"… Crawl on my belly 'til the sun goes down
I'll never wear your broken crown
I took the rope and I fucked it all the way
In this twilight, how dare you speak of grace …"

Broken Crown fragment by Mumford & Sons

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Las noches en Jakku te obligan a hacerte uno con la obscuridad, de modo que aprendes a ver a través de ella, a moverte y a estar en calma ante su inminencia. Pero cuando te sientes desolado, cuando no hay nada por lo cual luchar, nada por lo cual despertar al otro día y salir a que el sol haga arder tu piel, ni un solo motivo por el cual intentar caminar siquiera, las noches en Jakku son un alivio.

Cuando te escondes, no.

Hay cosas en Jakku que, mientras la obscuridad permanece, siguen moviéndose a través de la noche, observándote y acallando cualquier motivación.

Y a veces te preguntas si en realidad la obscuridad te mantiene a salvo o te sitúa en peligro, sin darte siquiera armas para defenderte.

Pude ver como Ben traspasaba la obscuridad. Parecía no temerle. Parecía moverse en ella con facilidad.

Entró a la nave chatarra que me servía como casa. No hizo el menor sonido, pero yo podía percibirlo, casi podía verlo. Cuando entró por fin, se sentó junto a mí, cual si fuera de día y supiera donde estaba. Permaneció en silencio, no se acercó ni habló. Parecía poder ver todo a su alrededor, eso me impresionó mucho. Y entonces, su voz retumbó, por más baja que estuviese, en las paredes de metal de la nave sin motor y dijo:

- "… Lección número uno: Cualquiera que no sea tu compañero en la peor batalla, es tu enemigo. La Fuerza te guiará hacia quienes deban estar cerca. La Fuerza percibe tu destino y te inclina a él. Por ningún motivo ignores lo que la Fuerza te dice. ¿Te sientes incómoda junto a mí?"

Murmuré.

- "No. Estoy tranquila".

Y así comenzó nuestro entrenamiento.

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- Así que has entrenado con él – Refunfuñó Finn. Apenas si lo había visto.

- Tengo que entrenar, de otro modo, no tendría sentido que yo estuviera aquí – Finn parecía evidentemente molesto y poco aprobatorio respecto a que Kylo Ren permaneciera siquiera en la base – Pero no sé por qué te molesta tanto – dijo Rey, haciendo mucho énfasis mientras se balanceaba lado a lado, como en un movimiento defensivo. Seguramente se arrepintió después de decir eso porque Finn la detuvo con ambos brazos y la miró fijamente. Rey sudaba, llevaba la ropa pegada al cuerpo mientras entrenaba en el patio y sus grandes ojos castaño y verde se abrieron mucho, como deplorando la intromisión de su amigo y al mismo tiempo impresionándose de cuán invasivo éste pretendía ser.

- Porque detesto que esté cerca de nosotros, de ti…. – Repuso Finn, muy cercano a su rostro, salpicado de pecas – Odio ver cómo lo admiras y la forma en que te expresas de él cuando lo mencionas, que es cada vez más seguido… ¡Ése tipo mató a una leyenda, alguien que se supone era importante para ti, para su propia familia, para sí mismo, Rey! – Tronó el joven ex stormtrooper – El rostro de Rey estuvo a nada de curvarse en una risa divertida, pero se dio cuenta que eso sólo agravaría la reacción de Finn, así que únicamente comentó con dignidad.

- Supones muchas cosas que ni siquiera conoces – Por primera vez, incluso para sí misma, Rey se sorprendió. Estaba defendiendo abiertamente a Ben. Pero ella se preciaba de ser justa y la vida que Ben había tenido que vivir era tan o más dolorosa que la de ella.

Finn hizo un gesto de desesperación y se dio la vuelta, furioso, soltando a Rey y yéndose sin decir nada más.

Por muchos años, más de los que quería recordar, Rey había permanecido sola en Jakku, aprendiendo a vivir por y para sí misma, aprendiendo cosas que una niña ni siquiera debería contemplar saber pero que para ella serían con los años, la diferencia entre sobrevivir y morir. Pero nada se compararía en su mente con pensar cómo sería una existencia rodeada de personas en las que uno cree con fe y amor ciegos, de cuidados y cosas materiales aparentemente sin tope, de una familia que debía quererle a uno sin importar si honraba o no los modales o valores y sentirse completa y absolutamente solo, abrumado ante la idea de no tener nada ni a nadie realmente valiosos, nadie a quien preocuparle y nadie que te importase por esa misma razón; Rey comprendía a Ben porque había vivido sola la mayor parte de su vida, de modo que, al contemplarle, veía ante ella, no al arrogante y soberbio guerrero que casi la había vencido y doblegado sobre la nieve en Starkiller, sino a un joven, como ella, que creció, como ella también lo hiciera, siendo un niño temeroso que como defensa, sólo se escondió en los poderes que sabía ya que poseía, porque eran lo único que lo mantenía a salvo realmente.

Así pues, Rey, siendo una total neófita respecto a las situaciones sentimentales, no entendía que no sólo se estaba operando, gracias a ella, un cambio drástico en Ben, sino que el cambio también había trascendido hasta alcanzarla a ella misma, que ahora lo defendía fieramente e incluso creía en una redención para sus actos. Incluso consideraba que la muerte de Han, que por supuesto no estaba justificada, era algo que sobrepasaba su comprensión, pero que el propio Han había decidido así en el momento en que se había acercado siquiera al ser que había engendrado y a quien prefirió dejar de lado ante su incapacidad obvia para ser realmente un padre.

De pronto se sintió profundamente triste y dio una voltereta lanzando un golpe furioso como si blandiera su sable, golpe que, con rapidez, detuvo Ben soltando un termo lleno de agua que resonó en el suelo y que asombró un poco a Rey, que se quedó mirándole un tanto asustada ante su intempestiva aparición.

- No sabía que estabas aquí.

- ¿No pudiste detectar mi presencia? – Dijo él, sin ninguna intención en particular, más que la de afinar sus habilidades en la Fuerza.

- Estaba pensando en algo más – dijo la joven, restándole importancia mientras, soltándose del agarre del muchacho, levantó el termo – Tardaste un poco – dijo, para cambiar el tema.

- Eso fue porque tu amigo el traidor se divierte amenazándome, supongo.

- ¿Finn te dijo algo? – repuso, alarmada.

- Claro que sí. Al parecer, tu amigo se ha enamorado de ti – Esto último lo dijo con una entonación extraña que Rey no comprendió – Y si yo fuese tú…

- Pero no eres yo. Lo que dices no tiene sentido. Yo nunca le he dado pie a Finn para pensar… - la interrumpió.

- Por supuesto que no. Dije que él se enamoró de ti. No que tu lo amas – Pero Ben se quedó atento a la reacción de Rey.

- Claro que lo amo – defendió Rey ante la mirada atónita del muchacho – Es mi amigo.

- Entonces hay una diferencia entre su tipo de amor y el tuyo. Tú lo amas como a un amigo, alguien con quien te identificas y a quien deseas proteger, pero él… - Rey lo miró interrogante – Él te ama como mujer. He visto su mente – Y entonces la miró fijamente – Pretende viajar por la Galaxia contigo y… Darte… - y se detuvo un segundo – Una familia – y se sumió de pronto en el mutismo.

- ¿De modo que es eso, Ben? – estalló Rey - ¿Andas por ahí leyendo las mentes de las personas que se cruzan con nosotros, invadiéndolas como si sus pensamientos te pertenecieran? – Rey no pudo evitar sonrojarse frente a él y aun cuando desvió la vista y ladeó el rostro a otro lado, era muy tarde y Ben lo notó – No me parece que sea justo para los que no pueden hacer lo mismo – y entonces, fue ella quien permaneció en silencio en tanto Ben buscaba sus ojos.

- Sus pensamientos eran demasiado fuertes y recurrentes para sólo ignorarlos. Me ha dicho abiertamente que no permitirá que pelees mis batallas. Le dije que no he tenido jamás la necesidad de esconderme en una mujer. Si no lo hice cuando niño con mi madre, seguramente no lo haré ahora como adulto con alguien más – Y su postura ahora era digna – Por eso, entendería que quieras parar ahora – Su expresión era evidente. No quería que Rey desistiera de su entrenamiento, pero entendía que éste la ponía en peligro.

- No pienso parar. Te pedí que me entrenaras. A estas alturas, aunque quisiera, no podría echarme atrás – dijo la joven, encogiéndose de hombros – Estoy tan involucrada en esto que en todo caso, quien debería decidirse por dejar de entrenarme, deberías ser tu. Yo puedo pedir ayuda al maestro Skywalker – Y comenzó a estirarse, adoptando una actitud serena en tanto que Ben a su vez, se estiraba sobre el piso de concreto.

- Estás equivocada, Rey – Dijo simplemente – Esto no se trata sobre mi. Si te ofrecí entrenarte, si te dije que podía mostrarte los caminos de la Fuerza, fue porque los conozco. No se lo habría ofrecido a nadie más. Tienes las habilidades, el poder y la actitud necesaria para llegar a ellos. Y yo puedo mostrarte lo que debes hacer para alcanzarlos. Eventualmente, me dejarás atrás – Y se estiró cuan largo era en el suelo, alcanzándose las puntas de los dedos de los pies con los dedos de las manos.

- ¿Qué es lo que dijiste, Ben?Se detuvo del estiramiento y lo miró de frente, sentada como estaba en el piso – No lo dices con la intención correcta. Dices que te dejaré atrás como si yo fuese a permitir que te sucediera algo en medio de una batalla o algo asi.

- ¿Y por qué no habías de hacerlo?No sonaba irónico o sarcástico.

- Porque confío en que tienes una oportunidad de redención. Y no seré yo quien la eché por tierra, cuando veo que te has esforzado en conseguirla.

- Mi madre no piensa como tú.

- Yo no soy tu madre. Y al parecer, te conozco mejor que ella.

El rostro de Ben se suavizó y una suave media sonrisa curvó sus labios, dedicada totalmente a ella.

Por un segundo, Rey se sintió feliz. Y fue la mejor sensación, aunque no habría sabido explicar por qué si alguien se lo hubiese preguntado.

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Días después, en medio de la noche, Rey despertó, completamente empapada en sudor. Apenas si podía respirar, sentía que el corazón se le saldría del pecho. Llevaba puestos unos pantaloncillos cortos que se extendían como un body hasta la parte superior de su cuerpo y se abrochaban con una cinta detrás del cuello. Hacía calor.

Pero aquella noche, fuertes escalofríos la recorrieron nuevamente, como en muchas de sus más terribles pesadillas. Miró hacia la habitación de Ben y éste no estaba allí. Rey se alarmó.

Descalza, tomó el bláster que le quedaba y su sable y salió casi corriendo de su habitación, en su búsqueda, sólo para encontrar que éste estaba esperándola, con un gesto de angustia dibujado en el rostro, como si el momento apremiara.

- ¿Qué es lo que sucede?

- Maul – Murmuró Ben – Y alguien más. Alguien con mucho poder y dominio de la Fuerza igual que él. No sé quién pueda ser, pero están más que cerca. Creo que han comenzado a deambular en la base ya.

- ¿Qué es lo que tengo que hacer?

- Nada. Yo puedo enfrentarlos.

- No puedes solo. Yo te ayudaré con ellos.

- No. Me niego. Me niego a que arriesgues tu vida. Esto es una misión que bien puedo adoptar como mía. Además… Es posible que no viva para contarla y es mejor que si se pierde una vida, se pierda una menos valiosa.

Rey trató de moverse, pero le fue imposible. Trató de invocar la Fuerza, trató de dejarla fluir en ella sin éxito. Ben estaba deteniéndola con su poder.

- Lo siento, Rey. Pero es mejor que permanezcas a salvo, donde no puedan hacerte daño.

La miró un momento. Sus ojos, que Rey observara hasta ese momento con profunda atención, tenían un tono verdoso, pero seguían siendo cafés, unos bellos ojos en realidad, le parecieron a ella. Él la contempló, inmóvil contra la pared, sin moverse hacia ella ni decir nada, pero su mirada parecía decirlo todo, como suplicante fue la de ella.

Ben salió corriendo ágilmente con el mango de su antiguo sable en la mano. Podía sentir como, selectivamente, usaba su poder para contenerla a ella allí y al mismo tiempo ocultarse de las dos poderosas presencias que ahora acababa de sentir llegar. Sintió miedo por ella, pero, sobre todo, sintió miedo por él.

Entonces, un cambio se operó en ella. Se sintió igual que en su sueño, el que parecía pesadilla. Asustada al borde de la locura, aterrada hasta los confines del universo, abrumada por una sensación de catástrofe y fatalidad como nunca las sintiera antes. Y Ben en medio de todas esas sensaciones.

Y de pronto, algo en ella le hizo comprender su preocupación por el hijo de Han Solo y Leia Organa, que nada tenía que ver con ningún sentimiento que tuviera por nadie hasta entonces. Acaso fue ese segundo que lo vio, ataviado en ropas como las del padre, simples pantalones cargo con bolsillos, una camisola y chaleco. El calor no parecía afectarlo en lo más mínimo. El lustroso cabello negro, un poco largo para un varón, pero que lo hacía lucir totalmente varonil contra el lienzo de su piel blanquísima, a diferencia de la de ella, bronceada y pecosa, le daban el mismo aire que, sin saberlo conscientemente, le recordaba a Han. Y recordó muchos pequeños detalles, que antes no entendiera y una imagen vino a su mente. Una imagen que había permanecido en su inconsciente durante los años que siguieron a haber sido abandonada en Jakku.

Una vez, muchos años atrás, cuando era muy pequeñita, había visto a Han Solo diciéndole "Quédate aquí, pequeña, volveré pronto".

Y jamás volvió.

Rey comenzó a llorar. Entendía y a la vez no entendía nada.

¿Por qué la había abandonado? Pero sobre todo ¿Por qué Rey estaba con Han antes de haber sido abandonada en Jakku?

Y entonces, Luke Skywalker, envuelto en su túnica de color beige, se acercó a la joven, que lloraba completamente confundida, y la liberó del control de Ben.

- Tenemos que ayudarlo. Dudo que pueda vencer a Savage Opress. Si Maul es perverso y buscará venganza, su hermano es exactamente lo mismo.

- ¿Quién soy? – murmuró Rey, observando en los ojos verdes de Skywalker un sentimiento de temor y compasión.

- Cuando esto termine, te lo diré todo.

Y se deslizaron, silenciosos a través del pasillo, dispuestos a ayudar en la batalla al joven que estaba dispuesto ya a sacrificar su vida por proteger la base.

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Nadie había presenciado una lucha de tal magnitud. De lo que se hablaba, era grande. "No se atrevan a salir a menos que quieran perecer" había dicho con claridad Poe Dameron. Su rostro moreno tenía una expresión inescrutable que no dejaba lugar a dudas. Algo pasaba y era malo.

Lo que en realidad pensaba Poe Dameron, en realidad era mucho peor. Finn lo miraba, absorto, mientras trataba de contener a la gente de la comunidad que vivía en la base. No dejaba de ver en la expresión de Poe que lo que en realidad pensaba era en que Kylo Ren había sido quien había atraído de algún modo a los dos seres que estaban en ese momento peleando con él ferozmente y que, como antes en aquella aldea en Jakku, atraería más fatalidades a su radio de contacto. Poe había ayudado a construir la base, a darle forma y estructura, a planear y asentar. Y todo eso podía desaparecer si Kylo Ren no lograba vencer a esos seres.

Habían pasado apenas unos minutos, pero sin duda, ya había muchas especulaciones en torno a la situación. Finn estaba tan o más molesto que Poe.

Cuando salió a ver lo que sucedía, luego de que una de las estructuras de las banderolas de la base había sido destruida por dos sables de luz y varias personas habían huido al ver a los seres que los blandían, se dio cuenta que Kylo Ren, sin su traje, sin máscara ni casco ni toda la parafernalia ridícula que lo envolvía cuando lo detuvieron, venía a su encuentro. Se le atravesó, pero sin decir palabra, el joven lo esquivó sin mirarlo y murmuró de modo que sólo Finn pudiera escucharlo:

"Cuida de Rey. No creo poder hacer nada por mí mismo…"

Luego, lo último que Finn podía recordar era que estaba ayudando a Poe con las personas en sus apartamentos.

Si Finn hubiera podido recordar, habría estado enojado. Había visto a Rey, blandiendo el sable de color azul que se le otorgara, tratando de ayudar a Kylo Ren para evitar su muerte inminente. Y de ser sensible a la Fuerza, habría podido estar más molesto aún de poder descifrar los pensamientos de Rey.

Porque la joven, angustiada a un grado que jamás antes había sentido, era ahora detenida por Luke Skywalker, quien, aunque blandía su sable, no parecía tener intenciones de intervenir. Rey comenzó a ofuscarse y al tratar de avanzar, fue detenida por el hombre que, sin ellos saberlo, intentaba ayudar a su sobrino en su intención de redimirse.

"No quites nunca la vida que no estés dispuesto a dar"

Rey miró a Skywalker, aterrada, comprendiéndolo todo, como si viera a través de un cristal. Luke le estaba dando esa pista, esa pequeña pizca de entendimiento. Más lágrimas comenzaron a salir de sus ojos, pero no hizo un solo sonido. Sólo se sintió aterrada, abrumada y adolorida en cuanto el pensamiento de la muerte de Ben hizo eco en su mente.

Ben, en cambio, estaba totalmente concentrado. Maul trataba de distraerlo en vano, hablándole del pasado, diciendo cosas que apenas si entendía y otras que ni siquiera tenían sentido para él mientras Opress atacaba ferozmente, con la misma concentración que Ben, pero mayor ahínco. Ambos hermanos zabraks parecían no cansarse, sobre todo porque, aunque llevaban sables de luz de doble punta, estos, en sus manos, parecían sumamente ligeros y manejables a diferencia del de Ben, que, aunque él había aprendido a manejar, en realidad era más pesado e inestable.

Los hermanos rodearon a Ben, que trató de protegerse el torso, aún cuando sabía que no tenía gran caso protegerse de un sable de luz. Y cuando ambos hermanos atacaron de frente, Ben los esquivó con un solo movimiento, despojando al zabrak mayor de su sable y con esto, desconcentrando a ambos.

Pero Maul, pese a ser menor que Opress, era sumamente astuto e hizo uso de la parte que conocía de la historia de la familia de Ben para despojarlo de su última motivación. A través de la Galaxia, se suponía que no quedaban sith o jedi, por lo que Maul se envanecía con ser el último de su nivel. Cuando tanto Opress como él descubrieron que existía alguien con el conteo de midiclorias superior para acabar con ambos, rastrearon su poder, esa energía inevitable e inconsciente que desprende cada sith o jedi y descubrieron en las sombras muchas cosas sobre éste. La más importante: Era el nieto de Vader.

La sola mención, incluso mental, le provocaba a Maul un gesto de asco. Había sido humano, y había servido a Sheev Palpatine con devoción. Y lo traicionó luego para salvar a su hijo, Luke Skywalker, a quien realmente querían llegar.

Y fue cuando sucedió lo inevitable.

Luego de una pirueta para desorientar a Ben y darle tiempo a Opress de recuperar su sable, Maul hizo su última jugada. No estaba interesado en acabar con la Resistencia, o matar a nadie más que a quienes consideraba sus oponentes legítimos por derecho o de sangre, por lo que no atacó a nadie más. Pero la amenaza recayó sobre Skywalker en el instante en que Maul abrió la boca y dijo una frase tan alto que desconcertó a Ben, a Luke y a la propia Rey:

"¿Esto es lo único que heredaste de tu abuelo? ¡Ja!"

Savage Opress, de un salto, a espaldas de Ben y Darth Maul, frente a él, cruzaron los sables a través del cuerpo ahora inerte del joven que apenas si había entendido lo que sucedía y que con la frase se había congelado por completo.

Rey lanzó un grito desesperado, como si la herida fuese ella y liberándose de Skywalker, que también fue corriendo a su búsqueda, se inclinó frente a ambos sith y tomó la cabeza de Ben que, inerte, la miraba con los ojos perdidos, como si no estuviera allí, pero aún respiraba, sin importar si podían matarla.

No había que decir nada. Skywalker encendió su sable e intentó intercambiar golpes con los hermanos, pero éstos solicitaron algo más.

- No vamos a pelear contigo, Skywalker. No ahora. ¿Qué te parece un receso? – Y Opress lanzó un rayo de luz con su propia mano, de modo que pudieran escapar sin que nadie interviniese, y corrieron hasta la nave en que habían llegado, mientras parte de los soldados de la resistencia lanzaban tiros de bláster sin conseguir apenas uno o dos rozones en la destartalada unidad.

Rey sostenía la cabeza de Ben y le acariciaba el cabello, hablándole. Le pareció aún más suave entre sus dedos de lo que parecía a simple vista. El joven yacía en el suelo y aunque siempre había oído decir que las heridas de sable de luz no sangraban, y lo vio por ella misma cuando había peleado con él, lo cierto es que Ben yacía en un charco de sangre, la que Rey sintió recorrer sus dedos, parte de sus piernas y torso, caliente y espesa, mientras sostenía al joven que parecía estar en otro sitio, muy lejano, más allá de todo allí.

- Maestro, ¿Dónde está la General Organa? – miró Rey alrededor, tratando de no descomponerse, limpiándose las lágrimas con lo que quedaba libre de sangre de uno de sus antebrazos – Ella debería poder hablar con él – Y los ojos de Rey estaban anegados en lágrimas, pero esta vez no lloraba.

- Aquí, hija – Y sus manos pequeñas y ligeramente rugosas tomaron una de las del joven que se mantenía mortalmente callado, como contemplando su propio final. Rey no la había visto siquiera llegar. Skywalker a su vez, acongojado, culpable por haberse mantenido al margen porque confiaba en los poderes del joven, se quedó junto a su hermana, esta vez tratando de fingir una ecuanimidad que por dentro no sentía. Rey escuchó con claridad la voz, todavía hermosa, de la General, mientras tarareó algo que pareció penetrar en la mente lejana del joven moribundo, que se removió un poco y apretó la mano que sostenía la suya, sin palabras.

- Es una canción – Explicó la ex princesa – Una canción con la que Ben solía dormir.

Rey los miró a ambos. De pronto le parecieron falsos y cobardes, fingiendo abnegación en un momento que supuestamente habían visto venir, pero para el que no habían contribuido en nada. Se obligó a sí misma a dominarse, sin poder comprender del todo su frustración y cuando dio un último vistazo profundo al rostro del joven calmado y vivaz con quien esa mañana todavía había compartido un momento de meditación, lo entendió todo, muy bien. Sus manos comenzaron a temblar y quiso entonces llorar, pero no podía. Se mordió los labios y sostuvo su cabeza, que se sostenía cada vez menos por sí misma.

Rey estaba completamente ajena a lo que sucedía alrededor, por lo que no notaba que ya había alrededor de ellos dos médicos que pretendían auxiliar al joven que en realidad parecía no tener salvación alguna.

- Lárguense – murmuró, asombrándolos a todos – Lárguense de aquí, General – Y miró directamente a Organa – Ninguno de ustedes hizo nada, ¡Nadie hizo nada por él y ahora están aquí, llorando como si eso fuese a salvarlo! – Organa a su vez devolvió a Rey mirada por mirada y adivinó pues que no se equivocaba cuando había visto amor sincero en los actos de la jovencita que, furiosa, arremetía contra ellos verbalmente – Ustedes – dijo entonces Rey dirigiéndose a los dos médicos jóvenes que estaban cercanos a Skywalker – Sálvenlo.

- Eres injusta, Rey, lo que Ben hizo…

- Lo que Ben hizo fue salvarlos. A todos. Y si no merece que lo salven por ello, entonces General, son ustedes los que le deben algo a él. Usted se lo debía desde que nació y tampoco hizo nada.

La gran verdad en las palabras de la muchacha, rompió el corazón de la General en lugares donde creía que nunca podría romperse.

Los ojos de Ben estaban perdidos y de pronto se cerraron, aterrando a ambas mujeres y al hombre que consideraba a ese muchacho como su propio hijo.

- ¡Rápido, hagan algo! – Gritó Rey y fue más el impacto de su propio grito lo que movilizó a una cuadrilla de hombres que, con sumo cuidado, levantaron el cuerpo inerte del joven y lo depositaron en una camilla. Rey se levantó, con la ropa ensangrentada, y los siguió, con Leia pisándole los talones.

Skywalker en cambio, sintió por primera vez en muchos, muchísimos años, aquella perturbación que sintiera cuando Sheev Palpatine había intentado reclutarlo como su aprendiz deshaciéndose de su propio padre, intentando atraerlo al lado obscuro de la Fuerza.

Y por primera vez sintió ansias de haber intervenido, de haber luchado y de haber vencido.

Pero no lo había hecho.

Permaneció allí, con la mirada fija por largo tiempo en el charco de la sangre de su sobrino, sangre Skywalker, derramada como en una carnicería, y entendió que llevaba pues, en sus manos, el estigma permanente de la culpabilidad, pero que, si su sobrino moría, sería aún más grande, inaguantable, y no podía permitírselo.

Cuando la noche se desvaneció y comenzó a amanecer, Rey permanecía fuera de la misma sala donde llevaran a Ben por primera vez cuando lo capturó, pero sus sentimientos eran muy distintos y su angustia se transformó en pena cuando vio salir de la habitación de Ben a la General con los ojos rojos y con lágrimas. Sin poder decir una palabra, esquivó mirar a nadie y se sentó de nueva cuenta, esperando a que la puerta se abriese para ella.