Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia es una adaptación de Jennifer Crusie


Capítulo 6

-Un ajuste en los precios fue lo que acabó con los negocios familiares -repitió Edward.

Bella intentó distraerle.

-A lo mejor si comemos algo...

-Es ilegal.

Edward se echó de espaldas en la cama, de forma que apoyó la cabeza en el regazo de Bella.

Bella adoraba sentir el peso de su cabeza en sus muslos, y empezó a acariciarle el pelo.

Edward cerró los ojos.

-Ese viejo que llamó dijo que no hicieron nada al respecto hace años porque no tenían suficientes pruebas. ¿Le oíste?

-Sí, Edward. No puedo creer que hayan llamado tantas personas. ¿Quién habría pensado que tanto antiguos dueños de esas tiendas estarían escuchando el programa?

Edward giró la cabeza y la miró.

-¿Tuviste algo que ver?

-Bueno... -Bella bajó la mirada.

Edward se sentó.

-¿Les llamaste?

-¡No! No los conocía

-¿Entonces qué hiciste? -preguntó suspicaz-. Hoy llamaste al programa de Emmett y preguntaste por carburadores y marchas, ¿verdad?

Bella lo miró fijamente.

-No te atrevas a decírselo. Sólo llamé dos veces, y el resto fueron otras personas.

-Qué detalle por tu parte. Bueno, ¿qué me has hecho a mí esta noche?

Ella respiró profundamente, pero no habló.

-Bella, quiero la verdad.

Bella se rindió.

-Bueno, mencioné al primer tipo que llamó que, si había más gente en su situación, sería más efectivo si también llamaban.

-Fabuloso -Edward volvió a caer de espaldas-. ¿Por qué no me das un tiro? Tengo que poner la canción de Billy Jacobl Río de Sueños cada hora por ti y ahora esto.

-Tú no quieres que Sansón muera, ¿verdad?

-Ahora Sansón come tan bien como tú. Ya no morirá.

Bella tenía algo en la cabeza.

-Fue interesante ese abogado que llamó y habló de presentar cargos.

Edward gimió angustiado.

A Bella le dio pena.

-Bueno, también hubo quien llamó por otras cosas. Recuerda ese tipo que quería saber a qué poema de Tensión te referiste. Y la mujer que llamó cuando tú te metiste con mi modo de comer y dijo que todas las mujeres deberían tener el mismo aspecto que las mujeres de los cuadros de Rubens -Bella sonrió triunfante-. Y también llamó Jonson, del Tribune. No puedo creer que ese periódico vaya a enviar un reportero. ¿No es sorprendente cuánta gente está escuchando tu programa? Eso sólo demuestra lo famoso que eres.

-No quiero serlo

Bella cambió de postura, preparada para atacar.

-Edward, éste puede ser sólo el modo de Dios de decirte que tu destino es el éxito. Hay locutores que matarían a sus madres para tener esta publicidad, y tú la estás consiguiendo por pura suerte. Relájate y disfruta -volvió a acariciarle el pelo-. Esto es gratis.

Edward cerró los ojos e intentó no relajarse. No quería publicidad. No quería éxito.

Pero Bella no entendería a menos que él le dijera la auténtica razón por la que estaba ahí.

Y no iba a contárselo todo. Si lo hacía, ella se uniría a la investigación y terminarían donde Bill no les querría; en la portada del Tribune.

Edward abrió los ojos y la miró.

-Tenemos que hacer que todo sea lo más tranquilo posible.

Bella lo miró desesperada.

-¿Por qué? Esto es estupendo. No veo ningún problema- se quedó pensativa-. Bueno, pensándolo, podría haber uno.

Edward se quedó helado.

-¿Cuál?

-Bueno, los rumores de que los nuevos supermercados FoodStops pertenecen todos a una banda organizada.

Edward se enderezó.

-¿En Tuttle?

Bella le dio unas palmaditas en los hombros.

-Posiblemente sólo sean cotilleos.

-¡Oh, no! -Edward se levantó y fue hacia la puerta-. Me iré a ahogar a la bañera.

-¡Eh! -protestó Bella-. ¿Dónde está la comida? Dijiste que pararías en McCarthy de vuelta a casa.

-No traje nada.

-Pues entonces, ¿dónde está el sexo?

Edward abrió la puerta y se giró.

-Tampoco habrá nada. Estoy deprimido -dijo marchándose.

Bella se sentó y escuchó hasta que le oyó abrir el grifo, y entonces entró y le sedujo en la bañera para que no se ahogara.

Edward se sentía deprimido a la mañana siguiente. Gruño durante el desayuno cuando oyó a Mike en la radio presentarse como "Mike Toda la Mañana"

-Bueno, al menos lo está intentando -dijo Bella.

Luego Jacob le dio el Tribune Tuttle y los titulares le deprimieron más.

Locutor de radio provoca una investigación relacionada con el ayuntamiento.

-Imagino que éste no es el mejor momento para decirte que mañana tienes una aparición pública -le dijo Bella.

- Ni lo sueñes.

-Creí que te interesaba la universidad -añadió Bella todo lo persuasiva que pudo.

Edward levantó la cabeza. Era una pista mala, pero no tenía otra.

-¿La universidad? De acuerdo

El teléfono sonó y Jacob fue a responder.

-¿Irás? -le preguntó Bella sorprendida.

-Sí, pero no te acostumbres.

Bella asintió feliz.

Entonces volvió Jacob.

-Era Bill. Quiere veros a los dos esta tarde a la cuatro.

-¡Oh, no! -exclamó Bella.

-Lo mismo digo.

Bill los miró disgustado.

-Fue un accidente, Bill -dijo Edward-. No sabíamos...

-Pues entonces te callas en su momento -gritó Bill.

-No, espera...

Bella se levantó, decidida a no rendirse. Tenía que salvar su programa.

-Esa persona de FoodStops compró media docena de tiendas de ultramarinos y bajó los precios por debajo del coste para arruinar a las pequeñas tiendas. Y cuando todos se marcharon, subió los precios, y desde entonces ha estado en Tuttle, engañándonos. Durante cinco años. Todo el mundo sabe que los precios son más bajos en Riverbend, pero sólo la gente con tiempo y dinero puede ir a abastecerse. Está aprovechándose de los pobres y...

-Siéntate -le ordenó Bill.

-¿Sabéis quién esa persona de FoodStops?- preguntó Bill con excesiva dulzura.

-No

-Harry Clearwater.

¡Oh, no! Bella levantó la barbilla.

-Bueno, espero que le hayas ganado mucho dinero en esas partidas de póquer, porque es un ladrón.

-Bromeas -intervino Edward-. ¿Otro jugador de póquer?

-Tendré que hacer solitarios si los dos no ponéis fin a esto -señaló a Edward con un dedo-. No te contraté para esto.

-Claro que sí -dijo Bella, protegiendo a su estrella-. Esto es exactamente para lo que le contrataste. Estoy deseando ver las listas de audiencia.

-Jovencita...

-Y a Beattie le gustó.

Bill cerró los ojos.

-Ojalá volviera a trabajar en su jardín nada más.

-Esta noche hablará de ello en las noticias.

Bill abrió mucho los ojos.

-No lo hará.

-Entonces será mejor que se lo digas -dijo Bella.

Bill se echó hacia delante, con el gesto ceñudo.

-Yo me ocuparé de Beattie. Y de ahora en adelante, no respondáis al teléfono.

-Pero, Bill...

Bella se calló a media frase cuando Edward le dio la mano y se levantó con ella.

-De acuerdo -dijo-. Nada de teléfonos. Y el lunes la gente se habrá olvidado. Vamos Isabella.

-Espera un momento- protestó.

Pero Edward la sacó del despacho.

-Tienes un gran programa y lo está tirando por la borda.

Edward la arrastró por el pasillo, y pasaron junto a Marcia y Mike, que discutían de algo.

-Un estupendo programa, Edward -les dijo Marcia-. Todo el mundo habla de él.

-Estupendo -murmuró Edward pasando de largo.

Bella miró hacia atrás, a Mike. No parecía feliz. Ella intentó no sentirse bien por eso, pero fue inútil, así que sonrió.

Era casi medianoche cuando Edward vio a Bella hacerle un gesto a través del cristal.

Edward le hizo un gesto para que entrara.

-Un programa agradable y aburrido.

Él puso los ojos en blanco.

-No empieces. ¿Qué quieres?

-Aquí está el título para ese tipo que quería saber lo de la alusión a Tensión. En realidad era Wordsworth. Y aquí tienes la foto del cuadro de Rubens, El Rapto de las Sabinas. Olvidé para qué lo querías.

Edward estudió la fotografía de grandes cuerpos sobre un caballo.

-Esa mujer de anoche dijo que estaba bien que tú comieras mucho también dijo que el problema con los hombres es que todo lo que miramos son fotos de mujeres flacas. Dijo que si contempláramos imágenes de las mujeres de Rubens, todos nos sentiríamos mejor -levantó la fotografía y la estudió-. Tienes que engordar un poco.

-Bien, empezaré ahora -Bella cogió lo que quedaba de la hamburguesa que Edward se había tomado.- ¿Necesitas algo más?

-No -la cinta terminó y volvió al micrófono- Y ahora, para todos los admiradores de William Wordsworth que posiblemente han intentado llamar a nuestros teléfonos averiados y decirme que el comentario de ayer no era de Tensión sino en verdad de Wordsworth.

Un chorro de mostaza salió de la hamburguesa que Bella se estaba comiendo y dejó una mancha en su blusa de rayón blanco justo sobre un pecho.

-¡Oh, vaya! -protestó ella cerca del micrófono, y entonces se dio cuenta de su error.

-Y ésa era la voz de Isabella Swan -Edward le sonrió-. Se le ha caído la mostaza en la blusa. ¿De qué tejido es?

-De rayón.

-Cualquiera que sepa un método infalible para quitar la mostaza del rayón, que llame y salve la blusa de Bella. A ella no le pagan lo suficiente para comprarse una nueva. Oh, no podéis llamar, los teléfonos están averiados. Bien, pues escribid. Y ahora, un tema nostálgico... 2 Live Crew.

Bella lo miró fijamente mientras él ponía la cinta.

-¿Qué ocurre? -le preguntó-. No es culpa mía que te hayas manchado.

Se levantó, se estiró y se sentó en la mesa para mirar mejor a Bella. En realidad estaba furiosa.

-¿2 Live Crew?¿Has puesto esa canción?

-Sí, Bella -dijo paciente-. Es mi programa y yo elijo los temas.

-No puedo creerlo -Bella dejó la hamburguesa en la mesa-. Y yo pensé que eras un buen tipo.

-Lo soy

-Ese grupo está formado por psicópatas machistas

-Eh, que estamos en un país libre... La Primera Enmienda...

-La Primera Enmienda no les da a los hombres derecho a atacar a las mujeres

-Un momento. ¿Estás diciendo que debería censurar lo que se emite?

-Pues éste es tú programa. Y lo que pones refleja tus gustos. Tienes una responsabilidad...

-Tengo la responsabilidad de poner música que guste a distintos tipos de personas. Éste no es uno de mis grupos favoritos, pero...

-Oh, bien. ¿Entonces cuando pondrás a Barry Manilow?

-Antes moriría. Es una música malísima

-Ya, pero tu responsabilidad es poner música que guste a distintas tipos de personas. Tú acabas de decirlo.

-Pero no a Barry Manilow.

-Entonces pondrás música que hable de herir a las mujeres, pero no pondrás música mediocre que hable de amarlas.

-Oye, no líes las cosas...

Bella lo miró fijamente.

-¿Sabes cómo eres? Igual que Mike.

Edward se ofendió.

-Vigila tus palabras.

-No tienes respeto por las mujeres. Te divierte el movimiento feminista y piensas...

-Me encantan los movimientos de las mujeres. Vamos Bella...

-Déjame -gritó Bella-. No puedo creer que seas tan bestia -terminó saliendo de la habitación.

Él empezó a seguirla.

-Bella, vuelve.

Alguien apareció saliendo de la sala de producción.

-Oh, Edward -era Tayler, el ingeniero de sonido, que parecía divertido-. Estaba tomándome un café, y pensé que a lo mejor no lo sabías.

-¿Saber el qué?

-Que estás en antena- Tayler se encogió de hombros-. Ha sido bueno, pero...

-La cinta no puede haber terminado aún- declaró Edward pálido.

-Nunca empezó.

-Oh, diablos...

Edward volvió a ponerse los auriculares. No sonaba nada. Miró el mando del micrófono y cerró los ojos cuando lo vio conectado.

-Bueno, para los que estéis escuchando en casa, Bella Swan acaba de marcharse a la suya. Estaba muy enfadada. Pero ha exagerado. Y ahora veamos si ya suena 2 Live Crew. Esto es para todos los bestias a los que les guste el rap.

Puso de nuevo la cinta y escuchó. Silencio.

-De acuerdo -dijo al micrófono-. No pondremos rap. Parece que la cinta está defectuosa. Intentemos con Elvis, ya que estaba preparado de todos modos.

Puso la cinta siguiente, pero no oyó absolutamente nada.

Entonces miró a Tayler.

-Ve a traerme una cinta. Cualquiera. Ahora mismo.

Tayler se marchó.

-Bueno -volvió a decir Edward al micrófono-. Es una pena que los teléfonos estén averiados porque esto provocaría muchas llamadas.

Estuvo hablando un rato más, sintiéndose como un tonto y odiando al que le hubiera borrado las cintas. Entonces apareció Tayler y le dio un CD que él puso.

-Aquí va algo bueno.

Se oyó a Frank Sinatra cantando My Way.

Edward miró a Tayler.

-Es una broma.

-Me gusta Frank. ¿Quieres que compruebe tus cintas para ver si alguna tiene música?

-De acuerdo -Edward se puso la cabeza en las manos-. Esto es un desastre.

-Realmente no. Tenías conectado el micrófono y la gente os oyó hablar. Eso está bien.

Edward le miró como si estuviera loco.

-¿Bien?

-Si no fuera así, no se habría oído nada. Y eso es lo peor de todo

-No sé -dijo Edward-. ¿Qué les pasa a las cintas?

Tayler levantó una y la miró.

-No parece que ocurra nada. Pero es una cinta que debe tener unos cinco o seis años. Quizás sea demasiado vieja.

-La puse esta tarde.

Tayler se encogió de hombros.

-Quizás alguien la borró. Las comprobaré todas, pero apuesto a que alguien lo hizo a propósito. No a todo el mundo le gustas. Por ejemplo, está el alcalde.

-¿Intentas decirme que Rollie Whithcomb entró aquí y borró mis cintas?

-Tú lo has preguntado.

Tayler se marchó. Unos minutos después, sonó el teléfono, y Edward lo contestó, por costumbre.

Cuando Edward llegó a casa aquella noche, Isabella ya estaba en la cama a oscuras. Él fue por una cerveza, se desnudó y subió a la cama a su lado, poniéndole la lata fría en la espalda.

-Sal -le dijo ella apartándose.

-Soy el bestia. Despierta.

Se tomó media cerveza de un trago y se puso la lata en la frente.

-Vete a dormir al sofá.

-Oh, no, Bella

Dejó la lata en la mesa, encendió la luz y la giró para verle la cara.

-Después de que te fueras, Tayler, que no había prestado atención, vio los teléfonos descolgados, así que los colgó. Recibimos una docena de llamadas en una hora. El cincuenta y cinco por ciento estaba a favor de ti, y el cuarenta y dos a favor de mí. Y una persona sugirió que echaras soda a la mancha de tu blusa.

-¿Por qué me cuentas todo esto?

Edward suspiró.

-Porque tenemos una reunión con Bill el lunes. Por una vez en su vida estaba escuchando el programa para asegurarse de que no hacíamos nada estúpido, y se oyó toda nuestra conversación. No estaba contento cuando habló conmigo.

Bella se dio la vuelta y enterró la cara en la almohada.

-Bien. A lo mejor te echa. Entonces ya no tendrás que preocuparte por el éxito, y dejarás de fastidiarme a mí y a los que hay a tu alrededor poniendo música nazi.

Edward se llevó su almohada y se puso de pie, tirando del edredón.

-¡Eh! -gritó Bella sentándose.

-Si me quieres, estaré en el sofá -dijo por encima de su hombro.

-A lo mejor no quiero volver a verte nunca -gritó Bella.

-Ya -él la miró desde la puerta-. Posiblemente mañana aparezcas en el sofá conmigo.

-Ni lo sueñes. No aguantes la respiración esperando. Tu mente necesita todo el oxígeno que pueda recibir.

Edward cerró la puerta y Bella se echó en la cama, se puso la almohada sobre la cabeza y gritó con furia y frustración.


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