Juegos extremos y palomas del terror
Era una mañana tranquila a finales de septiembre cuando Harry Potter y Ron Weasley caminaban tomados de la mano rumbo al gran comedor mientras comentaban acerca de los hechos ocurridos tan solo días antes. Hermione pasó junto a los dos muchachos.
-Hola Harry, Hola Ron –saludó la chica.
-Hola Hermione –respondieron los dos muchachos.
-Felicidades –dijo la chica mientras se adelantaba.
Los dos muchachos se miraron el uno al otro con amor y siguieron su camino tomados de la mano a través del corredor hacia el gran comedor. Antes de llegar, los dos muchachos se soltaron de la mano y tomaron una actitud menos… gay.
Dentro del gran salón se encontraban varios de los alumnos de Hogwarts algunos tomando asiento y otros más ya sentados preparándose para almorzar. Las venenosas pasaron junto a los dos muchachos.
-¡Felicidades! –les dijeron Regina y Zuce al unísono.
-Sigan así –dijo Bárbara amablemente y entonces susurró -. Dos semanas juntos…
-Gracias… -dijo Harry alegremente.
Los dos muchachos siguieron de largo hacia su mesa mientras las tres mexicanas se adelantaban hacia la mesa de Slytherin donde Sybella y Lenore las esperaban junto con Sebastian Michaels, James Marcus y Reginald Bannister. Las pocas personas que sabían sobre la relación amorosa de Harry Potter y Ron Weasley eran los compañeros de dormitorio de estos, Hermione Granger y las venenosas mayores. Bárbara se sentó al lado de Sybella.
-¿Y eso que se tardaron tanto? –inquirió la chica de cabello castaño.
-Pus aquí, Zuce y Barbarita que se quedaron dormidas y yo sacrificadamente tuve que despertarlas a almohadazos –respondió Regina mientras se sentaba a lado de Reginald Bannister- ¿Cómo has estado Bannister?
-Bien, bien –dijo el muchacho- ¡Pero por favor! No me llamen por mi apellido, llámenme Reggie o Reg…
-De acuerdo, Reggie –dijo la ojiazul sonriendo coquetamente.
Reginald Bannister era un muchacho alegre de cabello castaño a los hombros que siempre sujetaba en una coleta. Tenía los ojos color café con una expresión juguetona.
-¿Y donde está Pearson? –preguntó Bárbara.
-Jody viene ahorita –respondió Reg-. Tuvo qué hablar con su hermanito Mike.
-¿Otra vez lo espantó Flitwick? –Inquirió Sybella mientras le daba una mordida a un pan con mermelada.
Reggie asintió.
-Vió algo que lo dejó más traumatizado que antes –dijo- Pero no quiere decirnos…
-Y a todo esto, Reg –inquirió Sebastian mirándolo- ¿Por qué Mike Pearson le tiene tanta fobia a los enanos? Hubieran visto, se puso muy mal cuando vió a Flitwick persiguiendo a McGonagall la vez que les conté. Se puso a decir puras cosas raras de que Flitwick se quería comer a la profesora y no sé que cosas más…
-Es una historia muy graciosa –Respondió Reg mientras comía su cereal- Cuando Mike era más pequeño, le gustaba mucho seguir a Jody a todos lados. El problema es que Jody, pues… a veces se molestaba, cuando el quería estar con alguna niña, Mike lo seguía –continué Reggie riéndose- Un día Jody se cansó y le contó una ridícula historia de un enano que se llevaba a los niños que espiaban a sus hermanos mayores y se los comía. Mike, no le creyó y siguió espiándolo. Un día Jody le preparó una broma muy cruel. En la próxima cita que tuvo con una chica que le gustaba, aprovechó y pagó a un enano para que persiguiera a Mike en caso de que anduviera espiando; El enano se puso una capucha café como de monje y se escondió entre unos arbustos, en el parque donde Jody platicaba con su amiga. Mike ya andaba ahí entre unas matitas espiando, ya saben, y entonces el enano, salió de entre los arbustos y persiguió a Mike por todo el parque. Según me contó Jody, nomás vió al pobre de Mike que salió corriendo de entre los arbustos gritando como loco…
-No mamen –dijo Regina negando con la cabeza- ¡Pobre Mike! Tan lindo que es…
-Pero de algo sirvió –dijo Reggie riendo-. Mike dejó de seguir a Jody cuando no estaba invitado.
-Si, pero a cambio de quedar traumado de por vida –observó Bárbara
Todos reían jovialmente cuando Draco Malfoy pasó cerca de ellos y se detuvo. Crabbe y Goyle estaban como siempre apostados a ambos lados del rubio.
-¿Siguen con lo mismo? –Dijo Malfoy con una mirada burlona- ¿Como es posible que ustedes sigan avergonzando a nuestra casa siendo amigas de los de Gryffindor? Especialmente de Potter, Weasley y esa sangresucia inmunda de Granger…
-¿Por qué no vas y te tiras a un pozo Malfoy? –dijo Sybella mirando al rubio con sus ojos grises llenos de frialdad.
Draco Malfoy miró a la muchacha despectivamente.
-A ti nadie te habló, Xelor –dijo-. Tú y Addams son también un par de sangresucias… No entiendo cómo es que quedaron en Slytherin.
Sebastian Michaels se levantó repentinamente y tomó a Malfoy por la túnica. Las pupilas carmesí del muchacho destellaron como carbones encendidos. James Marcus seguía comiendo tranquilamente.
-Será mejor que te disculpes con Sybella y Lenore, si no quieres que te parta la cara –dijo el muchacho conteniendo la furia.
Bárbara y Regina se levantaron rápidamente y los separaron. Bárbara tomó a Sebastian por el brazo y lo obligó a sentarse.
-Cálmate, Sebas –susurró la ojiverde-. Nosotras nos encargamos.
El muchacho se sentó a regañadientes y Bárbara se dirigió al rubio.
-¿Qué te hemos dicho de llamarles así a nuestras amigas, joto? –Murmuró Bárbara molesta -¿Acaso quieres que venga la paloma? ¿Quieres que tu cara termine picoteada y tú cabello cagado?
-Sin mencionar que tu papá va a ir a dar a Azkaban y tú terminarás siendo un mandilón –mencionó Regina.
Malfoy lanzó una carcajada burlona.
-¿Acaso esperan que crea esa estúpida historia de la paloma? –Inquirió Draco Malfoy ahogado de la risa- ¡Por favor!
-Como quieras –dijo Regina-. Solo no vengas llorando con nosotros si la paloma aparece y te echa la maldición al zurrarse sobre tu cabello…
-¿Zurrarse? –inquirió el rubio arqueando la ceja.
-Dicho en términos mas comprensibles para ti, y tu pequeño cerebro mi querido joto –dijo Bárbara en tono ceremonioso- Zurrar, significa defecar… y al menos que quieras terminar con la cabeza llena de heces fecales de paloma, deberías tener cuidado de a quien llamas sangresucia…
-Si claro –dijo el rubio con socarronería-. Será mejor que me vaya antes de que se me contagie lo estúpido.
-Te vas por la sombrita, joto –dijo Bárbara mientras Draco Malfoy se alejaba.
Una vez que se fue el rubio, las muchachas se dispusieron a seguir desayunando. Jody Pearson se sentó junto a Reggie quien le hizo lugar en medio de el y de Lenore. Sebastian miró a James con reproche.
-¿Por qué no defendiste a Lenore? –Inquirió- ¿Qué no oíste como la llamó Malfoy?
-Claro que oí –respondió el niño mirándolo con sus ojos celestes-. Pero el que no haya yo dicho nada, no significa que Draco Malfoy no vaya a ser atacado por un montón de sanguijuelas en su cama esta noche. La venganza es un platillo que se come frío. Es mejor que piense que no me importa para que así no me culpe.
-Además –añadió Bárbara dando un sorbo a su jugo de calabaza-, pronto, a Draco le va a caer la maldición de la paloma… y eso será muy divertido…
Después del desayuno, las tres mexicanas se dirigieron a la clase de encantamientos; Sybella al ir en otro grado, iba hacia la clase de astronomía junto con Reggie y Jody. Por otro lado, Lenore corrió junto con James a la mazmorra donde Snape daba la clase de pociones, pues esa era la clase que les tocaba a los de primero. Las tres mexicanas fueron acomodadas en el tercer año, ya que aunque llevaban buenas nociones, aún no llegaban al nivel necesario para entrar a sexto. Por alguna razón, al Chúntaro lo acomodaron en el mismo año a pesar de que el debía estar en primero. Tal vez fue por que sería una mala influencia para los niños de primero.
Las mexicanas caminaban alegremente rumbo a la clase de encantamientos cuando Zuce sintió que alguien la jalaba por atrás. La regiomontana volteó sobresaltada para encontrarse con Cedric Diggory.
-Ho- hola, Cedric –dijo la chica sonrojada-. ¿Qué pasó?
-Oh, es que no habíamos podido hablar desde hace algún tiempo –dijo el muchacho sonriendo- Con los entrenamientos de Quidditch, las clases y demás cosas no hemos podido platicar bien.
-Zuce –dijo Bárbara guiñándole el ojo-, nosotros nos adelantamos, sirve de que te apartamos un lugar… te esperamos allá.
-Claro, ahorita las alcanzo –respondió la chica del cabello morado sonriendo.
Regina y Bárbara se apresuraron a clase dejando a su amiga con Cedric.
Hacía varios días que Cedric daba pequeñas muestras de interés hacia la regiomontana. Varias veces la interceptaba cuando iba a clases o en el comedor la saludaba. En los recesos a veces llegaba a hacerle plática, pero era invariablemente interrumpido por Cho y Marietta. El muchacho tenía grandes deseos de conocer a Azucena desde hace algún tiempo y esta vez pensaba citarla para hablar con ella en el receso.
-¿Qué necesitas, Cedric? –inquirió la muchacha.
-Bueno solo quería ver si podíamos platicar un día de estos, tal vez hoy mismo –explicó el muchacho-. No sé si quieras hacerlo en receso, u hoy a la hora del te… o incluso después de la cena…
-¡Claro! –Dijo la joven con una sonrisa- Me encantaría.
-¿A qué horas puedes? –preguntó Cedric.
-¿Te parece a la hora del receso? –Dijo la regiomontana- Lo que pasa es que en la tarde me comprometí con mis amigas a ir a tomar el te con Hagrid. ¿Te gustaría venir? Jugaremos "El reto extremo de Chabelo y Duvalín"
-No conozco ese juego –señaló Cedric-. Pero suena interesante… Sí, ¿por qué no? Te veo en el receso y a la hora del te iré contigo… Me imagino que es en la cabaña de Hagrid.
-Así es –repuso Zuce con una sonrisa.
-¿Y dónde nos vemos en el receso? –inquirió el muchacho sumamente entusiasmado.
-Tú dirás –respondió la chica- Mira, tengo una idea: Antes del receso a mí me toca pociones. Te espero a fuera del aula de pociones, en las mazmorras. Ahí nos vemos.
-De acuerdo –dijo el chico-, es que hoy Cho tiene entrenamiento de Quidditch, y sé que no va a interrumpirnos. No me gusta hablar así de ella, pero nunca he podido platicar bien contigo por que Cho siempre necesita que la acompañe a algún lado…
-No te preocupes –dijo la regiomontana sonriendo-. Te veo allá. Ahora me voy por que voy a llegar tarde.
En ese momento, el Chúntaro pasó corriendo y se topó con ellos. El muchacho iba fajándose para la clase y unos libros se le cayeron al suelo. El muchacho se inclinó a recogerlos.
-¡Chin! –Dijo- Si llego tarde me va a regañar "el gigantón"…
-Pero no toca con Hagrid, Chúntaro –replicó Zuce.
-Pus si ya sé, no seas mensaaaaa –contestó el mexicano mientras recogía sus libros -. Toca con "el gigantón", con el pinche "Fligüich"…
Cedric se rió, le causaba mucha gracia la forma en que hablaba el muchacho que seguía recogiendo los libros. Zuce se despidió rápidamente de Cedric y corrió en dirección al salón de encantamientos. Brayan se levantó y corrió tras ella.
-¡"Pérame", "Pelos de uva", no quiero llegar tarde a la clase de trucoooooos!
Cedric movió la cabeza mientras se alejaba riendo del término "Clase de trucos" que el mexicano había utilizado para referirse a la clase de encantamientos. Mientras, Azucena llegó y se sentó junto a Bárbara y Regina. Flitwick sólo la apuntó en la lista, ya que sus dos amigas habían sacado la cara por ella. Unos minutos después, el Chúntaro llegó tropezándose y armando un alboroto tal, que el minúsculo profesor le quitó diez puntos.
-Muy bien –dijo Flitwick-, abran sus libros en la página 198…
-Oiga "Maistro Fligüich" –interrumpió el Chúntaro- Tengo una duda desde hace un restoooooo…
-Dígame, señor Pérez –instó el profesor en tono cordial.
-¿Podría decirme qué hace el hechizo: Chin-pum-pan-tortillas-papas? –Dijo el joven mexicano- Me imagino que proviene del latín, aunque por otro lado, estoy casi seguro de que en realidad es español, por que las palabras me suenan taaan conocidas…
-¡Qué idiota! –murmuró Hermione.
-En realidad, Pérez –dijo Flitwick mirándolo extrañado-, hasta donde yo sé no existe tal hechizo; y en caso de que realmente exista, siento decir que no tengo la más mínima idea de lo que hace…
-Chaaaaaleeeee…. –dijo el adolescente con una mirada de decepción mientras se rascaba la cabeza.
-Muy bien muchachos –continuó el profesor mirando a la clase subido en unos libros para así poder ver sobre el escritorio-. Ahora, quiero que todos levanten su varita…
El Chúntaro rompió en carcajadas ante el asombro de todos los demás, con excepción de las tres mexicanas, quienes reían discretamente. Habían entendido a la primera qué le causaba tanta risa. Flitwick miraba al muchacho sin entender.
-¿Se puede saber de qué se ríe? –dijo el profesor frunciendo el ceño, mas extrañado que molesto.
-Pus es que no la puedo levantar, profe… Necesito estimulación… Tal vez si la Barbarita se paseara por aquí con una minifaldita, pus mi varita se levantaría hasta por…
-¡Vermículus! –susurró Bárbara apuntando su varita hacia el Chúntaro convirtiéndolo instantáneamente en un gusano.
Flitwick miró a la muchacha cuando daba un soplido a la punta de su varita mágica y la guardaba.
-No haga caso a este sujeto, profesor –dijo la ojiverde mientras se sentaba-. Ahora ¿Podría continuar con la clase?
El profesor asintió sorprendido. Ese encantamiento era el que estaba por enseñarles y Bárbara lo había hecho sin haber comenzado la clase siquiera.
-Mondragón, ¿Usted ya sabía cómo hacer este encantamiento? –inquirió el profesor.
-No, sólo lo estaba leyendo –respondió ella.
-Son Diez puntos para Slytherin –dijo Flitwick mientras los de dicha casa sonreían-. Sin embargo, se descontarán cinco puntos por utilizar ese encantamiento contra su compañero.
La mexicana no se inmutó por aquello, después de todo, Flitwick no sabía bien la razón por la cual ella había convertido en gusano a Brayan Arnulfo y Bárbara no pensaba explicárselo. El profesor regresó al muchacho a su forma original y continuó con la clase sin grandes sobresaltos, a excepción de que el Chúntaro comenzó a preguntarle a Flitwick acerca de las técnicas de Kaliman, las cuales obviamente, el profesor Flitwick no explicó ya que, para empezar, no sabía a qué se refería.
En la clase de transformaciones con McGonagall, transcurrió sin muchos sobresaltos. La profesora les enseñó a transformar un animal en una copa utilizando el hechizo "Feraberto". El Chúntaro no tuvo ningún problema para hacer dicho encantamiento, de hecho, en el tiempo que llevaba en Hogwarts, Brayan Arnulfo Pérez López había demostrado tener facilidad para las trasformaciones.
Llegó la hora de la clase de pociones, y como siempre, Bárbara se adelantó al baño a arreglarse un poco; se soltó el cabello y lo cepilló, se puso un poco de brillo en los labios y se delineó los ojos, entonces se apresuró hacia las mazmorras ansiosa de ver al profesor que la traía como loca. Snape aún no llegaba cuando la ojiverde fue y se sentó en un lugar cercano al escritorio del profesor, Zuce se sentó junto a ella. Regina, que traía su reproductor de mp3, cantaba alegremente una cumbia mientras bailaba en el escritorio del profesor mientras todos en el aula le hacían coro y aplaudían contagiados por la alegría de la ojiazul que cantaba alegremente:
Amor de mis amores
Amor mío ¿Qué me hiciste?
Que no puedo conformarme
Sin poderte contemplar…
Ya que pagaste mal a mi cariño tan sincero
Lo que conseguirás, que no te nombre nunca mas
-¡Ea! ¡Ea! ¡Ea! –gritaban alegremente contagiados todos los alumnos.
La algarabía duró poco, ya que estando Regina bailando y cantando mientras el grupo coreaba animadamente, Snape entró al salón. Por lo general, esa escena tan festiva se hubiera apagado en el instante en que Snape apareciera, sin embargo, para sorpresa del adusto profesor, nadie pareció percatarse de su presencia, lo cual no le hizo mucha gracia. Snape cerró los ojos, tomó aire y gritó:
-¡YA CALLENSEEEEEE!
En ese momento, todos los alumnos guardaron silencio, con excepción de Regina, que como tenía los audífonos a todo volumen, no se había percatado de la presencia del profesor y seguía cantando y bailando. El jefe de Slytherin avanzó hacia Regina, y le quitó un audífono de un jalón. Regina se sobresaltó y miró al profesor con los ojos muy abiertos.
-Vaya a sentarse, señorita Bladó –dijo Snape en un susurro.
Regina asintió y sonrió apenada guardando su mp3 mientras se precipitaba hasta su lugar.
Snape los puso a que individualmente prepararan una poción agudizadora de ingenio, la cual, como siempre, Bárbara no tuvo ningún problema en preparar. Snape se paseaba por el aula revisando el trabajo de los alumnos con su capa negra ondeando a su paso, criticando el trabajo de casi todos, indicando qué hacer y qué no hacer a los alumnos; machaque bien esos escarabajos, Finnigan que lo único que logrará es que le explote en la cara… Potter esa poción está mal hecha, tiene demasiadas raíces de jengibre… hágalo de nuevo.
Snape se detuvo ante el caldero de Neville después de haber vaciado el caldero de Harry Potter.
-Señor Longbottom –dijo el profesor señalando el caldero y mirando con desagrado la poción que había tomado un color parduzco- ¿Qué demonios es esto?
El muchacho miró al profesor y apenas pudo balbucear algo cuando este vació su caldero con un movimiento de su varita.
-Será mejor que vuelva a hacerlo –dijo-. Y esta vez hágalo bien, Longbottom…
El profesor se detuvo ante la poción de Malfoy y la examinó.
-Muy bien, señor Malfoy –dijo mirando el caldero del rubio.
Snape siguió y pasó por el caldero de Hermione lanzándole una mirada sin darle interés, a pesar de que la Gryffindor había hecho un muy buen trabajo. En ese momento miró hacia donde estaba Bárbara inclinándose sobre su caldero mientras agregaba unas gotas más de bilis de armadillo; el cabello oscuro caía sobre su rostro blanco que contrastaba con el tono rosado de sus labios, lucía realmente bella cuando hizo hacia atrás el cabello que cubría su rostro. Severus Snape no podía dejar de mirar a esa alumna mientras revolvía los ingredientes en el caldero. Por unos instantes se quedó perdido en esa visión hasta que la ojiverde levantó el rostro, lo miró y sonrió. El jefe de Slytherin se acercó a la joven y observó la poción que la joven preparó.
-Perfecta… -murmuró Snape- Un trabajo perfectamente hecho como siempre, Mondragón; no podía esperar menos de usted…
Una tierna sonrisa se dibujó en el rostro ruborizado le la muchacha.
-Gracias, profesor –dijo ella.
Snape extendió su mano hacia la cabellera de ella, dispuesto a acariciarla, pero se detuvo.
-Siga así, señorita –atinó a decir mientras se dirigía al caldero de Regina, a quien le dijo que no estaba nada mal, mientras a Azucena le mencionó que pusiera un poco más de escarabajos machacados.
Al terminar la clase, las muchachas salieron del salón después de que Alex Osbourne, una chica menudita de Ravenclaw les mostró un dibujo que hizo acerca del incidente de los audífonos, en el aparecía Regina bailando sobre el escritorio, y un Snape furibundo en la puerta gritando "Shut Up!" (Cállense en inglés), con un letrerito por un lado que decía: "Professor Snape-Arnold Schwarzenegger", el cual les causó mucha risa, sobre todo por la expresión del profesor en el dibujo. La chica de Ravenclaw les explicó que el incidente le había recordado una escena de la película: "Un detective en el Kinder" en la cual aparecía Schwarzenegger. Las tres mexicanas se encontraron con Cedric Diggory, quien se encontraba ahí esperando a Azucena. El muchacho saludó amablemente a las tres chicas quienes respondieron al saludo.
-Suerte, Zuce –dijo Bárbara guiñándole el ojo a su amiga.
-Nos cuentas todo luego –dijo Regina levantando el pulgar.
Zuce sonrió y fue con Cedric, mientras Bárbara y Regina se iban hacia otro lado.
Las dos maderenses caminaban por los corredores para encontrarse con Sybella y Ciel Xelor, quienes platicaban alegremente; el tema de conversación era el nuevo alumno recién transferido desde el instituto Durmstrang, un alemán alcohólico a sus escasos 17 años. Ciel comentaba que el tipo vivía con un cigarro en la mano y no paraba de tomar. Las dos mexicanas se acercaron a los gemelos Xelor.
-Hola, Sybella, Ciel… -dijo Regina alegremente.
-¿Qué haciendo? –inquirió Bárbara.
-Pues aquí, platicando con mi hermano sobre los últimos acontecimientos de Hogwarts –dijo Sybella- ¿Y Zuce, dónde está?
-Pegando su chicle por ahí –apuntó la ojiazul.
-¿Otra vez agarrando traseros? –dijo Ciel riendo.
-No, más bien salió a platicar con una de sus "víctimas" pero como no quisimos estorbar, decidimos dejarla –respondió Bárbara.
-De acuerdo, de acuerdo –dijo el muchacho-. Bien, niñas, tengo cosas qué hacer. Nos vemos luego.
-Nos vemos, Ciel –dijo Sybella.
-Ahí nos vidrios –se despidió Bárbara.
-¡Ahí te ves! –dijo Regina mirando al muchacho con coquetería.
Una vez que se fue, Regina se volvió hacia la chica de ojos grises
-No mames... ¡Tu hermano está buenísimo! –Dijo- Sin ofender, te lo digo con todo el respeto del mundo.
-Está ocupado, mujer… ni lo pienses –respondió Sybella- De hecho ya está comprometido…
-¡Pero está muy joven! Debe estar muy enamorado… -dijo Regina, entonces su voz se tornó seria - Yo no pienso casarme nunca…
Las tres chicas se quedaron hablando. Bárbara y Regina le comentaron a Sybella mas a detalle el hecho de que Zuce se encontraba con Cedric Diggory, ya que como Ciel estaba ahí, no se sintieron muy a gusto de hablar con ella sobre el tema ya que el muchacho era de la misma casa que Cho Chang, la novia de Cedric. Regina comenzó a comentar sobre su negocio de fotos de chicos. Pansy Parkinson le había pedido una foto de Malfoy, la cual aún no había tomado.
-Tenía pensado tomarla ahorita mismo, que se van a bañar… Pero Zuce no puede acompañarme y Bárbara no lo haría a menos que se tratara de espiar a Snape… y ella no me dejaría verlo.
-Pues si quieres yo te acompaño, Regina –repuso Sybella y luego se ruborizó-. Con suerte y Sebastian también se esté bañando. Me imagino que usaremos la capa de invisibilidad de Bárbara, ¿No es así?
-Claro, aunque eso no me preocupa ahora –comentó la ojiverde-. Lo que yo estoy pensando es ¿Quién nos ayudará a poner la paloma en la cama de Malfoy?
-Por cierto… ¿Qué es eso de la paloma? ¿De donde sacaron esa idea? –preguntó Sybella sin entender.
-Oh, ya lo verás –respondió Regina arqueando las cejas.
En ese instante, una voz masculina se escuchó cerca de ellas. Era Tony Corleone.
-¿Qué están tramando ahora, venenosas? –preguntó el rubio.
-Estamos viendo cómo hacerle una broma a Malfoy, por que esta mañana llamó "sangresucias" a Bella y a Lenore –contestó Bárbara-. Sólo que necesitamos ayuda. Estábamos pensando que James Marcus nos ayudara, pero sospecharían de el, ya que es novio de Lenore.
-Yo pensé por un momento que fuera Sebastian Michaels, el "pajarote" –repuso Regina-, pero esta mañana se la armó de pedo a Malfoy por lo mismo que insultó a Lenore y a Bella. Y luego pensé en Reggie Bannister, pero el presenció esa discusión y podrían sospechar de el tambien. Necesitamos a un muchacho de Slytherin.
-Pues si se trata de hacerle una broma pesada a Draco Malfoy, yo me apunto –sugirió el rubio-. Ese tipo nunca me ha caído bien. ¿Pero qué es exactamente lo que debo hacer?
En ese momento, Draco Malfoy y sus amigos pasaron cerca de ahí rumbo a los dormitorios.
-Bárbara –Dijo Regina de pronto-, Tu explícale a Corleone mientras Sybella y yo vamos a cumplir cierta misión.
-¡Va! Las veo en la comida –contestó la ojiverde.
Regina y Sybella se fueron dejando a Bárbara hablando con Tony. Ambos Caminaban por los corredores cuando la ojiverde le explicaba al muchacho sobre la broma que le jugarían a Draco Malfoy, la cual consistía en algo muy simple: El italiano tenía que entrar durante la noche, cuando todos estuvieran dormidos, al dormitorio de Draco Malfoy y poner una paloma viva en la cabecera de la cama del muchacho.
-Lo divertido será lo que ocurrirá cuando Malfoy despierte y vea que… la paloma lo está mirando –dictaminó Bárbara.
-Bien -dijo Corleone en tono solemne-. Yo seré quien tenga el honor de hacer que… la paloma selle el destino de Draco Malfoy. Me gusta la idea, pequeña…
En ese momento, Severus Snape pasó cerca de ellos. Tony Corleone notó cómo Bárbara se ruborizaba y una sonrisa dulce, muy diferente a la sonrisa burlona tan habitual en ella se dibujaba en su rostro.
-Buenas tardes, profesor Snape –dijo la chica.
-Buenas tardes, Mondragón –respondió el profesor con una sonrisa apenas perceptible.
El profesor siguió su camino, mientras Bárbara lo seguía con la mirada. El italiano observó la escena intrigado. Bárbara Mondragón era famosa en la escuela por su falta de interés en los muchachos, y esa distancia que ponía para con ellos a la menor muestra de interés romántico hacia ella. La ojiverde no era cerrada a la amistad con los muchachos, la chica era amistosa, pero nunca se le veían intenciones de iniciar algún romance con alguien, lo cual hizo pensar a muchos que la bella mexicana de los ojos verdes en realidad era lesbiana. Sin embargo, en ese instante, Tony Corleone vio cómo a la chica se le iban los ojos detrás de Snape.
Alguna vez escuchó algo de que la chica tenía mucha fascinación por el profesor Snape, y había algunos atrevidos que decían que Snape estaba interesado en ella como mujer. Sin embargo, el siempre pensó que eran chismes sin fundamento, Era bien sabido que Bárbara Mondragón era excelente en pociones y que era la estudiante preferida de Severus Snape. Por otro lado ¿No había atestiguado el mismo que Snape se había molestado mucho por la nalgada que le había dado a Bárbara? Pero eso no significaba nada, después de todo, Snape no iba a permitir que alguien le faltara el respeto a una alumna, menos si era de Slytherin, y muchísimo menos si se trataba de su alumna favorita. Pero la actitud de Bárbara…
-¿Por qué tanta fascinación con "Sevie"? –Pensó el rubio- ¿será acaso que...? mmh... no creo... Bárbara está zafada... ¡Pero no enferma!
En ese momento, ambos se toparon con un muchacho de cabellera negra y ojos amarillos.
-¿Y este? –Dijo Tony- Nunca te había visto.
El sujeto iba a decir algo pero volteó hacia un lado y vomitó ante la mirada sorprendida del par de Slytherins. Bárbara dio un salto hacia atrás. El muchacho de ojos amarillos se llevó una mano a la cabeza con un gesto de dolor terrible.
-¿Y tu, quien eres, chico Vómito? –inquirió Bárbara acercándose al muchacho
-Josef Hartman –dijo el muchacho sobándose la cabeza-, de Ravenclaw… Y por favor, habla más bajito…
-Mucho gusto… creo –dijo Bárbara.
-Tengo que ir por algo para la cruda –dijo el Ravenclaw mientras se alejaba- Nos vemos luego.
-¿De dónde salió ese sujeto? –se preguntó Tony mirando al sujeto que se alejaba.
-Ni idea –puntualizó Bárbara.
Sybella y Regina llegaron a las regaderas de los chicos en vueltas en la capa de invisibilidad de Bárbara. Ya estaban listas para capturar a su presa. Sin embargo, había un pequeño problema; ninguna quería tomar la foto a Malfoy.
-Bien Sybella –dijo la ojiazul mientras entregaba la cámara a su amiga-, adelante ¡Tu puedes!
-¿Yo por qué, si la del negocio eres tu? –dijo la castaña indignada casi arrojándole la cámara.
-Yo no puedo… yo… ¡Yo soy virgen! –Dijo la chica sonrojada devolviendo el aparato a su amiga- ¡Tómasela tu!
-¡Yo también soy virgen! –Contestó Sybella- Un momento… ¿Tú eres virgen?
-¡Claro que sí, pendeja! –Replicó Regina sonrojada- ¿Acaso lo dudabas?
-Bueno, es que… ya sabes… con tu forma de ser…
-Una cosa es que sea algo coqueta y otra muy diferente es revolcarme con cualquier pelado que vea –dijo la ojiazul- Con decirte que jamás he visto a un tipo desnudo… Así que tómasela tú.
-¿Y cómo le hiciste con las otras fotos? –preguntó Sybella.
-Azucena las tomaba –dijo- ¡Y la neta no quiero que el primer hombre que vea en pelotas sea Malfoy! ¡Por Dios! Ni siquiera quiero ver a Brad Pitt en pelotas.
-Bien, ya que no hay otra manera… -dijo Sybella con un brillo astucia en sus ojos grises- Hagamos el ritual secreto de decisión… ¡Piedra, papel o tijeras!
Las chicas hicieron ese "ritual" tres veces, ganando dos veces Sybella, haciendo que Regina tuviera que cumplir con la penosa labor.
-Tranquila, wey, tranquila –se decía Regina a sí misma tratando de calmarse- Solo es… un pedacito de carne colgando… es como un chorizo ¡Sí! Eso… Es un chorizo, es un cho…
Regina se quedó sin habla al posar su vista en el joven que se encontraba en la regadera con las pequeñas gotas de agua caliente cayendo por su blanca piel, el cabello, que siempre traía inmóvil caía sobre el rostro del muchacho por el peso del agua. Su cuerpo, aunque delgado, lucía firme con músculos que estaban en desarrollo por el diario entrenamiento de quidditch, y su rostro, normalmente con un gesto despectivo, mostraba una tranquilidad dulce y hasta hermosa. Regina se perdió en esa visión, absorta en los movimientos suaves del joven rubio que tenía frente a ella, su porte elegante, como si el mundo se hubiera borrado. Era sumamente hermoso. Por alguna razón se sentía nerviosa al verlo, pero aún así no quería apartar su mirada de ese muchacho que no se había percatado de la presencia de las jóvenes, y por primera vez en mucho tiempo, se sintió realmente deseosa de pasar el resto de su tiempo contemplándolo solo a el, solo con el, como si no existiera nadie mas… hasta que la voz de su amiga la sacó de sus pensamientos.
-¡Ya tómale la foto, Regina! ¿Qué tanto estás viendo?
-Ah, sí si… ¡Ya! –Dijo la ojiazul- ¡DRACOOOO!
El muchacho escuchó el grito y volteó hacia el lugar de donde provenía, momento en el cual Regina aprovechó para tomar la fotografía. El muchacho miró a su alrededor confundido sin saber qué había sido lo que había escuchado. Mientras, las dos chicas salían del baño precipitadamente cubiertas por la capa. Regina aún sentía en su pecho un extraño sentimiento, un sentimiento que creía olvidado, que habría deseado no volver a sentir.
Bárbara caminaba por los pasillos después de haber tomado una rebanada de pastel de calabaza, cuando pasó justo en frente de la oficina de Snape. La chica se regresó y se plantó frente a la puerta de la oficina del profesor de pociones. Una sonrisa traviesa se dibujó en su rostro, miró hacia ambos lados, cerciorándose de que no había nadie cerca, tomó aire y gritó a todo pulmón:
-¡SEVERUS, TE AMOOOOOO!
Y se echó a correr como alma que lleva el diablo hacia la cabaña de Hagrid. Dentro de la oficina, Severus Snape escuchó aquel grito sin imaginar siquiera quien había sido, ni preocupándose por hacerlo, ya que seguía pegado a su experimento como si nada.
En la cabaña de Hagrid, las venenosas se encontraban jugando muy divertidas con Harry, Ron, Hagrid y Hermione. Los acompañaban James Marcus y Cedric Diggory. Sybella tenía a su pequeño Zorro Ximo dormido en su regazo. En la mesa se encontraba un tablero de acero inoxidable lleno de picos con las pequeñas piezas de colores que representaban a un participante y un dado de veinte lados. Cada jugador tenía un montón de tarjetitas. Harry Potter sacó una tarjetita y se la dio a Bárbara para que la leyera.
-Tu reto es chuparle las nalgas a Hagrid mientras te lanzas en bungee con los ojos vendados desde lo alto de la torre de astronomía.
-¿QUEEE? –Gritó Harry- ¿Qué clase de juego es este?
-Uno muy divertido –contestó Bárbara sonriendo.
-Te va gustar, Harry –dijo Hagrid sonrojado-. Pero no se lo digas a nadie...
-¡Hagrid no te conocía esas mañas! –Gritó Harry indignado- Sabía que me querías, pero... No tanto.
-Era broma, Harry –aclaró el gigante rascándose la nuca apenado.
En ese momento, Ron Weasley entró a la cabaña vendado completamente de pies a cabeza, no se notaba la expresión de su rostro, pero por su voz denotaba que estaba realmente herido… y no solo físicamente. Ginny Weasley lo acompañaba con una cámara de video en la mano.
-Por lo que veo, Ron si cumplió con su reto –comentó Zuce.
-Sí que lo hizo –dijo Ginny asintiendo-. Todo… Bajó hasta las mazmorras en un carrito de mandado mientras se maquillaba como ese cantante muggle… Gene Simmons por las escaleras, se metió a la oficina de Snape, se robó su te y subió a la oficina del director a darle el te. El problema fue que en todo el trayecto de las mazmorras hasta la oficina de Dumbledore, Snape lo persiguió furioso lanzándole maldiciones que Ron esquivaba. Y todo está grabado.
-Vaya –dijo Cedric entusiasmado- ¡Eso sí que fue extremo!
-Bueno Ron –dijo Regina-, tú avanzas 16 casillas. Harry, es hora de ir a cumplir tu reto…
-No lo haré –dijo Harry negando con la cabeza-. Ni de broma ¡Paso!
-Bien entonces la penalización por no cumplir este reto es – Dijo Bárbara mientras revisaba la tarjetita-… Retroceder 20 casillas y pierdes dos turnos ¡Ni modo Harry!
-Yo no tengo ningún problema –dijo el niño que vivió.
-Bueno –dijo Bárbara-, le toca a Diggory… Cedric, lanza el dado y luego sacas tarjeta.
El muchacho hizo lo que la slytherin le pidió, tomando el dado de veinte lados y lanzándolo sobre el tablero. El número que salió fue el once…
-Bien, Cedric, eso significa que si cumples el reto avanzarás once casillas –explicó Bárbara-. Ahora sólo saca una tarjeta y léela en voz alta, o si te da demasiada pena como a Harry, dámela y yo la leeré por ti.
-Yo la leeré –dijo Cedric y miró la : "Tu reto es treparte al sauce boxeador usando los calcetines en las orejas y montar una rama aguantando 5 minutos como si estuvieras en un toro mecánico." Oigan suena fácil… ¡Lo haré!
-¿De verdad? –dijo Bárbara- Vaya que me has salido valiente, muchacho… en ese caso… Zuce, te toca verificar que lo haga.
-¡Sí! –dijo la regiomontana tomando la cámara de video y salió con el muchacho de la cabaña.
Hagrid sacó la tetera del fuego y comenzó a servir el te a los que estaban ahí y de paso, hacer algo de conversación en lo que llegaban los demás y salir un rato del tema del juego.
-Y dime, Bárbara –dijo Hagrid en tono afable mientras servía otra taza de te- ¿Cómo vas con Snape?
-Pues… bien, supongo –dijo la muchacha sonrojada.
-¿Bien? –Dijo Regina- Si vas requete bien… Si supieras, Hagrid… hace días, el profe Snape se metió con Barbarita al armario de pociones y se dieron un agasajo de los buenos… la puso contra la pared y le dio unos besotes, la cargó y la sentó en el escritorio y se abrió el…
-¡REGINA! –Gritó la ojiverde- ¡DEJA DE DECIR TANTAS MAMADAS QUE BIEN SABES QUE ESO NO HA PASADO!
-Lo sé –replicó la ojiazul mirando a su amiga con picardía-, pero apuesto a que te hubiera encantado… ¿A poco no te gustaría que Snape te agarrara contra la pared y te arrancara la ropa? Que te besara desesperadamente, como si fuera a devorarte… verlo sin ropa, sentir esa piel pálida sobándose contra tu cuerpo…
Regina miró a Hagrid quien junto con Ron, Harry, Sybella y Hermione observaba boquiabierto la escena. El zorro de Sybella miraba a Regina con los ojos muy abiertos, como si hubiera entendido perfectamente lo que la ojiazul estaba diciendo. Hagrid tenía la tetera suspendida sobre una taza ya llena de te, por lo cual el líquido desbordaba del recipiente. Lenore y James platicaban algo acerca de la clase de transformaciones con Ginny.
-¿Qué? –dijo Regina mirando a los demás- Solo digo la verdad… Miren la cara de Bárbara.
Bárbara estaba completamente roja con una gran sonrisa dibujada en el rostro, había sangre escurriendo de su nariz. Hermione se adelantó con un pañuelo que le dio a la chica.
-Regina, no deberías hacer comentarios de esa naturaleza –dijo Hermione molesta-. Podrías meter a Snape y a Bárbara en un problema…
-Mientras no salga de aquí, no hay pedo –comentó la ojiazul- ¿O sí? Además, como dijo Bárbara, eso no ha ocurrido…
-Oigan, creo que hay que seguir jugando, ¿No? –intervino Sybella quien le daba biberón al pequeño zorrito que tenía en su regazo.
-Es cierto, de hecho le toca a Regina –dijo Lenore dando un sorbito a su te.
Regina lanzó un dado, en el cual le salió el número trece; entonces, sacó su tarjeta y leyó en voz baja, entonces volteó a mirar a Bárbara de manera suplicante.
-No me hagas esto, por favor –rogó la ojiazul.
-¿Pos qué dice? –inquirió la ojiverde.
Regina comenzó a leer en voz alta:
-"Tu reto es: darle una nalgada bien fuerte a Draco Malfoy" Está bien… aunque tendré que lavarme la mano con alcohol y desinfectantes…
-Que te acompañe Sybella para verificar que lo cumplas –dictó Bárbara- Solo espera que vengan Cedric y Zuce.
-Claro –dijo Regina- Si no es que por ahí se dieron un agasajón…
-Callate –dijo Sybella riendo.
Momentos después, Zuce llegó con Cedric, quien venía un poco mareado, golpeado y despeinado, pero con una gran sonrisa de triunfo en su rostro.
-¿Lo ven? ¿Lo ven? –Dijo Regina entusiasmada- Les dije que se fueron a dar un agasajón…
-¿Cómo les fue? –inquirió Hagrid ignorando completamente a la ojiazul.
-Muy bien –respondió Cedric Diggory levantando los pulgares-, aunque ese sauce es en verdad difícil. Pero pude manejarlo…
-No por nada es "El reto extremo de Chabelo y Duvalín" –comentó Zuce- ¿Ahora a quien le toca?
-Vamos Regina, a darle una nalgada a Draco Malfoy –contestó Sybella- A mí me toca ir y verificar.
Zuce le entregó la cámara de video a la chica de cabello castaño, quien fue a acompañar a la ojiazul. Mientras tanto, James les mostraba a todos cómo una de sus sanguijuelas hacía trucos. El niño de los ojos celestes le pedía a la sanguijuela que diera un saltito, daba un saltito. Le pedía que hiciera dos, y dos saltitos daba el animal. James Marcus le preguntó a su mascota donde estaba Hagrid y la sanguijuela daba un saltito hacia donde estaba el gigante.
-Es muy inteligente –observó Hermione- Pero debes tener cuidado, puede atacar a alguien.
-Ellas no atacan a menos que yo se los ordene –replicó James-. De hecho, esta noche van a atacar…
-¿Y no te dan cosa a ti, Lenore? –inquirió Hagrid.
-No –respondió la niña-, ya estoy muy acostumbrada, además, a mí también me quieren.
Mientras, Regina y Sybella fueron hasta la sala común de Slytherin, Donde se encontraba Draco Malfoy. Sybella se puso a una distancia prudente, encendió la cámara y se puso a grabar. Malfoy, al ver a Regina se levantó y fue hacia ella.
-¿Qué ocurre, Regina? –dijo el rubio mirándola sonrojado- ¿Necesitas algo?
La chica asintió con la cabeza y al ver la cara del muchacho, se sonrojó… no pudo evitar recordar la visión de Draco Malfoy en la regadera. La chica sacudió la cabeza tratando de apartar esa imagen de su mente. Después de todo podía parecerle atractivo, pero aún así, seguía siendo el mismo que insultaba a sus amigas y trataba a todos como basura, por lo cual no podía permitirse sentir algo por el
-¿Podrías voltearte, Malfoy? –dijo la mexicana.
-¡Claro! –dijo el rubio sin entender, y entonces se volteó.
Regina miró las nalgas de Malfoy sin poder evitar el recuerdo de la foto que le tomó esa misma mañana… La muchacha volvió a sacudir la cabeza para alejar esa imagen, tomó aire y dio una fuerte nalgada al muchacho que volteó de inmediato. Las dos venenosas, Sybella y Regina corrían rápido hacia la puerta. Malfoy miraba sin entender. La ojiazul se volvió hacia el.
-¡Harry Potter me obligó a hacerlo! –dijo la mexicana para excusarse y salió de la sala común.
Draco Malfoy se quedó mirando a la puerta durante un buen rato asimilando lo sucedido, y, entonces sonrió.
-Odio decirlo… pero creo que le debo una a Potter –murmuró mientras agarraba sus posaderas, después de todo, la mexicana lo había golpeado muy fuerte.
Las dos chicas llegaron corriendo muertas de la risa a la cabaña de Hagrid contándole a todos, los sórdidos detalles de la nalgada a Malfoy. Las chicas se sentaron y reanudaron el juego…
Esta vez era el turno de Bárbara.
La ojiverde tomó el dado y lo lanzó. El dado rodó por el tablero, y dio un rebote. El número que salió fue el 18; entonces, Bárbara procedió a tomar una tarjetita, la cual Regina le arrebató.
-Veamos qué tenemos aquí –dijo la ojiazul con malicia y leyó la tarjetita- ¡Vaya, vaya!
-¿Qué dice? –inquirió Harry mirando a Regina expectante.
La chica de cabello negro comenzó a leer:
-Tu reto es hacer que el profesor Snape te de su capa –dijo con una sonrisa ladina-. Ojo: No dice que te la preste, ni que se la robes… tienes qué conseguir que Snape te regale su capa.
-Eso sí que es difícil –dijo Ron- Conociendo a Snape…
-¡Pero no es extremo! –Exclamó Harry decepcionado- ¿Por qué a Bárbara y a Regina les toca hacer cosas tan simples? Lo más difícil que le ha tocado a alguno de ustedes es que a Lenore le tocó robar comida de la cocina…
-¡Ay, Harry! –Dijo Zuce riendo- No nos culpes… es la suerte de cada quien. Y por cierto… ¿A quien le toca acompañar a Bárbara?
-Yo voy –respondió Regina mientras se levantaba de la mesa y tomaba la cámara de video- No pienso perderme esto.
Bárbara se levantó y fue hacia la puerta.
-Suerte –dijo Ron-. La necesitarás…
Bárbara sólo levantó el pulgar y sonrió, entonces salió junto con Regina hacia el castillo. Hagrid, Ron, Ginny, Hermione, Sybella, Lenore, James y Harry se quedaron hablando acerca de la posibilidad de que Bárbara cumpliera su reto. Cedric Diggory, Harry Potter y Ron Weasley sostenían que sería imposible bajo el argumento de que Snape era un amargado y no quería a nadie. Hagrid simplemente no creía que se la fuera a dar, mientras Hermione sostenía que, si bien, Snape tenía muy mal carácter y no parecía sentir simpatía por casi ningún alumno, era evidente que Bárbara le agradaba… y bastante. Sybella, James y Ginny preferían no opinar, mientras Lenore decía que ella si creía que Snape le daría la capa y que el estaba enamorado de la ojiverde.
* * *
Severus Snape caminaba por los pasillos de Hogwarts rumbo a su oficina, el haber corrido tras de Ron Weasley hacía unos momentos, lo había dejado algo agotado, así que se detuvo un momento a descansar en una banca de piedra de las que se hallaban en los pasillos. Bárbara iba rumbo a las mazmorras cuando vió al profesor Snape sentado. La muchacha se acercó a el. Regina los grababa desde lejos.
-Hola, profesor.
Snape levantó la mirada y se encontró con Bárbara Mondragón, que le sonreía con la misma dulzura de siempre. Siempre le intrigó el hecho de que, a diferencia de sus otros alumnos, ella siempre parecía estar feliz de verlo. Snape sonrió levemente.
-¿Cómo ha estado, Mondragón? –dijo el.
-Bien –respondió ella mientras se sentaba junto a el-. Se ve cansado… ¿Se encuentra bien?
-Estoy bien –repuso Snape-. Solo tuve un incidente… desagradable. Por alguna razón, Weasley entró a mi oficina a bordo de un carrito de supermercado maquillado de manera extraña y se robó mi te. Tuve qué perseguirlo por todo el castillo hasta la oficina del director… Su hermana iba también en el carrito usando un artefacto extraño. ¡No sé que pasa últimamente!
-Si… me imagino –dijo la ojiverde desviando la mirada- ¡Qué loco! Es que últimamente los gryffindor están actuando muy extraño… Harry Potter también se comportó de manera extraña hoy. ¡Dijo que algún día iba a chuparle las nalgas a Hagrid mientras se aventaba en bungee de la torre de astronomía con los ojos vendados! Andan muy… extremos.
Una expresión de sorpresa se dibujó en el rostro del profesor de pociones, quien luego frunció el entrecejo, su expresión denotaba algo de repulsión.
-Pues el hecho de… hacerle eso a Hagrid ya me parece suficientemente… extremo –dijo Snape muy serio- ¿Qué le pasa a Potter?
En ese momento, Hagrid se encontraba a mitad del lago cumpliendo un reto que le habían impuesto, pero no pudo evitar la sensación de un fuerte escalofrío en su espalda que lo entumeció y empezó a hacer que se hundiera poco a poco junto con el tipo que iba sobre su espalda.
-Oye, amigo, amigo ¡No te hundas amigo! –Dijo mientras lo jalaba por el cabello- Amigo, ¡Por favor! Que me hundo contigo, amigo…
Mientras, Bárbara se rió del comentario de Snape, el la miró y sonrió de manera casi imperceptible.
-Oiga, profe –dijo la muchacha en tono casual- ¿Me da su capa?
-¿Y para qué la quiere, señorita? –dijo Snape sin entender.
La chica comenzó a tiritar.
-Es que… tengo mucho frío –respondió la ojiverde.
-Pues vaya a su dormitorio y póngase un suéter –dijo Snape irritado.
-Pero yo quiero su capa –insistió la ojiverde.
-¿Y por qué mi capa precisamente? –inquirió Snape algo irritado.
-Siempre me ha gustado, profesor –respondió la ojiverde- ¡Regálemela!
-¡Ya le dije que no! –Recalcó Snape- Si tanto quiere una, yo puedo decirle dónde conseguirla… Es más, si es necesario yo mismo la llevaré…
-¡Por favooooor! –dijo la muchacha poniendo una mirada suplicante.
-¡Ya le dije que no, Mondragón! –dijo Snape terminante.
Mientras, en la cabaña de Hagrid las apuestas habían comenzado. Ron, Hagrid, quien había superado su reto, Cedric y Harry apostaron a que Snape no le regalaría su capa a Bárbara, mientras Ginny, Hermione, Zuce y Lenore apostaban a que sí. Sybella Xelor y James Marcus prefirieron no apostar.
Bárbara seguía discutiendo con Snape en el corredor. Snape seguía renuente a regalarle su capa a Bárbara. La ojiverde no quería rendirse, y si iba a perder, al menos esperaba sacarle partido a eso…
-Si usted no me regala su capa –advirtió la muchacha mirándolo amenazante- ¡Lo beso!
-¿Qué?
-Lo que oyó, profesor –dijo la chica-. Si usted no me da la capa voy a besarlo… ¡Y en la boca!
-¿Es eso una amenaza? –inquirió el profesor con una sonrisa burlona.
-¡Sí! –Ratificó la joven- Si no me da la capa, voy a besarlo… Y de lengüita…
-No se atrevería –replicó Snape
-¿Quiere ver que sí? –dijo la chica acercando su rostro al del profesor
Por un momento, Snape pareció no saber que decir, entonces entrecerró sus ojos miró a Bárbara directamente a los ojos.
-Usted se atreve a besarme de… lengüita –dijo en un susurro sin apartar su mirada de la de la chica-, y usted recibirá un castigo… ¿Qué digo un castigo? Me encargaré personalmente de que sea expulsada y que no vuelva a ser admitida en ninguna otra escuela de magia en lo que le quede de vida…
-¿Tan fea le parezco? –dijo la muchacha con un hilo de voz y mirándolo con sus ojos llorosos.
-No trate de manipularme con esa pregunta. Mondragón –replicó el profesor molesto- Usted bien sabe que no funciona. Olvídelo, no pienso darle mi capa.
La muchacha lo sujetó de la capa y comenzó a jalarla intentando quitársela a Snape quien intentaba quitarle la capa de las manos a la chica tirando de la tela. Regina grababa la escena riendo como histérica.
-¡Suelte mi capa, señorita! –Dijo Snape tirando de su capa.
-¡No, es mía! –Exclamó ella- Démela, la necesito… Necesito que me la de, profesor –entonces aclaró- La quiero para mí… La quiero toda para mí… Me refiero a la capa.
-¿Pues qué otra cosa podría darle, Mondragón? –exclamó Snape alzando la ceja sin entender.
-¡Eso no está en discusión! –Replicó la ojiverde- Regáleme su capa…
-No lo haré.
-¡Es importante que me regale su capa! –dijo la muchacha.
-¡No, es mía! –Dijo Snape mientras le daba manotazos a la chica en las manos en un intento de que lo soltara- ¡Yo pagué por ella! ¿Por qué la necesita tanto?
-¡Tengo frío, ya le dije! –dijo la chica.
-Soy su profesor, se cuando me está mintiendo –dijo Snape- ¿Cree que soy estúpido? Dígame por qué la quiere…
-Por que… ¡Por que me retaron! –Soltó la muchacha- ¿Ya?
Severus Snape dejó de tirar de la capa y miró a la chica fijamente
-¿Y por qué no me lo dijo antes? –dijo Snape mirando a Barbara.
-¿Qué esperaba, profesor? –replicó la chica- Que le dijera: "Profesor Snape, ¿Me regala su capa? La necesito por que estoy jugando "El reto extremo de Chabelo y Duvalín" y mi reto era hacer que usted me regalara su capa" ¿Acaso usted me habría dado su capa si le hubiera dicho eso? ¿Qué me habría dicho?
-Que sí –contestó Snape mientras se quitaba la capa y se la entregaba-. Tómela.
-¿Así de fácil? –preguntó Bárbara con sus ojos verdes muy abiertos.
-Por supuesto, prefiero eso a que llegue diciéndome mentiras y jalándome la… capa –puntualizó Snape.
Bárbara sonrió y se puso la capa, entonces comenzó a acariciar la tela contra su rostro.
-Gracias –dijo mirándolo con una dulce sonrisa en su rostro ruborizado-. Cuidaré mucho de ella.
La joven se acercó por un momento dispuesta a besar la mejilla del líder de Slytherin, pero se detuvo y negó con la cabeza.
-No quiero ser expulsada –murmuró Bárbara y se dio la media vuelta.
La chica se fue dando saltitos por los pasillos muy contenta.
-¡Squeeeee! ¡Tengo la capa del profe Snape! –canturreaba Bárbara mientras se alejaba.
Snape observó como la joven se alejaba con su capa puesta, parecía felíz. El profesor de pociones pudo notar como la capa le quedaba grande y arrastraba un poco más de la cuenta, parecía una niña pequeña usando la capa de su papá. Esa imagen le causó una extraña sensación de ternura, en especial por lo felíz que se veía ella de tener su capa. Severus Snape se levantó de donde había estado sentado y caminó hacia su oficina.
-A veces es tan rara… -murmuró frunciendo el ceño- y ahora yo tengo frío
Las dos maderenses llegaron a la cabaña de Hagrid. Regina entró primero muy seria.
-Muchachos, acaba de ocurrir algo con lo que no contábamos –dijo la chica en tono serio-. Resulta que el profesor Snape…
Todos los presentes se acercaron pensando lo peor, entonces, Bárbara apareció triunfante en el umbral con la capa de Snape puesta.
-¡Me dio su capa! –dijo la ojiverde en tono triunfal.
Todos se acercaron para verificar.
-No es cierto –dijo Ron mientras se acercaba boquiabierto a Bárbara sin poder creerlo.
-Le hiciste un imperius ¿verdad? –dijo Harry.
-No'mbre, si batallé un chingo –replicó la muchacha- Ahí tiene Regina el video, vamos a la mesa a verlo.
Regina les enseñó el video a todos estando ya sentados en la mesa. Algunos se desternillaban de risa al ver en el video como Snape intentaba hacer que su alumna favorita soltara su capa a manotazos. Después de eso, siguieron jugando, y la ganadora resultó ser Lenore Addams, siendo Harry el perdedor. Las reglas del juego especificaban que el ganador debía imponerle un castigo extremo al perdedor. Harry, al ver que la ganadora era la pequeña Lenore, respiró aliviado. Lenore Addams era una niña muy dulce, nadie podía entender como era que había quedado en Slytherin. La niña se quedó pensando unos momentos en el castigo que le daría al niño que sobrevivió. De pronto, una idea pasó pos su cabeza; la niña se acercó a Harry.
-Tu castigo va a ser, llevarte la grabadora, inmovilizar al profesor Snape, hacerle un striptease y decirle que el profesor Lupin te obligó a hacerlo –dijo la pequeña ante la mirada asombrada de todos los presentes, quienes jamás imaginaron que Lenore Addams pudiera ser capaz de imponer un castigo de esa naturaleza, el único que no se veía sorprendido era James Marcus-. Y para que veas que no soy mala, te dejo la opción, puedes terminar en ropa interior o sin nada.
-Y tendrás que hacerlo, Harry –dijo Cedric- Todos nosotros cumplimos con los retos que nos salieron ¡Hasta Hagrid cruzó el lago nadando y cantando la estúpida canción de la rana que cantaba debajo del agua que dijeron las chicas mientras un hippie que iba sobre sus hombros le hacía rastas!
-Me gustan mis rastas –comentó Hagrid quien efectivamente lucía un peinado rasta.
Harry seguía mirando a los demás
--Por favor, no sean así –decía Harry- No esperarán que yo…
-Oye, yo casi me parto toda la cabeza en el reto del carrito de supermercado –dijo Ron molesto-, lo que te puso Lenore no está tan extremo.
-Aceptémoslo, Ron -comentó Ginny-. Cuando se trata de molestar a Snape, ya es algo muy extremo, y más si se trata de Harry.
-Está bien –dijo Harry-, lo haré… pero solo por que me están obligando ¿Qué tal si Snape me quiere hacer algo?
Cuatro de las cinco Slytherin se levantaron indignadas. Si bien Snape no era nada amable, tampoco se merecía que hablaran así de el.
-¡CLARO QUE NOOOOO! –Gritaron al mismo tiempo- El león cree que todos son de su condición, tú eres el joto, ¡No te metas con Snape!
-Bueno, bueno ya –dijo Harry algo asustado-. Tampoco es para que me griten así. No volveré a decir nada de su amadísimo profesor… Aunque sigo diciendo que es un maldito bastardo…
Harry Potter fue hacia las mazmorras seguido por toda la comitiva, quienes iban armados con la cámara de video no podían perderse el grabar el espectáculo.
En la oficina de pociones, Severus Snape se encontraba descansando sentado en su escritorio con una nueva capa cuando Harry entró.
-¡Expeliarmus! –dijo Harry desde la puerta desarmando instantáneamente al profesor quien apenas sacaba su varita.
Snape no tuvo tiempo de recoger su varita ya que Harry le lanzó otro maleficio.
-¡Incarcerus! –dijo el muchacho e inmediatamente, Snape quedó amarrado a la silla.
-¿Qué es lo que intenta hacer Potter? –Susurró Snape furioso- Se está buscando un castigo.
Harry tomó aire, puso una grabadora que las chicas le habían proporcionado y entonces se subió al escritorio de Snape.
-Potter, baje de mi escritorio en este instante –advirtió Snape- ¿Qué es lo que quiere probar? ¿Y por qué trae ese estúpido artefacto muggle?
El muchacho puso la música y al ritmo de la canción "Hot Stuff" comenzó a bailar sensualmente ante un Snape furibundo y confundido, las venas de las sienes del profesor estaban saltadas y palpitaban. Mientras, todos los demás observaban por la puerta entreabierta riéndose. Remus Lupin pasaba por ahí y al ver el grupo de personas que se encontraba mirando y riendo en la puerta del despacho de Snape, se acercó.
-¿Qué hacen? –Preguntó Lupin en tono cordial- ¿Qué están viendo?
Remus Lupin era un profesor que apenas había entrado ese año a dar clases a Hogwarts, impartía la asignatura de Defensa Contra las Artes Oscuras. Aunque era joven, su cabello color castaño claro ya tenía algunas vetas plateadas, tenía aspecto pálido, como si estuviera enfermo y sus ojos tenían un color verde ámbar. Lupin tenía un carácter afable, lo que lo hacía muy querido por los alumnos.
-Venga, profesor –indicó Bárbara riendo.
Lupin se acercó a observar, y el espectáculo de Harry Potter bailando sobre el escritorio de un Snape enfurecido le causó un poco de risa, en especial por el gran desagrado que Snape mostró cuando Harry comenzó a quitarse la ropa. Lupin no pudo contener una pequeña risita, pero aún así, no podía entender el comportamiento de su alumno ¿Acaso Harry Potter era gay? Y peor aún ¿Estaba enamorado del profesor que le hacía la vida imposible?
-¿Por qué está haciendo eso? –inquirió Lupin sin entender.
-Bueno, es que… perdió una apuesta –explicó Diggory sonriendo.
Remus miró a Bárbara y notó que la capa que usaba era la de Snape.
-Bárbara, ¿Por qué usas la capa de Severus? –dijo Lupin sin entender.
-Me la regaló el profe Snape –dijo la chica sobando la tela de la capa contra su rostro.
-Vaya –dijo Lupin.
-No'mbre, profe… y hubiera visto lo que queríamos hacer que Harry hiciera con Hagrid –dijo Regina-. Esto no es nada comparado con eso…
Harry dejó de bailar una vez que sólo había quedado en trusa, ni si quiera se había detenido para quitarse los zapatos y los calcetines haciéndolo lucir a la vista de sus compañeras, un poco… patético.
-Pinche Harry, we… -dijo Bárbara al verlo.
-Adios a mis fantasías yaoi… Uno lo ve con la ropa puesta y hasta se imagina que está bien el wey- ¡Pero está bien pinche flaco!
-Bueno, yaoi es yaoi –dijo Zuce- Es esto o nada…
-Pobre Harry –dijo Lupin negando con la cabeza-. Igualito que su padre… hasta las rodillas huesudas heredó.
El muchacho recogió su ropa y salió corriendo de la oficina de Snape casi llorando topándose con Lupin, y justo en ese momento recordó que había olvidado algo.
-Lo siento, profesor Lupin –se disculpó Harry con el rostro completamente rojo y lleno de vergüenza, se asomó por la puerta de la oficina.
Afortunadamente, Snape seguía atado a su asiento, aunque si lo hubieran desatado, tampoco se hubiera movido, el espectáculo fue tal que el profesor de pociones se encontraba en shock, incluso tenía un tic en el ojo. Harry lo miró y gritó desde la puerta sin valor para entrar de nuevo.
-¡El profesor Lupin me obligó! –Vociferó el gryffindor ante un Lupin sorprendido. Entonces el chico sacó su varita y apuntó al profesor de pociones- ¡Relashio!
Inmediatamente, Harry Potter salió corriendo del lugar. Snape, quien había sido liberado salió de su oficina y al ver a Lupin, lo miró con odio.
-¡Lupiin! –dijo en voz baja, pero amenazante, como era su costumbre- ¿Cómo te atreves? Pensé que tus tiempos de bromas habían acabado ya…
-Severus, yo no… -balbuceó Lupin apuntando a sus lados- No creerás que… Yo pasaba por aquí y entonces todos… y, y reían y-y Harry…
Severus levantó la ceja incrédulo.
-No veo a nadie más por aquí –dijo Snape.
Lupin volteó y miró a los lados, comprobando que se encontraba solo.
-Pero, Severus, aquí estaban y… yo… y… y ellos… y tu… eh… ¿Lo siento? –dijo Lupin con tono inocente mirando al enfadado profesor.
-Olvídate de tu poción mata lobos –murmuró mientras entraba a su oficina y cerraba la puerta violentamente tras el.
Después de eso, antes de la cena, Bárbara y Regina fueron hacia el dormitorio para guardar la capa de Snape. Mientras, Zuce y Cedric platicaban animadamente.
-Me divertí mucho –dijo el muchacho-. Tus amigas son realmente divertidas… deberíamos juntarnos otra vez a jugar al reto extremo…
-¿Sí, verdad? –dijo Zuce riendo- Cuando quieras volvemos a jugar.
Cerca de ahí, detrás de una columna, Cho Chang los miraba fijamente. A ella nunca le habían agradado las venenosas, en especial por todos los chismes que su amiga Marietta le había contado sobre ellas, y Azucena le parecía especialmente desagradable ya que Cedric parecía muy interesado en ella desde hacía un tiempo, y Marietta en una ocasión le comentó que Azucena había manoseado al muchacho. ¿Qué clase de chica podría ser si se había atrevido a tocar a un muchacho con novia? No, las venenosas no le agradaban nada…
-No permitiré que me quites a Cedric –murmuró la muchacha mirándolos a ambos desde detrás de una columna.
Después de la cena, las venenosas comentaban animadamente acerca del juego, cuando una vez vestido nuevamente, Harry Potter se dirigió a Regina y Azucena, quien ya había vuelto de hablar con Cedric. El muchacho necesitaba ayuda y solo ellas podían proporcionársela.
-Em… Regina, Azucena –dijo el muchacho tímidamente-me gustaría hablar con ustedes de un tema importante.
-Claro, chiquitín ¿Qué necesitas? –dijo Regina.
-Eso sí, si quieres fotos de weyes encuerados, lo lamento por que le prometimos a Ron no venderte… Aunque… por un poco mas de dinero… tal vez podríamos olvidar esa promesa.
-¡No, yo no quiero fotos de tipos desnudos! –Respondió Harry un poco ofendido- A mí… a mí solo me gusta "Romyomy"
-¿Romiquien? –dijo Zuce.
--Ron, así le digo de cariño –Respondió el Gryffindor sonrojándose por la cursilería que acababa de decir ¿De cuando acá era tan cursi?
Regina se arrojó a abrazar a Harry.
-Ay, qué lindo, mi amor –dijo la Slytherin abrazando al muchacho.
-Bueno, muchachas –dijo Bárbara-, ya que veo que están ocupadas, ahí los dejo.
La ojiverde se encaminó a su habitación donde Sybella Xelor se encontraba observando las fotos que habían tomado previamente las venenosas faltantes, revisando cuales servían y cuales debían tomarse de nuevo, aprovechando para darse lo que Bárbara decía era "un taco de ojo". Había que admitir que las chicas en Hogwarts tenían buen gusto, aunque siempre habría una que otra descarriada ¿Quién diablos querría una foto del Chúntaro?
Mientras tanto, Zuce y Regina hablaban con Harry. El muchacho les explicaba lo que esa mañana había sucedido; al parecer después de una sesión de besos algo acalorados, el pelirrojo hizo algo que incomodó al ojiverde.
-¡Ron! –exclamó Harry alejándolo de el
-Ah, Harry, yo… lo siento, pero es que… yo…
-¿Tu qué, Ron?
-Bueno es que… Tu siempre me has gustado mucho, Harry, y por fín somos novios y… no creas que no es suficiente, por que es maravilloso salir contigo –explicó sonrojado el pelirrojo-. Pero es que… yo… ¡Quiero hacerlo contigo! Pero… si tu no quieres, no puedo obligarte –dijo el muchacho tristemente mientras bajaba la mirada.
-No es que yo no quiera Ron –dijo Harry sonrojado por la confesión de su novio-. Pero es que yo… nunca he…
-Yo tampoco, Harry, pero yo quiero que tú seas el primero… -dijo el pelirrojo acariciando el rostro del muchacho con dulzura.
Después de la explicación el gryffindor estaba completamente sonrojado, esperando la reacción de sus amigas, la cual sabía no sería nada buena para el. De súbito, las dos chicas se arrojaron hacia Harry haciéndolo caer mientras ellas lo abrazaban.
-¡Cosita linda! –Exclamaron las dos chicas emocionadas sobando sus rostros contra el del joven gryffindor - ¡Ternurita! Nos viniste a pedir consejo a nosotras… ¡Ay, Harry!
-Nosotras te explicaremos lo que necesites…
Esa noche, después de que Zuce y Regina aconsejaran a Harry acerca de ese asunto tan íntimo, las muchachas se encontraban en su dormitorio; la pequeña Lenore jugaba con su gato, mientras Zuce, quien acababa de alimentar a su serpiente mascota, checaba su correo electrónico y hacía un comentario en la cuenta de Deviant art que habían abierto las venenosas, por otro lado Sybella platicaba algo con Bárbara quien tenía a su gato recostado en el regazo. La expresión de la ojiverde daba a entender que tramaba algo.
Regina Bladó se encontraba ajena a todo aquello mirando la fotografía que había tomado a Draco Malfoy esa mañana con mucha cautela para que sus amigas no se dieran cuenta; después de todo, no sabía ni por qué la estaba viendo. La ojiazul se encontraba absorta en el rostro del muchacho, en su cabello rubio cayéndole sobre el rostro y sus ojos grises. La mexicana no podía definir lo que le hacía sentir el ver a ese joven rubio fuera de su habitual altanería. Ya no era el sangroncito cara de muñeca, sino un joven poseedor de una gran elegancia que…
-Oye, Regina –dijo Bárbara dejándose caer sobre la cama de la ojiazul causando que se sobresaltara
-¿Qué ocurre? –dijo Regina alterada sujetando la fotografía del rubio contra su pecho para que su amiga no la viera.
Bárbara comenzó a pasarle el dedo índice por el rostro.
-Es que… estaba pensando que –susurró la ojiverde acariciando el cabello de su amiga con una mirada que la ojiazul no pudo descifrar- deberíamos experimentar algunas cosas, ya sabes, la vida es corta… y no debemos quedarnos con las ganas de nada.
Regina miró a su amiga sin entender.
-Eh… bueno, Bárbara… yo… -balbuceó Regina visiblemente sonrojada- No sé…
-Vamos, será divertido –insistió Bárbara-. Apuesto a que a ti te encantaría hacerlo ¡Yo sé que tú lo deseas!
-Vamos, Regina –intervino Sybella-, será divertido. Yo también participaré.
-Yo ya me apunté -comentó Azucena-. ¡Es más! Lenore va a entrarle también…
Regina abrió los ojos a mas no poder… sus amigas eran unas degeneradas… ¿Serían capaces de meter a la pequeña en eso?
* * *
Las cinco venenosas se encontraban arriba del carrito de supermercado que Ron Weasley había usado horas antes para cumplir su reto en lo alto de las escaleras. Bárbara y Regina iban adelante, mientras Lenore iba en medio de Sybella y Zuce.
-Sabía que no tenía por qué espantarme –murmuró Regina algo molesta-. Tenía que ser una pendejada…
-¿Listas, chicas? –preguntó Bárbara.
-¡SI! –dijeron las demás venenosas al unísono.
Las chicas tomaron impulso empujando el carrito para después saltar dentro de el y se fueron escaleras abajo para regresar a las mazmorras. Y es que la idea de ir en unas escaleras a bordo de un carrito es peligrosa, pero tratándose de unas escaleras que cambiaban de lugar constantemente, convertían la hazaña en algo verdaderamente… extremo.
Las chicas reían y gritaban cada vez que parecía que estaban por caerse en algún vacío entre las escaleras.
Severus Snape iba subiendo unas escaleras cuando escuchó a Bárbara gritando.
-¡Aguas, profeeee!
El problema fue que cuando la chica previno al profesor, el carrito ya iba demasiado cerca y casi lo hubieran atropellado si no fuera por que entre Bárbara y Regina lo subieron al carrito de un jalón quedando el profesor justo en medio de las dos tamaulipecas. El carrito no se detenía y Snape estaba muy asustado, aunque no gritaba, solo miraba hacia delante con expresión despavorida y su semblante estaba más pálido que de costumbre, y cada vez que pareciera que sufrirían una caída mortal, el profesor de pociones se aferraba fuertemente a la ojiverde quien reía como una desquiciada al igual que sus compañeras.
-Señorita Mondragón –dijo Snape- ¿Puede detener esta… cosa?
-Noup –respondió la chica- ¡Está embrujada!
Cuando al fín dejaron las escaleras, el carrito iba a toda velocidad por los pasillos de Hogwarts por donde Remus Lupin caminaba tranquilamente.
-¡Aguas, profe Lupin! –gritaron las cinco venenosas.
Lupin no alcanzó a quitarse, y el carrito de supermercado, con todos sus tripulantes pasó por encima del profesor de defensa contra las artes oscuras dejándolo en el piso, hecho que le causó mucha gracia a Snape. Aunque el gusto no le duró mucho.
-Creo que eso le va a doler mañana –dijo Regina mirando hacia atrás y quitándose el pelo del rostro.
-Créame –dijo Snape con una voz complacida-, eso le duele hoy… se lo aseguro.
-Le dijimos que se quitara –dijo Bárbara como queriendo lavarse las manos.
-¡Eso que ni qué! –respondió la regiomontana
-Dejen de pensar en Lupin –dijo Sybella mirando hacia el frente a diferencia de los demás.
-¿Por qué? –preguntó Lenore.
-¡Por que nos vamos a estrellar! –exclamó Sybella quien junto con Lenore saltó fuera del carrito.
Al estrellarse, Regina y Zuce salieron volando por los aires junto con Bárbara y Snape, quienes rodaron abrazados hasta proyectarse contra una puerta quedando el profesor encima de su alumna. Zuce se levantó sacudiéndose el polvo mientras ayudaba a la ojiazul a levantarse. Sybella y Lenore llegaron corriendo a ver como estaban sus amigas. Bárbara y Snape, quienes aún estaban muy aturdidos por el golpe seguían tirados en el suelo abrazados.
-¿O soy yo, o al profesor Snape ya se le hizo costumbre caerse encima de Bárbara? –murmuró Regina al ver a Snape sobre su amiga de la infancia y abrazado a ella.
- ¡Para mí que ya le gustó! –dijo Zuce en voz baja.
-Pues mientras no me quiera caer encima a mí, todo está bien –susurró Sybella.
Snape levantó la cabeza y miró hacia abajo sólo para encontrarse con el rostro arrebolado de la ojiverde quien sólo atinó a sonreírle. El profesor de pociones se quedó mirando a la chica unos minutos, y es que la imagen de Bárbara con esa sonrisa dulce y su rostro sonrojado era tan… tierna. Para desgracia del profesor de pociones, la cercanía e la joven, y el contacto tan fuerte de sus cuerpos, aunado al aroma tenue que se desprendía de la chica, que era una extraña mezcla de su olor habitual a jazmín y sándalo, con lavanda y manzanilla, hicieron efecto en el, provocando de nuevo la reacción que había tenido en aquel accidente durante la clase de pociones de hacía dos semanas.
-¿Se… se encuentra bien, señorita? –inquirió Snape, quien se encontraba tan sonrojado como la chica.
-Si, profesor… gracias –respondió la joven quien al sentir la reacción natural del cuerpo del profesor de pociones, se sonrojó aún más. Un hilillo de sangre salía de su nariz- Solo…
-Mondragón… su… nariz –dijo el profesor- está sangrando.
-Ah –dijo la chica- ¡No es nada! En verdad…
De pronto la puerta se abrió.
-¿Qué hacen todos ustedes ahí? –Inquirió Albus Dumbledore.
-Ahora sí estamos en pedos –murmuró Zuce.
Las cinco chicas se encontraban de pie en medio de la oficina del director quien se paseaba alrededor de ellas mientras Severus Snape observaba complacido la escena. Si cualquier otro alumno hubiera hecho eso, lo habría expulsado, pero ellas le agradaban demasiado para eso, sin embargo, eso no quitaba que ese quinteto en verdad merecía una buena reprimenda.
-¿Se dan cuenta de todo el alboroto que causaron con ese "paseo"? -Decía Dumbledore mirando a las muchachas- ¡Casi destruyen el castillo con esta ocurrencia!
Las chicas solo bajaron la mirada, y Albus Dumbledore siguió hablando.
-¿Y qué me dicen de ustedes? arriesgaron su vida de manera irresponsable solo por que les pareció divertido, arriesgaron a una niña de primer año y a un profesor con esta locura -Dumbledore se detuvo un momento y le dedicó una mirada severa a cada una de ellas, sus ojos azules recorrían una a una a las venenosas- ¡En fín! Sólo por esta vez, lo dejaré pasar… Pero les advierto, niñas, si vuelven a hacer esto, o algo similar… ¡ME LLEVAN! Ahora sí, pueden irse a dormir
Severus Snape quien sonreía de manera burlona al ver como Dumbledore reprendía a las muchachas, casi se cae de la sorpresa cuando éste les dijo a las niñas que lo invitaran a la próxima y se quedó mirando al director de Hogwarts como si éste se hubiera puesto un disfraz de banana. Las cinco muchachas se dirigieron a su dormitorio dando un suspiro de alivio. Snape seguía mirando estupefacto al director de Hogwarts.
-¿Qué? –Dijo Dumbledore al ver la expresión de sorpresa de Snape- ¡No es justo que tu seas el único que se divierte, Severus!
* * *
A la mañana siguiente, durante el desayuno, las venenosas platicaban alegremente sobre el paseo nocturno en el carrito de supermercado. Las acompañaban Sebastian Michaels, Tony Corleone, James Marcus, Reggie Bannister y Jody Pearson quienes se reían de los pormenores del recorrido.
-Les juro que yo pensé que nos expulsarían –comentó Bárbara mientras daba una mordida a un pan tostado-. El Director Dumbledore se veía bien encabronado.
-Pues sí –concordó Regina-, pero al parecer lo que le molestó fue que no lo lleváramos con nosotras.
-¿Y dices que el profesor Snape las acompañaba? –Inquirió Jody sumamente interesado en el hecho- Eso explica muchas cosas…
-Sí –respondió Zuce-, el profe iba con nosotros, nomás le volaba la greña.
-Es que casi lo atropellamos –explicó Lenore-, pero Bárbara y Regina lo subieron de un jalón al carrito. Lástima que Lupin no tuvo tanta suerte.
-No sé que me daba más miedo, si la velocidad a la cual íbamos, o el hecho de que Snape iba con nosotros –comentó Sybella mientras comía algo de fruta-. Pero la cara que puso Snape cuando el director nos dijo que a la próxima lo invitáramos… ¡No tiene precio!
-Eso sí que me hubiera gustado verlo –dijo Corleone riendo.
-Al que no le fue muy bien fue al pobre del profe Lupin –dijo Zuce al ver que el mencionado profesor llegaba trabajosamente a sentarse a la mesa de profesores-. Le pasamos con el carrito encima…
Los Slytherins miraron hacia la mesa de profesores y vieron a Lupin con la cabeza vendada y cojeando un poco mientras se sobaba la espalda.
-Pues nosotros también nos divertimos gracias al buen James –comentó Sebastian.
-¿Qué pasó? –preguntó intrigada Bárbara dándole un sorbo al jugo de calabaza.
-Pues que el "chico sanguijuela" utilizó a sus animalitos para vengarse –comentó Tony Corleone.
-Pues en la noche, se oyeron unos gritos histéricos que provenían del dormitorio donde duermen Malfoy, Crabbe, Goyle, Zabini y Bowie –relató animadamente el muchacho de los ojos escarlatas-. Obvio que todos salimos corriendo para ver que pasaba y que vamos viendo salir a Draco Malfoy en trusa y con un montón de sanguijuelas pegadas por todo el cuerpo. Malfoy gritaba y se sacudía y… de hecho quisieron llamar al profesor Snape, pero no lo encontraban.
-De hecho ahora es que sabemos por qué no hallaron a Snape en su oficina –comentó Reggie riendo.
-El caso fue que James tuvo que ordenarle a las sanguijuelas que lo dejaran en paz –concluyó Jody.
-Tenía qué hacerlo –dijo James mientras comía su cereal tranquilamente y tomaba la mano de Lenore por debajo de la mesa-. No iba a dejar que comieran porquerías, Además, tampoco quería ser castigado o expulsado... Yo solo quería vengarme de Malfoy por lo que le dijo a mi Lenore.
-Además, tampoco quería que nos quitaran a nuestros bebés –dijo Lenore.
-¿Sus bebés? –inquirió Regina- Supongo que te refieres a las sanguijuelas, ¿Cierto?
-Si –respondió la niña.
Tony Corleone miró a la pareja y negó con la cabeza.
-Ustedes dos sí que son raros –murmuró mientras seguía comiendo.
Al poco rato, las chicas siguieron sus clases normales, a Lenore y a James les tocaba clase de vuelo esa mañana con Madame Hooch, mientras Sybella, Jody, Reggie, Tony y Sebastian iban a clase de encantamientos. Las tres mexicanas, por su parte, llevaban a esa hora Historia de la magia con Binns, cuya manera de dar la clase aburría a todos. Lo único interesante ocurrido durante esa clase, fue que el Chúntaro le preguntó a Binns si de ahí se habían graduado el Maguito Rody o el Mago Frank. Las tres mexicanas estallaron en risas. Binns mencionó que solo conocía al mago Frank Longbottom, el padre de Neville quien efectivamente se había graduado de Hogwarts, pero dudaba seriamente de que el mexicano se refiriera a el.
Después de historia de la magia, siguió Runas antiguas y luego llegó la hora de Pociones. Bárbara, como siempre, se acicaló antes de ir a las mazmorras. La chica se cruzó con Tony Corleone en el camino. El muchacho, a quien no le había tocado ver a Bárbara con el cabello suelto, se sorprendió.
-Oye, te ves muy bien así –comentó el italiano-. No te había visto con el cabello suelto ¿Y eso que te lo soltaste?
-Pero si no es la primera vez que lo traigo suelto –replicó Bárbara-. De hecho en la ceremonia de selección lo traía así…
-Pues no recuerdo –respondió el-. Tal vez no te puse atención… ¿Qué clase te toca?
Una sonrisa se dibujó en el rostro sonrojado de la ojiverde.
-Pociones –respondió ella.
-¡Pobre de ti! –Dijo el muchacho mirándola con compasión- Te toca con Snape… ¡Un momento! En pociones es donde deberías recoger tu cabello… ¡Pequeña, tu sí que estás al revés!
-Mmm… Dime, Corleone –dijo la muchacha con seriedad- ¿En verdad crees que me veo bien con el cabello suelto?
-Sí –respondió el-, luces muy bien.
-Entonces es obvio que debo soltármelo en la clase de pociones –dijo la chica sonriendo misteriosamente-. Bueno, me voy antes de que llegue tarde. No quiero que mi "precious" me castigue.
La chica salió hacia el aula dejando al muchacho solo.
-¿Su… "Precious"? –pensó Tony.
Bárbara pasó junto a Harry, Ron y Hermione saludándolos rápidamente para entrar al aula. Cuando Harry entró a la mazmorra donde Snape impartía la clase, dio un traspié y Ron lo sostuvo para evitar que se cayera y, como la última vez quedaron en una pose algo comprometedora. Malfoy, quien pasaba por ahí junto con Pansy Parkinson, Crabbe y Goyle, le dirigió una mirada burlona.
-¿Qué? –Dijo Malfoy sonriendo socarronamente- ¿Ya andan de novios, Potter?
-Ya cállate Malfoy –dijo Hermione molesta.
-¿Qué te pasa, Granger? –dijo el rubio en un tono falsamente compasivo- ¿Celosa por que te quitaron a tu novio?
-¡Oh, vamos Draco! –comentó Pansy mirando a la gryffindor con maldad- Si bien sabes que Granger es una invertida…
En ese momento, el Chúntaro saltó en defensa de Hermione. Snape aún no llegaba a la mazmorra.
-¡Chaleeee! ¡Ya déjala en paz, Herpes! –dijo el muchacho mirándola envalentonado.
-¡Es Parkinson, sangresucia! –lo corrigió Pansy con una mirada de odio.
-'Ta bien, "Parquesón sangresucia" –dijo el mexicano-. Igual, es una enfermedad re-gacha… Pero que una cosa te quede bien claro: La "Jermayonesa" podrá ser gruñona, mandona, pegona y algo machorra en muchos aspectos… ¡Pero eso no le quita que está re-sabroooooosa!
La gryffindor volteó a mirar al muchacho sin entender el punto.
-¿Qué? –inquirió mientras se sentaba en su lugar.
-Vaya, ¿Quién lo diría? –dijo Draco Malfoy riendo- Por fín alguien se fijó en ti, Sangresucia… Y no me sorprende ¿Quién mejor que Pérez para salir con una basura como tú, Granger?
-Pérez quiere a Granger –canturreó Pansy Parkinson con burla.
-Pus sí… la verdad me encantaría llevármela a rechinar el catre –dijo el mexicano-¡Pero nomás no se dejaaaaa!
-Ya cállate, Parkinson –saltó Ron-. Que nadie se fije en ti no es razón para que molestes a Hermione ¡Déjala vivir su romance en paz!
-¡Cállate Ron! –exclamó Hermione sumamente irritada y sonrojada.
-Weasley quiere a Granger –canturreó Millicent Bulstrode alegremente.
-¡Ya basta! –gritó Harry.
-Potter quiere a Weasley –canturreó Draco malfoy en el mismo tono burlón.
Zuce se levantó de su silla molesta.
-¡Ya párale, Malfoy! –gritó la regiomontana.
-Zuce quiere a Potter –canturrearon las gemelas Buddinger de Slytherin.
-No lo creo –comentó Vincent Crabbe.
-Crabbe quiere a Zuce… -canturreó Millicent Bulstrode mientras lo apuntaba burlonamente.
-¡Ya! –gritó Goyle levantándose de su silla molesto.
-Goyle quiere a Crabbe –canturreó Bárbara mientras Regina se reía, después de todo, ellas sabían como era ese par de chicos.
Draco Malfoy agarró a Crabbe y a Goyle y los sentó bruscamente.
-¡Ya cállense, idiotas! –susurró el rubio.
-Draco quiere a Crabbe y a Goyle –canturrearon Seamus Finnigan y Dean Thomas con una risita burlona.
Regina Bladó se levantó de su silla.
-¡Eso es estúpido! –exclamó la mexicana, sin saber por qué lo hacía- No creo que Malfoy sea tan goloso…
-Regina quiere a Malfoy –canturreó de nuevo Bárbara mirando a su amiga.
Una sonrisa se dibujó en el rostro del rubio, quien miró a Regina ilusionado.
-¿En serio? –preguntó Malfoy a Regina con sus ojos grises iluminados de la alegría.
-¡NO! –Exclamó Regina molesta y con expresión de asco.
-No quieren a Malfoy –corearon todos los de Gryffindor.
-¡Claro que sí! –exclamó Pansy Parkinson sonrojada.
-Pansy quiere a Malfoy –cantó Regina quien más que contenta, parecía algo irritada.
-¡Ya paren esto! –Exclamó Neville- Si llega el profesor Snape, vamos a tener muchos problemas…
-Neville quiere a Pansy –corearon slytherins y gryffindors.
Pansy volteó a ver a sus compañeros de Slytherin sin saber por qué se habían burlado de ella.
-¡Ya dejen en paz a Neville! –gritó Bárbara.
-Bárbara quiere a Neville –corearon abrazadas Zuce y Regina burlonamente.
En ese momento, Severus Snape entró al salón atraído por la algarabía de sus alumnos alcanzando a escuchar el corito de Zuce y Regina sobre Bárbara Mondragón y Neville Longbottom.
-¿Cómo que Mondragón quiere a Longbottom? –inquirió Snape visiblemente molesto desde la puerta.
Todos voltearon a mirar al profesor y misteriosamente, comenzaron a sonreír con malicia… segundos después, comenzaron a corear:
-El profesor Snape quiere a…
-A-Bárbara-para-llevársela-a su oficina-y-darse-un-encerrón-en-el-armario-para-arrancarle-la-ropa-con-los-dientes-y –hacerle-todo-lo-que-siempre-ha-querido –canturreó Regina por lo bajo de manera tan acelerada que nadie le entendió.
Todos, incluyendo al profesor Snape se volvieron a mirar a Regina.
-¿Qué? –preguntaron entre todos.
-No, nada, nada –dijo Regina-. Continúen…
-El profesor Snape quiere a Bárbara –corearon todos excepto el mencionado profesor, cuyo rostro estaba completamente ruborizado.
-¡Alguien detenga esto, por favor! –imploró Neville casi llorando.
-Neville quiere a Bárbara –corearon todos los alumnos.
-¡Ya déjense de estupideces! –exclamó Snape con un dejo de ira en su voz susurrante
Entonces todos canturrearon:
-Snape quiere a Neville…
-¡Qué asco! –exclamó Harry quien se había imaginado una escena nada casta entre los aludidos.
-Potter quiere al profesor Snape –canturrearon algunos Slytherin con burla, sabiendo que en realidad Harry odiaba a Snape.
-Antes muerto que algo así –comentó Ron levantándose de su asiento.
-Weasley quiere a Potter –canturreó todo el salón, incluso Hermione, quien ya era parte de todo ese escándalo.
-Mas bien el culo de Potter –murmuró Regina a Zuce, quien soltó una risita.
-¡Yá parenleeeeee! –Exclamó el Chúntaro- ¡Ya chole con estoooooo! Ya hasta me marié…
-Pérez quiere a Potter –canturrearon todos.
-¡YA BASTA! –Vociferó Snape quien ya había perdido los estribos- ¡NADIE QUIERE A HARRY POTTER!
-De hecho –mencionó Malfoy-. Ni siquiera sus padres, por algo se murieron tan fácilmente…
-¡Joven Malfoy! –amonestó Snape, no le habra importado, de no ser por que en esa frase había estado implicada Lily Evans.
-El profesor Snape quiere a Malfoy –canturrearon todos los estudiantes que ya no estaban divididos, por primera vez Slytherins y Gryffindors se habían unido, aunque sólo haya sido para molestarse entre sí.
-¡Claro que no! –Gritó Bárbara levantándose de su asiento- ¡Están locos!
-Bárbara quiere a Snape –corearon todos.
-¡YA CALLENSE!-Gritó exasperado el profesor de pociones- ¡NADIE QUIERE A NADIE!
Un silencio sepulcral invadió el aula para el alivio del profesor, el cual duró poco ya que en medio de la quietud se escuchó una voz fingida, que Snape nunca supo, ni imaginó que era de Neville Longbottom.
-Nadie quiere a Snape –cantó.
-¡Nosotras lo queremos! –dijeron las tres mexicanas al unísono mientras se paraban.
Todo el grupo comenzó a canturrear de nuevo.
-Las venenosas quieren a… ¡Un momento! ¡Eso todo el mundo lo sabe!
En ese momento, ya nadie dijo nada. Severus Snape recorrió a toda la clase con sus ojos negros para ver si alguien salía con otro chistecito.
-Ya que terminaron con sus… declaraciones románticas –dijo el profesor en un susurro- ¿Puedo dar mi clase?
Todos los de Slytherin asintieron junto con algunos de Gryffindor. Snape recorrió al grupo con sus ojos negros entrecerrados.
-Y son treinta puntos menos para Gryffindor –dijo en voz queda.
-¡Pero si los de Slytherin empezaron, señor! –dijo Hermione molesta.
-Nadie le dio permiso de que hablara, Granger –apuntó el profesor-. Además, no importa quien haya empezado, lo importante fue que ustedes lo continuaron. De no haber sido así, nada de esto habría pasado. Vamos a ver la fabricación de una poción para curar forúnculos. Señorita Mondragón, ¿Podría decirme cuales son los ingredientes para esta poción?
-Los ingredientes son: Ortiga Seca, colmillos de serpiente aplastados, pedazos de cuerno y púas de erizo, profesor.
-Muy bien, Mondragón –dijo Snape-. Son diez puntos para Slytherin.
Hermione chasqueó la boca, siempre que Snape hacía una pregunta de la cual ella sabía la respuesta, éste la ignoraba completamente por más que levantara la mano. Sin embargo, a Bárbara, que siempre parecía estar en las nubes, en otro mundo durante la clase de Snape, ya que se la pasaba observando al profesor con un brillo especial en sus ojos verde grisáceo, el profesor siempre le hacía preguntas, las cuales misteriosamente siempre contestaba bien.
Todos se pusieron en parejas para hacer la poción que Snape les había dicho que hicieran. La clase pasó sin más incidente que la explosión del caldero de Neville Longbottom y Brayan Pérez, quienes hicieron equipo. Snape examinó los calderos de cada uno de los del grupo, como siempre criticando a todos, o en su defecto, ignorándolos con excepción de Bárbara y Malfoy quienes hicieron su trabajo ayudados por Zuce y Regina, respectivamente.
Al salir de la clase de pociones, Bárbara se quedó un momento en el despacho de Snape ya que la chica se había ofrecido a ayudarle al profesor a revisar unos trabajos de los niños de primero. Regina y Zuce salieron del despacho dejando a su amiga a solas con el profesor. En ese momento, un niño de primero de cabello cobrizo y ojos sorprendentemente azules llamado William Dembrough "Bill el tartaja", como lo llamaban algunos o "Gran Bill" como lo llamaban sus amigos llegó corriendo con ellas.
-S-s-se-señorita Re-regina Bladó, l-la m-ma-ma-manda lla-llamar la pro-profeso-sora McGonagall –dijo el niño.
Regina se volvió hacia su amiga regiomontana.
-¿Vamos? –preguntó Regina a su amiga.
-Paso –dijo Zuce-, mejor las espero en el árbol que está junto al lago.
-Va –dijo Regina y se fue con el niño tartamudo.
Zuce se encaminó hacia el haya que estaba junto al lago, sonriendo al pensar en la cara del niño que las había ido a buscar al ver como Regina le sonreía con coquetería. Se recostó en el césped bajo la sombra de ese árbol cerrando los ojos con los brazos bajo su nuca. La suave brisa soplaba haciendo que algunos de sus cabellos le hicieran cosquillas en la nariz. Abrió los ojos ligeramente para ver las nubes pasajeras en ese cielo azul, pensando en su casa, sus padres y su pasado. Momentos muy amargos pasaron por su mente, como el día en que murió "Cokis", su perrita cocker. Pero también otros dulces como la miel, o aquellas tardes que ella y su amiga Gaby, pasaban jugando poker, apostando a personajes de anime que les gustaban. La regiomontana no pudo evitar reir al recordar esto. Cerró nuevamente los ojos, dejándose llevar por sus sentidos, por los aromas y sonidos que la envolvían, también pensó en sus nuevas amigas, las cuales había hecho al llegar a Hogwarts, como el día en que Bárbara se quedó dormida sobre una mesa mientras hacían un proyecto, y Diós sabrá qué estaba soñando, que la ojiverde murmuraba cosas como:
-¡Oh, Snape! Eres tan ardiente que podría cocinar galletitas en ti.
Y no les habría importado en lo más mínimo, de no ser por que el susodicho profesor se acercaba rápidamente a su mesa para mirar su trabajo, y mientras Regina zarandeaba a Bárbara bruscamente para despertarla, ella tomaba un trapo del piso para limpiar las babas que cubrían gran parte de la mesa, pero no pudieron despertarla, y al no haber otro remedio, Regina tomó un delineador negro y dibujó un par de ojos sobre sus párpados y la acomodó de tal manera que pareciera que ponía atención durante la clase, mientras que ella extendió el trapo sobre la mesa ya que no había podido limpiar por completo la mesa. Zuce comenzó a reír estridentemente con este recuerdo, ya que tiempo después se enteraron que el dichoso trapo que usaron para limpiar, era en realidad la capa de Neville, quien se la había quitado por que hacía mucho calor.
También recordó cuando secaban las lágrimas de Lenore después de la muerte de uno de sus queridos "bebés" como ella y James los llamaban, del discurso que Regina hizo por la muerte de la sanguijuela, mencionando los grandes logros de ésta, los cuales nunca ocurrieron, pero aún así fue enternecedor. Entonces, le vino a la mente la vez que Bárbara le ganó a Cedric en las vencidas, dejando al muchacho muy sorprendido, tanto, que le exigió la revancha otras veinticinco veces.
Zuce estaba con todo aquello en su mente, sintiéndose felíz. Ya había pasado algo de tiempo, el sol tocaba su cara cuando una sombra cubrió su rostro. La chica se extrañó, no podía haber oscurecido tan pronto, por un instante pensó que se trataba de sus amigas, y abrió los ojos encontrándose ante tres ravenclaws. Una de ellas, era Marietta Edgecombe, Jessica Mayers, y nada menos que Cho Chang. La slytherin se levantó de inmediato, pues sabía que la presencia de Chang no auguraba nada bueno. La mirada de la joven asiática era de desprecio y en sus labios había una sonrisa de burla con un dejo de hipocresía, el cual le indicaba a la slytherin que debía cuidarse; en ese momento, la ravenclaw ya la apuntaba con su varita, mientras que las otras dos miraban a la mexicana con malicia. Zuce sabía que se encontraba en serios problemas. Discretamente, trató de sacar su varita en un intento por defenderse, sin embargo, eso no funcionó, ya que Cho lo notó, y cuando la mexicana hacía el ademán de levantar la varita hacia ella, ésta le lanzó un rictusempra dejándole la mano muy herida y su varita muy lejos de ella, antes de que pudiera gritar, Marietta le lanzó un hechizo palalingua, el cual provocó que su lengua se le pegara al paladar. Zuce cayó al piso sobándose la mano, lo cual, aprovecharon las otras dos para tomarla de los brazos violentamente evitando así que se moviera.
Cho caminó hacia ella tranquilamente viendo el sufrimiento de la slytherin, gozando de el. Cho la rodeó lentamente disfrutando el momento, una vez que se plantó frente a ella, puso la punta de su varita bajo su mentón haciéndola levantar su rostro.
-No debiste meterte con mi novio –dijo la chica con un tono cínico y burlón-. Yo traté de que esto no pasara, traté de alejarlo de ti de mil maneras posibles, pero tú seguías haciéndote la mustia, y así las cosas no pueden salir bien. Y ahora, tendré que hacer algo que no quiero –dijo y entonces sonrió-. O tal vez sí… Solo espero que una cosa te quede bien clara… niña. El es mío y de nadie mas. Mas te vale, que guardes tu distancia, por que la próxima vez, no seré tan generosa. ¿Pero qué me puedo esperar? Eres una Slytherin… todas ustedes son de lo peor.
Ante estas palabras, la mexicana se retorció entre los brazos de las otras dos, casi se zafa, pero una de ellas le dio una patada en la corva de la rodilla haciéndola caer.
Mientras tanto, Bárbara y Regina caminaban por los pasillos del tercer piso platicando alegremente.
-…Y entonces besé a Dembrough y se puso tan rojo y tartamudeó… Mas de lo que ya lo hace –platicaba Regina sonriendo con picardía- estaba a punto de besarlo de nuevo cuando Fred y George aparecieron por una esquina y tuve que…
-¡Basta, Regina! –dijo Bárbara poniéndole un brazo en frente para detenerla, la ojiverde miraba por la ventana hacia abajo.
-¡Mmmta! ¡Ya no te vuelvo a contar nada! –dijo la ojiazul un poco sentida.
-Mira para allá –dijo Bárbara muy seria apuntando hacia la ventana.
Regina se acercó a la ventana para poder vislumbrar mejor la escena que se llevaba acabo en el patio. Vieron a Cho Chang apuntando a su amiga con su varita mientras las otras dos ravenclaw la sostenían.
-¡Córrele, wey! –Ordenó Bárbara- Zuce nos necesita.
Regina asintió y corrió tras su amiga.
En el patio mientras tanto, Cho empezaba a lanzar hechizos a diestra y siniestra sin ninguna compasión a la mexicana que ya estaba débil por tanto castigo. Sabía que no podía gritar y menos escapar. Solo cerró los ojos esperando que pronto acabara.
Cho levantó la varita dispuesta a atacar de nuevo cuando…
-¡Expeliarmus! –gritó Regina desarmando a Cho mientras corría hacia el lugar junto con Bárbara que iba con una mirada de odio hacia ella.
-¿Oye qué hacemos, Cho? –preguntó Marietta asustada.
-Ahí vienen esas dos y yo no quiero tener problemas con las venenosas –dijo Jessica Mayers.
-¿Qué le tienen miedo a esas? –Dijo Cho- ¡Nosotras somos tres!
-¡Quédense ustedes, yo me voy! –dijo Mayers.
-Yo me voy con Jessica –replicó Marietta mientras corría tras su amiga- ¡Mondragón me da miedo! Vele la mirada…
Las dos chicas se fueron corriendo ante la mirada atónita de su compañera quien lo único que atinó a hacer fue tomar su varita para tratar de defenderse, ya que sabía que las dos venían para proteger a su amiga, y conociendo la reputación de las venenosas, no le iría nada bien. Regina se fue tras las otras dos.
-¡Vengan para acá pinches coyonas! –Gritaba fúrica la ojiazul- ¡A ver si conmigo son tan machitas, perras!
Cho estaba a punto de atacar por la espalda a Regina, cuando Bárbara le lanzó un expeliarmus dejándola desarmada, y sin la más mínima oportunidad de defenderse. Bárbara se acercó a ella aún apuntándola. En eso, Regina fue corriendo junto a Azucena, encontrándola casi inconsciente.
-Regina –ordenó Bárbara-, llévate a Zuce a la enfermería de inmediato.
-Pero Bárbara…
-¡¡¡Dije ahora!!! –Dijo la ojiverde mirando con desprecio a la ravenclaw- ¡Es para hoy!
Regina solo asintió poniendo el brazo de su amiga en su hombro para llevarla hacia la enfermería.
Una vez que estuvieron lo suficientemente lejos, Bárbara lanzó bruscamente su varita al suelo y se arremangó la túnica ante la mirada sorprendida de la joven oriental, la cual esperaba una respuesta… ¿Qué pasaba por la mente de Mondragón en esos momentos?
-Ahora sí, pendeja ¡Ya te cargó el Pennywise! –dijo la mexicana mirando a Cho con fiereza.
-¿Qué vas a hacer, Mondragón? –titubeó Cho.
-¡Vamos a arreglar esto al viejo estilo muggle! –replicó amenazante la ojiverde.
-¿De qué estás hablando, Mondragón?
-¡Qué ahorita mismo te parto el hocico, pendeja ojos de alcancía! –respondió Bárbara antes de abalanzarse sobre ella.
Bárbara se arrojó sobre Cho arremetiendo contra ella a golpes y arañazos, con mordidas y palabrotas. Las dos muchachas rodaban por el suelo salvajemente. La ravenclaw no podía evitar llorar, sabía desde el primer momento en que la vió que no iba a terminar bien. Jamás pensó que le fuera a doler tanto, y es que no se imaginaba que esa chica tuviera tanta fuerza. En ese momento, Bárbara sintió unos brazos que se aferraban a su cintura jalándola de encima de su presa. La mexicana se jaloneaba de sus brazos y llegó un momento en que logró zafarse cayendo nuevamente sobre una desprevenida Cho Chang quien solo lanzó un grito de dolor al sentir la presión de la chica sobre ella y un tirón en el cabello.
-¡Ya basta, Mondragón! –Dijo Snape tomándola nuevamente de la cintura, y apartándola una vez más de la otra chica- ¡Cálmese por favor!
-¡No! ¡Déjeme reacomodarle el rostro a esta….! ¡Va a ver que ni su madre la va a reconocer! –gritaba la joven moviéndose violentamente entre los brazos del maestro quien con mucho trabajo la sostenía.
-¡Por favor, profesor! –Dijo Cho, quien estaba levantándose del suelo toda desgreñada y con la ropa rasgada- ¡No deje que esta salvaje se me acerque! ¿Cómo es posible que permitan entrar a esta escuela a gente como esta? –Añadió la asiática con odio- ¡Es una…! ¡MI NARIZ!
Bárbara intentó lanzar una patada, pero lo único que logró fue que uno de sus zapatos se zafara y saliera volando para estrellarse justo en la cara de la ravenclaw rompiéndole la nariz.
-¿Ya ves, pendeja? –Dijo Bárbara riéndose.- ¡Para la próxima te rompo algo más que la nariz de puerco que tienes! Es más, tendrán que recogerte con pala del suelo…
-¡Ya fue suficiente, Mondragón! –Vociferó Snape alejándose con la chica en brazos- ¡Chang, diríjase a la enfermería de inmediato!
Severus Snape llevó a Bárbara arrastrando hasta su oficina mientras ella seguía pataleando y maldiciendo. La colocó sobre la mesa, la miró a los ojos y le habló de manera enérgica para que la muchacha entendiera.
-¿Puede decirme qué demonios la poseyó para cometer una estupidez de semejante magnitud? –dijo seriamente con un tono irritado mirándola a los ojos.
-Es que… Profesor –balbuceó la muchacha- Es que… ¡AAARRGH! –gruñó la chica haciendo berrinche frente al profesor.
-¿Esa es su explicación, Mondragón? –Inquirió Snape molesto con sus ojos negros fijos en los verdes grisáceos de ella. El rostro del profesor estaba tan cerca del de la joven que ésta estaba sonrojada, lo cual el profesor notó desde el primer momento, pero lo atribuyó a la furia que sentía la chica- ¿Con eso va a defenderse?
-¡Es que esa tipa estaba atacando a mi amiga! –Explicó la muchacha exasperada- ¿Qué quería que hiciera? ¿Qué me sentara a comer palomitas mientras la lastimaban? ¡Esas cobardes estaban….!
-¡Ya basta, Mondragón! –La interrumpió Snape bruscamente- Yo no vi a nadie mas que la señorita Chang y a usted. Y la señorita Chang no se veía muy amenazadora.
-Es que esa bola de coyonas se fueron huyendo, profesor –replicó la muchacha exasperada-. Y yo le ordené a Regina que se llevara a Zuce a la enfermería…
-¡Ah! –Interrumpió Snape- ¿Así que la señorita Bladó también estuvo involucrada? ¿Y donde esta ella ahora que no está defendiéndola?
-Ella está en la enfermería con Zuce –respondió la muchacha con el rostro enrojecido-, ya se lo dije…
-¿Y que la señorita Montemayor no puede estar sola? –replicó el profesor en tono sarcástico- ¿O es que acaso necesita que le lean un cuento?
-No, profesor –contestó la ojiverde-, ella la fue a acompañar en lo que yo me encargaba de Chang…
-Claro –dijo Snape con ironía.
-¿Qué acaso usted cree que me le aventaría así a esa tipa por nada? –inquirió la muchacha con los ojos fijos en los del profesor
-Realmente si lo creo; usted es capaz de eso y muchas mas bestialidades –respondió el jefe de Slytherin ante la mirada sorprendida de la muchacha-. Lo que no puedo comprender es que demonios en su cabeza le dijo que esa era una buena opción.
-Es que la estaban atacando, profesor –replicó Bárbara-. Yo no iba a permitir que…
-Me importa poco lo que le ocurra a su amiga –cortó Snape-. Esa no es razón suficiente para mí.
-¡Ah! –Dijo la muchacha molesta- ¿Ahora resulta que usted apoya que venga una bola de montoneras y ataquen a una sola persona en grupo?
-¡¡CALLESE!! –dijo Snape alzando la voz
-No –replicó Bárbara levantándose-, usted me va a escuchar…
-¡QUE SE CALLE! –Gritó Snape sentándola de nuevo- Yo no apoyaría algo así, pero si a su sagrada amiguita la están lastimando ¿Qué no podía tomarse dos minutos para ir a mi oficina y pedir mi ayuda o a cualquier otra persona? ¿Qué es usted una bestia o que? ¿Que no estoy yo aquí para cuidarlas? ¿No soy yo acaso el jefe de su casa, el encargado de su bienestar? ¿Acaso no confía en mí, en que las protegería?
-No se trata de eso profesor, ella es mi amiga –respondió la chica-, y escúcheme lo que voy a decir, eso lo haría por la gente a la que quiero, lo habría hecho por Regina, por Lenore o Sybella… y aunque yo se que usted no lo necesita, igual... lo haría por usted –añadió Bárbara bajando la mirada.
Snape la miró unos segundos, el gesto de su rostro se suavizó por unos instantes pero inmediatamente volvió a tomar su actitud fría.
-Ya lo dijo usted, no lo necesito –respondió el profesor-. Y aun así, usted es una dama ante todo... o al menos eso quiero creer, ya que se comporta como bestia. Y además… ¿que clase de pelea es esa? Revolcándose en la tierra como animales ¿Para que están sus varitas entonces? Pudo haber hecho algo mas… civilizado.
-¡Ahhh! –Dijo Bárbara con un dejo de ironía en su voz- Ahora resulta que voy a llegar y decirle: "Cho te reto a un duelo" mientras la golpeo en la mejilla con un guante blanco… ¿No?
-No se burle, que esas son mi raíces –dijo Snape mirándola con los ojos entrecerrados.
-No me burlo –replicó la chica.
-¡¡¡CALLESE!!! –La volvió a interrumpir duramente el profesor de pociones que se encontraba ya muy molesto- Estoy muy seguro que la señorita Chang no llegó a tomarla del cabello o dígame, ¿Ella la empujó?, ¿La golpeó? ¿Fue un ataque físico hacia usted?
-No yo venia por el tercer piso y...
-Eso no tiene nada que ver –dijo el profesor mirándola con dureza- ¿dónde acabaron sus varitas?
-Yo la desarmé, le hice un expeliarmus –explicó la chica- Y como yo no soy una cobarde como ella, lancé mi varita a la chingada y le puse una madriza.
-Claro y eso es lo mas inteligente del mundo –dijo Snape sarcástico-. Como se nota que usted es una niña, podría tener la edad de su abuela y aun así no aprendería a usar la cabeza. Ya que estaba desarmada ¿No podría petrificarlay venir a buscarme, para pedir mí ayuda? ¡¡No!! Tenia que aventársele como una fiera dando un espectáculo atroz
-La única queja que oí fue la de usted –respondió la chica acariciándose el mentón con una sonrisa de suficiencia en el rostro.
Severus Snape supo con solo verla que la joven se burlaba y ni muerto iba a permitir que una estudiante se mofara de el, aún si fuera su alumna predilecta, ella tenía que aprender a respetar, así tuviera que echarle en cara lo estúpida que fue.
-¿Y piensa que a los demás les importa si usted se ve como una callejera? –Espetó Snape- Por que por lo que veo a usted le enorgullece andar por ahí con la ropa desgarrada, el rostro rasguñado y el cabello revuelto. Ha dado un espectáculo horrible el día de hoy, para mi es asqueroso el verla así, aunque claro, usted debe estar muy orgullosa al demostrar de donde viene.
-¿¿Está insultando mi país?? –Susurró Bárbara mirándolo con sus ojos verde grisáceo entrecerrados con ira- ¿Cómo se atreve…?
-Insulto lo que quiera, señorita –respondió el con suficiencia- además con esa actitud tan vulgar que me muestra aquí, donde debería de mostrar mas respeto, deja una muy mala imagen de su precioso país… ¡Pobres de sus padres que deben aguatarla toda la vida! Afortunadamente yo me libraré de usted cuando salga de aquí.
Al oir esas palabras, Bárbara sintió un nudo en la garganta y una lágrima que se le escapaba.
-¿Está orgullosa Mondragón? –Inquirió Snape sin quitar sus ojos negros de ella, le dolía el herirla tanto, pero ella tenía que aprender, aunque fuera por las malas- Míreme a los ojos y dígame si esta orgullosa. De haber sido la profesora McGonagall quien la hubiera encontrado, estaría expulsada ¿Esta orgullosa?
Bárbara bajó la mirada. Severus vió los ojos llorosos tras los mechones de cabello rojizo que le cubrían el rostro.
-No –respondió ella-, no me enorgullezco.
-Pues por el tono de hace rato cualquiera diría que si –opinó Snape sin retirar la mirada de ella-. Que le enorgullece hacer el ridículo. Quise pensar que era mas madura, pero con su comportamiento de hoy me ha demostrado lo contrario…
-Es que… usted… nunca… nunca va a entender –dijo Bárbara con voz temblorosa.
-Si usted me hubiera pedido ayuda yo hubiera ido sin pensarlo dos veces –dijo Snape-. Pero no, prefirió hacer las cosas a su modo. Prefirió ignorarme, hacerme a un lado…
-Yo… yo tenía que protegerla, es mi amiga.
-¿Y que acaso yo no podía cuidarla también? –Inquirió Snape sin dejar de mirarla con un dejo de dolor en sus ojos- ¿tan poca confianza me tiene?
-Profesor… pero es que...
-No, Mondragón míreme a los ojos ¡Y míreme bien! –dijo el profesor de pociones acercando su rostro al de ella haciendo que ésta lo mirara directamente-. Yo estoy aquí para cuidarla, para protegerlas a usted y a sus amigas y sabe que si hay alguien en esta escuela a quien no odio, es a su grupo y a usted ¿No podía contar conmigo? ¿No podía tomar aunque fuera unos segundos de su tiempo y pedir mi ayuda? ¡Yo siempre voy a estar para ustedes! ¿Y usted no es capaz de pedirme que la auxilie?
Bárbara lo miró unos segundos y desvió la mirada. Sus ojos estaban cristalinos, pero no quería llorar. No quería... no debía.
-Es que... cuando he tratado de acudir a alguien, nadie me ha escuchado.
-¿Y yo? ¿Cuando no he estado para usted? –Insistió Snape decepcionado- ¿Yo cuando no la he apoyado? ¿Cuando la he tratado mal sin razón?
-Usted, nunca me ha tratado mal –murmuró la ojiverde con la mirada baja- es solo que... solo… ¡Perdóneme!
La voz de Snape se tornó un poco más benigna.
-¿Por que no pudo confiar en mi? –insistió Snape mirándola a los ojos. Pareciera que le dolía el que la chica no hubiera acudido a el en primera instancia.
-Es que, yo vi a mi amiga siendo atacada y solo... –explicó Bárbara- no pude evitar ir... no pensé... es que… ¿Que habría hecho usted en esa situación? ¿Qué hubiera hecho si una bola de montoneros lo atacara? Usted acaso… ¿No hubiera querido usted que alguien lo defen...? -Bárbara se interrumpió y lanzó un suspiro- ¿Qué tonterías estoy diciendo? ¿Quien se atrevería a meterse con usted? –dijo la chica y entonces lo miró con devoción, como quien mira a su más grande héroe- si usted es... Severus Snape…
Con esa última frase, Snape se sintió desarmado; sin quererlo, ella le había hecho saber lo mucho que lo admiraba. En ese momento se dio cuenta de que Bárbara lo veía a el como un hombre invulnerable, fuerte… como un ejemplo a seguir… Si ella supiera…
-Olvídelo Mondragón –dijo el profesor llevándose una mano al rostro-, solo váyase. Pero entienda algo... no quiero volver a verla en una situación así, soy su maestro y estoy para cuidarla... no quiero que vuelva a tener problemas con la señorita Chang, no quiero que se le acerque... es mas, si es posible, ni la mire. Por esta vez, lo pasaré por alto… pero espero que no haya una segunda. Ahora váyase.
La muchacha lo miró sin entender y lanzo un leve suspiro de tristeza. Se acomodó un poco el cabello y la ropa.
-Si me ven salir así de aquí, pueden pensar muy mal –pensó la chica al salir del despacho.
* * *
Cedric Diggory iba rumbo a la enfermería cuando se topó con Regina. Marietta y Jessica le habían dicho que Bárbara Mondragón había atacado a Cho, su novia. El muchacho iba en esos momentos a la enfermería para visitar a su chica. No podía entender cómo Bárbara, quien le había parecido agradable tan solo la noche anterior, hubiera atacado a Cho, sin embargo, no estaba tan desconcertado, después de todo, era una slytherin, y por lo general los estudiantes pertenecientes a dicha casa no tenían muy buena fama.
-¡Cedric! –saludó la ojiazul al verlo.
-¿Bladó? –respondió el muchacho muy serio.
-¡Ora, ora! –Dijo la chica sorprendida- ¿Y por qué tan gestudo? ¿Desde cuando me hablas por mi apellido?
-Me acaban de decir que tú amiga Bárbara golpeó a Cho –dijo Cedric muy serio.
-Ah, veo que las amiguitas de tu novia ya te fueron con el chisme –dijo Regina molesta.
-¿O sea que sí es cierto? –inquirió el muchacho mirándola con reproche.
-Si, es cierto –reconoció Regina con seriedad.
-¡Pues tu amiga es una salvaje! –comentó Cedric encaminándose a la enfermería.
-Si, puede que Bárbara sea una salvaje, pero tu noviecita se lo buscó –dijo Regina con ira-. Por si no lo sabías, tu noviecita del alma y sus amiguitas atacaron a Azucena estando sola. Ahora mismo está en la enfermería también, pero entiende bien una cosa, Diggory –dijo la chica tomándolo por la corbata-. Si Azucena no se recupera de esto, ve dando a tu noviecita por muerta, por que se le va a aparecer el diablo.
El muchacho miró sorprendido a la ojiazul, quien no se inmutó al ver la mirada de sorpresa en los ojos del joven.
-¿Zuce está en la enfermería? –Exclamó el muchacho con preocupación.
-¿Eso no te lo dijeron, verdad? –Inquirió la mexicana echando su cabello negro hacia atrás- Mira nada mas que lindo, solo te dijeron lo que les convenía.
-¿Pero Zuce está bien? –preguntó el joven hufflepuff sumamente preocupado y apenado, después de todo lo que le habían dicho, resultaba que quien había comenzado el pleito había sido Cho
-La cosa no pasó a mayores gracias a que la "salvaje" y yo llegamos para pararles su pedo –explicó Regina-. Y perdóname, pero tu novia es una pinche abusiva y sus amigas unas cobardes, por que nomás nos vieron llegar y corrieron dejándola sola. Deberías ver mejor con quien te relacionas. Ahora, si no te importa, tengo qué buscar a la salvaje de mi amiga… Pendejo…
-Escuché que el profesor Snape se la llevó –dijo el chico tratando de arreglar las cosas, mirando como la joven se alejaba maldiciendo.
-Bien, gracias… Diggory –dijo la mexicana-. Imbécil… de Hufflepuff tenía que ser… -susurró por lo bajo aunque con el suficiente tono como para que el muchacho escuchara la frase, la cual sintió como una gran roca que le caía encima.
Bárbara salió de la oficina de Snape con la moral por los suelos, después de todo, el profesor le había dicho cosas muy hirientes, que, a pesar de no ser otra cosa más que sus verdades le dolieron en alma, y más por que había sido su querido profesor quien se lo había dicho, y no había titubeado en un solo momento lo cual la hacía pensar que realmente la odiaba, aunque por otro lado, el no había hecho otra cosa mas que reiterar una y otra vez que el estaba ahí para protegerla.
Bárbara iba caminando sin rumbo por los pasillos de Hogwarts sin notar siquiera que había pasado de largo a Regina; esta la miró muy consternada, notó algo en su rostro que no le gustó, estaba ensombrecido, como si no tuviera razones para vivir y más apurada que antes fue a su lado.
-¿Bárbarita? ¿Que tienes, mi vida? –Inquirió preocupada la ojiazul sin dar la oportunidad de responder- Te expulsaron, ¿verdad? ¿Te expulsaron por culpa de esa pinche perra? Pues ni te preocupes por que si no la mataste orita yo mismo voy y la mato…
-No, es que… -dijo la ojiverde como a punto de llorar- De todas las personas en esta escuela que pudieron pasar por ahí en el instante en el que me madreaba a Cho…
-¡Para el carro! –cortó Regina- En vez de estarte quejando, deberías estar agradecida de que fuera el profesor Snape quien te encontró y no cualquiera de "los amantes" –dijo Regina refiriéndose a McGonagall y Flitwick-, por que ninguno de ellos se hubiera tentado el corazón para sacarte de aquí. ¿Qué pudo haberte hecho para que reniegues así de el? Ya me dijiste que no te expulsó…
-Me habló muy feo.
-¡Por Dios! – Se exasperó Regina- El profesor Snape habla feo… Ora resulta que no lo conoces.
-Pos sí, pero a mí nunca me habla tan feo… ¡Y se siente re-gacho! Con decirte que me dijo que…
Bárbara le contó a Regina con pelos y señales todo lo que le dijo el maestro, con qué tono y con qué expresión, en momentos, Bárbara lo imitaba tan bien que Regina pudo sentir que el mismísimo Snape le hablaba, y por poco no logra contener un par de lágrimas que querían escapar de sus ojos.
-No pos sí te habló re gacho –dijo Regina-. Así hasta yo lloraba… Ni comparado con la vez que quise quitarle las teclas del piano para jugar dominó.
-Te dije que no vieras el chavo del ocho, pero tu necia… -dijo Bárbara- Y a todo esto… ¿Cómo supiste que el profe Snape me había agarrado en la movida?
-Pos el pendejo ese de Hufflepuff me lo dijo –respondió la ojiazul molesta.
-¿Cual de todos? –Inquirió la ojiverde- Bien sabes que los de Hufflepuff generalmente son medio babosos…
-Pos el único Hufflepufff que conocemos, Cedric Diggory…
-¿Y desde cuando tanto amor? –preguntó la ojiverde sarcásticamente.
-Me lo encontré cuando venía saliendo de la enfermería… y hubieras oído la sarta de pendejadas que me dijo… que si eras una salvaje, que si su pobrecita novia… Pinche vieja, me la paso por el arco del triunfo… y como era de esperarse, ni enterado de lo que la zorra esa le hizo a nuestra amiga. Eso sí… no se fue limpio, nadie te llama salvaje a no ser que te conozca y sea tu amigo. Y ese pendejo no tenía derecho… aún.
-Pos sí, pero toma en cuenta que Severus me llamó salvaje… y el no es mi amigo ni me conoce tan bien…
-Bueno, a menos que te conozca, sea tu amigo o en su defecto sea tu profesor de pociones –corrigió Regina enumerando con sus dedos.
-Es que me hubiera valido madres que me lo hubiera dicho cualquier otra persona… pero me lo dijo el…
-Pero obvio que no lo decía en serio, además… ¿No me dijiste que el wey te estaba reclamando una y otra vez por qué no fuiste por el? ¿No te dijo chingos de veces que el está para cuidarte?
-Pos si….
-A mí no me hace pendeja, a ese cabrón lo que le dolió es que no fuiste a pedirle ayuda –dijo Regina.
-Pues si… pero… no quiero parecer una inútil, o una debilucha… yo puedo cuidarme sola. Aparte eso de andar de chismosa me caga… lo sabes.
-Chismosa es una palabra muy fea –replicó la ojiazul-. No lo veas como chismear, velo como ser completamente Slytherin… es algo muy común en nuestra casa, nosotros somos quienes mantenemos el orden. El profesor hubiera estado muy orgulloso de ti. ¿Por qué crees que "Periquito Malfoy" era su favorito? Pos porque siempre lo mantenía informado de las pendejadas que hace Harry.
-Pues… viéndolo de esa forma… creo que no se oye tan mal…
-Lo sé, pero eso es lo de menos, lo importante ahora es Azucena, creo que deberíamos ir a ver a Zuce a ver si ya está mejor.
* * *
Cho se encontraba recostada en una de las camas de la enfermería, tenía varias heridas y golpes, según Madame Pomfrey, tenía mucha suerte de no haberse roto los huesos, ya que la fuerza con la que la habían golpeado fué brutal. Cho tenía varios vendajes y la naríz había recibido un gran daño, al parecer se la habían roto. Su uniforme estaba inservible y tenía enormes manchas de sangre y varias partes estaban completamente desgarradas, tenía suerte de estar vestida. Pomfrey no podía creer lo que veía.
-¿Quien te hizo todo esto? –Inquirió Pomfrey sorprendida mientras le revisaba la nariz- ¿Qué muchacho fue capáz de hacerte esto? ¿Cómo es posible que golpeen así a una niña como tu? ¿Acaso fue tu novio? Por que el será tu novio, pero eso no está nada bien, mi niña, con toda la confianza me lo puedes decir…
-¡Claro que no! –Dijo la muchacha casi horrorizada por lo que la señora se atrevía a pensar- ¡Cedric jamás me haría algo así! El me ama.
-Entonces… ¿Quien te pegó y qué hiciste para que alguien quisiera masacrarte de esa manera?
-Fue Mondragón, Bárbara Mondragón –respondió Cho avergonzada- ¡Y yo no le hice nada!
-¿Barbarita? –Inquirió incrédula la enfermera- ¡No puede ser, debes estar equivocada! Yo no creo que esa niña sea capaz de algo así… Es tan frágil… siempre se la pasa aquí con hemorragias… La última vez, el profesor Snape tuvo qué traerla por que tenía una hemorragia masiva. Me sorprende cómo es que siendo tan esbelta tiene tanta sangre.
Efectivamente, la última vez que el profesor Snape había tenido que llevar a la jovencita a la enfermería había sido por una hemorragia realmente fuerte, pero las razones eran muy diferentes a lo que la enfermera pensaba, ya que la chica no era nada débil, todo había sido a causa de una conversación que tuvo con sus amigas.
Bárbara venía caminando junto con Regina y Zuce, iban rumbo a la clase de pociones y la ojiazul decidió aprovechar que se encontraban solas para saciar sus dudas.
-Oigan chicas–dijo Regina-. Últimamente he estado pensando en algo raro. Y me preguntaba su opinión.
-Pos suéltalo, mana –respondió relajadamente Bárbara.
-Pues me pregunto si el profesor Snape usará toda esa tela para ocultar algo…
-¿De qué hablas? –Inquirió Zuce- ¿Qué podría estar ocultando?
-Bueno me refiero a que si el profesor Snape tendrá un… "marambote" –dijo la ojiazul haciendo ademanes extraños mientras Zuce comenzaba a reír.
Bárbara miró a su amiga extrañada.
-¿Marambote?
-Ya sabes, Bárbara… Un "anacondón", un "escalerón al cielo", un "garrotón", un "águila real", un "amigote", un "báculo sagrado", una "espadota", una "manguerota de bombero", un "Hot dog vikingo", un "silbatón", su "oso peluchón", su "floresota entre las matas"…
-¿Perdón? –dijo Bárbara.
-Un pitote, weey –dijo la regiomontana sosteniéndose el estomago por la risa.
-Eso –puntualizó Regina señalando con un dedo.
-Ah, te refieres a su… -dijo la ojiverde con el rostro colorado-. Pues, yo no sé… nunca se lo he visto… lamentablemente.
-¿Y a qué viene todo eso Regina? –Preguntó Azucena- ¿De cuando a acá te interesa si su… "ese" es "extralarge"?
-Bueno, es que, he estado pensando que la gente usa el negro para lucir mas delgado, ¿Qué tal si el lo usa para esconder su macho interno? Por que… si es así, a Bárbara le va a doler mucho, si ella es… si Bárbara es virgencita…
-Pues yo… su… ¿Grande? –Balbuceaba la ojiverde- ¿E-Enorme?
-¡Wey! –Amonestó Regina- ¡POR LO QUE MáS QUIERAS, NO VAYAS A DECIR JUGOSO!
-¡Regina! –Dijo Zuce alarmada- ¡No le des ideas!
En ese instante un chorro de sangre salió a presión de la naríz de Bárbara haciendo que cayera estrepitosamente al piso balbuceando cosas debido a la pérdida de sangre. En ese momento el mencionado profesor pasaba por ahí, y al escuchar la caída corrió hacia el lugar del incidente encontrándose con sus alumnas alarmadas y la ojiverde desangrándose en el suelo.
-¡Bien hecho, Regina! –dijo la regiomontana a modo de reproche.
-¡No fue mi intención! –dijo Regina.
-¿Qué le pasó a la señorita Mondragón? –dijo Snape tomando a la joven entre sus brazos.
-Profesoooor –dijo la chica débilmente aferrando su mano a su pecho- enséñeme su pe…
-¿Qué? –Dijo Snape alarmado- ¿Quiere que le enseñe que? Este no es momento para clases.
La mano de Bárbara comenzaba a temblar por el cansancio.
-Enséñeme… su… pen…
-¿Qué está haciendo ahí paradote, profesor? –Inquirió Regina impidiendo que el profesor escuchara lo que la ojiverde murmuraba- ¡Córrale! Si no Bárbara se nos desangra… ¿Acaso quiere usted que se muera? ¿Tanto la odia? ¡Además dice puras incoherencias!
-No, claro que no –balbuceó Snape cargando a la muchacha en brazos.
-¿Pues qué espera? ¡Ya estaría! –alegó Zuce tronando los dedos frente al aturdido maestro.
-¡Órale, llévesela a la enfermería! –Dijo Regina empujándolo- ¡Es para Hoy! ¡Pero en calientototote!
Snape corrió hacia le enfermería llevando a su alumna en brazos. Después de que Madame Pomfrey la examinara, las chicas llegaron rápidamente, se habían rezagado por que habían ido al salón a explicar la tardanza justo a tiempo para escuchar la conversación de la enfermera y el profesor.
-¡Ay esta niña! –Exclamó la enfermera- Pasa más tiempo muriéndose aquí desangrada que en clase…
-¿Y no tiene idea de qué pueda ocasionarle estos episodios? –inquirió el jefe de Slytherin con una gran preocupación.
-He hecho varios exámenes, pero al parecer la niña es… saludable en todo sentido –respondió la señora Pomfrey desconcertada- ¿Y Usted profesor? ¿Tiene alguna idea de que pueda ocasionarle esto? ¿No nota algo extraño?
-Yo no estaba en el momento del incidente, pero sus amigas sí –dijo Snape mirando a las muchachas que acababan de llegar-. Bladó, Montemayor… ¿Qué fue lo que pasó?
-Pues… ella estaba… Bien –dijo Zuce-, aunque yo venía de otro lado…
-¿Y usted, Señorita Bladó? –Inquirió el profesor fijado su mirada en la ojiazul- ¿No vió nada extraño?
-La verdad es que… ¡Yo la golpeé!
Snape la miró sin entender.
-Accidentalmente, claro está –replicó la chica mirando discretamente hacia los lados-. La golpee con… ¡La puerta del baño! ¡Sí! ¡Muy fuerte! ¡Justo en la nariz! ¡PAU! Hubiera visto… pero… estaba bien.
-¿Por qué quiso abrir su puerta del baño? –cuestionó Snape con una ligera expresión de desagrado.
-No sabía que estaba ahí.
-Pero… -agregó la enfermera- Las puertas se abren hacia fuera.
-Tampoco sabía esto –dijo la ojiazul encogiéndose de hombros.
Todo eso había ocurrido hacía una semana apenas, y había dejado a Madame Pomfrey muy impresionada. Le parecía increíble que después de perder tanta sangre se recuperara tan rápido, y más aún, que una niña tan dulce y frágil, fuera acusada de algo así…
-No puede ser, debes estar confundida –puntualizó la enfermera.
-No –replicó la ravenclaw-, estoy segura, fue esa tipa.
-Bueno, eso es lo de menos –dijo la enfermera-. Aquí hay alguien que quiere verte…
Cedric entró y se sentó junto a la muchacha, la cual estaba muy alegre de verlo, en comparación con el, quien la miraba con frialdad.
-Cedric, mi amor ¡Viniste a verme! –Dijo y luego escondió el rostro- ¡Ay no, qué vergüenza! ¡Mira como me dejó esa sucia vívora!
-¡CALLATE, CHO! –Cortó el ante el rostro confundido de la enfermera, quien se fue discretamente comprendiendo que tenía que darles privacidad- ¡QUE ESA SUCIA VIBORA TIENE MEJORES AMIGAS DELAS QUE TU JAMAS TENDRAS!
-Pero… amor… ¿Por qué me hablas así? –Dijo la muchacha sin entender- ¿Qué mentira te dijeron esas tipas?
-No me dijeron ninguna mentira –respondió el-. Al contrario, me dijeron una verdad muy grande: ¡Que soy un imbécil! Por no haber visto cómo eras en verdad. ¿Por qué golpeaste a mi amiga?
-Es que ya estoy harta, Cedric –replicó ella llorando-. Harta de que ella y sus horribles amigas se estén metiendo entre nosotros. Siempre estás sonriéndole a ellas, siempre quieres hablar con ellas, ¡Siempre que te veo estás con ellas! Y yo soy tu novia, no ellas.
-Entonces… ¿No puedo tener amigas? –Rebatió el joven- ¡Claro que quiero estar con ellas! Son agradables, son divertidas. Y tu ya hace tiempo que no me prestas atención. Te pavoneas por todo el colegio diciendo que eres la novia de Cedric Diggory, el grán jugador de Quidditch… Pero no me tratas como si realmente fuera tu novio ¿Hace cuanto tiempo que no salimos juntos? ¿Qué no hablamos? Y cuando quiero acercarme a ti, siempre estás con tus amigas. ¿Cuándo fue la última vez que me dejaste darte un beso, Cho?
-Bueno, mi amor, pero es que estaba ocupada –respondió ella.
Cedric se acercó a ella su expresión se suavizó. Acarició ala muchacha y la miró directamente a los ojos.
-Debiste habérmelo dicho antes, princesa –dijo mientras sonreía el tiempo es el problema, yo lo hubiera resuelto desde el principio… Ahora tendrás todo el tiempo que quieras… Terminamos, Cho.
-¡Pero Cedric! –sollozó la muchacha.
-Adiós, Cho –dijo el mientras se alejaba-. Diría que fue un placer haber salido contigo, pero no me gusta mentir. Adios.
* * *
James Marcus se encontraba en la biblioteca haciendo una tarea de historia de la magia cuando sintió que alguien se sentaba a su lado.
-Mi amor –dijo el niño pensando que se trataba de su novia mientras volteaba-. No te esperaba…
En ese momento, su rostro dulce cambió a uno de susto, ya que quien se encontraba a su lado, no era su adorada Lenore.
-Ay mi vida, te quería dar una sorpresa –dijo Sebastian Michaels de manera juguetona.
-¿Qué quieres, Michaels? –dijo el niño de los ojos celestes como si nada hubiera pasado y regresando a su lectura.
-Me gustaría hablar contigo… es algo importante.
-Dime ¿En qué te puedo ser de ayuda yo?
-Bueno, Jimbo, tu… Tienes novia.
-Qué novedad…
-Y bueno, por lo que sé, son novios desde hace mucho-continuó Sebastian.
-Efectivamente –respondió James sin apartar la mirada de sus libros.
-Pues a mí… me gusta una chica… y…
El niño cerró fuertemente el libro y miró al muchacho directamente a los ojos, su mirada era mucho más fría y penetrante de lo que normalmente parecía.
-Si es Lenore, te mato – dijo el muchacho con una expresión de ultratumba que le helò los huesos
* * *
Regina y Bárbara caminaban hacia la enfermería para visitar a su amiga y saber cómo se encontraba, ya que Bárbara no la había visto, pues se encontraba en la oficina del profesor de pociones siendo severamente reprendida por éste. Al llegar a la puerta de la enfermería, Bárbara detuvo a Regina impidiéndole que entrara. La ojiazul se volvió hacia su amiga de toda la vida y ella se llevó un dedo a los labios indicándole silencio mientras suavemente la tomó del brazo y la llevó en dirección opuesta.
-¿Qué pasó? -dijo Regina extrañada- Pensé que querías ver a Azucena…
-La veremos al rato –dijo la ojiverde guiñando el ojo- No queremos arruinarle el momento…
-¿De qué hablas? -dijo Regina con los ojos muy abiertos- ¿Qué momento? ¿Con quien está? ¡Yo quiero ver! –dijo caminando sigilosamente hacia la puerta.
Bárbara la agarró por la túnica.
-Tu vente para acá, no estés chingando –dijo la ojiverde jalándola de la túnica- Ella quiere dormir..
-¿Pos no que está con alguien? –dijo Regina cruzándose de brazos.
-Tu hazme caso –dijo Bárbara riendo-. Y vente.
-Ay, Bárbara, que proposiciones me haces-d Regina fingiendo sonrojarse.
-Ya no te hagas pendeja y vámonos-inquirió su amiga dándole un leve golpe en la cabeza.
-Bueno, pero cuando Zuce me pregunte por qué no vinimos a verla, le voy a decir que fue por tu culpa, que no quisiste ir por que estabas demasiado ocupada comiendo churros –Dijo la ojiazul caminando despreocupadamente.
-¿Churros?, ¿cuales churros? –inquirió extrañada la ojiverde.
-Los que le enviaron sus papás, y que accidentalmente terminaron en mi boca.
-Te comerías el jabón que me mandan si no tuviera etiquetas que señalaran lo que es.
-No es eso –replicó Regina-. Lo que pasa es que no me gusta esa marca… ¡Hace muchas burbujas!
Las dos chicas se alejaron riendo y sin darse cuenta terminaron frente a la oficina de el profesor Snape, Bárbara miro a su amiga con una sonrisa maliciosa, Regina, que la conocía muy bien sabia que su mirada no auguraba nada bueno.
-Prepárate para correr -dijo la ojiverde mientras tomaba aire.
-Claro, pero, que vas a hacer-Pregunto su amiga confundida.
-¡Severus!-Grito a todo pulmón ante la mirada atónita de su amiga-¡Te amo!
-¡Ay wey!-Dijo la ojiazul mientras empezaba a correr despavorida tras de su amiga que reía como posesa.
Unos segundos después, se abrió la puerta, el maestro observo que no había nadie y la cerro nuevamente tras de el, dirigiéndose nueva mente a sus asuntos, queriendo pensar que todo el escándalo se debía a las ratas.
* * *
Tiempo después esa misma noche Bárbara, Regina, Lenore y Sybella se encontraban reunidas en la sala común junto con Tony Corleone, esperando el momento indicado para llevar acabo su siniestro plan, Bárbara tenia la paloma entre las manos y con solemnidad se la entrego a Corleone.
-Tony tu has sido el elegido para llevar acabo esta sagrada misión-Dijo la chica seriamente.
-¿Te das cuenta? –Inquirió la ojiazul con la mirada fija en el muchacho- Que al haber aceptado esta misión corres el riesgo de ser sorprendido y castigado por nuestro ya bien conocido y cruel Jefe de casa, el profesor Severus Snape.
-Lo se y lo acepto, tratándose de la…paloma-Dijo el muchacho haciendo una leve reverencia con el ave en sus manos-Cualquier cosa diré que soy sonámbulo.
-Bien, Tony es tu momento de gloria, va por todos los mestizos de Slytherin -Dijo Sybella.
-Y todos los de Hogwarts –Añadió le pequeña Lenore.
-La güera Malfoy no sospechara que muy pronto la paloma su maldición le va a tirar -Dijo Bárbara en tono triunfal.
-Pobre Draco Malfoy, que sorpresa se llevara -Dijo Regina animadamente.
-Malfoy y compañía, los dejaremos sin trusas, por que una ves mas se enfrentan con su papi y las venenosas -Dijo riendo el joven.
Las muchachas y el joven rieron.
-Muy bien mis venenosas, vamos a trabajar, ya verán esos babosos, nadie los salvara.
Anthony Luigi Corleone se escabulló cuidadosamente al dormitorio donde Draco Malfoy dormía plácidamente, sonriendo con malicia mientras se acercaba a su cama.
-Ay Draco, nosotros te lo advertimos, te metiste con las venenosas y aquí esta tu castigo, dios me libre de hacerlas enojar, ni merlina, ni siquiera el mismísimo señor tenebroso me salvaría -Pensó el muchacho mientras se acercaba y colocaba a la paloma en la cabecera del rubio.
Comenzaba a alejarse con rapidez, cuando uno de los compañeros de Malfoy comenzó a moverse, Crabbe se revolvía incomodo en su cama mientras balbuceaba algo acerca de golosinas falsas y mucho dolor, entre lamentos menciono a Mondragón, haciendo que un escalofrió recorriera la espalda de Corleone, causando que se detuviera a persignarse rápidamente.
Empezaba a alejarse nuevamente cuando el inmenso muchacho que dormía, soltó una sonora flatulencia, tan fuerte, que por un momento el italiano temió que alguien se despertara atrapándolo en el acto.
Después de unos segundos Corleone continuó su camino, compadeciéndose de Malfoy por el compañero de cuarto que tenia.
Tony Corleone a la sala común su cara denotaba cierto temor las chicas temían que se hubiera arrepentido, pero en ese instante se soltó a reír, las venenosas no entendían nada, hasta que el muchacho les explico.
-No puedo creerlo, parecía que estaba en una carrera de autos -Dijo el joven haciendo caras de asombre y asco- jamás imagine eso de Crabbe.
-Eeeewww, que asco-Dijo Bárbara.
-Cálmate, y que tal si fuera tu amorsote, ahí si que no te quejas-dijo con malasia Sybella.
-Eeeeeh, no te metas con mi precious-Le advirtió Bárbara.
-Bueno, bueno, ya, eso es lo que menos importa, lo importante ahorita es irnos cada quien para su cuarto, no venga siendo que nos caigan en la movida y para que quieren -menciono Regina seriamente.
A la mañana siguiente, las venenosas y el italiano estaban sentados cómodamente en los sofás de cuero de su sala común, esperando ansiosamente la reacción de su victima que no tardaría en llegar.
El profesor Snape, que había ido a hablar con sus alumnos las siguientes festividades que se realizarían en el colegio, se había llevado un susto al oír el estridente grito que venía del cuarto que pertenecía al heredero de los Malfoy, el cual bajaba las escaleras gritando histéricamente en trusa, una paloma en su cabeza y varias sanguijuelas pegadas al cuerpo, corrió alrededor de el profesor de pociones, quien lo veía extremadamente sorprendido por su comportamiento, in entender que era lo que le pasaba.
-Quítenmela, quítenmela, profesor Snape ¡SALVEME! -Gritaba el histérico rubio corriendo por todo el lugar de manera despavorida -¡LA MALDICION DE LA PALOMA!, me voy a volver mandilón y mi papá se ira a Azkaban.
-¡Ya basta señor Malfoy! -Susurro Snape molesto- ese estúpido animal no va a hacerle nada, me sorprende que este tan temeroso, no es propio de usted ponerse en ridículo.
Malfoy que tenia el cabello blanco lleno de excremento de paloma se detuvo, por un instante el animal miro directamente al profesor a los ojos, todo los que estaban en el lugar se quedaron en silencio sin saber por qué a diferencia de las cinco Slytherin que hablaban de lo ocurrido.
-No mamen, el profesor insulto a la…paloma -comentó Regina en voz baja.
-Algo malo le va a pasar, si, algo muy malo -Dijo Xelor sin remordimientos.
-Ay no, se va a morir, se va a morir -decía muy preocupada la pequeña Lenore.
Justo en esos momentos, la paloma batió sus alas haciendo que Draco corriera aterrorizado hacía un rincón cubriéndose la cabeza con sus brazos, velozmente comenzó a volar hacía la cabeza del sorprendido profesor, que la miraba incrédulo y sorprendido, sin sospechar el peligro en el que se encontraba.
El la esperaba serio e imperturbable, no sabia a que se refería su alumno con eso de la maldición de la paloma, pero el no le tenia miedo a nada, mucho menos a un animal con serios problemas estomacales. El animal estaba apunto de llegar cuando Bárbara Mondragón lo tomo en pleno vuelo, sorprendiendo a los presentes.
-¡QUE ASCO, QUE ASCO, QUE ASCO! -Decía la joven de manera histérica- ¡REGINA, PRONTO HAZ ALGOOOOOOO!-Seguía gritando, sosteniendo con ambas manos al molesto animal.
-Si…si, ya…ya voy -respondió de manera nerviosa la ojiazul- ¡Petrificus totalus! 'pronunciò petrificando inmediatamente al animal, que cayó estrepitosamente al suelo, haciendo un ruido sordo.
-¡MILAGRO!, ¡MILAGRO!, -Dijo el italiano inyectado de emoción-¡Alguien que insulto a… la paloma y vive para contarlo!
-Diablos -gruñó por lo bajo la castaña- justo cuando uno cree que será libre, te cierran de golpe la puerta en la nariz.
-Jamás vuelva a insultar a la paloma, profesor Snape -le dijo Bárbara con reproche- ¿que no ve que es muy peligroso? -la mirada de la chica se notaba diferente, podría decirse que hasta triste.
-Ejem, Bárbara -dijo Regina poniendo una mano en su hombro- por que no mejor dejas eso para después y te lavas las manos.
-Aaaaaa, si, eso me recuerda… ¡QUEEEE ASSSSSCOOOOO! -grito nuevamente mientras sacudía las manos con rapidez.
La mayoría de los presentes rieron de esta acción, a excepción del serio profesor de pociones y de cierto rubio en ropa interior, que estaba escondido en un rincón, con la cabeza apoyada en las rodillas y abrasando sus piernas y meciéndose suavemente de un lado a otro, mientras murmuraba algo en voz baja…
-La pa…lo…ma…paloma…mandilón…azkaban…palo…maaaa…
-¡Mondragón! –Bramó Snape- llévese a ese animal de aquí. Y por favor –añadió haciendo un gesto de desagrado-, lávese las manos.
-Claro, profesor –dijo la ojiverde llevándose a la paloma del lugar seguida por el profesor.
Todos estaban riendo de lo ocurrido menos Malfoy, quien seguía en la esquina de la sala común con los brazos sobre su cabeza a manera de protección con los ojos llorosos y sollozando en silencio, como una criaturita abandonada. Regina lo miró de reojo y no pudo evitar sentir cierta presión en su corazón, la sonrisa se borró completamente de su rostro, trocándose en una expresión triste. Sin saber por qué lo hacía, caminó hacia el rubio atormentado, se puso de rodillas frente a el y lo miró sintiéndose arrepentida por primera vez de alguna travesura cometida, tomó un mantel de una de las mesas cercanas y cubrió el cuerpo del chico haciendo que este diera un respingo de sorpresa al sentir la tela sobre su piel, mirándola con sus ojos grises como preguntándole por que. La chica alargó su mano hacia su rostro y acarició su mejilla suavemente, provocando que el chico cerrara los ojos para sentir la caricia.
-¡Uuuuy, Regina! –dijo Marjorie Bouvier mientras otros en la sala común se reían de la escena- Dices que no… pero al parecer te gusta bastante Malfoy. Pero con esa pinta, ni lo voltearía a ver…
El rubio bajó la mirada avergonzado. Por alguna razón, la ojiazul sintió rabia al ver la expresión del chico.
-¡Ya cállense, bola de pendejos! –Gritó Regina mirándolos con ira- Levántate, Draco. No los escuches.
-¿Qué…? ¿Qué dijiste? –dijo el rubio algo sonrojado mientras la chica lo levantaba.
-Si, si… te defendí –dijo la chica desviando la mirada sonrojada-. No te emociones. Mañana seguiremos siendo enemigos…
-No, no es eso –dijo algo sonrojado mientras la chica lo abrazaba para mantenerlo en pie-. Me… me llamaste por mi nombre…
-Bueno… yo… yo solo….
La chica no sabía que decir, hasta que repentinamente sintió que había algo debajo del mantel que no era normal, al menos no en ese momento y menos en esa zona, haciendo sonrojar aún mas a la chica si es que eso era posible.
-Malfoy… ¡Qué chingados es esto! –dijo la chica apartándose de el entre espantada y asqueada.
-¿De qué hablas? –dijo Malfoy quien se quitó el mantel del cuerpo dejando ver un rastro de bababa y un pequeño animalito negro en su pecho.
-¡NO MAMES! –Dijo la chica horrorizada mientras lo apuntaba con el dedo- Tienes una sanguijuela ahí… ¡Y allí! ¡Y por allá! Y… ¿Eso es lo que creo que es, o estás demasiado felíz de que te haya abrazado?
Draco Malfoy llevó su mirada hacia su ropa interior apartándola suavemente con sus dedos pulgares poniéndose más pálido que de costumbre… pareciera que en cualquier momento se iba a desmayar. Entonces miró a Regina con cojos suplicantes.
-Regina… ¿Qué hago? ¿Qué hago? –dijo con una expresión lastimera en el rostro, como si la chica fuera la única que pudiera ayudarle con ese problema.
En ese momento, Tony Corleone quien se encontraba recargado en una pared con una sonrisa maliciosa observando gustoso todo el alboroto, se acercó serenamente a ellos.
-¿A quien hay que llamar? –dijo de manera burlona levantando su índice de manera triunfante.
-¡PROFESOR SNAAAAAAAAAPE! –Gritó la chica de cabello negro desesperada.
* * *
Las cinco venenosas caminaban por los pasillos para dirigirse a clases, Durante el almuerzo, toda la casa común comentaba sobre el incidente de Malfoy, la mayoría parecía molesta, sin embargo, Jody Pearson, Reggie Bannister, Sebastian Michaels, Tony Corleone y James Marcus, al igual que las tres mexicanas y sus amigas reían alegremente.
-Y no supieron lo que pasó después –comentó Reggie Bannister entre risitas y en voz baja para que otros compañeros de casa no escucharan-, Lo llevaron al baño para quitarle las sanguijuelas del cuerpo entre Filch y James y tuvieron que quitarle la ropa interior y que van viendo una sanguijuela enorme bien pegada a su…
-¿A su "Fábrica de Malfoyitos"? –Inquirió Zuce haciendo que todos rieran estrepitosamente.
-Ahí –comentó James- Exacto…
Todos miraron a James con malicia, era muy bien sabido que cualquier incidente en donde hubiera sanguijuelas, James Marcus estaba estrechamente relacionado. El niño miró a sus amigos.
-¿Qué? –Dijo- A los bebés les gustó la sangre pura de Malfoy ¡No pueden culparme por eso!
-Y para esto… ¿Dónde diablos estaba metido el profesor Snape? –dijo Regina apuñalando con ira un hot cake.
-Eeeeh… yo puedo explicarlo –dijo Bárbara.
En efecto, cuando Bárbara salió de la sala común, el profesor había ido detrás de ella, no se habían dicho nada hasta el momento en que entraron juntos al baño, incluso se puso detrás de ella mientras se mojaba las manos, y no habría dicho nada de no ser por que el profesor tomó el jabón y comenzó a enjabonar las manos de la ojiverde.
-Eeeeh… profesor… ¿Qué hace? –inquirió la chica.
-Le enjabono las manos ¿Qué no es obvio? –respondió el como si fuera lo mas normal del mundo.
-Sí eso noto… pero… ¿Por qué?
-Bueno –dijo el-, si hay que ser precisos, usted se ensució las manos al… salvarme de esa… ave loca.
-Pues… -dijo la chica sonrojada- Gracias
Estaban profesor y alumna en frente del lavabo tomados de las manos, enjabonándose el uno al otro jugando con la espuma.
-Esto es muy… dulce de su parte, profesor –dijo la joven como viviendo un sueño.
-Solo con usted hago este tipo de cosas, señorita –dijo Snape mientras seguía acariciando las manos de la ojiverde-. Como en la mañana cuando…
En ese instante, sus ojos se abrieron desmesuradamente y su expresión se tensó. Apartó sus manos de las de Bárbara bruscamente y su tono se volvió seco y distante.
-Tengo que irme –dijo con una expresión que parecía aterrada.
-Pero… profesor…
En ese momento, se escuchó el grito de Regina, podrían jurar que casi recorrió toda la escuela.
--¡PROFESOR SNAAAAAAAAAPE! –Gritó la chica de cabello negro desesperada.
-Lo lamento, tengo cosas qué hacer –dijo Snape mientras se alejaba- Me… me están llamando ¿Acaso no oyó?
-Pero… ¡Aún tengo jabón en esta mano! –dijo la joven levantando su mano izquierda.
El maestro se alejó rápidamente del lugar tratando de olvidar la visión que cruzó su mente en ese momento, encontrándose con una Regina desesperada que no le dio explicaciones, simplemente lo tomó de la muñeca y lo llevó casi en rastras hasta el baño de hombres.
-¿Qué diablos pasa aquí, señorita? –inquirió Snape- ¿Por qué todo ese escándalo?
-Es que… Draco…. Tiene una… en… su… ¡AH YA PASE! –dijo la chica mientras lo empujaba dentro del baño. Dentro se encontraba Filch quien metía un montón de sanguijuelas dentro de un balde y Draco Malfoy sentado en un inodoro sosteniendo su ropa interior con una expresión de pánico en su rostro pálido. Había unos cuantos curiosos ahí.
-Bien ¿Qué pasa aquí? –dijo Snape con su rostro frío e impasible- Y todos ustedes, lárguense –dijo a los mirones quienes obedecieron.
-Véalo por usted mismo, profesor –dijo Filch sin poder ocultar una sonrisita burlona.
Snape se acercó al muchacho y a regañadientes miró dentro de su ropa interior.
-Diablos –dijo con el mismo tono frío al ver el interior de los calzoncillos del rubio-. Esto es cosa de Marcus. ¡Filch!
-Sí, profesor –dijo el velador.
-Traiga al señor James Marcus ahora –ordenó Snape-. Esto es trabajo para expertos.
Al poco tiempo, Filch llegó junto con el chico de primero a quien ya le habían explicado parte de la situación y había aceptado ayudar, sabiendo que le convenía quedar en buenos términos con el jefe de su casa y sintiendose orgulloso de que su fama como experto en sanguijuelas se extendiera por Hogwarts hasta el grado de que el mismo Severus Snape lo reconociera.
-No se preocupe, profesor –dijo el niño de los ojos celestes entrando al baño-. Yo me encargaré de todas esas sang…
El niño se paró en seco mirando al rubio sentado en el inodoro sosteniendo su ropa interior, lo cual hizo comprender al niño de los ojos celestes la magnitud del asunto. James Marcus miró al profesor Snape con expresión fría.
-Yo no me meto ahí –dijo apuntándolo despectivamente y dando la vuelta dispuesto a marcharse.
-Usted es el único que puede ayudar –dijo Snape deteniéndolo en seco poniendo una mano en su hombro sin apartar la mirada de enfrente-. Y usted va a ayudar.
El niño miró al profesor sin poder evitar un escalofrío que le recorrió el cuerpo. Era sorprendente como el profesor le recordó tanto a…
-Está bien –dijo el niño y miró a Malfoy con una mirada glacial en sus ojos celestes-. Pero me vas a deber una muy Grande, Draco Malfoy.
-Y eso fue lo que pasó, por eso llegué tarde a desayunar –dijo Bárbara.
-¿Desayunar? –dijo Regina- Bárbara si esto es la comida ¿Cuánto se tardaron en ese baño? Por tu culpa cientos de niños en África mueren de sed. Mira que tardándose tanto tiempo lavándose las… manos…
-¿Ahora así le dicen? –dijo Sybella con una mirada pícara.
-¿Así que por eso no tuvimos pociones esta mañana? –dijo Lenore con una expresión inocente en su rostro.
-¡No mames! ¿A poco sí? –Dijo la ojiverde completamente sorprendida- ¿Me perdí el desayuno, cuidado de criaturas mágicas, y las dos horas de historia de la magia?
-Claro que no, pendeja –dijo Regina-. Solo estamos jugando ¿Cómo crees? Tu te mueres antes de perder el desayuno…
James rió discretamente junto con los demás.
Al terminar de desayunar, Bárbara, Regina, Zuce y Sybella caminaban por el corredor rumbo a la clase de Cuidado de criaturas mágicas, Lenore y James habían ido a clase de encantamientos. Ron Weasley se acercó al grupo; parecía algo nervioso.
-Zuce, Regina –dijo el muchacho mirando si no había un profesor cerca- ¿Puedo hablar con ustedes?
-Claro –dijo Zuce.
Bárbara comprendió de qué se trataba inmediatamente, de modo que tomó a Sybella del brazo.
-Bueno, supongo que quieren hablar en privado –dijo la mexicana-. No hay pedo, Sybella y yo nos adelantaremos.
Ambas chicas se adelantaron dejando al pelirrojo con Regina y Zuce.
-Ahora sí, ¿Qué necesitas? –preguntó la ojiazul.
-Bueno, necesito que alguien me aconseje… Harry y yo…
Regina lo miró comprensiva.
-Creo que ya se de que vienes a hablar –dijo la ojiazul-. Mira, ahorita tenemos clase, pero cuando tengamos hora libre hablamos de lo que quieras ¿Vale?
El pelirrojo asintió.
Mientras, Bárbara y Sybella caminaban por el pasillo cuando vieron a Snape que iba hacia el lugar de donde ellas venían. Rápidamente, Bárbara se acomodó el cabello y le sonrió.
-¡Buenos días, profesor Snape! –Dijo ella alegremente, mientras Sybella fingía estar distraída mirando a unos chicos de Ravenclaw que pasaban por ahí- No lo había saludado bien por el incidente de la… paloma.
Snape la miró de abajo hacia arriba, esquivando la mirada de la muchacha. Parecía como si no pudiera mirarla a la cara.
-Buenos días, señorita Mondragón –respondió el un poco mas distante que de costumbre y se fue rápidamente, como queriendo escabullirse de su alumna.
Sybella, quien observó la escena con el rabillo del ojo se veía extrañada.
-El profesor parecía perturbado –comentó-. Muy perturbado. Si no fuera por que se que es estúpido, pensaría que estaba… huyendo de ti… -Sybella miró a su amiga de manera acusadora- ¿Qué le hiciste?
-No, Si yo no le hice nada… creo ¿Qué le ocurrirá? –dijo la ojiverde- Desde que desayunamos en el gran comedor se veía como nervioso por algo…
-Estará estreñido –dijo Tony Corleone quien apenas venía llegando
Las dos muchachas voltearon algo sobresaltadas.
-¿De dónde saliste tu? –preguntaron las dos.
-¿Qué? Soy muy sigiloso… ¡Soy como un Ninja!
