N/A: ¡Hola a todos/as! Espero que esten bien ^^

Este es un pequeño cap pero espero que les guste. Gracias a todos por sus reviews!

DISCLAIMER: Aplicados.

EDIT: lamento si hay errores, estaba un tanto apurada y lo subi desde mi ipod xD

4/5/13

CAP VI

La mañana en la división real era una de esas hermosas cosas que sólo pueden estar presente en tú imaginación. El sol se escondía tras las blancas y finas nubes; el suave sonido de las aves creadas por la fuerza espiritual del lugar brindaba un sentimiento de armonía a cualquiera que allí estuviera. La gentileza con la que las aguas se deslizaban por el pequeño arroyo sólo elevaba más ese lugar de ser una simple dimensión a convertirse en un paraíso. Aun cuando todo estaba en silencio (sin tomar en consideración los ruidos hechos por la naturaleza) las suaves risas de dos jóvenes interrumpían la mañana pacífica. Eran simples y genuinas. Como las que se producen cuando dos personas mantienen una conversación amena y relajada.

Orihime se encontraba sentada, humedeciendo sus pies en el arroyo, mientras que Kotaro lanzaba pequeñas piedras hacia el lado contrario. La joven princesa, vestida en un simple yukata rosada se reía de las historias que Kotaro, vestido con un yukata verde igual de simple que el de ella, le relataba.

—Es enserio, Orihime-chan— comentó, volviendo a lanzar una piedra al otro lado del arroyo. —Yukihito-kun suele exagerar con que es el más fuerte de toda la dimensión— Kotaro se encogió de hombros e Inoue negó la cabeza. —Suele decir que ha viajado a los infiernos y es falso. Todos lo saben. — La sola mención del infierno hizo a Orihime sentir un escalofrío, además de cierta tristeza. Aun podía recordar la ocasión en la que Kurosaki-kun había viajado a los infiernos para rescatar a su hermana. También podía acordarse (aun cuando le provocaba vergüenza) el intento de abrazo que ella le había dado a él. — ¿Estás bien, Orihime-chan?— preguntó Kotaro, visiblemente preocupado.

Al ver al joven sentarse a un lado de ella y observarle con detenimiento, un rubor se extendió por las mejillas de Inoue. —Ahh… sí, sí, estoy bien, Kotaru-kun…— dijo con nerviosismo —…Gomen, sólo… sólo recordaba…— susurró, cambiando su mirada.

—¿De cuando eras humana?— la curiosidad en el tono de Kotaro le había llamado la atención. Por lo general, cuando alguien le preguntaba acerca de su vida como humana solían hacerlo por mera cortesía, no porque realmente les interesara, pero Kotaro… ella lo conocía lo suficiente como para saber que él estaba curioso.

Durante esos meses, él y ella se habían hecho muy cercanos. Kotaro era la única persona con la que ella se sentía feliz y podía ser ella. Él tenía una personalidad bastante… extraña. Era una combinación entre varios de sus amigos. La inteligencia de Ishida-kun, el ser en ocasiones demasiado expresivo como Matsumoto-san, demasiado sobreprotector como Kurosaki-kun, a veces tan callado como Sado-kun… Kotaro era igual de extraño que ella. Obviamente Orihime no sentía nada por él (y ella podía apostar que él pensaba como ella) más que una gran amistad y hermandad. Con él, sus días eran mucho más amenos.

Orihime asintió. —Sí, pensaba sobre eso. Uno de mis amigos llegó a ir al infierno para rescatar a su hermana— comentó, tomando entre sus dedos una piedrecita. —No creo que sea un evento que él desearía recordar, sin embargo yo lo recuerdo tan vívidamente como también recuerdo todo lo ocurrido en Hueco Mundo— a veces ella soñaba con la muerte de Kurosaki y solía despertar llorando y cubierta por una capa de sudor. Esos eran momentos que ella deseaba olvidar paran siempre.

Kotaro se quedó en silencio durante unos minutos, pensando. — ¿Él es el capitán general de la Sociedad de Almas?— Orihime asintió a su pregunta. —Un hombre valiente…—

—Lo es. Es la persona más valiente que conozco en mi vida, Kotaro-kun. Kurosaki-kun quizás no es la persona más amigable o habladora del mundo, sin embargo posee un corazón tan grande que es capaz de sacrificar su vida por la de sus amigos— Los ojos grises de Orihime brillaban con cada palabra que decía y aun cuando ella no se percataba, Kotaro si lo hizo. Por eso mismo él río.

—Y estás enamorada de él— molestó.

—Si… ¿qué? ¡No! ¡No, Kotaru-kun!— exclamó Orihime, mientras sus mejillas se ruborizaban.

Kotaro se rió en voz alta. —No lo niegues. Te gusta el capitán general de la Sociedad de Almas— volvió a molestarla, provocando que Orihime se encorvara y escondiera su rostro ruborizado en sus muslos, avergonzada. Kotaro dejó de reírse, para luego colocar su fuerte mano sobre su hombro. —Descuida, Orihime-chan. Prometo que no diré nada. Me llevaré el secreto a la tumba— dijo, tomando ese estilo dramático tan parecido a Matsumoto y al padre de Ichigo. Cuando Orihime subió la cabeza, él sonrió con burla, antes de mover sus cejas en señal de complicidad. — ¿Y él lo sabe?—

— ¿Saber qué?—

— ¡Que estas enamorada de él, baka! ¿De qué estamos hablando?—

— ¡Gomen!— se disculpó Inoue, con sus mejillas aun rojas. —No, Kurosaki-kun no lo sabe. Y jamás lo sabrá— confesó, fijando su mirada en el arrollo. A ella le encantaba pasar el tiempo allí. Era tan relajante, tan hermoso… ese era su lugar predilecto.

— ¿Por qué?— esta vez, la voz de Kotaro no mostraba burla, sino seriedad e inclusive compasión por su querida amiga.

—Es complicado—

—No veo lo complicado. Yo sólo veo a una dulce chica enamorada de un chico. Es como sumar uno más uno. Así de simple. — Kotaro sonrió con amabilidad mientras Orihime hacia un puchero. —Ah ha, tendrás que darme una gran excusa para que yo crea el por qué es complicado—

—Él quiere a otra— De esa forma tan sencilla, ella dijo las cuatro palabras que podían quebrar su alma en miles de pedazos. Dolía pensarlo, también dolía decirle, sin embargo era mucho más fuerte el admitirlo. —Él ama a otra. — No es lo mismo querer que amar. Ella quería a Kotaro. Ella amaba a Kurosaki-kun. El shinigami sustituto la quería a ella. Él amaba a Rukia. Quizás ella era masoquista, pero aun cuando sabía que ese era un terreno muy doloroso e inseguro, ella prosiguió. —Él ama a otra, por eso es complicado—

Kotaro se había quedado sin palabras, observándola fijamente. Los ojos grises de Inoue habían perdido el brillo que tanto le caracterizaba, igual que sus mejillas tan hermosas cuando se ruborizaban, se volvieron pálidas. Él la miró a ella tragar el dolor. Tragarlo como si fuera una medicina muy amarga. La más amarga de todas.

Un corazón roto.

— ¿Sabes? yo desearía saber que se siente amar a una persona, el sentir mi corazón palpitar cada vez que la vea y escuche su voz...— Los labios de Kotaro dibujaron una pequeña sonrisa. —Obviamente he amado a muchas personas— río— pero creo que no es lo mismo amar a tus padres y nanas que amar a una persona diferente.—

—Encontrarás a alguien, Kotaro-kun, ya verás...— él negó la cabeza, aun con una pequeña sonrisa.

—No, Orihime-chan. ¿Sabes? Yo he tenido las oportunidades para hacerlo, pero he decidido que no lo haré. Yo no deseo que alguien lloré por mi... tampoco deseo odiar a la muerte por llevarme. Yo no deseo tener algo que me haga aferrarme a esta vida. No lo deseo.— Por primera vez, Inoue vio como su amigo bajaba la cabeza y como su sonrisa desaparecía. Esa era una visión mucho más real de él. Allí no estaba esa sonrisa que enmascaraba siempre su vida, sino estaba el verdadero Kotaro. Un joven, que al igual que ella, estaba herido en el interior.

Orihime sintió una gran tristeza hacia su querido amigo. Escucharlo hablar y verlo de esa forma provocaba que un par de lágrimas se deslizaran por sus pálidas mejillas, ademas de provocarle un gran dolor en su pecho. —Lo lamento, Kotaro-kun—

Kotaro negó la cabeza, volviendo a dibujar una pequeña sonrisa. —No tienes porque hacerlo, Orihime-chan. Además, es mi desición.— Él llevó uno de sus dedos a su rostro y con dulzura limpió las lágrimas que se deslizaban por el rostro de Inoue. —Yo sólo desearía poder decirte que todo irá mejor, que al final tendrás lo que tanto anhelas, pero creo que tú y yo sabemos la respuesta a eso, ¿eh?—

—Nunca se consigue lo que se desea, Kotaru-kun. Al menos no siempre— respondió en un hilo de voz Orihime.

—Pero eso no impide que se sueñe, aun cuando duele. — Orihime sonrió de lado, recostando su rostro sobre el hombro de Kotaro. —Tampoco impide que se continúe soñando con una vida mejor. —

— ¿Tienes miedo?— preguntó repentinamente Orihime, elevando su cabeza.

— ¿De qué?—

—De morir. ¿Tienes miedo?—

Kotaro negó la cabeza, con una pequeña sonrisa. —No, además, ¿por qué debería? Tarde o temprano llegará— explicó, mirándola a los ojos.

—Yo tengo miedo— confesó Orihime con voz temblorosa.

Él se rió en voz alta. — ¡Tú no vas a morir, baka!— exclamó con diversión, revolcando los cabellos naranjas de la joven princesa.

Orihime lo miró a los ojos, con seriedad. —Yo no temo por mi, Kotaro-kun, ¡yo temó por ti! ¡Yo no quiero que mueras! He visto demasiadas personas morir… y todas son personas que han cambiado mi vida. Mi hermano, Kurosaki-kun… yo no quiero que mueras, Kotaro-kun… ¿qué haré sin tú compañía?— Él era su gran amigo, el único allí que podía entenderla, que no la sobreprotegía ni la trataba con tanta pompa… el único que le recordaba su humanidad. Sin él…

…¿Qué sería de ella?

Había sido apartada de sus mejores amigas, Tatsuki, Rukia y Matsumoto. Había perdido para siempre a la persona que más amaba en el mundo, Kurosaki Ichigo. ¿Ahora también perdería a su adorado amigo?

—Estarás bien sin mí, Orihime-chan. Te lo prometo. —

— ¡Yo puedo darte la inmortalidad!— le gritó ella, recordando las palabras de Naoko. —Yo puedo convertirte en un inmortal—

Kotaro sonrió con amabilidad. —Lo sé, Orihime-chan. Todos lo saben. Y agradezco que lo consideres, pero no, yo no quiero ser un inmortal. Me he acostumbrado a la idea de que algún día moriré. Además, ¿sabes cuánto deseo el reencarnar en un humano? Sería libre, podría tomar todas las decisiones que quisiera… y viviría sin esta enfermedad porque mi alma se purificaría. Aun cuando no te recordaría a ti, es un sacrifico que valdría la pena. Y quizas, ¿quien sabe? Podría tener algun vago recuerdo, algun sueño contigo... yo comenzaría de nuevo. Además de que se cuales son las condiciones y créeme, no me interesa ser rey— Orihime se había quedado sin palabras, incapaz de moverse. Sólo estaba allí, mirándolo fijamente sin entender como él podía pensar de esa forma.

Y aun cuando le dolía inmensamente saber el que él algún día moriría y ella se quedaría sola, también le maravillaba el ver lo especial que era Kotaro. Una persona totalmente ajena al poder y que estaba en total paz con morir. Orihime secó con el dorso de su mano las lágrimas que habían bajado por sus mejillas, antes de reír.

Reír una vez más por su tonto y adorado amigo.

— ¿De qué te ríes?—

— ¿Alguna vez alguien te ha dicho que eres la persona más demente y extraña de este mundo?—

—Todo el tiempo, Orihime-chan, todo el tiempo—

Ambos volvieron a reírse, antes de que decidieran regresar una vez más al palacio.


Rukia era una mujer de pocas palabras, todos lo sabían. Ella era una respetada capitana que había conseguido cada uno de sus logros por su sacrificio propio, no por su apellido... aunque muchos pensaran lo contrario. A ella no le agradaba alardear sobre su apellido o alguna tontería de esas. Ella era demasiado practica.

Sin embargo, aun cuando era una persona bastante callada en las reuniones de los capitanes, todos allí sabían que ella tenía su carácter, en especial el Capitán General y el capitán de la octava división.

Sí, Kurosaki Ichigo y Abarai Renji, respectivamente.

—Taicho— un joven de baja estatura y con rasgos físicos andrógenos, entró a su oficina, donde ella jugaba con uno de sus artículos de Chappy. Rukia soltó el juguete y subió la mirada. —Abarai-taicho está afuera, ¿puedo decirle que entre?— preguntó el tercer oficial de la división.

Rukia asintió. —Sí, dile que pase— el joven asintió, dándose la vuelta y dejando pasar a Renji. —¿Qué ocurre, Renji?— cuestionó interesada. Rara vez él venía a su división. De hecho, si mal no lo recordaba, ¡esa era la primera vez que él entraba a su oficina!

Renji miró la oficina de Rukia con detenimiento. Demasiados conejos satánicos para su gusto, pero aun así, era una oficina que se parecía a ella. Y no es que Rukia fuera un conejo satánico, sino que aun cuando tenía esa apariencia distante y un tanto fría, ella era la persona más infantil -internamente- que él conocía.

Él tosió discretamente, antes de tomar asiento frente a ella. Rukia sonrió con malicia. —No te dije que te sentaras...—

— Tengo el mismo rango que tú y puedo hacer lo que quiera.— La objeción de Renji provocó que Rukia colocara los ojos en blanco. —Touché— se burló.

—¿Vienes a molestar? Porque si es de esa forma, tengo que informarte que estaba estrenando el juguete de Chappy que Urahara-san consiguió para mí— comentó, enseñanadole su nuevo juguete de color rojo. ¡Era precioso! Ese era su Chappy número cuarenta y siete para su colección.

—No, no vengo a eso— dijo Renji, aclarando su voz. ¡Demonios! Sus manos estaban sudando, igual que su nuca y su frente. Renji volvió a toser. —R-Rukia...—la chica colocó toda su atención sobre el joven. —¿Q-quieres ir a cenar conmigo el viernes en la noche?— preguntó, bajando la vista mientras que un rubor se extendía por sus mejillas y cuello.

Rukia dejó caer su conejo sobre su escritorio, mientras que un pequeño sonrojo se esparcía por sus mejillas color papel. —¿E-el viernes?— preguntó en un hilillo de voz.

—¡¿Puede ser cualquier día?!— gritó Renji, moviendo sus brazos frente a ella. —Me refiero a que si no puedes el viernes, puede ser en otra ocasión—

—No, no, no... el v-viernes me parece muy bien— dijo con voz temblorosa, sintiendo como aquel pequeño rubor se volvía cada vez más grande.

La sonrisa de Renji brillaba tanto que cualquiera que lo viera lo hubiera tomado como modelo para algún anuncio en el mundo de los humanos. —¡Genial!— exclamó con demasiada excitación en su voz. Al darse cuenta de esto, tosió, avergonzado. —Me refiero a que es grandioso que podamos ir a cenar juntos... ¿ya sabes?— ¿qué más podía añadir para no parecer tan desesperado? —como dos grandes y viejos amigos—

Rukia, quien estaba internamente celebrando, sintió como si una gran cubeta de agua fría le hubiera caído sobre la cabeza. "Como dos grandes y viejos amigos" —Sí, claro, como dos grandes y viejos amigos— repitió con una pequeña sonrisa.

"Como dos grandes y viejos amigos"

—Vendré por ti a las siete— dijo Renji, aun con una gran sonrisa.

"Como dos grandes y viejos amigos"

—Vale— respondió ella, en voz baja y desanimada.

"Como dos grandes y viejos amigos"

Renji se levantó de su asiento y se fue, con esa amplia sonrisa aun dibujada en su rostro. Rukia, al ver como él se marchaba, miró su nuevo juguete. Lo que más le había llamado la atención de ese nuevo juguete era que evidentemente era diferente a todos los conejos de Chappy que ella tenía, porque no era un conejo.

Era un pequeño mandril.

"Como dos grandes y viejos amigos"

Rukia dejó caer su rostro sobre su escritorio. ¿Por qué su corazón le dolía tanto?

"Como dos grandes y viejos amigos"