?"
Quizás Elsa no le haya dicho a ella, pero forzosamente tenía que haberle dicho a alguien. Tampoco es que la reina pueda desaparecerse así como así sin que nadie más lo sepa.
"Ignoro lo primero, mi princesa, pero tengo conocimiento de que la reina habló con uno de sus consejeros, le dio algunas instrucciones, fue a las caballerizas, tomó su caballo blanco, cargó algunas cosas en él y salió cabalgando a trote sin dar explicaciones a nadie más".
No dejaba de ser extraño. Aún más extraño era que cargara el caballo seguramente con alguna clase de provisiones, como si planeara un viaje. Pero nuevamente Anna pensó que la reina no tenía por qué dar explicaciones de su conducta a nadie. Aún así no dejaba de dolerle la actitud de su hermana.
A pesar de todo, Anna decidió esperar, pensando que sería una especie de viaje relámpago el que habría emprendido su hermana. Pero pasaron las horas y Elsa no regresaban. Cuando la noche cayó, la princesa entendió que Elsa no regresaría ese día.
Al día siguiente, Anna comenzó verdaderamente a preocuparse. Entendió quizás que su hermana saliera por un día para atender una emergencia, razón por la cual no le había podido avisar directamente. ¿Pero dos días, y sin decirle una sola palabra?
Hablar con Kristoff le ayudó mucho a tranquilizarse, pero aún así le costaba dormir sola por las noches, sin la presencia reconfortante de su hermana.
Anna esperó pacientemente todos los días de la semana, hasta altas horas de la noche, a que su hermana regresara, pero al darse cuenta que el tiempo seguía pasando y Elsa no volvía, tomó la decisión de hablar con el consejero al cual Elsa dejo instrucciones, sin embargo éste se negó rotundamente a proporcionar información. Aquél hombre no tenía ninguna razón válida para negarse a responder cualquier cosa que la princesa de Arendelle le preguntara... a menos que la propia reina le hubiera ordenado específicamente no hacerlo.
La pelirroja ya casi pensaba que era una ventaja muy injusta el que su hermana fuera la reina y la máxima autoridad dentro de ese castillo...
Castillo... Por supuesto... Anna entonces tuvo una idea bastante clara del lugar en el que se muy probablemente se encontraba su hermana. Entonces recordó la razón por la cual Elsa había ido la última vez a las montañas. Y sintió un gran miedo... de que la Reina de Hielo nuevamente cerrara las puertas.
Aquello la hacía sentir aún más confundida porque esta vez de plano no entendía el por qué.
Tomó la decisión de ir a buscarla. Rápidamente se dirigió donde Kristoff para explicarle la situación. El chico aceptó acompañarla sin dudar.
Sin embargo, una gran nevada cayó ese día, lo cual les impidió partir en ese momento. Anna comenzaba a pensar que era muy extraño una nevada en pleno julio. Aunque quizás no lo era tanto si tu hermana es la Reina de Hielo...
A pesar de todo, partirían a primera hora al día siguiente. Anna quedó encontrarse con él en el bosque y entonces comenzar su viaje.
Pero aquello ya no fue necesario porque justo con los primeros rayos del sol de aquel día, un caballo blanco se acercó a las puertas del castillo.
Anna escuchó entre sueños el revuelo que causó el regreso de la reina y al percatarse de lo que estaba pasando, saltó de su cama para ir corriendo a ver a su hermana.
"¡Elsa por fin ha llegado!"
La princesa se vistió rápidamente con lo primero que encontró y bajó a toda velocidad. Moría de ganas por ver a su hermana. Jamás había sentido tanta emoción por volver a ver a alguien.
Finalmente, la Reina de Hielo había llegado. Después de haberse encerrado en su despacho noches atrás y tomar aquella dolosa decisión, huyó de su propio castillo. Y se encerró durante días en aquel otro castillo construido sobre una montaña, con la misma intención por la cual había ido a refugiarse en él anteriormente. Para huir. Necesitaba tiempo, debía alejarse y calmar la tormenta interior en la que se sentía atrapada y de la que realmente sabía que no había escapatoria.
"¡Elsa, Elsa!"
La voz de su hermana sacó de sus pensamientos a la Reina de Hielo
Anna corrió hasta ella y se lanzó para envolverla en un abrazo.
La princesa estaba muy feliz de volver a ver a su hermana, después de tanto tiempo, sana y salva. Las palabras no fueron necesarias en ese momento, sólo bastaba la intensidad de aquel abrazo.
Pero la reina ni siquiera se inmutó ante la muestra de cariño.
Entonces, en el fondo de su corazón, la princesa supo que las cosas no estaban tan bien como parecían.
Lentamente, Elsa retiró a Anna de sus brazos, y como si nada hubiera pasado, prosiguió su camino.
"Elsa..."
El nombre de su hermana fue la única palabra que tuvo la fuerza suficiente para salir de sus labios. Anna se quedó helada ante tal reacción. Un cúmulo de sentimientos la confundían. No sabía si reclamarle el hecho de haberse desaparecido, si enojarse con ella, si gritarle por ser tan insensible o si comenzar a llorar por la forma tan fría en la que la trató.
Trató de justificar la actitud de su hermana apelando al cansancio por el viaje, y Anna intentó hablar nuevamente con ella. Pero de nada sirvió ya que inmediatamente al llegar Elsa dio sus órdenes.
"Estaré en mi despacho, no quiero que absolutamente nadie me moleste".
Ese nadie incluía a todos, absolutamente a todos.
Y no sólo Anna, sino que cada persona que vio esa escena, se quedó tan impresionada como la princesa por tal actitud.
¿Había pasado algo? ¿Acaso ella había hecho algo realmente malo como para molestar tanto a su hermana?
Por más que pensó en ello, simplemente no hallaba una respuesta. Quizás porque no la había.
Anna se dirigió al despacho de Elsa, ignorando sus órdenes previas. Deseaba hablar con ella, saber el por qué de tantas cosas, pero aunque Anna tocó la puerta varias veces, no obtuvo ningún tipo de respuesta del otro lado.
Las horas pasaron y finalmente Elsa salió de su despacho. Sin más, ordenó que se sirviera la cena. Anna sabía que Elsa se había saltado el almuerzo, algo que su hermana jamás hacía. Imaginó que tendría bastante hambre y que eso la había obligado a salir de aquel cuarto. Aunque seguía sin entender el por qué de su actitud tan fría.
Aún así, trató de hablar con ella en el comedor.
"¿Y que tal tu viaje?"
"Bien. Gracias".
Su hermana había cortado todo intento de conversación de raíz. Anna dudó por unos segundos, pero no podía dejar las cosas así.
"¿Sucedió algo?"
"Nada de importancia".
Elsa definitivamente la estaba evitando, Anna ya no tenía ninguna duda.
"Estuve muy preocupada por tí".
"No tenías por qué".
Y por la frialdad de esa respuesta, Anna se dio cuenta que Elsa estaba cortado total y completamente de tajo cualquier intento de acercamiento.
Y la pelirroja ya no supo qué decir, porque sabía que si seguía hablando, muy probablemente rompería en llanto.
La cena terminó y repentinamente la reina se puso de pie.
"Con tu permiso".
Entonces la princesa se percató de que la reina quizás no dormiría en la habitación que ambas compartían. Así que esperanzada, hizo un último intento.
"¿No irás a dormir a la habitación?"
"Tengo mucho trabajo por hacer".
Y esa fue toda la respuesta de Elsa antes de salir del comedor y dejar a una Anna más que triste y confundida.
Esa noche Kristoff fue a platicar con su prometida. Le dijo que se había enterado de que Elsa había vuelto y que prefirió darle espacio a las hermanas para hablar, pero grande fue su sorpresa cuando Anna le contó todo lo que había pasado.
Horas después, ya siendo muy tarde, Kristoff se despidió y Anna decidió irse a dormir, no sin antes animarla y darle el coraje suficiente a la chica para que arreglara las cosas con Elsa.
Pero la pelirroja sentía que no podía más con todo aquello y las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. Trató de controlarlas. Estaba decidida a ser fuerte y por esta vez, a no ceder.
Al día siguiente, Anna hizo todo lo posible para aproximarse a Elsa. Y todo el día, Elsa hizo hasta la imposible por mantener la distancia.
Pero Anna se dio cuenta que esa actitud sólo la tenía con ella. Con el resto del mundo, seguía siendo la chica segura, arrogante y vanidosa que había aparecido de la nada hacía unos días. Y quizás era sólo su impresión, pero Anna también se dio cuenta que Elsa comenzaba a portarse aún más cercana con todos los demás.
Inclusive en una ocasión la encontró platicando muy animadamente con una joven sirvienta del palacio, mientras que esa chica no dejaba de sonrojarse ante cualquier comentario que le hiciera la reina.
La joven princesa sintió la tristeza acompañada de un sentimiento ya no tan desconocido para ella. Celos.
La Reina de Hielo estaba tratando desesperadamente de sacar a Anna de su mente, intentando hablar con otras personas, cosa que jamás había hecho. Era cierto que Elsa disfrutaba ver el efecto que tenía en otros, definitivamente le encantaba. Aquella vanidad y arrogancia no la habían dejado. Sin embargo ello no significaba que tratara de conseguir algo más que amistad. La reina sabía que por más que quisiera ocupar su mente con la compañía de otras personas, la imagen de Anna y lo que sentía por ella siempre estaría presente, por el resto de sus días.
Ese día, una vez más Elsa se había saltado el almuerzo encerrada en su despacho y al salir había ordenado servir la cena, la cual transcurrió en completo silencio. Anna ya estaba agotada por ese día de todos los rechazos de su hermana. Las cosas no podían ponerse peor, o al menos, eso fue lo que pensó.
Repentinamente Elsa se puso de pie y llamó a algunos sirvientes.
"Trasladen todas y cada una de mis pertenencias a la recamara que antiguamente ocupaba. Necesito estar cerca de mi despacho".
¿Pero qué?...
Anna se levantó intempestivamente, empujando la silla detrás de ella y tirándola al suelo.
Ésta ya era la gota que derramaba el vaso. Anna sabía que esa era una excusa barata de Elsa para alejarse lo más posible de ella, aunque seguía ignorando el por qué. No podía creer que su hermana simple y llanamente llegara a ésto. La pelirroja estaba furiosa, y peor aún, estaba dolida, muy dolida.
Estuvo a punto de protestar, pero en vez de ello, apretó fuertemente los puños y prefirió salir corriendo.
Elsa se percató de su reacción, pero a Anna no le importó. No quería que la Reina de Hielo la viera llorar.
La princesa entró a su habitación y la azotó la puerta detrás de ella, para lanzarse en su cama y tratar de ocultar sus lágrimas entre las sábanas. Lloró toda la noche ante la indiferencia y cruel frialdad de su hermana. No entendía qué es lo que había hecho tan mal como para arruinar las cosas, como para que Elsa ni siquiera deseara ya tenerla cerca, como para que nuevamente la empujara aún más lejos de su vida.
Y dejó que la tristeza fluyera por completo, porque necesitaba fuerzas para lo que estaba a punto de venir; porque en esta ocasión, Anna sabía que las cosas serían diferentes, puesto que ya no era más una niña indefensa.
¿Por qué? ¿Por qué su hermana le hacía ésto?
No dejó de preguntárselo a sí misma ni un sólo segundo.
Y ahora más que nunca, estaba totalmente dispuesta a descubrirlo...
Continuará...
Bueno, este capítulo tardó un poco más en ver la luz y fue bastante dramático, pero es necesario para sentar el panorama de lo que pasará después.
Muchas gracias por leer, por sus reviews, follows y favs, en verdad se los agradezco.
¡Saludos!
